Para algunos el verano no es la época para disfrutar, pero para otras personas esos meses significan mucho más. Un punto en la vida donde se marca un hasta aquí, y sabes que ya la vida no será igual, que nada será igual. Mas en ese aparentemente aburrido y normal pueblo de Oregón llamado Gravity Falls.
Una nueva entrega. En la mansión empiezan a respirar un poco más tranquilos por el estado emocional de Pacifica, quien recupero su voluntad de luchar. Pero eso no evita la preocupación de Kimble, por su redención y sus planes para redimir al clan Noroeste, así que se decide a actuar abiertamente para defender a Preston Noroeste. Espero te guste este capítulo y el próximo miércoles (4 de Abril de 2018), si todo sale bien, publicare el siguiente capítulo. De nuevo esta historia, aunque sea por capítulos, puede leerse en forma independiente. Aunque forma parte de la misma línea narrativa o universo ficticio, así que me gustaría que ojearan el resto de mis historias.
Este es mi quinto Fic., gracias a todos los que me han leído y sus críticas, espero estar a la altura con esta nueva entrega.
Espero disfrutes tanto al leerlo como yo al escribirlo. Gracias!
He dejado uno pocos huevos de pascua, como siempre. Espero que les guste buscarlos.
Créditos al final
Gravity Falls Final del Verano: Un Misterio mal Guardado.
37. Métodos.
Cuando el señor Kimble se entero que su jefe iba a tener una conversación Padre a hija con la Señorita, temió lo peor. Sabía que la mirada de Preston Noroeste tenía algo que le cojeaba la sangre. El mismo, ex miembro de las SAS y del MI6, un par de veces había sufrido ante la mirada de su jefe. Era algo que la Señorita, difícilmente podría soportar. Además el propio Preston había preparado todo para doblegar psicológicamente a su hija. La niña estaba encerrada, los únicos que tenían permiso a entrar a su habitación eran los miembros de seguridad y para tortúrala mas le habían dejado su teléfono móvil. Era un escape a esa soledad, pero también seria la condena a quien llamara, o más aun incluso a quien la llamara.
Miro a Ritter frente a él, pero su subordinado tampoco tenía idea de que hacer. La lógica y el entrenamiento fallaban en ese caso Intentar pasarle cualquier mensaje seria imposible pues los hombres de seguridad revisaban todo lo le daban a la señorita, no se sorprendería que lo escanearan con rayos X o ultrasonidos. Necesitaba otro enfoque algo que se le escapara a él mismo y más a ese 'asistente' de Presto Noroeste. No fue sorpresa para ninguno el ir a hablar con la Señora Kristen.
Cuando Kimble termino de explicar el problema la mujer se le quedo esperando como dejando que continuara.
-"Si señora Kristen ese es el problema, hay que ayudar a la Señorita."
-"Y… eso es todo?" Respondió la mujer, como si no entendía cual era el problema. "O sea no lo ven?" No tuvieron que responder, ambos profesionales en operaciones especiales se volvieron a ver confusos.
-"Bien ya casi es hora de la cena, los señores Noroeste ordenaron que le enviaran la cena a la habitación de la Señorita… No hay mucho tiempo." Dijo tomando su teléfono. "Es seguro verdad?" Dijo minado primero el teléfono y luego preguntándole a Kimble.
-"Por el momento al menos…"
-"Perfecto." Dijo marcando un número. "Hola Kevin aun estas en el pueblo…" Hablaba con Kevin Richardson uno de los choferes. "Podrías pasar por la cafetería… No, esa no. La que tiene forma de tronco." Volvió a mirar a los mayordomos. "Podrían decirle a Niki que prepare su sopa especial? Si Keith quiero que compres algo para llevar…" Decía mientras alistaba todo. En unos cuantos minutos había llegado el chofer con su encargo y el olor de la sopa especial de la cocinera, Niki Yang, llenaba la cocina. La Señora Kristen alisto todo en una charola, pero se le quedo mirando pensativa.
-"El señor sabe como confundir a la gente con su mirada." Dijo pensando en voz alta, sin ponerle mucha atención a los dos confundidos mayordomos.
-"Si cuando te ve directo a los ojos es como cuando una serpiente a un conejo, es como si el miedo te paralizara y no hay esperanza siguiera en huir." Acoto Ritter.
-"No solo eso, toda esta seguridad, mantenerla incomunicada deseando hablar con sus amigos y al mismo tiempo temiendo por ellos si la llaman... desean que la Señorita pierda las esperanzas…" Sentencio mirándolos de repente.
-"La Señorita solo tiene doce años, y con todo eso es lógico que se sienta desesperanzada." Acoto Ritter.
