Capítulo 2: Una Pony bajo el sol(4)
Dame… dame un momento…
Una manta de lana. La única cosa que me decidí a darle para que se cubriera, sé que no estaba preparada para encontrarme con una criatura de sus dimensiones, se supone que debería estar agradecida, y aun así, me dio tanta vergüenza cuando se la entregué, una manta de lana, ¿puede haber recompensa más patética?
De todas formas, pasé casi media hora buscando mientras el terminaba de comer "eso", tuve que soportar las ganas de vomitar cuando finalmente me confesó que era carne de araña.
Con nostalgia, vi como mi manta púrpura oscura, con una pequeña estrella blanca en uno de sus extremos, se había convertido en una falda para nuestro salvador, asegurada a su cintura con uno de los broches usados para cerrar los vendajes. Gracias a Celestia que la fogata nos mantendría calientes por lo que no la necesitaría, además, el viento no se filtraba a la caverna, por lo que se mantenía con una llama constante.
Era extraño ver a la criatura de pie, su gran tamaño y esas cicatrices en su cuerpo le daban un aspecto rudo e intimidante, eso sin contar su extremidad metálica y la mortal hoja que esconde en ella, pero, verlo ponerse mi manta tan delicadamente, como si fuera un regalo el cual no quería dañar, me daba... una sensación de bienestar…
Sacudí la cabeza al oírme a mi misma pensar eso. Por lo que para romper el nuevo silencio incomodo pregunte algo nerviosa. —¿Eso está bien? —Esa manta no era muy "masculina" para una criatura de sus dimensiones.
—Gracias, me hubiera conformado con algún trapo para cubrirme la cintura, pues no sabía que te molestara verme des… —Agaché la mirada ligeramente ruborizada, no quería recordar el por qué le seguía llamando "criatura", sino es que monstruo. A lo que él cambio el tema con una sonrisa gentil, moviendo la cadera asegurándose que mi manta estaba firme y no se le caería (Por Celestia espero que no). — Pero esto está bien, no te preocupes.
Respiré aliviada viéndolo caminar hacia Silver, que aún seguía dormido con esa expresión de serenidad en su rostro. —Si tuviera algunos Bits también te los daría, pero esto es todo lo que tengo, no sabes lo agradecida que estoy por salvarnos… —Di un respiro mirando a Silver. — no sé cuánto hubiéramos durado solos contra ese monstruo.
No podía evitar sentirme preocupada por el Pegaso color capuchino, dormía tan pacíficamente que me daba miedo que en cualquier momento dejara de respirar, sus heridas ya no estaban al igual que las mías, y confiaba en que la criatura había hecho algún tipo de magia que no quería revelar, algo cauto en mi opinión, pero no por ello menos misterioso, pues en sí, él era todo un misterio.
—Comprendo que estés preocupada por él —Añadió colocándose de rodillas frente a Silver, la sombra del fuego hizo que el resplandor rosa de sus ojos destacara en las sombras de su rostro. Yo también me puse a su lado, viendo como examinaba a Silver con sus manos, rozando sus "dedos" (como él los llamaba) sobre su pelaje capuchino. Con pesar, dio el diagnostico. — Perdió mucha sangre, y su corazón se detuvo antes de que le ayudara, tiene mucha suerte de seguir vivo.
Esas últimas palabras me helaron la sangre, pero mantuve la calma, levantando la manta de Silver tocando la parte blanda de mi casco su pecho… sintiendo el apaciguado, pero constante ritmo su corazón. —Entonces… —Dije preocupada. —¿Por qué puedo sentir su latir?
—Es gracias a estos pequeños —Respondió mostrándome su palma de metal con los dedos hacia arriba, dejándome confundida. Él hizo una pausa, quizá para pensar algo que yo pudiese entender. — La habilidad que te dije que poseía es en realidad una cantidad mínima de unas cosas llamadas "Nanobots", eran experimentales y fui uno de los pocos que los uso durante... olvídalo —Mis orejas saltaron de la curiosidad, pero por lo visto, si no lo dijo, era mejor no preguntar. —Son diminutos e imperceptibles al ojo, ellos regeneran mis heridas y ahora están dentro de tu amigo haciendo lo mismo.
