Capítulo 5: Ascuas de medianoche (1)
— ¿Acaso creíste que la guerra ha acabado? —
El velo de la noche se hizo presente tras un nublado atardecer, las calles de ManeTown, carentes de almas, lúgubres y melancólicas, habían visto días mejores.
Reacios a consumirse, faroles por toda la ciudad aún iluminaban tenuemente sus fijos lugares gracias al poco aceite que aún poseían, dejando que gran parte de la oscuridad de la noche cubriera las casas circundantes a ellos. A lo largo de las veredas de rocas pulidas, varios carros abandonados, basura y soledad resaltaban, aun así, el resplandor del fuego de una vela podía verse brillar tras una ventana, allí, frente de una de las tantas casas sumidas en la penumbra, bajo un largo telón de tela blanca para cubrir algunas macetas con helechos, un cartel de madera unido a una asta de hierro, colgado por escuálidas cadenas, se tambaleaba gentil por la fuerza del viento. Tímidamente, la luna creciente hiso su aparición en el firmamento, y a pesar de las numerosas nubes que intentaban cubrir su brillo, éste alcanzó a tocar por momentos las calles de este pueblo fantasma, con lentitud, decenas de cartas selladas comenzaron a elevarse y volar sin rumbo entre las frías corrientes del oeste, así como las que estuvieron días atrás.
Antes de desaparecer entre negras nubes llenas de agua, la luna iluminó brevemente dicho cartel, reflejando en él una gran y reconocida CutieMark en forma cruz roja estampada en verdes hojas.
Este edificio, siendo de los pocos que todavía tenía a alguien en su interior, era nada menos que la popular clínica local de la Familia Cross.
Marcadas ojeras podían observarse en el rostro de Cream, avanzando entre el ruido de sus cascos y el rechinar de la madera, hacía notar su falta de equilibrio al chocar contra las frías paredes, específicamente, las de su salón antes de llegar a la sala de espera, variado cuadros decoraban el interior, después de todo, a nadie le gusta tener una pared vacía: algunos de ellos eran hermosos paisajes, otros la mostraban a ella sola posando sola, y unos pocos la mostraban acompañada de otros Ponys, siendo uno de ellos muy particular; Apareciendo ella sentada al lado de un unicornio color avellana y melena verde intenso con su casco abrazándola, ambos pegados a Silver y Red, todos siendo flancos en blanco por la edad, parecían muy felices posando juntos en aquel recuerdo…
Sin quitar los ojos de aquel cuadro, Cream sin darse cuenta iba directo hacia la pared más cercana—¡Knock! —Agotada por este horrible día, su atención era muy precaria como para siquiera voltear hacia el frente, tanto, que el sonido seco hecho por su cabeza al estrellarse contra la pared fue lo único de lo que se dio cuenta— Ay… —Murmuró sobándose poco después, aunque en sí, el golpe había sido tan duro.
Sin embargo, fue lo suficiente para que uno de los cuadros cercanos a ella se saliera de su lugar, y de la nada— ¡Crash! —El agudo estruendo del cristal rompiéndose a su lado provocó que diera un salto hacia atrás más confundida que asustada golpeando la pared en su retaguardia provocando que otro cuadro cayera, por suerte, éste no tenía una lámina de cristal como el anterior, por lo que su cabeza atravesó la tela sin problemas quedando con el marco al cuello, un accesorio peculiar para alguien que ni aros se colocaba.
Cream no sabía si molestarse o caer dormida, tambaleaba la cabeza presa del sueño tantas veces como las mismas que evitaba quedarse dormida, en una ocasión, fue el marco de madera quien la sujetó del cuello para no chocar contra el suelo. Pasados unos minutos, los cascos de otro Pony llamaron su atención, levantando la vista con gran desdén, una borrosa silueta cuadrúpeda poco a poco fue tomando la forma de Silver, el alado Pony Capuchino.
Dando un suspiro, el pegaso, quien se había quitado la armadura hace unos minutos, avanzó hasta quedar frente a ella, observando como su amiga luchaba con todas sus fuerzas para mantener los ojos abiertos —Esto no es sano Cream —Le comentó preocupado mientras le quitaba el marco del cuello con sus alas, entre risas le dijo— Con esa cara pareces una adicta.
