Capitulo 4: Sueños, manzanas y burbujas(2)

Suaves pastizales silvestres, pintorescas flores y diminutas rocas adornaban la superficie de un claro en el bosque. Allí, acompañados por melódicos canticos de aves, finas corrientes de aire ondeaban cuantas hojas caídas hubiese en el suelo, recorriendo a una manada de jabalíes que pastaba como cada mañana. Ajenas al acechante depredador en lo más alto de un árbol cercano, constantemente una pequeña roca de arriba hacia abajo, podía verse en su mano izquierda, decidiendo en silencio a quien de esos deliciosos cerdos se llevaría consigo.

En un instante, el característico sonido del aire cortado a gran velocidad perturbó la tranquilidad del bosque. Atravesando la zona en menos de un segundo, la pequeña roca fue disparada en un audaz movimiento de látigo, acertando directamente en la cabeza de uno de los jabalíes siendo el reflejo de la luz en el brazo metálico de aquella criatura lo último que vio antes sucumbir tras un fuerte ruido seco, derribándole y matándolo en el acto a vista de su confusa manada. Fue una muerte rápida, limpia y sin dolor.

Corriendo despavoridos, el resto de jabalíes se ocultó en al interior bosque, dejando atrás al inerte caído. Desde la copa de un árbol cercano, una enorme criatura bípeda hizo aparición. Su crespo cabello color cían bailaba al son de la brisa, ropa de lana blanca en su torso y cadera hacían destacar su piel clara junto a su reluciente brazo metálico. Descendió al brincar cayendo arrodillado avanzando hasta llegar al cerdo, en silencio, lo tomó de una pata trasera desapareciendo entre la oscuridad de los árboles, dejando en el camino hilos de brillante sangre roja.


El delicioso olor de la carne cocinada cosquilleaba su nariz, alegre de por fin tener una presa que no fuesen vegetales, Oriol cogió la gran pierna asada de aquel cerdo dándole una gran mordida, saboreando satisfecho, veía las chispas de la madera bailar salpicando al empalado cerdo rostizado por el fuego.

Descansando sobre un viejo tronco caído, nada era mejor que terminar una sesión de entrenamiento con una buena pieza en el estómago.

¿Qué dirían los Ponys si te vieran ahora mismo?, devorando a otro animal... — Comentó Iac sarcástico en la mente del gigante.

Sin tomarle mucho peso a sus palabras, el humano siguió comiendo mientras respondía en alegres pensamientos. —Creo que no podría seguir quedándome con ellos, imagínate, si me temen al verme, cómo crees que actuarían si les dijera: Oigan, también como carne.

Sacando una minúscula bolsa de salados cristales blancos, suavemente metió sus dedos en ella, tomando un puñado, escuchó a su compañero. —Bueno, Cream ya lo sabe y no a dicho nada, además, creo que ves demasiado a los animales en la granja, ahora entiendo porque el dueño no las sacaba del corral cuando tú estabas cerca.

La boca se le hizo agua observando como aquellos cristales se fundían con la carne, crujiendo encima con mucho sabor. —No es lo mismo comer araña que comer esto Iac, igual hace mucho que no disfrutaba algo así, esas raciones que me daban en la flota ya me tenían harto. —En aquel momento se detuvo, pensando en sus palabras hizo un gesto triste. —De verdad quisiera saber qué pasó con el resto…

Iac suspiró en señal de molestia al momento que Oriol daba otra mordida. — ¿Vas a empezar otra vez con eso?, creo que le das mucha importancia, digo, no me mal entiendas, sé que estas preocupado, pero date cuenta que apenas llevamos 13 días aquí, no hemos ido a la ciudad, tenemos la información mínima y el nulo equipo para emprender una interminable búsqueda por una verdad que puede no estar allí.

Oriol sacudió la cabeza brevemente —Si si lo sé, ya habíamos hablado de esto, lo siento, me cuesta pensar con que esto de verdad está pasando solo porque sí.

