Capítulo 5: Ascuas de medianoche (3)

Y en ese momento, cuando el resplandor rosa alcanzó su auge, en el límite de la oscuridad, otra llama apareció. De color azul profundo como el cielo nocturno, diminuta, aún más que la flama celeste, parecía observar el espectáculo a la vez que salía dando brincos de las sombras. Mientras más se acercaba, más parecía crecer e irradiar cálida luz oscura, sin embargo, tras de sí, tentáculos de vapor oscuro la rodearon deteniendo su avance, queriéndola arrastrarla de vuelta al frío, negro, e infinito vacío.


Aquella llama color noche se retorcía intentando liberarse de las sombras que le rodeaban, poco a poco su tamaño iba decreciendo a medida que se alejaba del incandescente fuego rosa frente a ella.

¡Suéltame!, ¡No dejaré que me engañes otra vez! —exclamaba desesperado resistiéndose a volver a las sombras— ¡Dije…! ¡Que me sueltes!

Alzando sus flamas violentamente logró liberarse tras calcinar las sombras, ahora era tiempo de moverse. A toda prisa comenzó a dar brincos para llegar al centro de la luz, ignorando que las sombras se habían regenerado e iban nuevamente a por él. Saltaba atormentado por los constantes agarres de la oscuridad, si bien los esquivaba, cada vez se le hacía más difícil pues su tamaño aumentaba. Luego de varios minutos de persecución, vio como las sombras se desvanecían al estar tan cerca de la luz rosa, sin tomarle importancia, siguió su camino sin bajar la velocidad, estaba tan cerca de la luz que casi parecía una ilusión.

No escaparas de mí —Replicó burlesca una grave voz desde el vacío— Nunca lo harás, él jamás te dejará llegar.

La desesperada llama seguía con su carrera sin importarle nada. Su luz oscura, llena de un intenso furor, empezó a opacar la brillante luz rosa como el velo de la noche arrastra el atardecer.

«Ya casi llego…» —Pensó para sí mismo, le faltaban tan poco para estar a su lado— «Por fin, después de tanto tiempo…»

Inesperadamente, un muro de llamas celeste se interpuso entre él y la llama principal obligándolo a detenerse. Orbitando la incandescente ascua rosada, Iac, o más conocido como "La llama celeste", anunció implacable.

¡¿Qué estás haciendo aquí?!, te dije que no volvieras a intentarlo, te lo explique la primera vez y sigues volviendo, ¡¿Es que acaso no entiendes el daño que haces?!

Ignorándole, la flama oscura trató de acercarse al muro de fuego con precaución, y al tocarlo, se retiró de inmediato sintiendo como sus propias flamas, y su existencia, se desvanecían quemadas por la etérea lumbre celeste.

¡¿Por qué me haces esto Iac?! —encaró estallando furioso— ¡¿Acaso no éramos un…?!

¡Silencio! —Alzó la voz lanzando una gran llamarada desde las alturas. La cual, ágilmente fue esquivada por la flama de luz nocturna, la cual creció aún más presa de la ira.

No sabía de la existencia de esa sombra en este lugar, necesitaba a alguien que la contuviera, él no podía hacerlo—refiriéndose al fuego rosa— su naturaleza no se permite, pero la tuya si, era necesario y lo hice, todo por la causa.

¡¿Y esperaste cuanto para decírmelo?!, ¡Nada! —Exclamó encolerizado lanzando una llamarada más pequeña que la recibida, fallando estrepitosamente su objetivo— Me encerraste junto a ese estúpido charlatán, ¡Ni siquiera fuiste capaz de ayudarme!, ¡Todo por protegerlo a él!, ¡Éramos iguales y aun así lo escogiste a él!

Lentamente, la flama celeste comenzó a descender quedando frente al muro de fuego, acto seguido, éste desapareció tal cual había emergido. Entre la envolvente luz roza, al estar tan cerca, la ascua oscura era casi tan grande como la de color celeste, pero, aun así, le ganaba en brillo e intensidad, aunque no se comparaban ni de cerca con el fuego principal que los iluminaba.