La somnolienta terrestre no lo había escuchado, debatiendo con el impulso de quedarse dormida, la pobre Pony intentaba hablar entre inentendibles balbuceos a la vez que torpemente trataba de ponerse de pie, cosa que falló vergonzosamente.
Negando con la cabeza, el pegaso dejó el cuadro a un lado. —Vamos… ¡huf arriba! —Haciendo un esfuerzo, Silver consiguió levantarla usando las alas, pero nada más ponerse de pie, Cream nuevamente cayó rendida ante el abrumador cansancio de varios días sin dormir.
—Ese viejo es un tirano… —Dijo tras dar un chasquido molesto, viéndola en esas condiciones; dando todo de sí para tratar de curar al pueblo, tenía todas las razones para estar enojado con aquel vejestorio. —¿Qué más da?, te llevare a la cama
Sin prisa, tomó a la exhausta doctora sobre su lomo escuchando su ligero respirar y sintiendo un hilo de saliva recorriéndole la nuca, tras estremecerse, Silver mantuvo la vista en el delicado rostro de Cream, tenía que admitirlo, se veía adorable.
Ligeramente sonrojado, puso un casco sobre el otro rumbo al segundo piso luego de agitar la cabeza quitándose algunas románticas fantasías del pensamiento. Sin querer, pisó uno de los cristales rotos dejados por el primer cuadro que cayó al suelo, con cuidado de no cortarse, mordió el extremo del marco para dejarlo apoyado en la pared, le pareció curioso que Cream aun conservara ese viejo retrato.
Dejando el cuadro atrás, Silver meditó mientras subía las escaleras ubicadas en el centro del salón principal, lugar que se usaba como sala de espera de la clínica— «Esos eran tiempos mejores, rayos… a veces desearía volver a ser ese potrillo hiperactivo… pensar que ahora somos tan diferentes…»
El segundo piso era muy diferente al primero, compuesto de un largo y ancho pasillo con cuatro habitaciones en sus laterales cada una donde se alojaban los pacientes de la doctora, ahora mismo estaban vacíos, pero no hace mucho una gran multitud de Ponys se peleaba por una cama en su clínica. Con muros de madera sin adornos, dicho pasillo terminaba en una quinta habitación, más grande y decorada que las demás, tenía en su puerta la placa de bronce con el nombre de Cream tallado en ella, eso, y varias pegatinas desgastadas de diversas formas y colores.
La puerta estaba sin cerrojo, por lo que Silver solo tuvo que dar un ligero empujón para pasar, antes de entrar, esbozó una sonrisa cuando sus verdosos ojos se posaron en las pegatinas, si su memoria no le fallaba, hacia muchas lunas que se las había regalado, además de que siempre decía que las quitaría— «Cream, eres una mentirosa, cada vez que vengo aquí me dices lo mismo: No, si las voy a quitar. ¡Ja¡, solo dime que te gustan y te conseguiré más»
—No, no… no quiero pastel… —Le oyó hablar entre sueños.
—Calma, ya llegamos, ya era hora de que descansaras —Contestó el pegaso dejándola sobre su cama, la cual, era muy grande para un solo Pony, pero conociendo a Cream, supo que así era menos probable que amaneciera en el suelo.
Buscando alguna manta para cubrirla, Silver se percató de lo desordenado que estaba el lugar, Cream no era alguien que le gustara tener las cosas tiradas, ver su cuarto así le dio un mal presagio; Libros tirados con decenas de apuntes esparcidos por el suelo, cascaras o trozos completos de manzana junto a muchas tasas con café sin acabar, algunas batas sucias que casi podían moverse por sí solas, eran cosas que podían verse a simple vista, aunque de seguro había más si miraba al detalle.
—«¿Desde cuándo que no duermes» —Se preguntó muy preocupado alejando una de las batas con el casco.
Luego de pensarlo, el pegaso decidió limpiar un poco, era lo menos que podía hacer por su amiga. Le tomo poco más de dos horas retirar todo el desorden de la habitación de Cream, eso y recoger el pequeño desastre del primer piso, ahora, ya más ordenada, podía sonreír satisfecho de haber ayudado, puede que fuera poco, pero él era de la creencia de que un lugar ordenado era una mente ordenada. No obstante, mientras limpiaba, no pudo evitar espiar los papeles que Cream tenía por el suelo, casi todos ellos eran sobre las plantas que habían traído al puedo y las que tomaba gran parte del tiempo de la doctora, había de todo, desde datos médicos y procedimientos, hasta mitos de todo tipo.
