¡RECUERDEN!

A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*

Vi esta increíble película de Batman vs Las Tortugas Ninjas y me quede con ganas de más, ahora se que existe el comic y me iré a buscarlo para leer :´v.

¿Y eso cómo se relaciona con el fic?

En ninguna forma en particular, solo expreso mi opinión ante una buena historia y para que vayan a verla, ¡ESO SI ES OTRA ONDA!

Disfruten su lectura.

Recomendación musical: "Kaikai Kitan" By EVE.

Notas:

Presente

[Pasado]

"Pensamientos"

[Teléfono/Mensajes/Cartas]

Narrador extra

Los personajes son propiedad de DC Comics y sus correspondientes creadores

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Acto I – Parte I

Capítulo 2. Mi elección.

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El sonido de los golpes en la puerta avisó la llegada de inesperados invitados.

Con lentitud se levantó de su lugar en el sillón, procurando sostener en todo momento su estómago abultado, los últimos meses dificultaban su movilidad y no era mejor teniendo que encargarse de abrir para quienes sea que fueran los del otro lado.

Adoptando su mejor sonrisa, quito el pasador. Dos hombres desconocidos e impactados por su apariencia no era exactamente lo que imaginaba. Un vendedor de comida hubiera sido mejor.

—Buenos días. — Hablo el de cabello largo. — Buscamos a… — Mordió su labio, viendo a su propio acompañante, inseguro de continuar. El otro asintió afirmativamente. — Damian, ¿está en casa?

—Ehm… disculpe pero… ¿Ustedes quiénes son?

Era la peor situación en que podía encontrarse, embarazada, sola en casa y con dos sujetos que le doblaban en estatura. Buena idea dejar el celular conectado a la toma de corriente. Gritar ni siquiera era opción, antes morían los vecinos por sus propios problemas que ayudar a una pobre mujer cargando en su vientre un bebé.

Inseguro de responder, el otro hombre lo tomó por el hombro haciéndole retroceder tomando la palabra.

Ella trago saliva, no debía asustarse, de algún u otro modo, consiguió sobrevivir, dos hombres no son nada.

— Somos… familiares de Damian.

Eso ni siquiera contaba como una explicación. Bien podría dar la misma excusa, investigando la dirección de cualquier persona y decir, el bebé que cargo es su hijo.

El de mechón blanco bufó con exasperación.— Jason. — Se señaló a sí mismo. —Tim. — Señalo al de cabellos largos. —Él es nuestro hermano menor. ¿Podemos verlo?

Parecía más sincero y quizás preocupado. Insegura en su elección habló.

—No se encuentra en casa. — Una verdad a medias, era mejor a nada. — Y volverá tarde. Le diré que vinieron a verlo. — Cerrando lentamente la puerta, creyó que con eso había terminado, pero la mano del más alto, tensando sus músculos la detuvo, ocasionando que soltara un grito por la impresión. — ¿S-sí?

En ese preciso instante detestaba vivir en uno de los barrios más baratos de toda Gotham. Por el rabillo del ojo el brillo de una gota de sudor se deslizo hasta la barbilla, cayendo al suelo, salpicando imperceptiblemente. Los ojos del hombre, posados absolutamente sobre ella, moviéndose a los lados y de arriba hacia abajo, intentando distinguir lo que había dentro de la casa desde la puerta entre abierta.

Suspiró, cerrando los ojos y alejándose, soltando finalmente la puerta, guardando las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.

—Felicidades por el bebé. — Se fue por el pasillo hasta las escaleras, olvidándose de su acompañante. A penas fue capaz de dar las gracias por sus buenos deseos. Aun cuando se tratara de un extraño, conocía de modales y educación.

—Dile a Damian que vinimos. Disculpa las molestias.

—Claro.

Con su corta despedida siguió al otro, apresurándose en bajar. El sonido de las tablas chirriantes delataba con que velocidad. Tal característica daba puntos al maltrecho edificio, podías saber quiénes andaban por los pasillos y en que condiciones.

