Capítulo 3: Caminos Convergentes (3)
—¿Por qué las cosas no podían salir bien...?
Cuando llegaron al campamento pudieron darse una idea de lo que había ocurrido. En un claro entre los arboles tres tiendas de campaña rodeaban una fogata extinguida de cenizas incandescentes. Las telas desgarradas de las tiendas cubiertas de telarañas, con múltiples huellas por todo el campamento, y algún que otro cadáver de araña sobre un charco de fluidos verdosos demostraban la resistencia que los residentes de este puesto habían dado. Sin embargo, no había rastro alguno de ellos... o de su sangre.
Oriol fue único en notar ese detalle, aunque más que aliviarle el pensamiento fue todo lo contrario. Como soldado mantuvo la calma, no quería darle falsas esperanzas a nadie, por experiencia sabia lo peligroso que eso podía ser.
El resto del grupo estaba abatido, sobre todo Gold, volver a ese lugar le traía malos recuerdos mezclados con un gran sentimiento de culpa, no fue sorpresa verle alejado de los otros dos Ponys mientras registraban la zona en busca de algún rastro. Para ellos era imposible entre los erráticos patrones, las huellas eran pequeñas y cubrían casi todo el terreno del campamento, además de que con cada paso que daban, sus cascos borraban los valiosos vestigios del posible paradero de sus compañeras.
Bajo los cabellos color Cian una voz se hizo presente al ver los restos cercenados de un cadáver arácnido. —Así que estas son las tejedoras ¿eh?
—Tenías razón Iac, estas cosas no son iguales a las que enfrentamos —Acercándose al arácnido, se arrodillo ante él extendiendo su brazo metálico, era hora de escanear a este nuevo enemigo. —Son pequeñas y cuentan con muchos números...
—Me están llegando los datos. Así es, eso puede ser peligroso, si nos rodean sería difícil hacerles frente ¿Qué piensas?
Desde la experiencia no era complicado intuir la táctica de estas cosas. —Confían en su agilidad y sus números, ¿ves la tela esparcida por el campamento? —Dijo al observar los alrededores del cadáver. — Ralentizan a sus presas, pero no las hieren, no creo que tengan las garras que tenían las otras para atacar.
—Inteligente deducción —Contestó Iac elogiando a su compañero. —Según su ADN estas no son más que crías, aún no están desarrolladas y sus colmillos solo pueden succionar, además su tela contiene altos niveles de corrosión, pero no la suficiente como para atravesar tu piel Oriol, con estos datos tenemos cierta ventaja sobre ellas.
—¿Cual es la probabilidad de encontrarlas con vida? —Preguntó serio separándose de su espécimen, activando a la vez su ojo biónico observando el terreno y las huellas buscando un rastro.
—Con estos datos y mis simulaciones diría que un 46%, pero date prisa, mientras más pase el tiempo más bajara el medidor, ¿lo encontraste?
Minutos después lo había encontrado, el rastro de dos objetos siendo arrastrados escondido entre los cientos de huellas le indicaba el camino. Desactivando su ojo biónico acabó la conversación. —Es suficiente para mí, pongámonos en marcha...
Abandonando sus pensamientos, Oriol debería reunir al grupo y organizar un rescate, pero ¿cómo?, Cream ya había sufrido bastante con la noticia, darle esperanza para luego decepcionarla no era una opción, Silver no le escucharía sin recurrir a la fuerza o a la intimidación, pero tampoco era opción, y Gold... bueno, él estaba destrozado.
Durante la guerra el gigante ya había visto esa mirada más de una vez, incluso llegó a verla en su propio reflejo en más de una ocasión, sabía lo que ese unicornio sentía, culpa, decepción, odio hacia sí mismo por verse forzado a abandonar a los suyos, sentimientos peligrosos tanto para los demás como para quien los sentía, pero si algo estaba claro, es que solo había algo que curaría eso, la redención.
Gold tenía la mirada apagada, sentado a la afueras de lo que fue su tienda horas atrás, sus ojos dorados, fijos en la espada rota que tenia a sus cascos, lentamente iban ganando un color rojo, provocado por sus propios pensamientos hacia él. Antes de que la primera lagrima saliera, la mano del gigante se posó sobre su nuca, sintiendo su calor, las preocupaciones dejaron de manifestarse por un momento, permitiendole pensar con claridad.
Oriol, mostrando empatia, le hablaba a sus espaldas. —Luchaste por impedirlo ¿no es así? —Gold no dejaba de ver su espada con culpa, el gigante dejó de tocarlo para sentarse a su lado.
