Capítulo 2: Una Pony bajo el sol (2)

—Va Red Boulder ¿Cierto...?


Rodeada por el mundo de los sueños, caminaba por un bosque de finos y delicados manzanos, todos ellos, al igual que el césped bajo mis cascos, reluciendo de un cremoso color blanco uniforme, sin ningún rastro de sombras. Parecían copias uno del otro, perfectos, con la misma cantidad de manzanas en cada uno de ellos.

Tranquila, continuaba mi camino sin detenerme para maravillar el paisaje, debía ir a un lugar, lo sentía en mi interior, pero... ¿hacia dónde?, todo era igual, aquí y hasta donde me alcanzaba la vista. El tiempo pasaba, pero la luz en aquel lugar se mantenía contante, la blanca nada en el cielo no ayudo a ubicarme y, sin darme cuenta, me hallaba perdida entre tanta belleza.

—¿Te perdiste? —Consulto a los pocos segundos una familiar voz a mi lado con tono sarcástico.

No me asuste por ello, de hecho, no podía sentir que algo peligroso fuera a salir de ese lugar. Al voltear un pequeño destello azulado se reflejó en mis ojos, procedía de un lindo colgante de oro con una diminuta piedra de zafiro. Tras un momento, me di cuenta que lo portaba un semental Pegaso de pelaje color escarlata, de melena lisa, corta y de color café grisáceo me sonreía amablemente.

—Oh Red —Suspiré como si fuera una inocente damisela de cuento. —Sí, estoy perdida.

El Pegaso volteo los ojos suspirando con una mirada de "Nunca aprendes". —Ven, es por aquí.

Totalmente confiada, caminé junto a Red perdiendo la noción del tiempo, me sentía tranquila de volver a estar a su lado, sin embargo, durante el trayecto hacia ninguna parte, comencé a sentir una rara sensación en la barriga, disminuyendo mi velocidad mientras Red Boulder no se detenía, pronto me dejaría atrás.

—Red... espera, no puedo seguir. —De la nada me empecé a sentirme cansada, a la vez que el blanco césped se iba convirtiendo en agrietadas rocas.

—Vamos, ¿Qué esperas? —Dijo el Pegaso con calma al ver en mi dirección sin dejar de caminar.

Cada paso se hacía más difícil, mis cascos finalmente me fallaron y caí tumbada sin poder mover un musculo. Intentado levantarme para alcanzar al imparable Red, oí un crujir a mis espaldas. La preocupación me invadió al voltear a mis espaldas, los arboles poco a poco iban desapareciendo, en su lugar, grandes y blancos peñascos de piedra emergieron entre negras grietas mientras rompían el suelo.

—¡RED! —Grité en su dirección, pero él seguía caminando indiferente.

De pronto un fuerte terremoto me distrajo, entre el ruido de las rocas rompiéndose, un extraño siseo se les unió. Al oírlo, comencé a marearme, mi respiración se volvió irregular, y la preocupación fue reemplazada por el miedo. Las blancas rocas comenzaron a ganar color, dejándolas con un grisáceo tono café claro, el suelo y todo lo demás en él, también fueron llenándose de color. No obstante, el cielo, en lugar de ser de un profundo azul, era de un pálido color gris que cada vez iba ganando más negrura.

De repente, una voz gritó mi nombre a mis espaldas. Al voltear, un Pegaso de pelaje capuchino y crin marrón venia volando a toda velocidad, deteniéndose para ayudarme a ponerme de pie.

—¿Dónde está Red? —Habló molesto mientras yo lo miraba desorientada y confusa. Al recuperar la orientación apunté al frente con mi casco, pero nada, Red había desaparecido, en su lugar, una gran cantera remplazaba su ubicación.

—Vamos, no podemos quedarnos aquí. —Dijo el Pegaso levantándome con su ala. Aumentando la fuerza, logré levantarme entré las órdenes del semental. — ¡Muévete! ¡Esa cosa nos va a alcanzar si no te mueves!

Al volver a posición cuadrúpeda, mis patas no dejaban de temblar, las sentía tremendamente cansadas, como si hubiera corrido durante mucho tiempo. Aun así, el Pegaso me sostenía con su ala al caminar. Se le notaba asustado, sudaba aún más que yo y sus alas no dejaban de temblar, en su casco derecho llevaba un extraño arnés sosteniendo en él una espada corta.

Lentamente comenzamos a bajar los niveles de la cantera, hasta que, a los lejos, vimos una cueva.

—Rápido, allí podremos descansar, maldito seas Red, primero intentaste una estupidez con ella y ahora la abandonas, ¿Cómo pudiste dejarla con todas estas cosas encima? —Refunfuño el Pegaso.

¿Cosas?, resonó en mi cabeza. De inmediato, no solo mis piernas estaban cansadas, mi lomo empezó a pesar, a pesar mucho. Al fijarme en él, dos alforjas visiblemente llenas estaban allí. Y pesaban mucho. Pero con todo mi esfuerzo logramos llegar a pocos metros de la cueva.

