Disclaimer: Naruto le pertenece a Masashi Kishimoto. Di no al plagio.

N.A.: Quiero agradecer el buen recibimiento que tuvo la historia, aquí está la continuación.

Advertencia: lemon, pareja crack y drama. Capítulo recomendado para mayores de edad.


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Parte 2 de 10

Sombras y amor

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Ya había pasado poco más de un año desde que Shikamaru fuera nombrado oficialmente como líder del clan Nara. Al no ser un clan muy grande, realmente no era difícil para él lidiar con sus obligaciones, además de que el consejo se encargaba de la mayor parte del trabajo.

Fue así como comenzó con su entrenamiento para un día ser el consejero de Naruto. En las mañanas trabajaba con Kakashi en la torre del Hokage, a veces iba al medio día a ver a Naruto a la biblioteca para ayudarle a estudiar, en las tardes revisaba algún pendiente de su clan y si no tenía nada que hacer, salía con sus amigos a cenar o se quedaba en casa a leer o a jugar shōgi hasta que era hora de dormir o de encontrarse con ella.

La verdad era que se sentía satisfecho con su nueva rutina, casi no tenía tiempo para sentirse miserable o deprimirse.

Justo en esos momentos estaba en su recamara, ese día había decidido que haría un poco de limpieza, pues las capas de polvo ya eran molestas para su nariz, y fue así como encontró cierto pañuelo de tela con el dibujo de un petirrojo.

Después de que Chouji descubriera su secreto, continuó con sus pasionales encuentros en una pequeña cabaña escondida dentro del bosque Nara. Y en todo ese tiempo no había sido capaz de decirle a Hinata que seguía enamorado de Temari y que no tenía ningún problema con sus encuentros, pero que no quería lastimarla porque de alguna forma comenzaba a conocerla, apreciarla y a ansiar el verla.

Cuando se encontraban en la aldea, se saludaban con un movimiento de cabeza y cada uno continuaba con su camino. Pero en la noche, cuando recibía un ave con un trozo de papel blanco, él escribía el kanji de 'bosque' y se dirigía a la vieja cabaña, donde encendía una pequeña antorcha y la colocaba junto a la puerta y entraba para poner a calentar un poco de agua para té.

Esa luz se perdía entre la naturaleza del bosque, pero era totalmente visible para un Byakugan entrenado, quien al haber recibido el pequeño kanji, esperaba a que la luna saliera para adentrarse al bosque de los Nara.

Cuando ella llegaba, su suave toque antes de abrir la puerta lo estremecía. No necesitaban palabras, pues ninguno sabía qué se debía decir en esos momentos, pero ambos eran conscientes de la atracción que había entre ellos.

Él solía invitarle una taza de té, el cual ella aceptaba con una tímida sonrisa y bebían en silencio, con el sonido del viento y golpeteo de sus corazones como único testigo de aquello. Casi siempre terminaba de beber ella primero, era entonces cuando él recogía las tazas nervioso pero listo para lo que seguía.

A veces ella iniciaba con un breve beso en los labios, era en ese momento que marcaban la intensidad de aquel encuentro. Si él continuaba el suave tacto, ella tomaba la iniciativa y se acostaban en la cama, enredándose entre las sábanas y el largo cabello de ella. Pero si el beso que ella comenzaba era apasionado, la desvestía en ese mismo lugar, la sentaba en la mesa y la tomaba con desesperación, y podían terminar en el piso o en cualquier lugar.

Le gustaba tomar nota de cómo ella iba superando su timidez tanto en el sexo como en la vida diaria. Le gustaba cuando ella era apasionada y buscaba su propio placer y cuando la veía en reuniones con sus amigos en la calle sin ruborizarse y reír abiertamente.

Creyó que era sería sumisa como la primera vez, pero encontró que era una amante exigente, que le gustaba dominarlo y marcar el ritmo; y aquello lo volvía loco, pues su carácter flojo disfrutaba de los vaivenes de sus caderas y el movimiento de sus senos cuando lo montaba.

Ella fue una gran sorpresa — Pensó mientras acariciaba con su pulgar el pañuelo.

Pero si era honesto, no sabía cuánto tiempo iba a durar esa costumbre entre ellos. Él era un terrible ser humano. Se preguntaba si Hinata ya se hubiera dado cuenta de lo que él estaba haciendo y si no, qué haría cuando lo descubriera.

Shikamaru Nara se caracterizaba por ser un chico holgazán pero listo, siempre pensando, estando un paso adelante y con planes de contingencia para cualquier escenario. Sabía que debió consultarlo con ella antes de hacerlo, pero a pesar de que ella le dijo que estaba tomando medidas para evitar un embarazo, él actuó por su propia cuenta. Y le hacía sentir bastante mal no poder confiar en ella, no porque ella le hubiera dado motivos, sino porque su misma formación shinobi no se lo permitía.

Delineaba las letras bordadas en el pañuelo cuando un ave comenzó a picotear su ventana. Creyó que era de parte de Hinata y le sorprendió, porque sabía que ella estaba pasando esa noche con Kurenai y Mirai porque la pequeña estuvo enferma de gripe y Hinata quiso acompañar a su sensei.

Pero cuando notó que en vez del trozo blanco que indicaba que estaba libre esa noche, había un pergamino sellado atado en la pata del ave. Abrió la ventana y consiguió desamarrar el pergamino y que el ave se marchara sin esperar una respuesta.

Era una carta de Temari. No decía mucho, solo que iba a estar un día de paso en Konoha y que quería hablar de algo importante con él. Hizo el cálculo de tiempo que tenía antes de que llegara: dos días si envió la carta al salir de Suna, tres si la envió antes de salir.