Uno de sus vecinos finalmente asomaba la cabeza, posiblemente para conocer el nuevo chisme con que entretener sus vidas libres de televisión por cable. Cerró la puerta, colocando el seguro.

Regreso al cómodo sillón de segunda mano, tapizado con viejas sabanas de colores, buscando el libro sobre tejido para el par de zapatos en que trabajaba antes de su interrupción. Aseguraba haber visto unos con pequeños moños, también los de flores resultaban una buena elección.

Tenía suficiente estambre para armar cuatro juegos del mismo color pero con diseños variados. Dejando la página marcada, tomo las agujas, enredando el hilo de estambre entre sus dedos, con la primera puntada hecha, una melódica canción fue detectada por su audición, maldijo a todos los dioses y demonios habidos y por haber.

Definitivamente hoy no era su día para tejer zapatos de bebé.

¿Ahora qué? —Respondió con un gruñido.

¿Interrumpí algo o solo son tus hormonas? —Reconociendo al dueño de la voz. Dejó escapar un pesado suspiro, pasando las agujas y estambre a un lado suyo. Acomodando el teléfono en su oreja derecha.

Termino lo que será un regalo para cuando nazca el bebé. —Dijo con tranquilidad, alisando su estómago y recargando la cabeza contra el respaldo hasta dar con el techo de frente.

La voz del otro lado calló, confundiéndola por si la llamada se cortó ante la mala recepción del lugar.

—…

Espero con paciencia a que dijera algo, pero tan solo interferencia parecida a cuando la televisión pierde el cable robado del vecino.

¿Damian? —Pregunto confundida. Primero le llamaba y ahora terminaba por colgarle sin una explicación.

Estas tomándote muchas molestias por algo insignificante.

Negando de un lado a otro en la soledad de su sala. Ese chico podía ser brillante pero despistado en algunas cosas. Coloco un mechón de cabello tras su oreja, jugueteando con las pantuflas.

Aparte de común en la especie, para su preservación.

¡CLARO QUE NO! —Explicar por quinta vez consecutiva que dar regalos antes del nacimiento es una tradición le producía dolores de cabeza. Es más que solo… esa palabra científica que usaba, sino felicitar al padre por traer al mundo a un nuevo ser, celebrar el término de su desarrollo y darle la bienvenida al mundo.

Me provocaras sordera, el audio está perfectamente en funcionamiento.

Un sonrojo se implanto sobre sus mejillas. Debía recordar evitar levantar la voz por teléfono, otra vez.

Colócalo en alta voz por lo menos para que disminuyan el nivel de gritos innecesarios.

Lo que sea. —Ignoro su sugerencia, reacomodándose en el sillón. — ¿Regresas pronto?

No. Me encuentro en un rastreo de último minuto.

Girando los ojos se levantó para ir a la cocina, habría que guardar su porción en el refrigerador.

Ten cuidado. —Pidió, retirando un segundo plato de la mesa — Supongo que esta noche no cenaremos juntos. —Dejándolo en la astillada puerta de madera que contenía unos pocos platos más.

Es correcto. Así que vuelve a tu apartamento, no necesito a tu pareja pegada a la puerta, reclamándome sobre sus derechos y robarme a la madre de su hijo.

Una risa mal disimulada se le escapó por la innecesaria justificación en su estadía dentro del hogar de Damian.

¿Creí que te divertía verle llorar? —Vagos recuerdos de sonrisas altaneras y un peculiar brillo diabólico asaltaron su mente, quizás había visto mal.

En algún momento dejo de ser gracioso… —Expreso con honestidad. — Y llamó a la policía. —Agregando el punto crucial. Su rechinar de dientes delato su molestia por rememorar esa incómoda situación.

—¡Ugh!… Cierto. Lamento aquello. —Por poco y tiene a todo el departamento de Gotham afuera del edificio creyendo que era retenida a la fuerza, varias disculpas más tarde, evitaron salir ante el medio público. — Pero eres el único con quien puedo hablar sobre esto. —Tapó las ollas con sopa y verduras, jalando la puerta del refrigerador lo suficiente para que no se cerrara al soltarla e ir por las ollas a guardar. Gracias a sus asistencias al hospital, descubrió un pequeño grupo de autoayuda para madres y padres solteros y primerizos. No dudo al inscribirse junto a un acompañante, el cual refutaba con estar demasiado ocupado para ello.