Si no te encerraba, él no podría haberle hecho frente a las sombras, míralo ahora, con él al mando, ha logrado muchas más cosas de las que tu lograste —poco a poco, parte del miasma rosa que brotaba de la flama principal, se unía al fuego celeste aumentando su tamaño y vigor— ¿Qué fue lo que tú hiciste?, ¿Hacer pedestales?, ¿Enterrar armaduras vacías?, ¿Intentar volver a encender ese reactor?, perdiste todo ese tiempo hasta que las sombras aparecieron tras la luna llena, tuviste tu oportunidad y la desaprovechaste, ahora le toca a él, y no dejaré… que usurpes un lugar que ya no te pertenece —nuevamente, el muro de fulminantes fuegos celestes apareció, esta vez, rodeando a la ascua oscura, quien, sin más más remedio, se quedó en el centro— ahora vete, vuelve a las sombras y has algo útil, porque si tu no lo haces, nadie podrá hacerlo.

La luz nocturna se hizo más pequeña hasta el punto de casi volver a su tamaño de origen, su tono se mostraba derrotado— ¿Algo útil?, debía enterrarlos, ¿Qué más podía hacer?, después de todo lo que pasamos juntos, debía rendirle el tributo que se merecían. A diferencia de quien proteges, yo si recuerdo todo desde que llegamos a esta tierra, aunque no recuerde lo que pasó en el Harmonious Sparkle, desperté de la misma forma que él lo hizo, apegado a tu guía, rodeado de las paredes de una nave que una vez fue mi hogar, no fue mi decisión estar aquí ni menos la tuya… preferiría haber muerto tras cruzar ese portal, que tener mi vida solo para durar un mes y luego ser encerrado junto a las sombras, cada batalla que viví se repetía mientras ese bastardo intentaba dominarme… —a pesar de la tristeza que sentía, su voz ganaba hostilidad— no eres más que una máquina que sigue órdenes, ¡al menos si fueran un sintético tendrías emociones propias!, eres tan parásito como quien está en las sombras, sin nosotros no serias nada, solo un programa esperando intrucciones que nunca llegarían, vacío, monótono, carente de personalidad, eso es lo que eres…—Sin previo aviso, un torrente de fuego celeste arremetió contra la ascua nocturna, volviendo aún más pequeña— ¡AAHHGG!

Iac estaba furioso, aunque esos sentimientos no fueran creados por él, sino tal como decía aquella flama; tomados de la llama principal. Podía sentirlos como propios— Tienes razón, soy una máquina que usa sus emociones para expresarme, no soy un sintético y por tal solo sigo ordenes al pie de la letra, pero no te permitiré que me hables así, no cuando la única razón de que no hayas desaparecido es porque te necesitamos contiendo a las sombras… —hizo una pausa para deshacer el muro antes de que consumieran a la diminuta llama que tenía en frente; pues empezó a perder el miasma que la alimentaba. Con un tono tranquilo continuó— Tu similitud con Oriol es casi idéntica, podría decir que incluso son la misma persona, pero, aun así, son diferentes, ambos pertenecen a la misma moneda, y yo… yo soy lo que los separa. No hagas esto más difícil, acepta tu función aquí y vuelve a las sombras, es todo lo que puedes hacer, y es todo lo que harás hasta que sea necesario que vuelvas a salir…

¡Basta! —Una dulce voz interrumpió a ambas flamas. Desde la intensidad del fuego rosa, tres mariposas de cuerpo azul y rosadas alas emergieron volando hacia ellos. Ligeramente se posaron sobre la ascua color noche haciéndole ganar un poco de fuerza, recuperando su miasma perdido. Su tierna voz sonaba quebrada y triste— Paren de pelear… no le hagas daño, ya ha sufrido suficiente… ¡Sí que, para!... por favor.

Más calmado que antes, el fuego celeste insistió— Vuelve a las sombras.

