Capítulo 5: Ascuas de medianoche (2)
Amanece tras la lluvia del día anterior. Un arcoíris, tímido y casi transparente, decoraba el firmamento mezclado con una breve niebla matutina. La tierra, húmeda y fría, se calentaba a medida que el sol ganaba altura. Allí, entre los manzanos y edificios de la granja; Sweet Apple Dreams, el cabello color cian de Oriol ondulaba junto al viento, observando sentado a varios de los enemigos que anoche vinieron a atacar, los cuales ahora nada más eran cadáveres.
El soldado humano, que apenas llevaba dos semanas en esta tierra desconocida, buscaba resguardarse de su vida pasada entre la tranquilidad de sus nuevas experiencias. Había encontrado muchas cosas que creyó perdidas en él; la risa, la esperanza de un nuevo comienzo y el querer proteger a los demás. Emociones tan importantes como peligrosas para un militar. Aunque eso no le importaba, protegería esos sentimientos a capa y espada de ser necesario, sin embargo, a su alrededor yacían las pruebas de que no sería un camino fácil. Esta tierra, Equestria, como la llamaban sus habitantes, tenía más peligros de lo que había imaginado, claro que, no podían compararse con las tragedias ni horribles cosas que vio en el pasado. De todas formas, eran suficientes para no seguir ignorándolas, ésta tierra no era de ensueños, tampoco un paraíso, ni un lugar pacifico, al menos, no en estos tiempos.
Escondido en su mente, Oriol sentía culpa junto a una pizca de miedo. Las cosas que hizo antes de la salida del sol fueron un golpe certero a su realidad; no creyó volver a manchar tan pronto su hoja después de las arañas. Había estado entrenando cada mañana para un momento así; tal cual como dictaba el inflexible código del paladín, al cual todavía se aferraba con fuerza. Del mismo modo que lo hacía para conservar la ilusión de que nada de su pasado había ocurrido. Sin embargo, las pesadillas que le despertaban cada noche, eran un recordatorio de su corta estancia junto a los Ponys, mientras que anterior a ellos, cargaba consigo más de diez años de cruenta guerra, y él, aún intentando mentirse, no lo lograba.
Siempre estuvo consciente de que tenía demasiada imaginación para un soldado, demasiada esperanza de que las cosas podría cambiar de un día para otro. En el pasado, eso le había servido para no llevar su cañón contra sí mismo, no fueron pocas las ocasiones en las cuales vió a sus semejantes volarse la cabeza para acabar con el dolor, varias veces consideró imitarlos después de que lentamente lo perdía todo; desde sus amigos, su familia, su propio cuerpo… su hogar y todo rastro de él. Una vez más, las palabras de dicho código al que tanto se aferraba, le recordaban que, para un soldado, la guerra nunca acaba.
Fuese cual fuese la realidad, la verdad, lo que provocaba esa culpa, era poder perder la confianza de aquellos a quienes les había agarrado cariño. Por poco que fuera el tiempo a su lado, era suficiente para valer la pena. Su causa, inquebrantable pero flexible, era una sola: memorar a los caídos que un día le acompañaron en batalla, no intentar resolver el incoherente misterio de su aparición en Equestria, al menos, no por ahora. Mientras se mantuviera en esos parámetros, podía hacer lo que quisiera.
El hecho de volver a sentir que le miraran con ojos temerosos, llenaba su corazón de nostalgia. Tanto si fuera Gold, Cream, las pequeñas gemelas de Winter, o ella misma, pensarlo le paralizaba. No podía evitar observar en silencio la casona preguntándose si le habían escuchado, o peor, si le habían visto ser así de despiadado, después de todo, los viejos hábitos son difíciles de borrar, más aún cuando eran pan de cada día.
Cómo no hacerlo si era veterano de cientos de batallas que lo dejaron profundamente marcado, las cosas que hizo la noche anterior no eran nada comparadas con las que tuvo que hacer para sobrevivir en el pasado, pero en esos momentos, en reiteradas ocasiones se imaginaba a las gemelas teniéndole miedo… era algo que le aterraba, volver a estar solo.
—¿Qué voy hacer Iac? —murmuró desalentado con las piernas cruzadas en el césped. Con el sol aclarando su cabello, miraba con desdén sus manos manchadas de rojo— ¿Qué puedo hacer ahora? —agachó la cabeza dejando sus ojos en la sombra— ya no sé qué hacer.
