Capítulo 6: Eclipse lunar (1)

Deja que la luna te guíe en la senda de la noche

En el bosque suena una melodía: las hojas cantan al son del viento, el agua resuena sin cesar, y los pájaros pían sintiendo el peligro. Se avecina la muerte. Las plantas se mecen por la brisa buscando el sol del mediodía, el tiempo avanza y no espera a nadie, pronto se cobrará una vida.

Una hormiga camina de vuelta a su hormiguero entre piedras y hojas caídas, la sombra de los árboles está lejos, no sabe ni donde está, pero no necesita saberlo, es la misma ruta todos los días. Llevando una gran hoja de roble en las mandíbulas, recorre solitaria la agrietada superficie de roca mientras algunos brotes de césped la cubren del sol. Siente un temblor en sus patas, es débil, pero va en aumento; debe apresurarse. Se asusta y acelera el paso; la tierra tiembla. Casi llega, puede verlo, y de pronto la oscuridad; una pezuña la ha aplastado sin querer, y luego otra, así hasta que dejan de hacerlo.

El incesante sonido de los cascos resuena en el área circundante, el viento sopla con fuerza enfriando sus coloridos pelajes bajo el resonante metal de sus armaduras. La punta de las lanzas brilla con el sol acompañados de unos cuernos, estos soldados poni se ven bravos, sin embargo, sus corazones están llenos de miedo y esperanza; todos quieren cumplir su misión, pero ninguno quiere morir. Varias siluetas aladas vuelan sobre ellos en la misma dirección, dejando caer coloridas plumas por la fuerza de sus aleteos, quedan desparramadas por el suelo junto con las hojas de los árboles. El viento las toma en sus corrientes haciéndolas volar. Una de las plumas cae cerca de una aplastada hormiga dejada atrás, morirá sola, sin saber porqué ni cómo, pero murió haciendo lo que debía hacer, llevar hojas al hormiguero. Como ella hay miles, y de seguro, muchas más han muerto cumpliendo la misma función, sin haber siquiera hecho valer su propia existencia.

Cuatro jadeantes pegasos yacían agotados en un claro libre de árboles. Con los rostros pegados en la tierra y tapados por la sombra de los robles, respiraban erráticos tratando de recuperar el aliento. Nunca en sus vidas habían tenido que volar de esa forma; ni siquiera en los entrenamientos. La única criatura en pie era Oriol, estaba frente a ellos dándoles la espalda. Atento al silencio de la zona, cualquier sonido que no fuera el agitado exhalar de los ponis sería sinónimo de amenaza. Con su ojo biónico desplegado, pasaba la mirada por los árboles, la tierra y la maleza. Él también estaba cansado, el sudor en su cuerpo resbalaba hasta tocar el suelo, pero aún se mantenía de pie, estoico, respirando tranquilo mientras ignoraba los gemidos de quienes lo acompañaban. A la vista de los pegasos era imposible que esta criatura bípeda les hubiera superado por casi dos minutos, su velocidad era impresionante para alguien de su talla, eso por no decir su agilidad a la hora de moverse por el bosque, era casi como si fuera agua fluyendo a toda prisa.


Empapada en sudor, una yegua color miel se esforzaba por respirar sin jadear, podía oír el fuerte bombeo de su corazón acelerado, y tenía la garganta seca—. Teniente… —exhaló a duras penas acomodándose para quedar recostada—. ¿Ya estamos c… cerca?

El teniente Dust apenas y podía mover sus acalambradas alas, el peso de su armadura había prácticamente acabado con su resistencia; debieron recorrer sin descanso cerca de 15 kilómetros con casi 20 kilos de hierro en sus cuerpos.

—Mantenga la calma Hills —dijo al recuperar la compostura—. Esperaremos a los refuerzos que Syrup fue a buscar, si estamos cerca o no del objetivo, eso no lo sé —explicó el joven pegaso intentando ponerse sobre sus temblorosos cascos. —¡Hey! —llamó al humano— ¿Ya estamos cerca del campamento?