— Demonios... — Gruñó mientras arrugaba la carta y el pañuelo y los arrojaba al suelo. Ojalá sus padres hubieran estado vivos y entonces nunca se hubiera quedado solo con la chica de cabellos negros... es más, ella no habría tenido ningún motivo para acompañarlo a su casa... y aunque así hubiera sido, su madre lo hubiera regañado y su padre aconsejado.

Pero de nada valía pensar en los hubiera porque ya estaba metido hasta el cuello en ese problema. Chouji se lo había advertido y fue muy cobarde como para hacer algo al respecto.

Mientras ponía su mente a trabajar, otra ave llegó a posarse a su ventana aún abierta y encontró una nota con la caligrafía de Kurenai.

Debo salir mañana a un breve encargo del Hokage, ¿Podrías cuidar un rato a Mirai en la tarde? Sigue sin poder salir, así que dejaré comida preparada. Te lo agradezco mucho, y siento mucho el imprevisto. Ya le avisé a Kakashi. Yuhi Kurenai.

Aquello arrancó un suspiro por parte del joven. Amaba pasar tiempo con Mirai-chan, el problema era que en esos momentos no deseaba encontrarse a la chica de ojos perlados.

— Supongo que tengo un par de días para aclarar en mi mente lo que quiero — Dijo en voz baja, pero de pronto escuchó la voz con la que solía discutir cuando diseñaba un plan o trataba de probar algo.

— No sabes si a Hinata le interesas en un plano romántico, nunca ha dicho nada ni ha pretendido llamar tu atención fuera de la cabaña — Le dijo su yo racional y ese era un punto muy válido. — Solo es sexo lo que tienen.

— Pero ella no es una chica superficial, temo hacerla sentir triste si me ve con Temari en la aldea — Fue su respuesta emocional.

— Es tu culpa por nunca haber dejado claro que solo era sexo. Será mejor que hables con Hinata lo más pronto posible y le digas que quieres reconciliarte con Temari, no niegues que quieres mostrarle todo lo que has aprendido.

— No sería justo para Hinata...

— Antes de decir eso sería bueno que supieras qué piensa ella. Probablemente quiera seguir teniendo una relación de este tipo contigo aunque tengas novia.

— Hinata no es así — Respondió con molestia.

— No has terminado de conocerla… si hace un año te hubieran dicho que era tan buena en la cama, te habrías reído — Otro punto para su lado racional. — Además sabes que a ella le gusta Naruto. Así que deja de sacar conjeturas y habla con ella.

Su lado racional había ganado. Hablaría con Hinata y le diría que a él le gustaba Temari… No, Temari no le gustaba, la amaba, era la mujer que más amaba en el mundo... La rubia era la mujer más segura y fuerte que había conocido en toda su vida, era hermosa y a pesar de que lo trataba con brusquedad, siempre tenía guardada una suave sonrisa para él. Y esa sonrisa, era todo lo que él necesitaba para sentir que podía enfrentar al mundo solo por ella.

Con esa resolución se quedó dormido.

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Al día siguiente, a eso de las 9 de la mañana llegó a la casa de Kurenai, tocó la puerta y a pesar de que sabía que Hinata iba a estar ahí, se sobresaltó un poco al verla.

— Buenos días — Saludó ella con una sonrisa que lo desarmó.

— Buen día… ¿Cómo sigue?

— Mucho mejor que ayer, sólo que no pudo dormir mucho por su garganta — Decía mientras tomaban asiento en la sala.— Pero gracias a un poco de miel con limón conseguí que bajara un poco la resequedad y que durmiera, está exhausta.— Acomodó un mechón de su cabello tras su oreja, y él notó que ella sólo hacía eso cuando estaba nerviosa, y siendo honesto, no la culpaba. Eran realmente pocas las veces en que debían interactuar en la aldea, quizás se encontraban en las escaleras de la torre o en la calle, pero nunca estaban solos, justo como en ese momento.

Vaya día eligió Mirai-chan para dormir todo el día — Pensó. — Es problemático pero es un buen momento para hablar.

Un silencio incómodo los atrapó, pero mientras Shikamaru hilaba ideas para comenzar su problemática charla, Hinata se sentía nerviosa.

La verdad era que ese año para Hinata había sido una etapa de muchos cambios. Es decir, estudiaba y entrenaba en las mañanas con los niños Hyuuga del bouke que no iban a la academia, al mediodía comía con su abuelo, su padre y su hermana. En las tardes iba a estudiar a la biblioteca de Konoha y en las noches solía salir con sus amigos, visitar a su sensei o en los días donde no había riesgo de embarazo, mandaba un trozo de papel blanco y entonces él la guiaba a un lugar secreto, que probablemente era visitado por primera vez por alguien que no fuera parte del clan.

Es un viejo refugio, mi abuelo solía quedarse aquí en primavera para ayudar a las ciervas a dar a luz a cualquier hora del día.— Le dijo Shikamaru la primera vez que visitaron la cabaña. — Hoy nadie viene por aquí y nadie fuera de mí sabe cómo llegar, así que es un lugar seguro. Con la luz de la antorcha debería ser suficiente para tu byakugan.

Sonrió ante el recuerdo. Le gustaba estar con Shikamaru, así que se las ingeniaba para que nadie la buscara en las noches que salía, y así regresar al amanecer, darse una ducha y volver a ser la chica tímida con una rutina simple.

Si le preguntaran a ella, diría que confiaba en en líder del clan Nara, él le había dado la libertad suficiente para ser ella misma, y en el camino del erotismo, comenzó a conocer cosas nuevas de ella misma, situación que le gustaba y le asustaba a la vez. Pero contrario a lo que esperaba, él no la juzgaba y la invitaba a continuar.

