Capítulo 6: Eclipse Lunar (3)
—Tranquila Bandages, soy doctora. —dijo muy segura antes de empezar.
Con una precisión milimétrica digna de un cirujano, Cream comenzó a deslizar el bisturí en una reducida zona en la pata de la anciana; tan pequeña herida presentó un mínimo sangrado. Tanto familiares como la enfermera y alguno que otro curioso, observaban la escena sin decir nada. La doctora Cross emanaba una concentración a tal escala que nadie se atrevía a interrumpirla, mientras tanto, esta pobre anciana no sentía dolor, o el casco siquiera. Sus ojos marrones seguían el bisturí en lo que fuese que estuviera haciéndole a su pata, creía en que aquella linda, amable, y joven terrestre pelirroja, la cual amablemente curaba todas sus dolencias cuando visitaba su clínica, no estaría haciendo esto por nada, le tenía fe, más aún, poseía la suficiente como para confiarle su propia vida.
—Bandages, ¿puedes venir un momento? —llamó serena con el ceño fruncido a la enfermera, a la par que seguía operando—. Bandages —ésta, casi al lado de la doctora, dio un ligero brinco cuando escuchó su nombre, estaba tan abstraída en la operación que casi tropieza con sus propios cascos—. Necesito magia aquí, rápido, unas pinzas, alcohol, gasas y un vidrio de muestras por favor, eh… uno que se pueda cerrar si es posible.
La confusión de la asistente era visible ante tal pedido, pues por su rostro y sus orejas caídas, era claro que debió haberlo anotado. Nunca había visto a la doctora con el ceño fruncido al operar a un paciente, de hecho, ella ni siquiera había estado en una operación, menos en una llevada a cabo entre tantos ponis; su trabajo era cuidar enfermos y traer medicinas. Aun así, parecía recordar la mayoría de lo solicitado. Tras arreglarse el lindo gorrito blanco de cruz roja, la joven enfermera terrestre, de crin anaranjada y pelaje marrón claro, cuya cutiemark tenía forma de vendaje, dio media vuelta y fue a buscar lo requerido a toda velocidad. Seis minutos fueron suficientes para traer a un enfermero unicornio junto a todo lo solicitado. Los demás pacientes observaban como Bandages empujaba una mesita con ruedas jadeante de tanto esfuerzo; el vidrio de muestras fue lo más difícil de hallar, pues tuvo que correr a la bodega más "cercana" para hallarlo. No obstante, Cream ignoró el enorme esfuerzo hecho por su personal, dio un vano "gracias" y siguió operando, acto seguido, su fiel enfermera cayó rendida ante un obvio cansancio, siendo recogida por un aura azulada antes de tocar el piso.
—¿Solicitó magia doctora Cross? —consultó el semental levantando a quien le había traído hasta aquí, sacudiendo un poco de polvo arraigado en su bata blanca con mirada altanera. Poco después y antes de dirigirse donde la doctora, dejó recostada a Bandages en una cama disponible ante la mirada incrédula de los enfermos cercanos. Luego de dar una mirada agresiva de "¿Qué están mirando?", acarició la melena de Bandages felicitándola por el esfuerzo.
—Pinzas, y danos algo de privacidad, ¿quieres?, hay muchos ponis viendo —respondió Cream en seco en cuanto sintió su presencia detrás. Ante tal respuesta, el unicornio de pelaje gris y crin azulada obedeció sin protestar; conocía lo suficiente a la doctora como para simplemente actuar, aunque esta faceta de ella no la había visto.
Sobre la mesita dejada por la enfermera, había artilugios médicos de todo tipo ordenados sistemáticamente: desde bisturíes de todos los tamaños, estetoscopios, termómetros, tijeras, lentes y demás. Entre todos ellos, un pequeño y largo objeto metálico, fue rodeado gracias al hechizo de telequinesis quedando sobre la doctora, a la vez, algunas cortinas en soportes, arrastradas por magia, fueron rodeando la cama de la anciana hasta ocultarla de miradas ajenas, e inclusive, pidió a los familiares retirarse y darle espacio a la doctora; los eufemismos médicos siempre funcionaban en estos casos.
