¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
Bienvenidos a este nuevo capítulo ingeniado por mi persona, gracias, gracias.
¿Cuánto durara? No tengo ni idea, pero no será muy largo XD.
Simple y sencillo.
Recomendación musical: "Claro de Luna" By Beethoven
Notas:
Presente
[Pasado]
"Pensamientos"
[Teléfono/Mensajes/Cartas]
Narrador extra
Los personajes son propiedad de DC Comics y sus correspondientes creadores
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Acto I – Parte II
Capítulo 3. Elección correcta.
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Peino su cabello hacia atrás, dejando libre su frente. Soltó un suspiro, observando el cuerpo reposando en las sabanas de su cama.
Inhaló desganado, apreciando que los primeros rayos de la mañana se colaban indiscretamente por entre las cortinas. No era tan temprano pero no demasiado tarde.
Decidió salir lentamente, apreciando un brazo deslizarse desde su cintura quedando apoyado en el colchón; iría por una ducha a otra habitación, bajaría a desayunar y ya decidiría el resto después.
Camino descalzo por la habitación, pasando por ropas desperdigadas en el suelo y algunos trozos cercanos a la cama, busco en el armario, calzoncillos limpios, un pijama y dos toallas, colocando una alrededor de su cintura y llevándose la otra en mano.
Se detuvo al girar el pomo de la puerta, mirando sobre su hombro a quien continuaba durmiendo.
¿Estaba siendo un cobarde?
Por supuesto que no. Solo necesitaba tiempo para pensar, mantener distancia y calmar sus nervios.
Y que esto no fue real.
—R-Richard…
Cubrió sus oídos.
El recuerdo de su voz empeoraba la situación, mandando escalofríos por cada parte de su cuerpo.
Abandonó la habitación procurando disminuir el sonido de la puerta cerrándose, vio por ambas direcciones del pasillo y agudizo su oreja.
Con el perímetro asegurado, dio vuelta a su izquierda, contando sus pisadas hasta dar con una habitación sin uso, al ingresar se percató de la diferencia aromática en el aire, polvo y suciedad, nada dulce y picante provocándole babear y encajar sus caninos sobre carne. Tragó el excedente de saliva, secando la poca que comenzó a gotear, ingreso al cuarto de baño, dejando sus ropas cerca del lavamanos, retiró la toalla y entro directo a la regadera, accionando el agua sin medir su temperatura.
Necesitaba una ducha fría. Lavó los rastros secos de sudor, suciedad y manchas de sangre dejadas en su espalda, llevo su diestra hacia atrás tocando el rasguño, ardía por el agua cayendo directo pero no era comparable a las múltiples heridas sufridas de sus patrullajes y misiones.
—Dolor — Susurró para sí mismo, quedándose estático bajo el chorro.
Las imágenes de ese cuerpo debajo del suyo, sus gritos, sus lágrimas, su tacto caliente y el maravilloso aroma. Abrió los ojos, notando que su miembro comenzaba a reaccionar por una traición de su mente, temblando intento tocarse pero se detuvo, empujando su mano y golpeando la pared de la regadera. Fue su culpa, definitivamente, no era mejor a ninguna de las despreciables escorias que se ha esforzado en encerrar tras las rejas y en Arkham. Hizo algo imperdonable, horrible y despreciable. Robo y traiciono a quien juro proteger y consiguió que abriera su corazón, tenía su confianza y pisoteo sin consideración solo por… por…
—R-richard… n-necesito… a t-ti en mí…
Dio golpe tras golpe a la pared, lastimando sus nudillos, esforzándose en parar la voz y recuerdos, si tan solo pudiera regresar el tiempo, evitaría su regreso dos horas antes de lo previsto, esa discusión en la cueva e intentar arreglarlo en una habitación cerrada.
Al apagar la regadera, sus movimientos se volvieron mecánicos, asegurando secar completamente cada aparte de su cuerpo. Colocándose la ropa limpia, olfateo su piel, satisfecho por no detectar la presencia del mismo aroma que flota en su habitación. Colgó ambas toallas del tubo de la cortina de baño dejándolas para secar, llevo la mano a su estómago sintiendo el crujir de sus tripas pidiendo por comida.
Cuidó cada una de sus pisadas hasta la puerta de la habitación, pegó su oreja esperando el sonido de pies descalzos o algún portazo. Un silencio absoluto, suspiró aliviado, aun podía tener un poco de tranquilidad.
