Para algunos el verano no es la época para disfrutar, pero para otras personas esos meses significan mucho más. Un punto en la vida donde se marca un hasta aquí, y sabes que ya la vida no será igual, que nada será igual. Mas en ese aparentemente aburrido y normal pueblo de Oregón llamado Gravity Falls.
Una nueva entrega. Marius esta intranquilo por un rumor en el que está envuelto. Ya había pedido consejo a su única amistad que lo podría ayudar, desde el punto de vista de un chico 'normal,' Dipper Pines. Lo que no sabe son las ramificaciones de ese rumor. Espero te guste este capítulo y el próximo miércoles (29 de Noviembre de 2017), si todo sale bien, publicare el siguiente capítulo. De nuevo esta historia, aunque sea por capítulos, puede leerse en forma independiente. Aunque forma parte de la misma línea narrativa o universo ficticio, así que me gustaría que ojearan el resto de mis historias.
Este es mi quinto Fic., gracias a todos los que me han leído y sus críticas, espero estar a la altura con esta nueva entrega.
Espero disfrutes tanto al leerlo como yo al escribirlo. Gracias!
He dejado uno pocos huevos de pascua, como siempre. Espero que les guste buscarlos.
Gravity Falls Final del Verano: Un Misterio mal Guardado.
20. Austria.
Marius esperaba en el pasillo, por los ventanales se podía ver como el verano teñía los Alpes de verde, disminuyendo poco a poco hasta que empezaba la zona de nieves eternas en los picos de las montañas. Era un hermoso escenario para haber construido el castillo Hohehauser justo ahí, lo que lo volvía una atracción turística. Pero faltaban aun unas horas para la apertura de los recorridos por el castillo, las fortificaciones, la sala de armas y el museo de la familia. Había intentado llegar antes que su tío, desde que supo sus intenciones para arreglarle un compromiso, y que lo único que ocupaba era la aprobación de la candidata, por parte de su abuela. Pero ambos conocían las costumbres de la matriarca de la casa, por lo que al legar Marius la limosina de su tío ya estaba estacionada en el castillo.
Y al solicitar audiencia con la condesa, el secretario, le había comunicado que había pedido no ser molestada, y cuando la condesa le pedía algo a alguien, conseguía exactamente lo que pedía. La anciana de casi 80 años, en verdad bisabuela de Marius, había manejado la casa Hohehauser en solitario desde que había quedado viuda hacia casi tres décadas. Y, sin hijos varones, había decidió mantener el titulo, mientras encontraba un sucesor apropiado. Bajo su dirección la casa había prosperado más allá de lo imaginable. El grupo empresarial, parte del patrimonio Hohehauser, era uno de los más grandes de Europa. En lo social la casa Hohehauser había crecido como una vid, absorbiendo a otras casas menores, como los Fundshauser. Inteligentemente, el abuelo paterno de Marius, al dejar la baronía a su hijo menor, también había ligado su casa a la casa de la condesa, expandiendo los intereses de la familia más allá de industria textil. Por esas razones Mechthild von Hohehauser se erguía como una de las mujeres más poderosas de Europa.
Había hecho esperar a presidentes y primeros ministros, a potentados industriales, por lo que a Marius no le quedo más que imitarlos. Pero, gracias a su amigo americano, luego de pensar toda la tarde anterior pensando en lo que habría hecho su padre, se preocupo un poco más en que haría él mismo, no como el barón von Fundshauser, sino como Marius. 'Grafin', o la Condesa, Mechthild von Hohehauser, la mujer de hierro, que lo había acogido al morir sus padres, que lo había criado, que lo había apoyado e impulsado siempre anteponiendo el deber a sus sentimientos. Aunque recordaba las primeras noches que paso en ese catillo, sabiendo que sus padres no volverían, llorando junto a ella, ya no lo preocupaba. Ella a quien los más poderosos de Europa llamaban 'La Condesa' o 'Grafin', en mayúsculas pues solo había una como ella. Dame Mechthild o Dame Hohehauser, dependiendo de si se era o no merecedor de hablarse por su nombre o su apellido, pues el titulo de Dame se lo había ganando a pulso. Irradiaba respeto, y fuerza, y para algunos, que en verdad la conocían, un tipo de ternura estricta. Una candidez metálica, aun mas para los muy pocos que la podían llamar 'oma' Mechthild, o abuelita.
Marius había crecido en ese castillo, como Pacifica, él se había educado en internados. Pero, a diferencia de ella, no era olvidado en el internado. Eran habituales los fines de semana o días libres, o incluso tardes, en que los familiares cercanos de sus padres, sus 'tanten' y 'onkel', o su propia 'oma', pasaran a recoger al pequeño Marius, ya fuera para un pasar el fin de semana o solo un paseo, aprender a cabalgar, ir al cine o simplemente disfrutar de su compañía. Para ambos lados de la familia, el joven Marius, era el futuro y corazón de ambas casas. Y más por la tragedia que había enmarcado su infancia. También, cabía notar, que estaba muy bien ubicado en ambas líneas sucesoras. Y su propio logro de empezar a demostrar tanto la inteligencia y dedicación de su padre, como la innovadora mentalidad de su madre.
