Para algunos el verano no es la época para disfrutar, pero para otras personas esos meses significan mucho más. Un punto en la vida donde se marca un hasta aquí, y sabes que ya la vida no será igual, que nada será igual. Mas en ese aparentemente aburrido y normal pueblo de Oregón llamado Gravity Falls.

Una nueva entrega. Los Padres de Pacifica han vuelto a la mansión, y la niña sabe que le espera. Tendrá que reunirse con sus padres como debía hacerlo hacia dos días, pero esos dos días han cambiado su vida. Espero te guste este capítulo y el próximo miércoles (15 de Noviembre de 2017), si todo sale bien, publicare el siguiente capítulo. De nuevo esta historia, aunque sea por capítulos, puede leerse en forma independiente. Aunque forma parte de la misma línea narrativa o universo ficticio, así que me gustaría que ojearan el resto de mis historias.

Este es mi quinto Fic., gracias a todos los que me han leído y sus críticas, espero estar a la altura con esta nueva entrega.

Espero disfrutes tanto al leerlo como yo al escribirlo. Gracias!

He dejado uno pocos huevos de pascua, como siempre. Espero que les guste buscarlos.

Créditos al final

Gravity Falls Final del Verano: Un Misterio mal Guardado.

18. Sentencia.

El sol caía a destajo como plomo fundido sobre las arenas del territorio de Arizona, al ser casi medio día, todo aquel que tuviera más de medio cerebro, o no fuera empleado del gobierno se protegía bajo los techos del pueblo de Tumbstone, a la par del edificio del banco, aprovechando el corredor techado de este, varias personas esperaban la dirigencia del medio día que, como era natural, estaba retrasada. Era un día normal en ese pueblo de los Territorios del Oeste. Pero a Pacifica, encerrada en el segundo piso del salón N.O., por sus padres, no le interesaba en absoluto nada de eso.

De repente la gente que aprovechaba las sombras para poder aliviar un poco el calor refrescándose con el seco viendo de desierto, dejaron toda la calle principal desierta, todos se había escondió y puesto a cubierto. Solo el silbante viento al rozar los cables del telégrafo y por los edificios de madera era el único sonido de fondo. Pero gracias al piso de madera, se oían los firmes pasos de botas y el tintineo de espuelas. Se abrió la perta doble de un saloon al otro lado de la calle. Y Dipper the Kid salió caminado tranquilamente, tomando un vaso de leche, listo a hacer valer la justicia y la promesa que jamás le había hecho a ella. Ignorando el sol del mediodía camino hasta la mitad de la calle de tierra.

Pacifica sintió un vuelco en el corazón. Un sombrero blanco, un desgastado poncho mexicano hasta las rodillas, botas de cuero de cascabel y espuelas en estrella. El pistolero volvió a ver hacia su ventana y sonriendo la saludo tocado la punta de su sombrero. Ella le devolvió el saludo sonriéndole a la vez, sin saber muy bien si la había visto o no. Con el corazón en un hilo, la rubia vio como caminado despacio, para colocándose a unos 20 pasos frente a Dipper, en un traje negro, la estrella de sheriff en el chaleco, un espantoso sombreo amarillo chillón, con sus dos Colt .45 al cinto apareció Preston 'the Bat' Noroeste, su padre, y el peor de los sheriffs que había logrado comprar el cargo. Pero, indiscutiblemente, el más rápido desde Wyatt Earp.

Cambiar a su hija por una veta de plata, bajo protesta de ella, había cruzado la línea que le había dado 'The Kid'. Y ya que no había mas que hablar, el asunto había acabado en esto, el clásico duelo a al medio día. Dipper tiro el vaso vacio de leche y acomodo su poncho en los hombros. Dejando ver la doble pistolera con sus dos Colt Dragoon de cacha blanca, junto con su desprotegido pecho, donde solo se podía distinguir la paca en forma de escudo, donde en grandes y simples letras, quien supiera leer entendía, 'U.S. Marshal', que lo acreditaba como el represéntate de la ley para todo el territorio. Bat le dedico una fúrica mirada, con sus ojos de serpiente tan amarillos como su sobrero, venía a acabar con su reinado en el pueblo. Pero sonrió, otro problema que se solucionaría con un tiro.

