[Corregido y editado: 18/05/19]

Capítulo 1: La bestia con el brazo de metal (1)

Si tuviera que describir donde estoy ahora, diría que en el purgatorio… estoy vacío, desconcertado y muy… muy cansado.


Vagando sin rumbo en línea recta hacia ninguna parte, me balanceo cabizbajo carente del brillo de la vida. Sin emociones y pensamientos claros, con nada a mi alrededor, solo la infinita penumbra. Quién diría que mi vida acabaría así.

El tiempo pasa, mi mente está torcida por no decir rota, nublada de lagunas que ni siquiera reconozco, pocos son los claros recuerdos dentro de mi agitado mar de pensamientos. Sin embargo, algunos de ellos son fluidos; De vez en cuando, puedo ver mi fusil entre mis manos, a los pocos compañeros restantes a mi alrededor, todos y cada uno de ellos con su traje de combate puesto, mirando la fulminante luz blanca envolviendonos, misma que me dejó aquí. Los otros son vagos recuerdos sin importancia, rostros desconocidos, breves cuadros de honorables entierros en medio del campo de batalla, dolor, pena y una gran ira en lo profundo de mi ser.

Ni siquiera sé mi nombre, tengo algunas palabras... pistas entre la agitada marea en mi cabeza, si es que así se le puede llamar. Aunque siendo honesto, eso no tendría relevancia en el lugar donde me encuentro, ¿Qué sentido tiene saber algo tan irrelevante?

Lo mío es caminar, eso si es que estoy caminando, ¿verdad?, con toda esta oscuridad rodeándome no estoy seguro de estar poniendo un pie sobre el otro, no veo nada, y no siento nada aparte de un ligero cosquilleo en mi espalda... es como... ¿césped?

Sí, eso debe ser. Había pasado tanto tiempo aquí sin saber que tenia espalda, y ahora, reflexionando un poco, quizá esté inconsciente.

«¿Cómo, y por qué?, mis pensamientos aún son confusos, Ahhg... si tan solo no me doliera tanto la cabeza».

La marea se calma.

«Espera... ¿Dolor?, ¿acaso lo único que puedo sentir es dolor? Bueno… lo digo como si antes de esto no sintiera dolor».

Ahora sí creo que estoy en una especie de purgatorio, ¿Acaso mis acciones en vida tienen este horrible castigo en la muerte? Es eso o mis pensamientos son más claros que antes, puedo sentirlo, percibo como las lagunas van desapareciendo… sí que me gustaría que fuera la segunda opción.

Pero si mis memorias son más lúcidas, entonces, ¿por qué todavía no puedo recordar mi nombre o lo que era? Veamos si con estos fragmentos puedo reconstruir alguna memoria; soy humano... y eso es todo supongo.

«Qué frustrante. Si tan solo ese pitido se callara. ¿Pitido?, pitido... espera, espera, ¡Pitido!¡Escucho un pitido!, que felicidad, es molesto, ¡Pero puedo oír! Vale, puedo sentir mi espalda, puedo oír un molesto pitido, soy humano. ¿Qué hacen los humanos? ¿Comer? ¿Dormir?... ¡oh!, y respirar por supuesto. ¡Oh, mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!, ¡No sé cómo respirar! ¡Respira! ¡Respira!, no, no, no, puedo ver la luz...»


¡Cof, cof, cof! —Con una tos exagerada, comencé a llenar mis pulmones de aire despertando, en primera instancia, sin poder moverme.

«Eso estuvo cerca, de no haber recordado que tenía que respirar, estaría muerto».

Mi cabeza… —murmuré adolorido sosteniéndome la frente con mi mano derecha, intentando calmar aquel punzante dolor a la vez que me esforzaba por respirar.

Oscuro, todo estaba oscuro. Mis ojos dolían, mis oídos retumbaban por un agudo pitido dejándome aturdido, sentía mi espada desnuda sobre el césped junto con una ligera brisa. Estaba desnudo, ¿Cómo lo supe?, pues tras recordarlo, traía puesto mi casco, mi armadura y el ajustado mono fino color gris que va bajo las placas blindadas del traje de combate. Además, las partes sensibles de mi retaguardia indicaban que estaba recostado boca arriba... el césped hacia cosquillas.

El zumbido continuaba siendo una verdadera molestia, pero nada comparado a mi inútil intento de abrir los ojos, de modo que no sabía dónde estaba. Para empeorar la situación, mi mente aún no se recuperaba del todo. Aunque confuso, en un aire de claridad, pude recordar mi nombre: Oriol. La primera señal de mi pasajera condición.

