Para algunos el verano no es la época para disfrutar, pero para otras personas esos meses significan mucho más. Un punto en la vida donde se marca un hasta aquí, y sabes que ya la vida no será igual, que nada será igual. Mas en ese aparentemente aburrido y normal pueblo de Oregón llamado Gravity Falls.

Una nueva entrega. La visita 'turística' de sir Justin continua por Austria, luego de pasar parte de la mañana de ese domingo platicando con Marius. Pero aún es temprano y le falta cumplir con otro propósito, no tan oficial como ayudar al joven barón y su abuela, pero si tan importante. Espero te guste este capítulo y el próximo miércoles (25 de Abril de 2018), si todo sale bien, publicare el siguiente capítulo. De nuevo esta historia, aunque sea por capítulos, puede leerse en forma independiente. Aunque forma parte de la misma línea narrativa o universo ficticio, así que me gustaría que ojearan el resto de mis historias.

Este es mi quinto Fic., gracias a todos los que me han leído y sus críticas, espero estar a la altura con esta nueva entrega.

Espero disfrutes tanto al leerlo como yo al escribirlo. Gracias!

He dejado uno pocos huevos de pascua, como siempre. Espero que les guste buscarlos.

Créditos al final

Gravity Falls Final del Verano: Un Misterio mal Guardado.

39. Monumento.

Sir Justin considero que había ayudado lo suficiente al joven barón Fundshauser, debía dejarlo para que el mismo llegara a sus conclusiones. Podría ser que esperada mucho del joven, pero dentro del esquema de las cosas. El caballero esperaba al menos eso del barón. Afortunadamente gracias a la expresión que vio en la cara de su anfitrión, estaba seguro que cumpliría con sus expectativas. Continuaron su charla en sala de estar del castillo, comentando acerca de nulidades y algunas noticias, poco a poco el inglés llevo la conversación al reciente escándalo en la costa oeste americana, como esperaba su anfitrión se animo un poco, mientras comentaban sobre el escándalo causado por los documentos que habían aparecido.

-"Tiene alguna idea de la veracidad de ese escándalo." Dijo el inglés. "Según me comento David usted acaba de pasar una temporada en esos lares."

-"No era mucho más que un poco de turismo, debía atender ciertos compromisos, tanto míos como en representación de la familia, por casualidad fueron en la costa oeste." El inglés sonrió al notar que el noble austriaco ocultaba algo. "No estuve lo suficiente como para tener una opinión. Lo único que tengo claro, dadas las fuentes de ese escándalo, es que nadie podría decir que es real o falso, cualquiera con mínimos conocimientos pudo crear esas imágenes en una computadora." Dijo volviendo a ser sí mismo. Casi logrando ocultar que sabia más de lo que decía.

-"Sera esperar el miércoles, según el Times, será cuando publiquen la segunda parte del reportaje."

-"Si habrá que esperar… pero dudo que pase a mas." Dijo el joven pensando un podo antes de dar su opinión. "Pero volviendo al ahora, según herr Wittenberg, vino a Austria por placer."

-"Si barón, desde mi retiro prefiero mantenerme ocupado. Sigo la máxima 'mente sana en cuerpo sano,' además no soy de los que pueden quedarse quietos y dejarme languidecer en algún lugar." Cosa que el barón había notado, si bien su interlocutor debía sufrir lo achaques de su edad, el tono de su voz así como esa mirada de un azul metálico indicaban que distaba mucho de la primera impresión de ser el frágil abuelito de alguien. "Afortunadamente conseguí ser instructor en un instituto. Nada muy complejo, ya sabe aplicar mi experiencia, instruir a las nuevas generaciones. Pocos se imaginan todo lo que implica el cargo de mayordomo. Etiqueta, algo de cocina, manejo de la casa para citar algunas responsabilidades." Que esencialmente era cierto, aunque muy inexacto. "Esta semana me la ofrecieron para vacaciones, así que decidí aceptar una invitación, que por diversas razones había postergado por algún tiempo."

-"Algún otro veterano?" Interrumpió el germano.

-"No exactamente… pero casi." Agregó el inglés sonriendo. "Aun quedamos un puñado de viejos que sobrevivimos a esa atrocidad, pero esas reuniones son usualmente a nivel de batallones o escuadrones. En mi caso, la mayoría de mis amigos cercanos de la guerra no sobrevivió."

-"O mis disculpas..." Dijo el joven quedando en un incomodo silencio.