Hubo silencio, su compañero mental optó por no responder, quizá esa era la mejor opción que pudo haber tomado. Tenía claro que Oriol no disfrutaba su victoria, más aun, estaba preocupado de que la oscuridad, o peor, "él" emergiera fruto de tales emociones; si veía el miasma negro brotándole del cuerpo, tenía ya preparada una depuración si así ocurría, ese charlatán no era nada comparado con la tercera llama.
Su respiración poco a poco se recuperaba, aunque el cansancio no era algo tan fuerte en aquel momento, una gota de sudor frío le recorría el cuello perdiéndose entre sus ropajes de lana blanca— No sabría qué hacer si Winter me ve así…—Sonaba melancólico, hizo una pausa para levantarse, mirando con desprecio a sus enemigos caídos— por lo menos… me desharé de ustedes. Pedazos de mierda, maldición, todo iba de maravilla hasta que llegaron —Sin decir nada más, dio un último vistazo a las ventanas de la casa, en ellas, los reflejos del sol casi parecían los plateados ojos de Bubbles, eso le hizo pensar— «¿Me pregunto si tú me tienes miedo?»
Visiblemente decaído, pero sin perder su firme postura, tomó al troll más cercano por el brazo hasta subirlo a su hombro; siendo el mismo que recibió la puñalada por el lateral, había dejado un gran charco en su lugar. Cargando con el cadáver, emprendió camino en dirección al perímetro, no los enterraría, no merecían tal honor, pues eran bestias indignas de volver a la tierra, si pudiera quemarlos seguro lo habría hecho. Una vez dentro del bosque, Oriol lanzó al muerto como la sucia pila de carne que era, dándose cuenta que más encima le había manchado el preciado chaleco que Cream le regaló días atrás.
—¡Genial!, ¡Gracias pedazo de…!, ¡Grrh! —Exclamó iracundo dándole una patada al cuerpo.
Sintiendo que era el momento para hablar, el tono firme de Iac resonó en su cabeza—Calma Oriol, ya está muerto, no hay necesidad de que te sigas manchando los pies —cambiando a un tono más compasivo, intentó distraer al gigante de su enojo, pues no quería tener que recurrir a la depuración, no cuando la luna llena estaba tan cerca—Tienes cosas más importantes que hacer, aún queda avisarle a esa pony blanca lo que va a pasar si no se van, ¿quieres protegerlas?, entonces fíjate en las prioridades y no en la basura.
—Carajo —Chasqueó molesto observando su chaleco con extensas marcas carmesí en el pecho y el hombro— Aun después de muertos dan problemas —murmuró irritado retirándose la prenda, dejándola sobre la rama de un árbol en la sombra. Pensar en deshacerse de su querido chaleco le irritaba tanto como le entristecía; era rustico y picaba un poco, pero le mantenía caliente y tenía todo el cariño de la terrestre pelirroja.
— ¿Crees que se pueda quitar?, no quiero tener que tirarla, Cream tuvo que pagar por él y no quiero desperdiciar su dinero.
—No lo sé, esperemos que sí —contestó Iac en seco centrándose en el objetivo principal— Vamos, aún tenemos cinco cuerpos que sacar de la granja, no perdamos tiempo, pronto la curiosidad vencerá el miedo de esas yeguas y saldrán a ver qué pasó, si no es que ya lo han hecho.
—Tienes razón, aún hay trabajo que hacer, además… —Su tono se volvió frio y hostil mientras fruncía el ceño y apretaba los puños—…pronto serán más de cinco.
Eso sí, no dejaría su chaleco en ese lugar, y para evitar mancharlo, lo vestiría en la cadera quedando con el pecho descubierto. Esa prenda de lana era la única ropa que tenía para el torso, en sus piernas, su pantalón blanco aún seguía limpio, húmedo por la lluvia, pero limpio, si se machaba, volver a tener que usar la manta de Cream no le agradaba, era muy especial como para ensuciarla con algo tan asqueroso como la sangre de troll.
De esta forma, uno a uno fue llevándose los cadáveres al hombro, junto a sus primitivas armas y alguna que otra extremidad que encontró tirada, sin embargo, mientras transportaba al penúltimo de los muertos, en su pensamiento abundaban las dudas.
—«Ese troll no podía mentir, si todo lo que me dijo era verdad, no será suficiente con dejar a Winter y sus niñas fuera de la propiedad… no puedo creer la clase de cosas que los trolls pensaban hacerles, Iac, no sabes cuánto me alegra haber estado allí… aunque por ello me puedan temer».
