Para algunos el verano no es la época para disfrutar, pero para otras personas esos meses significan mucho más. Un punto en la vida donde se marca un hasta aquí, y sabes que ya la vida no será igual, que nada será igual. Mas en ese aparentemente aburrido y normal pueblo de Oregón llamado Gravity Falls.
—AVISO—
Ya llegamos a esa época en que todos nos amos en mayor o menor medida de parranda. Por eso el fic entrara en un hiato de 2 semanas. Espero me disculpen y Que me extrañen. Espero encontrarnos el año entrante con más historias de ese pueblito que todos nos encanta.
Les Deseo Feliz navidad y prospero año nuevo.
—AVISO—
Una nueva entrega. Pacifica ha aceptado su fortuna, esperando que el regalito que tan hábilmente dejo en la estación de autobuses de Medford la pueda sacar del internado. Lo que no sabe es que el verdadero propósito de sus padres. Espero te guste este capítulo, y el primer miércoles el próximo año miércoles (3 de Enero de 2018), si todo sale bien, publicare el siguiente capítulo. De nuevo esta historia, aunque sea por capítulos, puede leerse en forma independiente. Aunque forma parte de la misma línea narrativa o universo ficticio, así que me gustaría que ojearan el resto de mis historias.
Este es mi quinto Fic., gracias a todos los que me han leído y sus críticas, espero estar a la altura con esta nueva entrega.
Espero disfrutes tanto al leerlo como yo al escribirlo. Gracias!
He dejado uno pocos huevos de pascua, como siempre. Espero que les guste buscarlos.
Gravity Falls Final del Verano: Un Misterio mal Guardado.
24. Desesperación.
Al llegar a la Escuela e Internado de Damas Jóvenes de Maine, luego de su viaje desde Oregón. Pacifica no hizo más que meterse en su habitación y seguir llorando hasta quedarse dormida. La habitación era comparable con una suite de un hotel 5 estrellas. Aunque sin medios de entretenimiento, antigüedades como muebles una decoración esmerada y la personalidad que le había puesto ella en los años que llevaba es ese internado. Los empleados del lugar mantenían todo en su lugar, lo que implicaba que no tenía privacidad, aunque nunca le había parecido así. Toda su ropa usada, la cantidad de veces que se cambiara, desaparecía y volvía a aparecer limpia y planchada la mañana siguiente en su vestidor privado, casi tan bien como en la mansión Noroeste. Por alguna razón ahora podía llamar o pensar en la mansión Noroeste como su casa, por extraño que le pareciera, durante su vida, había pasado más tiempo en el internado que en la antigua mansión de Oregón, pero en los últimos días había hecho un lazo con la mansión, sus ocupantes y sus vecinos del valle, mucho más fuete que con ese cuarto, que ahora la parecía anónimo. Decorado con el gusto de otra chica, la Pacifica que había sido antes. Por primera vez se dio cuenta que, hasta ahora había sido una indigente sin hogar, pero ya tenía un lugar donde pertenecía y al cual añorar.
Durante los meses de clases compartía la mansión con unas 200 niñas mas, entre los 7 y los 13 años, pues el internado solo daba los cursos hasta la secundaria. Las inquilinas, ahí eran solo eran alumnas en los salones de clases, podían seguir sus estudios superiores de secundaria y pre universidad en el segundo plantel del internado, ubicado lo suficientemente lejos para evitar que las inquilinas tuvieran contacto entre si. Los directivos pensaban que mezclar adolescentes de más de 14 y niñas podía dar lugar a problemas y ligueros escándalos, como solía pasar en otras instituciones. Incluso se decía que se preparaba un tercer plantel para las niñas de 7 a 10 años, ubicado en otra mansión en alguna otra parte de Maine. Por ahora solo unas pocas, menos de 30 inquilinas, usaban los servicios de internado en verano. Por varias razones, la principal eran los cursos de repaso, el internado tenía una aprobación del 100%, pero algunas de las inquilinas eran instadas a recibir cursos extra en verano, bajo la posibilidad de no recibir invitación a quedarse el siguiente año. Otras razones iban desde evitar ser parte de una lucha interna de sus familias, hasta las que, como en el caso de Pacifica, se volvían un asunto… delicado para sus familias. Ese sitio con sus estrictas normas era el mejor lugar para ocultar a esas herederas y de ser posible hacerlas aprender cuáles eran el comportamiento adecuado y sus obligaciones para con sus respectivas familias.
Pacifica no ceno, por eso al despertarse, aun con los ojos un tanto hinchados y por insistencia de Archivald, se sintió morir de hambre. Si hubiera sido un día de clases normal el servicio nocturno siempre estaba listo para ofrecer bocadillos, refrescos o té, para las inquilinas que estudiaban hasta tarde, o que se mantenían despiertas por cualquier otro motivo, lo único que se pedía usualmente era estar presente en el desayuno que, entre semana, solía servirse a las 9am. Aunque luego de las diez pm ninguna niña podía estar fuera de su habitación, sin una buena escusa y las luces se apagaban por control central a las once. Por lo que Pacifica hizo algo que nunca había creído llegar a hacer, hasta unos pocos días antes, ir a la cocina. No tenia que acomodar su pequeña maleta, que solo contenía unas cuantas prendas para el verano, el día siguiente alguna camarera anónima lo dejaría todo listo mientras ella iba a desayunar. Lo único que hizo fue encargarse de Archivald.