— «De verdad te tomaste esto en serio ¿he?» —Pensó al leer uno de los títulos "Mil y un formas de preparar medicinas milagrosas". Sin embargo, eso no era lo que más le llamaba la atención, rebuscando, encontró algunos dibujos de Oriol que ella misma hizo, Silver siempre había apreciado su talento para dibujar, pues esos detalles en los músculos así lo demostraban, parecía más un retrato que una anotación científica.
Entrecerrando los ojos, el pegaso supuso que no notaria que algunos de esos dibujos desaparecieran misteriosamente, ordenándolos hasta formar un solo pergamino, se dispuso a romperlos en pequeños pedacitos todos a la vez, sin embargo, antes de dar la primera mordida, recordó lo que Cream de vez en cuando le decía— «Me da gusto que por fin hayas madurado…»
—¿Pero que estoy haciendo…? —Murmuró dejando el pergamino en paz desviando la mirada hacia Cream— «Ya no soy ese potrillo… soy un adulto, y he de comportarme como tal» —Pensó muy seguro de si mismo.
—Oriol… me haces cosquillas —Le oyó murmurar muy alegre entre sueños mientras agitaba levemente los cascos. De repente, una marcada vena apareció en la sien del pegaso, aquel sentimiento de madures y orgullo se desvanecieron casi al instante al mismo tiempo que un enorme impulso de destruir le remplazaba. Con ojos asesinos, observó el pergamino como si éste se burlara de él, y justo antes de volver a comenzar lo que había dejado, exhaló con fuerza llevando sus cascos hacia arriba y después hacia abajo calmando su temperamento repitiéndose una vez más— «No, ya no soy ese potrillo…, pero mejor ya me voy»
Dirigiéndose a la puerta listo para retirarse, volvió oír a Cream hablar en sueños, al principio se molestó por obvias razones, pero luego de escuchar como su tono cambiaba a uno más agitado volteó intrigado. Cream, en esta ocasión, agitaba ahora los cuatro cascos a la vez como si estuviera corriendo, Silver lentamente se acercó a ella sin hacer ruido, supo de inmediato que esta estaba asustada y eso lo puso nervioso.
—No… aléjate de mí, monstruo —Le escuchó variando los tonos. En la mente del pegaso, éste ya intuía que aquel gigante era la razón de esta pesadilla, sin embargo, al oír lo siguiente se hizo una idea clara de lo que estaba soñando— Silver donde… Red… no… Red... los va a matar…
Cream había comenzado a sudar, sus movimientos eran cada vez más desesperados, y algunas lágrimas resbalaban por sus mejillas, Silver, angustiado de verla así, intentó despertarla moviéndola con los cascos, provocando que la terrestre despertara abruptamente dando un fuerte grito, atónita por aquella horrible pesadilla, Cream observo a Silver, sin soportarlo más, se lanzó a sus cascos.
—Tranquila, tranquila —Susurraba gentilmente arropándola entre sus alas, sintiendo su llanto en el pecho, no pudo evitar pensar— «Aun sueña con Red… es comprensible, han pasado casi dos semanas, pero eso no será tan fácil de olvidar»
Varios minutos pasaron antes de que Cream recuperara la compostura, Silver se mantuvo en silencio dándole su apoyo, en su condición hablarle en ese estado no serviría de nada.
—Estoy harta... —Aun en su pecho, ella le musitó con la voz quebrada— ...Me quiero ir de aquí Silver, ya no aguanto esto…
El pegaso no supo que responder, nunca antes la había visto tan afectada, pero no podía quedarse callado, eso solo lo empeoraría. Con una firmeza forzada contestó— Ya pasó Cream, estas a salvo, nadie te hará daño mientras yo esté aquí ¿Esta bien?, lo prometo —El silencio reinó nuevamente en el cuarto, en la mente del pegaso, éste se reprochaba por sus palabras— «Maldición, ¿No pudiese encontrar otra estúpida forma de cagarla?» —Sinceramente, Silver no era alguien que entendiera mucho de sentimientos, y menos de dar apoyo a una dama, ni mucho menos a una que le aceleraba el corazón.
