Para algunos el verano no es la época para disfrutar, pero para otras personas esos meses significan mucho más. Un punto en la vida donde se marca un hasta aquí, y sabes que ya la vida no será igual, que nada será igual. Mas en ese aparentemente aburrido y normal pueblo de Oregón llamado Gravity Falls.
—Perdón—
Para probar nuevas e interesantes formas de empezar el año, me enferme el 1 de enero, según yo una gripe, según los médicos de urgencias una bronquitis viral. Dicho esto espero me disculpes por no actualizar cuando prometí, era difícil escribir, por no decir usar la PC o tablet con acceso a internet. Dicho esto espero que tuvieran unas felices fiestas, y mejor principio de año.
— Perdón —
Una nueva entrega. El plan para alejar a Pacifica definitivamente del valle se ha descubierto al fin, ahora se sabe que están involucradas dos de las familias más poderosas del planeta. Los Noroeste, de América, y los Hohehauser, de Europa. Dos fuerzas empiezan a moverse para defenderla, a ambos lados del atlántico, los tambores de guerra tocan al son de la felicidad de nuestra querida rubia. Espero te guste este capítulo, y el próximo miércoles (17 de Enero de 2018), si todo sale bien, publicare el siguiente capítulo. De nuevo esta historia, aunque sea por capítulos, puede leerse en forma independiente. Aunque forma parte de la misma línea narrativa o universo ficticio, así que me gustaría que ojearan el resto de mis historias.
Este es mi quinto Fic., gracias a todos los que me han leído y sus críticas, espero estar a la altura con esta nueva entrega.
Espero disfrutes tanto al leerlo como yo al escribirlo. Gracias!
Para Josep: Gracias espero que pasaras buenas fiestas tu también, es bueno tenerte por aquí, eres el mismo Joseph, con h, de antes?
He dejado uno pocos huevos de pascua, como siempre. Espero que les guste buscarlos.
Gravity Falls Final del Verano: Un Misterio mal Guardado.
25. Esperanzas.
Marius pasó muy mala noche, calculaba que en total había dormido solo un par de horas, por más que el día anterior había sido extenuante. Desde la mañana cuando tuvo la apresurada audiencia con su abuela y su tío. Cuando se entero de el alcance, y pensó en las repercusiones, de ese nefasto arreglo matrimonial, pasando por toda una tarde de angustia dándole tiempo al mundo de girar, hasta que fue de la mañana en Oregón y poder hablar con sus amigos y con Grenda. Esas fatídicas llamadas de teléfono.
Le había contado a Grenda y a Dipper los planes que tenía su tío para él y Pacifica. Hablar con Grenda fue un desahogo y un consuelo, era algo que no le debía sorprender de una chica que había llegado a considerar especial. El problema había sido Dipper… El americano no se había enojado o desesperado, tampoco había gritado como pensó que cualquier otro lo haría, lo que hizo fue peor. Le respondió con calma, un tono de voz calmado y frio. Tan cortante como el hielo que sintió que le llenaba las venas, mientras su amigo le daba las gracias. Sabía que Dipper iba a hacer algo, era una de las razones por las que había pasado intranquilo.
Antes de cenar volvió a llamar a Grenda… quería preguntarle cómo había tomado la noticia Pacifica. En vez de eso la chica casi no dijo nada, solo sollozo al teléfono mientras decía palabas inconexas, ese llanto lo había hecho enfadar más de lo que había imaginado. Por un momento supo como se había sentido Dipper, habían hecho llorar a su persona especial. Mientras su único pensamiento era de querer estar ahí para confortar a la chica americana. Muy dentro de su corazón deseaba hacer pagar al causante de sus lagrimas, un precio my alto por cada gota de sufrimiento que había enturbiado sus ojos… justo lo que Dipper habría pensado en su lugar. Pero en el caso de Dipper, sabía que Pacifica habría llorado aun mas y Dipper no tenía el consuelo de poder hablar con ella. Y todo eso le quito el apetito, prefirió no cenar y era la causa principal que hubiera pasado la noche en vela pensando.
Conocía poco a Dipper Pines, pero no era difícil llegar a conocerlo, había sido el tema de conversación durante esa extraña velada el viernes pasado. Sabía que la definición de lealtad del americano se perdía en el horizonte, que tenía una capacidad incomparable y el valor de hacer lo que consideraba correcto… hasta sus últimas consecuencias. Podía no ser este mes o este año o, incluso, esa década, pero si lastimaban a alguien que él quería, lo lamentarían tarde o temprano. Desafortunadamente no había forma que nadie tomara en cuenta su opinión respecto a su amigo americano. Nadie pensaría que una gran noble y rica familia austriaca debiera cuidarse de un chico americano de clase media y de solo 12 años. Incluso Marius no lograba entender muy bien porqué… respetaba tanto al americano. Lo respetaba por ser su amigo, pero solo pensar de tenerlo como enemigo le erizaba el cuello. Aunque su familia era culpable, aunque fuera solo en pare, del sufrimiento de Pacífica. Confiaba que su amigo se diera cuenta que había sido solo su tío y no él, su abuela o alguien más de la familia quien había tomado como mercancía de trueque a su… amiga.