—Sí, descansen por ahora. Si tienen refuerzos será mejor que ustedes los esperen para poder continuar, yo me adelantaré a explorar la zona, sí es un campamento lo más seguro es que tengan patrullas vigilando el área —. La voz de Oriol provocó que los ponis levantaran las orejas muy atentas, su tono de voz firme demostraba una autoridad nata, y cuando éste volteó a verlos, su rostro serio los hizo estremecer, más aún cuando tenía esa estela color azul en su ojo derecho—. Y será mejor que se quiten sus armaduras, ¿Qué clase de líder les dice que vayan con tanto peso?, ¿acaso no tienen protecciones más ligeras?

—¿Cómo lo sabes que estamos cerca? —exigió Silver ignorando las últimas preguntas al tiempo que estiraba sus adoloridas alas, aunque también fue ignorado. —«Habla y actúa igual que mi padre cuando da órdenes» —refunfuñó para sí dando un chasquido.

Oriol dio un último vistazo al bosque antes de caminar hacia la escuadra, mientras lo hacía, el gigante humano les señalaba varias posiciones a su alrededor con la punta de su dedo: el suelo estaba cubierto de huellas casi imperceptibles, escondidas entre el escaso césped y las abundantes acumulaciones de polvo, no había forma de verlas sin un implante biónico.

Poco después, sin decir nada a nadie, se escabulló entre los árboles desapareciendo de la vista de los ponis, quienes todavía trataban de recuperarse de la fatiga.

—¿Huellas?, yo no veo nada —comentó Cloud con el hocico pegado a la tierra, haciendo surcos con el casco, borraba sin querer una de las muchas huellas a su alrededor—. Solo veo tierra, piedritas, bichos y más tierra, ¿seguro que podemos confiar en él, teniente…?, ¿teniente?

Silver no le estaba tomando atención, y se limitó a asentir después de quitarse el casco. En su mente, el agotamiento le jugaba una mala pasada, pues el comportamiento independiente del humano hacia quedar mal su autoridad, o al menos eso pensaba. Desde la primera vez que lo vio desconfiaba de él, cuando despertó de sus heridas, a sus ojos él era un monstruo de miasma negro a punto de atacar a Cream, y cuando intentó defenderla falló mostrándose débil e impotente de proteger a quien quería. Sentía cierto rencor de ver a su amada regocijarse a su lado durante la vuelta a ManeTown, aunque no podía culparla, después de todo, les había salvado la vida sin pedir nada a cambio, y no solo a ellos, sino también a Gold, Sandy Star y a Cherry Juice, eso sin contar que asesinó a la peligrosa araña de la cantera. Aun así, no podía dejar de pensar que él era un problema.

—«¿Qué le ves a este humano Cream?, ¿acaso no das cuenta de que es peligroso?» —Silver levantó la mirada con un cierto grado de derrota, cosa que ocultó bajo sus característicos ojos tranquilos—. «Pensaba que eran los celos quienes me dominaban, maldito seas Oriol, verte así de cercano a la doctora en tan poco tiempo me causaba envidia» —se mordió el labio— «yo ni siquiera he podido tocar el pelaje de su lomo ni una sola vez, pero tú… mientras el resto descansaba después de reunirnos, ella prefirió dormir en tu regazo, te conoció esa misma mañana, pero parecía como si te conociera de toda la vida… ¿por qué?».

De inmediato sacudió la cabeza, haciendo que sus pensamientos se hicieran menos emotivos— «No… esa no es mi razón para desconfiar de ti, sino una más oscura. Cuando te vi luchar con las arañas para rescatar al resto de la expedición… sentí miedo. Aun no puedo borrar esas imágenes de mi cabeza: la oscuridad rodeándote siniestramente, tu rostro sádico al momento de destruir a esa araña con tus propias manos, y ese ojo… joder, tiemblo con solo pensarlo, desde ese alquitrán que te rodeaba pude verlo, ese iris rojo con contorno verde y estela púrpura serían algo que jamás olvidaré, ¿Qué rayos ocultas Oriol?».

—¿Qué hacemos teniente? —el leve toque de un casco en su lomo le hizo reaccionar, al mirar, su amigo de melena verde clara le miraba con un poco de preocupación, al igual que el resto de la escuadra; quienes ya podían ponerse de pie. —¿Estás bien Silver?

—Sí, no es nada —respondió a la brevedad— venga, quitémonos las armaduras, por mucho que me cueste admitirlo, ese humano tiene razón, los pegasos deben ir ligeros para ser ágiles en combate, por ahora, esperaremos al resto para formar un plan, conociendo a Syrup, y por la forma tan enérgica con la que se ofreció a ir a buscarlos, no creo que tarden mucho en llegar.

