Capítulo 22: Dos habitaciones


Canción: 198. De niña a mujer - Belinda.

Propuesta por Sthefynice.

Personajes: Ai, Makoto.

Pairing: Menciones de Ai/Tomoki.

Género: Familia.

Sumary: Ai y Makoto solían discutir con frecuencia, lo que era nuevo para ambos era que sus gustos comenzaran a diferenciarse.


Desde que Ai tenía uso de la razón, recordaba que sus gustos habían sido muy similares a los de su mellizo. A ambos les gustaba la misma comida y les desagradaba la misma. Solían pelear para comer la mayor parte del postre y cooperar para deshacerse de las verduras sin que ninguno de sus padres los viera.

Solían jugar con los mismos juguetes y el querer usarlos al mismo tiempo hacía que discutieran con mucha frecuencia. Peleaban para ser quien los usara y casi siempre terminaban rompiéndolos. La rutina era la misma, cada vez que rompían algo, se enojaban más de lo que estaban y pasaban varias horas fingiendo estar enojados, demasiado orgullos para admitir su responsabilidad en esa pelea.

También compartían una habitación y un camarote. Ai tenía la parte de arriba por ser la mayor. O al menos eso era lo que solía decir. Era el lugar que más le gustaba, cuando Makoto no golpeaba su colchón para molestarla o para llamar su atención. Ai también hacía algunas cosas para fastidiarlo, como dejar colgar sus pies del borde.

O al menos así había sido durante la infancia. Ambos se hicieron fanáticos de las revistas y de colocar los posters que estas incluían en la pared. El problema es que estas eran muy diferentes y que al otro le molestaba los posters que pegaba su mellizo.

—¡Makoto! —gritó Ai molesta —. ¡Qué le hiciste a mi novio!

—Un favor —respondió Makoto —, arreglé su horrible cara con un lindo bigote.

—¿Cuántas veces te he dicho que no toques mis cosas?

—Las mismas veces que te he dicho que no pongas tu basura en mi espacio.

Ai arrancó el poster de motocicletas más cerca de ella y lo rompió a la mitad sin importarle el valor que tenía para su hermano. Luego lo arrugó en una bola y se lo lanzó a la cara. Estaba molesta y quería que él sufriera lo mismo que ella había sentido cuando descubrió su poster rayado.

—¡Para que veas lo que se siente!

Makoto, bastante molesto, tomó uno de los posters de la banda favorita de su hermana y lo arrugó en una bola, pero en vez de lanzárselo a la cara, lo arrojó al balde de la basura. En esa habitación había una gran cantidad de posters, pero cuando la pelea terminó, no quedaba ninguno intacto.

Cuando la madre de los niños llegó, encontró a sus dos hijos gritándose. Se llevó las manos hasta las sienes y las masajeó en un intento por disminuir la migraña que sentía. Ese tipo de peleas se estaban volviendo cada vez más frecuentes, pero en esa ocasión, sabía qué hacer.

—¡Ai, Makoto! —gritó.

Ambos niños dejaron de gritar y se voltearon. Sus rostros mostraban la vergüenza de dos niños atrapados en medio de una travesura y el temor de quien sabe que está en serios problemas.

—Esto no puede seguir así.

—Es culpa de Makoto, él no respeta mis cosas.

—Lo dice la asesina de posters.

—¡Tú comenzaste!

—No me interesa de quién es la culpa, ambos no pueden seguir peleando —les regañó la madre de los mellizos —, y si no son lo suficiente maduros para compartir una habitación, uno de los dos tendrá que irse al ático.

—Que sea Makoto.

—Yo la quiero.

Ai se sorprendió al escuchar las palabras de su hermano. El ático le parecía un lugar horrible, pero su hermano parecía ilusionado ante la idea de mudarse a ese sitio. Por unos instantes sintió la tentación de pedir esa habitación, idea que descartó de último momento. No quería que su madre descartara la idea de darles habitaciones separadas y mucho menos caer en lo que parecía ser una trampa de Makoto.

—En ese caso comenzaremos con la mudanza de inmediato. Ai, también tendrás que ayudar con la limpieza.

—¿Por qué?

—Porque son hermanos y la familia debe apoyarse, porque es culpa de ambos que esta habitación esté hecha un desastre y porque si no lo haces, estarás castigada todo el fin de semana.

Ai asintió con un gesto de cabeza, de haberse tratado de cualquier otro día habría elegido el castigo, pero ese fin de semana tenía planes con Tomoki y de verdad quería acompañarlo. Muchas cosas habían cambiado en ella con el inicio de la adolescencia y lo que sentía por Tomoki era una de ellas. Seguía disfrutando pasar tiempo con él y seguía divirtiéndose cada vez que practicaban algún deporte, pero las mariposas que sentía en su estómago eran nuevas.

Ambos mellizos se dirigieron a la bodega y tomaron los suministros de limpieza. Comenzaron barriendo, algo complicado por la enorme cantidad de cajas y polvo que había. Solo estuvieron tres minutos antes de salir corriendo, asfixiados por una nube de polvo que apareció cuando quitaron una de las mantas que cubría uno de los muebles.

—¿Hace cuánto que no se limpia este lugar?

—Se suponía que debíamos hacerlo la semana pasada.

—Sí, se suponía.

Ai recordó el motivo por el que ninguno de los dos limpió el ático. Ese día estrenaron una película cuyo nombre no lograba recordar y que, en teoría era de terror, pero que era tan mala que ella y su hermano se rieron durante la mayor parte del filme. También recordó que estaba enojada y se dirigió a la bodega en búsqueda de unas mascarillas.