Para algunos el verano no es la época para disfrutar, pero para otras personas esos meses significan mucho más. Un punto en la vida donde se marca un hasta aquí, y sabes que ya la vida no será igual, que nada será igual. Mas en ese aparentemente aburrido y normal pueblo de Oregón llamado Gravity Falls.
Una nueva entrega. Los padres de Pacifica dieron sus ordenes y el castigo de la niña ha sido impuesto, pero no solo esos eran los planes de los esposos Noroeste. La usencia de la niña, que logro hacer tanto en un fin de semana, se sienten. Mientas se va desvelando el verdadero motivo del viaje de la niña. Espero te guste este capítulo y el próximo miércoles (22 de Noviembre de 2017), si todo sale bien, publicare el siguiente capítulo. De nuevo esta historia, aunque sea por capítulos, puede leerse en forma independiente. Aunque forma parte de la misma línea narrativa o universo ficticio, así que me gustaría que ojearan el resto de mis historias.
Este es mi quinto Fic., gracias a todos los que me han leído y sus críticas, espero estar a la altura con esta nueva entrega.
Espero disfrutes tanto al leerlo como yo al escribirlo. Gracias!
He dejado uno pocos huevos de pascua, como siempre. Espero que les guste buscarlos.
Gravity Falls Final del Verano: Un Misterio mal Guardado.
19. Conexiones.
Al llegar a su cuarto, Jessica estaba empacando la maleta que necesitaría para el viaje, en si eran pocas cosas, pues en su dormitorio tenía varios uniformes, y algunas mudas de ropa, para los fines de semana, que en teoría tenia libre, aunque según el reglamento del instituto ocupaba el permiso de sus padres para salir de las instalaciones.
-"C… Ca… Casi todo está listo Señorita."
-"Gracias, alistare algunas cosas y te ayudare. Y no te preocupes tanto Jessica."
-"No se preocupe, Señorita."
Mientras acomodaba algunas pocas cosas, entre ellas una corbata de lazo negra, originalmente parte de un smoking para adolescente, pensó en llamar para despedirse. Ella nunca había tenido nadie de quien despedirse, pero este verano tenía a su mejor amiga Grenda, aunque también lo tenía a él, pero sabía que si hablaba con Grenda no podría seguir actuando y terminaría quebrándose y a él… no tenía idea de cómo decirle… que decirle… Que se iba… como explicarle… nada.
Media hora después, Pacifica, con su maleta, estaba en el vestíbulo de la mansión, lista para abordar la limosina que la llevaría al aeropuerto de Medford. No le extraño que sus padres no fueran a despedirla, seguían con la ley del hielo con ella, supuso que habían quedado en malos términos luego de su animada conversación mas temprano. De hecho aparte de Jessica, quien le había ayudado a llevar la maleta y el señor Kimble nadie la había ido a despedir.
-"Señorita." Dijo el inglés. "Los empleados de la mansión querían venir a despedirla." Dijo como si le leyera la mente. "Pero les prohibí hacerlo, para evitar problemas con los señores Noroeste. Así que por favor discúlpeme. Además todos le envían sus parabienes y que tenga bien viaje."
-"Gracias señor Kimble, podría decirles que entiendo que no puedan estar aquí ahora y que igual deseo que estén bien y verlos lo más pronto posible?" Dijo ligueramente animada, pero aun así no logro engañar el ojo crítico del mayordomo.
-"Lo hare." Dijo mientras se inclinaba para acomodarle la chamarra que se había puesto para el viaje. "Y también yo espero volverla a ver pronto mi pequeña dama. La casa ahora se sentirá vacía sin usted." Pacifica sintió un nudo en la garganta al ver los ojos del Señor Kimble. Luego se despidió de Jessica y el señor Richardson tomo su maleta y la acompaño a la limosina. Para empezar el viaje que terminaría, al final de la tarde, en ese pueblo de Maine. Una hora hasta el aeropuerto de Medford, unas 5 horas en avión y un poco más en auto, hasta la mansión que albergaba la Escuela e Internado de Damas Jóvenes.