Pero eso no era todo, Marius había descubierto los planes de su tío, podía ser que dejar que llegara tan lejos fuera otra de las pruebas que solía hacerle su abuela, pero no podía cerrar los ojos, los beneficios económicos de una unión con los Noroeste eran incalculables. Por eso tampoco podía simplemente desechar que su abuela diera el visto bueno. Por si fuera poco no había hecho nada más, desperdiciando todo el día preocupándose por lo que pensaría Grenda, sin pensar en una solución. Eso era lo que noto en Dipper, se dio cuenta de la razón de ese tono frio. En el mismo instante en que el americano descubrió el problema, había empezado a buscar una solución. Esa mente que había descubierto que debían respetar, o incluso a temer, había empezado a funcionar. Que saldría de eso… malas noticias, posiblemente para los Noroeste, pero su familia no estaba exenta de riesgo. Para Marius era claro como el agua que Dipper iba a hacer volver a Pacifica, costara lo que costara.
Y él había pasado todo el día solo angustiado. El germano se dio cuenta que aun no era tarde, al menos no demasiado, si se tenían los contactos. Fue al despacho de su padre, y llamo al Mayordomo del castillo. Venia pensando que acción tomar desde que, en esa misma habitación, Dipper mismo le había aconsejado que debía de hacer, sin decirle que hacer. Pero primero debía de cumplir como caballero, indirectamente había causado dolor a una mujer, mas aun a una amiga. Una sensación de pesadez, que identifico como cobardía, le indicaba que su honor como barón, como austriaco, como amigo y como hombre estaba manchado. Escondiéndose, mientras dejaba que Grenda llevarse el peso de darle las malas noticias a Pacifica. Gracias al consejo de Dipper tenía claro que lo que debía hacer, pero primero debía disculparse y tratar de consolar a su amiga, además de debérselo a Pacifica sentía que también se lo debía a Dipper.
Una cosa interesante de la aristocracia europea, al menos las familias antiguas sin tomar a esos nuevos lores y sires que habían aparecido en el siglo XX y lo que iba del XXI, era que todos de alguna forma eran una sola familia, incluso muchos habían mencionado que todas las guerras en Europa, antes de la segunda guerra mundial, eran pleitos de familia llevados hasta el límite. Un poco exagerado ir tanto así, pero lo cierto era que la familia de Marcus era numerosa y gracias a unas cuantas llamadas telefónicas y algunos parientes o empleados molestos por lo temprano del día Marius localizo un nombre y un número. Sin pensarlo mucho hizo una llamada.
Era casi la hora del toque de queda en la Escuela e Internado de Damas Jóvenes de Maine, y Pacifica no había comido nada en ese día. Ni sentía ganas de hacerlo, Stephanie, la mucama que había conocido el día anterior, de alguna forma se había enterado y le había ido a dejar una cesta de frutas, granola y refresco, parecida a su cena del lunes. Aunque Pacifica había agradecido el gesto, no había ni vuelto a mirar la cesta. Si alguna vez había tenido un mal día había sido ese, Luego de la noticia que le había dado su única amiga. Al oírlo se sintió entrado como en una bruma, no como de sueño sino en una pesadilla. Había pasado casi todo el día y poco a poco se estaba recuperado del golpe.
Los planes que sus padres habían hecho, salían tanto de sus expectativas, que volver al valle ahora le parecía imposible. Incluso el plan de amenazar a sus padres estaba arruinado, a los Fundshauser no les importaría la historia familiar, era un arreglo donde solo importaba la fortuna del clan Noroeste. Conocía lo suficiente del mundo para saber de la condesa von Hohehauser, la dama de hierro original, según creía la bisabuela de Marius o algo así, parecía pensar que la unión entre ambas fortunas seria provechosa y no le importaría el oscuro pasado de su clan. Lo que significaba que en menos de una semana dejaría el país para no volver, al menos no en los siguientes años. La noticia había sido tan fuerte que no la había querido aceptar, luego recordaba como Archivald la había obligado a volver al sendero casi arrastrando los pies, sin tener en cuenta nada, afortunadamente había apretado tanto su teléfono que al llegar a su habitación tenía un feo moretón en la mano, pero al menos no dejo el aparato en el bosque. Seria incomodo si alguien lo descubriera, pero eso ya no le importaba mucho.
Se había decidido a escapar, con Archivald de su lado, salir de los terrenos de la mansión era casi trivial. Luego volvió un poco más en sí y la razón se impuso a la fantasía, podía escapar pero que haría una niña de 12 años sola en Maine, a miles de kilómetros de sus amigos y con su familia revolcando tierra y mar para encontrarla. Con la ayuda del fantasma podía vivir algún tiempo del bosque y ocultarse, pero en que se diferenciaba eso de que la enviaran a Europa? Además solo serviría para darles el gusto a sus padres de saber cuánto daño le habían hecho. Desesperada se dio cuenta que ya no tenía más que hacer, que su vida ya no le pertenecía, que sería robada de nuevo, luego de solo un fin de semana de libertad.
Se repetía a si misma que no había podido volver a verlo y que no podría volverlo a ver nunca más. Recordó la sonrisa de Grenda cuando le saco la promesa de declarársele, con la falda que le había empezado a hacer. Luego pensó que le haría llegar una carta donde le diría que sentía, pero que ganaría con eso, que en el peor de los casos él se enfrentaría no solo a su clan sino a la familia Hohehauser. En el mejor de los casos sentiría mal por ella pero como amiga, de todas formas que podía sentir él al recibir esa carta, mientras ella se iba a Europa por años.