Una vez que los hijos de la anciana se retiraron, el unicornio en bata ingresó dentro de las cortinas. Aquella veterana yacía dormida, Cream no perdió tiempo y le dio algunos sedantes. Ya había dejado de cortarle la pata, ahora, con la mirada fija en la incisión, limpiaba la poca sangre resultante.
—Eghm… —aclaró su garganta en un intento de llamar la atención, aunque fue inútil. Caminando despacio hacia ella, ignoró altivo la situación y se concentró en el paciente—. ¿Ahora qué, doctora?, espero que tenga una buena razón para hacer esto sin ningún tipo de consentimiento.
—¿Ves ese pequeño punto blanco? —señaló Cream apuntando con el casco a la herida, la cual era casi invisible entre el carmín pelaje de la anciana—. Sácalo.
—¿Sacarlo? —respondió sacando unos delgados lentes de su bata— doctora Cross, apenas puedo ver la incisión, ¿no debió rasurarle primero la pata?, digo, es el procedimiento estándar —el semental movía las orejas y el cuello confundido, entrecerraba los ojos intentando ver, pero no lograba distinguir nada—. ¿Qué tipo de punto me está señalando?
«Me lleva la…» Cream resopló breve, pidió paciencia a Celestia y tomó ella misma las pinzas con el hocico, dejando al unicornio sintiéndose un poco inútil bajo esa fachada orgullosa. Sin una mínima expresión de asco en el rostro, la doctora agachó la cabeza hacia la herida y sacó una delgada línea blanca en un ágil movimiento, la cual, no dejaba de moverse.
—El virrio de mustra, pon el virrio joer —con las pinzas en la boca le era difícil modular, más aún cuando se tiene a un gusano retorciéndose a pocos centímetros de la cara—. ¡El virrio joer! —chilló al sentir un ligero cosquilleo en el orificio de la nariz.
—¿virrio? —preguntó el enfermero intentado descifrar lo que la doctora quería decir. No fue sino hasta que se fijó en el gusano, el cual intentaba escapar de los palillos de metal, cuando espabiló—. ¡Oh!, vidrio… ¡rayos! ¡de inmediato doctora, de inmediato!
«Por a Celestia, ¿Dónde estudiaste medicina?» pensó sarcástica al ver el apresurado actuar del enfermero, pero finalmente tenía al gusano encerrado entre paredes de cristal. Tras pedirle algunos vendajes, Cream dio una risita al verle tropezar nada más voltear a buscar gasas, se arregló el moño que sujetaba su crin rojiza y vendó la pata de la anciana.
—Míralo Matches, eso es lo que está afectando a la población —sosteniendo el vidrio sobre su casco la doctora exhibía su logro; aquel gusano seguía retorciéndose intentando escapar.
—Es increíble —afirmó el unicornio. Sin querer, acercó la nariz, haciendo que el gusano saltara en su dirección chocando con el borde de su prisión de cristal—. ¡Ah! —exclamó del susto, y tras arreglarse los lentes con magia, consultó—. Pensar que todo este tiempo creímos que era una bacteria o un virus, quién hubiera adivinado que era un parásito, ¿conoces su especie?
Cream negó casi de inmediato—. Nunca había visto algo así, obviamente no es una solitaria, pero eso ahora no importa —dejando el cristal sobre la mesita, miró a la anciana descansar— estos pequeños bastardos están matando al pueblo, fue mera suerte que los descubriera.
La doctora bajo la mirada sobándose el casco con pesar «ojalá haberlo descubierto antes de perder ponis…»
Una presión en su hombro le hizo levantar la vista, Matches intentaba consolarla. Cream sabía que, tras esa fachada de orgullo y soberbia, simplemente era un pony inseguro—. Tranquila, ahora sabemos que es, lo siguiente es saber cómo matarlos y salvar al pueblo.
Suavemente retiró el casco del semental asintiendo— Tengo una teoría, pero no podemos aplicarla a los ancianos o a los potrillos, están muy débiles. Ven, sígueme, te lo explicaré en el camino.