Kimble sabía que la Señorita no estaba tan tranquila como aparentaba, podría ser que no quisiera alterar más al resto del personal o que no deseara demostrar sus verdaderos sentimientos a sus padres, pero de lo que estaba seguro era que esa era mucha presión para una niña. Como había cambiado a la Señorita tanto en tan poco tiempo? O era que no lo había notado, podría ser que de alguna forma la Señorita hubiera estado evolucionando de la niña malcriada que había sido hasta hacia pocos días a la amable y fuerte damita que se despedía hoy de él. Que habría disparado ese cambio? O, Kimble no era tonto, era más bien un 'quien' había disparado el cambio?. Pero ya luego se encargaría de ese 'quien' en especial, ahora su preocupación estaba con la jovencita que, a bordo de la limosina, ya había partido para el otro lado del país.
Para Kimble quien, como Mayordomo de los Noroeste, debía velar por ese clan, su prestigio y su buen nombre. Su obligación estaba clara, para mantener su propia dignidad, el inglés debía de proteger el buen nombre de sus empleadores. Pero, por sus años en ese trabajo con los Noroeste, había descubierto que generación actual de la familia estaba más allá de cualquier intento de salvación, desilusionado había pensado que el clan Noroeste estaba condenado a caer en la deshonra, llevándolo a él con ellos. Hasta que la Señorita había revelado su propia personalidad, como floreciendo para convertirse de una niña malcriada y engreída, en una joven digna y respetable, además que, de alguna forma, en ese fin de semana había logrado ganarse su corazón. Por eso la niña, que se alejaba en limosina, era ahora la única esperanza de salvar al clan y su propia honra, mas como hombre que como Mayordomo. Deseaba cuidarla y su mente lo había racionalizado al hacerle ver el proteger a la Señorita como su obligación para los Noroeste. Debía cuidarla, incluso de sus propios padres.
Tenía la sospecha que el castigo esta vez iba más allá que mandarla a Maine. Tenía sus fuentes y había oído el rumor del arreglo compromiso del joven barón von Fundshauser, aun no podía estar seguro de si ese arreglo era con los Noroeste. Pero ya había empezado a investigar si ese compromiso tenía algo que ver con la Señorita. Además incluso si en esta ocasión los señores Noroeste no intentaban 'corregir' a una agradablemente rebelde Señorita, sería cosa de tiempo que lo hicieran, y no quería dejarla desprotegida y sola. Afortunadamente para cuidarla estaba en el mejor lugar, al ser mayordomo de los señores Noroeste, y ser considerado mas como un bien útil que una persona por ellos. Esto le había permitido saber mucho más de los negocios del señor Noroeste de lo que podría ser considerado seguro. Solo debía de conseguir las pruebas, para tener el arma que le permitiría defender el Futuro clan Noroeste del clan Noroeste actual. Aprovechando el momento puso manos a la obra. Debía descubrir que tan ciertos eran los rumores, además que debía escoger, entre todos los negocios sucios, a cual podría sacarle provecho para ayudar a la Señorita. Además podría ser que lograra encontrar a alguien, tal vez ese chico Pines, para mantener integra su posición de mayordomo.
Antes del medio día, un Jet ejecutivo, con el escudo de la 'N' y la 'W' en su cola, partió hacia la costa este. Con mínima tripulación piloto, copiloto y una asistente de vuelo. Y una única pasajera una, aparentemente tranquila, niña de 12 años. Aun soportando para no quebrarse, podría ser que sus padres averiguaran como se sentía con solo preguntarles a la tripulación del avión. La asistente le pregunto si deseaba algo, aun en jet privado eran más de 5 horas de vuelo. Pacifica con una sonrisa en su rostro le pidió que deseaba descansar, así que la aeromoza le dio una frazada y apago las luces de la cabina de pasajeros, quedándose en la cabina principal. Pacifica, al sentirse sola, en la privacidad que daba una frazada barata. Pudo deja de actuar y quebrarse, tenia 5 horas para lamentarse por el verano, por sus amigos y por él. Al fin se permitió llorar como no lo podía hacer en la mansión. Era un viaje largo ya vería como se recomponía cuando el avión aterrizara. Su única compañía era un confundido fantasma que trataba de consolarla.
Al llegar a Maine se sentía desahogada, tomo la limosina propiedad de la Escuela e Internado de Damas Jóvenes de Maine, que la esperaba en el aeropuerto. Luego de un viaje por carretera, llego a esa mansión escondida entre los bosques de Maine, donde era olvidada por sus padres casi todo el año. Prefirió no tomar la cena esa noche e irse directamente a su dormitorio, donde siguió desahogándose. Ya sin más freno que no dejar que las demás estudiantes escucharan su llanto.
