Para algunos el verano no es la época para disfrutar, pero para otras personas esos meses significan mucho más. Un punto en la vida donde se marca un hasta aquí, y sabes que ya la vida no será igual, que nada será igual. Mas en ese aparentemente aburrido y normal pueblo de Oregón llamado Gravity Falls.

Una nueva entrega. El pasado de una persona suele guardar las claves de su presente, pero que pasa cuanto algo agita las aguas del estanque en que tranquilamente se ha dejado hundir ese pasado. Que nos puede decir sobre un hombre el revisar lo que sale a la superficie luego de agitar su memoria. Espero te guste este capítulo y el próximo miércoles (13 de Diciembre de 2017), si todo sale bien, publicare el siguiente capítulo. De nuevo esta historia, aunque sea por capítulos, puede leerse en forma independiente. Aunque forma parte de la misma línea narrativa o universo ficticio, así que me gustaría que ojearan el resto de mis historias.

Este es mi quinto Fic., gracias a todos los que me han leído y sus críticas, espero estar a la altura con esta nueva entrega.

Espero disfrutes tanto al leerlo como yo al escribirlo. Gracias!

He dejado uno pocos huevos de pascua, como siempre. Espero que les guste buscarlos.

Gravity Falls Final del Verano: Un Misterio mal Guardado.

22. Paddy.

Para muchos el lunes es el peor día de la semana, por el 'simple' hecho de tener que volver al trabajo, pero para Jonathan Kimble, quien siendo un mayordomo en jefe, velaba por la mansión y por el clan Noroeste siete días a la semana y 52 semanas al año, era solo un día más. O así era usualmente.

Había sido un fin de semana interesante, en la forma de la antigua maldición china: 'Espero que vivas… tiempos interesantes.' En 4 días se había encontrado con la aterradora maldición de un monstruoso fantasma, había visto a más de 200 personas, incluidas algunas muy cercanas, convertirse en estatuas de madera, la mansión se había vuelto un bosque, poblado por los cuerpos disecados animales de la colección de trofeos de la familia y además a punto de incendiarse. También haba visto a la Señorita enfrentar a sus padres, cosa que casi le había hecho llorar de la emoción, y hoy la había visto partir de la mansión. Además se había dado cuenta de la existencia de la persona más… 'interesante,' en el sentido chino, del valle. Mazón 'Dipper' Pines.

No lo consideraba un mal chico, solo demasiado… interesante. Atraía las cosas interesantes como la miel a las abejas. Incluso había atraído a la Señorita, cosa que reafirmaba su creencia que el único secreto que jamás podría desvelar el hombre era la mente de la mujer. El joven Pines, no parecía tener ningún punto sobresaliente, decir que era del montón era casi un alago, además estaba en esa edad que los jóvenes son… jóvenes. Aunque ese era un problema que se solucionaba con el tiempo, si no se moría en el intento. Aunque era justo decir que con esa faceta el señor Kimble se sentía extrañamente identificado. Pero al conocerlo se dio cuenta que al joven Pines no le faltaban atributos notables, incluso podría decir que tenía demasiados para su propio bien. Atributos por los que el joven se había empezado a volver poco a poco una celebridad local, desde principios del verano.

Desde que trabajaba en la mansión ancestral de los Noroeste, en el condado Tronco Suelto, Oregón. Había tenido que extender mucho su definición de normalidad. La Escuela lo había preparado para todo, y además le habían enseñado a esperar lo inesperado. Y exactamente eso fue lo que encontró en su segundo trabajo en América, cosas absolutamente inesperadas pasaban ahí. La mansión estaba en un valle rodeado de bosques y algo apartado, cerca de un pueblo rural llamado Gravity Falls. Aparentemente normal, tenía todo lo esperable en un pueblo perdido en las montañas, pero al principio creyó que los habitantes eran un poco más paranoicos que lo normal en América, los rumores de monstruos, fantasmas y otros fenómenos inexplicables superaban por mucho lo que consideraría sano. Era cosa casi que diaria avistamiento de un monstruo al estilo Loch Ness en el lago local, dos o tres avistamientos del muy norteamericano pie grande a la semana, mas de una docena de casas o edificios embrujados, uno que otro telépata y otras criaturas mitológicas varias.

Y como todo mayordomo que se respete a sí mismo, al menos de los egresados de La Escuela, sabía que había cosas en este mundo que no eran fácilmente explicables. Pero el volumen de tales incidentes en ese valle, superaba por mucho cualquier expectativa. Así que no hizo más que hacerse el desentendido e ignorarlo. Usando el prejuicio americano hacia la personalidad flemática inglesa a su favor, por lo que exagero esa característica. Pero todo había cambiado ese verano, todo se había vuelto mucho más 'interesante.' Y en gran medida gracias al joven Pines.

En ese verano los rumores habían aumentado considerablemente, por más que le pareciera imposible, y los rumores más impresionantes giraban en torno al joven Pines, su hermana o ambos. Eso no era problema, lo que pasara fuera de los muros de la mansión podía bien obviarlo o ignorarlo, cosa imposible cuando la Señorita empezó una rivalidad con la hermana del joven Pines. Al principio lo vio como algo positivo para la heredera, había encontrado a su primer rival de peso en Mabel Pines. De una manera que la hija de los Noroeste no entendía, los triunfos contra la niña Pines parecían ser perdidas. Pocas veces la Señorita le había ganado por sí misma, debía seguir la tradición de su familia, el juego sucio.