—«Hiciste lo correcto Oriol, no te tortures así, eres un soldado, enorgullécete. Aparte, intentaste hablarles y no funcionó. De todos modos, aún no puedo procesar bien su lenguaje» —Iac podía percibir como su compañero se calmaba, esa era una buena noticia.
—«¡Por supuesto que estoy orgulloso!» —Exclamó en pensamientos— «Espera… ¿Cómo que lenguaje?, creí que tú también podías oírlos, ¿o sea que tampoco entiendes a los Ponys?, ¿Eso es lo que me quieres decir?» —Añadió el gigante agregando otro cadáver a la pila; con ese eran cinco, solo faltaba uno.
—«Claro que puedo entenderlos» —Respondió de inmediato de forma tranquila— «Pero cuando los escucho a través de tus oídos, solo oigo palabras sin sentido, balbuceos, relinchos y demás, es cosa de milisegundos que puedo interpretar lo que dicen gracias a tu cerebro, es…»
—«¿Extraño?» —Interrumpió Oriol mientras caminaba de vuelta a la granja, a lo que Iac contestó— «No, es curioso».
Saliendo de entre árboles del exterior, solo quedaba llevar al último de los enemigos caídos, sin embargo, al ver lo que le esperaba, o mejor dicho, quien lo esperaba, una fría sensación le recorrió la espalda sacándolo de sus pensamientos.
Winter Flower, con su cabello liso y desarreglado, tenía la mirada fija en el cuerpo del troll. Con escalofriante lentitud, alzó la vista hasta cruzarse con la de Oriol, sus ojos, fríos como el hielo, carecían de todo brillo y eran casi como los de un muerto. De pronto los miedos del gigante parecían confirmarse, aun así, mantuvo la compostura y continuó firme hacia ella sin detenerse.
La terrestre desvió la mirada hacia el humano al tenerlo a pocos metros de ella, hablándole con voz gélida— Climsy me dijo que estarías aquí, ella tenía miedo de que estuvieras muerto.
Dudoso, Oriol siguió caminando fingiendo ignorarla, pero, mientras más se acercaba, más le costaba mirarla a los ojos. Con cada paso, la tentación de evitar aquellos azulados témpanos de hielo era cada vez más difícil.
Fue él quien desvió finalmente la vista con el único propósito de llevarse el cuerpo tomándolo por sus destrozados brazos. No obstante, antes de que pudiese levantarlo como al resto, los cascos de Winter parándose sobre el cuerpo le obligaron a detenerse. Verla mirar las heridas y su cara malformada por los golpes, su aptitud pronto comenzaría a preocuparlo, ¿Dónde había quedado aquella alegre madre cuyos ojos desbordaban de amor y ternura?
Era inevitable no hablarle, a pesar de lo que pudiera responder, debía decirle algo— Winter… no quería que vieras eso, yo... ¿Winter? —Estaba siendo ignorado, aquellos ojos azules estaban perdidos en el cadáver, mientras empezaba a fruncir el ceño a la vez que comenzaba a golpearlo; primero con leves toques hasta terminar dándole violentos pisotones con ambos cascos, gritándole como si estuviese vivo, se estaba desquitando.
— ¡Mal nacido!, ¡Como te atreves a venir a mi casa!, ¡Como te atreves…! —Las lágrimas recorrían sus mejillas— Maldito… no les bastó con devastar mi hogar, ¿por qué no se pueden morir todos de una vez…? —sniff, sus energías se agotaban— ¿Por qué tienen que seguir existiendo? —sentada en el pecho del troll, rompió en llanto.
Oriol no soportó verla así, quería consolarla, pero sus dudas le impidieron actuar de inmediato. Finalmente se decidió; sin importar lo que dijeran o si se llevaba algunos golpes, aun así, las querría, y por tal, aunque le pidieran que se fuera, él las protegería. Por lo mismo, llevó a Winter a sus brazos sin importarle lo que pasara después. La pobre pony lloraba desconsolada de la impotencia apoyándose en sus pectorales, alcanzado a oír los ligeros balbuceos de una madre asustada que temía por la seguridad de sus hijos.
—Gracias, gracias… de verdad, gracias por matarlos, gracias por protegernos… —Decía entre lágrimas para la sorpresa del gigante, ahora su mente estaba tranquila, había hecho lo correcto. —…gracias por protegernos.