-"Noroeste, usted debe dar algunas explicaciones, señor." Dijo tranquilo el pistolero del poncho. Mientras encasquillaba sus revólveres.

-"Ten cuidado con tu tono chico." Dijo el mayor de los dos en forma despectiva, mientras acomodaba sus .45. "Acaso no tienes idea de a quien le hablas?"

-"La tengo Noroeste y por eso lo hago." Dijo sonriendo y separo ligeramente las manos de la cintura, de forma en que rápidamente lograra hacer escupir plomo caliente a sus Dragoon. "Así que va a hacerlo de la manera difícil Noroeste." Respondió el Marshall manteniendo la mirada del Sheriff.

-"Quién la va a tener difícil va a ser el sepulturero, para encontrar un féretro de tu tamaño chico." Dijo adoptando la misma posición.

-"Pues le sabrá mal al sepulturero, porque he venido a cumplir la ley no a matarlo, confiemos en que el médico del pueblo pueda atenderlo antes que se le envenene la sangre." Volviendo a ver de nuevo a la ventana agrego. "Además no me gustara que cierta dama este triste por usted, aunque no lo merezca."

-"O Dipper..." Pensó Pacifica. "No debiste preocuparte, te dije que yo me las arreglaría con ellos, pero ahora…" El doble estallido la hizo brincar olvidando lo que estaba pensando, mientras su corazón se desbocaba. Viendo las dos pequeñas nubes de humo que el viento esparcía por la calle saliendo de los revólveres. Que, como por un acto de magia habían salido de sus cartucheras y disparado en menos de un latido de corazón. Ambos pistoleros mantenían la vista fija en el otro, ella sabía que alguno había acertado y el otro no, pero se resistían a perder esa lucha de miradas. Hasta que uno tuvo que ceder ante el dolor.

Pacifica vio como Dipper se sostenía el brazo.

-"Yo gano." Dijo Dipper que sin apartar la mirada. "No se preocupe Noroeste, tengo mejor puntería que usted. Señor."Su antebrazo se empezaba a teñir de rojo. "Espero que pueda volver a mover el brazo." La Colt .45 del hombre de traje negro, se deslizo de su mano hasta el piso, su brazo estaba inarticulado, colgando del hombro. El arma cayo a sus pies instantes antes que un hilillo de sangre que se salía desde la manga de su saco la empapara. Apartando la mirada de los ojos del chico, para mirar incrédulamente el arma. Aun sin sentir el dolor de la cala que le había atravesado el brazo. Aun antes de sentir el dolor se dio cuenta que había perdido el duelo, no solo eso había perdido su prestigio y su mayor destreza, ya nunca podría disparar. Era la peor venganza que se hubiera imaginado. Pero Pacifica noto como, justo antes de que su rostro se convirtiera en una máscara de dolor, sonreía malévolamente. Siguiendo sus ojos vio tras una de las ventanas del segundo piso de la posada, justo frente a ella, del otro lado de la calle. Noto el tono amarillo del vestido de su madre tras el cristal barato, y la forma de la carabina Spencer .52 del ejército, que le pertenecía a su padre. Su madre era muy buena tiradora y le estaba apuntando a Dipper.

Pacifica saco la pequeña Derringer de su vestido. La campañilla labrada en la cacha de ébano le recordaba que era un regalo de sus padres, pero no tenía tiempo para eso. Era un tiro casi imposible, pero apunto lo mejor que pudo. No apuntaba a su madre, jamás podría hacer eso, pero si al vidrio tras el que se ocultaba, con lo que la haría perder el tiro. Lo que le daría tiempo suficiente a Dipper de ocultarse. Respiro profundo sintiendo como el aire caliente le llenaba los pulmones y obligándose a tranquilizare jalo el gatillo… La detonación fue tan grande que la echo al suelo.