-"Esa es la trampa, siempre hay esperanzas. Debemos hacer que la Señorita sepa que es así. Recordándole que aun tiene amigos y personas que la quieren y la pueden ayudar y…" Dijo como si de repente pensara en algo, saliendo de la cocina. Un par de minutos después volvió del jardín con algo en sus manos. "Y recordarle que la esperanza no es algo pasivo, la esperanza también está en saber que hay cosas por las que vale la pena luchar." Dijo tomando un florero poniendo una rosa amarilla en medio y decorándolo con varias ramitas de pino recién cortados del jardín. Lo que le saco una sonrisa al señor Kimble. "Hay que recordarle que no está acabada, que no es un conejo punto de ser devorado por una serpiente, que debe recuperase y luchar... Que es lo gracioso?" Dijo ante la sonrisa del inglés.
-"Pensaba en el caso de la serpiente y la liebre… que pasaría con un animal que no se queda congelado al ver a la serpiente?"
-"Simple se comería a la serpiente." Dijo la mujer, con una sonrisa ligeramente tenebrosa, después de que se llevaran el carrito.
-"Crees que funcione?"
-"Estoy segura que la Señorita lo entenderá, pero si quieres estar seguro habrá que esperar a que devuelvan las bandejas." Los tres esperaron cerca de una hora a que debolvieran el carito.
-"Al menos no ha perdido su apetito." dijo Riiter.
-"Debes aprender a observar no solo ver Jason." Le reprocho Kimble. Solo él y la señora Kristen fueron conscientes, desde un principio, que las ramitas de pino que acompañaban a la flor ya no estaban. Al menos así estaba más tranquilo, había aprendido a confiar en la intuición de River Kristen. Aun así había tomado una decisión sobre el joven Pines, antes de acostarse, reviso su computadora, durante la tarde había dejado un mensaje en el foro de La Escuela. Aunque no debía pedir permiso, se había decidido a actuar abiertamente para evitar que el chico fuera contra Preston Noroeste, pero si debía comunicar su decisión a La Escuela y en especial a sir Justin. Seguramente debía haber un mensaje de confirmación o comentarios de los miembros.
'JRoland desea hablar con usted desea contestar… (S/N)' Apareció en la pantalla de su portátil apenas al encenderla. Cosa que le sorprendió, en Londres debían ser las siete de la mañana del domingo. Entro al sistema y saludo al usuario a Roland, al parecer su mentor quería hablarle en privado.
Sir Justin era el miembro más prominente de La Escuela así como uno de los mayores. Aunque La Escuela era una especie de anarquía, donde cada quien actuaba por el bien común y la meta común, sin tener un organismo dirigente o líder, salvo ocasiones muy peculiares. Solían confiar en las opiniones de los más experimentados, siendo una especie de meritocracia. Así como respetaban la opinión de Kimble como ex agente de la MI6, respetaban la experiencia de Justin Roland por 'haber estado ahí.'
Había estado ahí en la torreta trasera de un Lancaster de la RAF. Había estado ahí escapando de Alemania luego de que derrabaran su bombardero. Había estado ahí, junto a los soldados aliados, celebrando la rendición alemana. Había estado ahí, en Berlín, durante la ocupación. Había estado ahí en la fiesta de celebración en la embajada americana celebrando la rendición japonesa. Había estado ahí cuando supo la verdad de las súper bombas y la invasión rusa de Japón. Había estado ahí, como ayudante de cámara, durante los juicios de Núremberg. Había estado ahí cuando empezó la guerra fría… Había estado ahí cuando acabo. Y, lo más importante, había estado ahí mientras se mantenía el equilibrio atómico. La extraña paz, el vals en el borde del precipicio que había sido la Guerra fría. No solo había estado ahí, había sido la pequeña voz al oído y el oído tras la puerta de la familia Real, y de los primeros ministros desde el segundo mandato de Churchill hasta Thatcher. Muy pocos conocían la verdad detrás de su reconocimiento por la Reina. Menos aun le decían Sir Justin.
Roland había aprovechado ese fin de semana, finales de julio, para visitar a algunos conocidos y en cierta forma pagar viejos favores. Por cosas de la vida sufría de un caso extremo de miedo a volar, afortunadamente Europa a nivel mundial, contaba con la red ferroviaria más extensa, cómoda, rápida y eficiente, aun así desde Londres a su destino habían más de 30 horas de viaje. En cierto momento cuando considero que tenía una conexión segura había leído el mensaje donde Kimble anunciaba su decisión de confrontar directamente al joven Pines. Pero razonándolo un poco podía ver una posibilidad, no demasiado remota de solucionar el ese pequeño problema en Oregón. Además, ya tenía este viaje programado por lo que podía solucionar el problema de Kimble al mismo tiempo que, aparénteme, visitaba a un miembro de La Escuela, uno de los pocos que podían llamarse de segunda generación, hijo de un antiguo colega y mentor. Quien había organizado todo en la casa donde trabajaba, incluso el permiso de su empleador, para recibir a ese caballero inglés. Aun era muy temprano cuando llego y la casa era segura, por lo que se apresuro a comunicarse con Kimble, afortunadamente lo logro encontrar conectado.