—¿Acaso eso importa? —Respondió con pesar. —Ya me oíste, las abandoné, tuve miedo y huí, se las dejé a las arañas para salvar mi vida... ¿Que clase de Pony hace eso?
—Pero aquí estás intentando buscarlas ¿crees que un cobarde haría eso?— Le contestó en tono comprensivo, Gold aun veía su espada. — Pudiste huir al pueblo de haber querido, pudiste olvidarte de ellas, olvidar que las abandonaste y habernos mentido o inventar cualquier excusa para no verte culpable, pero aquí estás.
El unicornio desvió la mirada hacia los ojos del gigante, su mirada tranquila le dio la confianza para escuchar sus palabras, pero de inmediato volvió a ver su espada pensando en ellas. —Me importan...
—Entonces... —Dijo sin dejarlo terminar, tomando suavemente el mango del arma sobre el césped. — Aun debes luchar para probarlo, demuestra que tanto valoras sus vidas, demuestra que tu retirada fue la mejor opción que pudiste haber tomado, regresa por ellas y vuelve a sonreír a su lado.
El brillo de esos ojos dorados regresaba, levantando la cabeza, vio a Cream y a Silver buscando entre los restos, la inseguridad aún estaba presente, Oriol vio esto por su expresión, y antes de que preguntara éste le contestó entregándole la espada. —Todo puede fallar Gold, créeme, lo sé... pero la diferencia es que ahí estarás para saberlo, mantendrás su memoria sabiendo que volviste por ellas o regresaras a su lado para seguir creando recuerdos juntos, sea como sea, no dudes por miedo a descubrir la verdad, es mejor arriesgar y saber que las perdiste a abandonarlas por miedo a verlas muertas.
El unicornio dudó por un momento, esas ultimas palabras calaron fuerte en su cabeza, recordando los últimos momentos que vivieron juntos y los anteriores a estos, supo que debía arriesgarse, cerro los ojos, frunció el ceño mordiéndose el labio, jurándose a sí mismo que no volverá a cometer ese error, las quería, es más, las quería otra vez junto a él, y si Oriol estaría allí para apoyarlo entonces... no debía temer a la verdad.
El aura dorada envolvió el mango de la espada rota, sus ojos brillaron de determinación al ver la luz del sol reflejarse en la hoja. Silver los miraba a la distancia, le molestaba ver a esa criatura tan cerca de ese cobarde.
Posteriormente Oriol, con Gold siguiéndole de cerca, se aproximaron al resto del grupo, sin embargo, antes de llegar el unicornio le preguntó sin ser oído por el par. —Pero... ¿cómo las encontraremos?
Guiñándole un ojo, le contestó. —Confía en mí, tengo su rastro.
Al oír la noticia, Silver fue el primero y único en protestar. —Acaso crees que somos...
Cream, callando al Pegaso de un codazo en las costillas, preguntó esperanzada. —¿En serio?, ¿Las encontraste?, ¿Dónde?, ¿Cómo?
Oriol dio una rápida mirada hacia el unicornio, respondiendo con seguridad. —Gold encontró el rastro de sus amigas siendo arrastradas hacia el interior del bosque, según lo que nos dijo creo que todavía pueden estar con vida, si nos damos prisa aun podremos alcanzarlos.
Ambos Ponys miraron a Gold, quien intentaba mantenerse seguro a pesar de los nervios, solo Silver entrecerró los ojos al verle, Cream en cambio se acercó a él, tomándolo desapercibido, le dio un abrazo diciéndole al oído. —Sabía que no las abandonarías.
—Dejaremos las cosas aquí —Dijo el gigante refiriéndose a las alforjas, interrumpiendo el abrazo al fingir despejarse la garganta, continuo. —Ahora vamos, no hay tiempo que perder.
Silver parecía molesto por seguir las ordenes de Oriol, pero ver a Cream con esperanza en los ojos le hizo ver que lo mejor era quedarse callado, hasta ahora no había hecho más que parecer el malo aquí, aunque a sus ojos, el único que tenía el aura oscura era Oriol.
Siguiendo el rastro, el gigante disimuladamente dejó a Gold al frente empezando la carrera. Silver fue por los cielos mientras que el resto galoparía a toda velocidad por el bosque.
—Vaya que es rápido— Se dijo el Pegaso siguiendo al grupo, observando a Oriol correr a la par de los Ponys.