-"Disculpa por olvidarte Archivald decía mientras iba poniendo las partes de Archivald en una mesa y estas poco a poco se iban convirtiendo en liquido y juntándose, formando su clásica forma de esfera.
-"Pacifica mi niña por mi preocuparte no debes, en cambio me alarmas todo el día tú misma no has sido y la congoja te ha consumido. Además debes apurarte y comer, pues desde el desayuno si mi memoria no me falla, ni un solo mendrugo no has probado y, peor aún, parece que tu espíritu sigue desolado."
-"Gracias y no te preocupes, ya me desahogue y me siento mejor, pero me siento hambrienta, aun no me gusta estar aquí y perderme el verano, pero aun no he perdido la esperanza aun me queda lo que me ayudaste a hacer en Medford. Vamos a buscar algo de comer antes que no pueda salir de la habitación."
Lo que más sentía ahora era la aislación, pero no soledad. Pues aun a la distancia sabia que en ese apartado valle de Oregón había quienes la esperaban y la querían, y también quienes ella quería… o incluso más que solo querer. Cuando llego a la mansión, la directora del internado le había dicho que, por orden de sus padres, le habían quitado los privilegios de teléfono e internet. Todo el edificio del internado y los jardines, incluso la parte de los bosques que pertenecían a la propiedad, tenían inhibidores de señal celular. Por lo que solo dejaba los teléfonos fijos de las oficinas y las extensiones en las habitaciones de las inquilinas. Con aparatos que eran capaces incluso de enviar mensajes de texto a celulares, gracias al uso de telefonía por internet.
Pero el teléfono de su habitación estaba muerto para llamadas al exterior del internado, aun quedaba la posibilidad de usar el teléfono de otra alumna, a menos que el mismo sistema telefónico bloqueara las llamadas al valle en Oregón. Pero también eso la dejaba en manos de las demás inquilinas, el precario balance de poder dentro del internado era casi salvaje. Mas para ella que, entre las niñas de su edad y la mayoría de las mayores, estaba en la cúspide de la cadena alimenticia. No había ninguna chica que podría llamar amiga, no como Grenda al menos, solo tenía partidarias y colaboradoras y claro también enemigas y contrarias que harían lo que fuera para ver disminuida a la gran heredera Noroeste, esa era la vida en esa institución, lo más seguro era que desde el día siguiente empezaran las inútiles luchas de poder y prestigio en el internado, pero era algo que a ella no le importaba ya.
Se había resignado a esperar, luego de llorar de desesperación y enojo, logro ver que aun no tenía todo perdido. En el peor de los casos volvería a Oregón el próximo verano o en navidad. Y con un poco de suerte, si su plan funcionaba, podría volver a Oregón antes que el verano acabara. Claro la posibilidad de no estar por casi un año no era agradable. Le harían falta muchas cosas la amistosa cara de Grenda, sus amigos de la mansión y, claro, él. Estaba segura que nada cambiaría mucho en el valle, el año siguiente Grenda seguiría siendo su amiga, podrían volver a ir a comer pastel, visitarla en su casa, pasar un bonito verano. Los empleados de la mansión, ella esperaba que siguieran en la mansión luego de año, era difícil que alguno se fuera. Lo peor era que en un año era seguro que debería despedirse de él, sin siquiera haberle confesado lo que sentía. No se hacía ilusiones y sabía que era difícil que él volviera el siguiente verano y que no lo volvería a ver más. Decidió mejor no pensar mucho en eso, si todo salía mal y no podía volver ese verano, en su momento pensaría que hacer.
No creía que el castigo de su celular durada mucho, sería raro que ella, Pacifica Noroeste, no pudiera usar el teléfono, lo que significaba que recuperaría su privilegio de teléfono para el inicio de clases. Así que de todas formas debía buscar la forma de poder comunicarse con sus amigos del valle. Podía pedirle a otra inquilina el teléfono y probar llamar al valle, en su móvil tenía el número de Grenda, pero no quería mostrar esa 'debilidad,' que era como lo tomarían las demás niñas. Alguna podría ser lo suficientemente lista para sacarle provecho, con solo decirle a sus padres el número al que llamaba, podía acarrearles problemas a sus amigos. Había aprendido algo luego del domingo que había pasado angustiada en un centro comercial en Medford, sabía que debía tener paciencia, ya mañana martes vería como poder comunicarse con el valle.
Mientras había llegado a la planta baja, con ayuda de Archivald descubrió donde estaba la cocina, pues solo conocía el comedor, y el fantasma podía sentir a la gente dentro del edificio, sabía que la cocina debería estar cerca del salón comedor y el fantasma sentía un presencia en esa dirección además de algunos adultos y las inquilinas en el edificio. Los instintitos de protector de Archivald estaban intranquilos pues desconocía el lugar, por lo que viendo que Pacifica no lo ocuparía mas por unos momentos le pidió permio para recorrer la mansión y reconocer el terreno. Dejándola sola frente a la puerta de la cocina, sin más que pensar toco la puerta.
-"Si señorita?" Le respondió una empleada que parecía estar terminado de limpiar el lugar.