-"Sir Justin? Me gustaría decir que es un placer, pero…"
-"Ah Jonathan entiendo leí sobre tu predicamento, he estado esperando para comunicarme directamente contigo. Parece que evaluamos mal la situación con respecto al problema de los Noroeste."
-"Era algo que nadie se habría figurado solo unos días atrás, afortunadamente me di cuenta tiempo, antes de solo poder lamentarse."
-"He seguido atentamente lo que ha pasado en torno a los Noroeste, y el joven Pines, además del asunto con los Funshauser."
-"Entenderá mis temores entonces, señor."
-"Si Jonathan, aunque te quería pedir que me dieras un poco de tiempo, creo poder hacer algo, no puedo saber que tanto pueda ayudarte, pero… es mejor que perder un miembro como tú."
-"Sinceramente no veo como y cada minuto cuenta… estoy casi seguro que el chico ya tiene algo contra Noroeste…"
-"Entiendo, pero de todas formas allá es de noche. Espera a que me comunique de nuevo contigo mañana. Solo eso te pido."
-"Bien no pensaba en ir a visitar al joven pines hasta el sábado por la mañana."
-"Entonces perfecto, Jonathan y no lo des todo por perdido aun, creo que aun tengo un buen truco para ayudarte."
-"Gracias señor." Dijo algo aliviado Kimble, conocía a su mentor y, aunque sabía que ese 'truco' podría sacarlo del apuro, no pregunto qué haría y tampoco le extraño que no le dijera que pensaba hacer. La Escuela, como otras entidades de inteligencia, se regían en el principio del mínimo conocimiento necesario, esencialmente al saber lo menos posible se evitaban fugas, no se puede decir algo que no se sabe.
Era extraño pensar en ese caballero, o lord del reino, ahora dueño oficial y director de una escuela de mayordomos, había sido un niño normal creciendo en Londres en la década de los 30. Era, confidencialmente, el más respetado miembro de La Escuela. Pero nadie está solo y sus logros no solo fueron suyos, además de los demás miembros, cada mayordomo tiene tanta influencia o acceso a tanta información como su empleador.
Para Roland el viajar en tren siempre le recordaba esa vez, siete décadas atrás, cuando había tomado el camino contrario. Con la amenaza continua de los nazis y la ayuda de algunos héroes, que se enfrentaban al régimen. Podían no significar mucho en términos de la totalidad de la guerra, aun así arriesgaban sus vidas por desconocidos. Gracias a todas esas personas de las que nunca supo el nombre, el entonces sargento Roland había podido salir vivo de la Europa ocupada. Y toda esa travesía había empezado por un pequeño nazi…
Su Lancaster fue dañado por una batería de 88 mm alemana. El avión se mantuvo volando y perdiendo altitud por algún tiempo, pero le ordenaron saltar del avión. Despertó en algún lugar posiblemente tras las líneas enemigas, sin tener idea de donde estaba. Su comandante y piloto tuvo que volar a ciegas, gracias a que un cañón antiaéreo alemán mato al navegante. El bombardeo había sido nocturno, lo último que recordaba era correr hacia la oscuridad del cielo nocturno, de alguna forma logro abrir su paracaídas… Después su primer recuerdo fue sentir el sol calentando su piel. Y el segundo fue dolor, mas dolor del que podría imaginarse, por lo que volvió a perder el conocimiento.
No supo cuanto tiempo paso, recuperaba y perdía la conciencia contiguamente. Una vez creyó ver a un niño, con lo que parecía un traje de la Gestapo jr., pantalones cortos negros y camisa marrón con la bandera roja y negra en el brazo. En algún momento, cuando recuperaba la conciencia, noto que ya no estaba en el bosque. Estaba en algo parecido a una cama. Se mantuvo consiente aunque se sentía fatal, oía a desinfectante y su pierna le dolía, pero a un nivel lamentablemente soportable. El aire era frio, pero estaba sudando bajo algunas frazadas, lo que lo había despertado esta vez había sido el sonido de una puerta, ahí estaba el mismo chico con el uniforme de Gestapo jr.