Asistir a tus reuniones prenatales al hospital debe satisfacer tu urgencia por fraternizar con personas en condición de embarazo. —Usaba palabras difíciles de entender, al menos para ella, de forma que olvidara el tema o diera por concluida la conversación.

Iría, si vas tú. —Chantaje, bastante desgastado para este punto, pero, si no iban la próxima reunión ambos terminarían botados. — Ya detente en esas misiones por tu trabajo. La salud de ambos es primero. —Definitivamente lo estaba chantajeando. Seria ruin, cruel y malvada, pero si eso evitaba que su más cercano "amigo" se matara junto al bebé dentro suyo, aceptaría que jamás le perdonara ese desliz.

Un Omega que constantemente lucha por sobrevivir es de admirar y respetar. Su condición dentro de la sociedad es despreciable, minimizada e incluso ridiculizada, constantemente usados solo cuando algunas familias son incapaces de tener hijos o por mera diversión.

En Gotham, aquellos reconocidos como Omegas, son aún más violentados, escondidos en el mundo bajo, los pocos que viven junto a un Alfa es en condición de amantes, unos cuantos más casados con Betas. Y Damian, entre todos ellos, escala esa gran pirámide, importándole poco si resulta lastimado en el proceso, si consigue el cumplimiento de su deber lo considerara un trabajo bien hecho.

—…

Un largo silencio se plantó al otro lado de la línea, pestañeo confundida una vez más. ¿Dónde estaba su voz molesta?,

Hablo en-

Trato de retomar la conversación, usando su propio tono de regaño.

Voy a colgar.

Y él, le interrumpió rudamente. Brinco en su lugar asustada por lo repentino de su voz. Un instante esta callado transmitiendo su molestia helada como una ventisca y al siguiente…

Parpadeó, ¿Qué es lo que le había dicho?

La línea del teléfono quedo colgada, solo el timbre señalando la terminación de la llamada.

¿Qué?, ¡No!, Damian, ¡HEY!

Puso el teléfono sobre sus dos manos, hablándole como si el otro fuera capaz de escucharle. Intento remarcar desde la opción de llamadas recibidas. No había número, ni registro, paso a la sección de contactos, nada.

— Pequeño bastardo tecnológico. —Maldijo, presionando el índice y pulgar en el medio de su nariz— Con que no se maten será suficiente. — Pidió esperando que esas palabras llegasen hasta el de ojos jade.

Volvería a la comodidad del sofá tapizado ridículamente, terminaría sus pares de zapatos y esperaría hasta ver a ese muchacho ingresar por la puerta, mandarlo a darse un baño, cambiaria sus ropas y pusiera algo de comida caliente o recalentada en su estómago. La cena que preparo con tanto esfuerzo no se desperdiciaría.

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Maldecía una y mil veces su lógica de un lugar barato, sin elevador y con bolsas en cada mano hasta el infernal cuarto piso. ¡Lo que toda embarazada necesita!

Forzar innecesariamente sus músculos con el estómago botándole hacia adelante, seguramente divirtiendo al pequeño dentro, al menos uno podía disfrutar el paseo. Tomando grandes bocanadas de aire, seco el sudor, dejando las bolsas recargadas sobre la pared. Un pequeño esfuerzo más, pensar en los pisos resultaba motivante que contar los escalones.

Uno, dos, tres… alguien venia subiendo, uno de sus vecinos, otro idiota desconsiderado que la vería hiperventilada y pasaría de largo. Al menos podría asesinarlo con los ojos y levantar sus dedo medio, nada como un buen insulto para relajarla.