Se levanto rápido preguntándose si había podido romper el cristal. Casi cayéndose de su cama mientras se daba cuenta que no estaba en cuarto con piso de madera sino en su habitación confusa y angustiada. Aun preguntándose si su madre había tenido oportunidad de disparar. Y preocupada por ambos por Dipper y por su madre. Ya no sentía el calor agobiante ni el aire seco y caliente de Arizona en el antiguo oeste, estaba en su cama a principios de siglo 21, un rayo de sol se filtraba por las cortinas de su habitación y el reloj marcaba poco menos de las siete de la mañana, y en eso recordó quien era y que era lunes.

Se restregó los ojos para ver la transparente figura de Archivald casi frente a ella. Con cara de haberse comido todas las galletas sin permiso.

-"Buenos días Archivald." Dijo mirándolo interrogativamente.

-"Buenos días mi niña." Respondió el fantasma apartando la mirada.

-"Que hacías Archivald?" Dijo usando 'ese' tono de voz, pues el fantasma había tomado esa tonalidad gris que indicaba que algo había estado haciendo.

-"Al verte así dormida, solo una cosa debía hacer, como buen fantasma."

-"Me estabas espiando?" Dijo Pacifica ya enojada enviando la imagen mental de ella tirano la esfera al pozo sin fondo de la cabaña del Misterio.

-"Mi honra ofendes al pensar esas intensiones." Replico el fantasma a medias compungido y a medias asustado."Más de una vez te he dicho que esos deseos no guardo, pero como fantasma…"

-"Como fantasma que?"

-"Si te debo decir pues asustarte era mi deseo, y al despertar uno no del todo despierto esta, esa oportunidad quise aprovechar." Pacífica se quedo pensando aun seria, a veces era difícil recordar que el hombre, mas bien el fantasma, con quien ahora vivía era de otra época y si bien aun no se acostumbraba a tenerlo cerca, por más que le fuera simpático y deseara ayudarla. "Pero que sueño mas intranquilo tenias incluso de despertarte sentí la necesidad pues en alguna clase de pesadilla podías estar."

-"Ni que lo digas." Dijo Pacifica notando que estaba empapada en sudor. Y preguntándose si debía leer algún libro de psicología sobre la interpretación de sueños. Por cierto Archivald y en verdad tienes que asustar a la gente?"

-"Si cada vez la necesidad más me apremia, anoche mismo a dos guarias asuste, al jugar un poco con sus vasos de café."

-"Pero no que tu maldición era con los noroeste?" Dijo pacifica pensando que dejar un fantasma suelto podría ser mu incomodo para los de la misión.

-"Es injusto, asustarlos solo porque estén cerca no los hagas."

-"Pero, parte de mi razón de estar como fantasma es a los Noroeste y sus lacayos debo asustar y además controlarme no puedo."

-"Bien, pero no asustes a los empleados de la casa, ellos son del pueblo… entendiste?"

-"Entenderte puedo, mas cumplirte no puedo."

-"Hay tres noroeste en esta casa, me prometes solo asustarnos a los Noroeste?"

-"Solo por complacerte. De asustar a otros me abstendré, además el miedo de un noroeste es como una fresca miel."

"Será hora que me dejes, recuerdas las cosas que una dama debe hacer?"