—Gracias… —Sorpresivamente Cream rompió el silencio con suavidad— No sabría qué hacer si no estuvieras aquí —Pasando sus cascos más allá de su pecho, Silver se vio rodeado por éstos, provocando que sus alas se extendieran leve e involuntariamente— De verdad no sé qué haría… lo siento tanto
—Bueno no… —Antes de responderle con el rostro totalmente ruborizado, Cream siguió hablando interrumpiéndole.
Con una voz apagada y gentil, continuó sin separarse de su pecho— Estaba lista para irme Silver, me iba a ir…
—¿A qué te refieres? —Respondió confundido haciendo desaparecer el rojo de su rostro, acto seguido le devolvió el abraso, a pesar de lo nervioso que estaba por estar tan cerca de ella, el sentimiento de preocupación era más fuerte— No te entiendo.
Cream dio un sollozo, por su voz, parecía que en cualquier momento volvería a llorar— Antes de que nos llamaran a la expedición… yo… tenia mis maletas listas para irme… pensaba dejarlo todo sin decirle a nadie he irme con mi hermano… pensaba… pensaba en abandonarlos a todos, en abandonarte a ti… yo… yo… lo siento…
Silver la interrumpió, esas palabras le dolieron, más aún, fueron la patada mas fuerte de su vida. Pero no era quien para juzgarla, la verdad a veces duele— No te preocupes Cream —Dijo aumentando la presión de su abraso, fuesen cual fuesen sus sentimientos, estaba ahí para apoyarla.
Recostando el mentón en su rojiza melena, disfrutando de su suavidad y olor en silencio. Intuyendo con pena a donde iba esto, aceleró rompió el hielo— No tienes que disculparte, está bien pensar en sí mismo de vez en cuando —separándose del agradable aroma, Silver le levantó el mentón con su casco mirando fijamente aquellos tristes ojos color rubí— Lo que importa es que te quedaste, ¿no?, pero… —un nudo se formó en su garganta, pero se las arreglo para pasar desapercibido— Si quieres irte… yo… lo aceptaré
—Gracias… gracias por todo—Contestó separándose de su pecho.
El corazón del pegaso se sentía pesado, a pesar de las mariposas que sentía en el estómago, aguantó las ganas de decirle que se quedara, de decirle que la quería… decirle que le dolía no quedarse a su lado, pero se reprimió por miedo al rechazo. Además, darle más problemas a su amiga sería demasiado egoísta de su parte, la conocía desde la infancia, pero nunca supo en qué momento ver a otros sementales acercarse a ella le provocaba un poco de celos— «¿Por qué no pude decírtelo antes…?, qué más da, ¿Acaso importaría si te lo dijera ahora?, no, solo quedaría mal… ¿Qué clase de aprovechado seria amarrarte con mi confesión?, solo un estúpido lo haría en un momento como este... y yo... ya no soy ese estúpido».
Al separarse, ambos se quedaron viendo entre a pesar de la poca luz presente, Silver, aparentando estar bien, se dispuso a irse, sin embargo, un leve mordisco en su ala izquierda le hizo voltear, la luna volvió a salir iluminando la habitación, ver el rostro de Cream solo le dio una punzada en el pecho.
—¿Podrías… quedarte un poco más… conmigo? —Le oyó decir amablemente mientras se apartaba dándole un lugar en su lecho.
En ese instante, un estruendoso trueno hizo eco en el exterior, Cream no pudo evitar dar un grito ahogado. Había comenzado a llover.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Silver a la vez que las mariposas aumentaban y el corazón se hacía más ligero— «Luna, ¿Puede que tu velo me diga que… aun tenga una oportunidad?»
Con lentitud, Silver se introdujo en la cama quedando frente a frente con ella, viéndola darse vuelta para sacar una gran manta bajo la cama, ambos quedaron cubiertos por la cálida tela color rojo, antes de cerrar los ojos, Cream le dio una risa coqueta y un toque en su nariz— ¿De verdad no dejaras que nadie me haga daño?