—¿Y qué hay de esa criatura, señor? —consultó la última yegua de la escuadra: de pelaje color gris, ojos azules, melena café claro y CutieMark en forma de tijeras aladas.

Silver la observó con atención por varios segundos, aun cuando los verdosos ojos del teniente no mostraban sentimientos negativos, ésta sintió nervios «¿dije algo malo?» pensó.

Tras resignarse por lo que estaba a punto de decir, el pegaso capuchino, finalmente respondió con cierta indiferencia: —Supongo que le tendremos que esperar para continuar, y cuando se dirijan a él, háganlo por su nombre: Oriol. No es ninguna criatura ni menos una bestia. «Al menos por ahora».

Avanzando a paso ligero por arbustos y troncos caídos, Oriol mantenía la discreción entre la sombra de los árboles. El hecho de ir descalzo le facilitaba ser sigiloso; ni los pájaros se percataban de él, a menos claro que asomaran la cabeza fuera de sus nidos.

—«¿Podemos hablar del tema ahora?» —dijo para sus adentros.

Desde que escuchó aquella voz no perteneciente a Iac, su conciencia había mantenido un silencio sepulcral. A pesar de eso, en esta ocasión, fue Iac quien precisamente respondió el llamado.

—«No creo que sea el momento adecuado».

—«Para ti, nunca es el momento, ¿verdad "compañero"?» —Nuevamente la extraña voz resonó en la cabeza del gigante, quien seguía avanzando siguiendo las huellas.

—«No tientes tu suerte, tenemos un trato y espero que lo cumplas si no quieres volver a las sombras» —El tono molesto de Iac provocó que Oriol se detuviera, tomando posición en la base de un árbol.

—Primero, ¿Qué está pasando ahí dentro? —comentó el soldado desactivando su ojo— ¿Desde cuándo hay más como tú allí…?

—¡Hey!, no me trates como si fuéramos la misma cosa —le interrumpió la voz con tono despectivo—. Soy un humano igual que tú, y soy el dueño original de este cuerpo.

La atención de Oriol comenzó a desviarse hacia la conversación, aunque sabía que debía darse prisa, esta "situación", requería ser atendida.

—Vale —exclamó el gigante, su tono de voz parecía irritado — Iac, me debes una explicación ahora mismo, no tengo tiempo para que me salgas con esto, si esta es una de tus bromas, no es divertida.

—«No es ninguna broma» —Iac sonaba serio, eso, en lugar de desconcertar a Oriol, solo lo puso más atento— «quería mantener esto en secreto hasta que las cosas se tranquilizaran con los nativos, no me esperaba que pasara tan poco tiempo antes de explicarte lo que está pasando».

—«¿Y bien?» —añadió la voz impaciente—. «¿Cuánto tiempo pasaría hasta que te dignaras a decírselo? ¿o también esperarías a encerrarlo como a mí? ¿ah?».

—«Está bien, no era algo que podría ocultar por siempre, también te ocultado cosas a ti "Oriol"» —el humano miró al frente de golpe, la forma en la cual Iac había dicho su nombre, no parecía referirse a él, causándole un sentimiento de intriga y curiosidad. —«Puede que estés confundido ahora, pero para facilitar las cosas lo resumiré, en este cuerpo hay dos conciencias plenas, yo no cuento porque soy una inteligencia artificial, pero esa es la verdad a fin de cuentas».

El soldado quedó callado, esto le parecía tan surreal que no se lo creía, aun así, conservó la calma lo mejor posible e indagó por más respuestas.

—Espera… ¿dijiste dos conciencias? —preguntó desconcertado, para luego caer sentado por la revelación— ¿Cuándo pasó esto?

— Antes de que pasara tu "despertar". Cuando recuperaste el conocimiento en ese valle, no llegaste ahí por mera casualidad, yo te llevé ahí luego de neutralizar las sombras en tu interior.

—Eso quiere decir que me mentiste… ¿no es así?

—En efecto, decirte algo así hubiera dañado el frágil estado en el que te encontrabas, y podía volver a liberar las sombras, por eso también te pedí que no te arriesgaras a enfrentarte a la araña, pero lo que pasó en ese momento tampoco me lo esperaba. Además, ya no hay razón seguir ocultando el asunto, esa voz a la que escuchas, eres tú, ambos son Oriol, son dos caras de una misma moneda.