Refunfuñando, la voz de su amigo le reprendió. —Deberías gozarlo amigo mío, déjate llevar y ríete joder, ya has peleado suficiente por toda una vida, la guerra ya ha terminado para ti.

Aceptando esas palabras, lanzo el hueso roído tras de sí, aunque sus preocupaciones no desaparecieron tan rápido como eso, era algo que de verdad le quitaba el sueño, bueno, quizás no tanto como lo eran sus interrupciones nocturnas, aun así, era pensamiento recurrente. Una hora se mantuvo en aquel claro, sin desperdiciar nada de su presa, enterró los restos y apagó las llamas.

Antes de volver a la granja, pasaría a un arroyo cercano donde se lavaría se toda prueba de su comida, inclusive, por su modificada genética, mantendría un aliento neutro y dientes limpios, esto gracias a las sustancias antisépticas naturales en sus fluidos, tales como sangre o saliva, razón además de que sus heridas tardaran en infectarse el suficiente tiempo para sanar, al fin y al cabo, era básico para un soldado como él. Ya con el crimen encubierto, emprendió carrera de vuelta.

¿Crees que lo hayan hecho otra vez? —Preguntó al ver cuatro marcas de casco en los blancos tablones de la valla perimetral, disminuyendo la velocidad, se dio cuenta de que eran muy pequeños para ser de un Pony adulto.

Caminando sin apuro, la atravesó despacio siguiendo lo que parecía un rastro, fijándose además en las rojas manzanas brillantes por el sol. No soportó la idea de dejárselas a los gusanos, no cuando se veían tan apetitosas, por lo que nadie se daría cuenta si faltaba una o dos de ellas.

Iac respondió intentado ser bromista, aunque su tono agravado le daba el aspecto de un villano triunfante. — Mejor sería preguntar ¿Qué es lo que se han llevado esta vez?

Con esa voz no se te da el ser gracioso ¿sabes? —La IA mantuvo silencio, musitando poco después un tanto avergonzado. —Lo siento…


Dando una gran bocanada de aire fresco al bostezar, supo que este sería otro día tranquilo, eso le gustaba, hace mucho que no podía darse el lujo de relajarse a pesar de la falta de sueño.

Desde que llegó a la granja, exceptuando los primeros días, todo estaba en paz, no obstante, Oriol se negaba a dejar de entrenar, siendo común sus escapadas al bosque. Y a partir de la primera semana, aprovechando cuando él no salía, dos pequeñas siluetas acostumbraron a esconderle lo poco y nada que tenía con tal de jugar.

Caminando por los campos antes de llegar al granero, dos risas ocultas llamaron su atención, dibujando una sonrisa, no volteó y siguió hasta la puerta de dicha estructura. Fingiendo no ver las melenas violetas que sobresalían de una gran roca cercana.

Abriendo la puerta de dicha estructura, encontró la escena de un delito, un robo en lugar no habitado: La manta purpura que Cream le había regalado no estaba. Exagerando fingió sorpresa, escuchando nuevamente las risas escondidas a sus espaldas, viendo las sombras provocadas por el sol y escuchando ligeros sonidos de casco esconderse antes de voltear, las bandidas habían vuelto para regodearse entre murmullos y burlones cuchicheos. Él sabía quiénes eran los culpables de aquella inocente atrocidad, por lo que, fingiendo ignorancia, comenzó a buscar entre los bloques de heno, levantándolos, moviéndolos o ya de lleno metiendo sus manos en él sin resultados, fingiendo esta vez en una exagerada pose de frustración que causo ahogadas risas infantiles. Con esto, las bandidas revelaron su posición.