Gracias a su apoyo, cada día sentía que se volvía en una mejor Hinata, más segura y aceptando por primera vez su cuerpo. Ella nació en un clan donde el cuerpo es un arma y que ella por ser mujer, no debía congratularse de sus formas, sino esconderlas y evitar que arruinaran su técnica de pelea. Pasó años usando vendas para esconder sus generosos senos, pero en la adolescencia fue imposible seguir escondiéndose sin lastimarse, así que a pesar de las enseñanzas de su clan, dejó las vendas y se encontró con un mundo que vino a violentar su autopercepción y a enfrentarse con miradas que dentro de su clan no existían. Aquello la avergonzaba mucho y mermaba de alguna forma su forma de tratar con las demás personas.

Pero las cosas ahora eran diferentes, se sentía más a gusto en su cuerpo, lo que conllevó a que mejorara su desenvolvimiento social y sin duda eso fue un elemento que la ayudó a ir superando poco a poco la culpa que sentía por la muerte de Neji.

— Hay algo de lo que quisiera hablar. — Shikamaru la sacó de sus pensamientos.

— Dime. — La curiosidad en ella fue grande, pero él comenzó a arrepentirse al notar que tenía la completa atención de ella.

— Es bastante problemático pero lo diré. Pienso que deberíamos terminar con nuestras salidas nocturnas.

Bien, ya lo había dicho. Observó a su interlocutora y notó como el sonrojo se apoderaba de su rostro, nunca habían hablado de eso fuera de sus encuentros.

— ¿Por qué? — Preguntó ella en voz muy bajita.

— Por que creo que no es justo para ti, creo que no tengo mucho que ofrecerte fuera de lo que sucede dentro de la cabaña — Ella desvió la vista avergonzada, ese movimiento se le hizo tierno a él. — Además, bueno... Temari vendrá en unos días y yo...

Hinata devolvió su vista sobre él. Por un segundo Shikamaru pensó que frunciría el ceño o se enojaría, pero en vez de eso, asintió con la cabeza.

— No necesitas decir nada más, Shikamaru-kun, entiendo.

Se quedó congelado...¿Ella entendía? ¿Qué entendía?

— ¿No estás molesta?

Ella negó, aunque él notó que el sonrojo de su rostro había desaparecido y se encontraba un poco más pálida.

— ¿Recuerdas aquella vez que fuimos a cenar hace un año, cuando Ino-san y Chouji-san llegaron a tu casa? — Él asintió — Cuando me marché, Ino-san me alcanzó casi llegando a mi casa. — Un escalofrío recorrió la espina dorsal del Nara — Ella me agradeció por haberte apoyado esos días, que sabía que tu estabas deprimido por lo sucedido en la guerra y porque Temari-san había terminado su relación contigo para regresar a Suna. — Acomodó de nuevo un mechón de su cabello. — Así que siempre fui consciente de que Shikamaru-kun tenía a una persona en su corazón, nunca pretendí cambiar eso. — Un ligero sonrojo demostró lo incomoda que se sentía al decir eso.

Shikamaru se quedó impresionado, nunca podría haber imaginado aquello. Tal vez Hinata era más fuerte y madura que él.

— ¿Tú... sigues enamorada de Naruto?

La chica alzó la mirada con sorpresa.

— N-no lo sé... — Se puso de pie y miró por la ventana, dándole la espalda. — No he tenido tiempo para pensar en eso.

Y era cierto. Su mente estaba ocupada en algo todo el tiempo y eso mismo le permitió no crear falsas ilusiones de su relación con Shikamaru u otra persona. Poco después de que Shikamaru tomara su puesto como líder del clan Nara, ella decidió que encontraría una forma de cambiar el sello que se le imponía a los miembros del Bouke y que ese sería el regalo que Hanabi ofrecería al clan el día de su nombramiento.

Su padre y Hanabi recibieron la idea con buenos ojos. Y cuando Hiashi y ella consultaron al representante del Bouke, entre los tres convinieron que el nuevo sello, solamente debería de continuar con la función de destruir el doujutsu pues consideraban que el hecho de que ya no se les pudiera torturar con grandes descargas de dolor a través del sello, sería bienvenido por la rama secundaria.

Así que comenzó a estudiar fuuinjutsu todas las tardes y a visitar las distintas bibliotecas de la aldea. Con esa meta en mente, logró apartar otra clase de sentimientos, porque se conocía muy bien y sabía que si se descuidaba podría enamorarse del moreno y no deseaba volver a vivir un amor no correspondido.

Ya sabía toda la parte teórica, pero los últimos días había estado pensando en cómo poder empezar a llevarlo a la práctica. Pero ese no era el mejor momento para pensarlo.

— Supongo que realmente no nos conocemos — Rascó su nuca — Fui un tonto por pensar otras cosas.

— Me gusta el silencio que hay junto a Shikamaru-kun, es tranquilo y lo disfruto mucho, supongo que no se me da muy bien el conversar. — Fue la respuesta de ella.

— A mi tampoco, siendo honesto. — La suave risa de ella lo tranquilizó un poco. Era muy fácil dialogar con ella, no gritaba ni lo golpeaba como hacía Ino. — Bueno, — Se puso de pie — Supongo que sería inútil negar que te he tomado aprecio por el tiempo y las cosas compartidas, si quieres podemos ser amigos.

— Hai, suena bien. — Despegó su vista del frente y lo miró. — Supongo que si es todo, iré a mis pendientes.

— Bien.

Ella se dirigió a la mesa donde estaba su bolso y comenzó a guardar algunas pertenencias que sacó para pasar la noche ahí.