-"Buenas noches, señorita, espero no incomodarla. Me presento soy Pacifica Noroeste, un gusto." Dijo con la naturalidad que habría usado en su propia casa.
-"Buenas noches señorita Noroeste, no faltaba más claro que no incomoda." Dijo la empleada ligueramente intrigada las inquilinas, en especial las que pasaban el verano en el internado, usualmente veían a los empleados como ella como parte del mobiliario. "En que puedo ayudarla?"
-"Vera señorita…" dijo esperando que la empleada se presentara, pero fue un momento algo largo, tanto que incluso Pacifica empezó a sentirse incomoda.
-"… A perdón. Me llamo Stephanie Ramírez, soy parte del servicio de noche de la mansión."
-"Un placer Stephanie." Dijo la rubia entrando en la cocina y extendiendo la mano, que algo intranquila la empleada tomo apretándola ligueramente.
-"El placer es mío Señorita Noroeste." Como todo el personal del internado conocía, al menos de oídas, a todas las inquilinas.
-"Veras Stephanie." Dijo la rubia con una sonriendo para dar una buena impresión a alguien desconocido. "Salí de mi casa justo después de desayunar y luego volé hasta acá desde Oregón y me encontraba… indispuesta. Por lo que me perdí la cena. Sé que el servicio nocturno no funciona en verano, pero en verdad me estoy muriendo de hambre."
-"Hay señorita no se que pueda haber en la cocina, y de todas formas no tengo permiso de preparar nada." Dijo realmente preocupada por la niña, era raro una de las chicas del internado que se comportara tan amables.
-"No se preocupe Stephanie, con unas frutas o algunos bocadillos creo que puedo pasar la noche." Dijo sonriendo como si fuera, como en verdad sentía, lo más normal el mundo. Pero sin presionar a la joven, ahí en el internado las reglas indicaban el trato que el personal debía tener con las inquilinas. Por lo que tomar muchas confianzas con la empleada podía darle problemas.
-"Bien no creo que nadie se moleste, además usted es una inquilina. Déjeme buscar señorita." Unos minutos después pacifica caminaba de vuelta a su habitación luego de darle las buenas noches a una aun confundida Stephanie. La empleada había preparado una pequeña canasta de mimbre, de las mismas que usaba el servicio nocturno, con un par de manzanas, una pera y tres barras de granola, además de una botella de medio litro de te frío de una marca comercial. Aun faltaba media hora para el toque de queda y Pacifica decidió que era mejor aprovechar lo que quedaba del día para acostumbrarse de nuevo a ese lugar. Por lo que salió de la mansión aprovechando que las puertas a los jardines internos nunca se cerraban, esperando que el aire nocturno de agosto le ayudara a despejarse un poco. Sentada en los escalones, sin preocuparse mucho por la hora, empezó a dar cuenta de su improvisada cena. Iba por la segunda manzana, después de dar cuenta de la pera y dejando las barras de granola para el final, cuando noto el ligero escalofrió que había aprendido a asociar con la presencia de Archivald.
-"Poco a poco la soledad consume el edificio y más que nada solo algunos que están despiertos."
-"Gracias Archivad, aluna vez estuviste en Maine antes de… tu sabes cuándo estabas vivo?" Algo cómodo de hablar con el pensamiento era que podía hacerlo y masticar a la vez.
-"Saberlo no podría, por más que deseo no lo puedo decir, de mi vida poco recuerdo."
-"Aquí es como en casa, la mansión está rodeada de bosques, lo malo es que parece la versión elegante de una cárcel." Pensó Pacifica mieras tomaba té. "Pero la mansión no es ninguna cárcel y podía salir cuando quisiera, claro con la ayuda del habilidoso señor Kimble y sus demás amigos de la mansión."
-"Llamas a esto prisión pro si no hay ni celdas un empalizadas o acaso hay te han dejado libe?"
-"Archivald es una prisión y e tienen incomunicada, recuerdas mi teléfono?
-"Ese aparato que como si de magia se tratara te permite hablar a lo lejos?"
-"Si ese, mira." Dijo la niña mientras señalaba una caja cercana pegada a la pared, un inhibidor. "Esas cajas evitan que mi teléfono funcione, ningún otro teléfono de este tipo funciona dentro del internado y mis padres ordenaron que no pudiera usar los teléfonos fijos." Estoy encerrada e incomunicada." Dijo con un ligero mohín, inconscientemente, buscando otra barra de granola pero ya había acabado con su cena y se acabado el resto del té de un sorbo.
-"Pero si por el bosque vague un poco y ni una sola cerca encontré…"
-"Eso es lo peor, pueden decir que no hay cecas, pero quien podría caminar 10 kilómetros hasta el pueblo más cercano a través de ese bosque…" Se quedo callada ante la cara confusa de Archivald, para él el bosque era lo que para ella un centro comercial. Tan natural que ni recordaba que estaba ahí. "Archivald a ti te costaría ir al pueblo?"
-"Pues mi niña ese bosque desconozco, pero un bosque es buen lugar para caminar y con una o dos horas muy lejos puedes llegar." Pacifica pensó, mientras acomodaba la botella vacía en la canasta, que había oído que el bloqueo de celulares llegaba a casi un kilometro en el bosque, cosa que la ponía fuera del alcance de todas las niñas. Pero ninguna tenía a un montañés fantasma para ayudarla.