-"No se preocupe, es algo que no podía saber. Además usted podría verse como un monumento a su memoria, todas las nuevas generaciones que han logrado vivir sin el flagelo del nazismo. Además ellos siempre me acompañan, no hay día que no los recuerde y que no intente darle valor a su sacrificio." Dijo dejando a su acompañante pensativo.

-"Creo que todos deberíamos vivir agradeciendo esos sacrificios." Dijo con solemnidad el noble.

-"A mi modo de ver cada ver su propia vida es un agradecimiento a todos ellos. Pero, volviendo al motivo de mi visita, en cierta forma tiene razón, aunque me sorprende que no sepa el motivo de mi viaje. Si como dice ha oído hablar del 'inglés sensato' amigo de su abuelo. Puede que fuera una sorpresa que le tenían preparada, no sé si eso me hace sentir alagado o como una reliquia de museo, posiblemente las dos cosas." Decía mientras sonreía. "A decir verdad vengo a visitar a su alteza la condesa."

-"A oma Mechthild?"

-"Fue la esposa de mi mejor amigo, además de una amiga. Por lo que sé, ustedes eran muy cercanos, por eso me sorprendió que no supiera de mi visita."

-"Estos días oma Mechthild y yo nos distanciamos un poco." Dijo ensimismándose de nuevo. Aprovechando que esa expresión podía ser malinterpretada, el amable inglés continúo.

-"No piense que me inmiscuiré en sus asuntos familiares. Soy lo suficientemente viejo para saber cuándo es mejor guardar silencio o soltar un sermón. Ahora es tiempo de lo primero, así que no diré nada de que usted ya está en esa edad o que la condesa es un ángel, posiblemente ambas cosas sean ciertas." Dijo sonriendo de nuevo. "Ella no ha cambiado nada desde que el conde me hablo por primera vez de ella, ruda… pero con un lado tierno." Quedándose un momento pensativo y con una pequeña sonrisa agrego. "Si el señor conde, su abuelo, estuviera vivo ahora le gustarían lo que llaman, deportes de riesgo."

-"Si la condesa tiene esa cualidad de que puede volverte loco y aun así seguir queriéndola, creo."
Dijo el joven mientras reía del comentario del inglés.

-"He retrasado mucho esta visita, si bien no estamos al mismo nivel muestras agendas suelen estar muy ocupadas. También aprovechare mi estancia en esta zona, desde mi terapia en la pierna me interese en el senderismo. Hace mucho que no viajo y creo que el aire de las montañas será muy bueno para mí."

-"Si lo permite me encetaría acompañarlo en alguna caminata." Dijo el joven, ligeramente preocupado de un caballero de esa edad se adentrara en los bosques. "Si me promete hablarme más sobre mi abuelo y lord Mountbatten." Agrego a manera de escusa.

-"No quiero excederme al hacer senderismo con un joven como usted. Pero le prometo que continuaremos platicando de ellos, es un gusto para alguien de mi edad poder platicar de estos temas con alguien de la suya. Además ya hice arreglos con una asociación de veteranos, creo que la edad minina de los tours por los senderos es de 70 años, además del personal de apoyo" Dijo con la sonrisa afable que lo caracterizaba.

-"Entonces permítame invitarlo a la cena y si puede convencer a herr Wittenberg, de acompañarnos sería fantástico."

-"De seguro lo sabe, David es la personificación del cliché alemán, así que no compartirá la cena con usted, pero démelo en mis manos, algo se me ocurrida."

-"Si lo desea podemos ir a platicar al salón."

-"Gracias barón, pero usted mejor que nadie conoce a la condesa. Si sabe que estuve aquí y me retrase al visitarla, ella podría hacer que me expulsen de Austria…" Dijo el anciano riendo. "Ambos conocemos el carácter de la condesa, barón"

-"Por favor solo Marius, onkel Justin."

-"Solo Justin, por favor señoría." Dijo el lord inglés un poco incomodo al ser llamado onkel, o sea tío, por el joven noble.

-"Usted fue el mejor amigo de mi abuelo y también de oma, de eso no tengo dudas, me haría el honor de considerarme al menos su amigo?"

-"Como usted diga joven… Marius."

-"Gracias onkel Justin."

-"Ahora debo irme si deseo llegar mínimamente puntual a la residencia de la señora condesa." Dijo el inglés sabiendo que sería inútil protestar, algo en la actitud del chico le recordaba demasiado a su viejo amigo.

-"Si lo desea puedo prestarle mi limosina?"