Le tomó más tiempo llegar a la cocina del que su estómago disponía de paciencia, los gruñidos delataban su necesidad de alimento. Cuidadosamente asomó la mitad de su cabeza por el arco de la cocina. Ni un alma, ni un simpático viejo mayordomo con un sartén con desayuno y una mesa repleta de más comida con un buen café recién hecho.
Ingresó, cuidando el sonido de sus pasos, atento a cualquier otra intrusión. Se decidió por algo simple, cereal con leche. Preparó su manjar yendo a sentarse en la barra, saboreando cada cucharada de las hojuelas azucaradas remojadas en leche. Casi a punto de beber el contenido restante, su periferia captó una nota pegada al tostador, apenas dio un sorbo, dejo el plato en la barra, quitando la mancha blanca por encima de sus labios con el pulgar.
Bajó del taburete y con pocos pasos estuvo de frente al tostador, jaló la nota, comenzando a leer cada letra finamente escrita con una caligrafía impecable.
Una risa seca escapó inconscientemente, arrugo el colorido papel en sus manos, dejándolo inservible y permitiendo que se deslizara hasta caer en el suelo.
¡Por supuesto!
Solo él entre un millón podía experimentar el tipo de suerte envidiada para cualquiera de su tipo, actuando en consecuencia. Se maldijo, porque eso nunca tuvo que ocurrir. No de esa manera, ni de ninguna otra.
El arrugado papel de nota olvidado dejó un mensaje claro, resonando dentro de su mente, como un anuncio del castigo que vendría después.
[Joven amo Damian, he salido con su padre a Metrópolis a la apertura de un nuevo orfanato. El joven amo Richard ira a visitarlo más tarde, por favor, no rompan nada en nuestra ausencia.
La comida está en el refrigerador solo necesita calentarla. Evítenme la molestia de regañarlos por querer experimentar con sus habilidades culinarias.
Volveremos mañana por la noche.
Atte. Alfred Pennyworth]
—¿Nadando en tu propia miseria, Grayson?
Alzó la mirada con pánico, buscando al dueño de esa voz en la cocina y yendo hasta la entrada. Nada.
Una sonrisa tensa estiro sus labios, pasando la mano por entre sus cabellos, noto la humedad espesa de gotas de sudor. Respiro profundo, exhalando lentamente por la boca, cubriéndose el rostro con la palma de la mano. Comenzar con las alucinaciones dejaba en claro lo frágil de su estado moral y ético, estaba rompiéndose a diminutos fragmentos, además de los restos del celo interponiéndose en su procesamiento de pensamiento.
¿Enloquecería?, se preguntó. Probablemente seria la menor de sus preocupaciones.
La primera en orden de prioridad involucraba una paliza de Batman, seguida por una orden de restricción a solicitud de Bruce Wayne, tras tomar la virginidad de un Omega adolescente que resulta ser su hijo y Robin.
Cometió un crimen, no solo un error, era un crimen.
Terminó por beber el resto de la leche en el plato para depositarlo en el lavaplatos. Volvería a la habitación, se disculparía, era lo menos que podía hacer, de momento. Esperaría por Alfred y Bruce para confesar, aceptando la responsabilidad enteramente.
¡Fue él quien no supo dominar sus instintos!
¡Solo él se volvió una bestia!
Damian no tenía la culpa de nada.
Ser exhibido a los medios, dejándolo para ser comido, sonaba como un castigo justo, algo suave si lo pensaba de nuevo. Negó, Bruce no aceptaría que la noticia se divulgara de esa manera.
—Estoy muerto. —Dijo al pie de las escaleras, apretando sus puños con las mangas del pijama entre ellas.
—¿Por aprovecharte durante mí celo?
Su consciencia, apodada Pepe Grillo hacia acto de presencia, arrojándole en la cara, sin un atisbo de honesta consideración, la honesta verdad, imitando la voz de Damian y adaptándola al hecho actual.
Subiría los escalones, practicando la disculpa durante el lapso que le tomaba de las escaleras, el pasillo y a la habitación.
—Eres más idiota de lo que pensaba.
Abrió los ojos, deteniendo el tren de sus pensamientos, su piel adoptando un color fantasmal. El cerebro como una maquina perfecta, es capaz de reproducir ciertos sonidos e imágenes que unidos dan forma a un recuerdo, premisa que aplica igualmente al reconocimiento de voces o en su caso, repetir una voz en la cabeza como si estuviera escuchándola directamente.
Trago saliva, temeroso de su estado mental. ¿Tres veces seguidas?