Conocía la historia familiar de ambos lados de su familia tanto de la Baronía Fundshauser como del Condado Hohehauser. De cómo el casillo donde estaba ahora llevaba ahí más de mil años y antes de eso había un fuerte para proteger el valle. Entre las montañas de los Alpes austriacos se alzaba el imponente castillo. En la punta de una colina con sus muros de casi 3 metros de ancho siguiendo la forma de la cima alcanzando, en algunos sitios, casi diez metros de alto, formando algún tipo de figura geométrica de varios lados. Con muros roca maciza había sido construido para durar y para soportar. Desde tiempos del Sacro Imperio Romano Germánico, que había dominado media Europa, a la segunda guerra mundial, que había quemado Europa, fueron muchas las veces que se movilizaban ejércitos a favor o en contra del castillo, pero este había soportado siglos de araques, batallas, asedios y bombardeos. Aun ahora, convertido en una atracción turística y residencia, la maciza mole de piedra solía impresionar a más de uno. Los que la conocían decían que ese efecto era potenciado por su actual dueña e inquilina.
Luego de esperar pacientemente media hora, le comunicaron que su abuela le concedería la audiencia, justo después de hablar con su tío, pero Marius sabía que la mejor forma de dejar por terminado el problema era hablar con ambos a la vez así que había pedido que su tío esperada también, a lo que Brandeis gentilmente acepto. El estudio privado de su abuela no se parecía al de su castillo, era espartano y funcional, el único detalle significativo era el cuadro detrás del escritorio donde plasmaban a ella y al antiguo conde hacia sesenta años, el día de su boda.
-"Oh Marius que coincidencia, Brandeis me estaba hablando de algunos asuntos que te conciernen, o no es tanta coincidencia?" Dijo la Condesa, mientras lo miraba fijamente con una de miradas de acero, pero de alguna forma tierna. Marius lo supo en ese momento, era una prueba que su 'oma' le preparaba. No era secreto que Brandeis había rechazado la decisión de darle el título a su hermano menor, saltándose el orden de sucesión, y aun ahora deseaba el titulo de Marius, que regentaba. Con su padre muerto, la línea de sucesión pasaba al hijo, y si por alguna razón este no podía, pasaba al tío mayor, en este caso Brandeis. Aunque seguramente sus planes no llegaban a tanto. Si el actual Herr Barón regente era celebre por algo era, desafortunadamente, por su pobre planeación.
-"Grafin Dame Mechthild, Abuela, espero se encuentre bien ese día." Dijo Marius poniéndose firme y haciendo una reverencia frente a su abuela. Luego de saludar con una leve inclinación a su tío.
-"Me encuentro de maravilla, Barón von Fundshauser." Dijo mirándolo Parece que amaneciste muy educado hoy con tu 'oma' Marius." Dijo la condesa extendiendo la mano para que el chico, aun con la cabeza baja, se la besara. "Ahora ven y saluda a tu vieja 'oma' como sabes." Dijo Extendiendo lo brazos para recibir el beso y el abrazo de su nieto. "Cada día te pareces mas a tu padre, pero tienes los ojos de tu madre." Dijo con un leve deje de nostalgia.
-"Me alegra oírla y gracias 'grofsmutter.'" El que ella dijera que era su 'oma,' no le daba permiso a usar el término familiar, así que cuando no estaban solos, usaba el más educado 'grofsmutter.' Le respondió mientras se acomodaba al lado de su tío, ya con el permiso tácito de sentarse. "Me han llegado ciertos rumores y quería confirmarlos." Dijo más relajado.
-"Si sobrino, luego de una exhaustiva búsqueda, he encontrado a la candidata ideal para ser tu consorte." Dijo Brandeis, luego de volver a ver a la Condesa. Marius se quedo de piedra al ver confirmadas sus sospechas. Y no pudo menos que admirar la forma en que su tío lo había dicho sin necesidad de usar palabras incomodas como 'arreglo', 'prometida', 'matrimonio' o 'esposa'. "Y además en términos muy favorables en tanto a dote como a cuna." Que traducido significaba era una muy rica y buena familia.
-"Te agradezco el esfuerzo tío." Dijo el joven barón. "Pero incluso yo creo que soy muy joven para eso, ya estamos en el siglo XXI, recuerdas." Acotaba mientras sonreía. "Nunca pensé que el rumor fuera cierto."
-"Bien es parte del trato, como le decía a 'Dame' Hohehauser." Accedieron a que la candidata pasara los siguientes años bajo nuestra tutela, así aprenderá las buenas maneras, las costumbres, y el idioma." Marius dedujo que 'ella' no era noble, ni austriaca. "Además cabe la posibilidad de adoptarla legítimamente por parte de la casa Hohehauser, así no habrá problemas con su linaje." Sin dejar de sonreír Marius supuso que no era europea, alguna pobre, o más bien muy rica, chica que deseaba ser de la nobleza o alguna familia que querían un, para ellos, merecido titulo.