La Señorita era muy talentosa, al grado de poder presumir de su talento, pero si estos no bastaban para darle el triunfo no le importaba hacer trampa, comprar el resultado o ambas. Era el estilo del clan Noroeste, como había oído al señor Preston repetirle a su hija continuamente: 'Un Noroeste siempre gana'. Sin tomar en cuenta cosas fútiles como la moralidad o la justicia, era la manera Noroeste de hacer las cosas. Eso era, suponía Jonathan, parte de su castigo. No era supersticioso o creía en el karma, al menos no conscientemente, pero decir que la forma en que un chico de Belfast había terminado siendo mayordomo en Oregón había sido interesante, podía quedare corta, en su vida había hecho muchas cosas, algunas que aun atormentaban su conciencia. Lo importante, para Kimble, fue que Señorita se dio cuenta de que el comprar triunfos era peor que perder, más si se volvía un hábito, como en el caso de la joven Pines.

Y estaba contento por eso, al menos veía un rayo de esperanza para su redención. Llevar por el buen camino a Pacifica Noroeste iba a ser trabajo largo y delicado, al cual había consagrado su vida. La señorita Pines le había enseñado a la Señorita de la inutilidad y el mal sabor de un triunfo comprado. La joven Pines le había hacho replantearse esa nefasta tradición familiar. Era un paso pequeño, pero importante, que socavaba los principios que los Noroeste mantenían como lema. Kimble había decidido a salvar al clan, pero consideraba a la generación actual insalvable. O siendo más coloquiales pensaba que estaban podridos hasta la medula, de ahí que había centrado sus esperanzas en la Señorita. El verano iba bien y era gratificante ver como había empezado a cambiar.

Fue cuando la rareza del valle había entrado a la mansión de forma aplastante, en forma de una maldición, que parecía que acabaría con el clan Noroeste, o al menos eso había creído. Pero, por idea de señor Preston, el joven Pines había metido su nariz, ayudado a que la Señorita abriera los ojos a la verdad de su familia, salvándolos de la maldición. Pero a la vez, complicado todo. La presencia esa velada del joven, había causado que la Señorita pasara de ser una niña malcriada, la clásica heredera rica, a una joven dama. Lo que había pensado que tardaría años lo había visto suceder en una tarde. Cuando se entero que la Señorita tenía un interés sentimental por Pines, tuvo que refugiarse en su exagerada 'personalidad inglesa.' Pero lamentablemente todos esos cambios de la Señorita, la convirtieron en una rebelde y un peligro para el buen nombre del clan, al menos en opinión de sus padres. Quienes, por más injusto que le parecía, eran los que tenían a su cargo la educación de la señorita.

Eso había acabado por volverse una tragedia, cuando castigaron a la Señorita con mandarla lejos de la mansión. Siempre había sido una niña encantadora, más aun si sus padres no estaban cerca y la obligaban a ser una digna heredera, al estilo Noroeste. Kimble no sabía cuántas veces tuvo que quedarse impávido ante la forma en que le trataban 'educar', consideraba que lavado de cerebro era definición más adecuada, a la Señorita, usando esa maldita campañilla. Y para su mayor preocupación según fuentes de toda confianza, la señora Kristen, la señorita Buscarino y otras de las empleadas de la casa, esa rebeldía había iniciado por el joven Pines. Eso había encendido una alerta en su cabeza, más aun cuando sus compañeras de trabajo habían dicho que el chico Pines parecía corresponder, de una forma torpe aunque honesta, a la Señorita.

Cuando se entero de la 'situación especial' entre la señorita y el joven Pines, su intención original de averiguar todo lo posible sobre el joven, se había vuelto imperiosa. Y afortunadamente tenía como conseguir un informe detallado sobre el joven Pines. Por eso el sábado apenas la Señorita había dejado los imites de la mansión. Había entrado en su habitación, dando a entender que continuaría el trabajo que él y Ritter hacían sobre el archivo Farley de la familia. En vedad utilizo su computadora portátil conectada a una red de internet por telefonía celular. Y con un programa de mensajería hizo una llamada a Londres. Además debía de dar su informe de la gala, y el giro paranormal que habita tenido lo obligaban a explicar directamente lo ocurrido.

-"Buenas noches. Roland habla." Dijo una voz, ligeramente somnolienta, del otro lado de la línea.

-"Sir Justin, le habla Jonathan Kimble, tengo una duda sobre admisiones de aspirantes en la academia."

-"Que acaso no sabe qué hora es?" Dijo su interlocutor enojado. "Llame a una hora más sensata muchacho." Dijo colgando el teléfono. En realidad Sir Justin Roland, ex mayordomo en el castillo de Buckingham, honrado por su majestad con la Gran Cruz del Imperio Británico, en secreto, era el actual administrador en jefe de la Academia de Servicio y Modales para Mayordomos, que servía de tapadera para La Escuela. Sin desconectarse del servicio de mensajería Kimble paso su tempo revisando los informes de los conocidos por el clan Noroeste, dándole el tiempo que le había indicado sir Justin. También había sacado de su cajita fuerte, una memoria USB, que contenía otro sistema de mensajería, fuertemente protegido. Así 59 minutos después de haber cortado apareció el mensaje 'JRolland desea hablar con usted desea contestar… (S/N)'