Alzo la vista, asombrándola, definitivamente no se trataba de un vecino conocido, alguien nuevo y joven. Con las palabras atoradas para dar un adecuado recibimiento verbal, el joven continúo su camino, deteniéndose frente a ella, sujetando las bolsas con sus compras.

¿Hasta dónde? Ni siquiera un saludo cortés o palabras de disculpa por la desconsideración a su estado. ¿Y bien? Abrió y cerró su boca consecutivamente, sacudiendo su cabeza.

C-cuarto… ahm… p-piso… por favor. Un ligero asentimiento y él comenzó a subir sin esperarla o comenzar con una amena plática. Parpadeo continuamente, olvidando su cansancio y siguiendo al misterioso joven, llego al cuarto piso donde le esperaba con las bolsas aun en mano. Con cuidado tomo las bolsas en sus manos, asegurando que lo único que restaba era entrar a su apartamento y guardar el resto dentro de la alacena. Ehm… Gracias.

No es nada. Considerando que mi puerta está justo frente a la suya. Simplemente aproveche el ejercicio.

Oh… b-bien. Amable pero arisco. Un adolescente huyendo de casa Aun así, gracias. A pesar de ser vecinos seguimos siendo desconocidos y… Intentó bromear para aligerar el ambiente y él solo levantó una ceja, alejándose para ir a su nuevo hogar. E-espera… S-soy Prehnita tu vecina de enfrente y… lo que trato de… si tu… por cualquier cosa. Mi puerta está abierta.Señalo con el perfecto ejemplo físico. Se estaba avergonzando a si misma con un adolescente que ni su nombre había escuchado y quizás ni diría.

Tomare eso a consideración. Prehnita.

C-claro, en confianza.

Dándole la espalda giró el picaporte ingresando sin girarse a verla, pero antes de cerrar, susurro su nombre, siendo escuchado por la mujer.

¿Damian?

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Acorde al registro térmico del apartamento estaban solo dos figuras, una mujer y un feto dentro suyo en proceso de gestación. Retiro los lentes, girando a ver a su compañero. La misión consistía en comprobar la localización de Damian Wayne, informar de ello al padre de este, formular un plan no invasivo y regresándolo a la mansión.

Pero el mocoso tenía una mujer embarazada viviendo con él, mintiendo por él — probablemente — e informándole sobre su reciente visita.

— ¿Posicionaste su ubicación? — Jason se sentó en el filo del techo bebiendo a su lata de cerveza, cambiando la visión de sus binoculares para tener una visión aumentada de la mujer embarazada.

—Sí, pero, no tiene sentido. — Tecleo varias combinaciones de códigos hasta tener un plano del lugar. Giro la pantalla a Jason, señalándolo con el índice el edificio de apartamentos, siguiendo una línea punteada a unos cuantos metros desde donde Damian llamó. — Es la esquina del teléfono público.

—No vi nada… ¡SE ESCAPÓ! — Tim le indico que mirara la esquina, mismo teléfono que estaba destrozado completamente con un gran cartel de "NO FUNCIONA" y grafitis por doquier. —Que mierda…

—Coloco un dispositivo de desviación a cualquier medio comunicativo en un rango menor a un kilómetro. Si él llama, al colgar manda su posición a ese teléfono público y luego borra su registro completamente del teléfono al que llamo.

—Mocoso del demonio. — Aplasto la lata derramando entre sus dedos el líquido restante. Masajeó el puente de su nariz, retirándose los binoculares. —Bruce y Dick volverán dentro de dos meses.

—Y ese bebé nacerá. Crees que sea de…

—Desapareció sin razón, probablemente. — Se levantó de la orilla, girando para quedar frente a Tim —Dejamos una cámara cerca de la entrada al edificio y en su puerta, vayamos a avisarle a Alfred y conseguir comida.

—Se puede escapar.

—Y volveríamos a repetir todo esto, no hay diferencia, vamos a conseguir algo de comer. — El de cabello largo negó, guardando la computadora dentro de su mochila. — A todo esto, ¿Por qué no es Dick quien lo busca?

—Salió a con los Titanes esa misma mañana que no localizamos a Damian por su comunicador.