-"Bien me parece que debo agradecer aun más su esfuerzo tío." Dijo mirándolo sin ponerle atención, observando de reojo cómo su 'oma' evaluaba la conversación, sin parecer muy interesada, mientras Brandeis caía en su plática diciendo más de lo que debería. Luego, si quería, podría averiguar cuáles eran esos beneficios, ya no estaban en la época en que la dote era una ciudad o un territorio, ahora supuso serian lotes de acciones, patentes, incluso dinero en efectivo. Pero no importaba, ahora lo que tenía que averiguar era como quitarse ese 'favorable arreglo' de encima, como a Brandeis le gustaba fanfarronear, solo debía fingir interés en la enumeración que su tío hacia de los beneficios. Porcentajes de inversión en algunas empresas de la casa, ayuda a modernizar algunas plantas, algunas patentes sobrevaluadas que pronto dejarían de tener valor. "El que este aquí señor tío, significa que han llegado a un preacuerdo supongo, siempre ha sido una persona muy hábil"
La Condesa veía como Marius estaba manejando la conversación. Supuso acertadamente que Brandeis estaba subestimando a su sobrino, otra demostración de por qué ese hombre había perdido el titulo que Marius ostentaría algún día. Debía de saber que el vivir en ese castillo con ella podía significar más que recibir al huérfano de la familia. Mechthild sabía nadie era inmortal y que más bien había sobrevivido demasiado. Le pesaban las responsabilidades, y deseaba poder descansar en este mundo, antes de ir a descansar con su amado conde. Al descubrir las cualidades de su nieto, se había dado cuenta que había encontrado a su reemplazo. Y por eso lo educaba, hoy era solamente una lección más, por eso había accedido a oír el intento de Brandeis de vender el titulo.
"Si, así Marius, él es una persona presumida y te prejuzgo mal, alábalo y descubre lo que deseas saber." Pensaba al ver la cara afable de su nieto.
-"Seguro fue una negociación difícil, señor tío. Conseguir tan buenos resultados."
-"Son los años sobrino, algo que tu padre nunca logro entender, ser paciente. Quería todo listo para la semana pasada y mira a donde lo llevo eso?" Lo llevó a tener el titulo que siempre deseaste, incompetente, se contuvo de responder Marius. Conocía muy bien los sentimientos de su tío por su padre fallecido.
"Tranquilo Marius, sabes que en una discusión no se deben perder los estribos, además el pobre ni siquiera sabe lo que dice, solo se ensalza a sí mismo." Pensaba la condesa al notar cómo, de repente, una sombra de ira paso por los ojos de su nieto. Tomo nota que el joven debía trabajar más en aparentar calma.
-"Pero tío no me ha dicho lo importante, quien es la afortunada candidata?" Acoto Marius soportando el ataque de ira hacia su tío.
-"Pues Marius chico, parece que fue gran idea que fueras la semana pasada a América." Marius no tuvo que fingir estar de acuerdo, había conocido a alguien tan especial y que la quería conocer más. También un amigo, que le había mostrado que la edad y los buenos consejos no tienen nada que ver.
-"Entonces Regente, la candidata es americana?"
-"Si de una de las familias más importantes de América y también de las más ricas." Dijo orgulloso el antiguo heredero.
"Lo manejas perfectamente Marius, sigue así." Lo alentaba mentalmente su abuela. Fue cuando se quedo pasmada, al ver la cara de desconcierto de Marius al oír el nombre de la chica.
-"Q… Quien?" Dijo Marius al perder la serenidad.
-"Pacifica Noroeste, sobrino. Justo quien deseábamos que conocieras. La Heredera de los Noroeste. Son una familia de plebeyos, pero de plebeyos muy ricos." Digo orgulloso, mientras Marius aun no se sobreponía. "El sábado me hablaron sus padres para hacer un acuerdo informal, así que tuve que viajar para afinar los detalles, fue un poco difícil, pero ese Preston es un simple plebeyo con dinero." Continúo Brandeis fanfarroneando. "Por lo que ya no es solo una candidata, ya prepare todo." Dijo orgulloso, sin darse cuenta del estado de turbación de su sobrino, al punto de que ya no le prestaba la misma indolente atención que había aprendido de su abuela.
-"Va a venir directo de América a un internado cerca del castillo, para que nuestra casa se encargue de ella." Continuó explicando. Mechthild no lograba entender como porque su nieto había perdido la compostura, afortunadamente Brandeis estaba tan ocupado hablando de si mismo que no noto la reacción de Marius. La condesa no veía nada grave en el asunto, sabía que la chica Noroeste era hermosa, para su edad, y que su madre también. Podía ser que fuera algo malcriada o maleducada, una niña mimada, como muchos millonarios americanos y no le gustara esa actitud. Porque dudaba que fuera lo contrario, que la americana hubiera flechado a su nieto, no dudaba de que pudiera ser una hermosa niña, pero también dudaba que a Marius le atrajera. Además conocía Marius, era más inteligente que eso, debía haber algo más. Algo que hiciera de esa descabellada idea del arreglo tan perturbadora. Debía conocer más detalles de esa gala, aparte de los rumores de fantasmas.
-"Lo único que esperamos es la aprobación de 'Dame' Hohehauser, esta misma semana ingresara en el internado. Entonces ya solo sería esperar a que ambos tengan la edad conveniente." Finalizo el regente.