-"Si bien lo has dicho y lo sé, aunque aun creo que bañarte todos los días para tu salud es un peligro." Otra época otras costumbre, decían que por eso habían inventado los perfumes se dijo la niña. "Pero otra cosa me apremia y avisarte debo que esos maleantes que llamas padres, en la mansión los siento." Pacifica se puso pálida una mezcla de enojo y de temor la invadió, sabía que sería hoy, cuando sus padres volvieran, que le darían su castigo. Sería tiempo de saber si toda la preparación que había hecho tendría frutos. Pensó que estaba al menos lista, no iba a ser la pasiva Pacifica de siempre, obediente al extremo de sus padres, tampoco era la inocente, que desconocía la verdad de su familia. Decidió ducharse con agua fría para estar lo más despierta posible cuando tocara a sus padres anunciar su veredicto y su castigo. Mientras Archivald estaba en su espera ella se alisto para lo que le depárese ese lunes. Para cuando llego Jackie a despertarla, con el desayuno en una bandeja, la encontró lista con una linda falda verde, que su madre llamaba verde lago y que detestaba, al menos esa temporada, y con una blusa azul más fuerte, que también iba contra los gustos de su madre.

-"Buenos días señorita madrugadora. Creo que nunca te he visto despierta tan temprano dos días seguidos."

-"Buenos días Jackie, me desperté y no se me ocurrió nada para quedarme en la cama." Dijo sonriendo y cayendo en cuenta que era cierto. "Y esa bandeja?"

-"Tus padres están en casa." Dijo incomoda de dar la mala noticia. "Llegaron anoche y ordenaron que te empezaras a arreglar a las ocho porque querían hablar contigo a las diez." Decía mientras ponía la bandeja el desayuno en la mesa. "Incluso yo pensé que estarías dormida aun."

-"Igual ellos supongo." Dijo sentándose para desayunar. "Hubiera preferido desayunar como ayer, pero si mis padres están en casa, hay que seguir sus normas. No me gustara que ustedes tuvieran problemas." Diciendo esto le quito la tapa a la charola del desayuno. "Burritos?". Dijo cuando vio una porción grande de burritos y una taza grande de crema además de jugo y fruta.

-"El señor Ramos dijo que quería que probases sus burritos." Dijo Jackie mientras servía el jugo. Pacifica pensó en hacerlo ella misma, así le daba una escusa a Jackie para quedarse. Ninguna había dicho nada, pero ambas sabían que era de lo que deseaban hablar los señores con Pacifica, así que para no arruinar el desayuno no tocaron el tema.

-"Pero según tenía entendido los turnos para el desayuno…"

-"No hizo el desayuno de todos… solo preparo el tuyo." La interrumpió Jackie con una expresión compungida. Pacifica ya había empezado a ponerle crema al primer burrito cuando entendió que ese no solo era un desayuno, era un regalo que le daba el señor Ramos. Agradeció esos dos días que le habían dado sus padres, sin quererlo le dieron oportunidad saber que era sentirse en casa rodeada de amigos. Siguió comiendo en silencio, mientas Jackie esperaba de pie detrás de ella. No quiso hablarle, no sabía que decir, y si decía lo que no debía acabaría llorando y posiblemente Jackie también. Recordó el sábado, supuestamente ese día le debieron dar el castigo. De como había gastado todo el tiempo posible para postergar reunirse con sus padres.

El sábado estaba asustada, confundida con sentimientos encontrados, entre la diversión que había tenido en la velada, la sensación nueva, extraña pero de alguna forma agradable cada vez que pensaba en él, y ese extraño sentimiento de soledad. Ella debía enfrentar sola a sus padres. Pero hoy no se sentía así. Sabía que era casi un hecho que la enviarían fuera del valle, al internado en Maine. Pero no se sentía así ahora. Sentía a Jackie junto a ella, no era la nulidad que la había ayudado a gastar tiempo el sábado, era una amiga quien la acompañaba ahora. En silencio, pero no ignorándola, sin hablar pero comunicándose.

-"Estuvo delicioso dile al señor Ramos que me encantó y dale mis saludos." En silencio Jackie recojo la mesa y estaba por salir.

-"Jackie…"

-"Si Señorita."

-"Estos últimos días fueron más lo mejor del verano, y estoy feliz de que me llames Pacifica."

-"Pacifica." Dijo la mucama mientras se agachaba para abrazar a la niña. Mientras unas lágrimas trataban de escapar de sus ojos.