Grenda había intentado llamar a Pacifica repetidamente en la mañana y en la tarde, por ultimo decidió pedirle ayuda a su padre, quien le dio el teléfono de la Señora Kristen.
-"Aló?"
-"Perdone es la señora Kristen?"
-"Quien es?"
-"Perdone soy Grenda Faruolo, la amiga de Pacifica."
-"A si linda. Como estas? como están tus padres?"
-"Bien gracias y usted?
-"Bien gracias… déjame adivinar, no llamaste para saludarme, verdad?
-"No la vedad es que…"
-"Ya se fue… la Señorita salió temprano en la mañana, luego de hablar con sus padres."
-"Me lo supuse… nos despedimos ayer, pero aun tenía la esperanza que no se fuera."
-"Nosotros tenemos la esperanza de que volverá ponto."
-"Yo pienso lo mismo y tengo que apurarme esa falda debe estar lista para cuando ella vuelva."
-"Si… para cuando vuelva." Dijo la mujer aguatando el llanto.
-"Muchas gracias señora… le molestaría que la vuelva a llamar a preguntar por ella?"
-"Claro que puedes hacerlo Grenda… si ocupas hablar también me encantaría hablar contigo… te cuidas niña." Dijo mientras se dirigía a su habitación, llorar en ese momento era un lujo que solo se podía dar en privado en esa mansión.
-"Hasta pronto señora Kristen, vera que ella… que ella aparecerá un día de estos por ahí." Dijo la niña al colgar, contagiándose del estado de ánimo de la mujer. Encerrándose a llorar por la desgracia de su nueva amiga y el sentimiento de falta que le daba. Al igual que en la mansión la señora Kristen lloraba sentada en su habitación, y Jackie no había salido de la de la suya desde temprano. Cosas que el flemático ingles logro disimular perfectamente ante la señora Noroeste.
Pero la llamada más sorprendente fue a la cabaña del misterio.
-"La mundialmente famosa Cabaña del Misterio. No aceptamos devoluciones y se cumplen todos las normativas de advertencia de seguridad."
-"Llamada para el señor Pines, desde Austria." Dijo una agradable voz de mujer.
-"De Australia?"
-"No señor de Austria."
-"No sé que podría querer el señor Pines con alguien de Australia, por cierto aun están vigentes los tratados de extradición?"
-"No que yo sepa señor." Dijo la mujer algo confusa. "Es una llamada para el señor Dipper Pines desde Austria."
-"Y quien conoce Dipper en Australia?"
-"No sabría decirle señor."
-"Hummm… bien no creo que haya ningún problema. Deme un segundo." Stan tapo el micrófono del teléfono. "Dipper teléfono." Pensando que en todo el verano era la primera vez que alguien llamaba a su sobrino, y más aun de Australia?
-"Teléfono?" Dijo al ver a su tío el chico de la gorra azul.
-"Si igual me sorprende." Dijo el anciano dándole e auricular.
-"Gracias, Stan." Y acomodándose el teléfono. "Dipper Pines al habla."
-"Manténgase en la línea, en un momento le van a hablar." Dijo la telefonista mientras dejaba la clásica melodía de elevador. Luego de unos segundos, mientras Stan pensaba si tenía algún negocio que tuviera que ver con Australia.
-"Dipper! Gott sei Dank, ich wusste nicht, mit wem ich reden soll. Du musst mir Freund helfen." Dijo una voz masculina tan agitado que apenas pudo reconocerlo.
-"Marius?"
-"Wenn ich es bin. Verzeihen Sie meine Manieren, wie geht es Ihnen?" Dijo no más tranquilo
-"Marius estás hablando en alemán, no te entiendo. Tranquilízate un poco, si sigues en alemán no te podre entender." Dijo el castaño. Que pensando lo que pasaría si Mabel se enteraba de con quien hablaba sería imposible poder hablar. Además Aunque no encendía alemán, estaba seguro, por el tono, que debía ser algo grave. "Tranquilízate un poco, mira cambiare de aparato, no cuelgues amigo."
-" Entschuldigen Sie mich. Danke… Perdona por alterarme. Gracias."
-"No cuelgues." Dijo colgando el teléfono. "Tío Stan podría usar el teléfono de tu oficina?"
-"Si pero de donde conoces a un australiano?" Contesto el mayor de los Pines.