—¿A qué te refieres con eso Iac? —el gigante estaba pasmado, sentado en la base de aquel tronco mirando sus manos, era tan difícil de creerlo, y más de aceptarlo, tenía la mente en blanco.

—Mira, la verdad yo ya sabía que tú existías dentro de mí cuando desperté —la voz volvió a aparecer, mostrándose comprensiva, intentó calmar la situación, pues en el interior del gigante, las sombras comenzaban a ganar terreno—. Hay algo guardado en nuestro cuerpo, no es solo esa oscuridad por la cual los ponis te veían como un ser de siniestro… hay muchas cosas aparte de tú, yo y esta estúpida inteligencia artificial las cuales no puedo explicar, pero puedo decirte que tienen una estrecha relación con tu contacto con los nativos, de hecho, ellas me ayudaron a poder estar aquí, de otra forma no te estaría hablando, además, esas "habilidades" que posees es por su culpa, te diría todo en este instante, pero por ahora, debes concentrarte en tu actual objetivo, después habrá tiempo para discutirlo. Aparte, si tú y yo somos el mismo individuo, ambos somos soldados, las dudas no están en nuestro léxico, ¿o sí?

La intriga en el corazón del humano no cesaba, aún así, entendía lo que esta misteriosa voz le quería decir, tenía razón, los soldados no debían dudar por más confusa que fuera su situación, después reanudarían las revelaciones, por el momento, tenía una misión que cumplir.

—En efecto, esto me ha volado la cabeza como no te imaginas, pero no hay tiempo para eso, por más que quiera preguntarte cosas, primero está la misión. ¡Iac!, más te vale tener una buena excusa para haberme mentido, y no quiero más engaños, me dirás todo lo que sabes de mi condición cuando acabe esto. —con el pecho más ligero, Oriol se puso de pie desplegando su ojo biónico listo para seguir avanzando.


En lo más profundo del bosque, la vegetación había dejado de crecer por el pedregoso terreno cercano al río, allí, la relajante melodía del agua chocando contra las piedras resonaba a lo largo del mismo, acompañadas de la cálida brisa del oeste, era un paisaje tan acogedor que era el lugar adecuado para dormir una siesta. Sin embargo, esta paz ocultaba los débiles llamados de auxilio de una pony al salir de los árboles.

Arrastrándose muy adolorida con los cascos delanteros, había logrado escapar de sus captores luego de que estos se distrajeran. Su rosado pelaje tenía zonas manchadas gracias a cortes superficiales y marcas de quemadura, eso sin contar los numerosos moretones ocultos. Sus hermosos rulos púrpura, ahora transformados en feos mechones de cabello, estaban esparcidos por su cabeza y cola, denotando la brutalidad con la cual habían sido arrancados. Tenía el rostro lastimado, pero aun podía llorar, oyendo las rocas ser raspadas por sus cascos al moverse, sentía el abrasador calor de las heridas, tenía miedo, mucho miedo, y apenas podía respirar culpa del intenso dolor en su pecho.

—Por favor… ayuda —fue lo último que logró decir antes de rendirse por completo, había llegado al río, y en su estado le sería imposible escapar. —No… —sollozó apoyando el mentón en la piedra, estallando en un llanto silencioso que solo ella podía oír.

Súbitamente, el ruido de los arbustos tras de sí reemplazaron la pena por terror, la habían encontrado. A pesar del dolor, y de que ya no podía sentir las piernas, su desesperación le dio fuerzas para poner un casco frente al otro, gimiendo por el esfuerzo y las ganas de seguir viviendo. Pero fue inútil, la ligera vibración en la tierra fue suficiente para paralizarla, y de pronto, cinco gordos dedos la tomaron por el cuello presionando con fuerza. No podía respirar. Con una sádica delicadeza, fue levantada del suelo como una muñeca de trapo, quedando frente a frente con su captor. El feo y gordo rostro del troll tenía una gran sonrisa por verla ahogarse, le presionaba el cuello lo suficiente para verla retorcerse, pero no tanto como para matarla; eso para él, sería ser piadoso y para nada divertido.

—¿Poder usarla ahora? —preguntó emocionado a los árboles, de los cuales, tres similares a él salieron del follaje. Vestidos con trapos y trozos de tela mal colocados, llevaban rústicas armas de piedra en improvisados cinturones de piel.

