NA: Todo el capitulo 2 está pasando por una reedicion, aunque la trama no cambiará, sino que serán temas estéticos y narrativos. Por ello es el capitulo más corto, y en mi opinión, pobre.
Capítulo 2: Una Pony bajo el sol (1)
—Por favor... no me comas...
Fue todo lo que se me ocurrió decir en aquel momento...
No quería morir, ni menos seguir sufriendo. Ya estaba cansada de ver a mis compañeros caer sin poder hacer nada. A Silver Dust no le quedaba mucho tiempo de vida, había perdido ya mucha sangre por esa maldita araña. Eso fue mi culpa... si tan solo no hubiera corrido impulsivamente por esas estúpidas plantas... nada de esto hubiera pasado... quería ayudar... y terminé arruinándolo todo.
Mi corazón se llenaba de amargura ante aquellos ojos que no dejaban de mirarme. Sin nada más que el miedo en mi mente, pude sentirme tan indefensa como la presa en la que me había convertido. ¿Acaso así terminaría mi historia...?, ¿devorada sin esperanza por un pequeño error...?
Aquella figura tenia heterocromia en sus ojos; Uno de brillante estela con extraño iris azul, y el otro de un resplandeciente iris rosa. Ambos fijos en mí... como un depredador hambriento de sangre...
El sol finalmente me abandonaba a mi suerte. Las pocas luces que salían de la cueva se reflejaron en su extraño brazo metálico, desembocando en su larga hoja dándome un constante escalofrió al ver gotear la verdosa sangre de su anterior víctima. Misma que nos había emboscado y asesinado a Red Boulder minutos atrás... ¿Acaso este monstruo era más fuerte?
Mis cascos no paraban de temblar mientras la luz se desvanecía, no podía parar de sentir miedo, ¿pero...? ¿qué más podía hacer ante él?, ¡Esa cosa había matado a la jodida araña gigante de la cantera!, no podía hacerle frente...era mi fin.
La criatura lentamente comenzó a acercarse. Paralizada por el miedo, intenté retroceder, pero un agudo dolor en mi lomo me detuvo. nuevamente, la sangre de mi herida me recordaba el dolor de la perdida y el fracaso. Aquella cosa se acercaba cada vez más... dejando de mirarme y fijándose en mi herida.
Había oscurecido, y la cueva cayó en la total penumbra. A pesar de ello, dos brillantes puntos aparecieron, uno azul y uno rozado, era todo lo que podía ver, sus ojos seguían puestos en mí... depredándome en silencio... ¿Pero?, ¿Por qué no atacaba?
Por un momento me quedé callada esperando que su hoja atravesara mi cuello... pero nada pasaba. Cada segundo de espera era un tormento en mi cabeza, ¿Acaso a esta criatura le gusta jugar con sus presas?, pensé aterrada. Allí, parado e inmóvil no dejaba de mirarme, ¿Qué estará pensando?, fue lo que me pregunte. Pero no fue hasta que el resplandor de sus ojos desapareció cuando realmente entré en pánico.
¡¿Dónde está?! Exclamé en mi mente al mismo tiempo en que giraba mi cabeza hacia todas direcciones en busca de su rastro sin éxito.
Ahora, en la penumbra, lentamente retrocedí hasta toparme con el cuerpo de Silver Dust, manchando mi casco trasero izquierdo con el fruto de su herida. La paranoia comenzó a apoderarse de mi al oír extraños sonidos a mi alrededor; algunos eran golpes en las rocas con algo de metal, otros eran el crujir de las ramas que llevábamos en nuestras alforjas para acampar, y finalmente, el sonido de una respiración profunda tras de mí...
Con terror en la mirada, decidí voltear para encarar la muerte, pero lo único que vi fue una luz de fuego en su lugar, allí estaba.
La criatura estaba arrodillada al lado del cuerpo de mi amigo, el filo de su hoja estaba al rojo vivo, emitiendo suficiente luz como para ver la escena, mientras que, con su extremidad libre, untaba las plantas que habíamos recogido con anterioridad sobre la espantosa herida de mi compañero. Me hallaba confundida ante esta situación tan calmada, sin embargo, pude ver con horror como esa criatura comenzó a quemar la profunda herida de Silver Dust con la ardiente hoja de su brazo.
Totalmente invadida por el pánico, no logré controlar mis gritos e intenté galopar a lo que recordaba era la salida de la cueva, no obstante, lo único que encontré fue la dura pared de roca con la que me estampé de frente. Aturdida, pude oler la carne quemada de mi amigo chamuscarse. Tras recuperar el equilibrio, me fijé en Silver Dust, pero no podía verlo entre tanta oscuridad, tanto la criatura como la luz habían desaparecido.