Pero Marius no había oído esto último, más que como un eco que, poco a poco, lograba entrar en su mente. Cuando escucho el nombre de Pacifica, su amiga Pacifica. Lo primero que pensó fue: "Como le diré a Grenda?" Luego antes de desear haber oído mal y preguntar de nuevo el nombre pensó: "Pacifica no es de esa clase de chicas, además esta Dipper." Y al final cuando estuvo seguro de que era de Pacifica de quien estaban hablado pensó: "Que hará Dipper cuando se entere?"
Fue cuando su mente se fue de paseo, pensar en Dipper Pines molesto contra su casa, de alguna manera fue más de lo que podía soportar. Solo podía recordar las andanzas de su amigo americano, que si no fuera porque Grenda las confirmaba, no las habría creído. Estaban esos enfrentamientos sin miedo, sin dudar. Audacia, ingenio y valentía pura contra el fantasma, contra robots, contra monstruos, contra ese tal Gedeón. Y no podía olvidar que, hasta donde sabia, era la única persona que había vencido a la Mirada de Preston Noroeste. Podría seguir diciéndole amigo? Esperaba que sí, tenerlo como enemigo no era algo que le deseara a nadie.
Luego de la impresión inicial descendiera, empezó a pensar de nuevo. Ya solo miraba a su abuela, mientras su tío decía algo sobre que se había impactado por la buena noticia. Sabia, o estaba bastante seguro, que Pacifica no era ese tipo de chicas. Podía ser que fuera cosa de sus padres? Seguramente. También Dipper, además de ser muchas cosas, era muy inteligente y, según todo lo que había oído de él, no se apresuraba a enojarse. Su ira era como un tren, no se apresuraba a tomar velocidad, pero una vez que estaba en marcha era prácticamente imparable. Seguramente entendería que no era que él o su familia quisieran apartarlo de Pacifica, que por más que dijera que no tenía nada, habría tenido que estar ciego y sordo para no notarlo el viernes.
Ya más tranquilo, un poco confuso por la reacción que inconscientemente había tenido. Sabía que el americano era su amigo, era una persona agradable y alguien en quien poder confiar, pero ese segundo cuando pensó que podía enojarse con su familia, había sido de puro pánico. Aunque era su error, no de Dipper, por eso se sintió culpable por asustarse de él. Lo primero de bebía hacer era lo correcto decirle a Grenda antes que nadie le dijera. Pero para eso habría tiempo. Debía aprovechar que su tío estaba ahí para poder conseguir más información, pero su mente estaba en blanco.
Mechthild pensaba que la reacción de su nieto era extraña, perturbándose por algo, que sabía, era algún desesperado plan para salvarse de un mal negocio del barón en funciones. Incluso había pensado en ser una mera observadora, para calibrar a su nieto. Estaba claro que Marius se negaría, algo que le gustaba era su independencia, en tal caso ella no aceptaría el compromiso. Pero la había sorprendido mientras parecía estar en otra parte continuo leyéndolo, nadie llegaba donde ella sin saber cómo leer a las personas... Miedo? Si eso había visto en la expresión del joven barón, que habría pasado ese viernes para que su nieto olvidara todo lo que se había esmerado en que aprendiera. Necesitaba saberlo, ya tenía una idea de cómo conseguir esa información. Pero eso le daba la oportunidad de enseñarle otra lección para Marius. Había pensado en negar de plano el plan de Brandeis, pero ahora tenía motivos para postergar su decisión.
-"'Dame' Hohehauser" Finalizo su discurso el regente. "Entonces aprueba el arreglo con los Noroeste?"
-"Bien mi estimado Herr Fundshauser, es un asunto delicado… y sorpresivo." Dijo patusamente, mientras Marius salía de su ensimismamiento. "Ha hecho un trabajo magnifico, pero tan rápido que no he considerado ni a Fraulein Pacifica, ni a sus padres. Además de los detalles económicos del acuerdo. Permítame unos días para estudiar los documentos que trajo y le daré una audiencia de nuevo."
-"Pero 'Dame' Hohehauser." Dijo ligueramente turbado. "Fraulein Pacifica y sus padres solo esperan su aprobación para…"
-"Le daré una audiencia, para que les informe lo antes posible." Corto la condesa. Usando un tono que nadie intentaría objetar, a menos que fuera tonto.
-"Pero Dame, los Noroeste esperan…"
-"Le daré una audiencia cuando lo decida. Si están tan ansiosos como usted dice, no creo que unos poco días les moleste. Puede retirarse." Dijo reafirmando su tono de voz con una mirada azul como el Hielo.
-"'Dame', de todas formas la señorita estará aquí para el final de semana, para ir acelerando los tramites, por insistencia de sus padres." Concluyo el antiguo heredero. Lo que la Condesa entendió que estaba ansioso por recibir la tajada de la dote que le habían prometido los Noroeste. Tras lo cual el aludido se despidió muy educadamente de la condesa y de su sobrino. Saliendo del estudio de la dama.
-"Marius querido, perdona que no te pueda atender ahora, pero ya sabes que a mi edad a veces me siento indispuesta. Además debo pensar seriamente sobre lo dicho por tu señor tío." Dijo congelantemente seria.
-"No tiene por qué dar explicaciones 'grofsmutter', aunque me gustaría saber la decisión ante la propuesta de mi señor tío. Claro cuando lo encuentre usted conveniente." Dijo Marius aun algo alterado.