Cream salió de entre las cortinas, solo para darse cuenta que todos le miraban, desde los enfermos en sus camas, las familias a su lado, e incluso el personal médico presente. Tras de sí, Matches había devuelto las cortinas a sus respectivos lugares, quedando poco después junto a ella.
Con seguridad dio un paso al frente, alzó el casco y habló ignorando lo que había pasado; estaba emocionada de su descubrimiento—. Hemos logrado un avance, encontramos la causa de su enfermedad— su tono de voz empezó a decaer a medida que se daba cuenta de la situación— y haremos todo lo posible para curarlos, tengan fe… en… ¿nosotros?
La doctora tragó saliva, bajó el casco con lentitud y sus ojos se desviaron a la derecha; esas palabras habían salido en un mal momento. Nadie dijo nada, simplemente bajaron la mirada. En un silencio sepulcral, dos enfermeras quedaron inmóviles viendo con pena a la doctora; llevaban una bolsa negra rumbo a la cocina sobre una camilla. El corazón de Cream se sintió pesado en ese momento, más aún cuando recordó lo anteriormente dicho, y antes de decir algo e intentar enmendar la situación, el semental grisáceo la detuvo.
—Doctora, hay que seguir —le susurró al oído mientras indicaba a las enfermeras continuar con su trabajo, pero Cream no quitaba los ojos de la bolsa.
El tiempo para ella se había ralentizado, su pecho bombeaba lento, casi al ritmo del pesado caminar de aquellas enfermeras, estaba paralizada—. ¿Quién… quién va en esa bolsa? —murmuró quitándose los cascos de Matches. A paso lento caminaba hacia las enfermeras, las cuales se habían detenido.
Con solo ver el tamaño de la bolsa, Cream se desplomó quedando sentada, un pitido le inundó la cabeza y su respiración se sentía gélida como el hielo. El tiempo seguía ralentizado a los ojos de la doctora, al voltear hacia atrás, vio a Matches acercarse a ella, a casi todos los enfermos mirándola desesperanzados, y a los guardias conteniendo a un semental terrestre entre gritos y forcejeos; cuyos ojos inyectados en sangre y lágrimas iban directos hacia ella, más al fondo una yegua lloraba amargamente a los pies de una camilla.
—Doctora —llamó Matches con voz suave al ponerse a su lado, haciendo que el tiempo volviera a la normalidad, pero no hubo respuestas—. Llévense la bolsa de aquí —ordenó tranquilo a las enfermeras, quienes obedecieron de inmediato.
Intentó levantarla con magia, pero no hubo caso, ella estaba congelada. Éste desvió la mirada a un lado, aumentó la fuerza de su magia y le hizo levitar, saliendo poco después de la casa comunal. Cream, en ningún momento dejó de ver esas miradas fijas sobre ella. Pena, miedo e ira, todos esos ojos habían calado tan profundo en su corazón que, ya afuera, y aun en el aire gracias a la magia, tomó sus cascos haciéndose pequeña y sollozó en silencio.
Bajo el sol de media tarde, toda la culpa estaba recayendo en ella, todos estaban en su contra.
Paralelamente, en lo profundo del bosque abundaba el olor a sangre. Las hojas, la madera, y la tierra de ciertas áreas específicas tenían rastros de pelea y muerte. Entre las ruinas de un campamento pony, cuyas cercanías abundaban cuerpos sin vida de trolls, dos figuras: una bípeda, muy grande de cabello color cian con manchas escarlata en su claro y tonificado cuerpo, la otra, cuadrúpeda, alada y de pelaje capuchino. Tenían una peculiar charla.
—¿No te vas a disculpar? —con un tono de voz afónico, Silver se hallaba sentado junto a la tienda que había usado de escondite. Para lo que sucedió, estaba bastante tranquilo, aunque eso podía deberse a su contacto con aquel bípedo.
Tenía la mano metálica de Oriol haciéndole presión bajo la mandibula, sus cascos cruzados denotaban impaciencia y su rostro enojo, no era para menos, pues nunca antes le habían rebanado tal parte de su cuerpo.
—¿Disculparme? —contestó sarcástico— ¿Acaso te moriste?