¿Estaba por caer en la locura?, ¿Eran efectos secundarios del celo?
O… ¿Realmente Damian está ahí?
Richard no se atrevía a levantar la mirada y descubrir que el cuerpo de Damian repleto de heridas provocadas por él. Le dolía el pecho de solo imaginar sus ojos caídos y decepcionadas, su cuerpo lastimado.
Contuvo las lágrimas, mordiéndose el interior de la mejilla.
No tuvo que decir por su cuenta, Damian tomo la delantera, bajando los últimos escalones que los distanciaban, dejando la diferencia por solo uno. Esto tomo por sorpresa a Richard, que, ante la reducción de espacio no le quedo de otra que levantar el rostro. Sus narices se rozaron apenas.
La ayuda del escalón y el paso de la pubertad favorecieron a que su diferencia de alturas fuera mínima.
Richard escuchaba cada latido de su corazón, bombear a una rapidez aterradora, salvo que el color no se acumulaba en sus mejillas, sino que iba perdiéndolo, volviéndose en el gotas de sudor escapando de sus poros, el sentimiento de una boca reseca, manos fríos e increíbles nauseas agitando su estómago con tal de volver su desayuno.
Justo cuando sus miradas coincidieron permitió a las lágrimas descender de sus ojos hasta el filo de su mandíbula.
Damian no dijo nada, cediéndole la oportunidad de dar su patética excusa e intento de disculpa.
Se sujeto del pasamanos de la escalera. Le avergonzaba descender la mirada, pronunciar una palabra y pedir por su perdón. Él es un héroe, es Nightwing.
Ha ayudado en la protección de Gotham tras dejar su puesto como Robin al lado de Batman.
Nunca más miraría a Bruce a los ojos, ni a Alfred, Barbara, Jason, Tim. ¡Nunca podría darles la cara!
¿Cómo continuaba de frente a Damian?
Le resultaba un misterio.
Limpiándose el rostro con el dorso de la mano, hizo varias respiraciones profundas, sorbiendo el moco que escapa de su nariz. Seguía sin escuchar la voz de Damian, realmente estaba siendo paciente con él. Al considerarse lo suficientemente tranquilo y cuerdo, noto que Damian traía ropas y no solo una bata mal atada. Usaba pantalones flojos hasta el tobillo, camisa con manga de tres cuartos y pantuflas. Algunas gota manchaban el escalón.
Como él, Damian tomo un baño y bajo por comida. Un interruptor se acciono en su cerebro, había olvidado algo importante. Apartó su vergüenza y culpabilidad, colocó ambas manos en los hombros de Damian, pasando un intenso análisis con su mirada. Por lo que dejaba ver su ropa apenas unos rasguños, marcas rojizas de chupetones. Con cuidado paso los dedos por detrás de su cuello, notando el sobresalto del menor, Richard tragó saliva.
Giró su cuello, contando los segundos, hasta tener un panorama completo de su nuca. Una parte de su alma volvió, no había nada, no estaba la marca, ni el más mínimo rastro de un colmillo o algo a medio completar.
—No hay unión. — Sonrió encantado. Deseoso de poder estrechar a Damian en sus brazos, intenciones dejadas como un mero pensamiento, al escuchar el gruñido proveniente del otro. Ya era bastante subordinación de su parte. Richard retiró su toque, dando un paso atrás.
Damian bajo el último escalón, mostrando la diferencia de sus estaturas. Contrario a su jovialidad habitual, Richard invitó a Damian a desayunar, al menos, un poco de cereal debería ser suficiente y él comería una segunda porción para calmar sus nervios.
Un platillo sencillo y común que no requería de extraordinaria habilidad culinarias ni despertaría el temperamento de Alfred por, como él lo llama: Jugar en la cocina sin su permiso. Comió rápido, dejando un plato más a lavar, pensaba en si ayudar al mayordomo o dejar los platos sucios.
Mientras, Damian mantenía la mirad clavada en Richard, olvidando su plato de cereal con la mitad del contenido. Al sentir sus ojos, Richard estuvo agradecido de ser los únicos dos en la mansión, si no hubiera sido por la nota pegada al tostador, tendría la presión bastante más alterada de lo que está actualmente.
Sus nauseas ya estaban en control. Escuchaba a su corazón seguir latiendo más de lo normal. Respiró profundo, lo mejor era resolverlo entre ellos.
—Aquello fue mi primer celo.
