Capítulo 4: Sueños, manzanas y burbujas(1)
En medio de la niebla oscura, recóndita e infinita, una llama rosa flameaba débilmente en sincronía con la débil brisa de la penumbra. Ínfimo, el calor proveniente de ella apenas y derretía la suave nieve de su frio entorno, a sus pies diminutas brazas luchaban por mantenerse incandescentes.
Emergiendo desde el más profundo concepto de soledad, un susurro de ultratumba resonó entre la tímida caída de diminutos copos cristalinos. Aquella extraña voz, apagada sin rastro esperanza, tenía un acento agrietado por una ira ya consumida, uno no muy familiar para quien recibía sus palabras.
—¿Escuchas eso?, ¿No oyes el roce del viento a tus pies?, vas cayendo hacia la propia perdición… el camino que escogiste lleva a esto, siempre lo ha hecho y acabara devorándote, o, mejor dicho —se burló irónico — yo, terminaré devorándote.
—Soy consciente de la decisión que tomé, no eres diferente a los demonios que ya he enfrentado.
La pequeña llama ondeaba tímida, estando en su centro una tenue luz degradada en tonos claros, parpadeante, concordaba con el suave barítono de sus palabras mostrándose determinado. Aun así, se notaba el cansancio en cada letra, como si cada una fuera un triste recuerdo impregnado en sufrimiento, destellos del pasado que era mejor olvidar.
—¿Cuánto tiempo tardaras en llegar nuevamente al suelo?, ¿Dos o tres minutos tal vez?, ¡ja!, no importa lo mucho que te aferres a esa esperanza que tanto quieres creer que es real, en el fondo sabes que ese hilo fue cortado hace mucho —Aquella voz volvió a reír, esta vez entre dientes, saboreando la sensación. —Tú mismo lo cortaste después de todo…
—Esa fue mi decisión, y lo volvería a hacer estuvieses tu allí o no. Para mí no eres especial, lo fuiste para quienes te vieron en vida, ahora están muertos, yo debería ser quien debería estar asustado y heme aquí, rodeado de un cobarde parasito sombrío, eres patético…
Ardiendo con lentitud, la flama se mostraba tranquila sin dejarse llevar ante las provocaciones de la oscuridad, en cambio, ésta se quedó sin paciencia, esas palabras hirieron su orgullo, exigiendo escuchar las palabras que tanta satisfacción le darían, recibió su propio disparo. por lo que insistió antes había hecho, y como seguiría haciendo hasta poder oírlas. — ¡Terco mono estúpido!, ¿Cuántas veces tendrás que ponerte el casco para que te des cuenta de que esto no tiene sentido?, me necesitas y lo sabes, ¡Tú y esa maldita bola azul no saben de lo que soy capaz, o de quien soy yo! —Agitándose, la voz se oía desde todas direcciones, envolviendo el ambiente con sus gruñidos. — ¡Esta tierra me pertenece por derecho!, ¡Algún día vendrás a mí, no lo olvides, la naturaleza de tu especie es la destrucción!
—Ahí es donde te equivocas paracito — Susurró indiferente. La nieve alcanzada por el resplandor rosa perdía terreno con lentitud, ya que su calor progresivamente iba en aumento junto con el alcance de luz. Desde el cielo oscuro, sobre el fuego rosado, una llama azul, de casi un cuarto de tamaño en comparación, emergió orbitándole, haciendo retroceder aún más la nieve y el frio al unir su furor azulado. — Tú no sabes lo que es el verdadero terror, tú eres el que ésta atrapado con nosotros.
La oscuridad guardó silencio, esta vez, fue la flama azul quien brilló con una cegadora intensidad, opacando al resplandor rosa, una onda expansiva de energía derritió el resto de la nieve en un instante, eliminando el frio entre los iracundos gritos de la oscura entidad.
—Depuración completa...
En los hilos del pasado, entre las ruinas de lo que una vez fue la brillante ciudadela de Shepper, una cruda batalla se llevaba a cabo. Desde la lejanía podía apreciarse el bombardeo a la zona y la destrucción posterior a manos de las escaramuzas entre dos bandos enemigos. Cientos de cuerpos esparcidos por la zona decoraban penosamente los escombros de grandes rascacielos y extensas zonas de comercio. Miles de casquillos podían hallarse por sus calles, paredes cubiertas de agujeros con claras señales de incandescente plasma, gruesas armaduras destrozadas de donde hilos de sangre roja recorrían cada una de sus fisuras. Valientes héroes anónimos que murieron cumpliendo su deber.