—No, jefe no querer más trolls, matarla para comerla, yo tener hambre —respondió el más gordo y grande de los cuatro, expulsando saliva con cada palabra.

Haciendo una mueca inconforme, la asquerosa criatura miró con desidia su juguete. Aumentando poco a poco la fuerza del agarre, su sonrisa crecía a la par que observaba fascinado los débiles intentos de ésta por liberarse. Era el fin. A pesar de estar en ese estado no quería morir, sin embargo, lentamente dejó de oponer resistencia, su visión ya estaba oscura, sus cascos cayeron inertes como el resto de su cuerpo, y por última vez, aquellos ojos color miel vieron los hermosos recuerdos de su vida, una lágrima recorrió su mejilla, y dejó de existir.

—Slash —grasa, carne y huesos fueron atravesados por una fina hoja de metal.

El maltratado cuerpo de la yegua cayó liberando su cuello, siendo atrapada al instante, fue recostado con gentileza sobre las rocas, y aunque ya no respiraba, finos hilos color plata se colaban por su nariz.

—¡Aaaaahhhhhh…. hugh! —Gritó aterrado aquel asqueroso troll antes de que un poderoso puño se hundiera en su cara.

El resto de sus compañeros ni se percataron cuando, desde los árboles, una silueta saltó al ataque. Oriol había llegado y estaba furioso. Sin esperar ni un segundo se lanzó a por los demás. Atravesando al primero antes de que desenfundara, aprovechó el impulso para ir por el segundo. Dándole una fulminante patada alta en el rostro, le derribó. Mientras le arrancaba el arma al primero, le atravesó rápidamente la garganta al tercero. Culminando en un salto para rematar al restante ya en el suelo. Entonces, plegó su cuchilla.

El soldado respiraba agitado mientras hincaba las rodillas para observar a la pony, malherida, sucia y con el rostro lleno de lágrimas. Esto le rompía el corazón, no pudo evitar sentirse culpable por haber parado a pensar en su situación, mientras él perdía ese valioso tiempo, habían civiles que le necesitaban. Sin embargo, ver el pecho de esta terrestre moverse le dio una gran satisfacción y alivio, había llegado a tiempo.

—«Tuvo suerte de ser pequeña, o si no los nanobots no podrían haber vuelto a poner su corazón en marcha» —la voz de Iac sonaba neutral, si esta inteligencia artificial podría sentir algo en ese momento, esto era la culpa—. «Veamos…» —Oriol no tomó atención mientras él enumeraba sus heridas; la lista fue larga.

—«¿Está en coma?» —consultó el humano apoyándola cuidadosamente en sus pectorales, observándola con cariño, notó como su melena púrpura volvía a crecer.

—«Dejemos que los nanobots trabajen tranquilos, no te preocupes, solo está cansada, lo mejor sería llevarla con el grupo antes de seguir explorando».

Oriol asintió, un sentimiento de protección le invadía el cuerpo, sabía que había más ponis esperándolo, pero él solo tenía dos manos; la presión del deber pesaba en sus hombros.

—Diablos Iac, no puedo creer lo que esas cosas le hicieron, si no hubieras detectado su llamado, ahora estaría muerta —susurró caminando por el bosque con la pony en los brazos, teniendo cuidado de no molestarla.

Pasó el tiempo, y cuando de su rostro desaparecieron las heridas, una ligera sonrisa se dibujó a la vez que, por sí sola, tomaba una posición más cómoda en el pecho del gigante. No obstante, la tranquilidad no les duraría mucho. Otra patrulla de trolls se cruzó en el camino del soldado, obligándole a ocultarse tras de un árbol. Ya no eran cuatro, sino doce trolls quienes buscaban a los perdidos. A pesar de ser superado en número, Oriol les ganaba en experiencia, dejando a la terrestre escondida en un arbusto, se preparó para tenderles una emboscada, después de todo, aún se hallaban en lo profundo del bosque.

Rodeados de árboles, arbustos y rocas grandes, estos trolls, carentes de un buen olfato e inteligencia táctica, buscaban por todos lados a sus compañeros sin saber que eran observados. Un cuarteto de estas gordas bestias se había separado del resto. Oriol no tuvo que esconderse mucho tiempo para tenderles una trampa.