Poco a poco mi mente comenzó a aclararse, cuanto más los recuerdos volvían menos se escuchaba el pitido. La relación era obvia, habían de estar conectados de alguna forma.

Cuando la marea mental se detuvo, me emocione brevemente al ver pasar los primeros recuerdos de manera cronológica: mi infancia en la estación Matriz, los cálidos brazos de mi madre acariciándome alejando los miedos e inseguridades, mis hermanos, las divertidas luchas con los otros niños, la academia, el entrenamiento, la fraternidad de mi compañía, mi primer día con los veteranos, a mi padre, y el orgullo que vi en sus ojos en el momento de mi graduación con honores de la milicia. Pero... también todo lo que vino después, la invasión… el miedo, la desesperación, el odio por la guerra… las incontables batallas que viví... las veces que caí herido esperando morir en lugar de enterrar a mis amigos…

Basta… —volví a susurrar sacudiendo mis cabellos despejando mi mente, esta vez, con pesar en mis palabras. Sentándome inclinado hacia adelante. —No es tiempo de llanto... ahora debo concentrarme en el presente.

Sentía dolor, pero no solo de mi cabeza, sino también de mi corazón, pronto, ese dolor se convirtió en ira. A pesar de ello, recordar esos momentos felices antes de la guerra, fue... agradable. De haber sabido que me esperaría al recordar, hubiera preferido quedarme en la ignorancia.

«Ahora ese es el menor de mis problemas» —me dije a mí mismo frunciendo ligeramente el ceño.


«Oriol» —esa palabra resonó en mi cabeza— «Aquel fue el nombre que mi madre me dio cuando me asignaron a ella tras salir de mi hexágono. Sargento mayor del 42º batallón de ciber infantería de la Unión Causal. Ese era mi nombre, y esa mi ocupación… pero… ¿de verdad estoy solo? ¿Cuánto tiempo llevo aquí? ¿Dónde estoy?... y, sobre todo, ¿Por qué diablos estoy desnudo?».

Sin dejarme llevar por la confusión, resolvería cada una de esas preguntas en su momento. Empezando por la más fácil, la primera.

¿Hola? —dije moviendo la cabeza hacia los lados, oyendo el viento y algunos pájaros cerca.

No hubo respuesta, sin más remedio, aumenté el volumen alzando la voz. —¡¿Hola?!, ¡¿Hay alguien aquí?!

Nada. Bueno, un problema menos. Sabía que si no recibía respuestas lo mejor era guardar silencio, ya que, si estaba sobre césped, he de estar en un lugar abierto. No quería llamar atención de cualquiera que no fuera un aliado, menos si estaba temporalmente ciego.

Esperando unos minutos sintiendo la brisa, intenté llevar mis manos a mis ojos, no obstante, mi brazo izquierdo no respondía, confundido, comencé a tocarme para ver si seguía entero, y luego recordé porque era un soldado cibernético al sentir el calor de mis dedos en los blandos músculos artificiales de mí radio. Sobre él, estaban los relieves de la protección: sólidas placas de metal, flexibles como el plástico, pero tan duro como el grafeno, sin pernos ni nada que los uniera, era una prótesis de pieza única. Subiendo por el bíceps, el grueso metal se hacía notar, y más arriba, donde habían reemplazado mis deltoides por los componentes necesarios para unir el brazo al torso, estaba la clásica protección a modo de hombro que unía la prótesis con el cuerpo, cubriendo a la vez los músculos sintéticos del hombro y el servomotor que tenía por clavícula, el cual, daba la potencia al brazo directamente del reactor ARK ubicado al interior de mi costado derecho. Confirmando que estaba entero, suspiré aliviado.

Al acabar de examinar mi prótesis, y sin excusas a mi descuido, me sentí estúpido.

«¿Cómo olvidar el día que te conseguí?» —dije en pensamientos, dando un breve refunfuño burlesco, retiré la mano derecha del costado metalico.

Gracias a una visión del pasado, supe que, tras una cruenta batalla que casi acabó con mi existencia, había pedido voluntariamente reemplazar las partes faltantes de mi cuerpo con prótesis biónicas. Lástima que más de tres batallones de vanguardia, y gran parte de la armada que se supone iba a ayudarnos, se perdiera durante nuestra evacuación. Aún recuerdo la impotencia de despertar entre los pocos sobrevivientes de lo que quedaba de mi pelotón. Entre ellos no estaban mis hermano ni nadie que conociera, pero los veía de la misma forma.