Silver se ruborizó haciendo una mueca avergonzado— Nadie, lo prometo.
Dejándose llevar por el momento, Silver cerró los ojos acercándose a sus labios, no obstante, al abrirlo por curiosidad, se percató que Cream ya estaba dormida con una expresión tranquila. Desistiendo entre risas, Silver no tentó su suerte y se dispuso a dormir acompañado de la relajante melodía que caía en el techo— «Si te vas, entonces… yo me iré contigo, te seguiré hasta el fin del mundo porque… te amo»
Varias horas después cercano al amanecer, muy lejos de allí, la granja Sweet Apple Dreams era cubierta por una intensa lluvia de principios de otoño, varios charcos de agua podían apreciarse a lo largo de toda la granja, las gemelas Apple tendrían muchos nuevos lugares para jugar, los campos no necesitarían regarse por varios días gracias a esta bendición, el verano había sido muy árido, y por primera vez en la vida, Oriol podía observar algo así en completa paz.
En las afueras del granero, dos tenues resplandores rosados podían apreciarse tras una empañada ventana, dentro del mismo, Oriol observaba sentado semidesnudo, con los pies cruzados sobre un bloque de heno, el exterior en completo silencio, hace poco se había despertado fruto de las constantes pesadillas que sufría cada noche, y sin sus medicamentos para dormir, no estaba seguro de cuando terminarían.
—Deberías ir a ver a Cream… esto se está volviendo insostenible—La voz de Iac se hizo presente dentro de su mente.
—Sí, debería, pero no ahora, quizás cuando salga el sol —Respondió con un tono cansado concentrado en la lluvia. —Nunca pude apreciar la belleza de un día así, siempre que llovía estaba dentro del traje luchando porque no me llegara algún disparo —Exhaló profundamente soltando los músculos— Es muy relajante, desearía que mis compañeros estuvieran aquí para verlo.
—¿Pasa algo?, casi rompes la pared de nuevo, pero te veo muy callado —Oriol observó de reojo la pared que días atrás había reparado, si bien no alcanzo a romperla, ésta tenía una marcada incisión horizontal— ¿Qué fue esta vez?, o mejor dicho ¿Cuál de todas las batallas fue?
—En la que perdí mi brazo, a mi hermano… y.… a mi madre —Dijo ligeramente triste alzando la vista, mirando las nubes mientras tocaba suavemente el metal de su antebrazo. Recuperando el tono tras unos momentos continuó— Pero eso no es lo que me intriga, ¿sabes?, podría jurar que perdí el izquierdo, pero en el sueño perdí el derecho…
Iac mantuvo un silencio culpable, era mejor no irse por esas ramas… no si quería mantener las cosas como estaban, por lo que desvió el tema abruptamente— ¿Qué piensas de la carta de esa tal Fancy Tools?
Oriol levantó una ceja sorprendido— Jamás creí escucharte nombrar a otros Ponys, debería ser yo quien debería preguntarte si estás bien, ja.
—Bueno, debes mantenerte ocupado ¿no?, además por lo que dijo esa pegaso de ojos bizcos, parecía muy urgente.
—¿Urgente? —contestó sarcástico— No voy a ir Iac, de lejos se nota que nada más llegar me lanzara todo lo que tenga a la mano junto con todos los insultos que se sepa, oye, y esa pegaso "bizca" tiene nombre.
—¿Y cuál es?
El gigante guardó silencio pensando por unos minutos, Winter le había dicho que le decían Bubbles, pero en realidad no sabía cómo se llamaba— Bubbles, se llama Bubbles, no seas grosero, ella se quedara con nosotros por un tiempo.
—Solo espero que no vuelva a romperse los dientes —comentó sarcástico intentando animarlo, pero solo consiguió más quejas del gigante sobre su humor— Ja, que mal mentiroso eres, puedo leer tus pensamientos amigo… ¡Espera!, guarda silencio. —de inmediato Oriol se levantó alerta— Detecto algo en las cercanías.
—¿Qué es, y como puedes oírlo?, yo no escucho nada…
—Silencio —le interrumpió— Ni siquiera la lluvia puede ocultar los alaridos de un animal herido.