-"Gracias por tu comprensión querido, pero ven y despídete de tu 'oma.'" Dijo haciendo el ademan de levantándose.
-"Siempre es un gusto verte 'oma.'" Decía mientras ayudaba a levantase a su abuela. Tras lo cual acompaño a la condesa en silencio hasta el vestíbulo. "Debo irme también, hay algunos asuntos que debo atender." Y dándole un beso a la mujer, dejo que uno de los empleados de uniforme lo condujeran a la salida y luego a su limosina.
La anciana le dio una significativa mirada a Herr Bauman, su mayordomo en jefe, quien entiendo y la acompaño de vuelta al estudio. Donde luego de ayudarla a sentarse permaneció formalmente de pie. Mientras la dama se acomodaba en la silla y juntaba sus manos.
-"Herr Bauman, usted que diría del joven barón?"
-"Que se está convirtiendo en un caballero digno." Respondió el mayordomo.
-"Si le pedí venir conmigo en privado es para que sea más… honesto, Bauman."
-"Si usted lo pide." Dijo aun en posición de Firmes. "Mi 'Grafin' el joven Marius a aprendido muy bien como llevar las riendas de la casa y del grupo industrial, además sus capacidades sociales. Con unos años de práctica, podría ser comprable a usted. Aunque aún falta pasar por la incómoda etapa de adolescente, si madura como su padre será un buen heredero en su debido momento." Dijo el mayordomo sin cambiar ni de postura ni de tono de voz.
-"Eso mismo pensaba yo." Respondió en tono tranquilo Mechthild. "Pero ahora me ha entrado una duda. Dígame el conoce al mayordomo de los Noroeste?"
-"No, señora."
-"Pero creo recordar que fue a La Escuela, al igual que usted, o me equivoco?"
-"No señora. El señor Kimble, el mayordomo de los Noroeste, también egreso de la Escuela, de hecho su segundo, el Señor Ritter, también."
-"Eso esperaba, qué sabe usted de la gala del viernes y si ocurrió algo en particular con mi nieto?"
-"Bien está el asunto del fantasma." Dijo tranquilamente, no se podía legar a una posición tan alta en el servicio de 'Dame' Mechthild, si algo como un fantasma lo alteraba. "Pero imagino que querrá decir a nivel mas… personal?" No ocupo que respondiera, la leve sonrisa en la cara de la condesa le indico que eso era lo que le preocupaba. "Pues señora Condesa, según se luego del incidente del fantasma acabara. El señorito paso el resto de la velada en compañía de la señorita Pacifica Noroeste y una pareja de jóvenes local, casi de su misma edad."
-"Quiere decir con eso que Marius y la chica Noroeste congeniaron?"
-"No condesa, disculpe la confusión, al parecer la Señorita Noroeste estaba acompañada y el Señorito conoció a una de las invitadas. Déjeme recordar… Si el joven se llama Mazón Pines, más conocido como Dipper. La señorita es una familia de América clase media, como le dicen en América, Grenda Farduolo." Bien ahí había una pista, era cosa de seguirla.
-"Podría contarme lo que le dijo ese señor Kimble de como pasaron la fiesta esos jóvenes y mi nieto?" Dijo la condesa invitando con un ademan al mayordomo para sentarse. "Quiero que me diga todo lo que sepa de esos tres jóvenes."
-"Bien por dónde empezar… al parecer ese rumor sobre el fantasma es cierto. Así que los señores Noroeste encargaron al joven Pines el capturar al fantasma, pero como condición el pidió invitaciones para su hermana y dos amigas. Una de estas amigas es la señorita Farduolo…"
-"Que le encargaron capturar el fantasma a un joven de la edad de Marius?" Interrumpió Mechthild, sin poder ocultar su sorpresa. Solo recordaba haber visto un exorcismo y lo había hecho un pastor luterano de edad madura con años de experiencia, casi a costo de su propia vida.
-"De hecho es un poco menor que el joven barón. Pero al parecer el joven Pines es… especial." Especial en ese contexto y el tono con que hablaba Bauman, solo le daban un posible significado. La condesa empezó a darse cuenta del calibre del nuevo amigo de su nieto. "Así que según sé el joven Pines y la señorita Pacifica…" El mayordomo relato con todos los detalles que conocía de lo ocurrido en esa extraña gala. La que la condesa considero casi salida de una historia de terror, tanto que de no tener confianza absoluta en quien le relataba lo sucedido y en sus propias experiencias no lo habría creído. Incluyendo el final de la velada con los cuatro jóvenes aparentemente emparejados, y como dijo Bauman en 'una atmosfera muy relajada, según Kimble.'
-"Creo que fue una gala a la que no lamentare haber faltado, pero aún tengo muchas dudas respecto a esos jóvenes."
-"Igual me pasa a mí, así que le pedí a Kimble que me diera informes más detallados de la señorita Pacifica, la señorita Farduolo y del joven Pines. Posiblemente durante la tarde se comunique conmigo, cuando sea de día en América."