Escondido entre la frondosa vegetación, espero paciente a que uno se acercara. En cuanto lo tuvo al alcance, usó su brazo de metal para torcerle el cuello y zambullirlo en el arbusto. Acto seguido, dio un suave silbido llamando la atención del resto. Una vez tuvo a los tres reunidos frente al follaje, su hoja emergió del mismo y rebanó sus cuellos al instante.

Al cambiar de posición, acabó sigilosamente con tres más, era muy fácil acercarse a ellos y cortarles la nuca antes de que se dieran cuenta. Con la ayuda de su ojo biónico y el sistema VAT (Vista de Ataque Táctico) en su cerebro, los movimientos del gigante eran elegantes y muy sincronizados, tanto así que acabó con dos trolls más usando sus puños, aplicando un gran impacto en un punto específico de la cabeza, nada más bastaba un golpe para matarlos.

Los últimos tres ya estaban nerviosos, todos sus compañeros habían desaparecido sin rastro alguno, y sentían que algo los observaba. La sombra de los árboles dejaba pasar escasos rayos de sol, y fue precisamente uno de estos rayos quien reflejó la espada de Oriol, antes de acabar con la vida de dos. El último en pie se llevó la peor parte, pues sería el "afortunado" que le diría al soldado todo lo que él quería saber. Su muerte pudo ser rápida e indolora, pero luego de ver que traía un cuerno de unicornio colgado al cuello, el humano no quiso contenerse a la hora de "preguntar amablemente".

—¿Dónde está tu campamento?


Poco a poco aquella pony rosa fue despertando, ya no sentía dolor o tristeza, sino una relajante paz interior. Estaba acostada en las rocas con la luz del sol filtrándose por algo, y al abrir los ojos, vio con gran alegría su melena púrpura junto con su cola. Estaba anonada pero muy confundida, pues a pesar de que todas sus heridas habían sanado, y del hecho de poder sentir de nuevo las patas traseras, lo último en su memoria era la abrumadora oscuridad rodeándola, sin embargo, también recordaba haber sido cargada por un ser bípedo de rebosante de luz blanca.

—¿Qué pasó? —dijo confundida al mirar a su alrededor, percatandose en ese momento de la multitud de ponis que le rodeaban: terrestres, unicornios y pegasos vestidos de armaduras plateadas; eran guardias de ManeTown. Armados con lanzas y espadas listos para la batalla.

—¡Oh!, despertaste —la cálida voz de una yegua la pilló por sorpresa, tras dar un pequeño grito y encoger los cascos, vio los tranquilos ojos azules de una soldado unicornio, la cual, aparte de tener el pelaje color magenta y la melena de tono turquesa, tenía una banda de cruz roja en el costado de su armadura—. Ya estás a salvo, menos mal que el equipo del teniente Dust te encontró, tuviste mucha suerte de estar ilesa, he escuchado que los trolls pueden ser algo sádicos… —se llevó el casco a la boca bajando las orejas— disculpa, no fue mi intención. ¿Cómo te sientes?, no soy tan buena como la doctora Cross, pero puedo ayudarte si lo deseas —volteando solo el cuello, tomó con los dientes un maletín lleno de medicinas y vendajes, mostrando una gran sonrisa al dejarlo frente a la terrestre.

—Oh… estoy bien, es solo… el cansancio —respondió de forma tímida acostándose sobre su vientre, al hacerlo, se dio cuenta de que estaba sobre una manta de lana, había una botella de agua a su lado junto a unas manzanas, las cuales no tardó en comer, pues sentía un hambre atroz. Pasados unos segundos, rompió en llanto, estaba feliz de estar viva, de alguna forma lo había logrado, pero de pronto, la felicidad se volvió amarga, su familia aún estaba atrapada en aquella horrible cueva.


Cerca de una carretera de tierra, oculta por robles, arbustos y demás, en el centro de un gran claro rocoso, una caverna se ubicaba en la base de una de las colinas hermanas, con fácil acceso al río, era el escondite perfecto para cualquier banda de asaltantes, sin embargo, sus pieles ahora decoraban el exterior en forma de macabros estandartes y esqueletos. El área estaba patrullada por grupos de trolls, y aunque la entrada estaba casi desierta, dos enormes mastodontes de esa especie la protegían; mínimo debían medir cerca de tres metros, e iban pobremente vestidos y armados con grandes trozos de madera.

