Capítulo 2: Una Pony bajo el sol (3)
En ese momento, desperté.
El sonido de la madera crujiendo al quemarse picaba con detenimiento mis tímpanos al momento volver a la realidad. Lentamente abrí los ojos aturdida como cada mañana, la luz de las llamas iluminaba las rocosas paredes de la caverna, llamas provenientes de una pequeña fogata frente a mí, su calor me abrazaba agradablemente mientras me acomodaba al despertar. Tardé un poco en acostumbrarme al nuevo cuadro que tenía en frente, preguntándome si lo que anteriormente pasó había sido real.
Estaba recostada sobre las rocas, mirando en silencio como las chispas de la madera bailaban al salir de la fogata, allí, sobre ella, descansaba un palo sujeto de una plataforma hecho por otros dos a los laterales, lo suficientemente alejados para que las llamas no las consumieran. En el palo horizontal había una materia blanca similar a la harina lista para cocinarse y convertirse en pan, pero… ¿Nosotros habíamos traído harina?, quizá Red Boulder trajo, no nos dijo nada cuando salimos del pueblo, él no era muy "amable".
Sin mover un musculo, susurré refunfuñando cerrando los ojos. —De todas formas, no compartiría nada con nosotros.
Un olor extraño me picó la nariz haciendo que me la cubriera con ambos cascos, jamás había olido aquella fragancia, volví a abrí ligeramente los ojos dándome cuenta que venía de aquella masa blanca.
—¿Acaso pensabas comerte eso Red...? —Me dije a mi misma despejando mi nariz.
Bueno, si despertaba dos veces ya no podría volver a dormir, lo cual era una molestia. Quedé pensativa mirando el fuego, y me di cuenta que, tras él, Silver Dust dormía plácidamente, con una expresión serena sobre una roca lisa junto a nuestras alforjas llenas de plantas y resto de nuestro equipo. No vi sangre a su alrededor, en cambio, estaba cubierto por una de las tres mantas que habíamos traído por si hacia frio. Recordando mi herida, traté de verla de reojo, pero tampoco estaba.
Respiré aliviada, por fin mi corazón podía latir con normalidad. Dije en voz baja. —Creo que al final, fue todo un mal sueño…
—¿Acaso todo lo que pasamos fue una pesadilla? —Reflexioné con angustia. Pero ahora que la situación se había calmado mi miedo también lo hizo.
Ahora más despierta, noté que Red Boulder no estaba en mi campo de visión. No me preocupe, pues era normal que él se alejara para dormir durante los viajes, a él… le gustaba estar solo.
Ya que la fogata era lo único que iluminaba el interior, supuse que aún era de noche. Mi ánimo mejoró con el pasar de los minutos, podía decir que todo estaba bien. Aunque… los recuerdos del sueño aun eran muy vividos, lo que interrumpió mi tranquilidad. Puede que hablar con Silver me tranquilizara.
—¡Psss! Silver... —El seguía durmiendo. A lo que volví a intentar, esta vez, intenté lanzarle una diminuta piedra con mi casco que encontré cerca. — Eh! Silver, oye
Nada. La roca hizo eco en la cueva, pero Silver no se inmutaba. En cambio, otra voz masculina muy muy cercana a mi, específicamente justo arriba, me habló.
—Deberías dejarlo dormir…
Entonces me di cuenta. La cómoda, suave al tacto, y cálida almohada en la descansaba mi cabeza era en realidad el muslo de la criatura que vi en mi sueño. Allí estaba, mirándome hacia abajo con sus ojos rozas regalándome una sonrisa clamada. Extrañamente me sentí feliz al verlo, pero todo lo que pude hacer fue devolverle la sonrisa… o más bien una mueca de nerviosismo. Aun en la confusión, volteé a ver a Silver, frotando mis peludas mejillas con mis cascos para ver si todavía estaba soñando. Pero la criatura se retorció ligeramente al rozar mi pelaje con su piel.
En ese momento, supe que no estaba soñando, y con lentitud, retiré mi cráneo de su pierna, dejando brillar un delgado hilo de saliva que corría de mi boca, el que obviamente no sabía que tenía.
Mi corazón se detuvo del impacto al ver a una extraña criatura sentada mirando tranquilamente el fuego. Mi ansiedad quería aumentar. ¡Allí estaba la criatura que tanto dolor me había causado…!, ¡ERA ENORME! Y poco a poco intenté alejarme de él sin que se diera cuenta, pero fallé.
—Qué bueno que despertaste —Le oí decir con calma mientras el fuego iluminaba si piel. Yo por mi parte estaba muy nerviosa, mi pelaje estaba erizado y mis pupilas contraídas.
El volteó su cabeza en mi dirección, sus ojos color rosa me miraron fijamente, haciendo que mi corazón se alborotara de temor.