¿Por qué?—musitaron con compasión las mariposas al unísono, sufriendo por la empatía que les daba a esas débiles flamas color noche, buscó respuestas en Iac— ¿Por qué tiene que seguir sufriendo?, ¿Cuál es el daño que ha hecho este pobre ser?

Ignorándolas, éste se fue sin contestar. Sin embargo, desde lo profundo del vigoroso incendio rosa, tres manzanas rojas aparecieron cortándole el paso, su tamaño no superaba al de las pequeñas mariposas, y a diferencia de ellas, éstas estaban unidas y no podían separarse. Con un leve tono campirano, y una voz femenina ligeramente grave, parpadeaban una luz tenue cada vez que hablaban.

No te atrevas a irte sin responder.

Sin más opción que quedarse, Iac se resignó a dar un chasquido molesto, a la vez que una de las mariposas llegaba a su lado, hablándole tímidamente con su suave y cálida voz.

—¿Amm...?, ¿No podemos llegar a un acuerdo?


Fuera de la infinita conciencia de Oriol, el ambiente era más tranquilo. Con el sol brillando pasada la mañana, faltaban menos de dos horas para que llegara a su punto más alto. El viento del oeste soplaba con fuerza, haciendo girar un molinillo sobre la casona de Sweet Apple Dreams, había tanta paz que uno podría asegurar que el ataque de los trolls nunca ocurrió, al menos, así lo veían las pequeñas gemelas Apple, quienes vivirían felices en la ignorancia de la niñez. No obstante, los adultos, como siempre a los ojos de un niño, sabían todas las verdades de este mundo.

Tanto Winter como Bubbles habían jurado no decirles nada, disfrazando todo este embrollo alrededor de una mala pesadilla, aunque la pegaso le había contado a la madre sobre lo que vio Apple Seed. Sólo se necesitó una suave, cremosa y suculenta tarta de manzana para hacerles olvidar, después de todo, la mente de un niño fácil puede ser sobornada con algo sabroso.

Sentados bajo los manzanos a modo de picnic; obviamente lejos de las borrosas manchas rojas que aún quedaban fuera de la casa. Todos estaban reunidos comiendo tarta, manzanas, y alguno que otro vegetal sobrante de la cena pasada. Los adultos, bebían la poca sidra sobrante del almacén privado de Gold, mientras que las pequeñas tenían jugo de manzana en sus anchos vasos de madera. Todo esto con el pretexto de hacerles creer a las potrillas que era un día normal.

Con su tierno hocico cubierto del relleno de la tarta, Apple Cocoon estaba sentada en el muslo derecho del gigante humano, mientras que su hermana, pulcra como siempre, ocupaba el izquierdo. Tímidamente desde su posición, y aún con la tarta entre los cascos, Apple Seed intentó llamar su atención; aun le quedaba algo de aquel delicioso postre y quería dárselo a quien ella veía como un héroe.

Ori… —no obstante, Oriol parecía estar en trance con un rostro neutro. Mirándole directamente a los ojos, levantó una ceja confundida al ver cómo éstos iban cambiando repetidas veces de color; rosa, celeste y azul profundo.

¿Amm?... ¿Ori? —algo insegura por su rostro, la pequeña pony dejó el fondo de aluminio sobre el césped, arreglándose un poco la melena, volvió a intentar llamar su atención tocándole el abdomen con el casco.

Esto finalmente le hizo reaccionar, provocando que parpadeara dejando un solo color: rosa.

¿Pasa algo Apple Seed? —Respondió el gigante gentilmente.

Que le respondiera con su nombre la hizo ponerse algo nerviosa, aunque pronto se calmó al sentir el cálido metal de su mano posarse en sus morados cabellos.

Sonriendo bajo la seguridad de su mano, una melódica voz salió de sus labios en forma de un susurro— Amm… Me preguntaba si querías más tarta…

¡Yo la quiero! — Anunció energéticamente su hermana llamando la atención de todos. Al verse rodeada de miradas, y con la boca llena de tarta; pues lamió el fondo hasta dejar brillante el aluminio, inclinó los hombros un poco avergonzada.

Esto provocó una suave risa en Oriol. Negando amablemente el ofrecimiento de la primera y acariciando a la segunda.

