Para algunos el verano no es la época para disfrutar, pero para otras personas esos meses significan mucho más. Un punto en la vida donde se marca un hasta aquí, y sabes que ya la vida no será igual, que nada será igual. Mas en ese aparentemente aburrido y normal pueblo de Oregón llamado Gravity Falls.
PERDON: No me gusta atrasar el día de publicación. En esta ocasión tengo una buena escusa, las fuerzas vivas y algo perezosas en mi país, desean tener menos trabajo y más tiempo libre (con mejores salarios, obviamente). Así que en resumen los que si queremos trabajar estamos sufriendo una huelga general.
Una nueva entrega. Ya la ley ha hablado y por más que los Noroeste quisieron inclinar la balanza a su favor, usando cualquier método, Pacifica al fin se encuentra libre de sus padres, y a punto de iniciar una nueva vida. Pero no solo ella, su nuevo tutor, el señor Kimble deberá afrontar los retos de educar a su querida Señorita. Espero te guste este capítulo y el próximo miércoles (26 de Septiembre de 2018), si todo sale bien, publicare el siguiente capítulo. De nuevo esta historia, aunque sea por capítulos, puede leerse en forma independiente. Aunque forma parte de la misma línea narrativa o universo ficticio, así que me gustaría que ojearan el resto de mis historias.
Nota: No se si debiera contar esto como un crossover, aun así no lo haré, pero puede que alguien reconozca los nombres de los abogados.
Este es mi quinto Fic., gracias a todos los que me han leído y sus críticas, espero estar a la altura con esta nueva entrega.
Espero disfrutes tanto al leerlo como yo al escribirlo. Gracias!
Gravity Falls Final del Verano: Un Misterio mal Guardado.
61. Sorpresas.
Los finales del verano en las 'Cascade Mountains' de Oregón eran simplemente sublimes, nunca se cansaba de decirlo, más si podía disfrutarse antes de que empezara el día con una buena taza de café recién hecho, podía ilusionarse y pensar que la naturaleza le daba ese espectáculo a él, como las hojas iban tomando los tonos naranjas que anunciaban un otoño temprano solo para que el disfrutara de la vista, mientras disfrutaba de la arboleda desde el jardín y mas allá el eterno verdor del bosque de coníferas que se extendía por toda la zona del noroeste. Aunque aun era verano el frio de la mañana hacia visible el vapor que se elevaba de la taza y su respiración. Estaba tranquilo y en paz, algo extraño para ser una mañana entre semana. Cerró los ojos deseando que ese momento nunca acabara, hasta que los gritos lo sacaron de vuelta a la realidad.
Era extraño como el cuerpo podía pasar de ese estado de reposo a alerta o, incluso, a emergencia. No podría decir cuando empezó a correr solo que entro a la casa y subió las escaleras, pues los gritos provenían del segundo piso. Afortunadamente la puerta estaba abierta porque iba con intención de derribarla. Después de todo era la habitación de la niña.
-"Que pasa…" Se apresuro a gritar antes de ver a su niña aun en pijama saltando. Lo que le preocupo. Hasta que le vio la cara, estaba feliz. "Pero que pasa?"
-"Es Paz… Es Paz… Lo logro…" Dijo la niña antes de caer con los labios ligeramente azules.
-"Grenda que paso…" seguía preguntando el señor Faurolo antes de correr a detener la caída de su hija. Afortunadamente sabía que su hija sufría de Disnea Psicosomática, una forma elegante de decir que si tenía una emoción fuerte dejaba de respirar, la recostó en la cama y extendió sus brazos sobre la cabeza, el mayor problema de esa condición era que se golpeara al caer, ya que una vez inconsciente recuperaba el ritmo respiratorio, pero aun así su princesa siempre lograba ajustarlo por esa razón. Los cojines puestos estratégicamente en toda la habitación de la niña, daban fe de la preocupación del padre de que su princesa perdiera el conocimiento. Y como evidencia significativa la niña aun mantenía el teléfono en su mano.
-"Grenda no me asustes así… Que paso amiga… Grenda… Grenda respóndeme… Grenda…" Decía una voz que reconoció, pero no logro identificar en el teléfono.
-"Halo…"
-"Señor Faurolo…" Dijo a niña al otro lado del teléfono. Fue cuando el hombre supo de quien se trataba.
-"Pacífica?"
-"Si señor es un gusto oírlo, pero, como está Grenda?"
-"No te preocupes ya pronto estará bien, le dio uno de sus ataques."
-"Eso pensé. Cuando contesto, empezó a preguntarme cosas y antes de darme cuenta ella…"
-"No te preocupes, no diré que nos acostumbramos a sus ataques, pero sabemos que pueden pasar. Además ella ha estado muy preocupada por ti."