-"No es australiano es austriaco, lo conocí en la fiesta de los Noreste el viernes." Y pensando un poco agrego. "Si Mabel pregunta mejor no le digas donde estoy, ya sabes cómo se pone con los chicos guapos."
-"Eh… Si lo que sea. No vayas a poner los pies en el escritorio."
Ya en la oficina de su tío, se sentía mal por ocultarse de Mabel pero el chico había sonado muy exaltado, siendo Marius debía de ser algo grave el que perdiera así su temple. Y sería muy complicado prestarle la atención que ocupaba con su amigo, mientras mantenía tranquila a su hermana.
-"Ya estas más tranquilo Marius?" Dijo tomando el teléfono.
-"Si Dipper gracias, perdona por no poder controlarme antes." Dijo con su tono habitual. "Es que ocupaba hablar contigo, de algo… personal." El tono con que lo dijo le recordó a Mabel al hablar de chicos, solo podía ser una cosa.
-"Si es sobre el padre de Grenda, no sé muy bien que porque me llamo ayer por la noche. Quería hablar de ti, estuvimos platicando un poco y dijo que la próxima vez que llamaras quería hablar contigo, estoy seguro que podrás seguir hablando con Grenda." Escucho un suspiro al otro lado de la línea. "Debió ser una confusión, el señor Faruolo es muy amable."
-"Danke… Gracias Dipper te lo agradezco mucho." Dijo el noble de nuevo ligueramente alterado, pero ahora más que nervioso Dipper pensó que estaría alegre. "No sé que le dijiste al señor Faurolo, pero de nuevo gracias."
-"Ni yo entendí porque me llamo, bien imagino que no había nadie más a quien preguntarle." Dijo mientras pensaba en lo ocurrido ese fin de semana. "Espera antes que nada todos aquí estamos bien." No podía saber que tanto había corrido la noticia de los eventos del sábado.
-"Como?"
-"Mira Marius ayer…" Dipper pasó los siguientes minutos narrándole lo que había ocurrido el sábado, con algunas excepciones.
-" Unglaublich… Increíble la gravedad?" Dijo asombrado. "Bien según me contaron el viernes en ese pueblo pasan las coas más extrañas." Pero volviendo al tema con su carácter germano agrego. -"Te agradezco de nuevo." Dipper pensó que era la cuarta o quinta vez que se repetía, debía ser un problema serio. "Pero no es por eso por lo que necesito tu ayuda."
-"Para eso están los amigos, no? Dime en que te puedo ayudar." Pudo oír como el barón respira profundo un par de veces, no entendió muy bien como, pero sabía que eso indicaba malas noticias y se preocupo.
-"Dipper… Dipper amigo me quieren casar." Dijo demasiado serio para que Dipper pensara que era una broma.
-"Como?"
-"Parece que mi tío Brandeis ha hecho los arreglos, mañana me cito por la tarde la condesa Hohehauser, mi abuela, la matriarca de mi casa. Creo que para discutir los detalles, pero no se qué hacer."
-"Espera déjame entenderlo, eso de que te van a casar, es que hicieron un convenio matrimonial contigo?"
-"Da…"
-"No sabía que seguían haciendo eso en Austria. Y menos a tu edad."
-"No puedo decir que sea frecuente, pero tampoco es de sorprenderse. Según se ella es una Fraulein… de casi mi edad."
-"Ni siquiera sabes quién es, o como se llama?"
-"Ni siquiera sabía que había encontrado alguna candidata. Hace unas pocas horas me advirtieron que mi tío había encontrado alguien y que iría a pedir consentimiento a mi abuela, para formalizar el arreglo. Luego de eso me citaron donde mi abuela."
-"Y por lo que veo no estás muy dispuesto."
-"Ese es el problema Dipper, siempre he sabido que la baronía tiene sus obligaciones y nunca me preocupe mucho por ello… hasta ahora. Por eso valoro tu consejo en esto, antes del que cualquiera de mis otros conocidos."
-"El mío?"
-"Dipper no se cómo explicarlo bien eres un chico… normal y todos mis conocidos o son aristócratas o de familias importantes y por eso valoro mas tu opinión, además eres la persona más integra y valiente que conozco, sé no te dejarías guiar por tradiciones o ambiciones." No dijo que además creía que era mucho más valiente que él y que ocupaba su consejo para saber qué hacer con la tradición, su familia y lo que sentía.
-"Bien cuál es el problema?" Y sin dejarle responder la pregunta se respondió a sí mismo. "No quieres que te escojan una esposa?"