— Mmm... ¿Hinata? — La llamó.

— ¿Sí? — Terminó de guardar las cosas y sujetó su bolso.

— Podría ayudarte con Naruto, quizás pedirle que haga algunas misiones en tu clan o hablarle de ti.

— No imagino qué pudieras decir de mi a Naruto-kun — Una sonrisa un poco avergonzada acompañó sus palabras, el chico supo que había metido la pata.

— Amm... podría decir que eres una chica muy linda y gentil.

Ella se sonrojó.

— No es necesario, el poco tiempo que tengo deseo compartirlo con mi equipo o los niños del clan. — Se dirigió a la puerta. — Pero gracias... Hasta luego.

Y se marchó, dejando a un sorprendido Shikamaru. Si ella había cambiado tanto en un año... ¿Él también? Seguramente no, pues se sentía como el flojo que toda la vida había sido.

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Eran las siete de la noche cuando Hinata se encontraba en la biblioteca principal de la aldea. Un anciano del consejo de su clan le había dicho que en la sección privada de la biblioteca de la aldea, había algunos pergaminos que el tercer Hokage confiscó a Orochimaru cuando descubrieron por primera vez sus horrorosos experimentos y que probablemente podría encontrar algo ahí sobre como hacer pruebas de sellado en seres vivos. Hinata no quería probar con personas, así que cuando lo conversó con Tsunade-sama en el hospital, ella le recomendó que probara con ratones y le entregó un permiso para usar por unos días la sección privada, pues confiaba que sería prudente y le daría un buen uso.

Así que ahora se encontraba buscando entre los estantes y cajas, algún pergamino que hablara de fuuinjutsu o experimentos oculares. Pasó un rato hasta que encontró una pequeña bitácora en la que el sannin describía una manera de probar su sello maldito. Se sentó en la única silla que había en ese lugar y se sumergió en la lectura.

Después de tres horas y cuando el sueño comenzaba a ser una amenaza, las exclamaciones de frustración de una voz muy conocida por ella la trajeron de vuelta y decidió continuar el día siguiente. Colocó el pergamino en su lugar y cerró la puerta de la sala privada y mientras bajaba las escaleras, pudo observar a una rubia cabellera moverse desesperadamente frente a dos grandes libros.

— ¿Sucede algo, Naruto-kun? — Preguntó en voz baja, pues se suponía que estaban en una biblioteca y podría haber otras personas leyendo, aunque al ver que pasaban de las diez de la noche, dudaba que alguien continuara cerca y por eso nadie se había tomado la molestia de ir a silenciar al chico.

— ¡Hinata-chan! — Gritó con un poco de miedo. — Me asustaste... creí que era un fantasma... pensé que no había nadie, Dattebayo.

Ella sonrió en forma de disculpa.

— Lo siento, es solo que no acostumbro a hablar muy fuerte en la biblioteca — Naruto hizo un gesto de alivio.

— No hay problema, de cualquier forma nada importa, nunca seré Hokage porque estudiar es demasiado difícil.

Hinata recordó que Shino le había dicho que Rokudaime Hokage había puesto a Naruto a estudiar historia, un poco de política y filosofía y algunas cosas que necesitaría para cuando fuera Hokage.

— ¿Qué lees?

— El Tratado ninja de comercio — Hinata tuvo que admitir que efectivamente eso sonaba muy aburrido. — Y no entiendo, habla de reglas de finanzas, cantidades enormes de dinero y... no sé de qué más... — Se dejó caer sobre el libro.

— Podría ayudar a Naruto-kun, podríamos leer juntos o podrías continuar con otro libro mientras yo leo éste y te lo explico de forma más simple. — Sugirió sin tartamudear, estaba bastante satisfecho por ello.

— ¡Hinata-chan! ¡Eres tan buena! Te invitaré de cenar todos los ramen que quieras cuando quieras...

Ella se dio la libertad de reír, suponía que ya no había nadie a quien molestaran con tanto ruido, así que disfrutó genuinamente ese momento con el chico al que apreciaba mucho.

Pero estaba equivocada sobre la idea de estar solos. Cuando kurenai llegó a su casa, Shikamaru le entregó a una contenta Mirai y se marchó a la torre a revisar unos papeles que debía entregar a Kakashi. Cuando se los llevó, a eso de las ocho de la noche, el Rokudaime le pidió un último favor.

— ¿Podrías ir a ver que Naruto esté estudiando en la biblioteca? Parece que le entregué una lectura bastante pesada y temo que se haya quedado dormido o que ni siquiera lo intente. — Le dijo el Hokage.

Así que con las manos dentro de los bolsillos, se dirigió a la biblioteca principal de la aldea. Cuando llegó vio que el lugar estaba vacío, que solo estaba el encargado en la entrada y Naruto en la sala de lectura. Como lo vio muy concentrado en la lectura, decidió no molestarlo y buscar algún buen libro para él.

Encontró un viejo libro de jugadas de shōgi y decidió comenzar a leer un poco, pues las bibliotecas tenían el efecto de hacerlo querer saber más y más. Pasó un rato sentado en el suelo y recargado en una estantería cuando de pronto los gritos del ninja anaranjado lo perturbaron, suponía que ya había llegado a su límite de concentración y que era hora de ayudarlo. Pero entonces, cuando se ponía de pie y colocaba el libro en su lugar, escuchó una suave voz decir '¿Sucede algo, Naruto-kun?'.

Shikamaru se quedó de piedra y sin entender bien el por qué, se quedó de pie, con el libro en las manos y afinando el oído. El estómago le dio un vuelco cuando le ofreció su ayuda al rubio y juntos reían. Nunca la había escuchado reír de esa manera tan aliviada...