Un mal presentimiento recorrió la espalda del gigante, de inmediato se levantó tomando su chaleco de lana colgado en una horca cercana pues llevaba puesto solo su pantalón corto del mismo material— «Puede que sea algún depredador, me puedo ocupar de eso sin problemas»
Saliendo del granero, la lluvia empapó sus ropajes, pero eso no le importó, no sentía frio ni el peso de la lana mojada, más le importaba que la granja fuera segura. Verdaderamente el ruido de la lluvia opacaba su sentido de la audición, sin embargo, Iac aun podía oír los alaridos.
—Vienen del corral —Avisó Iac con prisa.
Rápidamente, el gigante emprendió carrera a toda velocidad, la familia New apple tenía pocas ovejas, y comprar otras no era una opción, además de que prometió a Gold el cuidar la granja él y su hermano no estaban. Avanzado entre la lluvia y el viento, Oriol se vio obligado a usar su ojo biónico para ver entre la poca visibilidad, pues aún estaba oscuro y la masiva cantidad de gotas cubría prácticamente todo, al desplegar su ojo de tecnológico iris azulado, su percepción le guío hasta el corral, según Iac los alaridos habían parado.
—«¿Qué ha pasado?» —Se preguntó a si mismo al llegar, las ovejas no estaban, había rastros de sangre diluyéndose entre la lluvia y es césped, en el suelo lodoso cercano, varias huellas homínidas acumulaban agua hasta transformarse en charcos en un rastro de lana y sangre.
—Parecen huellas humanas —Comentó Iac —Pero son extrañas, los humanos tienen cinco dedos y estas tienen cuatro… ¡Oriol detrás de ti!
Sin dudar, el gigante se lanzó hacia adelante en una ágil voltereta sintiendo la lluvia ser cortada a centímetros de su nuca. El filo de una gran hacha doble por poco le da en el cuello, de no haber girado, esa arma le hubiera rebanado el cuello. Desplegando su cuchilla, Oriol tomó posición de combate dando cara al misterioso y cobarde enemigo.
Un agudo pitido, seguido de un leve dolor, le invadió la cabeza desapareciendo poco después. Lo que eran sonidos de lluvia e interferencias, lentamente se convierten en palabras conocidas pero inentendibles. Gracias a su ojo biónico, pudo ver como las siluetas de sus adversarios, borrosas por el aguacero, le rodeaban con lentitud, confiados de que él no podía verlos.
Tenían aspecto humanoide, siendo seis en total, cubrían su peludo cuerpo con primitivos ropajes tribales, algunos de ellos eran gordos y los otros más delgados, con una estatura similar a la de Oriol, todos portaban armas grandes como hachas o martillos muy rústicos. No obstante, la idea de que fueran humanos desapareció al mismo tiempo que pudo ver sus rostros: feos, deformes, similares a un cerdo por su nariz y boca cubierta de sangre roja, en la cual, dos colmillos inferiores sobresalían enredados en húmedas motas de lana.
Sin perder tiempo, todos atacaron a la vez, ignorando con qué clase de criatura se habían topado. El veterano soldado de la Unión volvería a la acción.
Raudo esquivo los primeros ataques, escurriéndose entre ellos, se concentró en los más lentos. Una bestia gorda de larga barba cargó directamente contra el humano, atacando con su enorme martillo de piedra. Dio un golpe vertical apuntando a la cabeza, pero falló estrepitosamente por la agilidad de su adversario. Por el costado, otro ataque apareció de repente dándole en el brazo al intentar cubrirse. Sonriendo grotescamente, aquel troll esperaba ansioso ver su sangre correr por su arma, casi al instante, el puño derecho del soldado se hundió en su cara. Revolcándose tremendamente dolorido, observó entre lágrimas y sangre como su arma se había roto. Cuando estaba a punto de rematarlo, otro ataque iba por su cuello. Un delgado troll había intentado darle con su martillo en el pecho. En un ágil y elegante movimiento, Oriol dejó pasar el trozo de piedra, clavando su hoja en el costado de aquel feo monstruo. Inmóvil, el troll sentía como la delgada hoja le atravesaba el corazón hasta llegar al otro lado. Conservando aquella pasmada mirada, la cuchilla se deslizó hacia afuera de su cuerpo, entre espasmos, cayó muerto dejado un pequeño charco de sangre. Observando su hoja teñida de un rojo oscuro, un solo pensamiento vino a la mente del soldado mientras la lluvia limpiaba su arma— «Uno»
—¡Maldito!, ¡Hijo de perra! —no tardó en rugir otro al verlo voltear hacia ellos. Alzando su arma, gritó con toda fuerza de sus pulmones mientras cargaba— ¡Muere!