-"Jonathan muchacho." Dijo Sir Justin. "Es extraño que uses las facilidades de La Escuela luego de… bien tú lo sabes." No había sido un desliz de parte de sir Justin, Jonathan estaba en la lista amarilla de La Escuela. Desde cierto incidente varios años atrás, con otra importante familia americana, casi los había forzado a incluirlo en la lista roja. Pero antes de que se le quitaran los beneficios la mete ágil de Kimble y el reclutamiento fortuito de Jason Ritter, había prevenido que se expusiera de más. Entrar en la lista roja era perder casi todos los beneficios que otorgaba ser miembro de La Escuela. La Escuela nunca dejaba ir a nadie, más del nivel que tenía Kimble, no era una sociedad secreta al estilo hollywoodense, cuyos miembros caídos en desgracia desaparecían sin dejar rastro. Era una sociedad, que si bien no era secreta tampoco era del dominio público, donde el nivel era sinónimo de confianza y al nivel de Kimble era de confianza absoluta. Entrar en la lista roja no era por perder esa confianza, era atraer demasiado la atención pública.

Al estar en la lista amarilla podía seguir gozando de los beneficios, aunque con la limitante que no podía hacerlo directamente y cada solicitud debía ser evaluada por uno otro integrante de La Escuela de alto nivel, en su caso Sir Justin. Sería como el custodio de Kimble hasta que dejara la lista amarilla, era quien juzgaría el nivel de exposición de la solicitud, y la necesidad de la misma, para brindarle o negarle el apoyo que necesitaba. De una manera muy sutil el antiguo mayordomo le había recordado que su paso a la lista roja podía depender de lo siguiente que dijera.

-'Sir Justin espero no molestarlo a estas horas. Pero ha ocurrido un incidente en la gala Noreste que creo que podría interesar a los miembros, además de eso me gustaría hacer una solicitud." La Escuela era, esencialmente, una red de información. Los miembros, aun los de más bajo nivel o los que estaban en la lista roja, debían de informar esencialmente todo lo que vieran. Entre mayor era el nivel más fácil era el acceso a dicha información.

Los miembros de La Escuela estaban cerca de la cima de la cúpula de poder mundial, usualmente sirviendo té, café, refresco o bocadillos; organizando eventos o manteniendo en orden de alguna mansión o castillo. Su deber era el compartir todo lo consideran importante y que pudieran descubrir con los demás miembros de la Escuela, bajo estrictas reglas que cada uno se imponía. Los miembros confiaban en el juicio de los demás. Era un anacronismo, el hacer girar toda esa organización en un valor tan subjetivo como el sentido común de otros y la confianza, pero extrañamente había funcionado desde hacía más de 100 años, sin que el publico siquiera sospechara de su existencia.

-"Te escucho Jonathan…"

-"Perdone creo que voy a tener que excederme un poco, fue una velada inusual, por decirle de alguna forma, aunque a decir verdad todo empezó el jueves por la noche…" Kimble pasó a relatar los eventos tanto de la noche del jueves como el viernes, desde la aparición del fantasma, algunas acciones de los invitados y los extraños eventos ocurridos en la gala. Aunque no hubiera pasado el asunto del fantasma, habría sido su obligación el enviar un informe escrito sobe esta. Eran pocas las veces que tantas personalidades se reunían, y en tales eventos incluso algo como una pequeña discusión, un coqueteo o una conversación mantenida frente a la mesa de canapés podría significar algo para algún miembro y así lo habría hecho de no ser que el informe parecería una historia de fantasmas, donde el caza fantasmas había sido el Joven Pines.

-"De no ser tu podría muy bien pedir que te envíen al manicomio por contar algo así, creo inusual no es la palabra que usaría… Pero tampoco es la primera vez que alguna fiesta es… animada por algún evento sobrenatural." Dijo el anciano, como el pilar de sus asociados era la confianza no era extraño que creyera en Kimble. "Ya veo por qué es importante como para que lo sepan los miembros directamente. Lo que me extraña, conociéndote, es la hora, siempre te preocupas por no incomodar, desde tiempos que eras simple un instructor. Llamar de madrugada no va con tu forma de ser Jonathan." Dijo recordando cómo había entrado Kimble a la escuela.

-"Pues mi lord, como informe anteriormente, se había invitado al barón von Fundshauser con intención de que conociera a la heredera Noroeste, para probar su compatibilidad para un arreglo matrimonial. Cosa que incluso sus padres parece que olvidaron, luego de lo que le relate, el monstruo fantasma y lo de las estatuas de madera." Dijo dejando un momento para que sir Justin hiciera memoria. "Al parecer el joven barón conoció una jovencita local por la cual se intereso."

-"Eso podría serle de interés a algunos miembros en Austria, o más aun en toda Europa."

-"Si ya estoy preparando un informe sobre la Señorita Faurolo. Pero también la Señorita Noroeste parece que se intereso por uno de los invitados, el joven Pines."

-"No es la primera vez que una niña impresionable se interesa por ese tipo de personajes que entran y salen de lo paranormal como si nada, o piensa que el joven Pines podría ser de cuidado?" Por un momento Kimble se dijo a si mismo que ese chico era más que de cuidado, aunque no en el sentido que su mentor creía. Recordó que en su prisa por informar sobre la gala había mencionado participación de Pines en el asunto, pero no su edad.

-"A sobre eso señor, creo que olvide mencionar el joven Pines tiene doce años, unos pocos meses más que la señorita…"

-"Doce… y se enfrento a un ente de ese nivel?" Dijo el hombre al otro lado de la línea cambiando el tono de voz por primera vez. "Alguna clase de prodigio o santo tal vez?" Dijo Sir Justin de repente muy serio.