—Me costaste el cuello —el esfuerzo de la voz provocaba que sonara algo disonante—. ¿No te parece suficiente?
—¿Pero, te moriste? —volvió a preguntar ahora sonriendo burlesco—. Ya no hables, aun no termino de reparar por completo tus cuerdas vocales y suenas horrible, aunque yo te dejaría sin hablar, eres un dolor de trasero.
El pegaso dio un resoplido típico de un equino. Habían pasado cerca de seis minutos desde que la cabeza de Silver fue separada de su cuerpo por al menos siete milímetros; de no haber sido por los ágiles reflejos del humano, y sus nanobots obviamente, éste habría tenido que contar otra muerte.
—No puedo creer que me estés haciendo perder el tiempo así —refunfuñó el gigante quitando la mano de ese peludo cuello, su tono ya no sonaba socarrón—. Listo, ya no tienes para que quejarte, ahora vuelve con los tuyos y déjame hacer lo que mejor hago.
—¿Matar?, porque si eso es lo que haces, eres muy bueno —Silver finalmente hablaba con normalidad, aunque su tono de voz denotaba enfado, lo cual a Oriol le molestaba.
Dejando de lado las bromas, el soldado habló con seriedad—. ¿Viste la bolsa?
—Sí, si la vi…
—Entonces ya no estés preguntando estupideces —contestó tajante, dando media vuelta rumbo hacia el bosque; no podía perder más tiempo—. Además, soy un soldado, fue tu culpa el haber casi perdido la cabeza, si hubieras salido no te hubiera hecho nada, eso te pasó por andar de metiche. Y por cierto, se dice "gracias", cuando alguien te salva la vida.
—¡Pero si tú fuiste el que casi me mata! —exclamó Silver dando un pisotón y extendiendo las alas, aunque todavía le tenía miedo—. ¡Eres un cínico, un monstruo sediento de sangre!
Oriol volteó la cabeza amenazante, se dijo a sí mismo el ignorar las palabras del pegaso, y así lo hizo. Tan rápido como Silver terminó de gritarle, desapareció entre el follaje del bosque dejando al pegaso solo nuevamente.
—«Hiciste bien colega —la voz extraña le había felicitado— ahora vamos por esos malditos, por cierto, llámame Mirror, por lo que veo ,estaremos así bastante tiempo».
—«¿Nuestro nombre de combate?» pensó Oriol mientras atravesaba la espesura del bosque rumbo al objetivo—. «No he usado ese nombre desde la guerra»
—«Así es, será mucho mejor que llamarme "Oriol 2", ¿eh?» —su tono casi parecía bromista, aunque con prisa cambió a uno más serio—. «Además, no creas que es tan fácil para mi aceptar esto, solamente no te hago problemas para no comprometer la misión, después tendremos mucho que discutir, sobre todo con esa "máquina" que traemos con nosotros». Iac guardó silencio.
La espesura del bosque pronto comenzó a menguar, el pasto, los árboles y el contante piar de las aves, fueron reemplazadas por una superficie rocosa, arbustos y el suave sonido de la corriente de un rio, mismo en el cual, Oriol había salvado a aquella pony rosa. Las plantas de sus pies sintieron el calor de la piedra a medida que avanzaba ya más tranquilo hacia el agua.
—«¿De verdad confías en lo dicho por esa cosa fea?»— aunque la voz de Mirror era la misma comparada con la de Oriol, éste podía identificarla de su propio pensamiento; como si escuchara una grabación de sí mismo.
—Por alguna razón no pueden mentirme, les da una especie de parálisis si lo hacen —contestó el humano fuera de su pensamiento mientras se acercaba al rio. Al oterar buscando amenazas, y no hallarlas, tomó rumbo hacia el norte rio arriba a toda velocidad.
