Capítulo 24: Peleas callejeras
Canción: 50. La ciudad de la furia de Soda Stereo ft Aterciopelados.
Propuesta por: BlueSpring-Jeagerjaques.
Personajes: Masaru
Género: Suspenso.
No era inusual que Masaru terminara en vuelto en una pelea, al contrario, era tan usual que eso le había dado una reputación. Muchos pensaban que era un delincuente y un antisocial, pero lo cierto era que Masaru nunca había empezado una pelea sin motivo ni solía abusar de su fuerza. Lo inusual era que al bajarse del tren estuviera en la misma estación donde había tomado el tren.
Masaru se había bajado del tren por impulso. Una vez más se había visto sumergido en una pelea, un grupo de adolescentes se estaba burlando de un hombre vestido de payaso y decidió intervenir.
La pandilla se olvidó del payaso. Masaru podía notar la ira en sus rostros, pero eso no lo intimidó. Al contrario, una media sonrisa se dibujo en su rostro y sus manos se hicieron puños. Varias miradas se posaron sobre él, algunos curiosos, otros temerosos, pero lo único evidente era que ninguno intervendría.
El primero en atacar fue el que parecía ser el líder. Este era el de mayor edad y también quien poseía el peinado más excéntrico. Masaru detuvo su golpe con gran facilidad y se lo devolvió de inmediato, provocando que chocara con varios de sus compañeros.
—Esto no se quedará así.
Fue en ese momento que todos decidieron atacar de manera simultánea. Masaru logró esquivar varios golpes, pero no evitó que los dos adolescentes de cabello verde lo tomaran de las manos y le impidieran moverse.
El líder de la pandilla se aprovechó de eso para golpearlo. Un puñetazo directo a su estómago lo hizo caer de rodillas. Masaru sintió un sabor metálico en su boca y la burla en el rostro del criminal frente a él.
Sus compañeros no tardaron en imitarlo. Todos ellos comenzaron a golpearlo sin mostrar ninguna señal de compasión. Masaru no se dejó intimidar. Comenzó a moverse con violencia y no se detuvo hasta que estuvo libre.
Masaru llevó su mano hasta su boca y comenzó a remover los restos de sangre. Escupió y regresó al combate. Sus golpes eran certeros y cargados de ira. Intentaron sostenerlo de nuevo, pero Masaru no les dio esa oportunidad. Esquivó los golpes y los devolvió con mayor fuerza. No se detuvo hasta que cada uno de los integrantes de la pandilla estuvo inconsciente.
—Llamen a la policía.
Masaru bajó del tren antes de que los adolescentes despertaran. No estaba asustado, pero era consciente de lo delicada de su situación. Una pelea más y sería expulsado. Si Masaru no hubiera estado tan enojado habría notado lo inusual del comportamiento de la gente en el tren o habría sospechado por la ausencia del personal del tren. Pero no lo hizo, ignoró todas esas anomalías por varios minutos.
Se dirigió a una farmacia y compró unas vendas. Su madre le había advertido acerca de lo que le pasaría si volvía a verse involucrado en otra pelea callejera y ella era la única capaz de asustarlo. Fue en ese momento que notó algo inusual, estaba en Odaiba. Caminó unos cuantos metros y llegó a la estación del tren, lugar en donde había tomado el tren y donde había bajado.
Masaru se dijo que existía la posibilidad de que su pelea le hubiera hecho saltarse la última parada, pero consideraba que eso era absurdo. Él había visto a los otros pasajeros y reconoció a muchos de los que se habían subido con él. Masaru encontraba absurdo el que alguien tomara un tren y que luego regresara con este, sin siquiera bajar del tren entre los dos recorridos, más el que fueran varias personas las que tuvieran ese comportamiento tan inusual.
Compró una gaseosa y se preparó para tomar el tren. El motivo por el que había decidido viajar en un principio había sido olvidado y solo quedaba la certeza de que algo muy extraño estaba pasando.
Masaru mantuvo la mirada en la ventana en todo momento. Se estaba aburriendo demasiado, pero su determinación seguía fuerte. Se dijo que seguiría allí y que ni siquiera un aviso de curva lo haría cambiar de dirección.
Después de unos minutos se encontraba muy aburrido y con ganas de dormir. Todos los edificios le parecían iguales y se sentía como si fuera un personaje de una caricatura con poco presupuesto.
"Y si no estoy equivocado", pensó Masaru antes de comenzar a jugar un pequeño juego que solía jugar con su familia cuando estaba de viaje. Contó los restaurantes que veía, encontrando más de tres con el mismo nombre. A Masaru le pareció extraño el que hubieran tantos negocios del mismo tipo tan cerca del otro.
—Disculpe, jovencito —lo llamó una anciana —, ¿podría cederme su asiento?
Masaru dudó por unos instantes. Se dijo que lo correcto sería cederle el campo, pero su rostro le hizo negarse. Masaru estaba seguro de que no era la primera vez que la veía e incluso tenía la certeza de que ella también había estado en su viaje anterior.
—Disculpe, pero no puedo levantarme, me he torcido el tobillo.
Masaru se sintió culpable por mentir, pero estaba determinado a mantener su mirada en la ventana. Después de eso hubieron varias interrupciones, una mujer a la que había visto varias veces animando al equipo de Soccer de su centro educativo, Hikari, Akari, no estaba seguro y ciertamente no le importaba. También reconoció al hermano de la joven, de este lo único que sabía era que se trataba del capitán del equipo de fútbol y que en más de una ocasión le había sugerido ser parte de este.
Lo más extraño pasó cuando Touma se apareció a un lado de él y lo desafío. Masaru estuvo a punto de ceder cuando pensó en lo inusual de la situación. Touma no eran de los que iniciaban peleas sin ningún motivo, menos en un lugar como un tren, al contrario, haría todo para evitar ese tipo de situaciones, incluso si lo involucraban a él.
No apartó la mirada de la ventana y fue en ese momento que lo notó. Se encontraba en medio de la nada. Todo lo que podía ver a su alrededor era un enorme vacío. Sintió un profundo dolor y no tuvo más opción que cerrar los ojos de inmediato, era insoportable.
Cuando abrió los ojos se encontraba de nuevo en Odaiba.