No necesito recordar eso —gruñí en silencio apretando las suaves hojas de césped en mi mano derecha. Al despejar mi mente, regresé al presente.

Con la mano manchada de rocío, la arrastre por mi brazo metálico intentando limpiarla.

Volver a sentir el roce del metal me hizo pensar. —«Fueron más efectivas de lo que creí, no por nada son de grado "Militar"». —Sin embargo, mis prótesis, al estar apagadas, solo eran chatarra pegada al cuerpo. Con mi "mano de carne" intenté despejar mis ojos, no sentía nada que los obstaculizara, pero no estaba de más intentar.

Aunque… lo único que sentí, fue mi puño frotándome las retinas. O al menos la derecha. —¡Ay! ¡Carajo! ¡Mierda! —otra vez me sentí estúpido, muy, muy estúpido, a pesar del dolor, eso llamó mi atención.

Molesto conmigo mismo, volví a intentarlo, esta vez con más cuidado. Tocando alrededor de mis ojos aproveché de secar las lágrimas en el proceso, pero no fue sino hasta que toqué mis pestañas cuando supe el ojo del lado izquierdo estaba abierto, hice lo mismo con mi ojo derecho, logrando tocarme el relieve de la retina sin ningún problema. Maldición, estaba ciego.

Traté de mantenerme tranquilo, aunque fue difícil sabiendo que no sabía dónde estaba, que me encontraba a la intemperie y que el más mínimo error al moverme podría herirme, o peor, matarme.

Antes de caer en la paranoia, recordé perder mi ojo derecho en una batalla, razón de poder tocarlo sin sentir dolor. Respiré aliviado de saber que aún conservaba mi ojo biónico, aunque por ahora fuera tan inútil como mi brazo. Teniendo presente el cómo funcionaban las prótesis, llegue a la conclusión de que quizá le pasaba algo a mis implantes neurales, tal vez estaban apagados, pero eso era imposible. Al estar conectados a la energía natural de la sinapsis del cerebro, la única forma de que se apagaran era si yo moría, y obviamente, no estaba muerto.

Intentando descifrar el misterio, llegue a la siguiente conclusión: como puede que casi morí ahogado por no saber respirar, la falta de oxígeno en mi cerebro los pudo haber apagado apagado. De ser así, un pequeño ejercicio mental los estimulara lo suficiente para encenderlos. Una mueca alegre se dibujó en rostro, ya llevaba bastante tiempo ciego, y el hecho de volver a ver era reconfortante.

Con toda la concentración de mi mente, intentaba de alguna manera, encender mi cerebro. —Vamos, enfócate en encenderlos…

Puede que el seguir recordando me ayudase, no tenía nada que perder.

«Antes del destello estaba con mis compañeros en el hangar numero 6, a bordo de la… ¿Cómo se llamaba la nave?... ¡Ha sí!, a bordo del Harmonious Sparkle…»

En cuanto recordé esa palabra, sentí como si hubiera visto un relámpago en mi cegada visión, y con él, una serie de recuerdos extraños comenzaron a llegar abrumándome, eran incomprensibles, y duraban tanto como el destello de una estrella fugaz, en todos ellos, una figura blanca me hablaba. Tal cual como una serie de fotogramas, decía algo que yo no comprendía, cada flash daba un corto esbozo de palabra sin sentido, pero de pronto, esos cortos sonidos poco a poco iban siendo más continuos, hasta tal punto de llegar a ser un zumbido insoportable, desembocó en un gran y palpitante dolor que recorrió desde mi cabeza hasta la punta de mi espina.

Era aún más intenso que cuando desperté, tanto era el dolor, que hizo ponerme de rodillas con la cabeza en la tierra, retorciéndome en silencio y apretando los dientes. No grité para evitar alertar a cualquier cosa que estuviera a mi alrededor, pero, a pesar de ser insoportable, no era una sensación nueva para mí. Ya había sufrido dolores así antes, con la excepción de no durar por tanto tiempo. No estoy seguro de cuántos minutos pasaron, pero yo me contuve de gritar durante todo ese tormento, y de la nada, comencé a sentir como mi cuerpo quería convulsionar, y eso sí sería un problema.