Honestamente no entendí mucho de su explicación, solo que esos "Nanobots" eran los responsables de habernos curado. De hecho, el tema se me hizo muy interesante, esta criatura estaba llena de sorpresas, sobretodo de las que me interesan, las medicas.
— ¿Ellos son capases de sanar heridas, e incluso las cicatrices? —Exclamé entusiasmada.
—Más que eso —respondió orgulloso, sentándose con las piernas cruzadas junto a Silver, yo también terminé sentándome a su lado. —Pueden acabar con virus o cualquier enfermedad y veneno. —Mi emoción aumento, pero lo siguiente fue algo desconcertante. — Pero tienen una limitación... en mí no pueden hacer lo que hicieron en ustedes, el proceso es lento, y si yo tuviera una herida como la que tenía tu amigo no me hubiese salvado.
No podía estar más sorprendida, ¿De dónde había salido algo tan increíble? ¿Qué clase de poderosa magia eran esos Nanobots?, sin embargo, el que compartiera algo tan importante (al menos para mí) me generó algo de desconfianza. Las criaturas de Equestria e incluso los propios Ponys no eran tan abiertos a compartir sus secretos, mucho menos si no formaban parte de la misma comunidad. Esta criatura ha de ser muy honesta.
—Es un milagro que los Wendigos aún no hayan arrasado todavía estas caóticas tierras —Me dije a misma.
Unos Minutos después, continué la conversación. —¿Esta magia es de tu tierra natal? —Pregunté curiosa, manteniendo a la vez un tono relajado.
—¿Magia? —Me miró de reojo con una mueca de confusión, a la vez que acercaba su mano de metal a la nariz de Silver. —Bueno… creo que para ustedes si es magia.
Ahora que había captado mi atención, no le quitaba los ojos a cualquier acción. Al ver su mano tan cerca de la nariz de Silver creí que también lo acariciaría, por mi parte me ruborizaba recordar lo bien… digo, lo extraño que se sintió. Pero no hizo eso, en cambio, solo la mantenía ahí, estática.
—¿Qué haces? —Dije levantando una ceja con las orejas fijas en él.
El giró su cabeza en mi dirección, dejándome ver ese par de fluorescentes ojos rosa. —Ya han pasado suficiente tiempo dentro de él, ahora debería poder curarse con el tiempo.
Lo miré extrañada, no obstante, lo que vi salir de la nariz de Silver me dejó atónita. Era una diminuta masa color plata que parecía tener vida propia, ésta rápidamente se introdujo entre las aberturas de sus dedos metálicos desapareciendo.
Inocentemente incliné la cabeza y moví las orejas curiosa. —¿Esos eran Nanobots?, No lo entiendo, creí que eran invisibles.
El dio una ligera risa acariciando la melena de Silver, el cual dio un esboso de sonrisa. —Oh lo son, pero pueden verse cuando hay millones de ellos muy cerca unos de otros.
— ¡Millones! —Exclamé en mi mente mirándole anonadada, a lo que, tras pensarlo un poco, intentó explicarme algo que de todos modos iba a terminar preguntando. — Ellos no trabajan sin recursos, si los dejaba una hora más tu amigo hubiera dejado este mundo por falta de energia.
Me le quede viendo confusa, mis orejas se agitaron dando a entender que necesitaba más información. — Estos pequeños usan las reservas de energía del cuerpo para sanar, grasa, e incluso si la situación es grave, desgarran el tejido muscular para cerrar la herida. Y por lo visto, tu amigo es muy atlético, cuando despierte es mejor que tengas algo que darle de comer.
De reojo miré las manzanas, al mismo tiempo, me di cuenta del desorden que había causado al buscarle alguna tela con que cubrirse. Pese al alboroto de objetos, hubo uno el cual no pude verlo sin sentir una gran pena, no porque estuviera roto o fuera algo muy valioso, sino porque me era difícil soportar verlo allí tirado ahora sin dueño que lo reclamara. Era la manta de Red.
Tímida, dejé a la criatura mirando al fuego y me aproxime a la manta, observándola por varios segundos antes de pensar en levantarla, la lana estaba algo desteñida pero aun conservaba un fuerte color escarlata… a él siempre le gustó el rojo. Di un vistazo rápido a la cueva, intentado convencerme de que Red solo estaba lejos de nosotros, durmiendo aparte del grupo como normalmente lo hacía. Aunque por desgracia, nunca fui de esos Ponys con la capacidad de autoengañarse. En cierta forma, les tenía envidia.