-"Comer…. puedes?" No se había fijado el niño tenía una bandeja con un plato cubierto con una tela. Cuando el niño descubrió el plato el olor de la sopa le hizo olvidar el dolor de la pierna. "No mucha fiebre ya… puedes comer solo?" Por su cabeza le paso la idea de que lo habían capturado… pero era cierto que había tenido fiebre alta, eso explicaba como se había sentido, pero dudaba que eso fuera un cuartel, o que el niño fuera un oficial nazi, y la sopa olía demasiado bien. Trato de mover el brazo… se sintió mareado por el esfuerzo. "Yo dar…" El pequeño nazi le dio de comer. Cucharada a cucharada hasta acabar la sopa, esa era la mejor comida que Roland podía recordar haber tenido en toda su vida.
En ese momento el sargento artillero Justin Roland de la RAF, solo le interesaba comer. Al tiempo supo la historia, su piloto había tenido la mala fortuna de adentrarse mas tras las líneas enemigas, donde le dieron la orden de saltar. No recordaba nada, pero era claro que se había caído mal y se había fracturado la pierna, había logrado ocultar su paracaídas y adentrarse en el bosque, posiblemente días antes de que el niño, o más bien joven ahora que lo veía mejor, lo encontrara. El chico en uniforme de Gestapo jr, en vez de avisar sobre un inglés derribado a las autoridades nazis, le había dicho a su padre. Habían esperado a la noche para moverlo. Ya en ese lugar con el contenido de su kit de supervivencia y algunas pocas cosas que se perimieron conseguir o improvisar, lo habían ayudado a recuperarse de la infección que la fractura de su pierna había causado. Pero ahora estaba débil. Ni siquiera podía caminar sin ayuda, el padre del chico había hecho lo posible por acomodar y entablillar su fractura, pero no dejaba de ser una medida de emergencia, era demasiado riesgoso pedir ayuda a algún médico local.
Sabía que había estado de suerte y que esa suerte podía ser la maldición para familia que lo había ayudado, si descubrían que lo habían hecho en el mejor de los casos ambos padre e hijo recibirán una piadosa bala en la cabeza. Por eso era mejor irse lo más pronto posible y no saber donde estaba o quienes eran ellos, así que nunca hizo preguntas innecesarias y ni el padre ni el chico le dijeron nada, si luego era capturado no podría decir algo que no sabía. Pero tampoco permitieron que se marchara, al menos no hasta estar recuperado. Su recuperación fue lenta, varios meses después de despertarse en esa habitación y luego de entablar una amistad con el chico y el padre, los tres opinaron que podía seguir por el mismo, pidió que le taparan los ojos y lo dejaran en alguna parte del bosque. El padre estuvo de acuerdo lo llevo en auto, escondido en el maletero por lo que parecieron horas. Nunca supo si el bosque donde se despidió del padre, fue el mismo donde lo había encontrado el hijo. Luego de quedarse ahí, con su uniforme y solo su arma personal, espero a que el primer grupo de resistencia se comunicara con él, de alguna manera el padre había hecho los arreglos. Antes que empezara a clarear el día hizo contacto. Solo intercambiaron palabras claves. Luego lo condujeron por el bosque. Con lo que empezó la travesía más peligrosa de toda su vida, volver a territorio aliado.
Era otra historia de guerra y habría acabado ahí de no ser que después de lograr evadir a los nazis y volver a Inglaterra, teniendo una licencia para terminar su recuperación, mientras recibía tratamiento la guerra acabo. Los rusos habían tomado Berlín, el monstruo comunista había destruido al monstruo fascista. Ahora Justin Roland un artillero, condecorado, de la RAF con miedo a volar y una ligera cojera al caminar, no sabía qué hacer hasta que lo desmovilizaran. Uno de los puntos positivos de esa experiencia, además de estar vivo, fue que había aprendido alemán. Su benefactor anónimo se había esforzado en que aprendiera un alemán fluido y con acento austriaco, en parte eso había hecho más fácil su evasión a Inglaterra. Por su conocimiento del alemán fue comisionado como ayuda de cámara, el titulo que en el ejercito significaba mayordomo, de uno de tantos oficiales de escritorio que ahora tendían que lidiar con los enemigos derrotados, llego por tierra a las ruinas que una vez habían sido Berlín. Sus labores se reducían a preparar el desayuno, pequeños trabajos de oficina y traductor. Pero pudo ver lo que había sufrido Alemania. La propia Berlín, Colonia, el yermo que una vez había sido Dresde. No podía odiar a los alemanes, odio a los.- líderes nazis por lo que habían provocado, odio a la guerra por lo que lo había obligado a hacer.