-"Ja! Hasta hace poco no me habría importado, pero ahora no se qué pensar."
-"Pero como podrían obligarte a cásate?"
-"Si me lo ordena mi abuela, como matriarca de la casa, deberé aceptar."
-"Eso no me dice nada, que pasa si no aceptas?"
-"Seria una deshonra para la casa, mas para el apellido Fundshauser."
-"Nada mas?" Dijo el americano al parecerle un motivo ridículo.
-"No sabes que es mantener el alto a la casa y el apellido." Dijo reprochándolo ligueramente. "Mi padre fue un gran hombre, que se labro su propio camino. Aun sin ser el heredero el hizo crecer las empresas y el prestigio de la casa. Por lo que al merecer mas el titulo que incluso mi tío, su hermano mayor, lo honraron con la baronía y no podría hacer que su nombre se empañe."
-"Esta bien perdona si no entendí, pero que crees que preferiría tu padre que te obliguen a ser infeliz o que seas feliz?"
-"Que fuera feliz."
-"Que lo enorgullecería mas a tu padre, que sigas tu propia vida o que dejes que alguien más te controle?
-"…"
-"Tu padre no hizo lo que hizo por un titulo, el titulo lo gano luego de ser sí mismo y por su esfuerzo." Dijo muy serio Dipper. "Ahora bien que valdría mas para ti que te den el titulo o ganártelo como tú padre?"
-"Entonces dices que me niegue a ese matrimonio?"
-"Digo que seas la persona que eres. Yo no me hice amigo del barón von Fundshauser, ni tampoco Grenda. Ambos conocimos a Marius."
-"Eres extraño Herr Dipper Pines, te hablo para pedir tu consejo y más bien me preguntas a mí."
-"De que servirla que yo te dijera que hacer? No sería lo mismo que hacerle caso a tu tío?" El teléfono quedo en silencio por unos instantes.
-"Ja du hast recht… Sí tienes razón" Y luego de unos segundos agrego. "Debo pensar mucho para mañana, puede que tenga que irme temprano para el castillo Hohehauser."
-"Espero haberte ayudado amigo."
-"Si gracias… amigo, se siente raro decirte así." Dijo de nuevo con más naturalidad. "Aquí es casi media noche y mañana deberé madrugar."
-"Somos amigos Marius, creí que era natural decirte amigo."
-"Ja… si pero es… creo que te debo mi vida de nuevo." Dijo con un tono de admiración. "Buenas noches… o aun será la tarde en Oregón."
-"Si aún es temprano aquí, espero que te vaya bien Marius."
-"Gracias Dipper y algo mas…" Dijo el austriaco. "No le digas nada a Grenda, deja que yo se lo diga."
-"Ni lo menciones no soy chismoso. Buenas noches, hasta pronto Marius."
-"Hasta pronto Dipper… y gracias." Agrego en un tono solemne.
Mientras Dipper salía de la oficina, obligado por su promesa a no mencionarle la llamada de Marius a su hermana, y buscando a Stan para que también el guardara el secreto. Para volver al trabajo para reconstruir la Cabaña del Misterio. Empezó a imaginar cómo sería la vida de los ricos y famosos, que no era tan glamorosa como la presentaban en las películas. Y solo con dos ricos que conocía, Pacifica que vivía la vida que sus padres la obligaban y Marius que debía seguir las ordenes de algún otro. Y sin darse cuenta se perdió en sus pensamientos sobre sus dos amigos ricos. Al volver a salir de ese estado de pensamiento profundo, le extraño el estar pensando en flores y champagne.
Cuando Marius Colgó eran cerca de las 10 de la noche, estaba en el castillo Fundshauser, en la oficina que una vez había usado su padre. No había tocado nada, era la misma decoración que su madre le había dado a la oficina lo único nuevo era su computadora. Por lo demás cualquiera esperaría que la puerta se abriera y el antiguo barón entrara por ella, seguido de su esposa. Esa había sido uno de los sueños recurrentes de Marius luego del fallecimiento de sus padres. Detrás de él había un retrato de ambos. Se habían conocido, cuando ambos eran poco más que adolecentes, en alguna aburrida fiesta de sociedad. Dos hijos de nobles muy alejados de la línea de sucesión para que les prestaran la atención.
