Capitulo 1: La bestia con el brazo de metal(4)

Aún queda alguien... aún queda alguien a quien salvar.


Tomando una posición de sigilo, volví a asomarme al borde de la berma. La cueva no estaba muy lejos, lo malo, es que se encontraba en el mismo nivel que el monstruo arácnido. No debía confiar en que mi fracaso la distraería para siempre, si debía pelear, necesitaría un plan.

En mi mente, la voz de Iac tomó mi atención. —Yo me encargo de formular un plan, mientras, concéntrate en no morirte ¿sí?

Con su apoyo en mi deseo de corregir mi error, comencé a caminar sin separarme del pie del banco de mi nivel. Sigiloso pasaba un pie sobre el otro evitando cualquier cosa que pudiera emitir sonido, pero, en mi determinación por evitar ser detectado, olvidé un detalle más o menos importante. La cuchilla de mi brazo aún estaba desplegada, y bastó un simple descuido para hacerla chocar con una pequeña roca que sobresalía, provocando un eco metálico gracias a la resonancia del metal.

Me quedé quieto, esperando a que la silueta roja en mi vista dejara lo suyo y viniera a por mí, pero no pasó nada, el viento a mi favor había desviado el sonido y la colosal araña seguía ocupada devorando a su presa. Admito que en ese momento "una gota de sudor intenso en el pecho me acababa de recorrer hasta la punta de mis partes nobles."

Podía controlar mi miedo gracias a mis implantes neurales y la ayuda de Iac, pero la preocupación por fallar otra vez ejercía demasiada presión en mí. Si volvía a cometer otro error así, podía dar por perdida esta misión, pues era lo suficientemente inteligente para saber que no podría ganarle a esa araña en campo abierto, y a pesar de que mi piel era más gruesa y mucho más dura que la piel de un ser humano común, seguía siendo vulnerable a las heridas.

Por lo que para evitar futuros errores plegué la cuchilla de mi brazo de metal. En el pasado hubo muy pocas ocasiones en las que usé esta arma en el fragor de la batalla, había entrenado su uso claro, pero en el campo, los fusiles, las pistolas e incluso los puños fueron más efectivos. En el tiempo que me tomó llegar a un lugar seguro para bajar al siguiente nivel, la esperanza de encontrar a otro humano me trajo algunos recuerdos que creí haber olvidado.

Flashback:

Me encontraba en los hangares de un crucero de combate de la Unión. Habían pasado tres días desde el bombardeo a mi hogar, ahora tomado por el enemigo. Para ser más preciso, me hallaba limpiando el rifle magnético que tomé de mi viejo cuartel, aun tenia quemaduras, cortes y un poco de sangre del mugroso alienígena que intentó quitármelo. Me hallaba tranquilo, pensando en todos esos enemigos que maté antes de que el ejército llegara a la ciudad, aún recuerdo la cara del sargento que me encontró; sin munición alguna, con su traje destruido sobre un enemigo, y muy cerca de él, un soldado ensangrentado con la mirada perdida y llena de venganza, que no dejaba de golpear a un alienígena muerto hace tiempo con la culata del fusil.

Las heridas de esa batalla se habían curado gracias a la avanzada medicina que disponía el crucero, dándome la oportunidad de volver al combate, pues según los rumores, había un plan para recuperar la zona occidente de la metrópolis en ese planeta, es decir, el otro extremo del lugar en donde yo me encontraba en el momento en el que cayeron las bombas. Era mi oportunidad para seguir vengando a mis compañeros, pero a pesar de que me encontraba sano y deseoso de combatir, la licencia médica me impedía tomar las armas.

Concentrado en quitarle las manchas de sangre verde al fusil, no me percaté de que un soldado había estado frente a mi todo este tiempo, no fue sino hasta que sentí el "ligero" toque de su traje cuando le tomé atención. Ahora, desde el suelo, me levanté furioso contra aquel soldado, sin embargo, al no llevar puesto su casco, mi cara asesina cambio rápidamente a una sonrisa triste. Era Saer, mi hermano que trabajaba en la ciudad cercana a la mía. Me alegré tanto al verlo que quise abrasarlo, pero como estábamos rodeados de duros e imponentes soldados, no lo hice.