Desde arriba la vista era increíble, los arboles cubrían gran parte de la vista, dejando pocos espacios donde la luz podía filtrarse. A lo lejos las montañas emergían antes de llegar al horizonte, y el cielo, azulado sin nubes, daba la impresión de ser día tranquilo. Ninguna expedición reciente se había adentrado tanto en territorio arácnido, debía estar atento.
El sol seguía su camino mientras el grupo continuaba su búsqueda, al adentrarse más en el bosque, el rastro era cada vez menos difuso, llegando casi a ser completamente visible entre el follaje del bosque, ahora, Oriol ya no debía simular seguir a Gold haciendo que su velocidad aumentase, dejando atrás a los otros dos Ponys con una facilidad impresionante, aunque, ni Cream ni Gold se destacaban precisamente por ser atletas.
—¿Detectas algo Iac? —Se dijo a si mismo mientras corría agilmente entre el follaje.
—No, está todo muy tranquilo, demasiado para mi gusto... ¡Espera, detente!
El gigante se detuvo en seco preparándose para el combate desplegando su arma, pero no pasó nada, al volver a plegar su cuchilla se fijó en el rastro, parecía fresco y aun podían verse vestigios de telarañas entre los centenares de pequeñas huellas en la tierra blanda. Avanzando un poco más sin llegar a correr, encontró una sola alforja amarilla entre unos arbustos cercanos a un tronco caído que bloqueaba el camino. Cubierta de telarañas parecía haber sido rasgada con fuerza por los daños en su correa, sin embargo, aparte de no encontrar su par por ningún lado, no mostraba señales de sangre de ningún tipo.
—Están cerca... —Murmuró el gigante limpiándose el sudor de la frente, poco después Cream y Gold se le unieron jadeando del cansancio.
Ambos Ponys estaban sin aliento, siendo Cream la primera en hablar al ver la CutieMark estampada en la alforja: Un par de cerezas, roja y amarilla respectivamente.
Esforzándose por recuperar el aliento la terrestre daba grandes bocanadas de aire, exclamando al exalar. — ¡Es de Cherry Juice!
En ese instante, Silver bajo de los cielos un tanto alterado e igualmente cansado que sus compañeros, pues aún no se recuperaba de la perdida de sangre. —¡Los vi! ¡Se dirigen a paso lento con dos capullos de tela a una cueva cercana! —Tomó aire. — ¡Si logran llegar allí será imposible rescatarlas!
Oriol también respiraba con intensidad, aunque comparado con los Ponys no estaba muy cansado, sino decidido a llegar a ese lugar fuese como fuese.
Silver rápidamente se acercó al unicornio dorado para sorpresa de todos. —Gold, necesito tu espada.
Éste le miro confundido, sin un arnés especial no podría llevar el arma sin magia, aunque más le sorprendió que le hablase después de cómo le miraba. Sin recibir respuesta del dudoso unicornio, Silver aclaró sus intenciones llamando la atención de Cream.
—Soy más rápido que... el, vale —Iba a llamarlo criatura, recordando el pisotón que recibió por ello se contuvo al referirse a Oriol. —Si llegó antes que desaparezcan podré darles tiempo de llegar, usare la espada para distraerlos y no para atacarlos, sin un arnés seria imposible para mi.
Gold miró al gigante esperando consejo, éste le movió la cabeza en señal de aprobación. Al recibir la lujosa espada entre los dientes, Silver empleó vuelo con rapidez, dejando tras de si una estela plateada. El arma, al estar partida a la mitad, pesaba menos y era más fácil llevarla en el hocico. Mientras, el resto siguió su carrera, aunque Oriol les llevaba mucha ventaja a los pocos metros de partir.
—¿Cómo alguien tan grande puede ser tan rápido? —Pensó el Pegaso impresionado al voltear y ver correr al gigante en la misma dirección que él. Aumentando la velocidad susurró desafiante. —Pero no dejaré que me ganes, ridículo con falda de yegua.
Saliendo a un claro rocoso en el bosque, la entrada a una cueva podía verse, carente de toda luz en el interior el sol se reflejaba en las rocas de su arco. Apareciendo de entre los árboles, tres docenas de pequeños arácnidos color blanco y detalles marrones arrastraban dos grandes sacos de tela rumbo a la caverna, en el interior de los sacos, su contenido no dejaba de moverse desesperadamente para salir. Sus pedidos de auxilio apenas y lograban oírse desde el exterior.