-"Archivald?" Le dijo mientras se apuraba a dejar la canasta, antes de que empezara el toque de queda. "Te parecería una caminata por el bosque mañana por la mañana?"
-"Pues siempre he pensado que para todos una caminata por el bosque saludable es y que con tu animo actual el aire mañanero seria un aliciente."
-"Podrías revisar el bosque esta noche, deben haber muchas cajas como las que te enseñe. Y ocupo ir donde haya menos."
-"Como fantasma rápido como viento soy así que con unos momentos un lugar como el que buscas encontrar podre." Ya había dejado la canasta en una mesa auxiliar junto a la puerta de la cocina y se dirigía a su habitación, afortunadamente había empacado su teléfono, durante los meses de clases había excursiones vigiladas y organizadas por el internado al pueblo cercano donde podía usar su teléfono sin complicaciones. Nunca pensó que lo ocuparía para una excursión por el bosque. Lo primero que hizo aprovechando que aun tenía luz fue el dejar cargando el teléfono. Archivald se despidió para ir a recorrer el bosque.
Las clases de verano empezarían a las 9am, en la mañana las demás chicas estarían en clases o rumiando por las habitaciones. Lo que le esperaba le daría el tiempo necesario para ir y al menos avisar como se podían comunicar con ella, además deseaba oír a sus amigos. El único problema era a saber si Archivald podía ayudarla un poco más. En la habitación de Pacifica como en la de todas las demás había una computadora, aunque la de pacifica ya había probado que no tenía acceso a internet, estaba muy controlada incluso se grababan todos los accesos a ella, pero era lo último en quipos, y tenía equipo de video conferencia. Temprano antes de que las demás chicas fueran a desayunar empezó a probar su equipo conectando la cámara.
-"Archivald, podrías probar algo?" Dijo en el momento en que el fantasma estaba mor mover su silla, y se oían rechinidos entre las paredes.
-"Si mi niña?" Dijo el fantasma atrapado in fraganti.
-"Crees que puedes hacer que esto parezca descompuesto?" Dijo señalando la pequeña cámara sobre el monitor.
-"Mi niña, aun que fabricado por el hombre es, para mi mas magia parece." Dijo el fantasma confundido
-"Eso pensé pero tiene muchas partes con solo un pequeño toque tuyo se podría descomponer."
-"Peri igual si no se donde tocar, si densas podría el aparato arrancar."
-"No eso sería demasiado evidente, creo que es mejor hacer que parezca que tiene un daño o algo temporal." Respondo la rubia mientras pensaba. "A ver mi aquí dijo señalando el lente. "Podrías apartar ese pedazo de vidrio y empañarlo por dentro?"
-"Pues cosa fácil parece. Déjame probar a ver si lo merece." Pacifica no escucho nada, pero poco a poco la imagen quedo empanda y distorsionada con pequeñas gotas de humedad.
-"Perfecto Archivald, fue difícil?"
-"No mi niña fácil ha sido, fue cosa del vidrio mover un poco."
-"Intenta que el vidrio no parezca tocado, sepáralo solo el mínimo."
-"Así lo he hecho, con una lupa y paciencia deberían buscar. Si la ranura por donde entro la brisa quisieran encontrar."
-"Eso es un buen comienzo, pero no sería creíble que las cámaras se empañen a la vez." Razono la niña. "Mira dentro del aparato puedes notar unos cuadrados como bichos negros con patitas de metal?"
-"Si verlos puedo con facilidad, esas patitas parecen pegadas con metal fundido estar, a una lamina de eso que llaman plástico"
-"Crees que puedas soltar alguna de esas patitas, pero con mucho cuidado y que se pueda colocar de nuevo como estaba…" La imagen del monitor empezó a distorsionar los colores hasta que quedo de un tono amarillo uniforme. "Muy bien Archivald, ahora trata de ponerlo como estaba." La imagen volvió a su tono normal.
"El pequeño cuadrado negro con algo como plomo parece estar ligado, solo un poco lo he calentado." Se explico el fantasma. "Luego calentarlo de nuevo he hecho y como si no lo tocase ha quedado."
-"Muy bien ahora también deben haber pequeños cables, pegados a cajas o al plástico. Prueba hacer lo mismo que antes, pero sin olvidar ser cuidadoso…" Media hora después cuando Pacifica salió al comedor Archivald sabia más de 10 formas de sabotear equipo electrónico.
Pacifica bajo a desayunar recibiendo el saludo de algunas de sus conocidas, todas interesadas en porque había vuelto tan pronto. Pacifica, hasta donde pudo guardo silencio, dando evasivas y al final dejando salir algo de verdad. Que se había a enojado con sus padres y el quedarse en la mansión se había vuelto imposible, aunque cierto las demás niñas lo tomaron de forma equivocada. Apenas desayuno para tener una escusa para ir a comer a los jardines. Vestida con jeans de marca y zapatillas pensó que estaría lo suficientemente a la, moda como para no atraer sospechas y lo suficientemente cómoda para una caminata por el bosque.