—¡Carajo! —Gruño el Pegaso al verme caer nuevamente antes de entrar a la cueva. —Puede que seas una terrestre, pero no eres su esclava, joder, ¡¿Qué pasó con todo el odio que sentías por él?!

—Yo no lo odio —Respondí agotada mientras me apoyaba en su lomo. Aunque en realidad, mis labios se movieron solos.

Lentamente me di cuenta que era una simple observadora, atrapada en mi propio cuerpo sin poder hacer nada, las cosas pasaban y yo no podía hacer nada.

—¡Silver! —Exclamé al ver a una gran araña intentar atacarlo, instintivamente me puse entre su zarpazo y el Pegaso recibiendo el golpe en el lomo.

Un ligero ardor comenzó sentirse del golpe, junto con la sensación de que algo liquido brotaba de él. Al mirar, un corte no muy profundo manchaba mi pelaje y parte de las alforjas. Silver rápidamente acabó con el arácnido desenfundando su espada y clavándola en su abdomen tras impulsarse con sus alas. Pero de la misma forma en la que esa araña apareció, más emergieron de la nada rodeándonos a ambos. Pero en el cielo, una estela escarlata aterrizo frente a nosotros, en su lomo traía un bolso más pequeño asegurado para que no se cayera, y en el casco, llevaba el mismo arnés que Silver, era Red quien enfrentó a las arañas.

Antes de que red cargara contra las arañas, sentí un ligero dolor de cabeza que hizo que cerrara los ojos por un segundo. Al abrirlos, las alforjas ya no estaban sobre mi lomo, pero Red y Silver discutían agresivamente ahora desde el interior de la cueva.

—¡¿Cómo pudiste pedazo de imbécil?! ¡Dejarla sola con todas esas cosas!, ¡Eres más estúpido de lo que creí Red! —Exclamó furioso el Pegaso Capuchino mientras encaraba al escarlata.

—¡¿Yo?! —Gruño Red ofendido— ¡Si no fuera por mi esta tonta ahora estaría muerta! ¡¿Acaso crees que me quedé montado en las nubes, descansando plácidamente como un pony mequetrefe?!, ¡¿eh?!, ¡¿Dónde estabas tú mientras yo distraía esa puta araña gigante eh?!

—¡¿DISTRAER?! —Increpó Silver abriendo sus cansadas alas desafiante. — ¡USASTE A CREAM IMBECIL, NO ME VENGAS CON ESTUPIDESES! ¡La vi corriendo de esa cosa mientras tu no estabas! ¡Estaría muerta si yo no hubiera luchado con ella para darle tiempo de correr!

—¡Paren de pelear! —Interrumpí con miedo en los ojos.

Red, en un ataque de ira, intentó ponerse frente a mí con sus alas extendidas, pero Silver se interpuso, gruñéndole agresivamente con la espada desenfundada. —No te atrevas a ponerle un casco encima bastardo, ¡¿Me oíste?!, se lo que le intentaste hacer, y no dejaré que te le acerques.

Nuevamente los mareos invadieron mi cabeza, obligándome a cerrar los ojos por un instante, al abrirlos estábamos fuera de la cueva, y el sol estaba ocultándose. El suelo de roca era lo único que podía ver en mi borrosa visión, mi panza dolía mucho, como si me hubieran dado un fuerte golpe con algo muy pesado, y de la nada vomité el contenido de mi estómago, aturdida, levanté la mirada y vi Silver recostado en un pequeño charco de sangre con una gran herida en su costado, desde su hombro hasta su CutieMark.

No podía respirar, y por más que lo intentara con todas mis fuerzas, el aire no entraba. Antes de ahogarme, mis pulmones se hincharon permitiéndome vivir.

—Silver... —Murmuré con dificultad, arrastrándome hasta su cuerpo.

Allí, el me miro con los ojos perdidos, daba ligeros y erráticos movimientos con sus cascos. Mis ojos de llenaron de lágrimas al oír su intento de decir mi nombre. —Cream...

Pero lo que me destruyó el corazón fue lo pobremente intento decir. —Cream... ¿Dónde... estás?

Desesperada, gritaba con todas mis fuerzas por ayuda, no sé por cuánto tiempo grité, pero al detenerme una voz masculina me gritaba desesperadamente no muy lejos de allí.

—¡Llévatelo! —Al mirar en la dirección de origen, logré ver a Red sobre una roca con su arma desenfundada, tenía el ala herida... y bajo el... una colosal araña intentaba alcanzarlo.

Mis pupilas se contrajeron al instante por el terror, lentamente sentí algo húmedo y cálido entre mis piernas. Mi voz no podía escapar de la prisión que el pánico había provocado en mí, los músculos de mis patas de contrajeron y me paralicé por completo.