Agitando sus mandíbulas de la excitación por tener presas tan frescas y tan grandes, las arañas tiraban de los sacos con gran motivación, con este alimento su matriarca podría reemplazar a los hermanos que perdieron durante la cacería, no todos los días podían darse el lujo de comer Pony. En general, capturaban pequeñas aves, carroña, roedores u otro mamífero más grande, para estas pequeñas arañas seria el festín de sus vidas, lástima que el destino es cruel, y si querían llevarse su inquieto botín a su hogar, deberían primero pelear por él.
Desde el cielo, un grito de guerra se acercaba a toda velocidad. —¡AAHHGG! —¡PUM!, la tierra tembló y el sonido de salpicadura sorprendió a los adversarios.
Una estela plateada aterrizó violentamente contra las primeras dos arañas que trasportaban la carga haciéndolas estallar, salpicando sus cascos con fluidos verdosos, los sacudió despectivo entre una mirada de odio a quienes tenia debajo de él. Silver extendió sus alas desafiantes frente a los arácnidos, a la vez que el brillo de la espada entre sus dientes daba directo en los ojos de una araña, quien se cubrió con las patas siseando.
Antes de que las arañas pudiesen lanzarse sobre el asesino de sus hermanos, el Pegaso volvió a elevarse agitando sus alas dando una rafaga de aire que empujó ligeramente a los enemigos cercanos, esquivando a más de uno que saltó sobre él. De inmediato las pequeñas se coordinaron para atacar, una parte de ellas continuaría acarreando los capullos mientras el resto preparaba la defensa.
—Maldición... —Dijo con la espada en la boca al ver su táctica, preparándose para volver a bajar en picada tomó impulso.
Descendiendo a gran velocidad, Silver Dust atacaría horizontalmente luego de curvar su trayectoria. Justo antes de llegar a su objetivo algo liquido le rosó la cara, esquivándolo por los pelos, se vio obligado a elevarse. Al revisar su mejilla, vio en su casco como parte de su pelaje se desprendía deshaciéndose al caer. Aquellas cosas podían escupir una diminuta, pero muy corrosiva, cantidad de ácido estomacal transparente. El alado frunció el ceño con furia, si quería ganar tiempo, debería ser ágil y escurridizo dejando de lado los ataques directos.
Nuevamente intentó la misma táctica, solo que esta vez tenía un plan. Las arañas se prepararon, más de una ya tenía listo su escupitajo apuntando al Pegaso. Igual que la vez anterior, las arañas esperaron el momento justo y dispararon, sin embargo, antes de que éste los sobrevolara y fuera impactado, se detuvo en seco aterrizando dando una fuerte ráfaga de aire que desequilibro la formación arácnida. Galopando hacia el enemigo, Silver hizo unas maniobras de vuelo corto, típicas del combate aire tierra de los Pegasos: Elevándose a pocos metros del enemigo esquivando sus ataques y descendiendo para atacar. Logrando acabar con tres arañas antes de volver al cielo, no sin antes recibir un escupitajo cerca de la cola. Esta técnica requería un gran esfuerzo físico, llegar aquí le había costado gran parte de su resistencia y aun no conseguía que las transportadoras se fijaran en él, sino hacia algo para detenerlas lograrían entrar a la cueva perdiendo toda esperanza de rescatar a Cherry y a Sandy, el interior de la caverna había de estar infestado de esas cosas.
Quedándose sin tiempo, el Pegaso volvió a descender usando la táctica que intentó previamente con Oriol. Efectuándola con éxito logró llegar donde los capullos, sacrificando algunos mechones del pelaje alcanzados por el ácido, allí lanzó su espada para rematar a una araña que estuvo a punto de escupirle luego aterrizar. Raudo, logró matar a otra elevándose y descendiendo con fuerza sobre ella aplastándola frente al resto, aunque eso le costó caro, pues al aplastarle la cabeza el ácido en su boca salpicó sus cascos delanteros, rápidamente volvió al cielo sumamente adolorido, sintiendo como su carne tras las pesuñas se quemaba sin poder hacer nada para detenerlo.
Llevaba un poco más de cinco minutos peleando, pero su cuerpo no daba más y sus alas comenzaron a acalambrarse obligándole a descender sobre un árbol cercano al claro, la fatiga era tremenda, eso sumado a la falta de sangre provoco que su cuerpo ni siquiera pudiera levantarse después de aterrizar, viendo impotente al enemigo que se burlaba de él.