-"Gracias Herr Bauman, espero que me comparta conmigo todo lo que ese señor Kimble averigüe, o al menos todo lo que considere conveniente." Dijo con una sonrisa, dando por acabada la reunión. El mayordomo se levanto dio una reverencia y se fue a ocupar del trabajo cotidiano de un castillo de la talla del Hohehauser. La condesa siguió con su día normal. Si bien le preocupaba su nieto, no por eso el mundo dejaba de girar. De todas formas hasta que los mayordomos compartieran información, seguramente Bauman le diría a Kimble sobre el arreglo matrimonial, pues no lo consideraba un secreto de la Casa. Así era como trabajaban los egresados de La Escuela, y era mejor permitir esa situación a perder los servicios de gente como Bauman.
Desafortunadamente la paciencia, si se aprende, se aprende con la edad. Mientras su abuela esperaba tranquilamente a tener más información, Marius se desesperaba dejando pasar la mañana del martes, mientras en América era aun la noche del lunes. Afortunadamente la noche anterior, Dipper le había dicho que tenía permiso de hablar donde Grenda, cosa que no había podido hacer en varios días. Pero ahora en vez de una bonita charla, tendría que decirle a su casi-novia sobre las intenciones de su familia. Casarlo con una de sus amigas, y también debía decirle a su amigo americano, que la persona con quien lo querían casar y la razón por la que le había pedido consejo era su chica o lo que fuera.
Ese fue uno de los días más largos que Marius podía recordar. Para no ser inconsciente o mal educado había decidido hablar con Grenda primero. Según ella misma le había dicho usualmente estaba en su casa hasta las siete de la mañana, para así disfrutar del verano. Pero esa hora eran las cuatro de la tarde para él. Y había salido del estudio de su abuela antes de las nueve. El resto de la mañana y casi toda la tarde se le hicieron eternos. Soportando la tentación cada vez más grande de llamar a América. Podría distraerse, sabía que todo lo del arreglo era una prueba de su oma, pero había fracasado, el mismo se recriminaba. Había quedado aturdido al oír quien sería su prometida. Más aun que no era una posibilidad sino casi un hecho, solo faltando la autorización de su abuela.
Según la condesa, su tío era incompetente. Al grado de que su presencia como barón era solo empírica, para aparecer en actos protocolarios y estampar su firma en algunos documentos, bajo la supervisión del personal de la Condesa. Aun así Brandeis von Fundshauser regente de Baronía, creía en sí mismo, tanto como un para pensar en sí mismo como un empresario exitoso, no era tonto, pero cuando era joven y aun heredero había caído en un círculo de 'amigos' por conveniencia, que al estar de acuerdo siempre con él, le habían hecho creer era mucho más listo de lo que era en realidad. Por lo tanto el haber perdido su concentración esa mañana podía ser un verdadero problema, el no era tonto y podía ver los beneficios de una unión entre la casa Fundshauser y el clan Noroeste, con el beneficio extra para la casa principal, los Hohehauser.
Además conocía a su abuela, sabía no le temblaría la voz para ordenarle el cumplir con ese arreglo. Pues aunque 'Dame' Mechthild lo quería, no era conocida como la dama de hierro por ser sentimental. Empresarialmente era más agresiva que el Preston Noroeste, pero sin tantos cuestionamientos judiciales. La condesa hacía gala de una inteligencia superior y acceso, gracias a sus contactos en lo social como en lo industrial, a una red de información envidiable. Ambos hechos unidos a su férreo carácter germano, hacían que usualmente estará uno o dos pasos adelante de sus competidores. Utilizando sus contactos en la sociedad para mantenerse a la cabeza del mundo financiero y empresarial. Usando su prestigio mundo financiero y empresarial para mantenerse a la cabeza de la sociedad, se había formado una brecha entre ella y sus competidores. Y, en ambos círculos, su matrimonio con Pacifica beneficiaría a su casa, por lo que era claro lo que haría su abuela.
Entre más tiempo tenia mas pensaba, entre mas pensaba mas se preocupaba. Casi no almorzó y desde la una de la tarde estaba en su estudio, con la intensión de revisar unos documentos, pero desistió cuando, sin querer había leído tres veces la misma página de un informe. Y así casi al punto del colapso, el reloj llego a marcar las cuatro de la tarde.
-"Aló, casa Faurolo?"
-"Si quien habla?" Marius estaba tan ansioso que había pegado la oreja al auricular del teléfono así que la respuesta le dolió, antes de apartar el auricular un poco.
-"Soy Marius von Fundshauser. Señor Faurolo?
-"Oh, chico, perdón, barón como se encuentra?" Dijo Carlo Faurolo amablemente al teléfono. Ante la atónita expresión de Marius.
-"Muy bien, y usted señor?
-"Bien gracias y como pasas la mañana?"
-"La pase muy bien señor." Mintió, en honor a las buenas costumbres. "Pero aquí ya son las cuatro de la tarde."
-"Estas en Austria?" Dijo asombrado el padre de Grenda. "Si ahora recuerdo usas tu propia línea o algo así?"
-"Una línea especial me comunica con las oficinas de mi familia en California, de ahí me transfieren la llamada hasta Oregón." Explico el austriaco, tampoco quería que pensara que tenía su propio satélite de telecomunicaciones. -"Señor Faurolo hable con Dipper y el me dijo que usted deseaba hablar conmigo." Aunque lo mataba la ansiedad, debía seguir las normas. Lo primero era solicitar permiso para hablar con Grenda.