Al sentirse en deuda busco a los que le habían salvado, aprovecho sus permisos para ir a la zona donde había caído. Sabía que era difícil pero sin embargo lo logro, no le sorprendió que fueran una familia acaudalada. Luego mantuvo correspondencia con esa familia con lo que su alemán escrito mejoro y al ser dado de baja, con la experiencia de ser ayuda de cámara. Sus benefactores le ofrecieron un trabajo, ahí el sargento Justin Roland termino siendo empleado en un castillo, entrenado por herr Wittenberg, el mayordomo jefe. Ese mayordomo formaba parte de lo que después conocería como La Escuela y en el joven ingles encontró un diamante en bruto.
La segunda Guerra había sido un golpe brutal para los ideales de los mayordomos, habían tratado de evitarla. Habían ayudado al ministro francés Daladier y al primer ministro inglés Chamberlain, quienes esperaban que la razón se impusiera a la guerra, de alguna forma compartían sus ideales, pero la guerra no tiene ideales, solo intereses. Justin era un experto en ello, tenía las cicatrices que lo confirmaban, pero no solo él. Una nueva oleada de mayordomos había experimentado la guerra más atroz de la historia. Sus sufrimientos y la incapacidad de sus mayores les enseñaron a todos que no solo debían ayudar a fomentar la paz, debían pelear y, de ser necesario, forzar una paz. Por eso los mayordomos empezaron a cambiar lentamente. Al principio fueron casos aislados, ideas propias, riesgos limitados a un solo individuo. Fotografías que aparentemente habían sido mal etiquetadas, fugas de información, aparentes errores, aparentes golpes de suerte. Lo que la nueva generación sabia era que ellos eran prácticamente invisibles, los que no eran contados, el ruido de fondo en las reuniones, fáciles de obviar o ignorar.
Debían aumentar su influencia, impulsando su alcance como tentáculos rodeando los pilares del poder, haciendo que sus empleadores tuvieran más importancia, más influencia. Impulsándolos e influyéndolos. Ser una elite entre los mismos mayordomos, para así lograr entrar en las casas más grandes y poderosas del mundo. Tener acceso a más poder desde las sombras de las charolas de té y bocadillos. Siempre ocultándose a plena vista, siempre pendientes. Pero en los primeros años de la década de los 50 era solo una idea, un sueño de lo que llegaría a ser. La economía de la escuela era gestionada por los mismos miembros, no eran extrañas las clausulas en los testamentos donde se le dejaba una pequeña fortuna al mayordomo de la familia, con eso y la información que obtenía desde las casas de los magnates y líderes de la economía mundial pudieron mantenerse libres de preocupaciones económicas.
Aun en este estado embrionario, a lo que aun no se le podía decir La Escuela, ya tenían sus logros. Habían orquestado los primeros pasos para evitar que los americanos fueran la única potencia nuclear. También evitado que los militares y políticos americanos y aliados, utilizaran las nuevas súper armas. Pero no había forma de ponerse de acuerdo, la misma composición de los mayordomos no tenían ninguna estructura jerárquica... No había un orden o consenso, se había logrado mucho dando libertad a cada miembro, pero lo mismo que los hacia una organización fuerte y secreta jugaba en su contra. No tenían lidéreles, lo más cercano eran las sugerencias tomadas por una especie de comités, eso les daba flexibilidad y evitaba que las peculiaridades de cada cual interfieran con la meta común. Pero esa flexibilidad consumía tiempo, era la trampa de toda democracia. Había ocasiones en que se necesitaba una decisión rápida, podía no ser la mejor decisión, pero era mejor que la inactividad.
Pasaron varios meses, una tensión que no se palpaba crecía mientras Estados unidos peleaba la guerra de Corea, y MacArthur empezaba a barajar lo que él llamaba la opción atómica. Harry Truman, luego de tener pesadillas por las fotografías que misteriosamente habían aparecido en su escritorio del bombardeo que había ordenado a Japón, no tenía la suficiente fuerza para evitar que las masas siguieran al héroe del pacifico.
Su jefe solía hablar de esos temas y, al verlo más como un buen amigo más que como un actual empleado, solía saltarse la formalidad. No era raro que mientras atendía a los señores empezaran a platicar con él, aun bajo la mirada vigilante y algo incomoda de herr Wittenberg, quien trataba de inculcarle la necesitada de mantener una distancia entre jefe y empleado.
-"Justin como ex aviador, qué opinas de los americanos?" Le dijo una vez mientras este les servía, bajo la supervisión de su superior.
-"De los americanos no sé, pero sus soldados eran buenos muchachos en su mayoría… aunque algunos tenían ideas raras."
-"Si son gente extraña, pero también ellos estaban más interesados en el pacifico que en Europa."
-"Su guerra fue contra los japoneses, nos ayudaron contra Hitler por tratados y la intervención de sus políticos." Acoto el hijo.
-"Y qué opinas de la situación en Asia, Justin?"