Antes de marcharse, le dijo a quinen le pregunto, lo único que hacia entretenido el verano era la llegada de alguien, que iría a hacer una pequeña caminata por los jardines, como método para un nuevo régimen que estaba probando. Había algunos senderos delineados por el bosque que las inquilinas solían usar. Intentando escapar, al menos aparentemente, de la vigilancia constante. En esa mansión solían vivir algunas de las herederas de las familias más ricas o influentes del país, suculentos blancos para cualquiera que deseara secuestrarlas. Por lo que no se tomaban la seguridad a la liguera, había cámaras, sensores de movimiento y no sabía que mas en los bosques, a manera de equipo de seguridad y vigilancia. Que entrarían en efecto si alguien caminaba fuera de los senderos, a deshoras o sin permiso. Por lo que evadirlos sería difícil, pero de nuevo para eso esperaba que Archivald la ayudara. Una conversación la saco de sus cavilaciones, tuvo que evitar sonreír cuando escucho como, la noche anterior, algunas de las chicas decían haber visto una sombra y otras habían oído ruidos de pisadas o rechinar de puertas.
-"Archivald…?" Pensó usando 'esa' voz.
-"Como fantasma me he comportado y nuestro trato aun mantengo, ninguna de estas niñas del pueblo es, que mi palabra de a los del pueblo no asustar, mantengo." Pacifica pensó que había olvidado la parte de 'solo asustar a los Noroeste,' pero ya luego podría hablar de eso con el fantasma, luego. Además parecía no había daños, al menos no aun, y Archivald en cierta forma se sentía más animado. Iba a ser flexible con el fantasma pus sabia que el necesitaba asustar, casi tanto como ella comer. Pero debía poner límites, tampoco quería que alguna de las hiñas más pequeñas quedada tramada, ya era sufrientemente malo pasar el verano en este lugar.
Fue a la oficina de la directora para pedir permiso y de paso ver el mapa con los senderos, para elegir el que estuviera más cerca de una zona fuera de los inhibidores de señal. En si el mapa no era exacto ni a escala, el bosque consumía una fracción pequeña de lo que en verdad era, dando la idea de que era un jardín solo un poco más extenso de lo que las inquilinas podían encontrar en una mansión o una casa de verano. Afortunadamente en tiempos de Archivald los mapas a escala eran una novedad con lo que sabiendo donde era el norte y algunos puntos de referencia como los jardines de rosas o el estanque de patos se logro ubicar.
-"Varios puntos apartados de esas cajas he encontrado, el más cercano es el del camino 'Brisa de Otoño', saliendo de él a 600 yardas está ubicado." Pacifica hizo la conversión no era mucho eran poco mas de 500 metros, pero entre los árboles.
Así que Pacifica pidió permiso para recorrer ese sendero. Paso al comedor donde pidió una cesta con unas frutas, contando que era algo a lo que se había acostumbrado en Oregón, a nadie le extraño, según todos ella estaba solo poniendo la moda de caminar y hacer dieta sana. Salió rumbo al sendero 'Brisa de Otoño', no le extraño el no encontrar a ninguna de las herederas en los jardines, las que no tenían clases, seguramente estarían en sus habitaciones reponiendo sueño o algo así, de todas formas le había pedido a Archivald que vigilara. Así sin que nadie la viera entro al bosque caminado por el sendero. El sendero era de casi dos kilómetros de largo, pero serpenteante, apartándose menos de 200 metros del linde del jardín en su punto más alejado. Pero ahí no era donde se dirigía Pacifica, el punto más cercano que encontró Archivald en su recorrido por el bosque estaba, como había dicho Archivald a unos 500 metros entrando en el bosque, casi a la entrada del sendero. Mientras caminaba por los jardines le indicaba a Archivald que debía de hacer. El fantasma no era tonto solo estaña desactualizado, pero confiaba en pacifica, así unos segundos antes que Pacifica entrara tranquilamente al bosque se separaron.
Los guardias de seguridad siempre alertas, pero muy discretos tenían su centro de control en un subterráneo, bajo las casetas de la entrada, justo lo suficientemente cerca para ser efectivo, pero lo suficientemente lejos para que las inquilinas no supieran que eran vigiladas con rifles de asalto. Ahí controlaban las más de 300 cámaras y sensores de diverso tipo en el edificio, el jardín y el bosque. Todo se proyectaba en un centro de control que nada tenía que envidiar al de un banco o incuso una prisión de alta seguridad, no por nada era una de las instituciones más caras del país. Pacifica no sabía exactamente como era o cómo, pero se había imaginado que debía existir un lugar así con personal lo suficientemente entrenado para afrontar una pequeña crisis, pero estaba segura que nada los podría preparar para lo que estaba por hacer Archivald.
Desde los monitores de ese centro los encardados del turno de {la mañana, usualmente el turno más tranquilo, podían ver en los distintos monitores miniaturas de las cámaras de seguridad, en otro un esquema de la mansión, los jardines y el bosque donde aparecían las lecturas de los sensores de movimiento y micrófonos. Con eso y la poca cantidad de inquilinas era posible saber donde estaba cada una. Fue cuando Archivald empezó con las ordenes de Pacifica. Varias de las cameras empezaron a perder su enfoque, distorsionarse. En otras zonas de la mansión los detenedores emitían a avisos, pronto el sistema entro en automatismo y las alarmas empezaron a sonar, los encargados los jardines desaparecieron de las pantallas mientras varios de los senderos infamaban de la presencia de alguien sin autorización. Era el caos las alarmas se disparaban por todas partes de la mansión ninguno estaba preparado para todo eso, incluso el jefe de turno, un ex miembro del servicio secreto, no podía pensar bien era demasiada información y demasiado rápido. Por decir poco todo el departamentito entro en pánico.