La voz de Damian sin sentimentalismos. Sus ojos centrados en el batido de cereal y leche, girando la cuchara hasta deshacer las hojuelas.
Richard apretó los labios, asintiendo en silencio. Valía más dejarlo hablar, antes de que él dijera algo estúpido.
—Una condición que he de experimentar cada cierto tiempo a favor de la procreación. —Ladeo la esquina de su labio en una sonrisa sarcástica. —¿Cuál era la probabilidad de nacer Omega?, ¡Imagínate Grayson! —Sus ojos inyectados en sangre. —El heredero de la Liga de los Asesinos. Un guerrero diseñado y entrenado para ser perfecto. —Repitió la diatriba que su madre decía en sus escasos reencuentros. Con fuerza golpeó la barra, levantándose del banquillo. — ¡REDUCIDO A UNA CRIATURA QUE PROCREA!, ¡LA PERRA DE CUALQUIER ALFA!
El plato salió volando directo al refrigerador, los pequeños fragmentos se deslizaron junto a los restos de cereal batido. Richard hizo la nota personal de arreglar ese desastres antes de que Alfred volviera.
— ¡Respóndeme Grayson!
Vio el cuerpo de Damian temblar, no era el miedo o la preocupación, sino la incalculable ira retenida, debido a su perfecto autocontrol. Ojos afilados, estrechándose por un ceño fruncido remarcado, le recordaba a una bestia en cautiverio, impaciente por atacar y defenderse hasta el último momento.
Las ganas de llorar volvían a Richard.
— ¿Qué va a pasar ahora? —Preguntó Damian, con los brazos caídos a los costados. El agotamiento que se filtraba sutilmente.
La opresión en su pecho, dificultaba el hablar de Richard. Estaba tan metido en su propia miseria, que había dejado de pensar en los sentimientos de Damian, en el significado del hecho.
—D-Dami.
El peso de la responsabilidad equiparaba a una tonelada, capaz de hundir su cuerpo en la tierra, cortarle la respiración.
Era un ingenuo.
Nada de esto se podría tomar con calma, la disculpa solo serían palabras hipócritas para aliviar su propia culpa y sentirse mejor consigo mismo. No corregiría nada, no haría nada por Damian.
El hecho es que todo permanecería igual.
Cedió a sus impulsos de Alfa al olfatear a un Omega en celo. Todo lo demás, son las consecuencias de sus actos.
—Me iré.
Desvió el rostro, caminando a la salida de la cocina.
Damian abrió los ojos sorprendido, frunciendo el entrecejo y corriendo detrás de Richard para detenerlo, pero él se frenó, impidiendo que lo tocara.
Las palabras no eran necesarias, la mirada de Richard transmitía los suficientes sentimientos para que Damian retrajera la mano y negara.
Una relación que comenzó en pésimos términos y con el paso del tiempo se reforzo, se derrumbó con tal simpleza que era una broma poco graciosa.
—Comprare una caja de pastillas del día después.—Las palabras de Richard eran mecánicas, ocultaban su terror a la posibilidad que se escondió entre los pliegues de su mente.
Primero necesitaba poner distancia de por medio entre ellos, conseguir un plato que sustituyera el roto y limpiar la cocina, además de lavar los platos y calentar la comida preparada por Alfred. Todo debía parecer normal.
— También hay supresores de feromonas en la cueva, alguno puede funcionar.
Sus pasos abandonando el lugar fue todo lo que escucho, dejando a Damian solo en la cocina y con la palabra en la boca.
Lágrimas que no acompañaban un llanto descendían del rostro del menor, quien las seco rápidamente, probablemente, si Richard hubiera notado esas lagrimas habría regresado sobre sus pasos y consolado. Pero, en ese momento, él no se creía capaz, ni digno de estar con Damian en ningún aspecto.
De algún modo, enmendaría su error.
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El edificio de seis pisos se desmoronaba a pedazos, reluciendo su pintura vieja en las paredes quebradizas y algunas manchas de dudosa procedencia e identificación. Agregando a los vidrios rotos del primer piso un cierto toque de encanto por la sustitución con bolsas de plástico.
De momento no tenía nada por lo cual entrar en papel de familia y comenzar a reclamar su razonamiento para vivir en un lugar con tan pésimas condiciones y un barrio peligroso. Todo por la misión que le encomendaron.
Incluso su vestimenta iba acorde al vecindario, evitando destacar, jeans viejos, tenis usados, una camisa con algún logotipo de rock copiado y una sudadera con capucha. Las voces molestas y preocupadas resonaron en su oreja, asintiendo a cada una de sus indicaciones, lo cual parecía más una interferencia de sonido, que el reporte de hechos actuales y los meticulosos pasos para concretar su plan.