Las arañas celebraron su victoria entre agudos chillidos de excitación. Una de ellas, incluso se movía de allá para acá agitando las patas, como si estuviera dando un baile de victoria. Todas voltearon para ayudar a sus hermanos a seguir moviendo la carga, ya estaban a pocos metros, la matriarca los esperaba, pronto saborearian los deliciosos jugos vitales de sus presas.
Sin embargo, la última araña del grupo sintió una vibración intermitente en sus vellos sensoriales, al voltear vio como una gran criatura de piel clara y cabello cian cargaba contra ellas a toda velocidad para nada feliz, de prisa alertó a sus hermanas con fuerte chillido. Usando la misma táctica usada en el Pegaso, el grupo se dividió, aunque en esta ocasión más individuos entablarían combate ralentizando el transporte.
Preparadas y confiadas por su victoria anterior prepararon sus escupitajos ácidos, la criatura atacaría de frente, y si no se detenía pronto estaría cubierta de dolorosas quemaduras. De pronto oyeron el sonido del metal deslizándose al emerger la hoja de su brazo, asustándose al ver como una aura negra comenzaba a emerger de la criatura, comenzaron su ataque escupiendo a discreción.
Desplegando su ojo biónico, Oriol se preparó para repeler el ataque. Gracias al sistema V.A.T de Iac, desde su perspectiva el mundo se movía con lentitud, oyendo su respiración y su corazón al mismo tiempo. Con gran elegancia y agilidad, el gigante esquivaba por centímetros todos los escupitajos posibles, los que no, eran bloqueados por su brazo de metal. Algunas gotas le salpicaban en la piel al revotar en su hoja, él ni las sentía, no debía perder la concentración si quería seguir usando el sistema V.A.T en movimiento.
A pocos metros de las arañas el monstruo dio un gran salto aterrizando sobre una de estas salpicando a sus compañeras. Con la formación desorganizada, la fina hoja de metal de deslizaba a diestra y siniestra entre las fuerzas arácnidas, rebanándolas por la mitad o amputándole gran parte del cuerpo. Todo esto visto por Silver desde su árbol, le perturbaba ver tal nivel de agilidad, y sobre todo, un miedo inexplicable se invadió al ver como el aura oscura parecía incrementar con cada muerte.
Algunas arañas intentaron saltarle encima y envolverlo en tela para ralentizar sus movimientos, pero en cuanto la azulada estela de su ojo derecho las enfocaba, eran detenidas por la hoja o por el puño de la criatura sin posibilidad de sobrevivir. Era inútil, en menos de tres minutos habían perdido a la mayoría de sus integrantes, al ver esto, las pocas arañas que transportaban los capullos huyeron hacia el interior de la cueva chillando aterradas. Mientras, los escasos miembros que luchaban caían uno a uno, si no atacaban, el monstruo iba a por ellas, y si lo hacían, eran rápidamente asesinadas por su hoja. Ni siquiera tenían tiempo de juntar suficiente ácido como para dispararle.
Quedando solo dos de ellas, ambas intentaron un ataque coordinado comunicándose por medio de breves chillidos, una lo distraería simulando atacar, mientras la otra juntaría ácido. Al efectuar el improvisado plan, la araña distractora murió al instante siendo golpeada por el puño derecho de la criatura, pero logró su objetivo. La otra, entre la cólera de ver a todos sus hermanos muertos atacó de frente, aprovechando la oportunidad disparó su escupitajo, Oriol al esquivar elegantemente, dejó una brecha en su defensa. Dando un salto, la pequeña araña desplegó sus diminutos e inmaduros colmillos logrando morderle el pectoral izquierdo con éxito, aferrándose a él con fuerza. La araña creyó haberle lastimado, pero no sentía que le atravesaba la carne, en cambio, se percato que algo salia de la criatura, algo que le produjo un terror indescriptible, súbitamente sintió la mano de la criatura en su tórax, comenzando ésta a presionarle con fuerza, emitiendo a la vez el peculiar sonido de algo duro rompiéndose. —CRACK— Su exoesqueleto comenzaba a agrietarse rápidamente.
Chillando aterrada intentó zafarse, pero era inútil. Sintiendo como sus órganos se comprimían, miró a la criatura a los ojos, uno azul y el otro de un rojo intenso, en el cual, su contorno blanco tomaba un tono verdoso con una tenue estela purpura, vio en ellos que no mostraría piedad alguna, y sin previo aviso... —SPLASH— El húmedo sonido de sus fluidos salpicando la mano del gigante hizo eco en la cueva. La araña dio un espasmo y dejó de moverse, estirando por última vez sus extremidades.