-"Disculpe señor, tenía problemas con mi familia."
-"No tienes que disculparte… y espero que se solucionaran." Dijo el hombre en tono paternal.
-"Si… digo no… es complicado. Pero Gracias."
-"No te expliques, me siento feliz por ti, cuando puedas ven a visitarnos, ya Grenda está recuperándose. Fue un placer hablar contigo." Dijo más tranquilo de lo que había supuesto Pacífica. Ella no podía saber que más que tranquilidad era costumbre, teniendo una niña con ese problema y tan emotiva como Grenda había tenido que aprender.
-"Toma princesa y mejor sigue hablando acostada. Hazlo por papa, si?" Así al menos podría terminar en paz su café.
-"Así lo hare papa." Dijo la princesa en su cama.
-"Hasta luego señor Faurolo."
-"Nos vemos Pacífica." Se despidió el hombre mientras intentaba recordar donde había dejado su tasa favorita Dejando a su princesa recostada hablando con su amiga rubia.
-"Estas bien ya?"
-"A sí, no te preocupes." Dijo la castaña. "Pero empieza de nuevo que no quiero que falte ningún detalle." Por lo que Pacifica relato paso a paso y con cuidado el 'juicio.' Sin guardarse nada incluso el apoyo de cierto chico mutuamente conocido. Por lo que Grenda entendió porque el castaño se veía algo inquieto la tarde anterior.
-"Deberías al menos llamaron para darle las gracias, no crees?" dijo en algo más que una insinuación.
-"Lo hare, lo... lo hare. Solo que ahora las cosas están algo complicadas como te dije parece que voy a mudarme de la mansión, no sé porque ya están alistando mis cosas."
-"En verdad crees que vamos a ser vecinas…?" Dijo la castaña mientras le empezaba a faltarle el aire.
-"No sé exactamente donde… incluso no sé cuando sea… solo sé que es en el pueblo, pero nada más." Intentaba evitar que a su amiga le diera otro ataque. "Y como esta…?"
-"Ocupado como nunca antes lo había visto." No tenían que decir quién era ese 'el'. "No es para menos, aunque las cosas se ven mejor cada día para Stan Pines como candidato, aun está casi empatado con Bud, pero si Bud llega a ser alcalde el pueblo se volverá un mal lugar para ser Pines."
-"A… ya veo." Dijo la rubia pensando que tenía razón que sería mal momento para hablarle o intentar visitarlo. Pero no quería que su amiga se diera cuenta de su decepción. "Y como esta Marius."
-"Mas bien te iba a pedir si tienes alguna de esas fotos suyas en short?"
-"No… pero podrías pedírsela a Tanto o le podría decir si te puede pasar alguna." Respondió con una sonrisa cómplice.
-"Mmm… mejor no." Dijo la castaña. "Anoche lo llame, fue rápido porque era tarde, me dijo algo de que Dipper le había pedido ayuda, pero no supe que era, hasta ahora." Se interrumpió un momento preparándose para soltar el boom. "Pero no le he dicho a nadie esto parece que su abuela, la condesa o algo así, quiere conocerme así que…" La mejor amiga de Grenda era Candy y así había sido desde niñas, la que podría ocupar el segundo lugar seria Mabel, con quien había congeniado desde que la conoció, pero su confidente en esos temas, y Grenda era la más sorprendida, era Pacífica. Candy no sería de mucha ayuda, ya tenía suficientes problemas con sus sentimientos, por su propia inseguridad. Decirle a Mabel, por más que la quisiera, sería un error, sabía que se comportaría como una niña pequeña y crearía un alboroto. Pero ahí estaba Paz inteligente, segura y posiblemente la más madura de sus amigas, incluso si contaba a Wendy. Si al menos les hiciera caso a sus propios consejos… Siguieron hablando de ese 'pequeño secreto,' la rubia aprovecho para darle algunos consejos sobre qué hacer, como comportarse y prometió ayudarla en todo lo posible. Fue la primera charla que tuvieron sin la sombra del matrimonio Noreste. Y, desde esa tarde en la cafetería, nunca habían disfrutado tanto. Pero eran las elecciones y la castaña tenía que irse a la Cabaña.
-"Ya va siendo hora que me marche Paz, no quieres que de algún recado?"
-"No, pero recuerdas la carta que te di?"
-"La que Dipper no debía leer…?" Dijo algo intrigada, aun tenia la carta y por más que lo había deseado no había abierto y, mucho menos, leído.