—Hmm, Lo planeo, ¿cierto? — Yendo por las escaleras contra incendios, Tim le sonrió, asintiendo por descubrir ese detalle obvio después de siete meses. — No todos somos copias lambisconas de Batman.

—¡Cállate Jason!

_oOo_

Sentía una gran atracción por ese masajeador eléctrico del mini súper. Comprarlo reduciría significativamente el cansancio justo en las plantas de sus pies a la vez que mermaría el presupuesto de comestibles y medicamentos. Llenaría esa tina plástica con agua caliente, le arrojaría sal y quizás un poco de jabón perfumado, su mini jacuzzi de casi diez dólares valía lo justo y necesario.

Como toda una ganadora, levanto los brazos hasta donde pudo con bolsas felicitándose por el trabajo bien hecho de llegar al cuarto piso. Pocos metros y sus pies descansarían en agua caliente y sal.

Parado de espaldas, recargado a su puerta se encontraba Damian, con una sonrisa le saludo, llevaba ya un mes en el edifico y la última vez que habían conversado fue desde la ayuda con las bolsas. No le respondió, parecía ausente, preocupada sujeto su hombro, llamándole y sacudiéndolo ligeramente. Reacciono alzando el rostro, dejando caer una caja rectangular con la imagen de un producto que ella reconoció instantáneamente.

Largo. Voz dolorosamente rasposa. No tardo en preocuparse por él.

Damian acaso… tu…

¡NO ES DE TU INTERES MUJER! Jaloneó el brazo, chocando con la puerta detrás suyo. Cubierto por la ira y frustración, temor e incertidumbre de lo que pasaría a continuación. Un joven, pasando por algo que tal vez le correspondería pero a una edad más madura. Lárgate, tu… Dejó las bolsas, apoyando nuevamente la mano en el hombro del chico, usando un poco de más fuerza para que le viera. Y empleando su mejor voz alegre combinada a una amplia sonrisa, habló.

Recibí un paquete de galletas caseras de mi tía, honestamente son deliciosas pero demasiadas. ¿Comerías algunas conmigo?

—…

Ojos maravillosamente verdes, cual jades preciosas. Curioso color y ella con un curioso nombre de una piedra del mismo tono. Autentica ironía.

Te dije que… te largues. Volvió las manos puños, resultando esa segunda advertencia como una amenaza.

Sí, sí. Agitó la mano, restándole importancia Pero comamos unos galletas con algo de té, compre un set maravilloso y no había tenido oportunidad de usarlo. Vamos. Con su último esfuerzo cargo el resto de bolsas con una mano mientras con la otra tomaba a Damian de la mano. Deteniéndose a abrir, comprobó que él continuara a pocos centímetros de ella. ¿Sabes?, momentos como estos, no tienes que pasarlos completamente solo. El sonido del seguro retirándose sonó, extendió el brazo, invitándole a entrar Porque habrá quien te escuche, Damian. Siempre los hay.

Un paso hacia adelante, luego otro e ingreso con la mujer detrás de él, cerrando la puerta.

¿Por dónde comenzar?

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—Grayson.

El frio clima otorgo forma a su aliento, apreciando el rio de sangre corriendo tras el desmantelamiento de un grupo mercenario que recién ingresaba al norte de Europa. El estómago comenzaba a pesarle cada vez más, el momento de escuchar a su molesta vecina había llegado.

—No te necesitamos.

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Continuara…

Una pequeña continuación al anterior.

Espero y sea más entendible o lograra ponerlos en contexto a la situación.

Gracias por su lectura.

Posdata: El anterior fue menos de 1000 palabras y pensé, bueno este será de unas 1000 palabras, gran sorpresa cuando llegue a más de 2000, no salió como esperaba pero estoy satisfecha.

Cada una de mis historia de DickDami no se relaciona entre sí, solo cuando lo menciono es el caso, algún parecido entre ciertas historias es porque manejo el mismo concepto pero no doy muchas explicaciones.

Hasta la próxima.

¡RECUERDEN!

A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*