A lo lejos, entre lo que quedaba de un puerto espacial en medio de uno de los muchos parques de la gran metrópolis, dos enormes naves estrelladas decoraban la zona con fuego y escombros desperdigados. De tosco diseño, no estaban armadas, dejando ver por su logo que pertenecía a una popular agencia de viajes. Habían sido derribadas por armas de plasma según los visibles daños en su casco, ¿Su carga?, cerca de 14.000 civiles que buscaban salir de la ciudad después del bombardeo.
Entre el fuselaje de las naves, improvisadas barricadas fueron instaladas en un intento de proteger a los civiles que lograron sobrevivir al choque. Allí, uno de los últimos contingentes de la policía combatía ferozmente contra la horda responsable de tanta destrucción. Balas y plasma eran intercambiados sin cuartel, los policías, superados en número, habían pedido un desesperado llamado de auxilio a cualquiera que pudiese ayudarlos, sin saber que fuera de la atmosfera planetaria, un crudo combate estelar impedía la llegada de refuerzos, aun así, unas pocas corbetas lograron llegar a la superficie.
El ruido de su profundo respirar resonaba al interior de su casco, la luz roja sobre él hacia brillar la pequeña visera de cristal blindado ubicada delante de sus vacíos ojos carentes de todo brillo. Además, una placa en su hombro destacaba resplandeciente sobre todo ese negro blindaje, teniendo la forma de una espada en el centro apuntando hacia arriba con seis estrellas ordenadas como un hexagrama a su alrededor, grabadas en su base, doradas letras podían observarse: Juntos hasta el final.
Pensativo de lo que estaba por venir, tenía un ligero tic en uno de sus dedos, emitiendo contantemente el sonido de dos metales chocando al golpear la culata de su fusil. Sentado en uno de los seis lugares del que disponía el cerrado espacio donde se encontraba, similar a una cúpula negra hexagonal alargada, otros cinco soldados mantenían un sepulcral silencio. Escuchando chillar el metal del fuselaje y cientos de explosiones en el exterior, la nave que los transportaba comenzó a tener violentas turbulencias, sin embargo, ellos mantenían silencio sin dejar de mirar al suelo, casi todos ellos esperaban tener suerte y morir antes de aterrizar.
Observando el contador de municiones en el costado de su fusil, una luz leve a su derecha llamó su atención, al levantar la cabeza en esa dirección, vio como aquel soldado observaba una holocaptura reflejándose en su armadura, desde su posición, las siluetas de tres personas podían distinguirse, entre ellas un niño, pasaron los segundos, y guardo el dispositivo en uno de los contenedores de su pecho, donde se supone debía estar la munición.
Con un leve toque en su brazo ese soldado volteó a verle. Con una voz fría y apagada le preguntó sin reparo —¿Siguen con vida?
El soldado negó con el casco lentamente, dándole poco despues el cartucho de munición que le sobraba. Su voz era ligeramente grave, se oía cansado e igual de frio él. —Espero unirme a ellos pronto…
De pronto la luz roja sobre sus cabezas cambio a verde. Guardando sus armas en contenedores bajo sus asientos, un armazón de seguridad les cubrió el pecho, anclándose posteriormente al suelo. Dentro de sus cascos, cada soldado vio una cuenta regresiva.
Cuando los números llegaron a cero, un chasquido metálico resonó en la capsula, a la vez que él suspiró con pesar. — Es hora de acabar con esto.
Súbitamente el sonido del aire siendo cortado invadió el interior. Aquella diminuta ventana en el acceso, ya no era él oscuro pasillo de la corbeta, no, había cambiado, dejando ver las negras explosiones peligrosamente cercanas. El silbido del viento de hacía más fuerte con cada segundo. Su traje temblaba violentamente, pero él no tenía miedo, pues esta era la parte fácil.
En silencio, disfrutaba del espectáculo pirotécnico que habían montado afuera, han de estar felices de que por fin llegaran. Al interior del acolchado casco, él sonrió derramando una única lagrima al ver como varias de las otras capsulas como la suya eran derribadas por la artillería antiaérea, bajando por su mejilla izquierda aquella gota representaba la envidia ante tal fortuna. Lentamente cerró los ojos apoyándose en su respaldo, jamás alguien le daría sus respetos si la muerte se reusaba a llevárselo, y por eso la odiaba con toda su alma.