De repente hubo silencio en cuanto se fijó en dos barriles volteados que antes no estaban allí, ambos con un agujero en el centro, en donde la iluminación del sol delataba el iris azulado de aquellas ladronzuelas. Entrecerrando sus rosados ojos, dio una sonrisa mostrando satisfacción. Yendo con lentitud hacia ellos, vio como estos se movían "disimuladamente" intentando escapar. Tardando un poco para darle drama al asunto les dio unos segundos hasta que llegaran frente a la salida, interrumpiendo de golpe su huida, poniendo las manos sobre tales piezas de madera, respiro hondo preparando sus oídos para el estruendo.

Sin demora alguna, exclamó levantando rápidamente los barriles. — ¡Las atrapé!

Agudos y juguetones gritos resonaron en el granero al verse expuestas. Oriol levantó ambas cejas sorprendido de ver como una de ellas sostenía "su manta" tiernamente en el hocico, y la otra vistiendo una bandana junto con un sombrero de vaquero como una verdadera forajida, acomodárselo cada cierto tiempo pues le quedaba un poco grande.

Aquellas dos jóvenes potrancas, carentes de CutieMark de color naranja pálido, crin violeta e iris azulado, se miraron la una a la otra, y sin previo aviso echaron a correr fuera del granero.

¡A que no nos atrapas Ori! —Gritó mofándose entre risas atreves de la bandana, corriendo con sus pequeñas patas no eran muy veloces, por lo que Oriol les dio algo de ventaja antes de salir por ellas.

Al ver que el gigante no las perseguía, ambas detuvieron la huida, curiosas de ello, retornaron algunos pasos antes de que la voz de Oriol se oyera desde el interior.

Más vale que corran, porque... —Enterrando sus pies en la tierra por la fuerza, tenía la puerta abierta, nada lo detendría cuando desatara su "ira". Susurrando sin que las pequeñas lo oyeran sonrió comenzando súbitamente la persecución. —Nadie me roba esa manta…

Una sensación fría hizo que se les erizara el pelaje al ver como la gran masa conocida como Ori, salió disparada del granero directo hacia ellas, sin pesarlo mucho y tras darse mutuamente una sonrisa nerviosa, emprendieron carrera gritando por juego, aunque muy en el fondo, se preguntaban si robarle la manta fue buena idea.

¡Corre Apple Seed! ¡YIIIJAAA! ¡No dejes que se quede con nuestro botín! —Exclamó la forajida del sombrero con su peculiar acento campirano. A lo que su hermana contestó algo incomprensible ya que tenía la manta en la boca.

Galopando a toda la velocidad que podían darles sus cortas patas, las potrillas intentaban eludir a su captor. Cosa que hubiese sido imposible si él no les daba evidentes ventajas, sin que ellas lo supieran, quería darles la oportunidad de disfrutar el juego. Escondiéndose entre los manzanos, las gemelas esquivaban por los pelos el ser atrapadas, incluso llegando a rozarles la melena, se le escapaban como agua entre los dedos, pero, de haber querido, fácil hubiese conseguido capturar a las inocentes maleantes.

Sin embargo, tras varios minutos de persecución, totalmente agotadas, las pobres decidieron descansar ocultándose en un viejo y polvoriento manzano hueco mientras Oriol fingía haberles perdido el rastro. Jadeantes y cubiertas de sudor, intentaban en silencio recuperar el aliento.

Con su característico acento campirano, la forajida de la bandana susurró. — Cielos hermana, sí que quiere su manta... uf, casi me atrapa sino… ¡mmm!

Shhhh... —Soltando el botín de entre sus dientes, puso un casco en la boca de su hermana y el otro en la propia haciéndola callar. Fuera del tronco, oían los pasos del gigante que implacablemente buscaba su manta. Temblando, y abrazada la una a la otra, le escucharon hablar como si de un depredador se tratara.

Sé que están por aquí pequeñas ladronas, puedo olerlas… —Escucharon un fuerte resoplido— apestan a miedo.