Así que cuando la niña rubia salió del sendero activando unos pocos sensores más y aprovechando que las cámaras se habían descompuesto nadie la noto. Pacifica había planeado todo con ese sentido si bien evitar que supieran que salía de la zona delintada, lo que podía hacer, con ayuda de un fantasma que podía moverse rápido como el viento era que simplemente los que vigilaban estuvieran saturaros. Sabia la ruta que el fantasma le había indicado usando ese método de comparar la mente que habían usado antes, así que conocía toda la zona ramas puedas posos todo para poder correr hasta el punto donde no debería de haber problemas para usar su celular, incluso ella se sorprendió de lo fácil que era ahora moverse por el bosque corriendo a ese punto fuera de los inhibidores de señal.
Mientras pacifica se adentraba en el bosque Archivald iba de un lugar a otro del internado, a veces arreglando lo que había descompuesto antes, otras reparándolo, tal como había practicado con el aparato de pacifica ese 'ojo falso', dolo tenía que mover las patitas de las cajitas negras, cables o empañar vidrios. También según le había indicado Pacifica aplastaba el suelo o tapaba otros aparatos, moviéndose rápido, lo más rápido que podía. Y sonreía divirtiéndose ese truco con los aparatos llenaba a alguien de pánico mas bien a muchas personas en algún lugar... podía sentirlo. Era una necesidad como fantasma que por insistencia de la niña no podía satisfacer, pero ahora extrañamente sentía como estaba causando casi tanto pánico como esa noche hacia unos días en la mansión Noroeste.
Pacifica llego a una zona no muy distinta a otras del bosque, pero era la imagen mental que le había dado Archivald, Estaba agitada y se había dado cuenta que para correr por el bosque no era buena idea usar zapatillas, un par de veces había sentido como se le doblaban los tobillos, afortunadamente nada tan fuerte como para detenla, pero creía que debería ponerse algún ungüento o hielo para que no molestara mas. Se fue deteniendo para recuperar el aliento, antes de llamar, ahora caminaba lentamente con el teléfono en la mano mientras el indicador de servicio decía fuera de área. Unos pocos pasos más adelante y casi como un acto de magia el teléfono anuncio que había ancorado una red y se estaba conectado a ella. Se fijo en la hora unos minutos más que de las nueve o sea las siete, hora de Oregón.
-"Hola aquí yo, allá quien?"
-"Grenda?"
-"Pacifica…?" Dijo extrañada la chica. "Que paso como estas…? estás en tu casa…? puedes usar el teléfono?"
-"Granda por favor tranquilízate… que no sé cuando tiempo tenga." Dijo la rubia sabiendo de cómo las sorpresas podían afectar a su amiga. "Solo digamos que logre usar el teléfono sin permiso, necesito que estés tranquila." Agrego seria.
-"Ya solo fue la impresión pese que no volvería a oírte en mucho tiempo. Ayer hable con la gente de tu mansión, Sigues en Maine?"
-"Si aquí sigo, pero ocupaba saber de ustedes, todos los del valle están bien?"
-"Por lo que sé si al menos los del pueblo… y sus inmediaciones." Dijo con una sonrisa sabiendo quien era el que más le importaba del pueblo. "Ya todo está volviendo a la normalidad luego de lo del sábado."
-"Sabes de el señor Ritter uno de los empleados de la casa que estaba en el hospital?"
-"Si es quien creo que es saldrá mañana como lo atendieron a tiempo no fue nada grave solo tiene que descansar, al menos eso comento mi mama."
-"Y él ha… él ha…"
-"No creo que aun sepa que te fuiste." Respondió Grenda a la pregunta que pacifica no sabía cómo formular. "Pero algo raro pasa en la Cabaña, además que el viejo Stan nos pone a trabajar cada vez que nos ve, parece como que ocultaran algo, incluso Mabel tiene cara de querer decir algo, pero prefiere guardárselo. Así que no creo que tuviera la oportunidad de darse cuenta aun…" Pacifica se sitio en parte alegre y triste, dentro de ella estaba feliz que Dipper no supiera que la habían enviado lejos por hacer o correcto, sabía que podía intentar algo que en verdad se ganara la enemistad de sus padres, y triste porque de nuevo se daba cuenta que para él ella era nada más que una amiga.
-"Bien creo que es mejor así no hace nada que pueda enfadar a mis padres..."
-"Yo tampoco he dicho nada, porque te preocuparías mas, pero estoy segura que enojara conmigo cuando se entere." Dijo algo ensimismada la castaña, pensando que 'los chicos eran así'. "Y cuanta que tal es allá?"
-"No es tan malo, pero no es estar allá amiga me haces falta. Pero no puedo hablar mucho, no sé cuánto tiempo pueda usar el teléfono sin que se den cuenta. Podrías llamar a la señora Kristen?"