Ocultándose del mundo, dudaba si de verdad estaba allí, viviendo lo que tantas veces había vivido, deseaba con tanta pasión despertar de esta pesadilla sin fin. El contador de altura llegaba a su fin, y una vez más, la suerte lo abandonó, llevándose casi la mitad de las capsulas durante el descenso. Con una violenta explosión su transporte tocó tierra, habiendo caído justo encima de la zona donde el enemigo disparaba sin piedad contra la policía, como si fuese una rutina, sintió un piquete en el cerebro al tomar su arma, uno de sus ojos desapareció dando lugar a una avanzada prótesis ocular, en aquel momento, cuatro paredes explotaron hacia el exterior, era hora de volver al infierno.
Como si fueran estrellas fugaces, el resto del ejército aterrizó de la misma forma. La primera bala fue disparada, un muerto, miles de trozos de carne y metal retorcido fueron esparcidos a sus cercanos, luego la siguiente, otra baja, luego otra, y otra, y otra, de un momento a otro, cientos de balas salían de su ardiente cañón, el mundo se movía lentamente, cada paso que daba, otra bala salía, cada respiración era un enemigo menos, él junto a sus compañeros eran verdaderas máquinas de matar, frías, sanguinarias y efectivas, el enemigo no tenía oportunidad contra esos demonios negros.
Así comenzó, pasaron las horas, días, semanas, meses, y la lucha no terminaba, miles de batallas se habían librado, sin refuerzos, sin suministros, sin esperanza, uno a uno los guerreros de negra armadura fueron pereciendo por las constantes oleadas del enemigo que no paraban de llegar, pues tan solo unas horas después del aterrizaje, observaron con esos ojos sin vida como casi todas sus naves se precipitaron a la superficie totalmente destruidas, estaban solos.
Cuando la munición se acabó usaron sus cuchillos, cuando estos quedaron inutilizables por la sangre y la grasa, usaron sus puños, cuando sus guanteletes fueron destrozados por los huesos del enemigo usaron su ingenio para dominar las armas enemigas, vehículos, palos, piedras, o cualquier cosa que les permitiera seguir peleando. A pesar de sus esfuerzos, fue el aferrarse a esa inexistente esperanza lo que corrompió sus mentes a tal punto de que ni siquiera sus avanzados implantes neurales pudiesen soportar ese nivel de sufrimiento, muchos enloquecieron por el uso constante de Psyco, llevándolos a reír a carcajadas cuando destrozaban a sus enemigos, estuviesen vivos o muertos, decayendo finalmente en la más enfermiza y sanguinaria demencia.
Sin embargo, no todos ellos sucumbieron, un día el sufrimiento terminó para aquellos que lograron prevalecer haciendo honor a su código, el manifiesto del paladín.
Sobre una colina a las afueras de las ruinas de Shepper, el sol pronto seria visible tras pasar la noche, los tímidos rayos que llegaban a la zona destacaron una maltrecha armadura de polvoriento color negro, la cual descansaba sobre un gran escombro de concreto mirando al cielo, ubicado en lo que parecía un parque, entre cortos retoños de árboles locales, humeantes trozos de chatarra que antes eran máquinas de guerra enemiga y decenas de variados enemigos esparcidos por todo el lugar sobre charcos secos de sangre verde, azul y naranja. Destrozados, lacerados, destripados, heridos de tal forma que fuese imposible evitar la muerte sin estar largo tiempo en agonía.
Pensativo, aquel humano sostenía un gran manojo de placas de identificación entre los gruesos y desgastados dedos de su traje, cientos de nombres ondeaban al son del viento en sus manos, proveniente de aquel deprimente escenario post-apocalíptico muy lejos de allí. Una voz familiar susurró de aquella armadura en cuanto alzó el mentón para mirar las grises nubes de la lejanía.
—No puede existir la oscuridad por siempre, ¿verdad?
Progresivamente pasó tiempo, el cielo iba dejando su azulada paleta de colores dando paso a un monótono panorama gris, frio y desolador. Observando su alrededor, había ruinas junto a millones de casquillos desperdigados por el suelo, al cerrar los ojos aun podía oír fantasmagóricos gritos de los heridos y el silencio de los muertos de batallas anteriores, al volver a abrirlos se dio cuenta, habían ganado, por fin podía descansar sin tener que hacerse el muerto.