No obstante, justo antes de ceder a los espasmos, el dolor se detuvo en seco dejándome casi inconsciente. Jadeando, sudaba a cántaros, como si me hubiera lanzado a un estanque de agua caliente. Tenía ganas de vomitar, y mi cabeza no paraba de palpitar. A pesar de todo, había valido la pena, ya que, tras un suave pitido y un reconfortante calor en mi pecho, un punto de resplandeciente negó mi ceguera, devolviéndome la visión con un leve y creciente destello. Con mi reactor ARK funcionando, mi ojo biónico fue el primero en darme una pista del terreno en donde me encontraba, en cambio, mi ojo normal tardó un poco más en acostumbrarse a la intensa luz del sol y los colores tan saturados del primer vistazo. Además, recuperé el movimiento de mi brazo izquierdo.


Nunca fui de aquellos que admiran los paisajes naturales. El verde de la vegetación, el claro azul del cielo y los tonos marrones de las lejanas montañas me ponían nervioso. Me sentía mucho más cómodo rodeado de las blancas y lisas paredes de las naves de combate o las estaciones donde solíamos alojarnos, esa simetría me daba una relajante sensación de bienestar, en cambio, tantas irregularidades de este desconocido lugar solo me daba mala espina.

Aunque lo admito: ver este valle de verde césped junto con algunos árboles solitarios, como el que está sobre mí, es bastante relajante si te tomas el tiempo de verlo así. Nunca había visto tanta vida vegetal fuera de las cúpulas de hidroponía, los jardines de las grandes ciudades o en los libros del Ministerio de Cultura. El aire fresco y el sonido de las aves cantando me hizo permanecer alerta, sin perder más tiempo, emprendí la caminata hacia el este sin ningún objetivo en concreto. En fin, no estaba ahí para quedarme viendo el paisaje, debía planear mi siguiente movimiento ahora que había recuperado la visión.

Mirando a mi alrededor con más detalle mientras caminaba, pude divisar un frondoso bosque junto a una laguna, estaba lejos, pero en comparación al resto de posibles caminos a tomar, era la más acertada tácticamente hablando. También pude ver algunas rutas hacia las montañas de la lejanía, y varios arbustos solitarios cercanos en el camino hacia el bosque. Algunos de ellos tenían extraños y pequeños frutos azules, se veían apetitosos, pero por el momento, el hambre estaba muy ausente, y si debía llevarlos en las manos, era mejor dejarlos allí.

En estas situaciones seguiría mi entrenamiento básico de sobrevivencia, e iría a la fuente de agua más cercana. Como no vi ningún rastro de camino, no creo que haya algún ser inteligente en donde quiera que esté. Ya no estoy en mi nave, o en ningún planeta que yo conozca, agregándole que no tengo mi traje de combate, medicinas, comida, agua, o siquiera un taparrabos, debía tener en extremo cuidado. Las únicas "tecnologías" en mi poder, eran mis prótesis biónicas de grado militar: mi brazo izquierdo y mi ojo derecho. Aparte, la "zona de metal" en mi costado derecho, me proporciona energía y calor suficiente para sobrevivir a la noche, siendo el resto de mis herramientas: mis manos, piernas y mi ingenio.

Sin disminuir el ritmo de la caminata, reflexioné estando atento por si se presentaba algún peligro. — «Sé que mi prótesis de brazo trae algunos accesorios básicos de emergencia tales como: escáner, linterna, una gran fuerza y resistencia. Eso sin mencionar la cuchilla de acero plástico retráctil estándar correspondiente al modelo». —Hice una pausa para observar el sol reflejándose en mis pupilas y en las zonas metálicas de mi brazo, planeando alguna estrategia con lo que disponía. — «Si uso bien esas virtudes, junto con mi entrenamiento, mis habilidades físicas y mi ojo biónico, puede que tenga una posibilidad si encuentro vida hostil, aunque lo que más me preocupa en estos momentos, es saber si no soy el único de mi especie en este lugar. El procedimiento que debo seguir es esperar a que la Causa vuelva a mi, mientras, deberé adaptarme a las situaciones que tenga por delante, aunque, si he de fijarme un objetivo, sería encontrar a otro ser humano, o ya de paso, a un sintético que me encaminara nuevamente a la Causa».

Con cada paso, el bosque estaba más cerca, si bien debía adaptarme a mi condición de "perdido", había algo que aún no comprendía: el porqué de mi desnudez. Admito que me siento "inseguro" exhibiendo todo mi cuerpo de esta forma, después de todo, si no recuerdo mal, traía puesto mi imponente traje de combate antes del destello, y esto no tiene el más mínimo sentido. Además, tanta paz me perturba, pues comúnmente era esta paz la que llegaba antes de la emboscada.