Como un fantasma en la tiniebla, Oriol se deslizó entre la lluvia rumbo al desafío. Un sonido limpio separó la cabeza del cuerpo del troll, provocando que su gordo cuerpo diera unos pasos más antes de caer en un charco de agua tiñéndolo de rojo. Limpiando su cuchilla en un movimiento de arco, todos estos seres observaron sus brillantes ojos cuando levantó la mirada; azul y rosa. — «Dos»
Dudosos de atacar, escucharon como aquella criatura lampiña les gritaba con voz firme señalando el cadáver a su lado con la punta de su hoja— ¡Será mejor que se larguen si no quieren terminar como él!
Sorprendidos de oírlo hablar perfectamente su lengua, el más grande y "fornido" respondió rugiendo en cólera— ¡Ah!, ¡Tu matar a hermanos troll!, ¡Troll tener hambre!, ¡Troll matarte a ti!, ¡Para luego comer Ponys dentro de choza Pony!
Aquellas palabras fueron el detonante en la mente del soldado, ahora si era personal. Súbitamente, aquellas resplandecientes luces avanzaron a toda velocidad escurriéndose en la lluvia. Con el objetivo de dar un ataque vertical sobre el Troll, Oriol dio un gran salto en su dirección. Previendo el ataque, éste intentó bloquear el golpe con el mango su de hacha, sin embargo, el reflejo de la hoja le atravesó sin problema. Entre balbuceos y espasmos, dio su último aliento antes de partirse en dos. Levantando su arma, el soldado siguió adelante susurrando— Tres.
Viéndolo caminar tan tranquilo los puso furiosos, gritando decididos a matar al culpable, cargaron todos nuevamente, sin embargo, uno a uno fueron cayendo ante la inmisericorde cuchilla del humano, esto sería rápido... para él:
Su enemigo atacó con ira. Oriol esquivó el lento ataque de su hacha y le cortó una pierna. El troll cayó sujetando su herida entre gritos, acto seguido el soldado giró sobre su propio eje para soltar una patada. Un compañero del Troll caído, el cual iba atacar por la espalda, fue sorprendido con una patada directamente en su cara. Sintió el tronar de sus dientes, mientras miraba atónito el impecable arte marcial del gigante.
Aprovechando el momento, el humano le agarró del cuello usándolo como escudo justo antes de que un martillo le golpeara la cabeza. Recibiendo el golpe del último de compañeros, un gran tajo le desgarró el cuello terminando el trabajo, viendo caer a su víctima, Oriol tomó el hacha de sus inertes manos. Guardando su hoja, dio una potente patada al impactado troll frente a él, recibiendo de lleno el precario filo del arma sobre su cráneo. Con el arma entre los ojos, el último de los trolls se desplomó de lleno ante la despectiva mirada del soldado.
—Seis —Murmuró mientras la lluvia limpiaba su rostro.
Poco a poco, el aguacero fue menguando, pronto llegaría a su fin. Ni siquiera las gotas de lluvia pudieron limpiar la sangre roja de sus ropajes, respiraba tranquilo como siempre había hecho al final de cada batalla, estaba consciente del porqué lo había hecho y con eso era suficiente.
De repente, los quejidos de aquel troll sin pierna llegaron a sus oídos. Recogiendo una de las hachas de uno de sus enemigos, caminó hacia él. Moribundo, el pobre diablo intentaba por todos los medios escapar dejando un rastro de abundante sangre roja a lo largo del trayecto. Rechinaba los dientes con ira a la vez que sus brazos le hacían avanzar, acto seguido, una fuerte patada en el pecho lo volteó. Quedando frente a frente con la criatura que los había masacrado, viendo claramente el fantasmagórico miasma negro que brotaba de su piel. Con ambos brillos rosa fijos en él, escupió sus piernas gritando en cólera.