No obstante, el no tardó en intentar romperme las costillas al hacerlo con el traje puesto con una gran sonrisa en el rostro.

Fin del Flashback

Una vez en el nivel inferior, pude ver la cueva a pocos metros de mi posición, frente a ella, también se hallaba una cantidad considerable de arañas muertas, todas ellas presentaban profundos cortes en el abdomen. Rápidamente volteé para ver a la araña gigante, por suerte, estaba lejos y de espaldas, por lo que tenía el camino libre.

Sin embargo, mientras avanzaba sigiloso entre los cadáveres arácnidos, Iac rápidamente me detuvo. —No te muevas.

Eso me tomó por sorpresa, si mi compañero mental me decía que me detuviera, era mejor hacerlo, y por ello, me congelé. Acto seguido, Iac me dijo. —La araña ha dejado de comer. Está empezando a buscar nuevas presas, no te muevas si no quieres ser detectado.

Sin mover ni un musculo, le respondí en mi mente. —¿Qué vamos a hacer? No tengo ojos en la espalda, ya casi se hace de noche ¿Tienes listo el plan que prometiste que tendrías?

De inmediato me respondió. —Tienes suerte, estas arañas no ven mucho sin la suficiente luz, además, estas cubierto de sangre de araña rodeado por sus cadáveres, no ha de poder olerte y menos detectarte. Quédate quieto y probablemente se vaya.

—¡¿Probablemente?! —Pensé exaltado. — ¡¿Esta cueva no te parece su hogar?!

Iac guardo silencio, lo que provocó que me preocupara aún mas. Según mis cálculos, el sol me dejaría a mi suerte en menos de media hora.

Finalmente Iac se decidió a hablarme, aunque en un tono para nada reconfortante. —¡Maldición!, estas arañas no producen tela ni veneno. He analizado su ADN de las muestras en tu cuchilla, y descubrí que son un tipo de tarantula...

De repente, las rocas a mis pies vibraron resonantes interrumpiendo a Iac. Luego, siete vibraciones más se le unieron. La araña se estaba moviendo, y por la gloria del destino, al voltear, vi que se estaba yendo de la zona. Aliviado, relajé mis músculos y di un suspiro.

—Salvado... —Murmuré fuera de mi cabeza. —Ahora puedo...

No obstante, ese día conocí el significado del dicho "No cantes victoria antes de tiempo", pues, al dar un mísero paso, toqué una de las patas de una de las arañas muertas. Pero esa no estaba tan muerta como yo pensaba, y a pesar de que tenía casi todo el contenido de su abdomen fuera de él, aun tuvo la fuerza para intentar morderme por sorpresa. Mis reflejos fueron más rápidos que su ataque, logrando esquivar su torpe intento de lastimarme, terminando con su vida al desplegar mi cuchilla y atravesar su tórax con un curioso *Crack*.

Sin embargo, la desdichada araña, en su último aliento, dio un agudo chillido de muerte mientras se iba a un lugar mejor.

De inmediato, volteé a ver al coloso. Nada.

Confundido, supuse que se había ido antes de que matara a su pariente.

—¡ARRIBA! —Oí en mi cabeza.

Sin darme tiempo siquiera de voltear, involuntariamente mi cuerpo dio un salto hacia atrás justo antes de que dos enormes colmillos me atravesaran la espalda. La tierra tembló cuando el pesado arácnido aterrizó.

Al levantar la mirada, el enorme coloso se sobaba las mandíbulas tras retirarlas de la roca, dejando en ella dos agujeros bien marcados.

Mi instinto me gritó de inmediato que corriera, pero mi voluntad se hizo presente, era hora de luchar, y como soldado, no dejaría que la misión fracasara. Sin darme tiempo de pensar, la araña hizo su jugada. Dando un voraz zarpazo horizontal con su pata delantera, teniendo ésta, una gran garra curva con el interior dentado. Como no pude esquivarlo, me cubrí con mi cuchilla, provocando que por la fuerza del impacto saliera volando hacia la pared de roca al lado de la cueva. Con un gran dolor en la espalda, me levanté rápidamente, pronto el dolor cesaría por mis implantes.