— ¿Y qué haces tan tarde aquí, Hinata-chan? — Preguntó Naruto y Shikamaru sintió la necesidad de saber eso también.

— Estoy estudiando un poco de fuuinjutsu, quiero crear un nuevo sello muy específico — Para Naruto aquello fue sorprendente, a Shikamaru aquello le trajo más dudas. Para qué ella necesitaría eso, casi no había misiones para ellos así que no encontraba mucho sentido.

— Ya veo... sabes, Kakashi-sensei me dijo que en la casa que era de mis padres hay una gran cantidad de libros y pergaminos sobre técnicas de sellado... No se si sabías, pero el clan Uzumaki se caracterizaba por sus sellos tan poderosos — Y se señaló así mismo con orgullo. — Si quieres puedo llevarte.

— Eso sería maravilloso... muchas gracias, Naruto-kun.

El Nara guardó el libro y decidió que era de mal gusto escuchar conversaciones ajenas, aunque no le gustaba para nada que Hinata estuviera ahí con Naruto, pero eso no era racional de su parte. Justo cuando salía silenciosamente, la imagen de ellos dos leyendo del mismo libro, demasiado cerca para su gusto, despertó una sensación amarga en el moreno, quien apresuró el paso y marchó de regreso a su casa.

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Al día siguiente, Shikamaru amaneció de malas sin un claro motivo del por qué. Suponía que debía sentirse aliviado de haber terminado la relación que tenía con Hinata para así poder arreglar sus asuntos con Temari. Pero entonces ¿Por qué le había molestado tanto verla al lado de Naruto? ¡Él mismo le había ofrecido su ayuda para emparejarlos!

Hinata era demasiado problemática para él y no de un modo que conociera, pues creció con una madre gritona, una compañera de equipo histérica y una exnovia explosiva. Porque ella eran violentas y él siempre supo como lidiar con eso, sin embargo la tibieza de Hinata era desconcertante. Su manera de reaccionar el día anterior fue calmada y hasta cierto punto fría, algo que no cuadraba con la imagen de mujer apasionada que tenía de ella. ¿Y si lo engañó para no hacerlo sentir mal?

Ah. Debía de dejar de pensar en las miles de posibilidades que representaban Hinata para él. Dejar de pensar en ella era la clave en esos momentos, así que se marchó a la torre para atiborrarse de trabajo. Pero en la noche, la curiosidad de saber si ella estaba de nuevo en la biblioteca lo condujo a ir.

Cuando llegó al sitio, lo vio vacío, ni siquiera Naruto andaba por ahí.

— ¿Disculpe, habrá visto a una chica Hyuuga por aquí? — Preguntó al encargado.

— Sí, se encuentra en la sección privada, en el segundo piso, Nara-sama

— Gracias, bueno, solo iré por un libro de shogi. — Dijo para no levantar sospechas por su pregunta.

— Nara-sama... ¿Podría pedirle un favor? — Preguntó el encargado. — Debo irme por un pendiente familiar, pero ¿Podría entregarle a Hyuuga-san la llave y pedirle que cierre? No es la primera vez, así que ella sabrá qué hacer.

Shikamaru recibió un par de llaves en su mano.

— Por supuesto, vaya sin preocuparse.

El hombre asintió y se colocó su abrigo para marcharse.

Shikamaru no sabía lo que estaba haciendo, pero en la mañana había decidido que dejaría de pensar un poco en lo que respectaba a la chica de larga cabellera como la noche con estrellas.

Fue por el libro de shōgi que había ojeado el día anterior y al regresar a la entrada, notó que ya no estaba el encargado, por lo que aprovechó para cerrar la puerta para evitar que alguien los molestara.

Subió las escaleras hasta el sitio indicado y se detuvo justo frente a la puerta que daba acceso al archivo privado. Era una locura y no tenía ningún motivo para estar ahí. Hinata había aceptado terminar con lo suyo sin segundas intenciones y sin problemas ¿Acaso eso lo había herido en su ego? ¿En el fondo había esperado que ella se enamorara de él?

— Ella siempre estuvo enamorada del mismo hombre, cualquier chico querría algo así — Le dijo su lado racional. — Tal vez esperabas lo mismo y como parece que no fue así, estás molesto con ella.

Si ese es el caso, debo irme inmediatamente o haré una locura — Pensó luego de que se diera cuenta de ello.

Él no era una persona soberbia, pero tenía su orgullo de hombre y suponía que por eso mismo la actitud de Hinata había sido un duro golpe a su ego. Pero en ese caso lo mejor sería que dejara el asunto morir, tragarse su ego y esperar a que Temari regresara y hacer las cosas bien. Sí, eso era lo correcto.

Justo cuando daba la media vuelta, la puerta se abrió y dio paso a una apurada Hinata, quien no esperaba que hubiera alguien detrás de la puerta, porque al salir chocó con él y cayeron al suelo con ella sobre él.

— ¿Q-qué haces aquí? — Preguntó ella con gran sorpresa.

— Yo... — Su mente, famosa por crear elaboradas estrategias militares, se quedó en blanco al sentir los senos de ella sobre su pecho. Eso no habría sido un problema si ella hubiera estado usando su chamarra habitual, pero ese no era el caso, ella solo tenía puesta una blusa de rejillas transparente negra, donde solo un top negro cubría su anatomía femenina, al parecer se había puesto cómoda dado que estaba estudiando sola.

El rostro de ella se coloreó e intentó hacerse a un lado pero él no se lo permitió, la sujetó de su brazos y sellos sus labios con un desesperado beso. Hace un par de semanas fue su último encuentro pero se sentía como una necesidad tomarla en ese mismo instante.