-"Gracias, pero no Marius. Ya tengo todo arreglado, además si llega una limosina donde la condesa, la tropa de paparazzi y turistas, que suele rodear el castillo, no nos dejarían tranquilos. Mejor que solo sea un viejo entrando por una puerta de servicio." Dijo señalando su teléfono móvil.

-"Tiene usted razón creo." Dijo el joven mientras se despedían.

-"Entonces lo espero…" Dijo el anciano al teléfono. "Me vendrán a recoger, pero aprovechare para dar una caminata, así que si me disculpa." Se despidió el inglés. Después de caminar casi un kilometro, lo que era su rutina matinal para mantenerse en forma, subió a un automóvil para el viaje hasta el castillo Hohehauser.

Era el castillo donde se había despertado después de sobrevivir a la caída de su avión, donde había pasado años, siendo a la vez empleado y amigo, instructor e instruido. Ese castillo que siempre le traía recuerdos de una vida mucho más simple y de cómo la fue complicando poco a poco. De ser un miembro más de los mayordomos, que no tenían un nombre en ese momento, a ser parte de los que conformaron La Escuela. Pero sobre todo recuerdos del mejor amigo que había tenido en toda su vida, esa había sido la casa de Wilhelm.

Mientras el auto se acercaba más a la antigua construcción. No podía dejar de pensar en lo que ese castillo había significado a nivel mundial, incluso en un nivel que muchos ni siquiera sabían que existía. Ahí el Conde Augustus había aprovechado el boom económico, luego de la segunda guerra mundial, y la excelencia de la industria germana para sementar las industrias Hohehauser, de una planta siderúrgica que se había mantenido a salvo de los bombardeos aliados, paso a una industria pesada y de refinación, alimentado con metales de calidad a la reconstrucción de la economía europea. Luego gracias a la agilidad de mente del conde había diversificado sus intereses formando el núcleo de lo que su hijo había consolidado en el Grupo Hohehauser, en parte La Escuela los había ayudado, dándoles una pequeña ventaja que supieron aprovechar al máximo.

El tanto el grupo Hohehauser como la influencia del Conde Augustus y de su hijo empezaron a ser palpables en Alemania y por ende el resto de Europa, los campos de batalla se convirtieron en granjas y en prados, las ruinas volvieron a ser hogares, edificios y plantas industriales. Tanto el conde Augustus como su hijo, se convirtieron en la voz de confianza y consejo de los políticos. Ellos fueron las 'fuentes bien informadas,' 'informantes mas allá de toda duda' o 'los consejeros anónimos" nombrados en infinidad de reuniones y conferencias, en la medida de lo posible tras bastidores. Ellos tenían acceso limitado a la información obtenida por La Escuela, y si se supiera que solían aconsejar mas acertadamente de lo estadísticamente posible podría levantar sospechas, lo que era una de las razones de su anonimato. De ahí que eran pocos los que sabían el peso que esos nobles austriacos habían tenido en el milagro de la reconstrucción europea. Y entre los que lo sabían, reconocían que la importacioncita de la información, depende de la capacidad de quien la utiliza y de cómo la utiliza.

Gracias a esa influencia, y al mismo poder que la familia y el grupo Hohehauser empezaban a tener, La Escuela misma acelero su crecimiento. Tanto el Conde Augustus como su hijo eran héroes olvidados por su propio deseo, eran pocas las menciones a ellos en los libros de historia, y eso estaba bien para ambos. Por otra parte su influencia en la sociedad también empezó a ser palpable, gracias a las hábiles manos del miembro más reciente de la familia Hohehauser, que usando las mismas fuentes que su esposo y su suegro fue adquiriendo cada vez más nivel e influencia dentro de la sociedad Europea. En el viejo continente, en la parte no infectada del virus del comunismo, aun siendo democrática, las viejas costumbres y los viejos apellidos aun tenían importancia tanto en el pueblo, como en la economía. Así fomentando sus lazos de manera natural el apellido y el titulo fueron cobrando más renombre. Aun dado que el matrimonio del joven conde nunca tuvo hijos varones, lo que en condiciones normales significaría un demerito. Pues el apellido Hohehauser desaparecería.

Gracias a la influencia del carácter, inteligencia y fuerza de joven condesa, había administrado los diversos títulos de sí misma y su esposo y aumentado el prestigio adjunto a cada uno. Muchos veían a la joven condesa, gracias a sus hijas, como una versión reducida de su antepasada, la Reina Victoria de Inglaterra, que fue conocida comúnmente como la abuela de Europa, dado que sus descendientes, sin mantener su apellido, fueron las casas reinantes en Europa de principios del siglo XX. Gracias a las capacidades sociales e inteligencia de la joven Dame Hohehauser, que usando dichos títulos, se impulso a sí misma y a su familia y, en forma secreta, a La Escuela.

