Capítulo 23: Promesa
Canción: La leyenda del hada y del mago de Rata Blanca
Propuesta por Ruedi.
Personajes: Wizardmon, Tailmon.
Pairing: Wizardmon/Tailmon.
Género: Romance/Drama.
Sumary: Durante mucho tiempo Tailmon creyó que estaba sola en el mundo, hasta que conoció a Wizardmon y él se convirtió en la esperanza que iluminaría su vida.
Tailmon no estaba sola, al menos físicamente. Eran muchos los digimon que la acompañaban, de hecho, era poco usual que estuviera sola, pero ella conocía el verdadero motivo de ello. Ninguno estaba interesado en ofrecerle su amistad, ni siquiera confiaban en ella, solo la estaban vigilando, esperando cualquier indicio por más pequeño que fuera para acusarla de traición.
Tailmon estaba sola, espiritualmente. No podía confiar en nadie y no tenía intenciones de hacerlo. Solo había conocido enemigos desde que tenía uso de la memoria y nadie había intentado ayudarla sola. Había digievolucionado sola y pretendía mantenerse de ese modo.
Entonces llegó Wizardmon y todo cambió. Su mirada era diferente. No solía percibir el desprecio que solían dedicarle e incluso experimentó algo desconocido para ella cuando curó sus heridas. No era lástima ni enojo, era cariño y auténtica preocupación. Wizardmon le dio las fuerzas para soportar y cambió su realidad. Siempre creyó que nunca podría dejar ese lugar, sin embargo, Wizardmon la ayudó a escapar y reunirse con Hikari.
Si bien pasaría mucho tiempo antes de que pudiera encontrar a su camarada, Wizardmon hizo de ese tiempo menos oscuro y doloroso para ella. Curó de sus heridas y le dio la esperanza que había perdido hacía mucho tiempo. Luego lo vio morir para protegerla a ella y a Hikari, dándole lo que necesitaba para poder digievolucionar.
En ese entonces creyó que nunca lo volvería a ver. Si bien era cierto que un digimon podía renacer en un digihuevo también sabía que eso no pasaba en el mundo humano. Los datos de su amigo se habían esparcido y creyó que sería imposible reunirlos.
Wizardmon no solo había salvado, le había dado un motivo para vivir.
Luego se enteró de la existencia de diferentes universos y una esperanza resurgió en ella. Sabía que las probabilidades eran pocas y que el riesgo era grande, pero no estaba dispuesta a dejar pasar la oportunidad. Por mucho tiempo quiso ser fuerte, por sus amigos y por el recuerdo de Wizardmon, pero existía una posibilidad y Tailmon sabía que no se perdonaría si la dejaba pasar.
—¿Estás segura? —le preguntó Hikari. Había sido la única a la que le contó de sus planes.
—Totalmente. Él murió para salvarme, es lo menos que puedo hacer.
—Suerte —le dijo Hikari.
Esas palabras tomaron por sorpresa a Tailmon. De todos los escenarios que llegó a plantearse, ninguno se parecía siquiera un poco a lo que había pasado.
—¿No tratarás de detenerme?
—¿Quieres que lo haga?
—No.
Tailmon se había prometido hacer todo lo que estuviera a su alcance y más para traer a su amigo de vuelta. Incluso se había preparado mentalmente para enfrentar a Hikari y convencerla de que era necesario. Saber que contaba con su aprobación la hacía feliz.
—Ambas sabemos que no podría hacerlo y no quiero que te marches enojada conmigo. Solo promete una cosa.
—Lo prometo.
—Todavía no me has escuchado —le reprochó Hikari con falso enojo.
—Da igual, cumpliré cualquier promesa que me hagas hacer.
—Y si te pidiera que golpearas a un compañero molesto o que te olvides de mí. También podría pedirte que me ayudes a conquistar el mundo o que no vuelvas a ver a Wizardmon.
Tailmon se río al escuchar esas palabras. No solo era por lo absurdo que sonaban en la boca de su camarada, sino también por lo poco convincente de su rostro y de la voz que usaba. Hikari no tardó en unirse a sus risas, confirmando lo que ya sospechaba.
—Regresa, es todo lo que te pido.
—Lo haré y con Wizardmon —respondió Tailmon con seguridad.
Si bien era cierto que no sabía lo que podría esperarle una vez que cruzara la puerta a otros mundos, también lo era que tenía plena confianza en que regresaría. Una parte de ella le decía que su reencuentro con Wizardmon era algo que estaba destinado a suceder.
—Solo promete que no me olvidaras.
Hikari sonrío con amargura.
—No podría hacerlo, eres mi mejor amiga.
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Tailmon no tenía miedo pese a que se encontraba en un universo desconocido. Armada únicamente con su fuerza decidió recorrer el desierto digital, encontrándose con muchos digimon ansiosos por digievolucionar. Muchos de ellos cometieron el error de subestimarla por su tamaño y ella no tardó en demostrarle que estaban equivocados.
Tailmon había logrado digievolucionar sin ayuda de su camarada y había vivido mucho tiempo rodeada por el enemigo, era fuerte y no estaba dispuesta a permitir que unos cuantos digimon salvajes la alejaran de su objetivo por lo que atacó sin ningún tipo de consideración.
Un Gotsumon intentó golpearla por la espalda, pero ella logró esquivarlo a tiempo. Giró sobre sí misma y conectó una fuerte patada que lo dejó fuera de combate. No tuvo tiempo de descansar pues otro digimon, un Gotsumon diferente, intentó atacarla aprovechando la distracción. Tailmon lo golpeó con sus garras y de inmediato adoptó una pose defensiva. Si bien era cierto que no estaba entre sus planes pelear también lo era que no iba a dejar que la convirtieran en una presa fácil.
Sus garras se convirtieron en su principal arma. Las utilizó para rasguñar a sus enemigos y hacerlos huir aterrados. Durante unos minutos se mantuvo alerta, esperando un ataque que nunca llegó. No supo si eran pocos los digimon que la rodeaban o si estos habían huido al verla luchar y ciertamente no era algo que le importaba, en ese momento tenía otras prioridades.
Durante los siguientes días se dedicó a investigar. Cada vez que se encontraba con un digimon no dudaba en preguntarles sobre el paradero de un Wizardmon. La falta de respuestas cada vez resultaba más molesta, pero no lo suficiente como para hacerla retroceder.
—Busca a los Diginogmos —le dijo Guilmon —, ellos podrán ayudarte a cumplir cualquier deseo.
—Gracias —respondió Tailmon, sus palabras eran sinceras.
Encontrar a los Diginogmos le tomó tiempo. Tuvo que caminar durante días por el desierto y en más de una ocasión llegó a creer que su búsqueda era inútil. Las tormentas de arena y lo vacío del desierto le pasaron más de una mala jugada y le hicieron creer que solo estaba caminando en círculos.
"¿Acaso los diginogmos existen?", se preguntó Tailmon. Mantener la esperanza cada vez se hacía más difícil. No fue la única vez que se cuestionó si estaba haciendo lo correcto. No tenía ninguna certeza, eso lo sabía, desde el momento en que inició su viaje sabía que no sería fácil y que se toparía con muchos problemas.
Sin embargo, nunca desistió. El recuerdo de Wizardmon era más fuerte. Pensar en lo que él había hecho por ella hacía que se sintiera avergonzada por siquiera considerar abandonar su búsqueda.