-"Aun es muy pronto para decirlo, si bien el joven Pines se ha labrado una reputación en la localidad… apenas y empecé a oír de él a principios del verano."

-"O sea no es de local?"

-"No en verdad es pariente de un empresario local de atracciones turísticas." Era una forma muy inglesa de referirse a la Cabaña del misterio.

-"O ahora que lo dice… debí darme cuenta… Pines. Claro Stanford Pines, el investigador venido a menos?"

-"En efecto el Doctor Pines es su tío abuelo y el joven Pines pasa el verano con él."

-"Como fue que a tan corta edad…" Se le escapo a sir Roland, mientras en silencio pensaba que un niño, o más bien un joven. Pues hacer lo que Kimble le había mencionado, era estar muy por encima de las capacidades de un niño.

-"Hasta el momento, como he dicho, se ha labrado su propia fama, pero nada que pudiera confirmar solo rumores." Continuo Kimble mientras Roland asimilaba la edad del joven Pines, el caza fantasmas más joven del que había oído hasta entonces rondaba los treinta años. "Ya le he contado como abundan los rumores en esta zona. Aparte del desenmascaramiento de un estafador local, no me había percatado de la veracidad de ellos, creo que en ese sentido la maldición fue un golpe de suerte. Conocer las aptitudes de ese tipo de jóvenes prodigios siempre es una ventaja mas si los logramos identificar así de jóvenes. Según los rumores mas sustentados…" Agrego Kimble mientras empezaba a relatar los rumores donde el joven Pines se había visto involucrado.

-"Pues comprendo que no informara de eso Kimble." Dijo sir Justin en un tono más de negocios. "Sería difícil de creer si no se toma en cuenta de lo que usted fue testigo."

-"Gracias señor." Se excusó Kimble.

-"Creo que en su caso tampoco habría informado nada, como dice los sucesos de esa fiesta en verdad fueron un golpe de suerte." Agrego el caballero en un tono más comprensivo. "Pero ya qué sabemos de ese prodigio lo tendremos que mantenerlo vigilado, por el momento será su responsabilidad."

-"Sobre eso sir Justin, creo que podría tener un conflicto de intereses."

-"Aparentemente el interés de la señorita Noroeste le preocupa?" Dijo el anciano, había vivido lo suficiente para intuir esas cosas y conocía muy bien a Kimble.

-"Exactamente señor. La solicitud de la que hable, solicito un informe del joven Pines, hasta donde logre averiguar vive en Piedmont, California además…" Le dio los pocos datos precisos que tenia." Creo que uno de los miembros podría indagar un poco sobre él."

-"Se refiere a documentos oficiales?"

-"Si, aun con sus peculiaridades el sistema educativo de este país suele ser muy dirigente en lo que a salud y estado mental de sus niños, por eso estoy casi seguro que entre los informes escolares del joven podrían haber datos que merezca la pena saber."

-"Tiene usted razón Jonathan, y si creo que hare una llamada a la mansión del gobernador de California. Aunque dudo que por más que deseemos no se pueda hacer nada hasta el lunes. A menos que sea una emergencia.

-"Eso imagine, pero creo que el lunes estaría perfecto."

-"Entonces le informare a mas tardar la noche del lunes Jonathan." Sin necesidad que hablaba según su uso horario y por la diferencia sería durante la tarde del lunes en América.

-"Muchas gracias su excelencia. Le deseo un buen día."

-"Gracias Jonathan." Dijo el anciano desde Londres antes de cortar. Sir Justin no tuvo que decir que esperaba le informe escrito de la fiesta, antes que fuera tarde hizo las llamadas correspondientes a Londres y a Austria. Además de anotar 'Mazón Pines, Piedmont, California.' En un documento que mantenía en secreto. A pesar de haber vivido tanto o gracias a haber vivido tanto tenía un sueño algo estrafalario y ese chico del que hablaba Kimble podría muy bien ser quien lo cumpliera.

Así que Kimble había esperado desde el sábado, y ese lunes, ante el peso extra de trabajo gracias a que sus mejores colaboradores Jason Ritter y River Kristen estaban indispuestos tubo que manejar la casa él solo, incluido el viaje de la señorita a Maine. Si bien no era un trabajo pesado debía estar ahí lo que le daba tiempo para hacer algo que, dada la atmosfera general por la partida de la Señorita, hubiera preterido no hacer y eso fue pensar. Y aun peor recordar. Así mientras recorría la mansión para constatar que volviera a su estado normal luego de la casi funesta noche del viernes, su mente divago por un lugar incomodo. Su pasado. Y mientras recorría la mansión revisando el estado de los pisos y las alfombras, la ausencia de polvo en todas las superficies y algunos trabajos más pesados como marcas de quemaduras y la reparación de agujeros en los pisos, su mente empezó a divagar.

Jonathan Kimble, había nacido en la cuidad de Belfast, Irlanda. Durante la época en que Irlanda estaba en guerra consigo misma. Tanto católicos, separatistas, como protestantes, unionistas, intentaban hacer oír sus opiniones por medio de disparos y ocasionales bombas. Aun así su infancia fue tranquila y normal en un barrio conservador, de la antigua clase obrera inglesa, que dio paso a la actual clase media. Tenía un padre estricto que se declaraba neutral, aunque más del lado separatista, que del lado unionista. Y una madre que en verdad no le importaba mucho la política. Como buen inglés su padre había dejado su educación, casi por entero, en manos de su madre, sin que eso lo mantuviera alejado de su hijo.