-"Dipper te importa si te quiero?" le preguntón a la pared, aun sin decidirse a escribirle la carta al nerd que la había robado el corazón. Y como si lo hubiera invocado tocaron a su puerta.
-"Noroeste?" La llamo una de las inquilinas, un poco mayor que ella. "Sé que estas ahí, todas lo sabemos. Que paso te asustaste en el bosque?" Reconoció la voz, era Amara una de las chicas mayores que pasaban las vacaciones en el internado. Su madre viuda prefería pasar el verano en el mediterráneo que el preocuparse por su hija. Su padre, según había oído, fue un noble. "Mira no he venido a burlarme, por más que lo desee. En verdad tengo algo serio que decirte." Pacifica no respondió, sus relaciones con la chica nunca habían sido cordiales y ahora era el peor momento para verla. "Mira sé que no somos amigas, pero podrías ser mi boleto fuera de aquí, te llaman por teléfono." Luego de no prestarle atención la chica pareció rendirse, unos instantes después volvió a tocar la puerta. "Dice el primo Marius que te diga que es departe de él." Pacifica se extraño pero se levanto de la cama y abrió la puerta.
-"Marius?"
-"Si, su Señoría desea hablar contigo… Este… Eso quiere decir que son ciertos los rumores?" Pregunto usando un tono que, en su estado, Pacifica no supo identificar.
-"Que rumores?"
-"Eres así de lenta o te haces Noroeste? Bien no importa, ya casi van a apagar las luces y no quiero ganarme otra amonestación de los carceleros." Dijo con voz cansina la adolescente. "Vas a hablar con el primo Marius o no?" Pacifica no dijo nada y la otra chica tampoco esperaba que lo dijera, solo dejo la puerta de la habitación y camino hacia la suya, con pacifica ligueramente atrás, aun intrigada por saber que tenía que ver Amara en todo ese asunto. Entraron en la habitación y la chica tomo el auricular descolgado.
-"Si aquí esta pero es un trato le dirás tu abuelita que me saque de aquí?... Si como sea a la gran Grafin Mechthild von Hohehauser, podría gustarle un poco de compañía por unos meses…" Dijo el titulo con un poco de burla, la chica parecía que era parte de la nobleza como Marius, pero no que fuera Noble como él. "Si solo habla con ella… se que eres de los que cumplen su palabra… de nada si saldré, ya te la paso." Dijo mientras le ofrecía el teléfono a Pacifica.
-"Pacifica…?"
-"Marius?"
-"Te debo una buena explicación y una conversación, pero primero me podrías decir si la prima Amara salió de la habitación?" Dijo Marcus en su pausado tono normal de voz.
-"No aun está en la habitación, por q…"
-"Dile que el trato es que salga o no le diré nada a mi abuela…"
-"Dice Marius que el trato no era así." La rubia se volvió, aun ligeramente confundida, había estado demasiado tensa todo el día para captar algunas cosas. La chica que simulaba leer una revista. Simplemente se levanto y salió de la habitación.
-"Apúrate a hablar con tu novio, que no quiero que me castiguen por su culpa tortolitos." Dijo en voz alta antes de cerrar la puerta, de manera que Marius pudiese oírla tanto como Pacifica.
La alusión al arreglo hizo que el peso del día volviera la chica.
-"Es mejor hablar esto a solas, no deseo echarle más leña a los rumores pero es preferible, ya debe parecer un incendio forestal."
-"Marius… Grenda me conto…" Dijo esforzándose para no llorar de nuevo.
-"Se lo que te conto Pacifica, sobre los planes de mi tío." Dijo ahora fingiendo tranquilidad, tratando de tranquilizarla, había oído como se le quebraba la voz a su amiga. ¨Perdona mi cobardía en no hablarte antes, debo aceptar que me engañe pensando que lo tomarías mejor si te lo decía Grenda. Discúlpame."
-"No hay nada que disculpar, mejor saberlo de una vez y creo que fue mejor oírlo de Grenda." No menciono que si él le hubiera dicho no le hubiera creído.
-"De todas formas es en parte mi culpa, debí hablarte antes justo como hable con Dipper." Dijo causando que la americana sintiera un bloque de hielo deslizarse por su espalda.
-"Dipper lo sabe…" Dijo Pacifica en una mezcla de miedo y alivio.
-"Es mi amigo debía de ser yo quien le dijera. Al menos lo tomo… tranquilo." Dijo sin poder ocultar esa ligerísima pausa. Que pacifica capto.
-"Que te dijo. Le deje dicho a Grenda que le dijera que no hiciera nada… Que me iba por mi propia decisión..." Dijo la rubia temiendo por el chico Pines. Aunque el solo la tomara como amiga, sabía que no le gustaría nada la forma en que la trataban sus padres. Y lo que intentara hacer para 'convencer' a sus padres, seguro le ganaría la enemistad del clan Noroeste, ahora también la de la familia Hohehauser, esa situación la hizo preocuparse más por él, que por os planes de enviarla a Europa. "Tú no sabes cómo es… Temo que haga algo imprudente."
-"No te mentiré, cuando se lo dije lo tomo con calma, pero una calma muy perturbadora." Debía ser sincero.