—Oh Red... —Susurré afligida mordiendo uno de los extremos. Tener su manta entre los dientes casi hace llorar, no siempre fue un idiota egoísta como todos creían, pocos lo conocieron tanto como yo, conocía su pasado y la razón por la que no pudo volver a levantarse. Prefirió hundirse en medio de la sidra y su propia miseria en lugar de seguir adelante.
—¿Pasa algo? —La criatura me habló tras de mí al oírme sollozar en silencio, rápidamente me limpie la cara con mi casco soltando la manta.
Volteé para responder, pero mi tono me traicionó en la primera palabra —Si... —Aclaré mi garganta, dando la primera excusa que se me ocurrió, intentando sonar como si fuera una broma. —Si si, la manta estaba sucia y me entró algo al ojo.
Sin embargo, por la expresión de la criatura, me di cuenta de que yo era muy mala fingiendo. Era inútil, me había descubierto. —He visto esa mirada antes, créeme, sé que no llegue a tiempo para sálvalo. ¿Era alguien cercano?
—No sé si cercano es la palabra correcto —Pensé desviando la mirada al piso respondiendo. —No... fue un pony que no pudo volver a levantarse, la vida terminó superándolo.
Parecia como si hubiera descrito a un cobarde, pero la criatura me sorprendió una vez más. —Sé que murió protegiéndolos —Levante la mirada con las orejas caídas, recordando los últimos momentos de Red, a la vez que miraba las cicatrices de… Oriol, seguir refiriéndome a él como "criatura" sería un insulto después de lo considerado que había demostrado ser.
Me quede en silencio por un tiempo, recordando la muerte de Red y los errores que cometí al darlo como un caso perdido.
—Esas cicatrices… —Le dije al acercarme a el volviendo junto con Silver, preguntándole desanimada ya que la pena me estaba consumiendo— ¿Eres un guerrero, verdad?... ¿Por qué nos ayudaste en realidad?
El suspiró mientras me recostaba al lado de Silver, guardó silencio, quizá esperando a que yo misma desviara el tema como veces anteriores, aunque eso no pasó. Quería una respuesta, y tras no dejar de mirarlo a los ojos se decidió a responder. —Si, en mi tierra era un guerrero, viví tantas batallas que ya ni las recuerdo, y como ves… —Dijo señalando su brazo izquierdo. — algunas se llevaron algunas partes de mi cuerpo tanto como de mi alma…
Escuchar eso me dio pena, ¿Cómo es que mantenía esa aptitud después de eso?, no me refiero a que ría todo el tiempo, pero demuestra tanta fortaleza con solo verlo. Sin darme cuenta, el había continuado hablando,
Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando sus palabras, las cuales sonaban como si no quisieran ser dichas, salieron de su boca. Cruzando los brazos respondió sin dejar de mirarme a los ojos, no con pena, sino con empatia. — Cuando acudí en vuestro auxilio no esperaba encontrarlos a ustedes…
—¿Qué esperabas encontrar…? —Consulté directamente al no estarle tomando mucha atención.
—A mi gente —Me sentí sorprendida al oír eso mientras él dejaba de cruzar los brazos. Con total sinceridad continuó —Yo no llevo ni un día en este mundo, si así puedo llamarlo, obviamente no es el mío, ni nada parecido a lo que había visto en mi vida. A pesar de las arañas, lo encontré agradable… pacifico, pero estaba solo —Vi como esbozó una breve sonrisa volteando los ojos tras decir eso. —Bueno… quiza no tan solo.
Hubo un silencio, poco a poco fui sintiendo empatía por él, dejé de verlo como algo extraño y espera que el sentimiento fuera mutuo. —¿Qué pasó?