Sin perder el tiempo, la araña dio un salto más pequeño con la intención de acabar el encuentro. Pero yo no me dejaría matar tan fácilmente. Raudo, me deslicé hacia adelante pasando mi cuchilla por debajo del tórax de la criatura. Al levantarme, sacudí mi arma para limpiar su sangre. Ahora herida, la araña intentó intimidarme con un agudo rugido, levantando su tórax y sus mandíbulas, dejando ver como la sangre roja de su anterior víctima se mezclaba con la suya.

Al mismo tiempo, en mi mente, Iac me prestó su apoyo. —Esto te servirá.

Sentí un agudo y breve pinchazo al interior de mi cráneo. Y en menos de un segundo, un calor infernal me recorrió el cuerpo, mi mente se despejó en un oscuro panorama, mis músculos se tornaron oscuros y mi ojo biónico se mostraba una vez más dándome la visión de combate de mi traje. Pronto, aquel calor infernal se convirtió en una aura de furia que fácilmente superó a la de mi enemigo. Podía sentir el poder fluyendo por mis venas.

Mostrando una sonrisa asesina, me lancé atacar de frente mientras que la araña bajó sus mandíbulas mirándome con esos seis vacíos ojos negros. Sin darle oportunidad de atacar, salté sobre ella, y con el impulso, ágilmente giré mi cuerpo asestándole un profundo corte en el tórax, aterrizando detrás de su posición.

Ella se retorció chillando del dolor, y al igual que sus versiones más pequeñas, le costaba girar rápidamente para contraatacar. Dejándome a mí el tiempo suficiente para asestarle con precisión quirúrgica una mortal estocada en el abdomen, de la herida, brotó su sangre verde impregnando mi hoja con ella. Sin embargo, no fue suficiente para matarla, y con furia, una de sus patas traseras me dio directo en el pecho, haciendo que nuevamente saliera volando hacia la pared de roca clavándome en el proceso algunos de sus vellos.

Ese golpe fue duro, provocando que escupiera sangre al impactar. Cayendo de rodillas, vi un pequeño charco de sangre violeta. Susurrando dije. —Eso no es nuevo...

Limpiándome la boca con mi mano de carne, volví a enfocar a mi enemigo a la vez que retiraba sus vellos de mi pecho. Nuevamente, emprendí la carga contra la criatura al verla vulnerable. Guiado por mi ojo biónico, logré asestarle varios cortes en puntos claves de sus patas mientras intentaba atacarme, poco a poco, noté como sus movimientos empezaban a hacerse más lentos gracias a las heridas, sin embargo, mi velocidad también disminuía con el transcurso de la batalla.

Comencé a sentir que el calor se apagaba y mi furia disminuía. Era de esperarse, esas drogas de combate no duran más de treinta segundos, sino, una sobredosis podría matarme. No obstante, ese fue tiempo suficiente para dejar a la araña tan herida que se le hacía difícil moverse sin chillar por el dolor.

—Iac... —Consulté en mi cabeza manteniendo una respiración irregular por el golpe. — ¿No puedes darme más droga...?, soy resistente... aun puedo soportar otro toque..

—¡¿Estás loco?!, ¡Otra dosis en tan poco tiempo podría matarte! —Respondió exaltado. Añadiendo más calmado. —Además, no puedo dártela aunque quisiera, tiene un interruptor de seguridad que no puedo romper.

—Maldición.—Dije escupiendo algo de sangre sin dejar de mirar a mi enemigo. —¿Eso era parte de tu plan?

—No. Ahora necesito que confíes en mí si queremos salir de esta con tu damisela entre los brazos. —Comentó serio.

—Te escucho...

Entre tanto, a pesar de su visible dolor, la araña cargó nuevamente contra mí.

—Está bien... confió en ti —Respondí mientras me desvanecía de mi propia mente. —Ahora mi vida está en tus manos...