Impulsivamente, la bandida del sombrero iba a protestar pues no se había bañado, siendo detenida en el último segundo por los cascos de su hermana. Por sorpresa, la sombra de Oriol interrumpió la luz del agujero, ambas, con la frente llena de sudor frio, se fueron la parte más profunda del árbol, observando con los cascos en la boca como la mano metálica de aquel cazador entraba por la abertura buscando cualquier cosa que agarrar, pasando peligrosamente cerca de los suaves cabellos violeta de Apple Seed.

Al no encontrar nada, hizo un chasquido y retiro sus esfuerzos. Atentas al sonido, le oyeron retirarse diciendo entre dientes. —Rayos, son muy inteligentes para mí, pero no importa... las encontrare tarde o temprano.

Pasaron interminables segundos de silencio, con la aparente ausencia de ruido, al parecer de verdad se había ido. Lo habían logrado, escaparon con su botín entre los cascos como todas unas maestras del crimen. Justo cuando la triunfante ladrona del sombrero iba a tomar la manta, las motas de polvo le picaron la nariz, provocando que por poco casi delatara su posición, afortunadamente su hermana logró detenerla a tiempo, no obstante, fue ésta la que dio el estornudo más jodidamente adorable un instante después. — ¡Ah... Ah...chi!

De repente, el crujir de una rama provocó que el mundo se les viniera encima abriendo los ojos como platos.

Sus corazones se detuvieron por un momento, esperando lo peor, volvieron a sumergirse en su escondite sintiendo únicamente sus respiraciones, sin embargo, nada pasó, solo el más profundo y tenso del silencio.

Súbitamente, la pared de madera del costado derecho fue atravesada por una mano metálica tal y como lo haría la garra de un monstruo en una película de terror. Sin poder ver nada por la gran cantidad de polvo y astillas en el aire, aquella que llevaba la manta sintió la suave presión de cinco dedos en su nuca.

Mirándola a la forajida directo a los ojos, pudo susurrarle asustada. —Apple Cocoon... ¡AHHHHH! —Chilló el potrilla al ser jalada hacia el exterior como si fuera una película de terror. Soltando la manta en proceso, logró a duras penas agarrarse del borde quedando suspendida en el aire. Aunque en realidad, era Oriol quien la sostenía cuidadosamente del otro lado por la nuca y la panza.

¡Apple Seed! ¡NOOO! —Gritó dramáticamente tomándola de los cascos. —¡No puedo perderte!

Déjame... —Tosió fingiendo agonía, llegando a poner un casco sobre su melena en una pose dramática —Me tiene... se fuerte hermanita... dile a mah que la quiero... ¡KIAAaaa...! —Finalmente aquel horrible y desalmado monstruo se la llevó.

Colocando un poco de saliva en su mejilla, simuló una lagrima. —¡Apple Seed! ¡te salvaré! —Viendo la manta purpura a sus pies y la cegadora luz del exterior, la pequeña Pony tomó la prenda entre sus dientes y saltó a su rescate llena de determinación.

Cruzando los restos de su escondite con una voltereta, torpemente se fue hacia la derecha, avergonzada ingresó nuevamente al árbol volviéndolo a intentar, esta vez, si terminó en una amenazadora pose de combate. Observó con frialdad al enemigo, quien, con los brazos crusados, mostraba una expresión "maligna" con Apple Seed en el suelo, los ojos cerrados y la lengua afuera mostraban claramente que estaba muerta. Pero ella no era una muerta de las buenas, ya que podía notarse que tenía los ojos entrecerrados para observar, además, daba ligeras risitas cuando Oriol le acariciaba la pansa con el pie.

Ustedes ladronas han cometido su ultimo delito —Habló aquel monstruo empuñando su mano derecha extendiéndola hacia nuestra forajida, apuntando al cuerpo de su hermana con una siniestra mirada agregó. —Es hora de que aprendan la lección...