Mirando sobre su hombro, justo al edificio a su espalda, noto un pequeño brillo moviéndose lateralmente, siendo la señal para comenzar.
Respiro profundo.
¡Conseguirían su objetivo!
Al entrar al edificio, se encontró a un hombre canoso barriendo cerca de las escaleras para el siguiente piso, usaba ropas viejas y descoloridas. A los lados estaban dos puertas y una más escondida bajo la escalera.
Con su mejor tono amigable llamó al viejo hombre, saludo amablemente, recibiendo a cambio una mirada ojerosa, cansada e irritada. Sin disimular, el viejo hombre lo barrio con la mirada, de pies a cabeza, intentaba averiguar si se trataba de un turista idiota perdido o solo un idiota común.
Richard extrajo un arrugado papel del bolsillo en sus jeans, desdoblándolo lentamente y alisando las arrugas con tal de facilitar la lectura de su contenido. Entrecerró los ojos, fingiendo, leer apenas las letras garabateadas en la hoja, pronuncio lentamente el nombre de la persona que buscaba, explicando que alguien le aseguro de su presencia en el edificio.
El viejo hombre, de nombre Joeh sonrió ladeadamente cuando unos pocos billetes de diez dólares se mostraron y su mano fue estrechada con estos. Empezó a reír divertido, dejando ver sus dientes podridos y los huecos dejados por los caídos. Guardó el montón de billetes en el bolsillo trasero de su pantalón, le dio la espalda a Richard, respondiendo a su solicitud.
—Cuarto piso. Apartamento 19.
Richard agradeció por la información, apresurándose a subir las escaleras y escuchar al Joeh, decir: — Esa mujer solo causa problemas, como siempre.
Tuvo un mal presentimiento al respecto.
Negó, debía concentrarse. Eliminar pensamientos innecesarios, centrarse en su objetivo.
Seguir el plan.
En cada uno de los pisos percibió las miradas desconfiadas, algunos curiosos, unos pocos coqueteos descarados al final del tercer piso con claras insinuaciones sexuales que lo conducirían a ser declarado extraviado o muerto. Una sola pregunta rondaba en su mente: ¿Dónde se había metido a vivir?
Escucho el timbre en su auricular en señal del cambio de frecuencia general por una privada. Richard se quedo de pie a mitad de las escaleras entre el tercer y cuarto piso. Había una lucha de susurros al otro lado de la línea, levanto una ceja curioso, conto hasta diez y antes de apagarlo, escucho la voz de Tim.
—Esta dentro.
Richard asintió, esperando algo más, que solo lo obvio.
Tim tarareo en el comunicador, meditando un momento. Exhalo y dijo:— Lo que vas a ver puede sorprenderte más de la cuenta.
—Soy consciente de ello. ¿Recuerdas?—Rio ligero, encogiéndose de hombros. —Es por eso que estoy aquí.
Tim se tomo otro momento antes de responder.
—Dick. Está viviendo con otra persona, desconozco sus intenciones o si esa persona está involucrada en algo más. Todo lo que tenemos es que ambos salieron juntos en los dos meses pasados y hace cinco semanas detuvieron la rutina de los paseos.
—Gracias, Tim. ¿Algo más?
Richard no se consideraba capaz de enfrentar la verdad que le esperaba en el siguiente piso al otro lado de una puerta magullada. ¿Por qué?, ¿Qué es lo que estaba pensando?, ¿Con que motivo involucrar a otra persona?
—Suerte.
Iba a apagar el comunicador, pero la línea fue robada por la otra persona que le vigilaba desde el techo del edificio.
Su voz sonó lo bastante fuerte para causar interferencia y dejarlo con el tímpano medio aturdido.
—¡Obviando el hecho de que el mocoso demoniaco vive con una mujer embarazada!, ¡Por supuesto no creo que haya algo más importante que eso!
—¡Jason!, ¡Sal de la línea!, ¡Ni siquiera estamos seg-!
—¡Al diablo!, ¡Escúchame bien Dick!, ¡Saca a ese engendro de la casa, antes de que Bruce se entere que es abuelo!
—¡Jason!
Y la comunicación se canceló, ruido blanco era lo que restaba y una opresión en el pecho ante la opción presentada por Jason.
¿Había una mujer con Damian?, ¿Y embarazada?