-"Es un problema político más que militar creo, aunque con MacArthur es difícil separarlos, es un secreto a voces que tiene ambiciones políticas, no sería el primer general en volverse presidente."
-"El problema es sus súper bombas." Acoto el más joven. "Aun es demasiado poco lo que se sabe de explosiones tan fuertes como un volcán o de esa radiación que causan."
-"También la mayoría de los militares pensaran que para que tener un arma que no se va a usar." Agrego el padre. "Aunque no creo que alguien cuerdo quisiera mas Hiroshimas o Nagasakis."
-"Ya eso no es algo tan militar, MacArthur ocupa una victoria aplastante para tener paso libre a la casa blanca. O no lo cree así Justin?"
-"No podría decirlo con tanta seguridad señorito pero… si posiblemente." En un mensaje que les había llegado hacia pocos días les habían informado de la 'Estrategia Atómica' que pensaba usar MacArthur.
-"Lo que pasa es que el pueblo ama a los ganadores, pero odia el fracaso." Acoto el padre. "Ahora el ejército americano está sufriendo desde la entrada de china a la guerra, el General Walke, es partidario las estrategias conservadoras de MacArthur. Ambos están fracasando ante el pueblo si se le da la oportunidad MacArthur usara sus súper bombas contra las fuerzas chinas. El pueblo lo vería como la única solución y lo aceptara sin más." Esa era la misma conclusión a la que habían llegado ellos.
-"Incluso Churchill tuvo que esperar a que Chamberlain quedara en ridículo para ser primer ministro."
-"Exacto, si MacArthur siguiera perdiendo y Walke empezara a ganar las cosas serian distintas, las ideas de MacArthur serian vistas como desesperadas por los políticos y el pueblo no lo apoyaría." Dijo el chico.
-"Si se pudiera mal informar a los chinos y norcoreanos." Agrego el padre pensativo. "Una forma hábil de ganarse su confianza dándoles los planes de MacArthur, y luego mal informándolos sobre los planes de Walke." Dijo mientras ojeaba el periódico. "Así con el primer movimiento harían que la popularidad de MacArthur bajara y con el segundo haría que su estrategia nuclear fuera innecesaria." Ninguno de los nobles noto la forma en que ambos mayordomos se miraron.
Pocas semanas después MacArthur demostraba que no era una carta de triunfo, al ser derrotado y tener que retirarse ante el ejército coreano. Mientras el general Ridgway, quien reemplazaba al menos intrépido y recientemente fallecido general Walke, lograba liberar Seúl y hacia retroceder a los comunistas. Menos de un año después el mismo MacArthur se retiraba del ejército y de la vida pública, el mundo había esquivado la bala nuclear por poco. Pero eso hizo que Roland y los demás mayordomos se dieran cuenta de algo, eran una fuerza que podía inclinar la balanza mundial, aunque inútil si no podían ejercer esa fuerza. Y para ejercer esa fuerza, sin el peligro de embriagarse con ella, alguien debía de tomar la decisión, pero la pregunta aun era quien.
Los mayores en ese tiempo, como el supervisor de Rolland, habían sabido de las ambiciones de Hitler, del rearme de Alemania o de los movimientos de tropas. Pensaron que habría pasado si esa información hubiera sido filtrada en su momento a los franceses o los ingleses o, incluso, a los polacos? Eso entraba en el mundo de los que tal si… Lo único que había salido claro de la segunda guerra mundial era una forma de no hacer las cosas. Y gracias a ese joven ex artillero aéreo, que había sufrido en carne propia sus errores, vieron otra forma. Cuando menciono el plan de acción para remover al peligroso MacArthur, no todos estuvieron de acuerdo, más aun por ser un 'recién llegado,' pero algunos si lo estuvieron. Estos mayordomos, en su mayoría americanos, guiados por el que se había aventurado a Causar el 'error' que había mostrado al presidente Harry Truman las fotografías del terror que había provocado en Japón. Decidieron prestar sus oídos y sus destrezas al plan del joven inglés. Era una jugada arriesgada el causar esas 'fugas' de información, pero el éxito demostró su efectividad. La sorpresa fue mayúscula cuando ese joven recién llegado y su mentor explicaron la procedencia del plan.