-"Esa misma… Podrías… podrías…"
-"No te preocupes, veré como me deshago de eso." Dijo tomando la carta de su escondite y poniéndola sobre la mesa. "Aunque lo hare porque eres amiga, pero en verdad me encantaría entregarla."
-"Grenda!"
-"Es solo que… bien espero estés lista a tiempo…" Dijo escondiendo la carta de nuevo. Una amiga debe hacer, lo que una amiga debía hacer. "Perdona Paz debo dejarte aun no estoy lista y debió ir a ayudar con la campaña… Casi hablamos por una hora."
-"En serio pasamos tanto tiempo hablando… No, ya tome una decisión. Cuando este lista, yo misma le diré… en persona."
-"Espero que estés lista en menos de dos semanas."
-"No lo he olvidado, pero… pero tampoco es cosa de decirle sin más."
-"Solo dije la fecha."
-"Pero tú misma dijiste que ahora está muy ocupado con la campaña."
-"Crees que no lo estuvo ayer?"
-"Bien si, pero... Aun no estoy lista."
-"No diré nada mas… me has dado muchos consejos hoy, pero me gustaría que te preguntaras que me dirías si fuera al revés."
-"Pero no puedo, tu caso fue distinto, el mío bien es… más complicado."
-"No lo puedo negar… que te complicas mas." Dijo riendo. "Eso si recuerda que no eres la única interesada… y las otras dos bien, ahora estamos juntos todo el día."
-"Lo sé, pero tampoco es como si fuera a llegar y darle un golpe para llamar su atención."
-"A mí me funciono..." Dijo la castaña al recordar como había conocido a su casinovio.
-"Pero Marius es Marius."
-"Y Dipper es Dipper…" Dijo la castaña aceptando el punto de vista de la rubia, entendiendo que aunque Marius era el más lindo, Dipper era más… 'complicado.' Pero Paz, más que Candy o incluso Wendy, necesitaba un poco de ayuda, bien a todas se les iban a terminar las vacaciones. A Candy, conociendo a sus padres, la enviarían al mismo campamento musical de siempre, y también estaba Wendy, que según decían una semana cambio de novio tres veces, ahora 'la chica cool,' se veía intimidada luego de 'friendzonerse' a sí misma. De nuevo se pregunto lo mismo. "Como un chico tan inteligente era tan ciego… Chicos!" Pensó, si decidía ayudar a alguna debía ayudar a todas y estaba fuera de cuestión preguntarle a alguien. Empezó a sentir un leve dolor de cabeza.
-"Espera ahora que lo recuerdo no te dije el mayor consejo de todos." Le interrumpió sus pensamientos su amiga. "Recuerda ser tu misma, ser la Grenda amable y la mejor amiga que puede haber."
-"También eres una gran amiga. Entonces nos hablamos luego, pero será hasta tarde."
-"Si ya no hay problema, este es un nuevo número." Dijo la rubia, por lo que su amiga la agrego la agenda de su teléfono."
"Bien ya debo colgar y otra vez estoy feliz por ti. Y gracias por todo"
-"De nada Grenda, gracias por estar conmigo." Y ambas se despidieron, sabían que la otra tenía un día muy ocupado.
Cuando las niñas empezaron su llamada telefónica y mientras el señor Faurolo recogía las piezas de lo que fue su tasa favorita, en la mansión Noroeste el señor Kimble tenía que tomar una decisión muy importante.
-"El azul o el gris…?" Decía pensativo en pijama mientras veía dos de sus trajes de 'civil.' El tercero era negro, pero era bastante parecido al traje de 'trabajo' y no quería que nada desviara la atención de los demás empleados de Ritter. Usualmente el traspaso del cargo de mayordomo en jefe, con todas sus responsabilidades y beneficios, era muy claro. El mayordomo anterior desaparecía de escena dejando al nuevo como único con las cualidades necesarias, ya fuera que desaparecía por enfermedad, por jubilación o incluso muerte. El cargo de mayordomo era esencialmente un cargo vitalicio. Por lo que el nuevo mayordomo podía iniciar su gestión sin la presión de que volvieran a ver al anterior, pero ese no sería el caso, al menos por ese día.
Tampoco podía salir de la mansión o quedarse en su habitación, pues debía empezar sus responsabilidades como tutor de a Señorita. Por eso su dilema, desde hacía más de 20 años la pregunta de 'cómo vestirse' había desparecido de sus preocupaciones. Primero, al ser soldado, era el uniforme ya fuera que usara el de faena, el de diario, el de gala o el equipo de combate sus superiores solían escoger por él. Luego como operativo el debía escoger que usar, pero no era su ropa, era un disfraz para completar su misión. Después de eso, en la peor época de su vida, solo se cambiaba por algo limpio cuando empezara a oler mal lo que llevara, y al final, por más de veinte años, el terno clásico negro con camisa blanca y corbata, el uniforme desde hacía más de un siglo de su profesión.