Eso era inusual, pero no podía ser posible que la razón del escape de su hermano menor se debiera a una responsabilidad como aquella. La verdad, que nadie más, a excepción suya y Damian, conocen, es la violación que ocurrió ese día en la mansión.
Estaba preparado para aceptar el castigo a sus actos perversos, pero, en el fondo, resulto ser un cobarde, prefiriendo las larga misiones, trabajos de infiltración altamente peligrosos y equipos a kilómetros de distancia de Gotham. Creyó estúpidamente, que mientras más lejos, menos le atormentaría la culpa, todo se difuminaría en un recuerdo borroso y si por suerte recibía una herida critica, pagaría lo justo.
Pero, eso, solo lo llevaba al mismo callejón simple de la conformidad. Todo llego a su fin, al encontrarse con Bruce hace dos meses y recibir la inesperada noticia del escape de Damian.
—Damian desapareció. Fue en una misión de reconocimiento para las nuevas cámaras instaladas para Oracle.
Solo un padre preocupado por su hijo, la desesperación con que lo dijo, le dejaba en claro sus sentimientos por Damian. Un soga se enrollaba alrededor del cuello de Richard.
—Apago su transmisor al llegar a la zona con menor cantidad de cámaras, precisamente en uno de los puntos ciegos. Jason y Tim siguen buscándolo.
Y en el momento que la mirada oculta por el antifaz, aterrizo en él, Richard quiso apuñalarse a sí mismo.
—¿Sabes algo?
Conocía la respuesta a la pregunta, la sabia perfectamente y con esa misma sencillez, negó. Intentando calmarlo, jurando en ayudarle apenas estuvieran de regreso en la ciudad.
En su hipocresía consideró solicitar el perdón divino, el consuelo de Dios que aliviara la carga en sus hombros.
¿Un poco de redención?
¿Con que fin?
Sentirse menos miserable al hablar con Damian de frente, develar su pecado ante Bruce y el resto de las personas que son significativas para él. Conduciendo a la destrucción de la familia que poco a poco se formó a su alrededor.
Antes de darse cuenta, estaba de pie a la puerta a punto de colapsar, viendo la mancha del adorno metálico que enmarcaba la numeración del apartamento. Conteniendo la respiración dio tres golpes seguidos, las sutiles voces de los vecinos del resto de departamentos se escucharon claramente. Él conto el tiempo, concentrándose en la presencia de la persona al otro lado de la puerta. Bastaban unos metros para abrir.
Bajando la mano a su costado, vio la puerta abrirse a menos de la mitad. Intento sonreír, relajar la tensión de sus músculos e ir por un saludo casual.
Y luego… ¿Qué?
¿Discutir?, ¿Hablar civilizadamente?, ¿Una carrera por los pisos?, ¿Llevar a una persecución por la ciudad?
Estaba preparado, para lo que fuera.
—¿Hm?
Salvo, una agradable mujer tez morena, cabello castaño rizado sujetado en una coleta floja, ojos verdes opacos con marcas de sueño por debajo. Usando un pijama holgado gris con estrellas despegadas de brillo perdido. El impacto creció al bajar su mirada y encontrarse con los grandes ojos verdes brillantes de una bebé.
Nuevamente su mente le estaba jugando una escalofriante broma. La infante le recordaba a Damian. Inconscientemente retrocedió un paso.
¿Un Omega era capaz de tener hijos?, ¿Embarazar a otra persona?
Sobre todo, ¿A una Beta?
Olfateo levemente. Ni una esencia desprendía la mujer, pero otra se filtraba desde el interior, bastante sutil, disfrazada por productos de limpieza bastante intensos en aroma.
— ¿Puedo ayudarle en algo? —Preguntó la mujer frente a él. Mantenía su cuerpo como tope para la puerta medio abierta al mismo tiempo alimentaba con un biberón a la pequeña bebé en sus brazos.
Era un excelente trabajo, admitió Richard para sí. Sostener un bebé, alimentarlo y no dejar de prestarle atención en caso de un movimiento extraño. No se dejaba ver intimidada, ni asustada. Richard creyó que este aire de valor de la mujer provenía de esconder algún tipo de arma, técnica de combate o fuerza sobre humana. Ignorando la más obvia de todas, ella es una madre quien carga con su cachorro.
Si, si él hubiera escuchado esa parte básica del instinto, entonces, habría dejado a sus sentidos captar con más atención la sutileza del aroma camuflajeado por medio de productos de limpieza.