Yo estoy bien, su madre sí que prepara una comida muy deliciosa, ya no puedo comer más —Lentamente sacó de detrás de sí tres fondos vacíos de tarta, dentro de éstos se hallaban varios tallos de lo que una vez fueron manzanas y verduras.

Uhhm… —Musitó la pequeña algo triste de verse rechazada.

No te preocupes, te lo guardaré y si te da hambre te lo puedes comer después —contestó Oriol tomando su fondo y envolviéndolo con una tela cercana, creando un paquete con el resto de la tarta.

Está bien, pero si tienes hambre primero te lo comes tú —Asintió muy segura llevándose una cálida sonrisa que la hizo cohibirse.

Una vez terminado el picnic, dejaron el lugar limpio y fueron a casa, las maletas ya estaban hechas y listas para partir. Winter les dijo a sus hijas que irían a quedarse a la ciudad por algún tiempo. Sinceramente esperaba ver sus sonrisas desaparecer, aunque fue todo lo contrario, estaban tan felices que saltaron de aquí para allá esperanzadas de ver a sus amigos, no obstante, la falsa sonrisa que les dio su madre escondía una inseguridad tremenda, pues hace semanas que no sabía la condición del pueblo ni el avance de la enfermedad de las arañas.

Lejos de allí, en la clínica de la doctora Cross, Cream despertaba tras una noche de relajante sueño. Con su rojiza melena totalmente desaliñada, y un brillante hilo de saliva pegada a la almohada, dio un largo bostezo mientras estiraba las cuatro patas removiendo las sabanas de sí. Su cabeza estaba entumecida por la falta de sueño, su cerebro aún necesitaba algo de tiempo para recuperarse, después de todo, cuatro días sin dormir no se curan en una sola noche.

¿Silver? —Balbuceó rascándose los ojos con un casco buscando al pegaso. Al no encontrarlo en su campo de visión, supuso que estaría bajando las escaleras, sin embargo, toda la casa parecía estar en silencio.

Parece que se fue… —Murmuró burlesca esbozando una sonrisa— ¿Desde cuándo eres tan responsable?, ¿eh?

Tomándole poca importancia, se dejó caer nuevamente a la cómoda trampa que no la dejaba ir.

Cinco minutos más y volvemos al trabajo, aún queda… —bostezó— …mucho que hacer…

Sin darse cuenta, los paisajes oníricos volvieron a invadir su mente. Éstas últimas dos semanas no habían sido nada reconfortantes para la desdicha doctora, tras quedar marcada por la expedición, no había noche que no despertase gritando o llorando culpa de las vívidas y horribles pesadillas. A pesar de que los primeros días parecían traer algo de paz para esta terrestre, al final, la cosa fue para peor. Trabajar noches enteras, comer poco, ser constantemente regañada por ese vejestorio del alcalde, eran razones suficientes para volver a querer abandonar el pueblo, muy dentro de ella, aunque lo negara, quería dejar de intentar salvar a estos Ponys. La supuesta cura que había inventado solo disminuía los síntomas, pero no mejoraba a los pacientes, y eso, era lo que más frustración le daba, sentirse inútil a pesar de sus mayores esfuerzos le carcomía por dentro.

Cream… —una distorsionada voz masculina comenzó a susurrarle— Cream, despierta Cream, tenemos que irnos… Cream —la voz ganaba fuerza y era más clara— Cream, por Celestia despierta, ¡Cream!

De repente la terrestre abrió los ojos asustada, el cuerpo le pesaba, sentía el sudor en su frente y un cansancio abrumador, como si hubiese estado corriendo. Mirando hacia todos lados confundida, comprendió dónde estaba, aún en su cama, sola.

Inmediatamente se llevó ambos cascos al rostro intentando despertar por completo, percatándose tras unos minutos que había sido una pesadilla, esto le hizo respirar aliviada, sin embargo, el sol en su ventana evidenciaba que era casi media tarde.