-"Marius te lo ruego convéncelo que no haga nada, si enfada a mis padres o a tu abuela…"
-"Pacifica…" Dijo el germano un poco más animado, parecía que sus dos amigos sentían algo más que amistad entre ellos. "En serio crees es que alguien podría convencer a Dipper Pines de no hacer lo que crea correcto? Crees que lo juzgue mal?"
-"… Tienes razón." Dijo suspirando, esa fuerza de carácter del chico californiano era una de las razones por las cuales lo había empezado notar. "Pero entonces ayúdalo y protégelo al menos de tu familia, no se que podría intentar, conociéndolo podría hacer alguna locura. Si es por mi diles a todos… que cumpliré el acuerdo matrimonial… pero que no le hagan nada."
-"Tienes mi palabra, nunca dejaría a un amigo en peligro, aunque dudo que Dipper haga algo sin pensar y menos que ocupe mi protección o mi ayuda." Luego ya más animado agrego. "Pero no ocupas prometer nada sobre ese absurdo acuerdo, puedes olvidarte de todo eso confía en mí."
-"Pero Marius... tu familia."
-"Yo sé qué hacer con mi familia, por eso te llamaba. Debía pedirte perdón y decirte que no debes preocuparte por ese convenio, entiendo que no confíes mucho en mi, e puedo asegurar que ese arreglo va a desaparecer no importa lo que pase." Pacifica había oído como Dipper intercedía con el padre de Grenda a favor de Marius, el castaño confiaba tanto en ese chico europeo como para hablar bien de él, y para rematar con el padre de una de las amigas de su hermana, para ella eso era más que suficiente.
-"Marius, si Dipper confía en ti, lo mismo yo."
-"Pacifica la razón de lo que te digo es…" Debía ser sincero y decir todo lo que había planeado. Y le conto lo que iba a hacer esa mañana. "Claro primero hare que mi abuela invite a la prima Amana a acompañarla unos días… tampoco debo ser injusto con ella. Aunque si cree que en ese internado son estrictos, se nota que no conoce a oma Mechthild."
-"Pero Marius..." Dijo Pacifica algo impactada aun.
-"No solo lo hago por ti, sino por mí. Ya lo había pensado hacer, incluso antes de saber que tú eras la otra damnificada, además no podía dejar que siguieras angustiada."
-"De todas formas te lo agradezco Marius." Algo en la voz del austriaco le hizo saber que no podría decir nada que le hiciera cambiar de opinión.
-"No deberías." Dijo el austriaco con una sonrisa. "Si no fuera porque le pedí ayuda y consejo a alguien, lo más seguro es que no me atrevería a hacerlo." Marius escucho como pacifica suspiraba al otro lado del mundo. "Si precisamente, como te dije incluso antes de saber que el arreglo matrimonial seria contigo, le pedí consejo a él." El corazón de Pacifica empezó a latir desbocadamente, sentía el hormigueo en el rostro que indicaban que estaba enrojeciendo, se sentía orgullosa, alguien como Marius lo tenía en tan gran estima.
-"No me extraña…" la llamada se corto antes de poder terminar la oración. Justo en el momento en que Amana entraba a la habitación. Mientras Pacifica sostenía el auricular, se había silenciado totalmente, no daba ni siquiera el tono intermitente de una llamada cortada.
-"Ya debes irte ya apagaron las luces de los pasillos, Dijo la chica. "Pronto irán a revisar las habitaciones donde no haya nadie o en las que haya más de una chica. No quiero meterme en problemas por tu culpa Noroeste." Dijo mientras pacifica seguía con la sonrojada, había estado a punto de usar a Marius, para confesarse con Dipper. "Mañana podrás hablar de nuevo con tu novio Noroeste, parece que no sabías que ellos siempre cortan los teléfonos al mismo tiempo que las luces de los pasillos. Por más que me encantaría ver que te regañan por no estar en tu habitación, eres tan sosa y buena niña que dirás que estabas en la mía. Así que ve saliendo y si te preocupa Marius desde un principio sabia que estaban por cortar el teléfono." Casi empujada Pacifica se vio en el pasillo oscuro.
-"Archivald?"
-"Tu compostura ya has recuperado mi niña." Dijo el fantasma preocupado.
-"Me siento mejor, gracias. Me podrías ayudar a ir a mi habitación, debo apurarme." Lo primero que hizo Pacifica al entrar en su habitación fue dar cuenta de la cena que le habían dejado. Hablar con Marius le había devuelto el apetito.
Marius no hizo más que colgar la línea, luego podría hablar con Pacifica tanto como quisiera. Un par de autos se detuvieron en la entrada del castillo y de adentro salieron unos caballeros que parecía que habían sido interrumpidos durante el desayuno. Aun así ambos impecablemente vestido con sendos ternos oscuros y maletines. El Mayordomo fungiendo de secretario les hizo pasar hasta el recibidor de Marius, el mismo joven barón les abrió la puerta el mismo dejando fuera al Mayordomo, que no pudo seguir las ordenes de herr Bauman de estar al tanto de todo o que hiciera Marius. Luego de las gentilezas de costumbre y pedir perdón por la hora a ambos hombres, Marius explico lo que deseaba que hicieran. Ambos quedaron sorprendidos. Debían apresurarse pues Marius debía hacer un par de llamadas más a América, esta vez más alegre.