—No tienes nada que temer, ya están a salvo. —Dijo volviendo a ver el fuego, tomando el palo horizontal donde estaba la maza blanca con su extremidad de... "Metal". ¡Esta criatura tenía un brazo de metal!, y al fijarme en su cuerpo, aparte de decir que rebosaba de más musculatura que cualquier otro semental, también tenía una parte de metal al costado derecho, en ella, algo giraba dando un tenue brillo amarillento.
No sé por qué, pero sus palabras me tranquilizaron, no demostraba ningún signo de agresividad, y se limitaba a mirar la maza blanca entre sus manos.
—Tu… —Tartamudeé inocente intentando controlar mis nervios y los temblores de mis cascos. —¿Tu no vas a hacernos daño?, ¿cierto?
El negó con la cabeza. ¿De verdad podía confiar en su palabra? Reuní valor y le pregunté. —¿Cómo… como puedo confiar que dices la verdad?
Volvió a negar con la cabeza, dándole una pequeña mordida a la maza blanca colgada del palo.
—Vaya —Dijo sorprendido dando un bocado más grande. —Esperaba algo peor
Levanté una ceja al verlo dar otra mordida más grande. Ya más tranquila, mis orejas se alzaron de la curiosidad por lo que estaba comiendo que, por su blanco, podía afirmar que no era carne de Pony. Al verlo comer, también me di cuenta que estaba hambrienta.
—¿Qué estas comiendo? —Consulte menos nerviosa, acercándome un casco a la vez con las orejas hacia adelante.
Al instante se detuvo y sus ojos se fueron en dirección contraria, al igual que un Pony queriendo esconder algo.
—Algo que no puedes comer —Respondió momentos después dando otra mordida. Sus palabras provocaron que mis orejas se inclinaran decepcionadas al igual que mi mirada, pero el busco algo a su izquierda (Donde no podía ver), y me mostro una roja manzana con su brazo no-metálico.
—No sé qué es esto, pero como ustedes lo llevaban creo que lo puedes comer.
Dudé un poco, sin embargo, el enojado gruñido de mi estómago hizo eco en la caverna, bajé la cabeza de vergüenza y me dispuse a tomar la manzana con mi hocico para comer alejada de él. Pero antes de que la tomara, la alejo de mí. Dejándome la manzana a su lado, indicando con su palma que me sentara junto a él.
—No voy a comerte —Sonrió bromista. —Aun… —Sentí que mi corazón se detuvo al oír eso último.
No sé cómo, pero termine sentándome a su lado llevando la manzana a la boca.
El silencio se hizo presente, no sabía que decirle, o siquiera iniciar una conversación, yo no era muy conversadora y pocas veces me reunía con otros ponys que no fueran Silver Dust o Sandy Star, esto era muy incómodo, y si él preguntaba ¡¿Qué se supone que le diga?!
La angustia invadió mis pensamientos. — Puede que él sea un espía, o que esté buscando un lugar para atacar, saquear y esclavizar a pequeños e indefensos Ponys que lo habiten igual que esos sucios Trolls... —La paranoia los hizo mas retorcidos. —¡Matando a los sementales si no hacen lo que dice para después comerlos! Y las yeguas… ¡oh Celestia!, donde quiera que estés, dame la fuerza para no cargarla… por favor…
Mi cabeza se hallaba sumida en la inseguridad y la paranoia respecto a esta criatura, el miedo empezó a surgir, estaba a punto de llorar.
—¿Qué es eso? —Le oí hablar sacándome de mis horribles pensamientos. Me limpié la cara, y vi que estaba apuntando a lo que estaba comiendo.
—Es una manzana…—Respondí ilusa, por su tamaño, debía apuntar mi cabeza hacia arriba. Mientras que, en mi cabeza, chillaba como una potranca asustada. —¡Debo responder todas sus preguntas! ¡No debo cagarla! ¡Responde todo no importa lo estúpido que sea!, si fallo, estaría indefensa ante su fuerza y su gran… —Baje la mirada y volví a subirla, dando un agudo grito mental a la vez que lo miraba inocentemente al rostro. — ¡AHHHH! ¡ESTÁ DESNUDO!
Dejando de lado la moralidad y las posibles explicaciones de mi vergüenza al verlo desnudo, y que, por lo general, los Ponys también vamos desnudos sin quejarnos, me apresuré a responderle si quería ganarme su confianza.
—¿Nunca habías visto una? — Fue la pregunta más estúpida que pude hacer, quise gritar, pero lo único que hice fue seguir sonriendo nerviosamente.
—No —Respondió en seco, de pronto me sentí menos estúpida, ¿O era yo que estaba escuchando lo que quería, o era él que nunca había visto una manzana? — Sonará extraño, pero yo no soy de este planeta.
—¿Planeta? —Pregunté moviendo mis orejas confundida.