-"Confía en mi les diré que llamaste." Dijo con su mismo ánimo de siempre. "Incluso si él llega preguntar le diré que hable contigo."
-"Si hablas con el dile que no haga nada que pueda enojar a mis padres."
-"Bien no sé si pueda ser de utilidad decirle a Dipper que no sea Dipper, pero lo hare."
-"Gracias Grenda, mira tengo que a colgar ahora, pero mañana a esta misma hora o parecido volveré a llamar, además si quieren déjeme mensajes en el buzón." Dijo algo triste. "No es mucho, pero al menos así no estoy totalmente incomunicada."
-"Bien Paz, estoy feliz de saber de ti." Luego dijo un poco más seria. "Quieres que le diga?"
-"No es mejor así al menos estoy más tranquila." Y pensándolo un poco agrego. "Pero si te pregunta dile que yo decidí irme antes del final de verán, que mis padres no me obligaron, pero me sentía tan incómoda en la mansión y que preferí salir del valle."
-"Como tú quieras, aunque no me gusta mentir. Lo hare solo por ti y porque te creo que seria peligroso para él, otra cosa es que me crea. De todas formas esperare tu llamada mañana, ya verás que todo se solucionara rápido, y que tu falda va muy bien." El recordar eso le saco una sonrisa a la joven reclusa. Al menos sabía que alguien confiaba en que volvería pronto.
-"Entonces hasta mañana Grenda." Cortó y emprendió el camino de vuelta corriendo por el bosque. Mientras Archivald seguía haciendo de las suyas y el nivel de la alerta de seguridad estaba en rijo, Y el jefe de seguridad del internado había asumido el control, en el caos que había causado Archivald, era la voz de la razón y de la experiencia. Lo primero que hizo fue ordenar cerrar la armería. De lo único de lo que estaba seguro era no querer hombres asustados con rifles de asalto por el internado. Luego se dio cuenta de que las alarmas y demás ocurrían al azar sin orden sin razón aparente.
El antiguo agente del Servicio Secreto, se forzó a estar clamado mientras evaluaba la situación. La única forma que podía pensar que ponía a las internas en riegos, era un ataque que empezara con un ataque cibernético, la respuesta era enviar patrullas de dos hombres a la propiedad, pero solo armados con radios. Para que sirvieran de vigilantes, ya que los vigilantes electrónicos estaban fallando. No era tan viejo como para pensar que los tiempos en que la vigilancia se hacía a pie eran mejores, solo que era lo único que podía hacer. Aun si con eso delataba la presencia del contingente de seguridad a las internas. Ya había empezado organizado las patrullas cuando poco a poco el caos electrónico empezó a disminuir desapareciendo en la nada justo como había aparecido en primer lugar. Nadie en el centro de control pensó que la jovencita rubia paseaba por uno de los senderos del bosque, levemente agitada, estuviera fuera de lo normal.
Pacífica había corrido por el bosque lo más rápido que había podido, con más cuidado de no torcerse un tobillo esta vez. Y así la escapaba a la zona libre de bloqueo, con la llamada a llamada a Grenda, duraron apenas 17 minutos, según el cronometro de su reloj, pero para ella era como un sorbo de agua en el desierto. Poder oír a su amiga y avisar en el valle que estaba bien. Y si también saber que él estaba bien aunque aun o sabía cómo tomar que no se hubiera dado cuenta que ya no estaba en el valle. Ahora paseaba de nuevo por el sendero comiendo, aparentemente distraída, el contenido de la cesta. Se sentó un rato en un mirador bajo un pino para acabar su vianda y siguió e camino que volvía a los jardines de la mansión.
Ella caminaba tranquila mientras Archivald más excitado de lo que se había imaginado, le contaba lo que había pasado en el edificio principal, todo siguiendo sus órdenes. Además de ir saboteando equipos y causando falsas alarmas había vigilado tanto como pudo a los encargados de seguridad, no sabía muy bien porque había sentido el miedo que tenían en el subterráneo y que eran muchos, que se habían organizado para salir, pero como ella le había indicado en ese momento había empezado a reparar lo que había saboteado, además de decirle la hora que había estado vigilando en los diversos relojes del edificio, que Pacifica se había cerciorado que estaban todos sincronizados.
Eso le dio los datos que no conocía esa mañana, los tiempos de reacción de los de seguridad, que tanto tiempo pasaba en caos a causa de los tucos de Archivald, cuanto tiempo tenía antes de que se organizaran, además se había cronometrado ella misma. Se había sorprendido al correr los más de 500 metros que separaban el sendero de su destino en menos de 5 minutos, y no en línea recta sino atravesando el bosque, y aunque había corrido dándolo todo, no se había sentido agotada. Eso la intrigo hasta que recordó su extraña simbiosis con Archivald, mientras este le decía que el miedo que había causado lo había puesto más fuerte y más alerta mientras duro el caos. Lo importante era que ya sabía cuando tiempo disponía para ir usar su teléfono y de ser posible llamar al valle antes que los agentes de seguridad salieran a hacer rondas, que era cuando podían descubrirla. Darse cuenta que podía tomar la energía de Archivald y poder correr más rápido y sin agitarse había sido algo inesperado, pero bienvenido.