— Shika... — Pero se movió de forma que ella quedara bajo él y la calló de nuevo con un beso. — No... — Ella negó con la cabeza.

— ¿Ya no quieres hacerlo? — Preguntó él con la poca cordura que le quedaba.

— No es eso, si quiero... pero hoy es un día peligroso y no he sido muy regular...

— No importa, lo resolveremos después. — Dijo mientras la cargaba y entraban a la sala del archivo privado, cerrando la puerta tras de sí.

Hinata lo pensó un momento y supuso que podría tomar algún anticonceptivo cuando terminaran, así que accedió.

Él la colocó sobre la única gran mesa de ese lugar y sin perder tiempo le quitó la blusa de malla y el top, dejando al aire libre sus senos y estrujándolos con fuerza mientras mordía su cuello con desesperación.

Ella lo abrazó con sus piernas y soltó el amarre de su cabello, que se esparció como una cortina negra que ocultaba un gran secreto. Acarició sus largos mechones y saboreó la piel salada del shinobi, quién a su vez, comenzó a desabrochar el pantalón de ella.

— Quítame el mío — Le dijo con voz ronca, a lo que ella asintió y comenzó a desabrochar y a liberar su miembro. Empezó a masajearlo con sus pequeñas manos mientras el acariciaba su intimidad y le ocasionaba el primer orgasmo de la noche.

Cuando ella cayó presa de los espasmos del placer, la tomó en brazos y la bajó de la mesa, recargandola en la mesa de forma que sus senos se aplastaran con la fría madera y su trasero quedará a la vista de él. Entró de una estocada, omitió la exclamación de sorpresa que ella dejó escapar y comenzó a entrar y salir casi con furia.

— ¿Qué haces? — Preguntó ella al sentir que su toque era más brusco que el habitual.

— Siendo honesto, no lo sé — Dijo entre jadeos. La sujetó de los hombros y a aumentar el ritmo de las embestidas.

Él nunca le había hecho marcas durante sus encuentros anteriores, pero Hinata lo encontró como algo excitante por lo que decidió entregarse a la euforia de Shikamaru, porque al final de cuentas, confiaba en él.

De pronto, subió una pierna de ella a la mesa y profundizó sus estocadas, mordiendo la piel de su espalda y dejando marcas por donde pudiera. El éxtasis fue intenso para los dos, se vinieron juntos y se quedaron jadeando, aún sobre la mesa.

— Shikamaru-kun ¿Qué... — Le iba a preguntar porqué había derramado su semilla sobre de ella, eso no era usual, pero él se dio prisa y la colocó en el suelo para volver a comenzar otro baile de embestidas y vaivenes.

— ¿Te gusta?— Ella asintió pero eso no era suficiente para él — Dilo en voz alta.

— Si — Respondió mientras él dejaba marcas en su delicado cuello.

— ¿Si qué?

— Me gusta l-lo que ha-haces — Decir que ella se moría de la vergüenza era poco, Shikamaru no hablaba mucho cuando retozaban, sus bocas solo gemían o besaban.

— Hinata... — Le susurró al oído mientras la sentía llegar al clímax.— Tu cuerpo está marcado por mi...

Hinata no reparó en esas palabras hasta tiempo después, pero en ese momento fueron lo suficientemente eróticas para erizarle la piel y hacerla aumentar el ritmo de sus caderas. Estaba siendo muy estimulante la iniciativa que estaba tomando el moreno, era un juego demasiado excitante para ella.

Volvieron a terminar juntos, pero cuando ella se levantó para vestirse de nuevo, él volvió a tratar de atraparla contra la pared.

— Es tarde, alguien podría venir...

— Ya está cerrado — Señaló las llaves que se encontraban tiradas en el suelo.

— ¿Por qué estás tan enojado hoy? — Se atrevería a decir que solo había visto ese nivel de desesperación en sus manos la primera vez que lo hicieron en el dojo de su casa.— Pensé que ayer me habías pedido que termináramos con ésto.

— Lo sé, sé que esto no debió pasar... hoy solo fue una excepción. — Realmente su famosa mente no era buena para lidiar con sus relaciones personales.

Fue turno de ella para fruncir el ceño.

— No habrá más excepciones en el futuro...

— Hinata, ¿Acaso no te gusto yo? — Preguntó sin pensar. Sí, al parecer aquello había sido todo por su ego.

— Podría enamorarme fácilmente de Shikamaru-kun porque he visto su lado amable. Pero ama a otra mujer, así que no quiero vivir otro desamor. — Fue la tajante respuesta de ella, lo que más le sorprendió fue que no tartamudeara o desviara la vista.

— Lo siento, supongo que es difícil desacostumbrarse... — Rascó su nuca un poco avergonzado y la dejó libre de su agarre.

Hinata suspiró, se dirigió a colocarse su ropa y a recoger todos los papeles que se habían caído de la mesa.

— ¿Cómo supiste que estaba aquí? — Preguntó ella.

— Vine por un libro... — Buscó con la mirada el libro y lo encontró abierto en el suelo, fue y lo recogió. — Me gusta repasar jugadas de shōgi y el encargado me pidió que te diera las llaves, tuvo que salir antes.

Ella asintió, fue entonces que el Nara se acercó a ella y vio los libros y pergaminos que había estado usando.

— Regreso en un segundo, necesito un diccionario — Murmuró ella recordando el porqué había salido del archivo privado cuando chocó con el moreno.

Shikamaru se quedó leyendo los pergaminos, había ilustraciones muy tétricas de cómo experimentar en animales. Cuando ella regresó, no dudó en preguntar.