Pasaron varios minutos en los que Winter ahogó sus penas antes de volver a la calma. Oriol, aunque no quería, tuvo que apartarla cuando estuviera más tranquila, pues sería una lástima que tan fino pelaje blanco quedara manchado por su culpa.
—Está bien, ya paso, ¿sí?, no dejaría que les pasara nada —Habló con ternura y seguridad. Una solitaria gota se perdió entre las ranuras del metal de su mano al acariciar su mejilla— Aun estoy aquí, y no me pienso ir a ningún lado.
Al verle sonreír apoyada en su mano, el gigante desvió la mirada con algo de culpa— «¿Sería muy pronto para decirles lo que descubrí?»
De forma compasiva, Iac, como el apoyo que era, le recordó sus objetivos— «Debes hacerlo, será más difícil mientras más calma tengan, si quieres asegurar su supervivencia, mejor actúa»
Oriol asintió, no debía seguir perdiendo el tiempo, ni menos dudando. Apartando su mano de la pony, ésta le miró; el brillo en sus ojos azules había vuelto, al igual que su tierna y cálida sonrisa— Winter, cuando vuelva tengo que hablar contigo, es importante. Por ahora ve a casa a descansar, por favor, asegúrate de que las niñas no salgan hasta que vuelva, puede que estos… —ambos miraron el cuerpo del Troll por un momento—…no sean los únicos, yo me aseguraré de que las pequeñas no se enteren, ¿Está bien?, solo mantenlas en casa.
Sin protesta alguna, la terrestre asintió con serenidad volviendo a casa sin prisa, mientras, Oriol debía deshacerse de los cuerpos. Su mente ya no era un caos, saber que había hecho lo correcto ahora le daba una gran satisfacción.
Cuando tuvo al último de ellos encima, volteó para observar la casona con seguridad, luego, emprendió camino. Más tarde debería hablar con ella sobre su desafortunado hallazgo, pero primero esperaría a que se calmara un poco más para contarle la información que consiguió del enemigo, debería decirles que ya no era seguro quedarse en su granja, y que deberían ir a resguardarse en el pueblo, al menos hasta que se decidiera del problema personalmente.
En tanto Oriol se perdía entre los árboles, Bubbles observaba escondida a un lado de una ventana del segundo piso, era poco común que ella mantuviera ambos ojos centrados, aunque le dolía un poco si lo hacía por mucho tiempo.
Desde que le despertaron los alaridos de la noche anterior, no había podido conciliar el sueño, estaba asustada en aquel momento, pero cuando los aterradores ruidos se detuvieron, no pudo evitar asomarse a ver; a pesar de que Winter le dijo que no lo hiciera.
—«No queremos más enfermos» —Las palabras de Cream aún resonaban en su cabeza.
Gracias a la amabilidad de Winter, pudo quedarse a dormir tras llegar pasada la tarde de ayer. No le reveló a nadie las cosas que estaban pasando en el pueblo, tenía miedo de que le negaran el alojamiento si decía algo, además, inocentemente seguía las órdenes de la doctora, o al menos así lo veía ella.
—Uh… Señora Winter, ¿Por qué tarda tanto? —Titubeó nerviosa pegada a la ventana.
Antes de salir, la dueña de casa le había pedido que se quedara cuidando a las gemelas AS y AQ dentro de casa mientras ella iba a investigar: AS y AQ eran los apodos que Bubbles les había puesto de cariño. Decir Apple Seed o Apple Cocoon era muy difícil debido a su tartamudez, podía decir palabras cortas a la perfección y pasar desapercibida hablando con ligera lentitud, sin embargo, las palabras largas eran su punto débil, por lo que muchas veces terminaba confundiéndolas.
Las tres estaban juntas en el segundo piso en la habitación de Winter: Una habitación más grande comparada a las otras, disponía de una decoración clásica que combinaba perfectamente con las paredes de madera pintadas de claro color crema, siendo en el centro donde estaba el lecho matrimonial que compartía con su esposo Kai; el hermano de Gold y padre de ambas potrillas. El cual ahora mismo, se había convertido en un improvisado fuerte de sabanas y almohadas.
Sobre la cama y cubiertas con las sabanas a modo de infantil protección, la pegaso se resguardó junto a las hermanas Apple. Tenía miedo, nunca en su vida había escuchado semejantes gritos y menos de dolor, ni siquiera los truenos le provocaban semejante temor, pues esos eran breves y era ruido inofensivo, pero, aquellos gritos… casi la hacen salir corriendo despavorida cual gallina asustada. Aun así, no podía demostrarlo frente a las pequeñas, era una adulta después de todo, o eso era lo que se repetía a cada vez que sentía nervios.