Acompañado de 15 pegasos repartidos en diferentes árboles, el teniente Dust observaba atento cualquier movimiento. Smoky Cloud y Maple Syrup estaban a su lado; uno era su mejor amigo, y la otra no quería estar cerca de Oriol, el cual había vuelto a desaparecer.

—Demonios Silver, ¿viste esas cosas que están en la entrada?, son enormes… —tratando de ocultar el miedo en su voz, Cloud se mantenía pegado a las hojas bajo su mentón— ¿crees que podamos con ellos?, digo, con ayuda de nuestro "gigante" quizá podamos derribar a uno.

El pegaso capuchino también tenía sus dudas, mirando a sus tropas, podía ver el nerviosismo en sus ojos. No solo se enfrentarían a trolls, sino que también a esas cosas.

—Aún esperamos la estrategia del capitán, por ahora mantengamos la posición y… —el tímido susurro de Maple Syrup no le dejó terminar.

—Teniente —musitó nerviosa— la criatura emm… Oriol ha vuelto —todo su cuerpo se estremeció de un escalofrío— tiene que verlo.

Inmediatamente Silver sumergió la cabeza entre las hojas para ver el suelo, pero no encontró nada.

—Aquí —un breve eco proveniente de un arbusto llamó su atención.

—Por celestia… umh —aguantó las ganas de vomitar. Los ojos de Silver se abrieron de par en par al ver a Oriol manchado de sangre, desde el cabello, los brazos, el pecho y sus pantalones, incluso algunas gotas todavía caían de su hoja desplegada—. «Si Cream te viera ahora…» pensó tragando nervioso.

—Dos patrullas menos —comentó al acercarse al árbol con el rostro serio, su ceño fruncido casi parecía ser natural— ¿tienes un trapo?

Poco después, Silver le lanzó un trozo de tela, no sabía que le asustaba más, el hecho de que no podía ver esa aura negra en él, o ver esa cara casi indiferente en su rostro. Fuera cual fuera, le hacía temblar, pero no tanto como al resto de los pegasos presentes, quienes, por curiosos, se llevaron el susto de sus vidas. Ellos aún veían el miasma oscuro en el cuerpo de Oriol; cubriéndolo casi por completo.

Luego de limpiarse, aquel trapo blanco pasó a ser de un rojo intenso, siendo arrojado al suelo con una mirada de asco.

—¿Qué estamos esperando? —consultó impaciente el soldado—. Hay ponis en peligro y ustedes se sientan a esperar, maldición.

—No es que yo no quiera salvarlos, pero no todos somos como tú, además, aún faltan que lleguen las órdenes del capitán —remarcó Silver enfadado en voz baja—. Sé que hay ponis ahí dentro, pero sin refuerzos tenemos muy pocas oportunidades de sobrevivir.

La impotencia se apoderaba del gigante, aún faltaban cuatro horas para el atardecer, y para él, estaban perdiendo valioso tiempo esperando refuerzos; los civiles podían estar sufriendo. Oriol tenía muy clara su misión; rescatar a esos ponis. Aparte, le prometió a Winter que iría junto a Silver, y él ya estaba allí, por lo que, si actuara solo, estaría cumpliendo con su palabra. No dejaría morir a ningún inocente mientras él estuviera allí para evitarlo, falló en el pasado, pero ahora, no volvería a hacerlo.

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NA: Buenas Steelbud aquí xD

Estamos cerca de terminar el primer acto de esta historia, la cual concluye al final de este capitulo. Como saben, constantemente intento mejorar respecto a la literatura, dibujo, etc. Por lo tal, y aparte de que las partes están superando las 4000 palabras, no me es posible traerles capítulos cada semana. Mi tiempo es limitado y lamentablemente mis prioridades son mis estudios.

Gracias por sus visitas y las review, no saben lo feliz que soy de escribir esto, es mi primer proyecto con casi 20 partes, y más de 80000 palabras. De verdad, gracias por leer eso, cuando termine el primer acto, me dedicaré a editar las partes del mismo, pues hay muchas cosas por corregir. :3

PD: Ver a UnSimpleEscritor terminar su fanfic... fue... triste, pero a la vez muy motivante, gracias compañero por ayudarme. Y felicidad por un proyecto terminado.