Disclaimer: Naruto le pertenece a Masashi Kishimoto. Di no al plagio.
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Parte 7 de 10
Cadenas del pasado
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Al día siguiente Naoko no encontró a su madre en casa, salió al patio y preguntó a un guardia si la había visto, a lo que le respondió que su madre estaba en la sala de juntas en sesión con el consejo del clan.
Un poco decepcionada, fue a desayunar con su abuelo, quien ahora se dedicaba a descansar, ya que Hanabi había asumido todas las responsabilidades de su puesto. Cuando terminaron de comer, su tía Hanabi apareció por el recibidor.
— Buen día — Saludó la pequeña.— ¿Ya acabó la reunión? — Preguntó con la esperanza de que su mamá estuviera libre.
— Buen día, Nao-chan. No, tu mamá sigue atendiendo un par de pendientes... Pero tienes un llamado en la torre.
La menor abrió los ojos sorprendida.
— Imagino que van a darte instrucciones para tu nuevo rango, no demores en ir. — Le dijo su abuelo mientras se internaba en la casa.
— Pero...
— ¿Qué sucede, Nao-chan? — Preguntó la castaña sentándose a su lado.
— Ayer me pelee con mamá... ¿Qué hice mal? ¿Por qué mamá y tu se marcharon de prisa del estadio?
Hanabi le hizo señas para que fuera con ella y llegaron a su despacho. Cerró la puerta de roble y cuando la niña se sentó, Hanabi se arrodilló a su lado y le sujetó las manos.
— Escucha bien esto. — Sonaba muy seria. — Usaste un jutsu de otro clan. Eso es peligroso, y bajo ningún riesgo no debes volver a hacerlo. Si te preguntan dí que no sabes nada o esto podría ocasionarles muchos problemas a ti y a tu madre.
— ¿Por qué? No entiendo...
— Todo con tiempo, te prometo que un día lo sabrás. Ser Chunnin no significa que ya no seas una niña, los tiempos han cambiado y vivimos en una época de paz por lo que te pido que disfrutes tu vida. — Naoko iba a replicar cuando su tía le puso un dedo en los labios. — Shh... ahora tienes nuevas obligaciones, ve a la torre y no te preocupes por tu madre, es más fuerte de lo que crees.
La joven asintió y marchó.
Hanabi suspiró, tenía el presentimiento de que el secreto de Hinata se iba a descubrir muy pronto.
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Naoko llegó a la torre, donde el Hokage le entregó su nuevo uniforme Chunnin y le informó que su primer tarea sería llevar unas cajas con documentos confidenciales a su consejero Shikamaru en el clan Nara y que quedaba libre luego de eso. Ella asintió y marchó con la enorme caja en sus brazos.
Con algunos tropiezos y los brazos bastante adoloridos, llegó a la dirección que le habían indicado. Buscó con la mirada a Shikadai, pero no lo encontró por ningún lado.
— Hola, ¿Necesitas algo? — Shikamaru Nara estaba barriendo las hojas caídas en su patio frontal.
— M-me han pedido que le trajera esto. — Respondió un poco nerviosa, ese hombre le parecía muy imponente.
— Te lo agradezco — Se acercó para tomar la gran caja. — ¿Buscas a Shikadai?
— S-sí — Jugó con sus dedos. — Estoy libre por el día de hoy.
— Está en la academia, si quieres puedes esperarlo dentro, no debe tardar porque hoy solo tuvo una práctica de tiro. — Colocó la caja en el suelo para poder abrir la puerta. Esa era una buena oportunidad para indagar sobre esa joven. De pronto el rostro de la chica se sonrojó un poco, por lo que supuso que se iba a negar, así que volvió a hablar. — Seguro le gustará verte.
Ella asintió un poco nerviosa. Entró a la casa y se sentó en la sala.
— ¿Quieres un poco de té?
— Sí, gracias.
Shikamaru fue a la cocina mientras pensaba cómo proceder. Al parecer era una chica bastante tímida y reservada pero era importante saber quienes eran sus padres y cómo es que pudo usar un jutsu de un clan distinto al suyo. Su ficha ninja solo especificaba sus resultados en la evaluación que le hicieron al salir de la academia ninja, no venían detalles de sus antecedentes familiares.