-"No llores si, quiero recordarte como la amiga sonriente que descubrí que eres." Dijo la rubia consciente de que si su amiga lloraba, ella lloraría también y no quería darles esa satisfacción a sus padres. Jackie no dijo nada, solo la abrazó más fuerte y la beso en la mejilla.

-"No creo que pueda despedirme de todos." Agrego la niña tratando con algo de éxito mantener la voz tranquila. "Pero diles que estaré pensando en ellos hasta volver a vernos. Y espero que el señor Ritter salga pronto del hospital."

-"Se los diré y ten por seguro te estaremos esperando." Respondió con una sonrisa. "Tomare tu tiempo aún faltan horas para las diez." Dijo mientras cerraba la puerta, siguió caminando tranquilamente y en silencio hasta llegar al comedor. Cuando entro en la cocina nadie tuvo que preguntar por que lloraba. Se sentó en la mesa dejando la bandeja a un lado mientras su amiga Jessica la consolaba.

Pacifica no tenía ganas de esperar.

-"Archivald?"

-"Si mi niña?"

-"Creo que adivinas que me iré del valle por un tiempo." Dijo aun tranquila. "Crees que tendrás algún problema?"

-"Al ir a Medford nada ocurrió, el viajar fuera del valle no creo que problemas de." Dijo sin salir de su esfera. "La pregunta que me hago es de donde tu certeza de que te irás con presteza?"

-"Mis padres solo me tienen en el valle el verano para que vean que buena familia somos, pero no les gusto que los desobedeciera y abriera la puerta el día de la gala. No sería la primera vez que me envían de vuelta a Maine antes de que acabe el verano, pero ahora no quiero irme." Dijo dejando se le quebraba la voz.

-"No tengo más que opinar, pues a ti prometí cuidar. Me lamento, pero si el deseo de tus padres es, por más que desee sus mentes no puedo cambiar."

-"Gracias Archivald." Dijo la rubia recomponiéndose un poco. "Dime donde sientes a mis padres?"

-"Preston en su oficina esta, pero Prisilla aun en su habitación se encuentra."

-"¨Podrías cambiar de forma y acompañarme?."

-"Para servirte estoy, que te gustaría llevar, una pequeña hacha tal vez te podría ayudar?"

-"Desde un principio te dije que no seria ninguna 'asesina del hacha,' además tu dijiste que ya no eras un espíritu vengativo."

-"Manchar de sangre tus manos no quiero. Si recuerdas, cuando te conocí, esa bestia de tu padre estaba por golpearte mientras tu madre solo los miraba." Dijo el fantasma enojado. "Para defenderte debes estar preparada."

-"Si eso también lo sé, por eso te quiero llevar a ti."

-"Defenderte lo hare aunque no me lo pidas. Ahora ni a sombra que fui llego a alcanzar y solo de tu fuerza debo confiar. No deseo pues dejarte inerme ante esos… padres."

-"Eso lo sabemos tu y yo. Para lo que ellos saben aun eres el fantasma que casi destruyo la mansión. Solo has una demostración de tu presencia si piensas que debes hacerla, acabo de desayunar así que deberías tener fuera suficiente para algo elegante, contundente y no muy difícil. Además no es el momento perfecto para asustarlos?"

-"No me lo había figurado, pero una buena idea me has dado." Dijo mientras Pacifica notaba a la espera moverse. Separándose en varias esferas más chicas.

-"Tampoco puedo llegar con los bolsillos llenos de bolitas" Dijo la rubia, pero entro a su vestidor y saco un cinturón de tejido de alambre delgado y plateado, con una gran chapa en la hebilla que tenía el escudo con la N y W. "Podrías convertirte en algo como esto?"

-"Es un diseño intrincado, pero aun así de fácil idea." Decía el fantasma mientras su cuerpo físico, las esferas, se volvían liquidas y se juntaban. Formando la copia del cinturón que mostraba Pacifica. Pero en vez del escudo Noroeste tenía dos hachas cruzadas. Aun así sobraba un poco de material. Con lo que quedó forma esto dijo mostrando sus pendientes favoritos en forma de aros.