Ahora con ambos trajes cada uno en su percha y cada percha en una mano no tenía idea de cuál usar. Le habría gustado tener algo menos formal, pues ambos trajes solo diferían de su uniforme anterior en el color y algunos detalles menores. Por lo que aun no podía confiarse en no socavar la autoridad de su pupilo. El azul que era un tono algo oscuro que en un momento de distracción podía confundirse con negro, por lo que después de veinte minutos de deliberación interna se decidió por el gris.
Esa mañana se había permitido dormir de más. No fue porque se sintiera distinto, aunque estar desempleado era una experiencia que nunca pensó en repetir. Después de la plática con sir Justin, durante la madrugada no le vio sentido a despertarse antes del resto del personal del turno de día de la mansión. Una de las máximas de su vida, que databa de los cuando no era Jonathan Kimble, era la máxima del soldado… 'El paraíso es dormir.' Así que había desarrollado la habilidad de tener un despertador interno, un sueño rápido y, además, ligero. Que en palabras normales significaba que podía despertarse a la hora que quisiera sin ocupar un despertador, que no importaba en la situación que estuviera, y había estado en situaciones extremas… por decir poco, con solo cerrar los ojos estaba dormido y que el mínimo ruido podía sacarlo del sueño mas profundo.
Luego de pasar toda la tarde y noche pensando en que le iba a decir a su mentor, por haber arruinado 20 años de esfuerzo, atrayendo demasiada atención, por segunda vez. No debió sorprenderse que su mentor supiera de lo acontecido en la tarde en el proceso de sus patrones contra su actual protegida. Aunque su reacción seguía siendo insólita. Y mientras se iba vistiendo no podía dejar de recordarlo.
-"Nada hecho para proteger a una niña inocente puede ser llamada mala noticia." El tono rígido y formal del lord inglés, rozaba la indignación por esa supuesta 'mala noticia.'
-"Pero señor… lo hice consciente de sus esperanzas en La Escuela."
-"Y de que serviría La Escuela si deja a una criatura en manos de esos monstruos?" respondió su mentor en el mismo tono que antes. "Y no te preocupes Jonathan, ya me preocupare yo."
-"Pero señor..." Decía Kimble bastante confundido. "Atraje una inusitada atención a mi persona, y por ende… por ende yo mismo me excluiré de La Escuela."
-"Te dije que no te preocuparas Jonathan, he estado horas tras esto, no todos los miembros son tan amables como tú, y esperaron que fuera de día." Dijo el inglés ya en un tono normal. "El primero tener la… amabilidad de comunicármelo fue…"
Pero en verdad sir Justin lo supo desde mucho antes que los abogados salieran de la mansión, no quiso comentárselo a Kimble, pero el mismo Ritter le había hablado del proceso. No era que Kimble no lo sospechara, de no haberlo hecho así él lo habría reprendido, por no cumplir con los ideales que ambos seguían. Por eso la odisea del lord inglés había empezado varas horas antes.
La noticia del proceso se esparció como un incendio entre los miembros de la cúpula jurídica americana, así que en cierto momento fue escuchado por quienes estaban ahí para escuchar, al servir brandi o habanos de celebración. Kingsfield había ganado muchos enemigos a lo largo de sus treinta años de docencia, más aun si se consideraba también su práctica profesional. Abogados que habían visto romperse la tradición familiar de cuatro 'Generaciones Graduadas de Harvard,' cuando su retoño, la quinta generación, no habían tenido la capacidad o la determinación de aprobar con Kingsfield. Esos mismos retoños, que en lugar de tener un titulo de Harvard expuesto como sus padres, tenían él de alguna otra universidad escondido en algún lugar de sus oficinas. Padres e hijos celebraron la derrota de Kingsfield.
Otros eran los juristas, ya fuera por amor a su profesión o mero interés en conocer al nuevo gallo del gallinero, que vieron como un joven gigante aparecía de algún lugar, y se había enfrentado de tú a tú con el actual. Consientes que un solo proceso no implicaba mucho, lo que si importaba eran los antecedentes de ese nuevo gigante, antecedentes que los sabían impresionaron más. Y también los simples curiosos y chismosos que por más traje entero de seda y mansión seguían siento tan chismosos como en sus días de parvulario. Además estaban los pro o anti Noroeste, que mas o menos en medidas iguales se molestaron o alegraron por el resultado del proceso. Contando también la no muy poca cantidad que esperaban una oportunidad de sacarle provecho a la heredara o a sus afligidos padres. Pero esas fuentes no importaban, lo que importo era que más o menos a la misma hora los principales de La Escuela supieron lo que había hecho Kimble. Y se apresuraron a comunicarse con Roland.