En su subconsciente, la llama de tonos nocturnos rodeaba al enorme incendio rosado en la forma de un muro de fuego, sobre ellos, orbitaba la ascua celeste; por primera vez, el trío se había juntado. Era posible que, fruto de esta unión, el área donde antes no había nada, sino mera oscuridad y nieve, ahora estaba llena de mariposas multicolor, aleteando suavemente sus pequeñas alas. Brotes de árboles traslucidos tenían como base césped cristalino de múltiples colores vivos y cambiantes, variando todo espectro. Breves chispas arcoíris destellaban de vez en cuando alrededor del centro de fuego, más aun, algo parecido a un pedestal de piedra estaba emergiendo bajo las llamas, al igual que pilares de cristal entre el pasto, los cuales daban dulces y vibrantes melodías. Sin embargo, fuera de este ambiente armónico y lleno de paz, el límite con las sombras era contundente, casi podía verse la remarcada línea negra que los separaba.
—¿Iac? —la voz provenía del muro ardiente, no parecía enfadado, ni menos con ganas de pelear, quizá este ambiente pacífico le había relajado—. ¿Estás ahí colega?
La ascua celeste orbitaba sin cesar dejando una estela detrás de sí, mantenía silencio ignorando esas palabras, pero tras varias serenas insistencias, respondió en calma—. ¿Qué necesitas?
—¿De verdad sabes por qué estamos aquí? —esa pregunta hizo que Iac detuviera poco a poco su órbita— ¿lo sabes?
Oriol no podía oír esta conversación, solo podía escuchar sus voces si iban directamente para él. La estela de brillantes tonos celestes descendió hasta la base del incendio rosado, allí, más allá de las chispas y mariposas circundantes, lentamente las rocas pulidas del pedestal emergían con lentitud.
—No podré darles una respuesta que satisfaga todas sus preguntas —su voz era la de una maquina como tal: monótono, grave, y sin pisca de emoción—. Digamos que yo fui el primero en despertar, pero aun así mi conocimiento es limitado.
—¿Qué pasó después del destello Iac? —la voz de Mirror hizo eco entre el melódico canto de los brotes de cristal, su tono suave se mostraba afligido—. ¿por qué estamos aquí? ¿por qué están las sombras o las mariposas? ¿por qué me convertí en esto?
—No lo sé —respondió desamparado, las emociones que tanto le gustaba tener estaban saliendo— cuando desperté todo parecía… extraño, recuerdo lo mismo que ustedes antes de cruzar el portal, la nave, el pasado y demás, pero cuando aparecí me sentía raro, de hecho, podía sentir, ¿sabes lo se siente tener algo que nunca habías tenido?, yo no porto el algoritmo de conciencia que usan los sintéticos, era una simple IA nada más, un mero programa…
—¿Entonces? —Mirror se mantenía sereno, sus flamas ondulaban al son de la resonante y dulce melodía del cristal.
—Es que simplemente no lo sé —la conversación no parecía ir a ningún lado, pero antes de que el muro flameante hablara, Iac continuó— pero había… algo conmigo cuando desperté en medio de toda esa penumbra, era algo muy brillante, tenía la misma forma que los nativos de esta tierra, y aunque después aparecieron más, no entendí nada de lo que me dijeron.
—¿Dijeron? ¿Quiénes?
—No estoy seguro, eran… "Ponis", supongo —Iac sonaba pensativo, buscando en sus datos de memoria, expuso—. Si analizo sus figuras deberían haber sido unas nueve figuras en total, aunque tres de ellas eran más altas que es resto y tenían rasgos que no he visto en ningún otro nativo.
—¿Te refieres a que nuestra "situación" tiene que ver algo con ellos? —las flamas de Mirror parecían tomar más vida.
—Puede ser, pero ni siquiera eran tangibles cuando aparecieron, es como si estuviesen hechos de polvo muy brillante, hablaron un rato y luego desaparecieron, pero tengo memorizado el sonido.
—Oriol querrá saber esto.
Fuera de su subconsciente, el gigante humano había llegado lo más lejos que había podido, siendo su limitador una enorme pared de roca sólida; las colinas hermanas. Éstas habían ganado su sombre por ser grandes peñascos solitarios en medio del bosque, y, aunque no eran muy altos, si eran anchos y huecos; el lugar perfecto para ocultarse. El rio parecía provenir desde el interior de la montaña, así lo demostraba su caudal.
—Parece que "colina" se le queda corto —comentó alzando la vista hacia la punta del peñasco, luego, desvió la mirada hacia el rio.