Así desde pequeño Jonathan había vivido la amenaza del conflicto irlandés, pero como los humanos tenemos esa habilidad de habituarnos a todo el Conflicto Irlandés era solo el telón de fondo de su infancia. Mucha más atención la habían tenido sus amigos. Vecinos de una edad compatible a la suya, con los que solía rondar por el día, compañeros de juegos en su infancia y poco a poco amistades en su adolescencia. Así cuando tenía la edad de la señorita, como era natural le llamo la atención una compañera de juegos.

Su nombre aun hoy le dejaba un extraño sentimiento en la boca del estomago, y gracias a los años y un continuo deseo de olvidar lo que más le recordaba de ella eran unos ojos azules y una frondosa cabellera rubia. Paddy, o Patricia, había sido el su mundo desde entonces. Primero la recordaba como la chica un poco agresiva que le encantaba subir a los techos, compartir chicles o escapar de clases. Luego otras actividades más acordes a un adolecente habían ocupado su tiempo. Paddy se fue convirtiendo en el centro de la vida del joven Jonathan. Desde la edad de la señorita Paddy había sido casi todo de todo para él, por mas que había tratado de olvidar aun podía ver su sonrisa, o la forma que tenia de mirarlo, su hermosa cabellera o sus ojos profunda y maravillosamente azules.

No fue sorpresa que a una edad que ambas familias consideraban adecuada que empezaran a salir. Esos recuerdos eran felices. La primera vez que noto 'diferente' a los demás chicos. La primera vez que la sintió el hormigueo en su piel cuando ella lo rozaba, la primera caricia, el primer beso. Ella había sido su primera y en algunos casos, aun después de toda una vida, su única en muchas cosas. Pero tristemente lo que más recordaba era su cabellera, porque ese sábado que habían quedado de ir a ver el partido entre las selecciones de futbol de Inglaterra e Irlanda y tuvo que decirle a última hora que no podía acompañarla, ella molesta no se despidió, se dio la vuelta y se alejo caminado. Su cabellera era lo último que había visto de ella.

El coche bomba se lo había adjudicado un grupo extremista del bando unionista, estaba en el estacionamiento del estadio de futbol. Por retrasos en el partido había estallado antes de que terminara, lo que había reducido el número de víctimas en una gran proporción, pero aun así había matado a Paddy... Se culpo, por no haberla acompañado, el nunca habría salido antes del silbatazo final del partido. Luego del funeral la vida en su casa fue empeorando. Las opiniones de su padre sobre la política dejaron de ser simples comentarios, para volverse fuente de acaloraras discusiones que su madre fiel a la armonía hogareña nunca pudo limitar. Y poco a poco hizo que su presencia fuera mas y mas intolerable, eso y que todo le recordara a Paddy.

Jonathan ocupaba a quien culpar, pero no culpo solo a los separatistas, culpo al conflicto, a ambos lados por igual. Y a su entender la única respuesta era más intervención británica, para su padre esas ideas eran casi insultos, más porque Jonathan las decía con esa intención. La casa antes una tranquila casa de clase media se volvía un campo de batalla reflejando el estado del país. Fue cuando Jonathan decidió que si había que endurecer al ejercito, el debía formar parte. Aun no cumplía la edad necesaria, bajo los estándares del más conservador y antiguo ejército moderno, pero, por lo mismo, había más expertos en aligerar esos requisitos y no le fue difícil encontrar a uno. Fue cuando Jonathan Kimble desapareció de su casa.

Y Patrick Williams de 20 años, aunque no los aparentaba, se había enlistado en las Fuerzas Armadas de la Corona. No había podido elegir el nombre y en una ciudad donde uno de cada diez hombres se llamaba así, era lógico que su identificación falsa fuera lo más común posible. Además de la ironía, con el tiempo el oír como todos le llenaban Paddy era un recordatorio del motivo por el que había entrado al ejército. El motivo que lo enardecía y esa furia le daban fuerzas, por años no pudo más que concentrarse en su meta.

A esa dedicación le deba el sobresaliente en el entrenamiento básico y su grado de cabo antes de un año de estar en activo. Pero el sobresaliente en armas que lo habían convertido en el Tirador Designado de su unidad, era una habilidad propia. Y él no dormir por dos días luego abatir su primer blanco fue como dejo de ser persona y se volvió soldado. Esa sensación de sentirse observado, esa ventaja en su visión periférica que le permitía inconscientemente darse cuenta de los sutiles cambios del entorno. Por el que se gano el apodo del afortunado. Era como un sexto sentido, que lo hacía estar listo y ser el primero en disparar o en ponerse a cubierto. Pero mientas pasaban esos primeros años su madre recibía llamadas una vez al mes de Jonathan, lo que le evitaba olvidarse de su nombre, su padre lo había considerado muerto, al enterarse que estaba en el bando 'equivocado'. Eso hasta la vez que llamo y le respondió su padre, le comunico que había quedado viudo y solo en el mundo pues no le quedaba nadie más de su familia. Paddy Williams lo sintió, pero pensó que esa sería la tumba de Jonathan Kimble…

La excelencia atrae miradas, Paddy Williams entro en la lista de aspirantes al SAS. El 'Special Air Service', la fuerza de elite británica. El más antiguo grupo militar de elite del mundo, de la que todos los países tenían su versión o su copia. Su capacidad con el fusil fue lo que le dio la entrada, pero era solo eso. Un pase para entrar al más brutal entrenamiento que se conoce donde es normal que de diez candidatos, uno lograra llegar al final del entrenamiento. Fue estudiado por médicos y psicólogos y agotado por instructores y entrenadores, pero siempre tuvo claro una cosa, que a quien debía superar era a el mismo. Siempre bajo el lema oficial: 'Quien Arriesga Gana.' Y Paddy gano. Esa fue su meta desde un principio, el SAS, el equipo antiterrorista británico. Eran conocidos por los ataques a blancos selectos, al menos los que salían a la luz. Por culpa del SAS entre más violenta era la vida de un terrorista y era más breve.