Rayos, ¿Cuánto dormí? —Se dijo a sí misma levantándose apurada, tanto, que el borde de la cama desapareció para su casco precipitándola a tierra— Auch…

Si bien estaba besando el suelo, se levantó sin notar que su habitación estaba mucho más ordenada que cuando llegó, de inmediato se dirigió al baño para mojarse la cara encendiendo la luz; aunque era un cuarto pequeño y simple, estaba tapizado con limpia losa blanca, un retrete para Ponys, una ducha, y un "lavacascos" sobre un espejo.

No obstante, mientras las frías gotas de agua le rozaban el pelaje de la cara, un escalofrío le recorrió la espalda haciéndole girar a la puerta tras de ella.

¿Qué fue eso? —Musitó mirando su habitación, alarmándose de ver la luz de la luna iluminando su cuarto.

De repente, algo llamó la atención de sus orejas haciéndole mirar a todos lados buscando el origen, siendo similar a un zumbido, aquel sonido parecía venir de todas partes. Progresivamente comenzó a subir el volumen, instintivamente, la terrestre llevó ambos cascos a sus orejas para aminorar el estruendo, pues comenzaba a ser insoportable. Tras algunos segundos, éste cesó dejando el baño en silencio.

¡Crack! —El crujir del cristal le paralizó poniendole los pelos de punta.

Al girar hacia el origen, observó confundida una pequeña grieta en su espejo. Cuando caminaba con precaución hacia él, la puerta del baño se cerró de golpe haciéndola brincar.

¡Ah! —Chilló asustada con el corazón en la boca, solo para que nuevamente el crujir del cristal le sorprendiera tras de ella.

Ahogando un grito, vio con horror como desde el espejo, un líquido más oscuro que la noche misma, empezaba a brotar de él, a la vez que "algo" golpeaba desde dentro rompiendo cada vez más el cristal. A los ojos de Cream, el mundo parecía ir ganando oscuridad de forma progresiva y palpitante. El pequeño foco comenzó a fallar mientras desesperadamente intentaba abrir la puerta del baño, sumida en un pánico indescriptible, incluso llegó a dar una feroz patada a la puerta con los cascos traseros; al igual que lo haría un granjero de manzanas. Pero ésta no tenía ni un rasguño.

¿Qué está pasando?, ¿Qué está pasando? —repetía al mismo tiempo que las válvulas, tanto del lavacascos como de la ducha, se abrieron de golpe. De ellas, el mismo liquido negro que salía del espejo, brotaba con una presión impresionante, era tanta la presión que la válvula de la ducha salió disparada rompiendo la losa de la pared. Provocando que perdiera el equilibro, quedó sentada pegada a la puerta frente al espejo. El foco parpadeaba sin control, lo que fuera que estaba en el espejo, hacía que trozos de cristal fueran empujados a gran velocidad por la magnitud de sus golpes. El agua oscura comenzó a tocarle los cascos, estaba fría, y más que agua parecía ser una sustancia viscosa que pronto comenzaría a subir amenazando con ahogarla en su propio baño.

¡Ayuda!, ¡Que alguien me ayude! —Gritaba desesperada arremetiendo contra la puerta sin éxito, la sustancia negra le llegaba a la cadera cuando se paraba en dos patas.

Respiraba agitada, su pelaje se humedecía por el sudor, su corazón le palpitaba a toda marcha, y tenía tanto frío por el agua que ya le llegaba al pecho. Sin dejar de llamar por ayuda, o intentar derribar la puerta, escuchó horrorizada como el espejo finalmente se rompió tras de ella. Con la vista fija en la madera, tenía tanto miedo de mirar hacia atrás que solo cerró los ojos mientras el agua subía por su cuello, con lágrimas rozándoles las mejillas, sentía la respiración de lo que fuera que estuviera tras de ella, y de repente, una fuerza abrumadora la obligó a girarse.