Iac finalmente apareció, había estado callado casi todo el camino—. «Según ese troll, la pared debería ser muy delgada, tendrás que nadar un poco para llegar al otro lado».
Oriol levantó una ceja al escuchar otra vez a su compañero mental—. Creí que estarías callado todo el resto del día —señaló con rechazo.
—«Necesitaremos su apoyo» —la voz de Mirror denotaba honestidad—. «No te confundas, todavía no olvido el mes que pasé conteniendo las sombras, pero ahora… —suspiró sereno— estamos en esto juntos, ¿vale?, lo que menos hay que tener son conflictos internos, concentrémonos en la misión, hay civiles que rescatar, ¿no?».
El soldado asintió.
Su gruesa piel casi no sentía el frio toque del agua, empezando por sus pies hasta la parte baja del vientre; a los ponis le hubiese llegado al cuello. La sangre seca de sus enemigos se iba limpiando a medida que sumergía el resto de su cuerpo, a la vez que mojaba sus pantalones de lana. Cada paso rumbo a inicio del rio tapaba otro centímetro de su cuerpo hasta topar con la pared de piedra. El sonido suave de la corriente fuera de los rápidos era tranquilizador, probó respirar aire dos veces: inspiró y exhaló con los ojos cerrados, sintiendo solamente el agua recorrer todo ser, y cuando abrió sus párpados, dos iris resplandecían en su rostro; azul y rosa. Luego se sumergió.
Gracias a su ojo biónico podía ver con suma claridad bajo el agua, se encontraba en una depresión del lecho del rio, por lo que podía moverse aun teniendo en cuenta su tamaño. Avanzando sigiloso, miró hacia el cielo de agua pudiendo ver el resplandor de antorchas deformándose por la corriente, más adelante y manteniendo la posición agarrado de unas rocas, la figura de cascos extrayendo agua le llamó la atención. Lentamente sus cabellos de tonos cian emergieron de las aguas hasta liberar su nariz, ahí se detuvo. Con el ceño fruncido, y los ojos semi-cubiertos por su cabello, miraba oculto tras las rocas como un gordo troll obligaba a un semental pegaso a sacar agua.
Aquel pony había perdido sus alas junto a su crin, tenía múltiples heridas, quemaduras y moretones por todo su pelaje gris. Su rostro mantenía una mirada triste y desolada. Cojeando por las heridas entre inaudibles gemidos de dolor y llanto, se esforzaba por llevar un gran barril de agua amarrado a al lomo, justo en la zona donde deberían estar sus alas; lo que quedó, había sido cauterizado. Oriol se acercó sin sacar el resto de su cuerpo, siendo ignorado por el troll y el pegaso.
—¡Ahh! ¡Deja de llorar pony! —exclamó sin piedad aquel gordo lleno de aretes mugrosos. De repente, las patas del pegaso cedieron, éste cayó rompiendo el barril derramando su contenido—. ¡Pony idiota! —gritó escupiendo saliva.
Desesperado, aquel joven semental intentó recoger algunos pedazos mientras pedía perdón y misericordia, pero no le salvó de recibir una feroz patada en el vientre lanzándolo hacia las rocas.
—Perdon… —gimió el pegaso sin aire con ambos cascos en el estómago— lo siento… ¡uuhhhggg! —el siguiente golpe fue en el rostro, dejándolo casi inconsciente.
Dándole la espalda al rio, aquel inmisericorde monstruo sonreía con cada golpe propinado al pobre semental, se tomaba su tiempo para darle esperanzas de que ese iba a ser el último; le gustaba verle cubrirse inútilmente mientras lloraba pidiendo perdón. Sin embargo, entre sus grotescas risas y los lamentos de su víctima, ignoró el sonido de algo saliendo del agua.
—Ja, ja, ja, ja —dio un golpe manchando su puño de rojo— ja, ja, ja — alzó el brazo para dar otro.
Slash. No obstante, su mano no tocó la suave carne de aquel pony, es más, ya no la tenía
Un ligero ruido seco en el suelo llamó su atención, era su mano. —¿Eh?