-"Si mira chi… barón creo que me apresure un poco antes, pero alguien me explico todo y el chico Pines dice que responde por usted." Mentalmente Marius agradeció a Dipper… de nuevo.
-"Si le puedo jurar por mi familia que mis intenciones son honorables." Dijo muy serio.
-"Me explicaron como son las cosas para ti, así que te daré permiso chi… barón de hablar con Grenda, por teléfono. Dicen que eres un buen ch… barón, disculpe barón me cuesta acostumbrarse a decirle así."
-"Señor Faurolo, no se preocupe dígame Marius o chico o como quiera. No me importa mucho mi título con usted."
-"Pero no quiero parecer mal educado."
-"No se preocupe por eso. No es mala educación si se lo ido yo además prefiero que hable lo más natural posible conmigo." Explico.
-"Como digas Marius. Como te decía tienes permiso de hablar con Grenda, pero no mucho ni a deshoras, como eres de otro país imagino que habrá diferencia horaria, pero perdona tengo que ser inflexible en ese punto."
-"No se disculpe, más bien le agradezco su permiso."
-"No nada de eso, si todos los chicos pidieran permiso como tú me sentiría mucho más tranquilo con mi princesa." Luego repentinamente serio acoto. "Pero si deseas invitarla a salir o venir a mi casa, debemos hablar en persona, creo que es lo mejor."
-"No lo haría de otra forma señor Faurolo." Supuso que mencionarle que, según el protocolo, lo primero era enviar un represéntate, seria de mal gusto. Pero tampoco le interesaba demasiado el protocolo, en ese momento.
-"Imagino que no solo querías hablar conmigo." Dijo Carlo sonriéndole al teléfono.
-"Si señor, si es posible me gustaría hablar con su hija." Afortunadamente con su abuela había aprendido a aparentar calma, aunque feliz por el trato que le daba ahora el padre de Grenda, seguía angustiado por cómo reaccionaría ella ante su posible compromiso con Pacifica.
-"Espera un segundo." Dijo para luego gritar "Grenda teléfono." Marius caminaba como león enjaulado alrededor del escritorio, como si el cable del auricular fuera una cadena.
-"Hola aquí yo, allá quien?" dijo una gruesa, pero añorada voz en el teléfono.
-"Grenda, Buenos días."
"Ma..Ma… Marius?" Dijo de repente Grenda intentando respirar. "Pero, mi papa?... Dipper hablo contigo?" Dijo la chica luego de lograr ordenar sus ideas.
-"Si hable con Dipper y me dijo que podía hablar con tu padre. Al menos ya escalé de maleante a conocido." Dijo sonriendo, como todo adolescente al hablar con la chica que le gusta.
-"El domingo vino… Pacifica a mi casa… con unos amigos… desde su mansión. Mientras estaba con Pacifica… ellos o más bien la señora que trabaja en su casa…" Decía la chica aun algo confusa. Y recuperando el aliento.
-"Si algo así me dijo Dipper que tu padre había hablado con él." Dijo Marius muy germano, como si comentara que no había llovido en el Sahara. "Algo más que le debo."
-"Si, pero tampoco te emociones en llamarme mucho, o estar preguntando por mí todo el día." Respondió la castaña, porque el austriaco a su modo era muy insistente, y le gustaba su independencia.
-"Claro como tu digas." Dijo sin estar muy convencido, pues nunca se había sentido como cuando hablaba con ella.
-"Y como está el barón más guapo de Austria?" Dijo ya recuperada, con la forma de ser que había encantado al joven.
-"Pues feliz de oírte, pero angustiado por lo que debo decirte." Dijo directo al grano como buen austriaco. Ante la extrañeza de la chica. "Has visto a Pacifica estos días, o a Dipper?"
-"Con ellos? Bien imagino que no lo sabes. Los padres de Pacifica la castigaron, por dejar entrar a la gente a la fiesta. La mandaron ayer mismo a un internado, en otro estado, por el resto del verano. Y ahí tienen reglas muy fuertes tanto para llamar como para recibir llamadas de teléfono. Aunque de alguna forma se las arreglo para llamarme hoy y según dijo podía dejarle algún mensaje, parece que de alguna forma puede usar su teléfono un momento en las mañanas. Ese lugar en verano no es exactamente un parque de diversiones." Dijo algo triste, en los pocos días que llevaba conociendo a la verdadera Paz, ella se había hecho de querer, y de extrañar, mucho. "A Dipper lo veo a diario, su tío tiene a toda su familia, e inclusive a mí sí me atrapa, trabajando para reparar la cabaña. Supiste lo que paso el sábado?"
-"Si Dipper me comento de esos fenómenos." Respondió con el mismo tono. Recordando, algo extrañado, que la ley en América era muy estricta con el trabajo infantil. "Grenda creo que ese castigo de Pacifica es solo una parte de lo que le pasa." Dijo casi impredeciblemente más serio, pero Grenda lo noto. "De hecho es por eso que he deseado hablar contigo todo el día."
-"Que es? Dilo de una vez baroncito." Dijo Grenda ya intranquila por el giro que había tenido la conversación con Marius.