Por primera vez le vi bajar la mirada, quizá estaba abusando de mi confianza y de su… "bondad", pero antes de discúlpame y dejar el tema, él me respondió, no noté ni un rastro de pena en su tono, hablaba como si ya lo hubiera aceptado. —Yo formaba parte de un viaje hacia una nueva vida, participe en una guerra que destruyo todo lo que conocí, me cambio por varios años, los cuales solo me dedique a matar…
Tragué saliva al ver como el resplandor de sus ojos desaparecía, notando como el ambiente se oscurecía, las llamas de la fogata se estaban consumiendo. No obstante, Oriol de dio el soporte donde tenía cocinando la carne de la araña reviviendo las llamas. Volteando dándome la espalda, mirando al fuego.
Le oí suspirar. —Pero como todo en la vida, la guerra pasó y fuimos expulsados de nuestros destruidos hogares, vagando en busca de uno nuevo encontramos una puerta, y aquí estoy, solo. —Por el posterior silencio intuí que había terminado.
Me mordí el labio apoyando mi cabeza en las rocas, cerré los ojos reprochándome a mí misma por lo insensible que fui, había descargado mi pena por la muerte de Red en nuestro salvador haciéndole recordar cosas desagradables de su vida, aprovechándome de su honestidad.
Sin embargo, una sensación familiar en mi cabeza hizo que volviera a abrir los ojos, su mano de metal acariciaba gentilmente mi melena y mis ojeras, no protesté, sería injusto después de lo que le hice pasar, sería una malagradecida, además lo reconocía, se sentía muy bien y me tranquilizaba el corazón.
—Eso ahora es parte del pasado —Le oí decir, sintiendo que retiraba su mano. Abrí los ojos y ahí estaba, sentado frente al fuego con el cuerpo en mi dirección, esperando a que me sentara a su lado.
Sin decir nada, con lentitud me separé de Silver y me recosté al lado del fuego junto a Oriol.
De reojo le vi el rostro, el resplandor de sus ojos había vuelto, además de reflejar la luz del fuego. —Es triste recordar momentos difíciles en tu vida, durante las batallas perdí a muchos amigos, buenas personas que vale la pena recordar a pesar del dolor que eso puede provocar, eso hace que te importen.
Le miré tranquila, reflexionando esas palabras, a la vez que el continuo — Estas cicatrices… no todas son sinónimo de pena, algunas de ellas me las gané protegiendo a alguien que me importaba, por eso no las borro de mi cuerpo, y aunque muchas de esas veces fallé, me prometía a mí mismo que no dejaría de luchar por aquellos que murieron antes de mí. Dime, ¿Cómo se llamaba aquel que murió por vosotros?
Recostada en las rocas, respondí apenada — Red Boulder…
Él se levantó de despacio, saliendo de la cueva poco después, dejándome sola con Silver, sin embargo, algo dentro de mí me decía que volvería, y así lo hizo. En su mano manchada de verde, un resplandor azul llegó a mis ojos. Oriol fue al fondo de la cueva desapareciendo en la oscuridad nuevamente, el sonido de algo remojándose en agua hizo eco en toda la caverna. Levanté la cabeza para ver como volvía, las gotas brillaban en su mano derecha, sentándose a mi lado, abrió la palma, el corazón se me encogió y no pude contener las lágrimas.
Era el colgante de Red, ese hermoso zafiro brillaba con fuerza, atado a la dorada cadena que lo transportaba.
—Hice una tumba en honor al guerrero que no pude salvar, cuando eso pasaba en el campo de batalla, enterrábamos a nuestros muertos con su arma marcando su tumba, dejando algo que le identificara a los demás que había dado la vida luchando. Esto es todo lo que pude recuperar de él. Lo siento.
Yo intentaba limpiarme con mis cascos sollozando entre dientes, mientras, la calidad de su mano metálica volvía a mi melena. Dejando el colgante es mis cascos, la luz del zafiro brilló en mis ojos por la luz de la fogata, este sería el símbolo del sacrificio de Red, símbolo de que necesitaba seguir adelante y no seguir sus pasos, honrando así su perdida.
Las horas pasaron, y las lágrimas habían dejado de brotar hace mucho. Al despertar, me quedé mirando a nuestro salvador observar el fuego, parecía muy pensativo.