Dentro del fuerte, la gemela mayor, Apple Cocoon, llamó su atención apoyándose en su pecho, su tono, aunque temeroso, era tranquilo— ¿Bubbles? —Sus ojos se encontraron, la pegaso se esforzó por parecer una yegua llena de confianza— ¿Dónde fue mi ma'h?
Intentando no tartamudear por los nervios, respondió con una sonrisa gentil—No se preocupen niñas, su mamá fue a ver que el grandote este bien, pronto volverá.
La pequeña Apple Seed también se hizo un hueco en el pecho de la pegaso, aunque guardaba la calma, sus pupilas dilatadas demostraban su preocupación— ¿Estará bien?, Ori es muy fuerte… nada le haría daño, ¿verdad?, ¿ni siquiera los monstruos que se llevaron a las ovejas?, ¿verdad?
—Así es pequeña, él es muy fuerte, me dijo que las cuidaría si algún malo aparece —Aunque en realidad poco y nada había hablado con él cuando llegó. Aunque no le gustaba mentir, debía mantener a las niñas tranquilas, y a veces una mentira no hace daño, sin embargo, lo que comentó la gemela menor le llamó la atención— Espera… ¿Dijiste las ovejas?, ¿viste lo que se llevó a las ovejas?
Antes de que la pequeña Apple Seed le dijera algo, la voz de Winter se oyó escaleras abajo— ¿Bubbles? —ambas gemelas levantaron las cabezas muy atentas a la voz de su madre— ¿Bubbles me oyes?, ¿puedes bajar un momento?, necesito hablar contigo.
—¡Ma'h!, ¡Ma'h!, ¡¿Qué pasó ma'h?! —Llamaba Apple Cocoon asomándose energéticamente fuera del fuerte de sabanas. Apple Seed también se asomó pegada a su hermana, contrario a ella, era más relajada y su voz más suave— ¿Ori está bien?
A toda prisa, la pegaso salió de su escondite respondiendo los llamados.
—Tranquilas nenas, su mamá está bien y Ori también debe estarlo, pero me están llamando y debó ir—susurró pasando sus alas a modo de caricia sobre sus melenas— Ahora vuelvo, ¿sí? — Ambas asintieron quedándose en su fuerte de sábanas viendo a la pegaso salir por la puerta.
—¡Ahora voy señora Winter! —Contestó atravesando el pasillo y bajando las escaleras.
Una vez abajo, Climsy observó a la terrestre sentada en el sofá, parecía nerviosa, teniendo un ligero tic en uno de los cascos.
—Siéntate a mi lado Bubbles, debo decirte algo —Dijo en tono tranquilo, su aptitud no la tranquilizaba, con esa postura y ese ambiente, sabía que venían malas noticias.
Lentamente caminó poniéndose a su lado, ambas quedaron en silencio, los nervios de Bubbles aumentaron, si no decía nada, éstos terminarían traicionándola. Aún con todas sus fuerzas para modular sus palabras, no pudo evitar tartamudear— Que, que, que, ¿qué pasa?
—Aparecieron trolls en la granja, Oriol acabó con ellos, pero… ¿entiendes lo que significa eso? —Súbitamente las pupilas de la pegaso se contrajeron, su ritmo cardíaco se aceleró, y su respiración comenzó a agitarse.
Los recuerdos comenzaron a fluir para ambas yeguas, esas horribles bestias eran conocidas por toda Equestria por su crueldad y sadismo, yendo por todos lados buscando que destruir, a quien comerse o con quien "divertirse". Tanto Bubbles como Winter tenían sus razones personales con ellos, Winter los odiaba a muerte, y Climsy les temía sobre todas las cosas. Una vez más, el cruel destino había colocado a esos monstruos en sus caminos.
Agitada, Bubbles intentaba respirar y tranquilizarse, y a pesar de querer ocultarlo, eso lo hacía más obvio. De las decenas de palabras que salían de su boca solo unas pocas eran entendibles
—¿Cómo…? Po, por, —Se había trabado, dándose unos segundos antes de seguir— ¿por ¡que!?, es, es, es, ¡¿están ahí fuera?!
—No, ya te lo dije —Contestó Winter muy seria, dando un respiro de alivio y esbozando una sonrisa— Oriol los mató… los mató a todos.