Ya mediados del siglo XX las únicas monarquías, por ende noblezas, con poder en Europa se limitaban al Gran Ducado de Luxemburgo y al Principado de Mónaco, pero aun así incluso donde la nobleza fue abolida judicialmente, como, paradójicamente, había ocurrido en Austria, dichos títulos aun tenían peso en la sociedad europea de cualquier nivel. La psicología europea estaba ya condicionada, dando como resultado las monarquías constitucionales y la nobleza ceremonial. Sin el mismo poder inherente que una vez fue de la aristocracia, pero el valor de los títulos tenía más que ver con el prestigió o, lamentablemente, el snobismo y arribismo social. Sin embargo el contar con un titulo era una meta que más de uno deseaba, y algunos lograban ya fuera por merito, algunas monarquías solían premiar a sus súbditos o personalidades extranjeras con títulos. Los ejemplos más notables eran las monarquías de Gran Bretaña, Bélgica y, posteriormente, España. Otros podían comprar títulos, aunque esta práctica era vista de manera negativa entre la 'alta' sociedad.

Gracias a la joven condesa Hohehauser, la duquesa Von Mittelhauser al momento de nacer. Al casarse la pareja consiguió el, algo incomodo, titulo de Wilhelm y Mechthild 10° duques Von Mittelhauser, 11° condes Von Hohehauser, 8° vizcondes Von Kurzeshauser, además de otros títulos de menor renombre que les pertenecían o a los que podían optar. Luego, por matrimonio de una de sus hijas, entraría el titulo de la baronía Von Fundshauser. Pero a diferencia de los títulos comprados y casi al nivel de los otorgados por la realza, esos títulos significaban más que simples adornos al apellido. Gracias a los esfuerzos de la condesa la pareja tenía un tratamiento casi real entre las cortes y la sociedad europea, que en su propia forma podía ayudar a La Escuela. Una carta de recomendación con la firma 'Von Hohehauser,' era casi suficiente para garantizar un empleo. Pero el título que más valía, el único en verdad le importaba, el de más valor para la sociedad y en especial para la Condesa, era con el que había nacido su esposo. El Condado Von Hohehauser, que en ese momento llevaba más de 20 años sin sucesor.

-"Sabia que lo estaba guardando y ese joven parece ser la persona ideal para heredarlo y no solo ese titulo." Dijo si Justin antes de bajar del auto en las cercanía del palacio. Se quedo a las puertas del muro mirando mientras un animado grupo de turistas se alineaba para una de las visitas guiadas. Mientras notaba a tres autobuses y algunos autos particulares estacionados en el sitio donde alguna vez habían estado las caballerizas. No se le podía comparar con un parque temático o un zoológico, pero el mismo aceptaba que una pieza arquitectónica como el castillo, ahora con salones convertidos en salas de exhibición y museos, era digna de admirarse.

En otros tiempos esos portones permanecían cerrados casi siempre, salvo para dejar entrar algún auto, pero de esa forma, con las anchas puertas de roble abiertas, se podían admirar los jardines aun tan hermosos como él los recordaba. En el estanque, en medio de lo que ahora era una rotonda para los vehículos, la pequeña cascada aun se dejaba oír cantarían y las sombras de colores de los peces ornamentales, posiblemente los descendientes de los que en su momento el mismo Wilhelm alimentaba. Hacía mucho se había enterado de que el castillo había sido declarado ´patrimonio de la humanidad.' Pero una cosa era ser simplemente una pieza de exhibición y conservación, y otra era ser la atracción que podía ver y sentir, si bien el ambiente era digno, podían oírse las risas de los las familias y sus chiquillos, disfrutando del jardín o subiendo por el camino de mulas desde la base de la colina, siguiendo algún camino dentro del bosque, las familias, en el área que aluna vez fuera el destartalado edificio de la armería, se alistaban en mesas o en el césped con sestas de picnic, o comprando chucherías o comidas en el reformado bastión de la guardia. Aunque un pensaba en lo que habría hecho Wilhelm al tener extraños recorriendo su casa.