La mujer de la puerta dejo escapar un suspiró, frunciendo el entrecejo, cambio el tono amable a uno serio.
— Si erro el número de apartamento, puedo decirle en que piso esta la persona a quien busca. —
Aprovechando la distracción de Richard, ella ya estaba dentro del apartamento, la puerta más cerrada y la bebé pegada a su cuerpo usando solo una mano. Cerrándole las posibilidades de búsqueda sutil al mover sus ojos lejos de su rostro, Richard aclaro su garganta y manteniendo la sonrisa torpe, dio una larga explicación acompañada de una historia familiar dramática.
La reacción de la mujer fue inmediata. Abrió sus ojos, frunció el entrecejo y apretando el brazo alrededor de la bebé, lucho por cerrar la puerta, acción impedida por la mano derecha de Richard y al punta de su pie como tope.
— Váyase. ¡Váyase, ahora!
—Lo lamento, pero no puedo hacerlo.
Rechazó su solicitud, iniciando la más ridícula de las luchas de rendimiento con una mujer cargando a una bebé por abrir una puerta y entrar a un apartamento destartalado.
—¡Lárguese! —Gritó aterrada, esperando con ello recibir la ayuda de sus vecinos, los cuales se limitaron a permanecer espiando o cerrando con seguro las puertas de sus apartamentos.
Prolongar innecesariamente la lucha atraería la atención del resto de habitantes en el edificio y si, alguno, llamaba a la policía…
Estarían más que arruinados.
Concepto que la bebé entendió a la perfección, iniciando un terrible llanto desesperado, agitándose en el brazo de su madre. La mujer se distrajo, soltando la puerta y maniobrando con la bebé para recarga su barbilla en su hombro y palmear suavemente la espalda.
—Daki. Calma cariño, calma.
Una vez la puerta se abrió por inercia y la mujer sin nombre dio un paso atrás, Richard puso un pie en el interior del apartamento.
La piel de la mujer bajo en color, abrazando a Daki con fuerza, repentinamente la bebé detuvo su llanto.
—…
—Solo quie-
—¡Prehnita!
La voz salió del interior, por lo delgado de las paredes consiguió llegar al exterior.
Prehnita apenas se movió.
—¡Prehnita!
Su voz volvió a salir, ahora con un tono de orden.
Ella negó, dándole una rápida mirada a Richard, luego a las puertas que se abrían levemente por el pasillo, dejando su vista descasar en los escasos cabellos de Daki.
—Adelante. —Dijo Prehnita insegura de permitirle la entrada a su casa. Con solo un paso hacia dentro, se hizo a un lado, permitiendo que Richard caminara y se detuviera en la pequeña sala comedor. Cerró la puerta a su espalda, colocando el seguro y con pocos pasos, llegó a su lado.
Acomodo a Daki en sus brazos, una mano sosteniendo la cabeza, la otra sujetándola por la espalda y el trasero. Entrecerró los ojos, dándole una larga mirada a Richard.
Rechinó los dientes e ignorando la etiqueta básica de un invitado en casa, dejó a Richard de pie. Prehnita desapareció detrás de una pared extraña. Distinguió su voz, reducida al nivel de un susurro, también detecto un suave aroma que puso sus vellos corporales de punta.
Regresó a la sala comedor permitiéndole tomar asiento en el sillón frente a una improvisada mesa de centro.
—Pronto vendrá. No tarda.
Prehnita desapareció una vez más detrás de la pared, ¿Quizás una habitación esta oculta ahí?
Richard entrelazo las manos apoyadas en sus rodillas. Escucho los autos con sus motores viejos luchando por moverse, las pisadas de los vecinos y los murmullos por tratar de espiar a través de las paredes de sus apartamentos. Creyó que el tiempo pasaba demasiado lento, un segundo equiparaba a una eternidad.
Cuidadosamente deslizo su dedo índice, llevándolo a su oreja y encendiendo el comunicador en la línea compartida. Iba a informar de su entrada, cuando el olor sutil y cálido invadió sus fosas nasales, enviando un escalofrió por su espina dorsal. Agacho el rostro, permitiendo a los cabellos de su flequillo taparla la mitad del rostro.
Sujeto ambas rodillas con sus manos, encajando las uñas en la tela del pantalón, apretó sus dientes e inspiro profundamente.
De nuevo ese aroma peculiar. ¿Qué era?
Intento suprimirlo, obligando a su mente a concentrarse en la razón de estar invadiendo la privacidad de una civil y ser un hipócrita de primera.