Pero eso era en tiempos de paz, pero poco después de vestir boina arena y el emblema del puñal con alas, Inglaterra entro en guerra muy al sur. Y antes de cumplir su objetivo contra los terroristas, el ahora sargento Williams, empezó a entrenar para un objetivo que no consideraba más limpio que los actos terroristas. Una operación oscura, destruir aviones y matar a sus pilotos. Habían puesto en aprietos al destacamento naval británico. Estuvo entrenado para esa misión en Escocia, por varias semanas, hasta que una bota mal hecha le costó un esquince en su tobillo y tuvo que despedirse de sus amigos que partían al sur. A muchos de los cuales nunca volvió a ver por un error estúpido él se estrellaron en las frías aguas antárticas. Aun estaba en Escocia para asistir al funeral de su coronel. No se concentro en nada de lo que dijeron, en las alabanzas al buen hombre y al oficial que conocía y admiraba o en el tono triste de los acordes. Todo eso lo sabía ya, lo único que podía recordar del sepelio era como niña del capitán no paraba de llorar, posiblemente sin entender porque su padre no volvería más, con su largo cabello rubio Algo dentro de Paddy Williams le hizo recordar a Jonathan Kimble.

Y se dio cuenta de lo estúpidos que habían sido los que habían vendido su bota defectuosa, lo estúpidos que habían sido vender piezas de mala calidad para el helicóptero donde murieron sus amigos, lo estúpidos que fueron los que iniciaron una guerra para afincarse en el poder. Y al final se dio cuenta de algo fundamental, lo escupida que era la guerra. Pidió su dimisión de las SAS antes que la guerra del sur terminara. Pero qué hacer con un soldado y francotirador experto, mantenerlo limpiando su rifle en alguna base, entrenando a otros en lo que llamaban arte de matar? Fue cuando un sujeto fue a la base donde esperaba sus ordenes de traslado, llamaron al sargento Williams a una oficina, pero al entrar el hombre le llamo Señor Kimble y le ofreció lo que había buscado, justicia contra los terroristas. El hombre era un reclutador del MI6.

El MI6 no era como las películas con agentes 00 con licencia para matar. Matar era un asunto serio que requería órdenes firmadas. Era otro invento Británico, que tenía como hijos bastardos a la CIA, el MOSSAD, la extinta KGB y la actual FSB y otras versiones distintitas en cada país. Siguieron llamándolo Paddy, para que esforzar en crear una identidad nueva si la anterior cumplía con sus necesidades. Su trabajo era ser un 'conserje,' debía abrir puertas cerradas o de botar la basura, y solucionar otros problemas varios que solían tener nombre y apellido, para equipos de intervención oscura del MI6. Usualmente desde un, muy inglés, cuarto de milla o media milla de su objetivo, usando un rifle de caza modificado, en vez de los modelos militares, pero con balas de alto poder. Y una mira especial.

Pasó un tiempo como 'conserje', su número de 'aciertos' era algo confidencial, a excepción de las noches en que las caras no lo dejaban dormir, si bien un francotirador mataba desde lejos tenía que ver la cara de su blanco, el lema del francotirador un disparo era un 'acierto.' Era solo seguro si la bala atinaba en la cabeza. Luego de su éxito como 'conserje' fue ascendido a 'barrendero', A diferencia de los 'conserjes' los 'barrenderos' trabajaban solos y formaban la fuerza más oscura del MI6. Como ex miembro del SAS sabia como buscar información y técnicas de inserción y evasión, así que lo único que solían darle era una dirección y una fotografía y ya en el lugar le facilitaban una 'escoba'. Ya se sabía que le tendría que pasar a la persona que vivía en esa dirección y que coincidía con la fotografía, era la política de necesidad de saber, un barrendero no ocupaba saber de que era la basura que barría. Los 'barrenderos' se encargan de hacer desaparecer la basura. Pero nada de lo que hiciera parecía tener efecto. Podía muy bien 'barrer' a un jerarca de un grupo extremista para que, unos días después, el mismo grupo secuestrara un avión o uno de sus miembros entrara en un autobús vistiendo varios kilos de explosivos.

El trabajo de 'barrendero' empezó a volverse rutinario. Primero ingresar a la zona donde se encontraba el objetivo, una vez ahí dejaría saber que estaba listo. Una marca de tiza, un mensaje en los económicos de algún periódico, hacer una llamada desde una cabina telefónica a una fecha y hora en particular o algo así. Sin dejar a su contacto saber nada más que estaba cerca, un barrendero no tenía cara y no tenía voz. Su contacto debía saber que estaba listo, el contacto podía ser desde un diplomático, no necesariamente inglés, a otro miembro el MI6. Esa era la parte más peligrosa de cualquier misión, si no le respondían debía salir, huir, de la ciudad, o mejor aun del país lo más rápido posible. Cuando le respondían, igualmente de forma aparentemente inocente. Solía ser una dirección o instrucciones para encontrar su 'escoba'. Un rifle de modificado, vendido al otro lado del mundo, y una botella de acido u otro material para 'lavar la escoba' luego de usarla, así se aseguraba de no dejar ninguna huella.