Era un nuevo camino que se les presentaba, un peligroso camino, pero el único que tenían, debían seguirlo para conseguir sus metas. Su ideal, no era tan efímero y esotérico como la 'Paz,' ahora la paz estaba supeditada al fin de todos. La humanidad había llegado a un punto donde podía suicidarse en masa por la ambición, fanatismo, ideología o demencia de unos pocos. Y los que habían sufrido la última gran guerra eran los indicados para evitar ese suicidio. La siguiente propuesta llego de un ex miembro de inteligencia. Debían saber cómo conseguir información, debían saber cómo simular una fuga de información, debían volverse 'agentes' en vez de solo mayordomos. Sería difícil en el mejor de los casos, muchos prefirieron no seguir ese camino, pero ninguno abandono sus ideales o a sus compañeros, lo que demostró que el método de confiar en la 'lealtad a los ideales' era efectivo. Cuando la idea de fundar una escuela como fachada apareció de alguna parte y aprovechado el cliché del mayordomo ingles que había empezado a popularizarse, fue obvio que mejor lugar que el fundarla era Londres. Un antiguo mimbro fundo la escuela de mayordomos, los ex agentes de inteligencia y ex soldados sin importar el uniforme que vistieran en la guerra compartieron su conocimiento. La guerra había marcado a todos en mayor o menor medida, algunos pocos la habían sufrido en carne propia, otros lloraban a sus pérdidas. Pero ninguno de esos valientes deseaba repetir esa barbarie a escala global.
Para ellos la voz de ese nuevo integrante, ex artillero, ex compañero de desdichas y de horrores, era una que podían entender. Pero no fue la única. Los que habían vivido la guerra en el frente o en oficinas, los que había tenido que mandar a jóvenes a morir o matar a sus enemigos, los que habían defendido sus ciudades y los que habían bombardeado las de sus enemigos todos aunaron sus capacidades a los propósitos de sus mayores. Compartiendo conocimiento, arriesgándose y ocultándose. No todos tenían la ventaja de la experiencia, no todos tenían la ventaja del conocimiento, pero eran una legión, decidieron que deberían compartir sus habilidades y sus conocimientos. Fue cuando La Escuela se fundó como era actualmente, siguiendo con la fachada una escuela de Mayordomos en Londres. Los que siguieron ese camino usaron cientos de escusas y así poco a poca en cada mansión o castillo donde una vez trabajo un integrante ahora trabajaba un especialista en inteligencia, al principio el comunicarse era difícil y delicado, mensajes escondidos en partidas de ajedrez, en recetas, en fotografiaras y mil otras formas lograron mantener un contacto bastante eficiente. Eso les dio un sentido de unión de grupo. Eran los que guardaban el mundo de sí mismo. Pero recordando la máxima sobre el poder y la corrupción, fueron lo suficientemente listos como para evitar ese escenario, así aun 50 años después de fundada, La Escuela nunca había tenido una jerarquía.
Pero Justin era más organizado y empezó revolucionar los sistemas, con las mismas convicciones e ideales. Lo primero fue crear las listas, los niveles y los métodos. De cómo nivelar a los miembros, de cómo mantener la información a un minino evitando ser descubiertos. De cómo seleccionar y educar a los postulantes, aprender a educarlos y al mismo tiempo observarlos, para incluirlos poco a poco, subiendo los niveles de La Escuela, dejando la estructura hereditaria del puesto de mayordomo, permitiendo a cada miembro el riesgo de postular o patrocinar a nuevos miembros. Evitar que nociones como el nacionalismo, el racismo, la familia o el ansia de poder interfieran en sus ideales. Cada nivel que subía cada miembro, al igual que su patrocinador, era medido, calificado y filtrado para asegurar su lealtad y eficiencia, no a La Escuela como tal sino a los ideales que guardaba.
Poco a poco esos ideales de confianza, de discreción y de lealtad se volvieron fundamentales. La Escuela termino teniendo mucha influencia, sabiendo muchos secretos, sabiendo cómo debían ocultar o publicar o traficar con esa información. Esas eran sus armas con eso evitarían el suicidio de la humanidad. También la noción de que ningún miembro de la escuela tendría preferencia ante otros y que se mantendrían alejados de la luz pública. No deseaban ser corrompidos por dentro, por eso cualquier idea de jerarquía fue rechazada. Y su mayor arma era su invisibilidad, si solo uno de sus miembros era descubierto todo se vendría abajo. De ahí que si alguno llegaba a llamar al atención indebidamente o demasiado seria excluido temporal o permantentemente.
Eso fue llamado las listas amarilla y roja respectivamente.
Todo acto de La Escuela seria tomado gracias a un consenso de los miembros. Pero, como lo había visto el mismo Justin, a veces era necesario que alguien tomara la batuta. Con la capacidad de tomar las decisiones correctas. Pero el problema no era tan simple, la solución obvia era al menos tan antigua como la República de Roma o la Polis de Atenas, elegir a 'alguien' que tomara las decisiones en tiempo de necesidad o por turno. Pero eso había significado la perdición tanto para la República Romana como para Atenas. Fue cuando tomando como ejemplo la experiencia de MacArthur, propuso que debían escoger a alguien cercano, pero esa persona no debería ser miembro de La Escuela. La pregunta fue entonces si tales personas existían. Era peligroso pero quien mejor que ellos para encontrar a esos individuos, gente que prefería el bien común.