Con la respiración agitada, traté de localizar algún sonido. Mi corazón latía sin control, al punto en que creí que se me saldría de mi peludo pecho. Pasaron los segundos y el silencio volvió a reinar en la caverna, intenté usar mi olfato, pero el horrible olor a carne quemada había impregnado la zona haciendo inútil mi esfuerzo. Lentamente, daba ligeros pasos para llegar donde Silver Dust, pero en el trayecto, mi cara terminó chocando en el muslo de la criatura y el sonido de deslice metálico hizo eco entre las rocas. Entre lágrimas un tímido susurro intentó salir entre los tartamudeos de mi voz.
—Por favor... que sea rápido...
Me había rendido. Si aquella cosa iba a matarme como probablemente lo había hecho con Silver Dust, prefería que fuera rápido, no quería sentir más dolor del que ya sentía en mi herida o mi corazón, era difícil saber cuál era el más intenso, de todas formas, no quería seguir sintiendo miedo...
Pero, en el silencio absoluto, algo comenzó a frotar mi cabeza junto con mi risada melena, era algo tan grande que casi me cubría todo el peinado, desembocando en cinco gruesos extremos que jugueteaban con mis orejas. ¿Acaso esta criatura... me estaba acariciando?
Aún seguía asustada, pero había algo en su actuar, sentí el calor de su cuerpo a través de lo que parecía su palma, poco a poco, comenzó a ser agradable. De repente, se detuvo solo para seguir con mi mentón, y posteriormente mis húmedas mejillas.
No entendía lo que estaba pasando, pero el miedo se desvanecía. Pude sentir la bondad en sus caricias, y aunque no podía ver su rostro, me imaginé que esbozaba una sonrisa.
Pero la calma no duró mucho tiempo, lentamente alejó el calor de mí, dejándome en la oscuridad. De pronto, dos puntos de tierna luz rosa aparecieron a mi nivel, a la vez que las suaves caricias volvían a mi melena.
Poco a poco, su calor comenzó a bajar por mi nuca hasta mi lomo, aquel toque hizo que me recostara sobre el liso suelo rocoso, me había relajado tanto que sentí ganas de dormir, la pena y el llanto finalmente se esfumaron dando paso a la paz. El relajante movimiento siguió por unos cuantos segundos bajando por mi lomo hasta toparse con el extremo de mi herida, provocando que diera un pequeño salto por el dolor, allí, se detuvo.
Confundida por el repentino cese de las caricias, un ligero pitido se oyó en la caverna. Entre tanto, el punto roza derecho se apagó. En su lugar, un brillante punto azul lo remplazó. Respiraba tranquila confiando en la criatura, sintiendo que ponía algo húmedo en mi herida, algo que comenzó a arder levemente. La inseguridad quería volver, y confundida al igual que curiosa, volteé acostada intentando captar algo de la situación. En ese instante logré ver claramente el rostro de la criatura gracias a lo brillante de su ojo derecho, y a lo cerca que estaba de mí. Mostraba una expresión serena entre sus cabellos color cian mientras esparcía las plantas que habíamos recogido en mi herida, eso me calmó. Quizá había juzgado mal a esta criatura, puede que su verdadera intención fue el ayudarnos y no hacernos daño. Eh?...
Muerde esto. —Oí sorprendida interrumpiendo mis pensamientos. ¿Esa criatura podía hablar?, ¿y esta rama gruesa...?
Confundida, no protesté, mordí la rama y volví a recostarme. Fue en ese momento cuando el miedo volvió a mi cuerpo, de reojo, vi su gran cuchilla brillando al rojo vivo apunto de tocar mi herida, la había encendido mientras yo no estaba viendo. Desesperada entré en pánico, agitándome y chillando al intentar zafarme de la criatura, pero ésta, con una gran fuerza, me sujetó de la nuca aplicando una pequeña presión en un punto, inmovilizándome.
—Lo siento...—Me dijo mirándome con ojos comprensivos.
—¿Qhué...? —Dije con la rama entre mis dientes, viendo aterrada como la incandescente hoja tocaba mi ser.
De la nada, un agudo y abrumador dolor arrasó mis pensamientos, contrayendo mis pupilas y tensando mis músculos con violencia. Al mismo tiempo, comencé a gritar de forma desesperada y estruendosa mientras mordía con todas mis fuerzas la rama de mi hocico que, poco a poco, empezaba a agrietarse.
Tras unos segundos la agonía se detuvo. Mis banqueados ojos no dejaban de llorar mientras escupía, entre espasmos, los restos de la rama entre suaves gemidos de agonía, con mi visión en negro, no obstante, pude sentir que alguien suavemente sostuvo mi cabeza antes de que me desmayara.