Eso fue un respiro, la pobre pegaso ya había comenzado a sudar y a marearse, no hallaba las palabras para expresar la gratitud que sentía en aquel momento contra ese musculoso gigante.
—Pero, ¿Dónde ésta?, ¿Está bien?, ¿lo hirieron?
Toc, toc, toc. El golpeteo en la puerta principal de la casa hizo que Bubbles saltara del susto, Winter por su parte se levantó sin decir nada dirigiéndose a contestar. Expandiendo sus alas, la pegaso dio un salto parándose frente a la terrestre deteniéndola, ésta, en lugar de tomarle atención giró la cabeza viendo el desorden causado por aquel impulso, negó con la cabeza dándole un poco de risa la inocencia de Climsy.
—No, no, no, —Nuevamente se había trabado, dejándolo salir todo de golpe —¡no vaya señora Winter!, puede ser un troll —Advirtió Climsy tomándola por los hombros, los cascos le temblaban casi tanto como le temblaban las patas traseras.
—Los trolls no tocan a la puerta —Señaló apartándose con cuidado los cascos de Bubbles— No te preocupes, ya es seguro.
Antes de abrir, Bubbles se escondió a toda prisa en lo primero que encontró; Una maceta. Un escondite perfecto para un conejo, pero no tanto para una temblorosa Pony adulta. En cuanto la puerta dejó entrar la luz del sol, la sombra de Oriol cubrió por completo a la terrestre.
—Tenemos que hablar Winter, me temo que ya no podrán quedarse aquí… —Bajando las orejas, la terrestre le interrumpió con el casco en la pierna, diciéndole— Vamos afuera.
—¿Bubbles? —Llamó girando la cabeza con tono frio, de inmediato, una muy visible pegaso alzó la mirada— Cuida a mis pequeñas, no dejes que salgan de la casa, en la cocina hay comida lista por si tienen hambre, solo tienes que calentarla, vuelvo enseguida —Tras decir eso, la puerta se cerró suavemente.
—Rayos… —Murmuró Climsy— ¿Desde cuándo la señora Winter es tan fría? —Sin despegar el cuerpo del piso, se arrastró hasta las escaleras, subió con sumo cuidado de no causar ningún rechinido y se introdujo nuevamente en la habitación, aún estaba temblando de los nervios, pero aquí, entre las cálidas paredes color crema, se sentía segura.
Sin embargo, al querer meterse en las sabanas no encontró nada, lo que provocó que casi le diera un ataque al corazón. Súbitamente, cuatro pequeños cascos emergieron desde debajo de la cama agarrando las patas de la preocupada pegaso— ¡Boo!
En ese instante, una intensa vibración recorrió cada centímetro de Climsy, desde la punta de la nariz hasta el final de su cola, acto seguido, un ruido seco pudo oírse antes de que infantiles risas invadieran la habitación.
Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Winter al oír a sus hijas reír, hacía mucho tiempo que no tenía esta aptitud tan fría, pero la situación lo ameritaba, lo que Oriol le iba a decir no era ninguna broma.
—¿Qué es lo que ibas a decirme? —Preguntó insegura, el rostro del humano estaba serio, ambos, como adultos que eran, tenían clara la magnitud de la situación.
Tomando asiento en el suelo para estar al mismo nivel, cruzó las piernas antes de hablar, su tono firme y su mirada intrigaban a la Pony frente a él, exhalando, explicó— Winter, esta granja ya no es segura, me temo que tendrán que irse de aquí por un tiempo. Cuando interrogué a ese… "troll" —frunció el ceño— me di cuenta que no eran solo seis de ellos, hubo dos que se fueron antes de que yo acabara con el resto, esos se llevaron las ovejas, lo siento… pero me temo que la cosa no mejora.
—Continua —Respondió la terrestre sentándose frente a él, poco a poco, su rostro cambiaba perdiendo sus expresiones.
Suspirando para calmar su enojo, explicó— También me dijo que tienen un campamento no muy lejos de ManeTown, cerca del río del norte. No deben llevar más de dos días aquí, todas las mañanas recorro el perímetro buscando huellas y nunca encontré ninguna que no fuera más grande que la pata de un cerdo, siento que en parte es mi culpa por no buscar más lejos, pero no creí que... ¿estás bien?
—Cerca del rio… —Musitó con la mente en blanco, no quería creerlo, su preocupación aumentaba, si se refería al lugar que ella pensaba, sus peores miedos se harían realidad— ¿Te dijo algo más?, ¿Algo sobre el lugar donde se quedaban?