¡Jamás! —Respondió la valiente potrilla, amarrándose la manta al cuello, si bien en su mente llevaba una resplandeciente armadura morada con una estrella en el pecho, aquella capa también le quedaba muy grande. — ¡Prepárate para ser vencido por Apple Cocoon!, ¡La alicornio terrestre!

Oriol dio una sonrisa sarcástica al oír tal contradicción, pero siguió con su papel. Por su parte Apple Seed no pudo evitar reírse ocultando el rostro bajo sus cascos.

Con una música épica (en su cabeza), la heroína se lanzó al ataque cerrando los ojos en un blando pero energético grito de guerra. —¡YYIIJAAAAAA!... ¡Wou! — Callando la música de golpe, tuvo la mala suerte de tropezar pasando a llevar la capa con su casco trasero, y antes reaccionar, cayó arrastrando el mentón hasta llegar a los pies de Oriol en un rastro de polvo, perdiendo tanto su sombrero como la manta.

Dejando de lado el juego, de verdad se preocupó por ella, ese fue un golpe muy duro para una Pony tan joven.

¿Oye?, ¿estás bien? — Consulto suave arrodillándose para ayudar a la pequeña, sin embargo, su mano fue apartada.

Aguantando las ganas de llorar, Apple Cocoon se cubrió avergonzada con su bandana, aprovechando de sobarse el mentón. Levantándose rápidamente fingiendo que nada pasó, tomó su sombrero y su capa alejándose de un brinco para limpiarse la cara mientras decía intermitentemente por sus sollosos.

Ahora...—Sniff— veras... — Sniff— lo que puede hacer Apple Cocoon, la alicornio —Sniff— ...terrestre.

Esto cautivo al gigante, aguantando las ganas de consolarla, se abstuvo con todas sus fuerzas. Incluso Apple Seed había postergado el juego para ir a ver a su hermana, aunque nada más llegar, fue reprendida por ésta obligándola a volver a su posición, claro que, sin dejar de tener los ojos entreabiertos para ver lo que pasaría.

Nuevamente, y tras limpiarse la cara, emprendió carrera, aunque esta vez fue más cuidadosa y menos energética. Siguiendo con el juego, Oriol también se preparó poniéndose en posición: con las piernas separadas y los brazos listos para recibir a la Pony. Con música épica volviendo a sonar en su cabeza, Apple Cocoon llegó a la distancia adecuada para saltar, dando un brinco, fue tomada por el torso y lanzada al cielo por el gigante.

Usando la imaginación, se vio a sí misma como una brillante alicornio abriendo las alas a la sombra del sol, dando piruetas en el aire, tomó posición para ser recibida en tierra. Oriol ya estaba preparado. Justo antes de caer, la sostuvo firmemente con ambas manos dando una vuelta para contrarrestar la inercia. La pequeña pataleaba por la alegría y la emoción del momento, olvidándose completamente de su vergonzoso fallo.

Apple Seed, sin poder contener más la exaltación brincaba de alegría de un lado a otro. —¡ESO FUE GENIAL!, ¡Yo también quiero!, porfa porfa, ¿Puedeeees? —Mirándolo con azulados ojos de gatito, la pequeña Pony rogaba volar por el cielo.

Bajando a quien tenía en sus manos, Oriol aceptó tras un suspiro. —Está bien, solo porque su padre no está eh, le prometí que no volveríamos a jugar a los Pegasos.

Estrellas se dibujaron en sus pupilas, siendo tomada de la misma forma que su hermana, fue lanzada repetidas veces al cielo entre risas y una extraña sensación en la panza, la cual le daba muchas cosquillas.

Confió en que no las dejaras caer ¿Verdad? —Comentó Iac en su mente observando la escena por medio de los ojos de Oriol.

Claro que no —Pensó optimista reviendo a la joven Pony volviendo a elevarla. —Para eso te tengo a ti.