Sir Justin no menciono que, durante las horas en que fue el único en la academia en saber del proceso. Primero se había preocupado, pensaba que Kimble era fundamental para el futuro de La Escuela, podía ser reemplazado, en parte, por Ritter. El mismo Ritter sería el primero en aceptar que todo lo que sabía se lo debía a Kimble, pero, de igual forma, aceptaría que era un ignorante si se comparaba con su maestro. El lord inglés, durante esa madrugada en Austria, se dio cuenta que el proceso había tenido muchas coincidencias favorables y, como aprendió de un amigo, no le gustaban las coincidencias. Así fue como Ritter confirmo el causante de todas esas coincidencias.
Mason Pibes, un niño de 12 años, posiblemente enamorado de la damisela en cuestión. Había orquestado todo para liberarla de la opresión de los monstruos que tenía como padres, estaba seguro antes que Ritter lo confirmara. El mismo joven que lo había hecho recorrer media Europa donde su antigua amiga para prevenir que tomara medidas más… drásticas contra los Noroeste, lo sabía en sus entrañas. Al no tener pruebas, era una simple corazonada, y buscar confirmación de esa corazonada sería imposible. Fue ahí cuando empezaron a comunicarse los demás miembros, preguntando o reclamando por las medidas que debían tener con Kimble. Sir Justin les pidió calma, pues en verdad había mucho mas tras esa renuncia implícita de Kimble que él solo defender a una niña.
Por lo que atrajo la atención de los miembros a ese valle, perdido en alguna parte del noroeste americano. No solo había irrumpido de repente en sus radares diez días atrás. También era el hogar de una de las diez familias más ricas y más temidas del mundo. Ahí se había originado el problema que llevo a la renuncia al título del barón Von Fundshauser y su desvinculación con su familia. De ahí se había desatado un escándalo que aun repercutía en las bolsas de de todo el mundo. Era el hogar de una jovencita que había 'encantado' a la misma Condesa, la mujer más influyente de Europa. Un ente sobrenatural vengativo había irrumpido en las tranquilas y 'apacibles' vidas del Jet Set, casi condenándolos a morir en el fuego convertidos en madera. Todo en poco más de una semana. El mismo valle donde, el día después de esa terrorífica noche, la gravedad parecía haber perdido su orientación. Ese extraño suceso hizo moverse los engranajes de uno de los miembros, que desde Cambridge, recordó la correspondencia entre su empleador y alguien de ese valle. Poco después la correspondencia entre sir Stephen Hawking y, un desconocido, el Dr. Stanford Pines apareció, las primeras piezas del rompecabezas empezaron a aparecer.
No tardaron en conseguir un informe sobre el Dr. Stanford Pines, un genio entre genios que había formado parte de los consejeros del presidente Reagan, el mismo que había dado el visto bueno a la Iniciativa de Defensa Estratégica como una realidad, no como el complot que termino siendo. Mas y mas correspondencia entre el Dr. Pines con otros eruditos de la época empezó a aparecer, pero en todas ellas se notaba como la mente del Dr. Pines había empezado a descender hacia la locura, al principio con alucinaciones paranoicas. Aun con su mente en caos no dejaba de tener su genialidad, pero esta acabo tras la muerte de su hermano gemelo, Stanley. El genio científico, luego de la pérdida de su gemelo, adopto los hábitos de su hermano fallecido, un estafador consumado y convicto. Como prueba estaba una de sus últimas cartas donde trataba de explicar lo que llamaba La Gran Teoría Unificada de la Rareza de Gravity Falls. Según él, una vez, brillante científico ese valle de alguna forma atraía a lo 'extraño.'
La conclusión, más que obvia, era que luego de la crisis por la muerte de su gemelo, el Dr. Pines había perdido contacto con la realidad y rompió toda relación con la comunidad científica y convirtiendo su laboratorio en una 'trampa para turistas.' El joven Mason junto a su gemela Mabel pasaban las vacaciones con su tío abuelo. Para sir Justin esa que otra de las piezas del rompecabezas, el cual no sabía cómo armar, aunque podía ver ciertos patrones. Era difícil para todos los miembros aceptar lo que ocurría, pero era indudable que algo ocurría en ese valle. Algo que a todas luces no solo involucraba a los Noroeste o a los Pines. El mismo abogado que había ganado el proceso era residente de ese valle. Así que por el momento Kimble había quedado en una zona gris entre las listas verde, amarilla y roja. Por lo que le ordenaron esperar en el valle la decisión de los miembros.