Me preguntaba que iba a ser de él cuando todo esto acabase, después de todo, él estaba solo, perdido, y por lo visto, era demasiado bueno para esta tierra tan cruel llamada Equestria. Claro que podía defenderse perfectamente, el gigante arácnido muerto en el fondo de cantera era evidencia de lo poderoso que podía ser. Pero, mientras más lo miraba, más eran las preguntas acerca de su aptitud, ¿Cómo una criatura capaz de sus hazañas ser tan… bueno? Me fijé en sus cicatrices, ¿Cómo es posible seguir siendo tan gentil y honorable después de oír ese fragmento de su vida?, sé que esas heridas no fueron superficiales, él había sufrido mucho estando con su pueblo, y ahora estaba solo…
Fue en ese momento cuando una fugaz y loca idea vino a mi cabeza. Aunque fuera visto como una idea egoísta, mis intenciones no iban más allá de que me sentía segura a su lado. Sacudí la cabeza intentando sacarme esa idea, aunque solo provoque que mi pelaje rosara con su abdomen, sacándolo de su pensativa pose, era lindo saber un coloso como él sentía cosquillas.
De hecho, por vergonzoso que suene, ahora mismo estoy en la misma posición que cuando desperté, usando su muslo izquierdo (cubierto por mi manta) como almohada. Admito que es muy cómodo, y extraño, es cálido, pero sigue siendo extraño, sus músculos son duros pero muy cómodos… al diablo, descansando aquí mi mente está en paz, aparte que sus caricias por mi lomo no hacen otra cosa sino darme ganas de dormir.
Decidí guardar el collar de Red en las alforjas, pero por ahora estaba entre mis cascos, había pensado ponérmelo, pero sería muy irrespetuoso. Cuando llegue a casa, haré un digno funeral en su nombre, aunque todo el mundo me lo niegue lo haría de todos modos. Él se sacrificó por nosotros, y vale la pena recordarlo por ello.
Presioné la joya con fuerza contra mi pecho al pensar que los demás me negarían darle un funeral a Red. A pesar de ello, no me había percatado que los primeros rayos del sol habían llegado donde nosotros.
Oriol, al ver la luz del sol, susurró algo que apenas pude oír. —Un día más un día menos…
—¿Dijiste algo? —Le hablé algo adormecida por el sueño que me provocaba el movimiento de su mano sobre mi lomo, a lo que negó con la cabeza.
Él se veía tranquilo, pacifico si es que me lo permiten, puede que hablar sobre su pasado o el aconsejarme por la muerte de Red le hubieran hecho sentir mejor. Dándome una amable sonrisa, jugueteó con mis orejas diciéndome. — Ya es hora de movernos, ¿eh…? ¿Cómo dices que te llamas?
Me sorprendí al no haberle dicho mi nombre. Me sentí muy mal educada. Aun así, le respondí devolviéndole la expresión. —Cream, me llamo Cream Cross, pero con Cream está bien, y mi compañero es Silver Dust.
—¿Acaso todos sus machos tienen alas? —Consultó mirando a Silver, quien aún seguía durmiendo.
Di una pequeña carcajada, pero de inmediato me cubrí la boca con un casco. Al ver su cara de confusión, recordé que él, literalmente, no sabía nada de esta tierra. Me sentí mal, pero traté de ser concisa al explicarle las cosas más básicas. —En Equestria hay muchas especies mágicas, nosotros por ejemplo somos una de ellas… —Desvié la mirada recordando que solo los unicornios pueden usar magia. — Bueno… al menos los unicornios pueden, nosotros somos Ponys, y nos dividimos en tres razas principales.
—¿Razas principales? —Preguntó interrumpiendo mi explicación. Pero lo comprendía, quizá no estuviera tan emocionado como yo al oír sobre sus fabulosos Nanobots, pero que preguntara ya era señal de que me prestaba atención.
—Sí, no tenemos claro cuáles son las otras razas de Ponys, son solo leyendas, pero volviendo al tema. Como decía, nos dividimos en tres razas, los ponys terrestres como yo, los pegasos como Silver y los unicornios, son iguales a mí, pero con un cuerno en su frente, ellos pueden usar magia… —Su cara me decía no procesar la palabra magia, por lo que dejé las cosas ahí. — Las tres razas viven en armonía en sus respectivos asentamientos, después de la Gran Guerra de los Portadores, los pueblos decidieron ser autónomos y convivir en paz.