"Posiblemente el mismo habría sido el guía." Pensó sonriendo al recordar la personalidad de su amigo, mientras traspasaba los portones de la fortaleza, pagando la cuota de entrada como cualquier turista. Algunos grupos se reunían alrededor del sendero de los jardines, que 'el mismo conde había cuidado,' como la anunciaban los letreros. "Esa era parte de la rutina de Wilhelm… decía que eso lo mantenía cuerdo." Cuidar las plantas, desde seleccionar las semillas y los semilleros a organizar el jardín y podar los setos. Aun recordaba como el jefe de jardineros se ponía incomodo cuando le daba las 'sugerencias' de lo que debía hacer el conde. "A veces empezaba a las 6am hincado sembrando o cuidando las plantas en un embarrado traje de trabajo, con guantes, botas de hule, sudoroso y con la cada manchada de barro." Solía ser impactante verlo, pocas horas después, en un traje de tres piezas, en la oficina con una vista a ese mismo jardín, mientras guiaba a sus industrias, o incluso a toda Europa, hacia el futuro. El futuro que todas esas personas disfrutaban.

Otros senderos conducían al bosque, que rodeaba al mismo castillo hasta la base de la colina donde se edificaba, el bosque era relativamente nuevo, según otro rotulo databa del siglo XVIII y originalmente había sido una de las defensas de la fortaleza, un yermo de varios cientos de metros subiendo por la colina, era esa área la que debían pasar los sitiadores sin ningún lugar para guarecerse de las flechas de los defensores del castillo. Pero de eso hacia mil años, luego se convirtió en el parte del coto de caza de los Hohehauser. Ahora era una especie de reserva natural según puro observar.

Recordando cuando trabajo y vivió en ese lugar, como solía ser su refugio cuando trabajaba para la realeza británica. En tiempos en que trabajaba para lord Mountbatten y luego como cada visita fue alejándose más y más, hasta que, tras el funeral de su mejor amigo, el solo pensar en estar ahí le hacía sentir un hueco en el corazón. Si La Escuela tuviera que hacer un monumento era seguro que sería ahí mismo, pero eso nunca sucedería... No, lo pensó mejor al ver a los turistas, ese era el monumento a La Escuela y a su amigo. Esas voces, esas caras, esas vidas floreciendo. Pensó de nuevo en todos esos años manteniendo el equilibrio, en los sacrificios que habían tenido que efectuar, las tragedias que habían tenido que permitir o incluso causar. Todo se resumía en eso en las vidas que habían salvado, en la humanidad.

Sonrió, alguien menos capaz de él o que no supiera de los esfuerzos de su amigo no lo entendería, él sabía que ella lo había planeado así, la alguna vez llamada 'la niña triste,' la condesa Von Hohehauser. Había erigido ese lugar, para llenarlo de gente, de risas y de vida en honor a su esposo. Las voces de los turistas y su presencia eran un canto a su memoria. También a la devoción y amor que ella aun sentía por el conde, y sus ideales, la dama de hierro con un corazón de oro. Era imposible que, aparte de él, alguno de esos turistas supiera todo lo que le debían a quien había vivido ahí o a la mujer que no solo estuvo detrás de él sino a su lado todos esos años. Todo el castillo o más bien toda la montaña era el monumento a su amigo y, por extensión, a La Escuela.

Al comprender eso se sintió como si entrada en una catedral, alguna de ruina egipcias, respirada el aire de algún sitio de una batalla trascendental… o cuando por primera vez entro al palacio de Buckingham. Esa sensación de estar donde se forjó la historia, aunada a ver los resultados de esos esfuerzos. Hacía años que no estaba ahí, incluso pensó que sería una muestra de respeto visitar el castillo como un turista mas, ser simplemente Justin, el veterano de guerra, pero lamentablemente no estaba ahí por placer y perdería esa única posibilidad de dar los respetos a ese lugar, a quien y á que representaba, como debería, como otro visitante mas del castillo, como simplemente otro miembro de la humanidad. Había ido ahí con un motivo en particular, luego de cumplir el encargo 'oficial' de ayudar al joven Marius. Ahora debía ayudar a otro amigo, y luego de eso ya no sería un turista mas, sería el mejor amigo del difundo conde para algunos o un viejo conocido para otros, en todo caso ya no sería tratado como un simple turista. Al entrar al castillo perdería ese bendito anonimato, pues debía ir a hablar con la condesa. Ella era la única persona que, según esperaba, podía salvar a Jonathan Kimble de perder su puesto en La Escuela.

Continuara.

Gravity Falls temas y personajes pertenecen a Disney, por idea del genio de Alex Hirsch. Cualquier tema musical asociado a este relato es usado de la misma forma. Todo en esta historia está dentro del Famdom, y dedicado a los lectores y demás interesados en el Fandom de Gravity Falls. No tiene otro fin más que entretener. ¡Disfrútenlo!