«¿No estaré muerto?, quizá este sea el paraíso del que hablaban esos ridículos libros de antaño. Algunas de ellas decían que la gente podía "renacer"… ahora que lo pienso, sonaría más estúpido si lo dijera en voz alta. Aunque, siendo honesto conmigo mismo, los últimos acontecimientos que viví antes de cruzar el portal fueron muy surrealistas, el solo hecho de acordarme de aquella criatura del vacío, del tamaño de un gigante gaseoso, me da escalofríos. La caminata es larga, y para perder un poco el tiempo mientras el sol de la mañana sigue su curso, me dejaré llevar en mis pensamientos».

«Si acaso morí, esto no viene al caso, de ser así, ¿no debería ser un bebé?, ¿o al menos haber perdido mis partes biónicas?, no lo sé. Aunque, si no nos mató haber cruzado ese portal ¿por qué estoy solo?, que yo sepa, el Harmonious Sparkle tenía más de 5000 personas a bordo incluyéndome, no pude haber aparecido de la nada… ¿O sí?».

Volví en sí cuando las sombras de algunos árboles me cubrieron del sol. Finalmente había llegado al inicio del bosque, desde fuera, no era tan frondoso como para llamarlo tropical, pero sí tenía mucha vegetación esparcida a los pies de aquellos gruesos troncos agrietados. Nunca había visto este tipo de árbol. Su corteza era pardusca y escamosa, solo con verlos, diría que cada uno medía cerca de siete metros. Además, en cada uno de ellos, podía ver una gran cantidad de esponjosos roedores que comían su diminuto y ensombrerado fruto de tonos marrones.

Tropezando con alguna que otra roca, logré atravesar el bosque y llegar a la laguna. Al aproximarme a la orilla, noté que era poco profunda, de aguas cristalinas y serenas. El viaje me había dejado sediento, aunque por seguridad, no me lancé a ella como mis impulsos me lo decían, por suerte, mi brazo de metal tenía un escáner que me diría si podía beber o no esa refrescante agua. Reconozco que tardé varios segundos en intentar usarlo, estaba dudoso si volver a sufrir ese tortuoso dolor de cabeza. Por fortuna nada pasó. Tras tomar una muestra con la superficie de mi palma de metal, y ver el visto bueno en la interfaz en mi ojo biónico, despreocupado, sumergí la cabeza bebiendo sin preocupación, luego, aproveché para refrescarme del calor sumergiendo mi cuerpo en aquellas aguas.


Tras nadar un poco, saqué la cabeza del agua exhalando con gran satisfacción. Saliendo de la laguna, mi humedecido cabello me tapó los ojos obligándome a peinarlo hacia atrás salpicando un poco.

«Espera… ¿desde cuándo mi cabello es tan largo?».

A toda prisa me acerqué a la orilla de la laguna esperando ver mi reflejo, cuando el agua volvió a la calma, logré mirar mi rostro.

¿Que rayos me pasó...? —dije tocando mi cara y mis cabellos.

Observando mi reflejo, pude ver que mi piel había perdido mi ligero tono moreno siendo reemplazado por un tono más claro, en ella, las cicatrices que gané en batalla aún me daban ese aspecto rudo tan característico de mi persona, aunque viéndome mejor, mi cara en ese momento solo mostraba confusión. Enfocándome en mi cuerpo, como todo buen soldado, tenía una firme y abundante musculatura fruto de los duros entrenamientos de la vocación, aunque cabe decir que no estaba tan marcado como mis compañeros. Otra cosa a destacar era mi brazo de metal: siempre fue igual en tamaño y forma que mi brazo de carne, a pesar de los ligeros relieves del blindaje.

Dejando de lado lo más importante, hubo dos pequeños detalles que si valía mencionar: mi cabello era más largo, y al igual que mi ojo, no era del color que solía ser. Ya no tenía el estandarizado mi corte militar, lo que era mi cabellera negra, había cambiado por un color cian, el cual relucía por la luz del sol. Además, mis ojos, mejor dicho, mis iris, eran de un tono rosado brillante con la pupila color blanco, era casi como si estuviera hecho de cristal. Por otra parte, mi ojo derecho no era más que la fachada para el "modo receso" de la prótesis biónica de iris azulado, pues al desplegarla, ésta se abriría diagonalmente para dejar ver un tecnológico iris celeste.

Pero... ¿como? —comenté impactado mientras tocaba mis rizados cabellos.