Horas antes, como Marius supuso noticia había afectado a mucho a Dipper, sin embargo la forma que había pasado el día distaba mucho de cómo lo había hecho Marius, Dipper no era de los que se quedaban desperdiciando el tiempo. Se había enojado, en eso tenía razón su hermana, no se había enojado tanto desde que vio a Gedeón secuestrarla. Para él era indígnate que una amiga, después de sufrir todo lo que había sufrido Pacifica, ahora le obligaran a alejarse del valle, pensó que si no hacía nada nunca la volvería a ver… que nadie ni Grenda la volvería a ver. Se levanto al terminar el desayuno y decidió indagar un poco más.
-"Hola, casa de la Familia Faurolo?"
-"Buenos días señor Faurolo, soy yo Dipper. Disculpe la llamada tan temprano se encuentra Grenda?"
-"Dipper? ...Como estás muchacho?" Dijo el hombre animadamente. "No hay nada que disculpar, tenias razón recién hable con ese chico Marius, no parece mala persona, muy formal y todo un caballero. Pocos chicos son como ustedes. Además mi princesa se puso feliz cuando le dije que tenían permiso de hablar."
-"Sabia que todo se iba a solucionar, si incluso Marius me llamo hace poco, luego de hablar con Grenda."
-"Si cuando la llamo estaba muy animada. Aunque no sé por qué luego de hablar con él, Grenda parece estar intranquila. Crees que fue por algo que le dijo?" El chico noto un leve deje de padre sobre protector en el señor Faurolo.
-"Lo más seguro es que si, pero no es nada que deba preocuparlo. Creo saber que le dijo, es un problema que de Marius y varios de sus amigos aquí en el valle estamos preocupados. Por eso quería hablar con ella, si no es molestia."
-"Para Dipper Pines mi casa siempre está abierta, por temprano o tarde que sea, pero déjame ver si ella quiere hablar contigo... Seguro que no fue cosa de Marius?"
-"Se lo aseguro, tiene más que ver con problemas de su familia que con él, pero no es nada que involucre a Grenda." Dipper había fingido que no pasaba nada, no le gustaba engañar así al padre de Grenda, pero era mejor que no supiera de los planes matrimoniales que le estaban imponiendo a Marius.
-"Bien iré a ver a mi princesa, no cuelgues."
-"Estaré esperando señor…"
-"…Dipper?"
-"Buenos días Grenda, supongo que sabrás porque te llamo?" Sabía que Pacifica había congeniado con ella, incluso al punto de hacerse amigas. Conociendo a la castaña ella estaría sufriendo por el destino, que parecía haberse ensañado con su amiga. La voz de Dipper proyectaba todo lo que estaba sintiendo en ese momento. Grenda ya se haba desahogado con Marius así que al oír al chico californiano se sorprendió, su forma de hablar le dejaban ver una luz al final del túnel donde habían metido a su amiga.
-"Si al principio pensamos que la iban a enviar a un internado en Maine, como castigo por lo de abrir las puertas el viernes. Salió del valle el lunes, hable con ella ayer por la mañana, ninguna tenía idea de lo que planeaban hacer con ellos. Más temprano Marius me dio la noticia de lo del trato ente su familias, él dijo que te diría a ti y yo le dije a ella…" La línea quedo muda un momento. "…Dipper?"
-"Perdona Grenda, solo pensaba que Pacifica no es de las que se dejarían, al menos ya no. Incluso que la obliguen a ir a Maine, mucho menos ese arreglo con la familia de Marius… Y como pude no darme cuenta que ella no estaba en el valle hasta ahora." Ese fue el único cambio en la voz del chico que logro captar, la última frase había sido pura tristeza y auto recriminación.
-"Ella quería mantener su castigo en secreto." Dijo tratando de confortar al chico. "Además luego de todo lo que paso este fin de semana, lo de los agentes del gobierno y como quedo la Cabaña luego del sábado. Nadie te culparía, tenias mucho que hacer. También ella quería… que no te involucraras, no pienses mal de ella solo pensaba en tu propio bien." Tomando un leve respiro decidió decirle todo lo que sabía, sin menciónale la carta que Pacifica le había dado el día que habían salido a comer pastel, no sabía qué hacer con ese sobre, pues las coas habían empeorado mucho. Tal vez demasiado para entregárselo a su amigo. "No sé que hizo, pero dijo que tenía lista una forma de obligar a sus padres a ser mas humanos."
-"Ya veo, eso siempre me gusto de ella, sabía que no se iría sin pelear." Por el tono en que lo dijo, Grenda se imagino que ahora estaría sonriendo. "Bien gracias Grenda y no te preocupes por Pacifica." Esa última frase encendió las alarmas de la chica, conociendo a Dipper empezaría a moverse para librar a su amiga y posiblemente a Marius de esa condena nupcial. Como todos los que en verdad conocían al chico Pines, no podía ni adivinar qué haría si en verdad se ponía serio.
-"Dipper no sería buena amiga si no te dijera esto. Pacifica se preocupaba menos por su castigo que de lo que puedan hacer sus padres si te entrometes demasiado." Dijo de repente seria, ya tenía a una amiga sufriendo por el destino, no quería que otra sufriera por su hermano, además no quería ni pensar en decirle a Pacifica que algo le había ocurrido a Dipper.