— Pero ¿a qué costo? —Musitó cansado haciendo eco en su casco, bajó la cabeza mirando hacia atrás, revelando cientos de tumbas hechas con sus propias manos, todas ellas con el cañón bajo tierra, decoradas con un perímetro de rocas sacadas de una obra cultural en el parque, entre toda ellas, una en particular tenía una holocaptura apoyada en el frontis con un cartucho de munición vacío cuidadosamente colocado como base.
Con un tono frio y sin vida continuó. —¿Filas y filas de fusiles boca abajo?, ¿Cientos de placas sin hogar a cuál volver?, y yo... —Fijándose en un cadáver cuyas entrañas expuestas atraían un enjambre de insectos exclamó furioso lanzando una piedra cercana. —¡Acaso soy tan poca cosa para ustedes! ¡Hijos de la gran puta!, ¡Los mataron a todos menos a mi!, ¡¿Por que solo a ellos?!
Mirando sus manos volvió a la calma reflexionando, percatándose de que en sus blindados guanteletes se hallaba la única verdad de la guerra, la muerte. Empezó a reír entre dientes pensando en su mala suerte maldiciendo su situación. Con desdén miró al cielo, casi al mismo tiempo que finas gotas de lluvia caían sobre su maltratada armadura, la cual no llevaba su nombre. Cayó de espaldas a los escombros sin parar de reír, progresivamente las carcajadas se hicieron presentes cuando varias naves humanas hicieron su aparición atravesando las nubes. Sin parar de reír, llevó sus manos a la cabeza retirándose el casco, dejándolo caer por la inercia de la elevación.
Su rostro, lleno de cortes, moretones y manchas de sangre purpura, aún mantenía el tono claro de su piel. Su cabello había crecido casi hasta llegarle a los hombros, oscuro al igual que su ojo izquierdo, revelando además que el derecho era una prótesis biónica, la cual daba una tenue luz blanca reflejada en sus pestañas. Con su oscura pupila temblando contraída, y una marcada expresión de felicidad de dibujo en su rostro, reía como un loco a la vez que gruesas y amargas lágrimas rozaban su mejilla izquierda, algo dentro de él se había roto…
La lluvia poco a poco dejó de limpiar su ser en cuanto la sombra de aquel buque de guerra le tapaba la vista del cielo gris. Finalmente, la risa dejó de oírse quedando únicamente el llanto. Aquel soldado, solo, postrado sobre un escombro, quedó mirando como naves de rescate se aproximaban a él, sin luz en sus ojos, callado, decidió cerrarlos y dejarse llevar por el ruido de los motores acercándose, aferrándose con la poca voluntad que el quedaba al ínfimo hilo de la esperanza con su corazón. Le relajaba saber que aun podía sentir el agua rosando su piel, llorar le hacía sentir libre, y el dolor le demostraba que de verdad quería a quienes habían muerto ese día, no le importó ver al transbordador de rescate aterrizar en la zona. Estaba tan cansado de esto, cansado de pelear, cansado de sufrir y enterrar a los caídos, deseaba con tantas ganas el haber perecido ese día junto con los pocos amigos que le quedaban… pero aun así, solo quedaba recoger su casco y volver a levantarse, si ellos habían peleado hasta dar sus vidas, no seria él quien se rendiría, no cuando todos los demás le habían dado la oportunidad de seguir adelante, debería soportar una vez más el abrumador dolor de vivir, no por él, sino por aquellos que quedaban por proteger... era su deber después de todo.
El viento ondeaba tímido las placas en su mano, observando por última vez las tumbas antes de subir al transbordador se dijo a sí mismo apretando el manojo con fuerza.
— Juntos hasta el final hermanos… —Su labio temblaba por la pena, la puerta se cerró y la nave emprendió el viaje, con un profundo nudo en la garganta susurró. —Por favor, permítanme llevar su carga…
La claridad de la mañana emergía por el horizonte, calentando la fría tierra, fue iluminando valle con lentitud. Gotas de rociado resplandecían sobre las hojas de césped a los pies de árboles silvestres, pequeñas aves sobrevolaban la zona buscando comida, desde allí, una valla de madera pintada de blanco marcaba el extenso perímetro de una propiedad, con toda la pinta de ser una granja rodeada de manzanos y tierras de cultivo, un gran letrero marrón de letras blancas era suspendido en el portón que daba la entrada al terreno: Sweet apple dreams.