-"Hacerlo no me gustaría, pues de una dama joven su piel nunca tocaría."

-"Acariciaste niños cuando vivías?" Dijo usando 'esa' voz.

-"Pues sí, pero que al infierno vaya a dar su esas caricias de mala intención las diera."

-"Bien imagina que es lo mismo, o que me proteges como si fueras un escudo."

Pero aun sobro material así que Archivald se convirtió en un anillo y unas pulseras.

Y así acompañada, o vestida con un Archivald ligueramente renuente. Pacifica salió de la habitación.

Pacifica pensó que tenía que obedecer su juego, pero nadie le impedía cambiar un poco las reglas, luego de alistarse un poco fue al estudio de su padre. Posiblemente la habían mandado a despertar esperando que estuviera media dormida. Sin esperar más toco a la puerta del estudio.

-"Dije que no me molestaran." Rujio su padre.

-"Me manaste a llamar Padre."

-"Pacifica? Tan temprano… te acabas de despertar?" Dijo saliendo al pasillo.

-"No, pero me dijeron que querías hablar conmigo. Espero que durmieras bien." Y disfrutando del tono y la cara de extrañeza de su padre agrego. "Si deseas vuelvo mas tarde." Dijo con una seguridad y una confianza que ella misma no sabía si eran actuadas o reales.

-"No te vas a escapar de esta tan fácil." Le dijo dejándola entrar al estudio, para acomodándose tras su escritorio. "Esperemos a tu madre." Le dijo mientras llamaba a su esposa por el teléfono interno. "…Si ya está en frente mío ven de inmediato."

-"Perdona, pero pensé que era urgente. Por eso vine apenas termine de desayunar, padre." Pacifica tomo asiento en la misma silla donde siempre cuando era castigada o premiada, donde tenía que dar cuenta de sus calificaciones o de cualquier evento en que participara, donde debía informa si era una Noroeste y había ganado o desprestigiaba a los Noroeste al no obtener el primer lugar. Le tenía pavor al estudio de su padre, tanto que nunca había ido por su propia voluntad hasta ese día. Preston la notaba… tranquila. Extrañado de que no se mostrara inquieta o abiertamente angustiada. Era un truco que solía usar, para hacer alguna reprimenda tanto con Pacifica como con sus empleados o socios. Hacer que esperaran, al dejaros esperando, la angustia los consumía. A la mezcla de personalidades, entre el verdadero Preston Noroeste y el Espectro de Ojos Amarillos esa sensación de poder, de generar miedo y control le encantaba.

-"Bien no voy a decir que no me sorprenda, pero no creas que esta vez vas a escaparte con truquitos de magia." Dijo por el tono despreocupado de su hija. Por más que a Preston le incomodara admitirlo en los momentos en que el Espectro lo dejara libre, se despreciara a sí mismo, sabía que eso también era una parte muy oscura de su propio ser, las ansias de dominación que le había inculcado su padre. Como siempre, desde que la calamidad y el destino lo habían unido al espectro, sabía también que el ente que compartía su cuerpo disfrutaba tanto el hacer sufrir a otros como el hacerlo sufrir a él mismo. Y sabia, pues el espectro lo torturaba continuamente mostrándole como su amada Prisilla era sometida a la misma tortura. Pero en ese momento, muy dentro de él grito de coraje por lo que estaba a punto de hacer. Pero también estaba feliz pues mantendría a su hija fuera del alcance del maldito ente.

"Lo sientes Noroeste sientes como a rodea esa aura de fantasma, sabes que debes hacer ahora." Pensaba pensamientos ajenos. Los pensamientos del Espectro. "Parece tranquila, será una actuación? Casi tengo ganas de decirle su fabuloso convenio con los von Fundshauser, solo a ver si le gusta saber que ya no será libre nunca más. Pero ese maldito leñador está ahí y no puedo dejar que les haga algún daño a ustedes mientras no me posesiono de ella."