Una agradable sensación en el pecho le hizo sonreír, ver a estas pequeñas divertirse y jugar con él de tal manera le llenaba el corazón. Por muchos años creyó que este sentimiento nunca volvería, que moriría sin volver a sentir felicidad. Una chispa oculta ardió en su interior, un nudo se formó en su garganta, la risa invadió su rostro, finalmente podía sentirlo al ver aquella alegre sonrisa bajando del cielo, felicidad, pura e inocente felicidad.


Sin embargo, entre las risas y la brisa del oeste, comenzó a sentir un zumbido en sus oídos, uno muy parecido a los que vivió los primeros días tras llegar a esta tierra. De repente, el tiempo empezó a ralentizarse, su respiración se hizo más ruidosa al igual que sus latidos, a pesar de esto, el ruido no era doloroso, ni menos algo molesto, por el contrario, era agradable, poco a poco, el ruido se fue aclarando, sonando muy parecido a... ¿cornetas de fiesta?

Segado por el trance, Oriol usó demasiada fuerza al lanzar a Apple Seed nuevamente al cielo, elevándola mucho más de lo que tenía planeado.

Sin oponerse a esta agradable experiencia, la realidad volvía a la normalidad. Dando una respiración brusca tuvo los pies en la tierra percatándose de lo que había hecho. Mirando con prisa hacia arriba, la pequeña ya estaba descendiendo.

En un momento indeterminado, un parpadeo cambió la imagen de la Pony con globos de colores, sacudiendo rápidamente la cabeza, Apple Seed estaba peligrosamente cerca del suelo sin que ella lo notase, a esa velocidad era imposible no hacerle daño. Desplegar su ojo biónico sorprendió a Apple Cocoon. Ayudándole a trazar la trayectoria, la velocidad y el ángulo, ya tenía la información suficiente para actuar. Sin perder tiempo, el gigante la agarró con fuerza girando rápidamente sobre su eje, cinco veces fue suficiente para dejarla con cuidado en el suelo.

¡Wow! ¡Es lo más genial que he visto en mi vida!— Exclamó Apple Cocoon levantando los cascos al cielo impresionada, su emoción se había disparado la estupenda e improvisada acrobacia, sin dejar de brincar, y parándose en sus patas traseras, suplicaba el repetir la hazaña en si misma ante la nerviosa sonrisa del gigante, quien, con el dolor de su alma, negó con la cabeza cerrando a la vez su ojo bionico.

Visiblemente mareada, Apple Seed alcanzó dar unas palabras antes de recostarse y evitar que su desayuno saliera de su cuerpo. —Algo… algo...viene volando…

¿Ah? —Sin entender bien esas palabras, el clásico "tap" producidos por los cascos de un Pony llamó la atención del gigante.

Volteando en aquella dirección, vio salir de entre los arboles a una Pony adulta de raza terrestre. De elegante andar, destacaba por su sedoso pelaje color blanco anaranjado, en el cual, su CutieMark resplandecía: una manzana hecha de hielo, parecía tallada de cristal, mostrando pequeños destellos en los bordes. Su melena, color violeta suave, estaba peinada hacia la izquierda formando un rulo antes de terminar al igual que su cola.

Nada más verla, ambas potrillas fueron a su lado siendo recibidas entre las caricias de aquella terrestre.

Sin ocultar su acento campirano, Apple Seed decía exaltada por la emoción—Ma'h ¿me viste ma'h?, volé como un Pegaso ma'h —A pesar de su energía, pronto el mareo provocó que cayera de costado provocando la fina risa de su madre.

Con una cuidada pronunciación, su tono contrastaba con el de las pequeñas, mostrándose gentil, pero madura a la vez —Claro que las vi volar —De reojo miró al gigante, éste encogió levemente los hombros sonrientes, mostrando así que no le dejaron otra opción.

Y como no verlas, si son tal lindas, ¿si o no?, eres preciosa mi cubito de azucar. —Agregó tomando por las mejillas a Apple Cocoon entre melosos gestos.