Súbitamente alguien le cubrió la boca con fuerza a la vez que algo le atravesaba el pecho, una, y otra, y otra vez. El troll se retorció intentando luchar, pero le seguían apuñalando. Sus costillas crujían con cada impacto mientras una delgada hoja salía de su pecho. Tras unos instantes, se desplomó inerte sobre las rocas.
El pegaso yacía moribundo viendo a su agresor, la cara y el lomo le dolían, casi no podía ver, aun así, entre lo borroso de su visión, desvió lentamente la mirada hasta toparse con dos puntos brillantes que le observaban, tenía miedo, pero una suave presión en su cabeza despejó sus inseguridades, el dolor lentamente desaparecía y casi podía sentir que tenía sus alas otra vez.
Lejos de la casa comunal de ManeTown, Cream caminaba cabizbaja acompañada del doctor Matches. Tenía la mirada perdida en las losetas de la calle, sus pasos eran lentos a la par de cuidadosos, y de vez en cuando debía limpiar alguna que otra lágrima de sus mejillas.
—Cream… —Matches intentó romper el hielo, pero no obtenía respuestas, tratar de animarla podía empeorar la situación.
Para sorpresa del semental, la doctora Cross respondió unas pocas palabras, aunque su tono hacía que a Matches se le encogiera el corazón—. Intenta que los pacientes entren en calor… puede que eso ayude.
—¿Y qué harás tú? —contestó empático deteniendo la marcha, sin embargo, Cream siguió caminando.
—Me voy a casa…
Matches se mostraba preocupado por su compañera, aun así, debía tratar a los pacientes, además, puede que fuese lo mejor dejarla sola por un tiempo. El unicornio le deseó suerte a su amiga y se fue luego de darle un abrazo, tras unos pasos miró hacia atrás, pero ella siguió caminando, dio un suspiro triste, y continuó. Minutos después, Cream llegó a las afueras de su clínica, levantó brevemente la cabeza para observar el letrero con su cutiemark estampado en él; una cruz roja con hojas cuatro hojas en diagonal. Sentía el fracaso al mirar aquel símbolo, sus ojos comenzaron a temblar y bajó la mirada.
—Soy una inútil —murmuró dejando salir sutiles lágrimas recostandose en las losetas de piedra.
La puerta de su hogar se abrió, pero a ella no le importaba.
—Cream, querida, ¿Qué pasó? —al verla así, Winter salió a consolarla; le había visto llegar por la ventana del segundo piso.
Tomándola entre sus cascos, la llevó dentro después de que el llanto se detuviera. Ambas tomaron asiento en el sillón de la sala principal, frente a una mesita de madera, la cual, tenía sobre ella una bandeja con té y galletas calientes. El agradable aroma la tranquilizó un poco.
Limpiándose la cara tras tomar asiento, consultó intentando evadir el tema—. ¿Y Bubbles con las niñas?, imaginé la casa con algo más de ruido —añadió esforzando una sonrisa.
—Oh, querida —Winter puso su casco sobre el suyo al ver sus ojos caídos por la pena— no es necesario que finjas, a veces nuestra fortaleza no es suficiente y es bueno llorar para desahogar las penas. Ven aquí.
Con delicadeza posó la cabeza de Cream en su regazo, acariciándole la melena de la misma forma en la que su madre lo hacía cuando ella se sentía triste. La doctora respiraba con calma, pero poco a poco su fachada se rompía y comenzó a llorar en silencio, sin sollozos, simplemente las lágrimas caían humedeciendo un poco el pelaje blanco de Winter. El tiempo pasó.
—¿Te sientes mejor? —preguntó con suavidad la yegua blanca—. ¿Quieres hablar de eso?
Cream mantenía la calma. Observó sin decir nada las galletas sobre la mesita, acto seguido, extendió su casco y tomó una; estaba deliciosa.
Winter sonrió al ver su aptitud y siguió con las caricias—. Bubbles y mis niñas están durmiendo arriba, al parecer esa yegua sería una niñera perfecta —soltó una risita— incluso supo cómo hacer para calmar a esas potrillas hiperactivas, ja.
La doctora esbozó una sonrisa nostálgica al tomar otra galleta.