Una gran casona dos pisos podía apreciarse en el centro del área, hecha de madera, ladrillos y mucho esfuerzo. La pintura, de un marrón claro, estaba desgastada gracias a los años y la humedad, dando la impresión de ser una robusta estructura antigua por los toscos pilares rojos en cada esquina. El techo, cubierto de gruesas tejas rojas, guardaba miles de hojas secas, musgo y el nido de alguna que otra ave. Ventanas clásicas simples decoraban sus muros, siendo una en el segundo piso la única con ornamenta en sus cristales, ubicada en el corto balcón en el frontis. La luz poco a poco mostraba el interior en ausencia de cortinas, para ser una casa antigua, tenía muebles en muy buen estado, en general su decoración era bastante linda, con cuadros de manzanas, retratos familiares, aromáticas flores y adornos de porcelana por todo el primer piso. El suelo brillaba por la cera, la lavavajilla vacía, y la escasez de grietas o moho demostraba un mantenimiento constante. Con tres blancas puertas en total, una en el frotis, una trasera y una en la cocina, daban a distintas estructuras que rodeaban la casa, además de dar con el camino principal.
Entre los edificios secundarios del terreno se hallaba un granero en dudoso estado estructural, un pozo de piedra cerca del acceso a la cocina y un gran silo junto a otro granero por la parte trasera, siendo este último prácticamente nuevo ya que aún tenia cubos de pintura abiertos con sus respectivas brochas dentro. Además de los manzanos, que componen la mayoría de la vegetación del terreno, también hay limitados huertos de marchitas verduras. Junto al granero nuevo, un pequeño cercado daba lugar a un corral, siendo la última de las estructuras a destacar, en el cual, extraños e inofensivos cuadrúpedos negros cubiertos de suave lana blanca salían a pastar el forraje cubierto de rocío.
Muy cerca de allí, ruidos extraños provenían del granero recién pintado. Rayos de polvo atravesaban las ventanas, dando la iluminación suficiente para ver el interior. Decenas de bloques de heno eran almacenados allí, protegidos de la humedad de la estación, serían las raciones para los días de frio. Entre todo el forraje, una manta purpura con una estrella blanca en un extremo era la funda de una improvisada cama sobre tres bloques. En ella, una figura humanoide de cabello color cian acababa de despertar, vistiendo unos pantalones y una camiseta sin mangas hechas de lana blanca fabricados a la medida, tenía la parte inferior del cuerpo tapado por una gruesa frazada oscura.
En su cabeza, la voz de su amigo fue lo primero que escuchó. —¿Pasó otra vez?
Oriol llevó su mano de metal al rostro para frotarse los ojos, dándose cuenta de que había estado llorando al ver brillar el agua en sus dedos, una amargura le vino a la mente, desplomando su brazo metálico fuera de la cama, suspirando. — Si…
—Ya van 13 veces esta semana Oriol, al menos esta vez no destrozaste nada.
El humano vio de reojo las tablas arriba de él sin mover su cuerpo, solo la cabeza, haciendo una mueca, recordó los profundos cortes que le hizo, y las horas que pasó reparando los daños, el dueño hubiera estado furioso si no se tratara de alguien de casi 2.40 metros, cuando lo vio llegar junto con Gold la cosa había terminado, pero la cara de miedo que le dio lo decía todo.
—Vi en tus recuerdos que tomabas pastillas para dormir, llevas cerca de dos semanas aquí y no has podido descansar adecuadamente, mírate, con esas ojeras no podrás salir sin que la guardia del pueblo te ataqué... —La IA se burló— Claro, si es que tuvieran los huevos para hacerlo.
El gigante estaba irritado, la falta de sueño y las constantes interrupciones en medio de la noche le tenían agotado y no muy dispuesto a las bromas, por lo que su tono no fue muy amable al responder. —No repitas lo que ya se Iac, no es algo que disfrute ¿está bien?, lo que menos quiero es tener a más Ponys muertos de miedo… —Dio un suspiro calmando sus ánimos, llevando su brazo derecho a la frente cubriendo sus ojos de la luz. —Espero que Cream tenga algo para poder dormir…
—Hace días que no viene, ¿Crees que ya se olvidó de ti?