En ese momento desaparecí y me convertí en un observador. Iac, ahora al mando de mi cuerpo, esquivó elegantemente el ataque enemigo dando un gran salto, dejando que se estampara contra la pared y aprovechando el momento, rebanó los cuatro pequeños ojos del enemigo. Según él, hacía simulaciones de la batalla a cada paso que daba, dándole la ventaja.

Con una mirada indiferente, Iac miraba como el enemigo se retorcía agitando todas sus extremidades intentando pegarle a algo. Con la jugada perfecta entre manos, Iac hizo su movimiento. Corriendo hacia la entrada de la cueva llamó la atención de la araña con un estruendoso grito simulando estar herido.

Ésta, cegada por el golpe y usando sus vellos para ubicar las vibraciones, dio un salto casi tan alto como el primero en dirección a Iac. Preparada para dar el golpe de gracia, la colosal araña cargó todo su peso en el ataque, sin embargo, el suelo bajo ella cedió de sorpresa, sin dejarle más opción que aferrarse con sus garras frontales a la entrada de la cueva. Entre tanto, Iac observaba indiferente en el nivel superior justo arriba de la cueva, a la desesperada araña intentar mantenerse al borde de ésta.

Sin perder tiempo, se lanzó dando un salto confiado en sus simulaciones. Un curioso *crack* hizo eco al interior de la caverna. Iac, ahora sobre la araña, había fracturado su torso superior aplastando sus últimos dos grandes ojos negros con su caída. Y finalmente, sin darle tiempo a la araña de quejarse, tomó apoyo con su mano de carne y ensartó su cuchilla en el tórax de la criatura, dándole un preciso y mortal golpe de gracia justo en el cerebro del arácnido.

Éste dio un violento espasmo junto con su chillido de muerte, perdiendo la fuerza para sostenerse, lentamente fue soltándose hasta finalmente caer hacia el fondo de la zona. Al mismo tiempo, Iac dio un ligero salto y vio desplomarse al monstruo de frente.

—Listo, te devuelvo el control —Dijo indiferente.

Y en un instante volví a la realidad. Mi cuerpo se sentía agotado, y me di cuenta que Iac no escatimó con lo de la caída, pues tenía un ligero dolor en las piernas junto con varios vellos clavados en el cuerpo, incluso, uno de ellos había atravesado mi mano de carne. Sin hacer ningún gesto, me los retiré todos mientras veía el sol ponerse en el horizonte.

Con los últimos rayos de luz, volteé hacia el interior de la cueva. Y entre todas las rocas que sobresalían, pude notar dos siluetas en mi vista, una de ellas estaba tirada en el piso de costado, y la otra estaba... he... ¿en cuatro patas e inclinada hacia adelante?, sin la suficiente luz para notar algo con claridad, avancé lentamente con mi ojo biónico en modo nocturno.

Allí pude ver una criatura cuadrúpeda intentando imitar una posición de ataque aunque sus patas no dejaban de temblar. Sostenía en su hocico una pequeña y malgastada daga de hierro. Tenía el pelaje color crema oscuro, y su melena, aunque sucia, era de un fuerte color rojo. En su costado, vi claramente una especie de marca similar a una cruz roja junto a unas hojas extrañas bastante definidas. Además, logré ver que tenía un corte en el lomo de donde sangre roja salía tímidamente manchando su bonito pelaje.

Pero lo que me tomó por sorpresa fue cuando esta "linda" criatura habló al acercarme más. Con un asustado tono de voz y ojos que demostraban terror, pudiendo ver en ellos finas lágrimas junto a su rojizo iris, soltó la daga y abandonó su posición de ataque sentándose asustada.

—No... no te acerques más... — Hizo una pausa al ver que me seguía acercando con mi cuchilla aun desenfundada, provocando a la vez, que más lagrimas salieran de sus ojos. — Por favor... no me comas...


Agradesco mucho sus visitas, más aun cuando siguieron la historia teniendo que leer lo que habia antes de esto, de verdad, muchas gracias por darle su apoyo en forma de visitas y review. :D

PD: Todo este progreso es gracias a mi "tutor" UnSimpleEscritor, si no es mucha molestia, recomiendo encarecidamente su historia: Metal Ligero. Pues tomé mucho de su estilo de narración, diálogos y descripciones para crear este Fanfic.