Nada de eso sorprendió a Kimble, pues llevaba lo suficiente en el valle y lambien mas tiempo conociendo al joven Pines, como para saber que era extraño, así sin más que esperar lo mejor luego de oír y, en algunos casos, aclarar las sospechas de su mentor. Cerca de las tres de la mañana acabaron su conversación y se fue a dormir. No sin antes desearles suerte a sus compañeros, pero sabiendo que muy posiblemente a quien encargarían desmarañar todo lo referente a ese extraño valle sería a él, ya fuera como miembro de la escuela a pleno derecho o en la lista roja. Mientras recordaba todo eso ya se había puesto su traje gris. Al ser la hora del último turno de desayunos de la mañana se dirigió a la cocina.
Según pudo notar el traspaso de su titulo no había afectado en mucho las funciones de los empleados, los pisos estaban limpios o estaban listos para ser cepillados, las alfombras que debían ser lavadas según el itinerario estaban recogidas y listas, las ventanas de parecían recién pulidas y el mayordomo en jefe el no parecía estar en ninguna parte, era esencial siempre parecer haber salido junto hace un momento en su ronda para revisar que todo fuera en orden, podía sentir el rastro de la colonia que usaba Ritter. Noto que alguien lo seguía, pero como era el turno de desayuno era normal que varios pasaran desde las habitaciones de los empelados a la cocina.
-"Todo está en orden Jonathan?" dijo alguien su espalda.
-"A Buenos días señora Kristen." Se volvió y espero a la dama. "Jason tomo mi lugar en forma impecable."
-"Si como era de esperarse…" Dijo la dama mirándolo de reojo, pero notando su atuendo. "Veo que te tomaste unos minutos más que de costumbre…" Dijo la dama deteniéndose para platicar con el irlandés.
-"Es la ligereza de no tener la responsabilidad."
-"No es que te quede mal… pero quien se levanta y se pone un traje de tres piezas?" El traje como todos los demás era una versión en otro color de su uniforme.
-"Creo que es la costumbre… Además, tampoco tenía mucho de donde elegir."
-"Tendremos que arreglar tu guardarropa en la primera oportunidad, Jonathan". Dijo en un tono muy significativo.
-"En serio… tiene razón debería de dar una vuelta por las sastrerías del pueblo." Respondió sin entender el tono.
-"Imagino que aún es muy pronto…." Dijo la mujer sin mostrar su incomodidad. "Digo para preguntar por los arreglos que debía hacer el señor Extraño?" Se apresuro a agregar, dejando pasar el atuendo del ex mayordomo. La noche anterior, luego de saber quien estaba organizando la requisición de la nueva casa para él y la Señorita, había pedido que alistaran las pertenecías de la Señorita para mudarse ese mismo día.
-"Todo debe ser por medio de la corte y, gracias a las elecciones no, sabría que horario tienen por ahora, de todas formas el señor Extraño me llamara apenas tenga noticias."
-"Muy conveniente, pero definieron que quiso decir el juez con eso de una casa acorde al nivel de vida al que está acostumbrada la Señorita."
-"No lo entendí yo tampoco, imagino que será algo subjetivo como que se encuentre cómoda en el lugar."
-"Por cómo se pusieron las cosas esta última semana estaría cómoda en un sótano o una cabaña en el bosque." Comento la mujer sin ocultar su enojo.
-"Imagino que el señor Extraño y su 'ayudante' tendrán eso en cuenta." Aunque la señora Kristen conocía la identidad del 'ayudante,' Kimble y Ritter habían acordado con los miembros que conocían su identidad no mencionar su nombre. No desconfiaban del personal, pero un desliz lo podía tener cualquiera.
-"Que gusto tendrá el 'ayudante' en tal caso?" Dijo pensando en una casa cómodamente cerca de la Cabaña del Misterio.
-"No me preocuparía mucho por eso." Dijo como si hubiera pensado lo mismo. "No ha tenido ninguna falta de profesionalismo durante todo el proceso. Además, dudo que esté tranquilo con la señorita de vecina."
-"Eso se lo concedo, parece que al fin está entendiendo al muchacho."
-"Sera muy sorprendente, pero aun es un niño de 12 años... Por cierto señora Kristen no nota algo extraño?"
-"Extraño?"
-"Si, desde que salí de mi habitación hasta ahora, no he visto a nadie con excepción de usted."
-"Debe ser que está acostumbrado a verlos desde una hora antes, otra vez la costumbre suele pasar por aquí mucho más temprano o no?" Dijo la mujer.