En los hilos del pasado, era un nuevo día en ManeTown, el sol brillaba con intensidad gracias al esfuerzo de los pegasos el día anterior. Yo, Cream Cross, como adulta responsable que era, descansaba plácidamente en mi escritorio plagado de frascos, recipientes u otros utensilios de cristal con un gran hilo de saliva bajaba desde mi boca hasta formar un pequeño charco bajo mi hocico.
Había pasado toda la noche estudiando una rara planta que solo crece en la zona sur de nuestra aldea, y la medica Pony terrestre que soy, mi fuerte seguían siendo las plantas. Desvelarme no era algo a lo que estuviera acostumbrada, pero debía hacerlo, pues era una de las pocas médicas que quedaba tras el último ataque de las arañas Browser. Lo peor fue que tras su visita, una extraña enfermedad comenzó a propagarse entre los pobres Ponys que aún eran reacios a irse del pueblo.
En fin, no podía culparlos, ya que yo tenía empacada mi maleta para también largarme de este lugar. Puede que mis padres y los padres de sus padres nacieran en estas tierras, pero tras los continuos ataques de las arañas, la peste que azotaba las cosechas, y para colmo, la aparición de esta rara enfermedad que no hacía más que darme todos los días una clínica llena de enfermos, fueron suficientes como para querer irme en la próxima caravana comerciante rumbo a tierras mejores.
De mala gana, decidí levantarme y hacerme cargo de mis labores en la clínica, claro que, antes me daría una ducha.
Aun somnolienta, bajé al primer piso de mi casa, que era donde tenía la pequeña clínica local, siendo mi primera acción laborar, dar vuelta el letrero de "Cerrado" a "Abierto". Pero lo extraño fue que nadie entró. Los últimos ocho días cada vez que daba vuelta ese letrero la clínica no tardaba en llenarse de Ponys enfermos, sin embargo, tras pasar más de una hora, el silencio comenzó a preocuparme.
Finalmente, decidí salir a ver que estaba pasando. Nadie, las calles parecían de un pueblo fantasma, y antes de mover un casco una voz masculina en el cielo llamó mi nombre.
— ¡Cream! — Exclamó un Pegaso color capuchino y crin marrón oscuro. Aterrizo rápidamente frente a mí. Se le notaba visiblemente cansado por los jadeos que hacía.
— Silver Dust, ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está todo el mundo? — Pregunté preocupada.
Silver Dust, con su barítono y suave tono de voz, tomó su tiempo para recuperar el aliento, y tras eso aclaró. -Están todos en la casa comunal presa de la enfermedad de la araña. El alcalde mandó a todos a buscarte, ¿Dónde te habías metido? —Eso ultimo lo dijo con tono reprochante.
—Lo dices como si fuera mi culpa —Protesté pisoteando el suelo- No es mi culpa que el aceite de esas plantas fuera tan difícil de extraer.
-Bueno no importa- Contestó más tranquilo. —Debemos darnos prisa he ir a la casa comunal. El alcalde nos tiene una misión y un grupo nos espera para partir.
De inmediato comenzamos a galopar por las vacías calles de ManeTown, el sonido de nuestros cascos hacía eco en la ciudad, lo que hacía que mi preocupación aumentara.
—¿Misión? ¿Cómo que misión? —Pregunté mientras corríamos.
—Lo que le dijiste al alcalde sobre las plantas llamó su atención, quiere que vayamos por más en el bosque sur. —Contestó Silver Dust con dificultad, pues aún no se recuperaba del todo.
Mis ojos se abrieron de la sorpresa al oír el bosque sur. Exaltada pregunté. -¡¿Qué?! ¿Es que acaso el alcalde también está enfermo?
—No, por eso tenemos un grupo esperándonos... —Silver hizo una pausa como tratando de evitar el tema.
Yo no era tonta, si que de inmediato le interrogue al llegar a una curva continuando la carrera. —¿Quiénes van con nosotros? —Él guardo silencio, por lo que para presionarlo me detuve en seco dejando una pequeña estela de polvo. Molesta, insistí. —¿Quiénes nos acompañan Silver?
El volteó evitando la pregunta, pero tras un chasquido, se dignó a responder. -Voy yo, tu, Cherry Juice, Gold Rush, Sandy Star y... —Fruncí el ceño mostrando mi enojo, pues ya sabía el siguiente nombre.
—Va Red Boulder ¿Cierto? —El Pegaso asintió. Hice un chasquido de molestia continuando la carrera. — Maldición...
.
.