Mas tarde y recordando la conversación que había oído hablo muy seriamente con Archivald, no le prohibió el asustar en el internado, pero sí que no podía asustar a las mas chicas, no quería que alguna se traumatizaran, pasar el verano en ese lugar ya era mucho castigo, o asustar a las que tenían cursos de verano, aun con esas condición entre el personal de la casa y el de seguridad el fantasma tenía más que suficientes personas a las que asustar. Aunque el pánico que había provocado entre los hombres de segundad había sido una agradable sorpresa, que había revitalizado a ambos, era imposible ara él dejar de asustar de una forma más 'personal'. De todas formas ese martes le dijo que volviera a sabotear un par de veces más los equipos de seguridad, en toda la mansión o en zonas. Pacifica esperaba que a los de seguridad les pareciera alguna falla en el equipo, al menos podría durar esa semana y aun esperaba que la amenaza del encubrimiento Noroeste fuera lo suficientemente pesado para sacarla de esa cárcel.
Durante el lunes se paseo por la mansión incluso sintiendo por primera vez lo que sabía que llamaban empatía incluso ayudo a algunas de las chicas en sus deberes de los curos de verano. La mayoría se extraño, pues Pacifica nunca había ayudado a nadie. Siendo parte del cuadro de honor del internado, incluso en los cursos opcionales que estaban varios niveles por encima de los cursos normales, su ayuda fue más que bienvenida. Un par de veces durante el día y otra más en la noche envió a archivar a sabotear los sistemas de seguridad para no atraer la más mínima sospecha hacia ella, además que le convenía, por decirle de alguna forma, que el fantasma tuviera sus baterías cargadas.
El día siguiente fue como el anterior desayuno poco y luego fue a pedir permiso para usar los senderos, para no repetir mucho su comportamiento decidió tomar el sendero 'Atardecer de Primavera,' esa vez Archivald iba a iniciar su sabotaje antes de que ella saliera de la mansión, ese sendero era el que estaba más cera de las puertas de la mansión, calculaba que, a bien paso sin parecer que se apurada, le llevaría 2 minutos en llegar al bosque. La zona libre de interferencias de señal se apartaba casi media milla del sendero, eran como 800 metros, estaba segura que no le llevaría más que 10 minutos la parte de ida y vuelta, recibiría sus mensajes de voz y de texto para luego leerlos, y podría hablar unos 20 minutos con Grenda.
El caos empezó casi a la misma hora del día anterior, pero como era ya la tercera vez no cundió el pánico, empezaron a revisar las alarmas y como las veces anteriores nada parecida ir mal, ya habían revisado los sensores y a regañadientes el jefe de seguridad le había pedido permiso a la directora permiso de tener en guaria a las patrullas, pero asustada por el qué dirán la directora aun dudaba de si permitir a los hombres de seguridad el paso por el intentado, supuestamente con solo personal femenino. Pacifica contaba con eso, y aunque el estrés no le daba energías a Archivald, aun estaba a tope por el miedo que había causado ayer y algunas apariciones entre el personal y las inquilinas la noche anterior.
Nueve minutos después de que Archivald empezara a causar el caos Pacifica ya estaba en la zona indicada y su celular logro captar señal. Raídamente la alarma y varios mensajes en la pantalla le indicaron que tenía varios mensajes de texto, entre los que solo reconoció el nombre de la señora Kristen los otros eran de números que no tenía en su agenta, incluso varios desde el mismo número, y un mensaje de voz de otro número desconocido. Entonces sin más llamo a Grenda.
-"Hola Grenda?"
-"Pacifica estaba esperando tu llamada. No sabía si me pedirás llamar hoy." Pacifica nodo el cambio en el tono y habitual humor de su amiga, tanto así que empezó a preocuparse.
-"Grenda que paso se te escucha extraña."
-"Pacifica Marius me llamo más temprano…" Eso lo podía explicar era obvio que el padre de Grenda había permitido a Marius hablar con su amiga, de ahí su extraño humor."
-"Ya veo espero que este bien y parece que estas feliz por oírlo. Te dijo algo especial?" Dijo la rubia pensando en sus amigos que además de la distancia no habían podido hablar durante días. Sabiendo lo que era estar separada de esa persona especial.
-"Si gracias el está bien, pero Pacifica… Marius se entero de algo que te incluye… más bien los incluye a ambos. Por favor déjame contarte que no se si pueda hacerlo si me interrumpes." Eso empezó a preocuparla de nuevo y más que ates la voz de su amiga y su forma de hablarle casi le daban miedo.
-"Te escucho Grenda." Y la escucho… Supo que no era mentira por la seriedad de Grenda, pero deseo no creerle. Luego de unos instantes no supo más de sí. De repente estaba en su habitación, sollozando en su cama, con solo recuerdos fragmentados de cómo había salido del bosque, y mantenido la calma hasta estar segura y encerrada. No recordaba si le había dicho algo a Grenda, no recordaba siquiera donde estaba su teléfono, había preparado todo par a obligar a sus padres a darle libertad, pero las palabras de Grenda se repetían una y otra vez en su cabeza, como la sentencia que sentía que eran.
-"La familia de Marius y tus padres arreglaron que te vayas a Austria desde el intentado, quieren hacer que estudies allá… hasta que tengas la edad para casarte con Marius. Parece que no quieren que vuelvas nunca al valle amiga."
Continuara