Él guardó silencio por un momento, se le veía pensativo y movía los ojos evitando verme. A lo que respondió. —Digo, no soy de esta tierra, mi hogar está muy muy lejos de aquí. De hecho, disculpa que pregunte, pero, ¿Qué eres?
Su consulta me pilló por sorpresa, su tono no parecía ser de broma, ¿de verdad él no sabía dónde estaba?, sin demorar más respuesta respondí. —Yo soy un Pony, un pony terrestre, y esta tierra es Equestria.
Tardó un poco en responder, sin embargo, lo que me dijo me confundió aun más. — Un pony ¿eh?, pareces muy tranquila hablando conmigo después de que cautericé tu herida, pero lo que me llama la atención es ¿Cómo puedes entenderme y hablar con tanta facilidad mi idioma?
—¡¿Tranquila?! —Grité en mi cabeza. —¡Apenas puedo controlar los temblores de mis cascos con lo nerviosa que estoy!
—No sé a qué te refieres, si tú puedes entenderme de la misma forma —Dije con el tono más seguro que pude permitirme. —Aquí en Equestria es normal que las criaturas hablen el mismo lenguaje, es una leyenda antigua que no recuerdo.
El quedó pensativo, mirando el fuego. Ambos estábamos cayados, yo por mi parte, suspire aliviada por no ser… "atacada", había logrado sobrevivir a esa conversación. Pero algo de ella quedó resonando en mi cabeza, él había admitido que cauterizo mi herida, y como la médica que era, sabía que eso dejaría una horrible cicatriz de quemadura, pero al ver mi lomo, solo veía mi piel sin pelo donde se supone estaría el corte que me hizo la araña al defender a Silver… ¡Silver!
Sin decir nada, me levanté tranquila a ver a mi amigo. El sonido de mis cascos al pisar la roca hacía eco en la caverna. Ni siquiera volteé por ir donde Silver, pues ahora tenía más confianza en la criatura que estaba a mis espaldas, estaba perdido en una tierra desconocida, me sentí un poco más el haberlo juzgado sin saber, rápidamente lo miré de reojo, había puesto más de esa masa blanca sobre el fuego sin prestarme atención.
Al llegar donde el Pegaso color capuchino, aún seguía durmiendo, dando una suave sonrisa al ver que la manta sobre él se movía al ritmo de su respiración. Los recuerdos del ataque habían vuelto, y con algo de pesimismo, levanté la manta y moví un poco sus alas plegadas a su costado, pero su herida, al igual que la mía, había desaparecido dejando en su lugar la ausencia de pelo.
—¿Cómo es posible? —Susurré en mi interior. —Ni siquiera la magia es capaz de borrar una cicatriz de cauterización.
Deje tranquilo a Silver tras unos minutos de revisarlo, volteando donde la criatura. —Oye… eh
El levantó una ceja, lo había interrumpido a la mitad de un bocado de masa blanca diciéndome antes de volver a lo suyo. —Llámame Oriol.
Mis orejas por instinto se inclinaron al verme fijada por su mirada, pero debía saber cómo lo había hecho. —Eh… Oriol —Aclaré mi garganta. —¿Cómo es que ninguno de nosotros tiene la cicatriz de la cauterización? ¿Puedes hacer magia?
—¿Magia? —Respondió interesado. Explicando. —No no, esto no es magia es... escucha yo tengo una… "Habilidad" que me permite regenerarme al consumir biomateria… digo, comida. —Mostrándome su palma derecha, pero yo no entendí su acción. — Cuando luché con la araña uno de sus pelos me atravesó la mano, y como vez, ahora ya no tengo nada. Pero no puedo hacerlo con esto. —Dijo moviendo su brazo izquierdo, el que era de metal.
Quedé muy confundida, supuse que al comer algo podía regenerarse. Nunca había oído de una criatura capaz de hacer algo así, o ya directamente algo con sus características. —¿Naciste con metal en tu cuerpo?
De inmediato su mirada cambio, a una no tan alegre. Me asusté y me disculpé con él, quizá era un tema delicado que no me incumbía. Sin embargo, el no parecía molesto, si no más bien, indiferente. — No te preocupes.
Nuevamente, un silencio incomodo quedó entre ambos. Pero él de repente se levantó al recordar algo, dejándome ver que era más alto de lo que creí, y también hizo que volteara avergonzada cubriéndome con mis cascos. Él notó mi "sutil" movimiento y el tono rojizo que había tomado mi rostro, miró a otro lado sobándose el cuello. —¿Tienes algo para cubrirme?
—Si… si ¿Por qué? —Dije tartamudeando con vergüenza.
—Quizá ustedes estén cómodos estando desnudos…
Rápidamente le interrumpí, no quería oír eso. —Dame… dame un momento…
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