—Están deliciosas señora NewApple… gracias —cerró los ojos al acomodarse mordisqueando la crujiente golosina.
—El ingrediente secreto es raíz de zanahoria, no se lo cuentes a nadie —le guiñó haciéndola sonreír con ganas—. Y no me llames señora ja, aún tengo muchos años por delante —poco después, la chiquilla se levantó tras suspirar.
—Gracias, y disculpe si me ha visto así, yo…
—No te preocupes querida —dijo dándole la taza de té con una mirada de ternura— ofrecernos tu casa fue muy generoso de tu parte, además, como madre no podía dejarte así.
—«¿Mamá…?» —recordar a su madre hizo que casi volviera a llorar, sin embargo, ver la seguridad de Winter le dio fuerzas—. Muchas gracias, le…
Toc, toc, toc. Ambas levantaron las orejas en dirección a la puerta. Quien fuese quien tocara, debía tener prisa.
—No te preocupes querida, yo atenderé —dejando el té en la mesa, caminó hacia el pórtico.
Justo antes de abrir, un fuerte golpe azote en la madera la puso en alerta, asustandola tanto a ella como a Cream; el silencio invadió toda la casa. Bubbles despertó al instante, confundida miró por la ventana.
La terrestre de pelaje blanco tragó saliva y abrió. De inmediato, ahogó un grito al ver a Matches desplomarse inconsciente frente a ella con el cuerno roto. Sangre salía de su sien, y su rostro estaba muy magullado. Al levantar la vista, un gran semental terrestre color café le miraba amenazante, su armadura no se parecía a la de los guardias, y llevaba consigo un arnés especial; el cual sostenía un martillo. Tras de sí, varios otros sementales le miraban de la misma forma, algunos inclusive le sonreían recorriendo su hermosa y elegante figura. Casi por instinto, retrocedió asustada.
—¡Matches! —con aquel agudo grito, las niñas despertaron. Rápidamente corrió para ayudar a su compañero, rompiendo la tasa y manchando el sofá. Al llegar a él, tomó su pulso a toda prisa. Sin embargo, al ver la sombra de aquel terrestre, sus pupilas se contrajeron al igual que sus músculos.
Éste le miró con una gran sonrisa de satisfacción, recorriendo cada centímetro de su figura con ojos lujuriosos—. Hola flancos lindos, ¿me extrañaste?
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NA: Ha sido un mes difícil. A veces la vida no va como uno la desea, y es obvio, si todo fuera perfecto no seria vida, ¿verdad?
Cuando me di cuenta que debía terminar la historia, me dio un bloqueó, miraba hacia atrás de la misma y me daba vergüenza leer mi propio relato, aun las partes corregidas. Ver que mi escrito tenia ese nivel mediocre me impedía darle un final, no porque no supiera que hacer, porque eso ya lo tengo bien claro, sino porque no sentía que una historia tan mal escrita mereciera un final. Y empecé a obsesionarme con corregirla.
No digo que éste sea un gran final, pero para mi, debía mejorar todo el fanfic antes de darle uno, y eso me tenia bloqueado, además, mi situación familiar a empeorado un poco, no porque tenga problemas, sino porque el tiempo se quiere llevar a un ser muy querido para mi.
Ya dejando de lado estas palabras para provocar pena y eso, me alegra decir que ya estoy de vuelta y con todas las ganas de escribir, sinceramente me tomó escribir esto en tres días, puede que aun no sea perfecto, pero algún día lo será, mientras tanto, tengo que cerrar este ciclo, mi primer proyecto debe tener un final, y ya después me preocuparé por mejorarlo.
De todo corazón agradezco su paciencia y su preferencia, de verdad, muchas gracias por estar ahí, aunque sea con sus visitas.
PD: El capitulo 6 será el único que tendrá 5 partes pues es el capitulo final, ya después viene el epilogo y los agradecimientos.
PD2: No esperen mucho para la siguiente parte, puesto que saldrá en tres o cuatro días más, así lo mismo va para el epilogo.
PD3: Unsimplescritor, Angelus-Y, gracias por sus concejos literarios, sus escritos me ayudaron mucho a mejorar.