-"No te preocupes que podría hacer yo para enojar a los Noroeste? Además que gusto habría en traer de vuelta a Pacifica si no podemos estar todos juntos?" Grenda pensó que Gedeón habría pensado que podría hacer Dipper, mientras se sentía a salvo en la cabina de su robot, justo antes de que el chico de la gorra saltara dentro. También se dio cuenta de que Dipper ya había pensado algo, que solo le decía eso para que no se preocupara. Y que obviamente nada de lo que ella dijera podría hacerlo cambiar de opinión.
-"Lo que tu digas… Pero Dipper prometerme que tendrás cuidado, no me gustaría darle más malas noticias a Pacifica."
-"Grenda me conoces cuando no he tenido cuidado?" 'Cuando saltaste a la cabina del robot mientras estaba en el puente del ferrocarril, cuando enfrentaste al fantasma sin nada más que un espejo, cuando lograste que los fantasmas de la tienda quedaran tranquilos y salvaste a Wendy y sus amigos, cuando dejaste que ese tipo que había salido de un juego te golpeara casi a matarte, solo para que desapareciera del mundo real sin matar al raro ese de Robbie…' pero prefirió hacerse la tonta. "Bien cumplí con pedírtelo, pero Dipper hagas lo que hagas primero piensa en Pacifica."
-"Créeme siempre pienso en ella… Digo primero en ese caso… O sea en esto, no es que piense mucho en Pacifica… es que no quiero que las cosas se pongan peor para ella, por eso pienso en ella primero..." Grenda sonrió ante la confusión del chico. Era definitivo que tarde o temprano debía de darle malas noticas a Candy.
-"Bien entones si sé algo más de ella o de Marius te hablo, y no hagas nada demasiado extremo."
-"Adiós Grenda, igual si averiguo algo te digo, y sabes que no hare nada extremo como dices tú." Dijo riendo, mientras colgaba el teléfono, sin querer notar que cualquiera que lo conociera sabría que mentía. Grenda se quedo muy tranquila sabia que pronto su amiga volvería, ya fuera por la ayuda de Marius que se lo había prometido o de Dipper que no sabía mentir.
Como de hecho le había mentido. Incluso mientras hablaba con la castaña, una parte de su mente empezó a trabajar, Pacifica había planeado 'una forma de obligar a sus padres a ser mas humanos.' El viernes cuando hablo con Pacifica, ella desconocía los negocios de los noroeste. Y era difícil que en solo unos días, al menos hasta el lunes que se había ido del valle, hubiera descubierto alguno de esos negocios sucios. Que mas podía hacer que esos ricachones pedantes cambiaran de opinión? Solo el prestigio, el mismo le había dado los documentos que volvían en nada el apellido noroeste, también estaba ese cuarto secreto en la mansión. Pacifica no era tonta sabría que entre ambas cosas podía amenazar a sus padres, si les hacía saber que sabía todo ese oscuro pasado familiar, tenía las pruebas y que también cómo y a quien decirlas. Seguro habría preparado todo para que fuera como una avalancha, que solo ella pudiera detener. Pero igual de sorpresiva había sido la participación de los Fundshauser, seguramente de la bisabuela de Marius la condesa Hohehauser.
De los austriacos no sabía nada, él había investigado a los Noroeste cuando Pacifica había empezado su rivalidad con Mabel y había descubierto mucho trapo sucio, y mucho más si sabias donde buscar, pero eran solo rumores y no era un experto como para poder romper la seguridad de los lugares donde, estaba seguro, podrían encontrar pruebas de esos rumores o quien sabia que mas. De la Familia de Marius casi no sabía nada, por eso esa misma mañana iría a rentar tiempo de computadora por unos dólares. Debía conocer a su enemigo bien, antes de saber donde atacarlo. Pero estaba más tenso de lo que había supuesto, afortunadamente entre sus labores del día aun faltaba ayudar a ejercitarse al tío Stan. Esas vacaciones había descubierto que unos cuantos rounds de box y lucha eran inmejorables para bajar el estrés.
Se sorprendió mucho cuando entro al claro y en vez de solo Stan encontró ahí a ambos gemelos, discutiendo como casi siempre, lo malo era que discutían a quien 'ayudaría a ejercitarse' ese día. Tío Ford se quejaba de que, desde que había vuelto a la tierra, no se acostumbraba al poco ejercicio. Antes que saliera de su asombro su tío Ford lanzo una pieza de metal al aire.
-"Sello." dijo Stan.
-"Placa." acoto Ford.
-"Espera cerebrito déjame ver esa 'moneda.'"
-"Perdona Stan, tienes razón no tengo monedas de la tierra, ese es un…"
-"No importa que sea como puedo decir cara o sello, ese pedazo de metal no tiene ni lo uno ni lo otro."
-"Este lado se le llama placa y a este denominador."
-"Claro, supongo que con esa forma el resultado será igual que con una redonda."
-"La forma no tiene nada que ver." Respondió el tío, Ford acariciándose el puente de la nariz abajo de sus anteojos. "En verdad tiene la misma probabilidad de salir lo uno que u otro más aun porque esta moneda esta balanceada."
-"No trates de engañar a un estafador." Respondió tío Stan, sacando una moneda de su bolsillo. "Sello." Dijo tirando la moneda al aire. Pero rápidamente tío Ford la tomo en el aire revisándola.