Él prestó suma atención a la palabra "guerra" e intentó preguntarme al respecto, pero yo no sabía nada sobre ello, esa era historia antigua que solo los historiadores conocían, aunque si le dije que era una doctora para intentar desviar el tema.
Finalmente, el sol iluminó toda la caverna, revelando que al final de ella había un arroyo de agua subterránea, y también supe que la sangre y nuestros cuerpos habían sido aseados por Oriol mientras estábamos inconscientes, lo que hizo que me pusiera tan roja como mi cabello, pero no le protesté, hubiera sido más traumático ver todo manchado de sangre, estaba confiada que no lo había hecho con malas intenciones, después de todo, nos lavó a ambos, sería ridículo quejarse.
Al terminar de cargar las cosas en las alforjas intenté subirlas a mi lomo, recordando lo pesadas que estaban para mi cuerpo, no obstante, Oriol al verme así no dudo en ayudarme, asiéndome parecer una potranca debilucha con lo fácil que sacó las cosas de mi lomo. Al verlo con mis cosas en sus hombros, nuevamente la loca idea me cruzó la mente. Volví a dudar, pero está ves tuve el valor de preguntarle.
—Oriol… —Dije tartamudeando de los nervios en la primera letra al verlo de espaldas junto a Silver. Respiré hondo y continúe algo tímida — ¿Quisieras venir con nosotros a ManeTown? Sería muy grato tenerte con cerca… ya sabes, para que no estés solo…
El rápidamente volteo, dejando que los rayos le dieran la sombra al frente, bajando las alforjas junto al Pegaso. —Claro, de todas formas, pensaba acompañarlos, no iba a dejarte sola con todas estas cosas. —Dijo al instante mirándome a los ojos provocando que me ruborizara, luego, comenzó a sacar algunas cosas de nuestro equipaje.
Una gran sonrisa de dibujo en mi rostro, mezcla del alivio y la felicidad que me daba oírle decir que sí, pero la oculté rápidamente antes de que volteara. Acto seguido, vi que estaba construyendo algo con la manta de Silver y algunos palos largos.
Curiosa, me le acerqué, preguntando ya menos tímida. —¿Qué hacer?
—Puedo llevar estas cosas y a tu amigo al hombro, pero en caso de pelear, no puedo lanzar su cuerpo al suelo como lo haría con el equipaje, para eso tenemos esto. —Había construido una especie de trineo para llevar a Silver.
Tras subir al Pegaso al trineo, nos preparamos para salir. No sin antes dejar algunas cosas que Oriol consideraba innecesarias en el equipaje como la madera. Al salir, un sentimiento agridulce me vino a la mente, al lado de las ruinas de la berma, estaba una formación de rocas que asemejaba una tumba, en ella estaba la espada rota de Red enterada en la roca, y de ella colgaba su bolso personal. Me quedé unos minutos rezándole a Celestia que lo guiara por el sendero de la Luz hasta el más allá, me despedí dejándole una manzana en el bolso y continuamos nuestro camino.
Pero me distraje un momento dejando el grupo se adelantará, allí, al asomarme al borde del nivel, pude ver a su asesino aplastado por algunas rocas del derrumbe, aunque sabía que esa no había sido la causa de su muerte, sino Oriol, nuestro salvador, aquel ser de oscuridad que se convirtió en la luz que nos sacó del abismo de la desesperación.
—Eh Oriol —Le dije alcanzándolo. —Déjame llevar algo en las alforjas de Silver, no es necesario que cargues todo tú solo. —El me dio una sonrisa gentil que me lleno de seguridad, la carga no pesaba y ya no tenía miedo al peligro.
Al caminar a su lado y ver el sol iluminando su rostro, juro que al mirar tras de él, iban tres mariposas de alas rosa y cuerpo celeste, jugueteando lentamente entre sus cabellos color cian.
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NA: Bien, aquí termina el 2º Capitulo de este Fanfic. Espero que les este gustando tanto como a mi, como ven, la trama empieza a avanzar y pronto los caminos del destino se harán presentes.
Cuando vuelva de mi viaje a las montañas subiré la primera parte del Capitulo 3: "Caminos Convergentes"
(Inserte Gif de Maud guiñando un ojo)