— ¿Para qué necesitas un método de disección? — Preguntó leyendo el título de un libro.

— Estoy desarrollando un sello, pero antes quiero comprobar que funcione bien y para lo que fue diseñado. — Respondió mientras buscaba en el diccionario.

— Lo siento, creo que te interrumpí mientras trabajabas. — Se disculpó apenado. — ¿Necesitas ayuda?

Hinata lo pensó antes de responder. Fuera de su clan, solo Tsunade y Kakashi sabían lo que ella estaba intentando crear y a pesar de que le habían facilitado el acceso a muchos materiales y lugares, sentía que no avanzaba mucho por sí misma. Ya había conseguido localizar el punto exacto donde podía cortar el flujo de chakra hacia los ojos, pero era un punto muy delicado que se encontraba ubicado entre la nuca y la espina dorsal, por lo que necesitaba saber cómo poner el sello sin causar un daño neuronal o motriz en las personas. Shikamaru era un genio, quizás podría ver algo que ella no...

— Estoy tratando de crear un nuevo sello para el Bouke — El moreno se sorprendió genuinamente, pues de todas las cosas que ella podría haber dicho, esa era colosal. — Este sello debe poder destruir o bloquear el canal de chakra que se dirige a los ojos — Le mostró un dibujo donde ella había señalado el punto exacto que cortaría el flujo — Pero aún no sé que ocurra una vez activado, no sé si la persona solo perderá el Byakugan o si quedará ciega. Además ese punto es un lugar muy peligroso, porque un leve error podría causar un daño neuronal o motriz, al estar tan cerca de la columna vertebral.

Él tomó los apuntes de ella y se sentó a revisarlos. Era impresionante como había localizado ese punto tan pequeño y estratégico, debió llevarle meses. El sello era un supresor de chakra, pequeño y en el centro llevaba el kanji de 'me' u ojo en japónes. Pero ella tenía razón, necesitaba experimentar para saber qué implicaciones tenía su sello y si debía hacerlo más pequeño para no causar algún tipo de daño.

— Creo que tienes una gran tarea por delante, podría tomar años. — Le dijo con una sonrisa. — Pero esto significa que estas luchando por cambiar las reglas de tu clan, ¿No es así?

Ella se sonrojó.

— Hai... aunque en realidad este sello — Tocó sus apuntes — Es el regalo que Hanabi-chan le dará al Bouke cuando sea nombrada líder, estoy segura de que la terminaran de aceptar y ella tendrá un buen gobierno.

— Bueno, en ese caso te ayudaré. — Ella lo miró sorprendida. — No me dejaste solo cuando estaba desesperado, así que es mi turno de hacer algo.

— Gracias Shikamaru-kun — Hizo una pequeña reverencia.

Definitivamente Hinata no era como todas las mujeres que había conocido.

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Al día siguiente, Shikamaru se encontraba en la torre ordenando las misiones que se habían cumplido en la semana, cuando de pronto la luz se oscureció y un conocido perfume lo envolvió.

— ¡Temari! — Exclamó con alegría.

— Shikamaru, eres un vago, esperaba que estuvieras en la entrada para recibirme. — Le dijo ella con una gran sonrisa.

— Lo siento, Kakashi necesitaba que organizara esto hoy y no sabía si llegarías hasta mañana.

— Moh — Ella hizo un puchero pero pronto volvió a sonreír. — Muero de hambre, vayamos por algo.

— Bien, dame unos minutos y dejaré todo listo para irme.

— De acuerdo. — La exuberante rubia se sentó de piernas cruzadas y observó la oficina del chico. — Es muy sosa tu oficina, deberías poner un poco de color o una fotografía o algo.

Shikamaru observó su oficina y suspiró.

— Eso es problemático, además este lugar es temporal, cuando Naruto sea Hokage yo cambiaré de sitio.

— Así que Naruto Hokage... ¿Qué tal ha estado? Gaara a cada rato quiere venir a verlo — Comenzó a acomodar su cabello.

— Está bastante abatido por todo lo que debe estudiar, pero en general va bien. — Terminó de clasificar los documentos y los guardó en un cajón de su escritorio. — Listo, madame. Podemos ir a donde quieras.

— Bien, ya era hora — Se puso de pie — Vamos por ramen, sin duda el de Konoha es increíble.

Fueron conversando todo el camino, hacía más de un año que no se veían y apenas tenían contacto en las pequeñas cartas que se escribían, pero Shikamaru sentía que un pedazo de su hogar había regresado con la presencia de la rubia.

Una vez estuvieron en Ichiraku ramen, ordenaron y se sentaron bastante juntos.

— Y dime, ¿Qué has hecho a parte de vivir contemplando las nubes?

— Rokudaime-sama realmente no me pone las cosas fáciles en la torre, es un flojo y siempre que puede me delega su trabajo.

Los dos rieron. Sí, definitivamente podía decir que amaba a esa mujer.

— ¿Y tú? ¿Las cosas van mejor después de la guerra en Suna?

— Tuvimos muchas bajas, pero por suerte ya está completamente activo el nuevo modelo de entrenamiento ninja y en pocas semanas tendremos cubierto todo el perímetro de la aldea igual que antes. Por fin se acabarán los turnos dobles. — Sorbió un poco de pasta de su plato.

— Suena bien... — Y continuaron comiendo animadamente.

Cuando terminaron, el cielo naranja del atardecer los sorprendió. Caminaron sin rumbo, pero llegaron a la orilla del río Naka, el cual atravesaba los clanes más importantes, cruzaba por el centro de la aldea y desembocaba en una de las fronteras. Se sentaron a contemplar el reflejo del sol desaparecer del agua para dar paso a hermosos puntos blancos en el cielo.