Oriol sacudió la cabeza, no por negación, sino por molestia— Dijo que habían capturado algunos ponys la tarde anterior, llevaban comida, trapos o como le llamen a la ropa, y muchas cosas "brillantes", intuyo que eran mercaderes —una aguja se clavó en el corazón de Winter— Dijo que los capturaron cerca del sendero que cruza las colinas hermanas.
—¡¿Las colinas hermanas?! —Respondió exaltada, ahora, su expresión fría había sido reemplazada por una de preocupación, abrumada por esa revelación, comenzó a moverse de un lado a otro sumida en la ansiedad.
—¿Qué pasa con las colinas hermanas? —Preguntó rápidamente el gigante, esto solo podía ir a peor.
—¡Es el camino que siempre toma mi esposo para volver!, si los trolls se asentaron allí… —Llevándose un casco a la boca, sentía como éste le temblaba— ¿Qué vamos a hacer?, llegan mañana, si no hacemos algo los van a matar… ¡¿Qué pasa si eran ellos?!
Viendo su inminente colapso, Oriol intentó calmarla llevándola a sus brazos; a pesar de querer mostrarse fría y segura, siempre hay límites cuando se trata de alguien especial.
—Vamos vamos… —Le habló reconfortante al separarse de ella— Una cosa a la vez, ¿Sí?, aún falta para que Gold llegue a ese tramo, iré de inmediato en cuanto me asegure de que ustedes están a salvo, no me arriesgaré a que pueda ocurrirles algo mientras no estoy.
—Pero… ¿dónde podremos quedarnos?, este es nuestro hogar…—Respondió con leve voz quebrada— …es todo lo que tenemos.
—Esto no me gusta más que a ti… pero —exhaló—, tendrán que quedarse en el pueblo, es el único lugar con seguridad que hay, o que conozco, y es el único lugar donde aceptaré dejarlas.
Winter guardó silencio, con todo eso de la enfermedad de las arañas, ella y su esposo habían decidido no ir al pueblo para evitar contagiarse, en su granja lo tenían casi todo; agua, comida, trabajo. Por lo que tampoco era necesario visitarlo, no obstante, siempre faltaba algo que solo en el pueblo podían conseguir, además de que las niñas ya habían perdido muchas clases en la escuela local. Antes de que Oriol llegara a sus vidas, éstas se la pasaban aburridas sin nada que hacer, eran muy pequeñas para ayudar a papá en las labores pesadas, y mamá se encargaba de la mayoría de las actividades menores, además, sus crayones no les durarían para siempre, y tarde o temprano, extrañarían a sus amigos de la escuela.
—Está bien… —El bien estar de sus hijas era lo más importante aquí, si por ello debían abandonar la granja, así seria.
Oriol respiró aliviado— Puede que Cream los aloje mientras yo estoy fuera, intentaré no exponerme demasiado y…
El casco de Winter le interrumpió al notar las intenciones del gigante— ¡¿Acaso piensas ir solo?!, ¡no!, simplemente no, Oriol, no puedes ir tu solo, te van a matar.
—Si no lo hago Gold y tu esposo corren un grave peligro, además, nadie me va a ayudar si lo pido, los ponys del pueblo me temen demasiado como para siquiera acercarse a mí.
—¿Temerte? —Destacó exaltada— ¿Por qué lo harían?, ¿Qué razones tendrían si tú no has hecho nada?, desde que Gold te trajo con nosotros no has salido de la granja, ¿o sí?
Oriol negó con la cabeza, ni él conocía al cien por ciento su condición; ni el por qué podía hablar con los Ponys, ni porque no le podían mentir, o ya en general, su aparición en esta tierra. — ¿Recuerdas la primera vez que llegué?, ¿recuerdas que apariencia tenía yo?
Inmediatamente Winter lo comprendió, en sus memorias, cuando Gold volvió de la expedición, traía consigo una bestia cubierta de miasma negro, tan oscuro como la noche misma, les provocó un terrible temor a todos, aun recordaba cuando salieron despavoridos a ocultarse en casa, y no fue hasta que los tocó que la oscuridad desapareció revelando al ser que ahora tenía en frente.
—¿Ahora lo entiendes? —Consultó gentilmente— No es algo que yo quiera que aparezca, solo está allí, nadie me va a ayudar.