Menos la del uno por el otro, mucho había oído de cómo no hubo mucho que arreglar ya que ambos tenían hermanos mayores y sobrinos que los apartaban del título. Tanto de los von Fundshauser, en el caso de su padre, como de los von Hohehauser, en el de su madre. Para la familia de su padre era ligarse a una de las familias con más abolengo de Austria, incluso de toda Europa. Para la familia de su madre era una preocupación menos, evitaba el tener buscar un candidato, dar una gran dote y no los dejaba en mala posición. Poco más de un año después su padre había enviado a su petición formal, por intermedio de su abuelo, para pedir permiso de visita a la casa Hohehauser. Habían semi formalizado su relación cuando su madre entraba a estudiar mercadotecnia en la universidad y su padre estaba empezando su tesis en ingeniería industrial. Y se casaron al graduarse ella, ya para entonces su padre había empezado la reestructuración de las fabricas Fundshauser, empezando una carrera que las llevo a la cima de la industria. Fue cuando su tío Brandeis cayó en desgracia al invertir muy mal parte de la fortuna familiar.
Pero esas pérdidas fueron solventadas por las decisiones rápidas del padre de Marius, que pidiendo préstamos sobre las fábricas que tenía a su control y aumentando la productividad de estas. Ayudado por las ideas comerciales de su madre, al diversificar las industrias con varias líneas de ropa casual y deportiva, salvaron a los von Fundshauser de una bancarrota. Para entonces los padres de Marius eran una pareja en ascenso en la sociedad, tanto por sus contactos como por su buen tino empresarial. Cuando el abuelo de Marius decidió que era tiempo de pasar el título, el único que, en verdad, se sorprendió de que el hermano pequeño recibiera la baronía Fundshauser fue Brandeis. Para entonces la joven pareja ya había concebido un niño. El mismo, pensó Marius, mientras recorría con los ojos el estudio. Fue cosa de la calamidad que el trabajo de su padre se viera interrumpido por… por su muerte. Pero Marius se dedicaba en cuerpo y alma a estar al nivel de su padre, gracias a esto y a sus dotes naturales nadie dudaba que fuera en buen camino. Pero todo podía cambiar, dependiendo de la decisión de su abuela.
Marius recorría sin mucha atención las pinturas de la oficina. Había oído decir que a su padre le parecía sobre cargada, pero que su madre decía que un barón no solo debía serlo si no parecerlo y una oficina así era lo que todos esperaban de alguien con su titulo. Había varios niveles de pinturas y fotografías, tanto originales como replicas famosas. Fue cuando los ojos, más bien la miradas plasmadas en algunas pinturas y fotografías atrajeron su atención. Su padre con personalices tanto nacionales como extranjeras como el ex primer ministro alemán Helmut Kohl, la inglesa Margaret Thatcher, el ruso Mijaíl Gorbachov, el surafricano Nelson Mandela y varios más. Noto algo que todos, incluido su padre compartían.
Era como un aviso de 'observa' dejado por sus padres. Todos esos personajes, que habían forjado la historia del siglo pasado, compartían algo… cierta mirada, cierto gesto, no supo muy bien cómo explicarlo. No era feroz, ni altivo, mostraban una expresión de superioridad indiferente, sin ser soberbia. Superioridad que demostraron al moldear la historia. Marius estaba cansado, pero exaltado busco en la biblioteca del estudio, en los libros de historia más imágenes de personalidades como esas, llegando hasta el siglo XIX, donde dejaban de ser fotografías para ser retratos. En muchas podía ver esa misma mirada capturada por distintos aristas, aunque otras mostraban soberbia o incluso pedantería, según la afiliación del fotógrafo, pero había aprendido a descubrir ese rasgo, apenas lo recordaba de su padre, era un sello distintivo de su abuela. Esas personas compartían esa característica que aun no podía identificar. Lo que más le sorprendió fue que él mismo recordaba haber visto a alguien así en persona, de cerca y en la situación más increíble. Hacia unos días, en la gala de la Noroeste, en la misma persona que le había ayudado a tomar la decisión más difícil que recordaba, pero también que no le había ayudado más que a ser el mismo.
Mientras se dirigía a su habitación, exhausto. Al menos ya no tan preocupado porque debía hablar con su abuela, la mujer más fuerte que conocía, la mañana siguiente. Mas confiado, armado con en el consejo de su amigo. No pudo evitar recordar esas fotografías y pensar: "Ellos moldearon el presente en que vivimos… Qué clase de futuro iras a moldear tu, Dipper?"
Continuara.