— ¡Bastardo lampiño!, ¡Troll jura matarte, troll jura…! —Slash— ¡AAAAAAHHH!
Con una mirada de total desprecio, el soldado clavó sin piedad el hacha en el abdomen de la criatura para hacerla callar, en aquellos fluorescentes ojos solo había asco. Estaba enojado, no, furioso por las intenciones de estas bestias, ellos venían a comerse a los Ponys de esta granja solo porque podían y quien sabe que cosa más, eran precisamente como Cream les había contado. Determinado, no mostraría ninguna piedad de parte suya, pues sabía que ellos tampoco lo harían.
—¿Hay más como tú?, ¿Dónde están?, ¿Por que vinieron aquí?, ¿Eh?, ¡Responde! —Exigió desplegando su hoja. A pocos centímetros de la garganta del malformado troll, éste mantuvo silencio mirando fijamente el filo rozar su piel. Oriol se mostró impaciente, clavando lentamente la hoja en su pecho le hizo retorcerse en agonía.
Maldiciendo a todo pulmón, finalmente respondió algo coherente— ¡Troll no decirte nada!, rata lampiña —Tomando desafiante la hoja, ésta le cortaba la palma manchándose de color carmesí— Mátame y jefe venir por ti y Ponys, ¡yo no tenerte miedo!
Replegando su cuchilla, Oriol se arrodilló tomando la ensangrentada mano del troll con ira en el rostro. Su voz, levemente más grave y mucho más amenazante, rápidamente fue opacada por el crujir de los huesos y gritos de su víctima— Mientes… aprenderás a temerme… y aprenderás, a no mentirme.
Lentamente los ojos del troll se abrieron presa del terror al sentir un insoportable dolor en el pecho sumado al de su mano— Tarde o temprano, dirás la verdad… aunque tenga que quebrar cada uno de tus miserables huesos. —Tomándolo suavemente, esta vez por el codo, a la bestia ésta intentó resistirse a pesar del dolor, ¡Crack!, su brazo, ahora colgaba flácido entre los de Oriol.
—No me las arrebataran… ¡¿Oíste?! —ignorando los chillidos de la criatura, continuó con el siguiente hueso.— Si que, ¡Habla! —¡Crack!
Cerca de allí, en las ventanas del segundo piso de la casa de los New Apple, Bubbles, Winter y sus hijas. Temblaban aterradas al oír los desgarradores gritos del troll resistiéndose, agradeciendo que el velo de la noche no les dejara ver lo que había pasado, tenían tanto miedo que no se atrevían a asomarse.
Ambas gemelas, con lágrimas ocultas y los cascos de su madre y Climsy en las orejas, rogaban porque Ori estuviera bien.
Casi una hora después, Oriol soltó los rotos dedos del troll luego de que contara todo lo que sabía. Iac mantuvo silencio. Le miró con un profundo odio a la vez que éste le miraba pidiendo misericordia, pues no solo le dijo lo que quería saber, sino todo lo que había hecho antes de llegar aquí. Al voltear hacia la casa, tomó su decisión. Colocando su hoja justo en frente de la garganta de la criatura, alzándola lentamente, hizo una pausa de acabar con su vida.
Tímidamente, una lagrima de ira salio del ojo izquierdo del soldado y leve tono quebrado.— Las protegeré cueste lo que cueste, no permitiré que me roben...
Mientras el sol comenzaba a asomarse en el horizonte, entre el suave olor de la humedad del suelo, el primer rayo de un nuevo día se reflejó en la metálica hoja antes de volver a teñir la tierra de rojo.
—...Mi felicidad.
(Reedicion a version final 24/04/19)
NA: Buenas gente, vaya semana, ¿No?, uf, la mia fue más dura de lo que esperaba, pero ya estoy aquí UwU
Por fortuna aprobé los exámenes, alguno mejores que otros, pero bueno, nadie es perfecto xD
(Inserte Gif de Maud Guiñando el ojo)
PD: UnSimpleEscritor, muchísimas gracias por asesorarme en este proyecto, sin ti, mis escritos no serian los mismo, y estarían destinados a la decadencia y mediocridad eterna, mil gracias amigo. :3