La araña no podía alcanzar a Red, pues este le atacaba cada vez que lo intentaba, pero por un momento se detuvo y sus vellos comenzaron a vibrar, finalmente, giró en mi dirección silenciosamente.

Yo lentamente comencé a hiperventilarme al ver como paso a paso, la araña iba acercándose a mí. Completamente aterrada, mi voz finalmente salió de mi garganta en un estruendoso grito provocando que todo a mi alrededor se llenara de grietas negras de donde la oscuridad comenzó a brotar. Esto además hizo que la araña, ya frente a mí, sacudiera sus grandes mandíbulas de excitación. Lentamente levantó sus patas dejando ver su ensalivada boca lista para atacarme. Pero en vez de eso, las bajó indiferente. En ese instante, un sonido de quiebre metálico hizo eco.

De repente la araña dio una violenta sacudida lanzando a Red al suelo, éste había intentado apuñalar el abdomen del monstruo, pero su espada se había roto a la mitad por la dureza de su exoesqueleto.

—¡Llévatelo! —Insistió Red gritando adolorido, pues había caído sobre su ala ensangrentada.

Su voz me hizo volver en sí, aún tenía miedo, pero seguí la orden de Red, tomando así con mi hocico el cuello de Silver e intenté arrastrarlo hacia la cueva con dificultad. Sin embargo, la araña ignoro a Red e intentó ir a por nosotros.

Pero, a pesar de sus heridas, Red dio un fuerte grito desafiante mientras levantaba su única ala sana. Esto llamó la atención de la araña, que fue rápidamente a él dándole potente horizontal con su garra delantera, haciendo que Red saliera expulsado como un muñeco de trapo, impactando con la pared de rocas. Desde mi posición pude oír no solo el impacto, sino también sus huesos romperse.

Había llegado a la entrada de la cueva, arrastrando a Silver entre llantos y sollozos. La araña dio un salto para acabar con el pobre Pegaso escarlata, a la vez que yo cruce miradas con él. Red, sostenía en su casco el brillante zafiro de su collar, y antes de que la araña acabara con su vida, el cuadro se congeló, allí, justo antes de entrar en la cueva, pude ver a Red sonreír...

Y, al momento en que mis ojos dejaron de recibir la luz del sol, el tiempo volvió. No logré verlo, pero si oírlo. Sentí la vibración de la tierra al momento de caer. Oí a Red gritar brutalmente adolorido y a la araña dar un fuerte y agudo gruñido.

—¡QUE ESPERAAS!

En ese momento, me cubrí las orejas mientras lloraba recostada desconsoladamente junto a Silver. Aunque me cubriera las orejas podía oír sus gritos y la carne siendo desgarrada violentamente. Esto era una tortura, mientras más intentaba no oír, más fuerte era el ruido, más fuerte se oían sus huesos romperse y más oscuro iba poniéndose todo a mi alrededor, todo lo que podía hacer era llorar, lloré y lloré perdiendo toda la esperanza de salir vivos de allí. Silver no paraba de sangrar y aunque logrará salir solo yo de esta pesadilla, mi herida atraería a lo que después me mataría.

El tiempo pasó y quede en silencio, sola en la absoluta oscuridad.

Pero... Entre la penumbra y la desesperación, un pequeño chillido se oyó a las afueras, y un breve par de destellos iluminaron la cueva; uno azul y una roza.

La tierra comenzó a temblar fuera de la caverna, y el sonido de batalla hizo desaparecer el silencio. No podía ver nada desde mi posición, solo oír como la araña sufría por una bestia mayor. Las vibraciones resonaban cada vez el monstruo arácnido chillaba del dolor, provocando a su vez, que de la oscuridad brotaran tímidas grietas de luz, todas provenientes de la entrada.

Levanté la cabeza en esa dirección, pudiendo ver a una figura bípeda totalmente negra, solo dos puntos, uno azul y uno roza, brillaban con intensidad en su rostro. Eso estaba sobre la araña, ahora muerta, atravesada por una hoja de oscuridad que salida de su brazo izquierdo.

Las grietas progresivamente iban tomando fuerza y grosor al mismo tiempo que la figura de acercaba a mí. Allí, el suelo bajo mis cascos de rompió junto con toda la oscuridad a mi alrededor dejando caer. Pero aquella figura oscura me cargo entre sus brazos. Eran cálidos, cómodos como una nube, pero al mismo tiempo era duros y flexibles, y esos ojos... No dejaban de mirarme, pero más que temerles, me sentí segura. Desde lo más profundo de mi alma, algo brilló de esperanza inundando mi ser de un agradable calor mientras volvía a la realidad...

— Ya estas a salvo... —Me murmuró tiernamente mientras la oscuridad en él se desvanecía, dejándome ver su claro cabello color cían...

En ese momento, desperté.