-"Stanley…"
-"A esa es la moneda de broma que tienes dos sellos?" La cara de su hermano indicaba que prefería no tocar el tema. "Mi error siempre es buena para hacer bromas a los chicos, aquí tengo otra." Dijo sacando otra más, pero ante la mirada atenta de Ford, era una moneda normal de 25 centavos con el perfil de Washington en un lado y el sello dl águila en la otra. Tío Stan la lanzo al aire. Pero mientras bajaba la mano de tío Ford se adelanto atrapándola antes que terminara su vuelo.
-"Tú mismo lo dijiste no hay que dejar que los estafadores estafen." Decía mientras prensaba la moneda entre su mano y su puño."Ahora dime Stanley, la dejo así o la vuelvo."
-"Como desees cerebrito." Dijo Stan sin el más mínimo humor."
-"Dilo esto tiene que ser justo." Acoto su hermano con una sonrisa de oreja a oreja.
-"Como sea déjala así y pido sello." Dipper pasó los siguientes 45 minutos o así lamentando la decisión de su tío Stan. Al menos la parte de su mente que estaba ahí enfrentándose a su tío Ford, una buena parte de su intelecto estaba revisando las formas de conseguir información de los Fundshauser y los Hohehauser. Mientras el resto de su intelecto se fijaba mucho al igual que el resto de su cuerpo de las extrañas posturas y dolorosos movimientos del tío Ford, supo que ese no era un estilo de pelea como el de tío Stan. No boxeaba o luchaba como deporte, el había aprendido a luchar en ese raro viaje de 30 años entre dimensiones, donde no había peleado por deporte sino por su vida.
Entre caída y caída se dio cuenta que con la familia de Marius sería como con los Noroeste, se encontraría con un muro que no sabría romper al menos no a tiempo para ayudar a Pacifica, en el peor caso ella dejaría el país esa semana. Debía apresurare en saber todo lo posible sobre los austriacos, con los Noroeste había sido más tranquilo había podido seguir los rumores hasta los muros contra intrusos informáticos de varias compañías, bufetes de abogados, oficinas de prensa, oficinas gubernamentales y computadoras personales. Pero siempre protegidas, tanto por contraseñas como por otros medios no tan simples. Pero el principal problema eran las contraseñas. Cosas como engañar a una computadora con una dirección geográfica falsa o usar una computadora por control remoto no eran tan difíciles como romper la seguridad de esos muros.
Después de perder el aire por una caída mientras su cuerpo se recuperaba, tratando de no dejar salir el desayuno, pensó en lo que sabía de la seguridad en internet. Como si viera el artículo donde lo había leído recordó los puntos clave de la seguridad en internet. La criptografía, esa útil ciencia que llevaba siglos conservando secretos, originalmente usada por gobiernos desde los antiguos griegos y romanos, no en balde uno de los sistemas criptográficos más antiguos era llamado Cifrado Cesar, pero había evolucionado mucho y con las computadoras personales cualquier persona podía tener asegurada su información a un nivel gubernamental, por sistemas que llevarían miles de años en desencriptar o descifrar.
Y en que se basaba la criptografía en internet, pensó mientras se ponía en guardia frente a su tío Ford, mientras tío Stan los animaba y los bromeaba por igual a ambos, seguro que, por el momento, su desayuno seguiría en su estomago. Toda la seguridad en internet dependía de unos números especiales muy grandes y algunas operaciones simples entre esos números grandes y los datos a proteger. Por lo que después de realizar esas operaciones si no se conocía el número grande original la información quedaba convertida en un galimatías imposible de entender. Más interesante de esos números grandes era que eran números primos, que no había ningún otro número que al dividirlo diera un numero sin fracciones, o semiprimos, que eran el resultado de multiplicar dos números primos.
Por que se basaba en eso la criptografía, pensó justo antes que tío Ford lo lanzara por quinta o sexta vez al piso. Mirando unos segundos al cielo, recuperando el aire y sintiendo como cada vez que respiraba un papel de lija pasaba por sus pulmones. Que no había forma rápida de descubrir si un número era primo, eso era la base de toda la seguridad. La única forma de estar seguros de que un numero era o no primo era empezar a dividirlo desde 2 hasta llegar a sí mismo, si encontraba un numero que al dividirlo no tuviera parte fraccionaria se descartaba como primo, pero si pensaba que cuando se hablaba de números primos grandes eran números con más de 100 dígitos. La mera tarea dejaba quemada a la más poderosa computadora que se conocía.
Y ahí en el piso del bosque con el sol calentándole agradablemente la cara, una suave briza secando su sudor y cada aspiración quemándole no tan agradablemente los pulmones recordó de algo. Su tío Ford tenía una maquina que, de alguna forma, calculaba números primos. Era como la llave maestra de internet con esa máquina no había muro que le cerrara el paso. Más animado, aun sintiendo que los bronquios le saldrían a pedacitos por la boca, supo que debía hacer que su tío le ayudara. Conocía, al menos en teoría, las técnicas básicas del hacker, pero de nada servía cuando se encontraba con una cerradura de encriptado.
-"Tío Ford." dijo mientras ponía los brazos en guardia. "Que te parece si hacemos esto un poco más entretenido que solo jugar a botar a Dipper?"
-"No sé qué pensaras pequeño sabelotodo pero a mí me parece muy entretenido ahora." Intervino tío Stan, sonriendo descaradamente.
-"Como más interesante sobrino?" Dijo tío Ford en su taimada forma de hablar, Dipper no había logrado ni que se agitara.
-"Tío Ford, llevas más de media hora tirándome de un lado al otro del claro, que tal si ponemos mas en juego que un par de huesos rotos?"