-"No lo había pensado así, eso debe ser." Dijo en tono normal agregando "Iba a desayunar?"
-"Si. Desea acompañarme?" Dijo mientras verificaba la hora en el reloj de pared.
-"Vamos pues… señora Kristen" Dijo el irlandés, empezando a caminar.
-"Jonathan…?" Dijo la mujer luego de un momento.
."Dígame…" Dijo a pocos pasos de la puerta de la cocina.
-"Si me vuelves a decir señora Kristen te ahorco…" Dijo con una maravillosa sonrisa en los labios, como si esa frase la hubiera estado practicando y deseando decirla, en el momento indicado, por años.
-"Como señora…" Los reflejos de Kimble le dijeron que no iba a pasar nada bueno si acababa esa frase. "… simplemente River?" Dijo en un tono de voz algo tímido.
-"Si, dijo de nuevo…"
-"River…" Dijo en un tono más natural.
"De nuevo."
-"River." Dijo normalmente.
-"Ya no somos más el ama de llaves y el mayordomo como no te cansabas de decir, es tan difícil aceptarlo?"
-"No para nada seño… River." Dijo ligeramente sonrojado. Algo que River Kristen pensó nunca ver. "Solo deja que me acostumbre un poco, solo eso pido." Pero sin darle tiempo a recuperarse o siquiera darse cuenta ella misma le tomo de la mano. Kimble no evito. Para él esa sensación era algo largamente extrañado, algo normal, natural sentir esa mano en la suya… esas manos se sentían cálidas, como un recuerdo olvidado. No se le ocurrió soltarla y a ella no se le paso por la cabeza hacerlo. Tomados de la mano entraron a la cocina.
Y como la noche anterior cuando habían agradecido al abogado casi todos los empleados estaban presentes.
-"Señor Kimble, Jonathan…" Empezó Ritter. "Creemos que no es la tradición una fiesta de despedida, más bien una péquela reunión, para ti. Pero a quien le importan tanto las tradiciones. Todos en esta mansión tenemos mucho que agradecerte y ahora que empezaras el más importante de los trabajos deberás cuidar a la Señorita aun más. Pero como nos has llegado a cuidar a todos… Empezando por mi quien otro le daría una oportunidad de hacer una carrera como esta a un ex pandillero… Dudo que la Señorita tenga mejor tutor."
-"No hice nada más que lo que debía, tú te ganaste esa oportunidad Jason." Dijo Kimble.
-"O quien confiaría en una chica del pueblo sin experiencia." Dijo Jackie Buscarino.
-"Quien no podría confiar en uste…" empezó a decir mientas notaba como lo miraban todos. "En ti Jackie, demostraste lo más importante dirigencia. Y mírate ahora eres toda una experta." Con lo que la joven lo abrazo, no sin antes mirar a River.
-"O quien contrataría a un oficial expulsado de la fuerza." Continúo Richardson, el chofer.
-"Kevin, ser expulsado por arrestar a un concejal borracho, para mí era la mejor referencia."
-"Pero nadie más se preocupo por oír mi lado de la historia." Dijo el hombre de color, palmeándolo 'afectuosamente,' con lágrimas en los ojos, casi dislocándole el hombro.
Poco a poco, uno a uno los empleados empezaron a recordar lo que había significado tenerlo de jefe en esa casa, apare de sus responsabilidades reales y con los Noroeste. Para muchos no había sido solo un jefe, había sido quien les dio la oportunidad, quien les enseño, quien se pasaba noches enteras ayudándolos. Apretando poco a poco más la mano de la mujer, siendo un flemático inglés hasta el final. Se dio cuenta que en esa mansión, perdida en las montañas, en un pueblo del que casi nadie había oído hablar encontró algo que no sabía que había perdido, muchos años atrás cuando cambio de identidad para entrar el ejercito. Ellos eran su familia.
Así los empleados de la casa le desearon suerte en su nueva vida. Sin necesitar encomendarle a la Señorita, era más que claro para todos que, junto a Kimble, ella estaría a salvo y feliz. Pero era día laboral así que tan ponto lo hacían salían de la cocina a seguir con su trabajo. Poco a poco la cocina se fue vaciando. Estaba tan ocupado evitando mostrar lo conmovido que estaba que no se dio cuenta que no soltaba salvo por unos instantes la mano de River, quien no se había movido de su lado, casi por reflejo. Pero si llego a preguntarse porque la mayoría de las mujeres de la mansión, empezando con la señorita Buscarino, también le deseaba suerte a la dama.
-"No me veas así Jonathan o esperabas que me quedara en la mansión?"
-"Pero Señora… Perdón River… No puedes dejarlo todo solo porque yo esté en malos términos con los Noroeste. Que vas a hacer?"