Todo 'barrendero' podía ser atrapado por los colegas de su blanco o por oficiales locales. El MI6 le había dado un método para evitar decir algo en caso de ser atrapado, no era como en las películas: el diente falso con la dosis de cianuro. El veneno estaba implantado en una capsula bajo una uña en una de sus manos, su contenido, según le dijeron era tan efectivo como indoloro. Además era solo metabolizable al digerirlo, no había peligro si, por alguna razón, la capsula se rompía. Si era atrapado solo debía tener 20 segundos libre para morder a través de la uña, succionar y ya no habría riesgo de decir nada bajo interrogatorio, por más ingeniosos fueran los métodos de sus captores. En eso se había convertido la vida de Paddy Williams. Que lejos de encontrar la paz de la justicia, ahora solo se limitaba a seguir órdenes.

Recibió una fotografía y una dirección en Siria, la fotografía era de un hombre en Siria, de unos 30 años, era fácil para la mayoría de los orientales suponer que los sirios eran un pueblo de tez oscura, pero en verdad una parte de la población es de origen ario o sea comparte ancestros comunes con los alemanes y europeos. El hombre de la fotografía tenía piel y cabello claro. Ingresar a Siria no fue especialmente difícil, entrando como arqueólogo aficionado en un tour a diversas ruinas. De camino a su hotel localizo la dirección de su blanco, afortunadamente estaba cerca de una mezquita, aparentemente en reconstrucción. Comentando con los trabajadores sobre el buen trabajo que hacían y algunos datos que había aprendido sobre las mezquitas y otros monumentos como parte de su tapadera, guio la conversación a lo difícil del trabajo, dejándolos protestar por su horario, escuchando las bromas que se hacían entre sí sobre la seguridad, que era casi inexistente.

Aprovecho su tapadera para pedir permiso de tomar unas fotografías del edificio, tenía un minarete que subió, para asegurarse que dominaba toda el área y usando la cámara y el lente tomo varias fotografías de los alrededores, incluso la casa del blanco. Seguramente le revisarían la cámara pero tenía el equipo de revelado en su equipaje. El día siguiente fue a un tour por las mezquitas de Damasco. Y su contacto, quien fuera que fuese sabía su itinerario y la señalización. Al revisar las ruinas justo como en las fotos que había visto, vio una marca de tiza y en una grieta entre dos columnas, al revisar había un trocito de papel.

El día siguiente en otro tour, a unas ruinas de la época romana, encontró justo donde decía el papel una caja de zapatos Fijándose que nadie lo viera tomo la caja y la guardo en su mochila. En otra ruina más tarde una marca indicaba un depósito de basura. Ahí en una bolsa alrededor de tubo metálico, que de igual manera escondió. Al llegar al hotel, hacer el chequeo de vigilancia normal, constato que, como era de esperarse, habían revisado su habitación. Reviso los paquetes. Contenía un rifle monotiro desmontable de fabricación aparentemente brasileña, una mira telescópica, cinco balas .308 modificadas de precisión y largo alcance, una bolsa de plástico donde podía caber el arma, una libreta de apuntes y una botella de una popular marca de refresco, cerrada de fabrica pero llena de acido. Usando guantes de látex monto y desmonto varias veces el arma, reviso la mira y las balas, una vez que estuvo conforme con esto leyó la libreta. La libreta era el diario de seguimiento del blanco, donde alguien había apuntado la rutina diaria de este por las últimas semanas. Con esa información ideo las oportunidades de barrer al blanco y escogió la más próxima. El día siguiente que además era domingo. El trabajo de un barrendero era entrar, barrer y salir lo más rápido posible.

El punto que había escogido, el minarete estaba a 300 metros de la casa, el blanco solía desayunar a las siete los domingos y según su revisión inicial la ventana del comedor era perfectamente visible desde el minarete. Pero para asegurarse uso el baño de su habitación como cuarto oscuro improvisado. Revisando las fotografías que había tomado en la tarde, confirmo su plan. Reviso los vuelos del día siguiente, reservo tiquete en un vuelo a las ocho pm con destino a Chipre. Fue a la recepción y pidió su cuenta hasta el siguiente día, pagando la multa por adelantar su partida, de igual forma podía simplemente salir temprano, barrer y tomar el avión, pero no deseaba levantar sospechas. Más en un país como Siria. Solicito que le levantaran temprano, luego alisto sus maletas y durmió.

El día siguiente salió del hotel a llamar un taxi, simulando enredarse con las maletas el taxi que estaba esperándolo fue abordado por otro turista y el tomo el siguiente, nunca se podía ser demasiado cuidadoso en su línea de trabajo. Le indico al chofer que su destino era el aeropuerto, pero ya de camino lo desvió, luego de comentar con el chofer su interés por las mezquitas y su interés por cierta mezquita que estaba en reparaciones. A las siete menos cuarto bajo del taxi frente a la mezquita como había esperado el guarda de noche estaba dormido y el de día aun no había llegado. Subió al minarete y monto el rifle. A las 6:35 ya estaba listo ahora era cosa del blanco el ser buen chico y cumplir con su rutina diaria. Diez minutos después empezó a ver movimiento en la sala, a las 7:46 habían puesto el servicio en la mesa y vio al blanco sentarse a desayunar. Decidió dejarle disfrutar su última comida, se convencía a si mismo que cada vez que 'barría' a alguien era una ejecución no un asesinato.