Regresó a la sala con una bandeja y dos tazas de té, cuando encontró a la niña observando el juego de shogi que estaba jugando la noche anterior. Lo dejó inconcluso porque pensar en Temari no le dejó concentrarse lo suficiente, además de que era una partida muy complicada.
— ¿Te gusta el shogi?
— Mmm si, aunque mi abuelo prefiere el ajedrez occidental y sé jugar mejor ese.
— Vaya, eso es raro viniendo de un clan muy conservador.
Ella le dio una pequeña sonrisa, casi como de disculpa.
— Sí, supongo.
Shikamaru le entregó la taza y acercó el tablero a la mesa central de la sala.
— El objetivo es el mismo, capturar al rey... — Y le explicó las reglas básicas del juego. — Podemos jugar si quieres... — Iba a quitar las piezas para iniciar de cero, pero ella negó y alzó una mano.
— Quisiera intentarlo así.— Puso una mano en su mentón y comenzó a preguntar el movimiento de cada ficha para confirmar que lo había entendido.
Shikamaru se quedó sorprendido de que la joven con sólo dos movimientos lo hubiera puesto en aprietos. Comenzó a tomarse en serio el juego cuando ella estuvo a punto de atrapar a su rey, y así se enfrascaron en un juego; esa sería la manera perfecta para conocer su forma de ser.
Jugando descubrió que era una chica brillante, cautelosa y tenía problemas en sacrificar a los peones, lo que decía que era una chica preocupada por las personas y eso de alguna manera le agradó.
Conforme probaba jugadas, también notó que cuando superaba su timidez inicial, se volvía una chica enérgica y hasta cierto punto demandante, pues se tomó como un reto personal el ganar la partida.
La chica de ojos perlados era una buena estratega, la única persona que lo había puesto en aprietos antes había sido su padre. Shikadai empezaba a ser bueno pero no lo suficiente para hacerlo retroceder como sucedía en esos momentos.
— Debo decir que estoy sorprendido, pocas personas aguantan este nivel de estrés mental. — De verdad pensaba que era sorprendente.
— Papá solía decir que la paciencia es una virtud.
— Eso es correcto, pensar con la cabeza fría puede ser la diferencia entre vida y muerte.
— Lo mismo decía papá — Respondió con una pequeña sonrisa mientras movía una ficha.
— No creo que debas hacer esa jugada — Dijo el mayor al ver lo que ella planeaba hacer.
— Bueno, no lo sabré si no lo intento — Dijo con un destello de confianza y una linda sonrisa.
Shikamaru asintió y decidió dejarla continuar. Ella le estaba tendiendo una trampa a su rey pero un par de jugadas después se dió cuenta de que ella en realidad estaba planeando capturar a sus peones para volverlos en su contra. De manera veloz trató de evadir su ataque pero notó que cualquier movimiento crearía una apertura que ponía en peligro a su rey.
"Caer con todos o caer solo" pensó mientras dejaba caer sus brazos a sus costados.
— Eres buena — Reconoció Shikamaru, la chica se sonrojó. — Pero aún eres muy joven — Movió a su rey.
— De esa manera estás sacrificando a tus peones — Comentó desconcertada, creyó que se rendiría.
— A veces son necesarios los sacrificios, además, quizás me quites a un par de peones, pero yo podré reagruparme y entonces…
De pronto la puerta se abrió y dejó ver a un cansado Shikadai. Sus ojos se abrieron muy grandes, creyó que su casa estaría vacía por lo que aceptó salir con Boruto al terminar su lección de tiro, pero se sorprendió mucho cuando se encontró a su padre y a la chica que le gustaba sentados en la sala jugando shogi.
— ¿Papá…? ¿Naoko-san?
— Shikadai, adelante, creo que olvidé comentarte que tengo unos días libres. — Dijo el mayor al ver la cara de sorpresa de su hijo.
— Buen día… — Saludó la Hyuuga un poco apenada.
— ¿Días? Son las cuatro de la tarde… — Murmuró el niño. Ahora fue turno de la chica de abrir los ojos sorprendida.