Ahí estaba, frente a una criatura aparentemente bípeda, sin cara o cabello, muy fornida y tan alta que debía reclinarse al tocar el techo, cubierta de aquella sustancia negra que casi le llegaba a la barbilla. Rodeada por un viscoso miasma negro, la bestia le miraba con agudos ojos rojos dentro de sus abismales cuencas vacías. Como si fuera una película de terror, la boca de la criatura comenzó a abrirse más allá de su mandíbula, revelando tener afilados dientes que fácil desgarrarían su blanda carne de Pony, desde su boca, una larga lengua con dientes se balanceaba casi saboreando la mejilla de la terrestre.

¿Qui.. Quién eres?, ¿Qué es… lo que quieres de mí? —Temblorosas palabras salieron de la boca de Cream antes de quedar sumergida hasta la nariz. Sus pupilas estaban contraídas, su respiración entrecortada y su corazón latía tan fuerte que incluso llegaba a doler. Lentamente aquella monstruosa lengua empezó a lamerle la mejilla, su roce dolía como si le cortara una navaja, e incluso vio cómo se llevaba parte de su pelaje manchado de sangre haciendo estremecer a la criatura en extasis.

De la nada, la viscosa sustancia paró de subir, segundos después, poco a poco comenzó a descender sin dejar una sola mancha.

La criatura no hablaba, solo se quedaba ahí, asechándola. De la nada, el zumbido volvió a los oídos de Cream cometiendo el grave error de moverse, pues al hacerlo, un rápido y potente zarpazo casi le rebana el cuello destruyendo la puerta y parte del muro, la terrestre estaba atónita, sentía como su corazón quería salir por su garganta impidiéndole gritar o decir otra palabra. El miasma de la bestia frente a ella empezó a moverse violentamente mientras retiraba la garra de lo que quedaba de la puerta. Sin hacer nada más que llorar, la aterrada terrestre cayó fuera del baño, invadida por el pánico, se arrastraba hacia su cama en completa penumbra, a la vez que la bestia lentamente se le acercaba con la mandíbula abierta y las garras desplegadas, lista para atacar. Súbitamente el mundo a su alrededor parecía quebrarse como si fuera aquel espejo roto.

Estoy soñando, estoy soñando, todo esto es un sueño —Se repetía mientras la criatura estaba casi frente a ella. Encarándola, sacó el poco valor que le quedaba para gritarle justo antes de que una de sus garras le atravesara el rostro.

¡Tú no eres real!, ¡No existes!, ¡Eres un sueño!

Inmediatamente la bestia se detuvo, pero el mundo seguía derrumbándose. Retirando su garra y cerrando su boca, ésta retrocedió. Aceptando que toda esta horrible experiencia era nada más que otra pesadilla, la doctora se levantó.

¡Vete!, ¡Déjame en paz! —caminando desafiante hacia el monstruo, los miedos eran cada vez menores.

Sin embargo, la confianza de Cream duró poco. Casi llegando a su posición, la bestia alzó una garra amenazante, la cual fue ignorada por la doctora sumida en que todo esto era solo sueño, una ilusión, pero… el dolor que sintió cuando las filosas cuchillas atravesaron su suave pelaje fue tan real como ella misma. Siendo expulsada por la fuerza del golpe hacia la pared, Cream cayó sobre su cama manchándola poco a poco de rojo. Ver la tremenda herida en su lomo la hizo dar un grito tan fuerte que, aun cuando sus cuerdas vocales le pedían que parara, ésta siguió gritando, retorciéndose adolorida sin dejar de ver a la criatura lamiendo sus garras. Esto era real.


Por el dolor y sus heridas, la aterrada doctora no podía hablar. Las gotas carmesíes rebosaban de la cama cayendo al suelo, su visión estaba borrosa, y solo veía los rojizos ojos de la bestia, los cuales, lentamente comenzaron a tomar un color azul profundo, casi confundiéndose con el resto del cuerpo. La pobre Pony ya no podía moverse, apenas y daba espasmos intentándolo, sin embargo, las lágrimas nunca dejaron de salir pidiendo ayuda.

Así que tú eres Cream —comentó la bestia. Su tono de voz, aunque ligeramente más grave, fue reconocida por la doctora.