Ruborizada por la actitud de su madre, la pequeña intentaba quitársela de encima— Ya ma'h, detente... ya no soy tan pequeña...

Llevando su mano metálica a la nuca, Oriol intentó dar una excusa mientras veía como Apple Seed trataba de alejarse sin ser vista, no quería pasar por esa vergonzosa tortura. —Lo siento señora Winter, me miraron con esos ojos y bueno... no pude negarme.

—Sin preocupaciones querido, pero no me llames señora Winter, es algo embarazoso, y te comprendo, ¿Quien le negaría algo a estas preciosuras?— Aclaró amablemente moviendo el casco de arriba hacia abajo, posteriormente agarró a su siguiente victima quien no pudo escapar a tiempo.

Momentos después, se sentó con sus hijas a los costados, diciendo en tono alegre — Dime Winter Flower, o solo Winter, cuando me dicen señora me siento vieja ¡ja!, tengo 15 inviernos, no 34 como mi madre.


No muy lejos de allí, la sombra de un Pegaso sobrevolaba los manzanos exteriores de la propiedad llegando a su objetivo. Vistiendo un uniforme marrón con un broche de una carta alada en el pecho, un bolso lleno de correspondencia en el lomo y una gorra café. De resplandeciente pelaje rubio e iris plateada, su grisácea melena ondulada se movía en sincronía con el viento al igual que su cola, tomando la forma de tres muffins mordidos uno sobre otro, su CutieMark adornaba sus flancos.

Ignorantes antes la llegada de la mensajera, los habitantes de la granja se reunieron frente a la casa, charlando mientras el aire era cortado por las alas de aquella Pegaso. Quien, a lo lejos, escuchó como Winter Flower la llamaba desde tierra, quizás fue lo apretado de su itinerario, o su falta de sentido común, o el hecho de que podía mirar tanto al cielo como al suelo al mismo tiempo, pero esta Pony tomó la brillante decisión descender en picada con una sonrisa inocente. En lugar de aterrizar como le habían enseñado varias veces, algo salió mal y terminó dejando un largo rastro de tierra, cartas y polvo tras de sí quedando con el trasero al aire y la cola encima de su lomo. Irónicamente, era el mejor aterrizaje que llevaba hasta ahora.

Como su uniforme solo cubría la parte delantera de su cuerpo, dejó involuntariamente sus "zonas" a la vista de todos. Si bien, tanto madre e hijas apartaron la mirada avergonzadas, el gigante estaba más preocupado por el tremendo accidente que la pobre Pegaso había sufrido, pues poco y nada le importaba ver un poco más de la cuenta, ya que, después de todo, los Ponys van desnudos por la vida, ya se había acostumbrado.

Sin embargo, fueron los cascos de las potrillas, quienes, ruborizadas como manzanas, cubrieron los ojos de Oriol en cuanto éste se inclinó para intentar ayudar.

Chillando, ambas potrancas le reclamaron. —¡Ori!, ¡Pervertido! ¡No veas!

Entre risas el gigante intentaba quitarse su pequeños cascos, al lograrlo, se encontró de frente dos ojos color plata acompañados de una gentil sonrisa inocente, aunque no podía decir exactamente su lo estaba mirando a él o al cielo.

¿Pero que...?

.


NA: De ante mano, gracias por sus visitas y comentarios. Me motiva más de lo que creen :D

Uf, que semana ¿eh?, espero que al menos ustedes puedas respirar xD, no como yo, que estado de trabajos hasta el cuello.

Es dificil escribir cuando no tienes tiempo ni de dormir T_T, pero como ya es fin de semana pues... 7w7r

PD: En caso de errores los corregiré después D:!

PD2: La tabla de edad Humano/Pony es 1 es a 2.

Ej: Una Pony de 15 años tiene una edad equivalente a 30 años humanos.

(Inserte Gif de Maud guiñando un ojo)