— Me preguntaba... — De pronto Temari se sonrojó ligeramente y jugó con unas flores que encontró en el césped. — ¿Has salido con alguien en éste tiempo?

El corazón de él se detuvo por un segundo... ¿Acaso ella sabía algo? No, lo más probable es que fuera simple coincidencia. ¿Qué debía decir?

— Eso creo... aunque nada serio — Bien, esa era la verdad... ¿No?

— Oh, es un alivio escuchar eso — Ella realmente parecía contenta con esa respuesta — Creí que te encerrarías en tu casa como un bebé llorón. Pero en realidad te ves muy bien.

— Vaya, no quisiera que tuvieras esa imagen de mi — Dijo un poco avergonzado.

— No te preocupes... además yo también estoy saliendo con alguien... — Desvió la vista — Y la verdad quería decírtelo antes de que te enteraras por otra persona.

Otra vez la brillante mente del Nara se quedó en shock.

— ¿Estás saliendo con alguien?

— Sí, es un jounnin de la aldea, compartíamos uno de los turnos pero la verdad no es nada serio.

Shikamaru pensaba que si no era tan serio, ¿Entonces implicaba algo como lo que él tenía con Hinata? Dudaba que un hombre pudiera contenerse ante una mujer tan hermosa como era Temari. De pronto se sintió profundamente molesto.

— Creí que querías un tiempo para ayudar a tu hermano y la aldea... — Dijo sin pensar.

— Sí, bueno, solo sucedió. — Ella frunció el ceño — Además tu mismo has dicho que también has salido con alguien más.

— Sí, una salida no algo más. — Técnicamente solo había hablado con Hinata una vez en la aldea, además de que no tenía una relación sentimental con ella. — ¿De esto es de lo que querías hablar?

— Sí, solo eso.

— Bien — Se puso de pie y metió las manos en los bolsillos. — Entonces es hora de ir a casa.

— Ya estás haciendo un berrinche Shikamaru, ¿No puedes comportarte como una persona madura y entenderme?

— ¿Entender qué Temari? ¿Qué te gusta otro tipo? ¿Qué a pesar de que he salido con otras chicas, siempre pienso en ti y en cuánto te extraño?

No fue su intención ser tan brusco, pero al parecer lo fue porque ella se quedó sin palabras por un momento.

— No se por qué no te creo, estoy segura de que si voy y pregunto, me dirán que sales con otras personas...

— Sí, mi equipo... ¡Oh! Espera, también llevo a una chica de cuatro años al parque para que se suba a los columpios, tal vez eso te moleste. — Shikamaru se regañó internamente, debía tranquilizarse. — Escucha, Temari...

— Estoy saliendo con otra persona que si está cerca para escuchar como fue mi día y al que puedo ver cada vez que se me ocurre. Tú no quisiste ir a Suna conmigo, así que esto es el resultado.

— Sabes que quiero ayudar a Naruto a ser Hokage, que ante la muerte de mis padres soy el nuevo líder del clan Nara...

— Entonces eso significa que los dos tenemos claro dónde queremos estar. — Temari se puso de pie y sacudió su ropa.

Shikamaru la observó marcharse sin voltear atrás y sintió como su corazón se rompía. Recargó su frente en sus rodillas y permaneció así hasta el frío de la noche le recordó que no podía quedarse así por más tristeza que lo invadiera.

Se puso de pie, y caminó con dirección a su casa, con la mente en blanco y los puños tensos.

— ¿Shikamaru-kun?

Volteó en dirección a la voz y vio a Hinata caminar con una mochila llena de pergaminos, tal vez de regreso a su casa. Cierto, había quedado que iría ese día para ayudarla, pero la presencia de Temari solía opacar todo lo que tuviera que ver con la gentil joven que lo veía preocupada.

— Siento no haber llegado. Tal vez luego. — Respondió sin ánimos y continuó su camino.

Pero su aspecto tan triste y derrotado la angustió, por lo que se dio prisa para alcanzarlo.

— ¿Qué sucedió?

Él continuó su camino en silencio, pero Hinata no se rindió, así que caminó a su lado todo el camino, pero cuando traspasaron el portón de la casa de él y quedaron ocultos de las miradas externas, en silencio y con la luna como único testigo, las lágrimas de shikamaru le pidieron que no lo hiciera hablar. Así que ella bajó su mochila, lo sujetó del brazo y lo invitó a sentarse en el césped de su casa y entre sus brazos le permitió derrumbarse.

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Continuará.


¡Gracias por leer!

De nuevo quiero señalar que este fic ha sido revisado por Nakasu Malakiel, quién se a tomado el tiempo de ayudarme a que la historia tuviera coherencia :) gracias infinitas.

Una nota que quisiera hacer, es que Hinata no se enamoró de Shikamaru en todo el año que salieron constantemente (quizás de dos a cuatro veces al mes). Él está realmente enamorado de Temari, espero no haber puesto una reacción muy exagerada de parte de él, pero a cualquiera le enojaría que la persona que ama saliera con otra persona, aunque él mismo tiene su aventura con Hinata. Así somos los seres humanos de complicados.

Y decir que, escribí está historia durante mi bloqueo con mis otros fics, por lo que ya está casi terminada y ya me puedo dedicar a los otros.

¿Un review? Pueden decir si les gustó o no, quejas, sugerencias, reclamaciones, maldiciones imperdonables o flores, todo se acepta :)

Y finalmente, los invito a seguirme y enterarse de todas las novedades de mis historias en tiempo real a través de mi página Tamashitsumo en Facebook. Comparto contenido de distintos temas, recomiendo fics y podemos estar en contacto directo.

¡Saludos!

2017