En sí, todo esto era agotador, y con mi mano izquierda, me froté los párpados maldiciendo. — «¿Cómo carajo pasó esto? ¿Dónde están todos? ¿Dónde está la nueva vida que nos prometieron?».

Intenté relajarme un poco y pensar con calma mi situación, por no decir que quise darle la oportunidad al lugar para que me absorbiera en su tranquilidad, después de todo, había pasado muchas cosas para poder estar aquí. Pasé de haber vivido el infierno a llegar al lugar más tranquilo de toda mi vida.

Confundido, me senté en silencio a la sombra de un árbol cercano, intentando comprender la situación. Había ganado más preguntas que respuestas al ver mi reflejo, puede que no fuera vital ahora mismo, pero me tenía pensativo y agotado mentalmente en un ciclo de preguntas sin rastro de respuestas.

Pero, lo que en verdad me tenía preocupado, era el hecho de que me encontraba totalmente solo en un planeta desconocido. Hice una mueca de ironía susurrando. —El destino me quiere solo, ¿eh? —buscando alguna nube, observé el cielo pensando tranquilo. — «Pero no me detuvo antes ni tampoco lo hará ahora, soy un soldado, en mi lenguaje no hay lugar para dudas, sea lo que sea lo que me arroje la vida, yo me levantaré para seguir peleando, no me rendí antes, ni tampoco lo haré ahora».

Con esas palabras en la cabeza, reflexioné que pasaría si, por suerte o desgracia, me llegaba a encontrar con alguna especie inteligente, no es que tuviera muchas esperanzas de hallar vida inteligente en este lugar, después de todo, el universo no rebosaba de tanta inteligencia como nosotros pensábamos.

«Aun así, ¿cómo rayos voy a enfrentar un contacto con ellos?» —comenté en mi interior. — «Soy un total extraño en su mundo, o peor, puedo ser visto como total una amenaza. ¿Qué se supone que haga? ¿Matarlos por algo que no comprenden?».

Exhalando relajado mientras me acomodaba en la base del tronco, continúe analizando la situación. — «¿Y si solo me encuentro con fauna salvaje?, si fuera así, pelear con ellos no es problema, al fin y al cabo, necesitaré comida».

Dando un ligero vistazo a mi brazo de metal, desplegué mi única arma generando un suave sonido de deslicé metálico: la cuchilla de mi prótesis. La luz del sol fácilmente atravesaba la delgada hoja. Apreciando su filo, seguí pensando mientras miraba el cielo con desdén. En mi cabeza, una serie de recuerdos perturbaban vagamente la tranquilidad del entorno.

«Ya he peleado cuerpo a cuerpo con salvajes alienígenas y robots asesinos, caí herido en más de una ocasión, pero eso me dio experiencia y templanza, aparte que siempre podía contar con encontrar ayuda médica si lograba sobrevivir. Si peleo en estas tierras, no puedo darme el lujo de ser herido de gravedad, pues, aunque tenga resistencia gracias a mis prótesis, mi condición genética de soldado y alguno que otro truco guardado, no pondré a prueba los peligros de este mundo. Después de todo…Sigo siendo humano» —Dando un bostezo, me di cuenta que mi vista se iba a negro con lentitud, a la vez que me sentía muy aturdido.

Sin siquiera notarlo, había estado cabeceando somnoliento bajo ese árbol, al final, me quedé dormido al cerrar completamente los ojos dejando caer mi cabeza en uno de mis hombros. Me sentía cansado desde que salí del valle, pero lo había ignorado como el buen soldado que era, sin embargo, aquí, entre la calma del bosque, y la agradable temperatura previa al medio día, me dejé llevar. Con lo tranquilo que estaba el ambiente me relajé demasiado para un soldado veterano como yo, estaba consciente del peligro que significaba dormir en aquel lugar, pero una vez dormido, no despertaría a menos de ser necesario.

No sé porqué, pero juraría que antes de perder el conocimiento, alcancé a ver tres borrosas mariposas de alas rosa y cuerpo color azul claro, agitando tímida e hipnóticamente sus alas a pocos centímetros de mi pecho.


MA: Bueno, lo prometido es deuda, finalmente corregí esta parte a su forma final, esto ocurrirá hasta el final del capitulo 3. Lamentablemente borré sin querer queriendo el MA anterior xD

No volverá a suceder. Gracias por su apoyo y espero que disfruten leer las partes corregidas, con más narrativa y contenido que en su momento no pude colocar por la inexperiencia. OwO

(Inserte Gif de Maud guiñando el ojo)