-"Grenda…." Dijo organizando sus ideas. "Sabes la razón de que me invitaran a la gala Noroeste?" Era mejor empezar desde un principio, dado que con el nivel de libertad que gozaba la clase 'baja' sería difícil explicarle, más aun por teléfono.
-"Si Paz me lo dijo. Algo de que un tío Regis, Regente, no recuerdo bien el nombre, quería que se conocieran, para tener un arreglo de matrimonio." No era la primera vez que Marius se sorprendía por la facilidad y franqueza de su… Amiga. Era algo que le encantaba de ella. "Ustedes los ricos sí que piensan raro."
-"Si, pero es mi tío Brandeis, el regente de la baronía. Y lo malo es que…" Despacio sin mostrar mucho la ansiedad que había tenido desde esa mañana, Marius le conto a su amiga sobre la audiencia que habían tenido el y su tío con su abuela esa mañana. Tras lo cual quedo en silencio, esperando que ella al menos se dignara a despedirse y no simplemente ignorarlo.
-"Eso me enfurece…" Fue lo único que dijo la americana.
-"Discúlpame Grenda, si te enojas con alguien que sea conmigo. Pacifica, hasta donde sé, aun no sabe nada." Dijo mostrando sus sentimientos por primera vez en toda la conversación
-"Como crees que me enojaría con ella… o contigo? Acaso crees que estoy loca. Quien me enfurece es tu tío y, más aun, los padres de Paz. Aquí ustedes son las víctimas." Dijo sacándole la presión que había tenido en su pecho, desde que lo había sabido en el estudio de su abuela.
-"Pero entiendes que podrían obligarme…"
-"Eso obligarte, o obligarlos. No es cosa de ustedes, solo por ser jóvenes los están obligando. Si tuviera a ese tal Preston frente a mi estoy segura de haría que recuerde que aunque alguien sea más chico o no tan rico como él, no es menos persona." Marius lo escucho casi eufórico, ese fuego en la voz de Grenda que tanto le atraía, mas porque, afortunadamente, la chica había entendido y no se había enojado con él. "Me enoja mucho, no sabes cuánto." Marius se quedo de piedra al oír un pequeño sollozo. Jamás pensó que Grenda pudiera sentirse así.
-"Tranquila Grenda, veras como se soluciona todo."
-"No lo entiendes Marius, ni me pude despedir de Paz."
-"Te prometo que hare lo que pueda para que no se cumpla ese acuerdo."
-"De todas formas tu mismo lo dijiste para fin de esta semana se irá a Austria. Eso ni ella lo sabe aun. Y yo apurándome ya casi tenia lista su falda." Marius nunca se había sentido tan impotente lo único que quería hacer en ese momento era poder consolara, abrazarla, darle su hombro para que llorara.
-"Si quieres puede visitarla, pídele permiso a tu padre, o del que venga también yo los traeré cada vez que lo desees." Dijo, era lo único que podía pensar en ese momento.
-"No será lo mismo." Dijo entre sollozos. "Pero por eso me gustas, te lo agradezco."
-"No tienes nada que agradecer haría todo lo posible para que estés feliz. Además si no fuera por Pacifica y Dipper estaría muerto…" De repente recordó la otra llamada que debía hacer.
-"Le vas a decir, verdad?" Dijo la chica entendiendo silencio del austriaco. Sin decir nombres solo había otra persona que debía saber sobre el destino de Pacifica.
-"Debo hacerlo, es mi amigo, o espero que siga siéndolo."
-"No te preocupes por eso, entenderá que no es culpa tuya." Dijo serenándose.
-"Eso creo, tu lo conoces mejor que yo."
-"Nadie lo conoce del todo, pero es listo y sabrá que eres otra víctima, como Pacifica." De repente la línea quedo en silencio. "Incluso creo que Paz no debe saber que pasa, intentare comunicarme con ella, me dijo donde puedo llamarla en caso de emergencia… estaba preocupada por lo que podría pasar."
-"Entonces me debo despedir, ambos tenemos mucho que hacer, espero llamarte luego, no sé si pueda dormir. Aquí ya son casi las 5 de la tarde."
-"Si estás bien, a veces olvido que estas tan lejos." Dijo sin forzar una sonrisa, aun estaba triste por su amiga, pero ella sabía del plan que había hecho Paz, aun si no sabía si podría contra el poder de la familia de Marius.
-"De todas formas hare que rompan ese acuerdo." Dijo Marius con una seguridad y un tono que le gustaron a Grenda. "Dile a Pacifica que no se preocupe por mi familia, yo me encargare de todo."
-"Se lo diré… Gracias por ayudarla." Dijo tiernamente.
-"No solo lo hago solo por ella, pero no dejare que ella sufra si puedo evitarlo."
-"De todas formas gracias." Ahora Grenda deseaba tener a ese pequeño austriaco entre sus brazos.
-"Te debo dejar, si no lo llamo ahora puede que luego pierda la confianza."
-"Lo entiendo, no te olvides de llamarme. Adiós"
-"Adiós..." Dijo a la joven, mientras oía como colgaba, escuchando el tono intermitente del teléfono. Para colgar y marcar otro número.
-"Buenos días." Dijo cuando respondieron el teléfono. "Se encuentra Dipper? Por favor dígale que soy Marius y que es urgente."
Continuara.