Pacifica no podía ver eso, solo veía al tirano de su padre, ignorándola mientras manejaba las industrias Noroeste. Sabía muy bien que esa noche no la pasaría en la mansión, también esa ocasión como nunca antes deseaba disfrutar el verano, ser libre, salir con Grenda, acercarse más a él, desayunar, comer, pasar tiempo con los empleados de la mansión. Era que confiaba que su plan fuera un éxito? No, la influencia y dinero de sus padres podían encontrar los documentos o hacer algo para evita que los medios se dieran cuenta y así evitar el escándalo. Ella no podía está segura de ese plan diera frutos, aunque era un clavo ardiendo del cual se tenía que sostener para no caer en la desesperación.

-"Preston." Dijo su madre antes de entrar al estudio

-"Espero durmieras bien madre." Saludo Pacifica, pero ignorándola entro a la habitación, aunque se notaba que el tener que apresurarse no había sido muy de su gusto, la niña tuvo que concentrarse para no sonreír. Prisilla camino directo a donde su esposo, como si la quisiera mantener apartada y sin volverla a ver siquiera. Acomodándose de pie, a la derecha de Preston ya una vez ahí se digno a dirigirle una mirada, que la habría hecho temblar unos días antes. Ella solo los miraba con una aburrida sonrisa, sin desear dares el gusto de verla romperse. Prisilla pudo ver a su hija, sabía que esta era muy posiblemente la última vez que la viera así en esa casa, los planes estaban hachos y los papeles en curso. La siguiente vez que viera a su hija seria en algún lugar de los Alpes austriacos.

"Qué? Te preocupa tu bebe, crees que ese truquito de enviarla lejos cambiara su destino, tan poco me conoces Prisilla." Podía sentir al espectro disfrutando la angustia de su espíritu, no cambio de expresión, pero recordó a su bebe, a su amada hija, la forma que a había tratado, el tipo de madre detestable que ese espectro la había obligado a ser. También que no la vería convertirse en mujer, que la apararía de su lado, al menos ya no le haría más daño y la mantendría a salvo de esa maldicion. "En serio crees que estará a salvo de mi, Prisilla?"

-"Pacifica"

-"Si padre?"

-"Has pensado en lo que le hizo tu comportamiento al buen nombre de la familia?" Dijo Preston, mientras Prisilla la seguía mirando con esa mezcla de rabia y decepción.

-"No padre, he pensado mas en las personas que salve." Por un momento quiso enfrentarse a ellos, pero no quera bajar a ese nivel. Seguía si saber porque se sentía así de tranquila, era por Archivald? No, el buen fantasma era un gran amigo y de mucha ayuda, pero ella misma sabía que si sus padres en vedad la quisieran lastimar el fantasma poco podría hacer.

-"Valen más esas vidas que el Prestigio?" Acoto Prisilla. La personalidad que le obligaba a tener el espectro no pudo expresarle lo orgullosa que estaba de su hija, como madre sentía distinta a su hija, pero ese era un sentimiento que tenía bloqueado por el Espectro.

-"Para mí lo valen, madre."

-"Y sabes lo que no ha costado a tu madre ya mi el remediar lo que hiciste?"

-"No lo sé, pero acaso vale más que una sola vida?" Dijo cambiando el tono, enojándose para no quebrarse ante ellos.

-"Habla con el respeto que se merece tu padre, señorita" Dijo Prisilla.

-"Le tengo el respeto que se merece alguien que quería dejar morir a esas personas, madre." Prisilla en un pestañeo estaba en frente de Pacifica, con la mano alzada a punto de darle un cachetada. Pacifica no se movió, solo miraba a su madre directo a los ojos, una mirada llena de desprecio, mientras su madre se preparaba para golpearla. "Voy a tener que enseñarte a respetar." Dijo la Prisilla/Espectro mientras el corazón de Prisilla/madre se rompía al ver la mirada que se ganaba de su hija. Preston miraba impávido la escena Preston/Espectro feliz gozando la tragedia humana que se desarrollaba en esa habitación, Preston/padre sufriendo al no poder hacer nada por las dos personas que más amaba.