-"Acaso no es obvio Jonathan?" Dijo presionado su mano mientras le dedicaba una bella sonrisa. "Por mas competente que seas la Señorita, es una niña a punto de entrar en un periodo… difícil y no solo por la presión de sus padres, es casi una adolescente."
-"Te lo agradezco River, pero creo que soy lo suficientemente capaz de hacerme cargo de la Señorita." Dijo ligeramente indignado, pero más preocupado por la decisión de la mujer.
-"Te creíste esa escusa?" Dijo la señora Kristen, en lo que Tanto habría llamado tono de 'mama osa a punto de atacar,' que Kimble no noto. "Pero igual esa capacidad será tan eficaz? Como dije la Señorita está a punto de entrar en la adolescencia. Que harás cuando tenga su primer…" Se detuvo al percatarse de que aun no estaban solos y susurro algo al oído del irlandés. Mientras este se sonrojaba casi hasta preocuparla. Al notar el tono de la mujer y la reacción de su exjefe los cocineros y ayudantes de cocina recordaron que tenían algo muy importante que hacer en otro lugar, dejándolos solos en la cocina.
Aun sonrojado por la revelación de los cambios fisiológicos que tendría Pacífica por la edad y que no había pensado, no pudo decir nada más, guardando silencio ante la inquisitiva mirada de River. Pero fue lo suficientemente observador para notar que ahora estaban solos.
-"Aun así no podrías, el juez fue muy especifico en eso, no es bien visto que un hombre soltero sea el tutor y viva con una niña. Incluso sus padres podrían usar eso para intentar revocar el acta de tutoría. Imagina que harían si saben que, además de la Señorita y yo, en la casa vive una mujer."
-"Ambos problemas se solucionan fácilmente." El tono en que River le hablo hizo que literalmente empezara a sudar, pero al intentar secarse la frente noto que aun la tenía tomada de la mano. "Te casarías conmigo Jonathan?"
Kimble pensó que había oído mal, o que era una broma. Pero su mente se lleno de preguntas. Era un lugar apropiado? No debía ser él quien lo propusiera? No debería haber al menos un anillo? No debería estar hincado? Lo que no pensó era que no debían hacerlo. Kimble hacía años que pensaba que para alguien con su vida, con lo que cargaba, la felicidad el matrimonio estaba descartada. Incluso desde que empezó a ver diferente a la señora Kriste… a River. Pensó que sería algo pasajero, escudándose en la división de trabajo. Pero también recordó que desde el día anterior estaba desempleado.
-"Pero River tu no entiendes. No me conoces… no debes conocerme, me odiaras si sabes que hice…" Empezó a balbucear. La dama puso un dedo en sus labios.
-"Jonathan te parezco ciega?" Digo tiernamente. "Por años te he visto. No solo como hombre o mayordomo te he visto como la maravillosa persona que eres, te he visto hacer cosas que un mayordomo común no tendría ni idea de cómo empezar o siquiera que se pueden hacer. Te he visto ayudar a quien necesite de ti, incluso si no lo saben. Te vi como ayudabas y te decepcionabas de no poder hacer más por la Señorita, de cómo le llegaste a tener celos a un niño, que terminaste admirando. Como contrataste a Jason, que más parecía maleante la primera vez que lo vi, pero demostró ser un buen hombre, aunque se comporta igual que tú, entre secretos. Claro que sé que tienes secretos. Sé de tus amigos, esos de los que nunca hablas directamente, sé de ese lord inglés, sé que a veces no puedes dormir, sé de los días que estabas melancólico, sé de los días que ocultas tu tristeza bajo ese traje de tres piezas y ese bendito carácter inglés, incluso se que no eres así que esa pose de inglés flemático es solo un disfraz, todo eso y más lo sé… y no me importa. Tampoco me importa si puedes o no decírmelo, aceptare tu silencio. No quiero compartir mi vida con quien fuera que eras, quien hizo eso que no me puedes decir. Quiero compartirla con el hombre que echo su trabajo y sus secretos a la basura por proteger a una niña, al hombre que ha sido el pilar de esta mansión desde que legue. Te quiero a ti, no a quien fuiste."
-"Pero River…"
-"Quieres que use el cliché de 'bésame tonto'?"
-"Jamás haría que te rebajes tanto…" Y la beso.
Continuara.
amdom, y dedicado a los lectores y demás interesados en el Fandom de Gravity Falls. No tiene otro fin más que entretener. ¡Disfrútenlo!
Algunos personajes también deben tomarse con las mismas circunstancias y son propiedad de Twentieth Century-Fox Film Corporation.