Su tórax había sido aplastado regándole el verdoso liquido por el pecho, Oriol se retiró al bicho lanzando su cuerpo al suelo con desprecio, dando una sonrisa extraña al ver la verdosa sangre en su mano derecha. Ahora, el exterior de la cueva era macabramente decorado por los cadáveres de sus habitantes, a pesar de ello, los capullos estaban a salvo y en silencio.
Cream y Gold llegaron poco después de acabada la pelea, sin embargo, antes de llegar donde su salvador, la terrestre se detuvo viéndolo de espaldas, observando su mano derecha cubierta de sangre arácnida en silencio.
Ambos Ponys se miraron mutuamente un tanto inseguros, quizá era el cansancio, pero Cream pareció ver pequeños y leves zarcillos de humo negro saliendo de la piel del gigante. —Oriol... ¿Estas bien?
De inmediato el gigante volvió en sí, provocando que el "humo" desapareciera. Sin darse cuenta Oriol se había dejado llevar en sus recuerdos de la guerra, volteando a ver a los Ponys, respondió tranquilo. —Sí, estoy bien, esa logró morderme. —Desviando la mirada hacia el aplastado tórax del arácnido, se limpió la zona con su mano izquierda, plegando su hoja y su ojo bionico.
Rápidamente la doctora fue a revisarle, solo tenía dos pequeños puntos en el pectoral, los colmillos no habían logrado atravesarle la piel, respiró aliviada a la vez que recuperaba el aliento.
—¿Dónde está Silver? —Consultó Gold al acercarse a la pareja intentando recuperar el aliento.
—Aquí estoy —Respondió el Pegaso descendiendo con dificultad sin agregar nada más, sus alas y cascos dolían mucho por el sobre esfuerzo y las quemaduras, pero no lo hizo presente.
Cream notó algo raro en su compañero capuchino, aparte de eso no dijo nada, ni siquiera se quejó o pidió ser revisado, se le veía muy tranquilo para estar tan cerca de Oriol. Con algo de molestia, siguió su juramento como doctora y pregunto qué le pasaba, pero el Pegaso respondió que estaba bien, después de eso lo dejó en paz, se preguntaba a si misma si había sido muy dura con él, aunque si notó las quemaduras en su pelaje y que parte del casco frontal derecho estaba corroído.
Sin que Cream o el resto lo supiera, Silver estaba aterrado, apenas lograba contenerse. Tras ver la pelea del gigante pudo verlo, justificando sus miedos más profundos supo que esa cosa era un monstruo. Su corazón no le daba cuartel, ahora más que nunca veía a Oriol completamente rodeado de oscuridad, alli, en la penumbra de su cuerpo, pudo ver con horror como en su hombro derecho un ojo totalmente rojo de contorno verde y estela morada le veía fijamente atravesándole el alma, quedó paralizado sin que sus amigos tuviesen la mínima idea de lo que le pasaba.
De pronto, la mano del gigante le dio unas gentiles palmadas en la mejilla sacándolo de ese estado. Reaccionando, Silver se alejó asustado impulsado por sus adoloridas alas, alertando a los demás y quedando fijo en la sombra de Oriol. Sus pupilas estaban contraídas y le temblaban los cascos traseros, sin embargo, tres mariposas de alas rosas y cuerpo celeste sobrevolaban al monstruo frente a él captaron su atención, no las había visto antes quedando confundido, éstas lentamente comenzaron a girar como si fueran una aureola, descendiendo a lo largo del cuerpo de Oriol revelaron su verdadera forma y eliminando a ese horrible ojo.
Su aura oscura se desvaneció ante los ojos de Silver, pero el recuerdo de aquel monstruo nunca podría sacárselo de la cabeza.
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NA: Bueno gente, gracias por leer hasta el final.
Admito que las marchas me dieron tiempo de escribir desde temprano xD, y tuve listo en unas horas, faltaba corregirlo y ya. Hablando de eso, lo más probable es que suba la ultima parte entre el sábado o el lunes. :O
Dato curioso: Solo llevamos tres capítulos, pensaba subirlos enteros desde el principio, osea las cuatro partes de una (9000 a 12000 palabras), y como yo no soy de leer cosas taaan largas, preferí este formato porque es cómodo tanto para mi como para ustedes. Aun queda mucho, muuuucho por ver.
PD: Un agracedimiento especial para UnSimpleEscritor, pues gracias a sus consejos y acotaciones he podido mejorar en esto de la literatura. :3
(Inserte Gif de Maud guiñando el ojo)