Oriol levanto una ceja. —¿Lo haces a propósito verdad?
—Si, tu eres el que dices que no tengo sentido del humor —Contestó irónico.
Sin prestarle mucha importancia, esbozó una risa para luego responder tranquilamente.— Ella está muy ocupada buscando una cura a la enfermedad de las arañas, ciertamente mis Nanobots no están hechos para sintetizar químicos a gran escala, ¡pero he!, redujeron su investigación a días. —Miró su nueva y cálida ropa, además de su improvisado cubrecama— Esta es prueba de su agradecimiento, fue un lindo detalle que me dejase conservar su manta.
Ambos quedaron en silencio por algunos segundos, luego Oriol se levantó estirando sus extremidades, a excepción claro de su brazo metálico. Específicamente llevaba 13 días en aquella propiedad. Al llegar junto con Gold, fueron recibidos por su familia, su hermano Kai, dueño del lugar, su esposa Winter Flower y sus dos pequeños potrillas, las gemelas Apple Seed y Apple Cocoon, todos ellos, curiosamente, eran Ponys terrestres.
En realidad, tuvieron que reunirse dos veces, pues al ver a Gold con semejante gigante de aura negra, salieron despavoridos a refugiarse en casa, el unicornio dorado tuvo que dar muchas explicaciones ese día. Finalmente, a petición de su hermano, todos tocaron a Oriol en el momento de saludarlo poniéndole fin a la percepción oscura que tenían de él, sino Kai nunca hubiera accedido a dejar que se quedara, aunque todavía no confiaba del todo en su nuevo huésped, no cuando demostró cortar los arboles de un golpe con la espada de su brazo, o poder arar todos los campos de cultivo en solo una hora y media, o ver que a sus hijas volar al ser lanzadas por él hacia el cielo, y así muchos ejemplos más.
Eso sí, no negaba que aquel gigante siempre estaba dispuesto ayudar con las labores de la granja, "Se ganaba las manzanas" como decía su abuelo, después de todo, la mayoría de sus trabajadores estaban enfermos por la peste arácnida.
—No creo que debas entrenar en estas condiciones Oriol. —Protestó Iac en cuanto su amigo salió del granero, pero éste le ignoró.
Aun el sol no aparecía, el ambiente estaba fresco por la ligera brisa del oeste, si bien aún no tenía algo con que cubrirse los pies, la sensación del césped a sus pies era muy agradable.
Estirando su cuello por última vez, el gigante alzó la vista al cielo observando la silueta de la luna. Sin decir nada, emprendió carrera, esto siempre fue una rutina, el cansancio le hacía olvidar, además, lo único que sus anfitriones podían darle eran manzanas y alguno que otro vegetal que nunca había visto, eran deliciosos sin duda, pero se moría por un buen trozo de carne asada.
Desde la casa, una silueta de melena color calipso le observaba a traves de la ventana en la cocina. Sonrió gentil al verle desaparecer en el bosque, tras de sí, dos pequeñas potrancas idénticas bostezaban frotándose tiernamente el rostro con sus cascos.
Una de ellas, teniendo un peculiar acento campirano, consultó con femenina voz infantil al terminar de bostezar— Mah, ¿Qué hay pah desayunar?
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NA: ¿Han visto el meme de la chica rubia en un sofa rodeada por caballeros de color?, bueno, ya podrán imaginarse cual soy yo y cual es la universidad. T_T
He de aprovechar los fines de semana que llevo 7 dias sin subir nada. D:!
Buenas gente, aquí les presento el inicio del cuarto capitulo de este Fic, espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo, sobre todo las descripciones xD, admito aun estoy muy verde en esto de escribir.
Ya tengo listos los borradores de todo el primer acto.
Se vienen muchas cosas, muchas referencias a la serie y un montón de personajes originales de aqui en adelante, me arrisgo a decir que aquí es donde realmente empieza Vacio Arcano: El resplandor de la Armonía. :3
Un cordial saludo, gracias por darme su apoyo a través de sus lecturas y comentarios. 3
PD: Gracias UnSimpleEscritor, por mostrarme la importancia de los enfoques dinámicos y onomatopeyas.
(Inserte Gif de Maud guiñando un ojo)