Con la mira del arma vio como el Blanco acababa su desayuno, puso el dedo en el gatillo empezó a controlar su respiración. Y deslizo el dedo para accionar el gatillo. Gracias a la potencia bala hizo un pequeño orificio en el cristal. Para seguir una línea recta hasta la cabeza del blanco y destrozar su bulbo raquídeo, del blanco murió antes de sentir el dolor de la bala y vio como caía hacia el costado opuesto impulsado por el golpe. Pero, mientras el blanco caía, una figura pequeña aun en bata de dormir lo intento sostener y empezó a llorar manchando la bata de sangre, a Paddy se le hizo un nudo en el corazón, nunca imagino, o si lo hizo no le prestó atención, que el blanco estaría con su familia. Más aun que moriría, que lo mataría, justo en frente de ellos. No podía apartar la vista de la escena una mujer, posiblemente la esposa, ahora la viuda, del blanco intentaba ayudar a sostener el cuerpo de su esposo. Y la cabellera rubia de la niña se manchaba de rojo al tratar de sostener el cadáver de su padre.

Lo siguiente que Paddy recordaba era que estaba en el avión a Chipre, no lograba recordar que había hecho con el arma o que le había dicho al taxista, o como había pasado los puestos de vigilancia sirios. La imagen del hombre cayendo muerto de la silla, su hija llorando con los ojos azules inundados de lágrimas, pues debía tener ojos azules. Oía su llanto como el de otra niña hacia años en Escocia. Cuando volvió donde su supervisor este lo envió a Londres donde lo un psicólogo le diagnostico estrés postraumático. EL MI6 cuidaba muy bien a sus hombres así que pago el tiempo que paso en sanatorio, y las visitas a terapia. Y al volver solo le dieron trabajo de oficina, aun sufría ataques de pánico cuando oía su nombre: "Paddy". Al dormir tenia pesadillas: niñas lloraban, por sus padres, por sus muertes, de distintas edades en vestidos blancos manchados de sangre. Empezó a beber. Todo para olvidar la escena de ese último asesinato, sabía que no podía ser, pero cuando recordaba esa escena podía oír tanto los llantos de la niña, como los gritos de la esposa.

Al final no pudo soportar más y renuncio de su trabajo, seguía siendo Paddy Williams, pero sentía ganas de llorar al oír ese nombre, lo aterrorizaba ver una mujer de cabello rubio. Trabajaba de guardia nocturno en un estacionamiento, para alejarse de la sociedad, en el día intentaba dormir, pero no podía a menos que se emborrachara. Le temía a dormir, a las pesadillas donde una jovencita ala que no le podía ver la cara, rubia y llamada Paddy, que le faltaba medio cráneo y goteaba sangre sobre su bata blanca, llorando le preguntaba porque había matado a su padre. No había pasado aun un mes desde que había salido del sanatorio y ya sentía como poco a poco iba descendiendo hacia una fosa con el nombre de Paddy Williams.

Fue cuando una noche, en el estacionamiento un caballero de traje entero llamo su atención. Al decirle que deseaba casi cayó al suelo de rodillas, cuando el caballero respondió.

-"Buenas noches mi nombre es Justin Roland." Se presento el caballero. Mientras en su solapa podía ver la insignia del palacio d Buckingham. Que todo miembro de rango del ejército de su majestad aprendía a respetar y confiar. "Un amigo mutuo, del que me reservare su nombre por el momento me pidió hablar con usted." Por más que en os meses siguientes Paddy pregunto quién era ese amigo Roland solo se limitaba a decir que a su tiempo le diría.

Así paso un año en que, el en ese entonces mayordomo de la reina, solía pasar a hablar con el varias veces por semana, le brindo lo que más ocupaba en ese momento compañía. Volvió a terapia, las pesadillas encontraros su explicación consciente y fueron desapareciendo. Empezó a dormir más. Y beber menos por un año Justin Rolando había sido su apoyo. Había aprendido a vivir con lo que había hecho sabiendo que no podría pagar su deuda.

-"Williams." le dijo una vez Roland. "Me sorprende la forma que se ha recuperado, pocos podrían salir de donde usted estuvo."

-"No me recupere solo aprendí a vivir con lo que hice." Dijo taciturno. "No me dejare morir, asesinado por mi pasado. Siempre seré un asesino, pero me niego a matar a alguien más. Incluso si es a mí mismo."

-"O sea que no cree que haya perdón para usted?"

-"Por lo menos no en este mundo, si es cierto que arrepentirse sirve de algo, como decía mi madre. Creo que entonces encontrare el perdón."

-"No está siendo algo pesimista?"

-"Diría que más bien realista."

-"Si le dijera que podría ayudarle para que se perdone a usted mismo?"

-"Diría que no sabe de lo que habla Roland." Solo había dicho que sufría de Estrés post traumático nunca le había comentado cual era el motivo.

-"Se sorprendería enterarse de todo lo que se Jonathan." Hacía años que nadie se refería a él de esa forma, cosa que dejo ver en su expresión. "Si, sé su nombre real, Jonathan Kimble de Belfast. Y esperaba que Jonathan y no Paddy me diera unos minutos para presentarme formalmente." Fue cuando lo recluto como instructor para La Escuela. Un año después, Kimble aprendía a como llevar una casa, modales en la mesa y de vinos. Fue entonces cuando Jonathan Kimble salió de entre los muertos y Paddy Williams fue enterrado con honores militares.

Continuara.