Oriol… —Murmuró llamando al gigante con las pocas fuerzas que le quedaban mientras iba cerrando sus ojos entregándose a la muerte— Ori...ol…

De repente, sintió una ligera presión en la melena seguida de un gran sentimiento de paz. Sorpresivamente la criatura había posado su mano sobre ella, sentada a los pies de la cama, estaba acariciándola con mucho cuidado y ternura.

¿Lo recuerdas? —moribunda, Cream solo podía escuchar la gentil y familiar voz de aquel monstruo intentando consolarla— Así es como se encontraron por primera vez, ¿no?, ¿te duele?, me imagino que sí, ya, ya, no llores —pasó una de sus garras secando sus lágrimas sin dejar de acariciarla— ya se va a acabar, yo no soy un monstruo, soy un amigo, de hecho, ya soy tu amigo, sé que no llegue a tiempo, de verdad lo siento, pero ya estoy aquí.

Alzando la mano izquierda, una tenue mota de luz iluminó la habitación, haciéndose progresivamente más intensa, despejó hasta el último rastro de destrucción y desorden. Aquella luz comenzó a recorrer su mano hasta llegar a la punta de su dedo, separándose del monstruo, esa pequeña mota de luz creció hasta convertirse en una brillante luna llena, la cual iluminó todo el cuarto.

Pasaron los minutos en los cuales Cream mantuvo los ojos cerrados, el dolor había cesado, y tenía una suave sonrisa en los labios sintiendo las caricias del gigante. Se necesitaron varias horas para que finalmente abriera los ojos. Confundida, vio el plano rostro de la bestia sobre ella, no obstante, toda la oscuridad había desaparecido de su cuerpo, en cambio, un miasma blanco brotaba de ella. Rápidamente comprendió que estaba en su regazo siendo acariciada, no sintió miedo, ni inseguridad, era tan relajante que le dieron aún más ganas de dormir. Al mirar a su alrededor, ya no estaba en su cuarto, parecía estar flotando en las estrellas sobre su cama, era hermoso ver esos destellantes puntos blancos pasar cerca de ella.

¿Qué pasó? —Consultó confundía intentado cruzar miradas con la criatura, encontrando en su rostro dos brillantes ojos azul profundo, el resto de su cara estaba escondida tras el miasma blanco.

Tuviste una pesadilla, pero ya se fue, ahora que estoy aquí, y no volverá —respondió amablemente la criatura blanca.

Toc, toc, toc —El sonido de una puerta siendo golpeada hizo eco en cada rincón del lugar. Cream no pudo evitar saltar sorprendida.

Tranquila, ya llevan bastante tiempo esperando afuera de tu casa —dio una risa— creo que ya es hora de despertar, ahora veo lo que él ve en ti —quitó sus manos de la Pony, llevando una de ellas a la nuca, comentó— bueno, no sabia que podía hacer esto, pero es mucho mejor que estar con ese charlatán.

¿Quién eres? —Preguntó Cream mientras ascendía hacia la luna sobre ellos, sintiendo como volvía a la verdadera realidad oyendo solamente el constante toc, toc, toc de la puerta.

Un amigo —afirmó mientras el miasma blanco iba desapareciendo revelando su verdadero ser, manteniendo en todo momento el contacto con aquellos profundos ojos color noche.

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NA: Buenas gente, otra semana más, otra parte más uwu.

Debo admitir que me alegra un montón ver a bastante gente leyendo este Fanfic de forma continua :D

Les agradezco fervientemente por esas visitas y reviews que tanto me motivan a seguir. Por ello últimamente he estado añadiendo las cosas que he aprendido, con el único objetivo de hacer este Fanfic más rico narrativamente.

Si tienen algo para comentar, no se contengan, a menos claro que sea spam, ahí si absténganse. OwO

PD: Gracias UnSimpleEscritor por toda tu ayuda, se que consumo algo de tu tiempo, pero eres un maestro indispensable y yo tu sanguijuela absorbe conocimiento. xD

PD2: Nuevamente esta semana es full exámenes, por lo mismo, esta semana no habrá capitulo. T_T