Para Roland no fue raro que, muy delicadamente, se le propusiera a su benefactor de la segunda guerra mundial, el hombre que había entablilladlo su pierna, enseñado a marchas forzadas a hablar alemán y mantenido a salvo de los nazis; ser parte de esos primeros 'Asesores' de La Escuela. Fue asesor, cada vez que se lo pidieron, por el resto de su vida. El mismo hombre, el empleador de Roland, por la confianza en el joven mayordomo y el deseo de que La Escuela tuviera más alcance, lo recomendó a un antiguo amigo, para que le ayudara a mantener su casa. Gracias a eso Justin abandono Austria y volvió a su nativa Inglaterra, contratado por el conde Louis de Mountbatten, primer Lord del Almirantazgo y una de las personalidades políticas y aristocráticas más grandes de Gran Bretaña. Dejando a Justin y a La Escuela a un solo paso de la Reina y en condiciones de acceder a toda la información militar, en especial naval, inglesa. Nunca volvió a trabajar para su amigo el chico ex nazi y su padre el conde nazi y su hijo que le había salvado la vida y dado un propósito.
Pero ahora estaba de nuevo donde todo había comenzado, no muy lejos de donde había sido derribado. Si miraba atrás no solo pagaba un favor, sino que podía muy bien preparar el camino para la siguiente generación de La Escuela. Durante los últimos años los asesores no habían sido suficientemente certeros. El podía entenderlo, no era que los Asesores o La Escuela bajaran de nivel, era que el mundo había pasado a otro nivel. El mismo había tenido un atisbo de eso cuando su jefe y amigo, el Muy Honorable conde Louis Mountbatten de Birmania, el último Virrey de la India y cuñado de Su Majestad la Reina, fue asesinado en un ataque terrorista del Ejercito Republicano Irlandés, en 1979. El mundo cambiaba, ahora locos y fanáticos con dinero y seguidores, podrían influir casi tanto como las potencias atómicas en su tiempo. Al igual que esas facciones de la humanidad que no estaban de acuerdo con la paz, La Escuela debía cambiar sus métodos.
Un paso preliminar para eso fue preparar nuevos integrantes, con lo que consiguió que un experto en el tema del terrorismo y antiterrorismo se uniera a La Escuela, primero como maestro, luego como miembro. Un ex miembro de las SAS y del MI6, Jonathan Kimble, que en pocos años había alcanzado renombre y estar muy cerca de la cúpula de La Escuela aun al tener que arriesgarse y entrar en la lista amarilla. Pero el cambio ya estaba hecho ahora los miembros eran agentes, algunos como Kimble y su protegido Ritter, al nivel de fuerzas de operaciones espéciales. Pero no solo La Escuela como tal ocupaba nueva sangre o nuevas ideas. Podía ser que ahora allanara el camino, para conseguir esa nueva generación de Asesores. Por lo que le pidió a su anfitrión que le permitiera hablar con el dueño del castillo, quien acepto reunirse con él en una de las salas del lugar.
-"Buenos días señor." Dijo sir Justin en perfecto alemán.
-"Buenos días." dijo el dueño con un poco de sorpresa. "Usted es sir Justin el invitado de Herr Wittenberg, deseaba verme?"
-"Si señor, deseaba agradecerle por permitirme quedarme en su casa."
-"No es ninguna molestia, aunque me extraño cuando Herr Wittenberg me dijo que usted deseaba hablar conmigo." Dijo ligeramente intrigado.
-"No sé si sabrá que yo también fui mayordomo. Trabaje con el padre de David… de herr Wittenberg."
-"Solo menciono que usted era un viejo amigo de su padre, no que trabajaran juntos." Dijo amablemente el joven. "Además si trabajo junto al padre de herr Wittenberg también debió trabajar con mi familia." Y tomando un momento para pensarlo agrego. "Me incomoda que un invitado este solo mirándome y ya es hora de desayunar. Ya que usted no tiene la escusa de David de mantener las distancias entre empleado y patrón, me honraría con acompañarme a desayunar sir Justin?"
-"Sera un placer, es poco frecuente para mi estar con jóvenes de mente tan ágil barón." Dijo mientras, seguía al joven a un desayunador y preparaba un lugar justo frente al joven barón. "Sabe que al verlo ahora, me recordó la primera vez que vi al señor Conde."
-"Ahora estoy un poco distanciado de la familia, me haría el favor de llamarme por mi nombre?"
-"Como usted diga barón, pero me es difícil." Le dijo sir Justin a Marius von Funshauser mientras se servía café.
Continuara.