—¿Qué tal Silver? —Contestó segura— Gold me dijo que también le habías salvado la vida —Oriol hizo una mueca desconfiando— Todos le conocen por su lealtad a sus amigos y a sus deudas, no creo que rechace ayudarte, si él va, muchos otros se te unirán.
—No ese no es el problema —Explicó el gigante— Mi relación con él no es muy buena, además de que con Cream…
Los cascos de Winter se escabulleron por sus costados, era muy ancho como para rodearlo, pero de inmediato entendió su intención, le estaba abrazando— Prométeme que lo intentaras, pero no vayas solo, no me importa si puedes con seis, con diez o con veinte, demuéstrales que eres de confianza, ¿Sí?
Esbozando una sonrisa, acarició su melena aceptando— Esta bien, te lo prometo.
Separándose una vez más de él, vio una ligera mancha en su peludo pecho haciéndola reír. Apreciando aquella sonrisa sincera y llena de vida, la determinación creció en el pecho del gigante.
—«¿Estás seguro de esto Oriol?, Lo que estas apunto de hacer no tiene vuelta atrás, recuerda, solo llevas 14 días aquí. » —Aclaró Iac al notar las intenciones de su compañero.
—«Iac» —Respondió sereno— «Aun me queda toda la vida por delante, como van la situación, lo más seguro es que las cosas nunca vuelvan a ser como antes, solo me queda aceptar mi realidad y seguir adelante, ¿Eso no es por lo que luché en la guerra?, ¿Seguir adelante?, honraré la memoria de todos los demás viviendo la vida que ellos me permitieron vivir, no soy un malagradecido, ¿lo entiendes?»
—«Sí, no te interrumpiré más, procede».
—«Gracias».
«Por el código del paladín, juro por mis compañeros y los héroes caídos que protegeré estas almas de la oscuridad...»
Sin que él lo supiera, en la infinita penumbra de su conciencia, la llama rosa ardía con fuerza, acompañada de una tímida flama celeste que le orbitaba, lentamente eran rodeadas de un polvo arcoíris.
«...juro que seré su pilar acorde a mi causa, juro que protegeré sus alegrías y sus penas...»
Brillando con más intensidad, aquel polvo comenzó a converger en una espiral rodeando la flama principal como un tornado, haciendo ondular ambas llamas con la brisa, éstas ganaban tamaño a la vez que la oscuridad perdía terreno.
«...por el código del paladín, juro que no moriré hasta ver la causa cumplida. Ad finem.»
El juramento estaba hecho, rodeando ambos fuegos, el torbellino arcoíris descendió a la superficie, allí, tomó la forma de un relámpago del mismo color quedando bajo el fuego. Rayos de energía empezaron a emerger de aquel símbolo, desasiéndolo al mismo tiempo que eran absorbidos por la llama principal, ésta ardía con vigor iluminando aún más todo a su alrededor desplegando relámpagos de todos los colores.
Y en ese momento, cuando el resplandor rosa alcanzó su auge, en el límite de la oscuridad, otra llama apareció. De color azul profundo como el cielo nocturno, diminuta, aún más que la flama celeste, parecía observar el espectáculo mientras salía dando brincos de las sombras. Mientras más se acercaba, más parecía crecer e irradiar cálida luz oscura, sin embargo, tras de sí, tentáculos de vapor negro la rodearon deteniendo su avance, arrastrándola de vuelta al frio, negro, e infinito vacío.
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MA: Buenas gente, uf, esta vez si me tardé, no tengo excusas, las prioridades son prioridades; Estudios primero que Hobbys. Además, escribir y dibujar llevan tiempo, y eso es justo lo que no tengo. T_T
Por otra parte, he estado practicando mi habilidad literaria en general, quiero que este escrito sea lo mejor posible en cuanto a calidad, no es perfecto, pero voy mejorando. Y antes de que se lo pregunten, como ya he dicho antes, NO, este Fanfic no está abandonado, nunca lo estará, y dos semanas es lo máximo que estaré sin publicar.
Gracias por su paciencia a los que esperaban otro cap, el dibujo de Bubbles ya esta disponible.
Nuevamente, les agradesco sus visitas, y sobretodo sus comentarios, pues, a pesar de que tarde en escribir, son lo que más me motiva a continuar esta historia que tanto cariño le tengo, gracias.
PD: UnSimpleEscritor, gracias por tu paciencia con este tan mal aprendiz xD, prometo agregar tus lecciones a mi lista de estudios. 7w7r
(Inserte Gif de Maud guiñando un ojo) wO