-"Algo mas en juego?... Esto no es un juego."
-"Esta proponiéndote apostar algo cerebrito, deja que el chico diga que pensó."
-"No estoy desacuerdo con las apuestas Stanley."
-"Bien por ti… gallina."
-"Que dijiste?"
-"Nada… cloc co co cloc." Dijo Stan la ultima parte en voz apenas audible.
-"Stanley no seas infantil." Dijo Ford alterado. "Piensa qué ejemplo le darás al chico?"
-"Piensa que ejemplo le das tu… clo co co cloc."
-"Stanley podrías comportarte." Dijo frotándose el puente de la nariz.
-"Solo escucha su idea, quien sabe puede que no sea tan aterradora… cloc cloooc"
-"Bien dime qué es eso de poner más interesante el asunto, sobrino?"
-"Tío Ford llevas más de media hora tirándome de aquí para allá, es algo aburrido no crees?" Y sin esperar que el anciano respondiera agrego. "Digamos 15 minutos, si en 15 minutos no puedo mandarte al suelo, prometo que no volveré a mencionar el portal ni nada de tu laboratorio o molestarte con el diario…"
-"Podría ser, pero que esperas a cambio?"
-"Que me debas un favor… no será nada del diario o de que me dejes entrar en tu laboratorio, más bien es algo del trabajo que hacías antes de lo del portal."
-"Dices que me lograras ganar una vez en 15 minutos, y si no ya no vas a meter la nariz en mis cosas y más aun con el portal?" Dijo el anciano consciente de que era más seguro para su sobrino el no meterse más en esos misterios. "De acuerdo."
-"Pero no olvides tu parte del trato."
-"Mientras no tenga que ver nada con el portal o sea peligroso, te ayudare en lo que sea, Dipper." Dijo adoptando una de sus posturas de lucha.
-"Entonces trato." Dijo Dipper levantado los puños en la postura clásica de Box. La única diferencia era que ahora tenía todo su intelecto en la pelea y revisaba los recuerdos de la última media hora de prácticas con su tío, buscando patrones, posturas y demás puntos flacos que volvían al más fuerte una presa, tal como tío Stan le había enseñado. Mientras tío Ford miraba al chico despreocupadamente, si quería más incentivos para la práctica estaba bien, Stanford conocía esos movimientos él también hacia mucho había practicado boxeo. Por eso pensó que estaba listo para cualquier cosa que un niño de 12 años pudiera hacer. Cinco minutos después la expresión del anciano había desaparecido, por segunda vez Dipper había, de alguna forma, escapado de entre sus manos y desaparecido de su línea de visión, por instinto, más que por otra cosa, imagino que estaría detrás de él e hizo una barrida a ciegas hacia atrás, que acabo con su contrincante en el suelo.
Parecía que el chico con que había empezado a practicar y el chico con quien practicaba ahora eran dos personas distintas, sus movimientos no tenían un patrón, nada que ver con los rígidos patrones del boxeo o la lucha. Ya no usaba una técnica, si no fuera por la edad del niño diría que estaba peleando por instinto. Porque de eso estaba seguro, para Dipper, hacía tiempo que eso ya no era una práctica. Parecía que el incentivo había valido la pena.
Dipper se levanto rápidamente, casi lo había pillado esta vez, pero el truco de ponérsele a su espalda ya no lo podría volver a usar, menos no con alguien como su tío Ford. El anciano se había recuperado de la impresión y volvía a ponerse en guardia con sus brazos en alto y bajando el cuerpo, lo que hacía que su gabardina tapara sus pies, imposibilitando a Dipper saber si iba a avanzar o a defender esta vez. Era un truco muy bueno sin aperturas y sin la menor indicación de su siguiente movimiento, el tío Ford podía usar su gabardina casi como un arma. 'Lo malo de las armas era que el contrincante también podía usarla, si lo dejan.' Pensó Dipper al recordar un truco, no exactamente limpio, que le había enseñado tío Stan.
Con su guardia alta avanzo hacia el tío Ford, haciendo un amague contra uno de sus muslos, el anciano movió el cuerpo rápidamente para atrás, bajando los brazos para atrapar la mano del chico, pero en verdad Dipper había usado su movimiento para impulsarse y saltar hacia él, con el puño cerrado directo a su cara. Por instinto Ford hizo la cabeza para atrás. Pero Dipper no tenía la intención de golpear a su tío. No quería hacerle daño, además sabía que no tenía ni el peso, ni la fuerza para que tal movimiento fuera efectivo. En vez de eso tomo una de las mangas de la gabardina y la bajo junto con la hombreara rápidamente a la espalda de su contrincante, mientras con el mismo impulso tomaba la otra y la bajaba de la misma forma, dejando a su tío con los brazos momentáneamente inmovilizados. Pero un momento era todo lo que ocupaba. Sin dar mucho tiempo le dio una patada en la parte trasera de la rodilla, mientras literalmente se columpiaba de la gabardina de su tío.
De repente Ford se encontró mirando al cielo. Lo primero de lo que se dio cuenta era de la risa de Stan, que se sostenía la barriga y terminaba también en el piso, mientras su sobrino estaba frente a él extendiendo la mano, en un gesto que supuso era para ayudarle a levantarse. Pero al estrechar la mano recordó que ahora le debía un favor.
Continuara.