Solo debía decir una cosa: —Damian, regresa. Bruce está a punto de poner patas arriba toda Gotham sino estas en casa antes de que caiga la noche.
Un argumento gracioso, directo y afectuoso. Y él le respondería con lo patético y soez que sonaba, una mirada ceñuda con odio y desgrado por tener que verlo. Exhalando por la boca, poco a poco fue alzando el rostro, su mirada capto la ropa holgada y barata que estaba usando, además de una extraña cobija que caía a los costados.
Sus ojos se dilataron, los parpados se estiraron y su capacidad verbal se esfumo.
Redondo.
Por encima de su cintura y por debajo de su pecho, vio algo redondo, la mano de Damiana cariaba suavemente su estómago.
—¿Te comió la lengua el Joker?, Grayson.
Richard salió de su ensimismamiento, alzando la mirada, dando con el rostro de Damian. Tenia el cabello largo, casi llegándole a los hombros, un flequillo repartido en dos partes puesto detrás de sus orejas.
Damian tomo asiento en el sillón del frente, yendo tan lento y cuidadoso que los pliegues alrededor de su estomago se acentuaron. Una vez sentado y que su espalda se apoyo en el respaldo, suspiro agotado, palmeando su redondo estómago, siguió mirando a Richard.
Ni odio, desprecio o molestia le transmitía Damian a Richard, era más cercano a la indiferencia e irritación de tener que lidiar con él. Otro aspecto al que Richard no presto atención, enfocándose en el vientre abultado, el cambio de apariencia, la información recolectada por Jason y Tim. Todo uniéndose en una lógica respuesta.
—T-tú… e-estas… p-pero… ¿C-cómo? —El temblor en su voz, delato el pánico de Richard.
Damian alzo una ceja, levemente asombrado de la reacción de Richard. Masajeo el centro de su frente usando el índice de su mano izquierda, tamborileo los dedos de su mano aun puesta en su vientre, contando hasta diez.
Vaya broma que resultaba ser, este espectáculo barato.
Sonrió para sí.
Con sorna hablo, ladeando su rostro y mirando por encima de su nariz a Richard.
—Esa moral de la que tanto presumías es lo suficientemente frágil como para arreglarla con un poco de cinta. No. Más bien, es una moral conveniente. ¿O tú qué opinas, Grayson?
—…
El corazón de Richard martilleaba contra su pecho, golpeando con tal fuerza que estaría a nada de salirse y estallarle en la cara una vez sintiera el aire del exterior. Paso su vista del rostro sonriente de Damian a la redondez de su vientre. Le temblaron los labios, sintió frio, las imágenes del recuerdo enterrado se superpusieron una sobre la otra.
Deseaba estar muerto.
—Felicidad Grayson, serás padre. Estoy embarazado de tu hijo. —El mundo parecía distorsionarse en una amalgama de verdades y mentiras sin diferenciación, que finalmente le alcanzaron. —O ¿Debería decir, nuestro cachorro?
Las voces resonaron imparables en el auricular del comunicador, consiguiendo la estática por sus gritos feroces de amenazas, explicaciones necesarias y la confusión por lo dicho.
Richard se odiaba más que nunca.
No sirvió de nada el alejarse para calmar su mente, el marcar distancia no tuvo significado, tampoco el disculparse mil veces en su mente e intentar hacerlo en la realidad.
La verdad era, que Richard tuvo miedo de decepcionarlos a todos, incluido él mismo al reconocer la debilidad de su segundo género y aceptar esa sutil atracción que no provenía precisamente de la esencia Omega de Damian.
Richard se odiaba más que nadie.
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Continuara…
Todo se reduce a posibilidades y las elecciones que haga, ¿Qué buen spam no creen?
Aclaremos algunas cosas por si no han comprendido la temporalidad que estoy manejando (Y porque quería ver si adivinaban, jaja)
El primer capítulo es cuando Dick y Damian están juntos, el primero decide hacerse cargo de Damian pero NO HAY SENTIMIENTOS DE POR MEDIO.
El segundo capítulo es un regreso al pasado, cuando Damian decidió dejar la mansión al enterarse de su condición, pensando que él solo podría solucionarlo, incluyendo su amor por Dick. Prehnita no es nada de Damian, salvo la amable vecina que ayudo al adolescente.
¿Y el tercero?, junten las piezas ustedes para entender XDDD, spoileo mi propia historia y eso le quita gracia.
¡RECUERDEN!
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*
