Capítulo 6: Error de planeación
Canción: Pity Party de Melanie Martinez.
Propuesta por ShadowLights.
Personajes: Noriko.
Noriko no había querido hacer esa fiesta, incluso se había opuesto a la idea de organizarla en varias ocasiones. Como vicepresidenta tenía varias responsabilidades que cumplir y consideraba no tener tiempo para ese tipo de cosas pero no pudo evitar sentirse triste cuando comprendió que nadie asistiría.
Su madre había comprado varias invitaciones y le había pedido que las llenara con los nombres de sus amigos. Ningún nombre paso por su mente y quiso decirle a su madre que no era necesario comprar tantas pero calló, no era la forma en que la miraba, era lo incómodo que le resultaba el decir en voz alta que no tenía ningún amigo. El primer nombre que escribió fue el de Ken, no era su amigo pero lo consideraba lo más cercano a uno. Ambos eran compañeros en el consejo estudiantil y habían asistido a muchos eventos juntos por lo que consideraba necesario y casi una obligación el invitarlo.
—Debe ser tu novio —le dijo su madre de manera cómplice —. Deberías presentárnoslo.
Noriko quiso decirle que eso no sería posible, no solo porque él no era su novio sino por el hecho de que ellos nunca se encontraban en casa pero al final calló, no tenía deseos de discutir, sabía que su madre ni siquiera la escucharía además no quería hacer de ese momento más incómodo.
El sonido del teléfono de su madre la sacó de sus pensamientos. La escuchó intercambiar unas cuantas palabras antes de regresar a ella. Tenía ese gesto que conocía demasiado bien y que había visto en tantas ocasiones que incluso podía adivinar lo que estaba por decir. Continuó escribiendo los nombres de sus compañeros, no quería mostrarse afectada.
—Lo siento, mi niña, pero debo irme, una emergencia en el trabajo, te dejaré los números para que puedas pedir lo que servirás en la fiesta, pide todo que quieras, no te contengas que es tu cumpleaños.
Dejó su lapicero de lado y le dijo que iría a buscar comida. Su madre no le había dicho cuando volvería pero se animaba a apostar sin temor a perder que no volvería hasta varios días después de su cumpleaños. Su padre había salido el día anterior y de él lo único que sabía era que se había encontrado con un importante inversionista durante su reunión y que se quedaría para cerrar un contrato.
Noriko no buscó nada de comida, se dirigió a la biblioteca y tomó el registro escolar. Sabía que esa información era delicada pero no le importaba, más de las invitaciones estaban vacías y los nombres se le habían acabado. En cuanto hubo terminado se dirigió al buzón y depositó las invitaciones.
No tuvo que preocuparse por los detalles de la fiesta, su madre se había encargado de todo menos de la comida. Ordenó una pizza y se dedicó a terminar su reporte sobre el estado de los servicios sanitarios, últimamente habían recibido varias quejas de los mismos, la mayoría por la falta de papel higiénico pero también porque habían encontrado algunas cosas nada agradables. Tuvo que leer la copia del presupuesto escolar para ver si era rentable incluir las toallas que varias estudiantes requerían y consideraban indispensables.
Le parecía irónico el que se hubiera esforzado tanto para algo a lo que no planeaba asistir aunque ciertamente no le sorprendía. Desde que tenía uso de la razón había sido así, únicamente era diferente cuando ella recibía en un premio, en esas ocasiones se compraba un vestido y junto a su padre hacían acto de presencia.
El día de la fiesta la comida fue entregada una hora antes. Ordenó que la acomodaran pensando por primera vez que quizás la idea de la fiesta no había sido tan mala y que incluso podría divertirse. De todas las invitaciones que había enviado Ken había sido el único que le había dicho que no podía asistir. Las decoraciones no habían sido las que ella hubiera elegido pero se encontraba conforme con los resultados, tenía todo lo necesario para hacer una fiesta inolvidable.
En eso último no se había equivocado.
Minutos después se sintió estúpida. Intentó decirse que era normal el que se retrasaran pero cuando los minutos se convirtieron en horas supo que tendría que pasar otro cumpleaños sola. Revisó el buzón y encontró algunas facturas nuevas pero nada de las invitaciones. Consideró en llamar al correo y asegurarse de que habían entregado sus cartas pero se detuvo antes de terminar de marcar el número, su orgullo no se lo permitió.
"Sabía que no debí escribirlas a mano, los corazones en las íes fue demasiado", se dijo mentalmente mientras regresaba. E incluso se reclamó por dejarse llevar por las ideas de su madre, esas cosas no iban de acuerdo con ella.
Mentalmente culpó a su madre. Ella no había querido organizar esa fiesta, ella hubiera preferido quedarse en su habitación adelantando tareas, cumpliendo con sus deberes como vicepresidenta o leyendo un libro como hacía todos los años y no habría experimentado lo que sentía en ese momento.
Cerró la puerta y encendió la música dispuesta a tener su fiesta. Su madre le había dicho que tenía permiso para poner la música con todo el volumen que quisiera e incluso que no se molestaría si destruían la casa pero aunque no hubiera contado con esa autorización lo habría hecho. Su orgullo herido le exigía que continuara con esa fiesta y que se divirtiera por todos. Quería que vieran las luces y escucharan la música aunque no fuera probable y se lamentaran por haber faltado.
Comió como si no lo hubiera hecho en mucho tiempo, sin preocuparse por sus modales o por lo que pudieran pensar de ella. "Es mi fiesta y puedo hacer lo que quiera", se dijo mentalmente. Bailó y cantó a pesar de que no sabía cómo hacerlo, no sintió vergüenza por desafinar o por su falta de coordinación al moverse. El pastel sabía bien, era de su sabor favorito así que se dijo que estaba bien, podría comer todo lo que quisiera.
Abrió el regalo que sus padres le habían enviado y encontró una nueva computadora portátil. Se trataba de uno de los modelos más nuevos, uno que ni siquiera se encontraba disponible en el mercado en ese momento. Sabía que muchos harían lo que fuera por una de ellas, lo había escuchado mientras caminaba por los pasillos.
"Es mi fiesta, y lloro si quiero llorar", se dijo cuando sintió las lágrimas descender por sus mejillas. Una carcajada escapó de sus labios al pensar en lo que haría su madre si supiera en lo que había sido su idea e incluso se reclamó a sí misma por haber continuado con algo que desde el principio supo que no sería una buena idea.
Sopló las velas de su pastel y susurró su deseo aunque una parte de ella no creía que pudiera volverse realidad.