Fue cuando Archivald decidió intervenir.

El Cristal de la estantería a espaldas de Preston se destrozo, cuando una placa de cristal labrado, el reconocimiento al mejor empresario de Oregón, por la Cámara de Industriales, perdió su balance y rompió el vidrio para terminar destrozándose contra el piso. Mientras los demás trofeos placas medallas empezaban a temblar.

Todos incluida Pacifica se sorprendieron, pero el Espectro se aterrorizo. No podía dejar que ese violento fantasma atacara al matrimonio noroeste, aun ocupaba sus marionetas, al menos por ahora. Prisilla volvió a su lugar junto a Preston, mientras Pacifica se permitió una ligera sonrisa, Archivald había elegido el mejor momento. Ya con los Noroeste a una distancia que esperaba segura, el Espectro, se hundió escondiéndose en sus mentes para que el fantasma no lo sintiera. Hasta que tan rápido como había aparecido la presencia del fantasma desapareció. Y Para no arriesgarse más el Espectro retomo los cuerpos y los espíritus de los Noroeste.

-"Bien señorita, si así lo quieres no se diga mas, te irás hoy mismo a Maine." Ya deben tener listo tu equipaje y la limosina está esperando." Dijo Preston ante la impávida mirada de Prisilla.

-"Entonces nos despedimos aquí padre… madre. Disfruten del resto del verano." Dijo Pacifica aun con media sonrisa en el rostro y diciendo las palabas 'padre' y 'madre' con el mismo tono que usaría al notar en sus zapatos que había pisado algo que no debía. Se levanto y salió de la habitación.

La puerta se cerró detrás de ella mientras el Espectro los liberaba, deseaba saborear esa desdicha del matrimonio Noroeste. Ellos se abrazaban llorando, así se despedían de su hija, la amaban sobre todas las cosas, pero gracias al Espectro, solo se ganaban un insoportable desprecio. Pero no la culpaban, ellos sabían que no podía amarlos, que para la niña se merecían eso. Que ella no podía saber que el maldito ente amarillo los controlaba.

En su camino de vuelta a la habitación, Pacifica estaba más tranquila que lo hubiera imaginado. Había entendido, en el momento de ver la mirada de odio de su madre, porque estaba tranquila. Al ver ese odio, ese extraño brillo en los ojos de su madre, que le recordaba los sueños que había tenido. En verdad ese verano tenía más que perder que cualquier otro, siempre era ella sola con sus padres, incuso todo su plan de chantaje lo había hecho sola, pero ahora ya no sentía esa soledad. Sentía la felicidad de comer postres con su amiga, la felicidad de sentarse a la mesa, de comer con los empleados, podía casi sentir la suave mano de Grenda acariciándola mientras lloraba.

Más que eso sentía unos brazos rodeándola en el jardín de su casa. Brazos fuertes que la protegían, una espalda que la amparaba, que había salvado y no solo su vida. Unos ojos castaños cambiando de la angustia al alivio, en cosa de segundos. Ojos que sentía miraban hasta el rincón mas oculto de su alma. Si, este verano tenía mucho que perder si se iba, pero también nunca había tenido nada por que luchar y lucharía. Guardo su tristeza en alguna parte, ya tendría tiempo a solas para llorar. Ahora debía de alistarse para el viaje y confiar en que la bomba mediática que había plantado explotara en la cara de sus padres.

Por un momento recordó la escena cuando se rompió el trofeo. Miraba directo a su madre, ese tono amarillo maligno en sus ojos. Y en el momento cuando Archivald actuó, justo por un instante también vio las lágrimas a punto de salir, una sensación casi infinita de pesar y un sentimiento de cariño? Estaba viendo cosas. La estarían influenciando esos sueños?

Continuara.