— Perdí la noción del tiempo… debo ir a casa. — Se puso de pie e hizo gran reverencia a los dos chicos. — Gracias por el juego — Dijo al consejero, quién asintió. — En realidad esperaba poder conversar contigo, pero no llegabas...— Su sonrojó se incrementó.— Ettoo… — Jugó con sus dedos.— Nos vemos luego…
Y echó a correr en dirección hacia la salida.
El niño miró a su padre y este solo suspiró, de alguna manera ese gesto nervioso le recordó a Hinata, ¿Sería que todos los Hyuuga se parecían más de lo que pensaba?
— El tiempo se fue rápido, es buena jugando.
— Supongo que es bueno que se lleven bien… ¿Has cambiado de opinión sobre los Hyuuga?
— Es hora de comer algo, ¿Quieres ir por takoyakis?
Shikadai supo que no debía presionar a su padre, de cualquier forma no hablaría si no lo deseaba, así que se limitó a dejar caer su mochila y asentir.
— Entonces vamos…
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Hinata miró de nuevo el reloj a pesar de que lo había consultado hace un par de minutos. Ya pasaban de las cinco de la tarde y su hija aún no había regresado.
Era consciente de que cuando uno elegía la carrera ninja se pasaba mucho tiempo fuera de casa, pero siendo honesta, últimamente tenía el presentimiento de que no debía alejarse de su hija. Naoko estaba en la pubertad, una época de cambios físicos y mentales, y aún con todo eso había sido lo suficientemente hábil para alcanzar el rango de Chunnin, estaba orgullosa de ella pero sentía que estaban cambiando muchas cosas en muy poco tiempo.
Su hija siempre fue una niña muy alegre aunque a veces tenía un carácter un poco explosivo, muy diferente al de ella, tampoco creía que fuera de Shikamaru, por lo que pensó que era herencia de alguno de sus abuelos, era muy determinada cuando lograba vencer su timidez inicial. Aún recordaba cuando Nao-chan expresó su deseo de ir a la academia ninja a los 7 años...
— Yo preferiría que ella continuara estudiando dentro del clan, puede ser una ninja sin pasar por la academia — Dijo Hinata a su esposo, mientras bebían té sentados el uno frente al otro.
— Nao-chan ha demostrado que tiene la aptitudes necesarias para ir a la academia. Ha dominado el jukken a un nivel casi perfecto y a penas tiene 7 años.
— Es muy pequeña, no quiero que cargue con el título de genio a tan corta edad...
— ¿Es eso o te preocupa otra cosa, Hinata? — Preguntó Takuma mientras observaba la taza en las manos de su esposa.
— Si Naoko se hace ninja tendrá que verse de frente con el Hokage y su consejero cuando le asignen misiones. Temo que se descubra nuestro secreto.
— Yo no lo considero que deba ser un secreto, creo que deberíamos hablar pronto con ella. Tiene todo el derecho a conocer la otra mitad de su legado.
Hinata bajó el rostro y apretó sus manos una contra la otra.
— Tú eres el padre de Naoko... — Murmuró la mujer. Takuma se levantó y se arrodilló a lado de la peliazul.
— Siempre seré su padre, pero va a llegar el día en que ella se entere de todo. Lo mejor sería que se enterara de nosotros y pudiera elegir qué hacer. — Acarició el cabello de la mujer.
Pero nunca llegó el momento adecuado y tal vez ahora era muy tarde. Su hija se estaba juntando con el hijo de Shikamaru. ¿Cómo lo sabía? En el torneo pudo intercambiar unas palabras con el niño y lo observó animar a su hija, lo cuál le causó un sentimiento ambivalente. Sabía la dificultad que tenía Naoko para hacer amigos y le agradaba que tuviera un buen amigo que la animara, pero al mismo tiempo era su medio hermano... tal vez era cierto eso de que la sangre llama.
Takuma había tenido que fingir su muerte por su culpa y ahora iba a tener que lidiar sola con el secreto del nacimiento de Naoko. Todo ese estrés no le ayudaba a sobrellevar su enfermedad, su pecho dolía cada vez más. Sakura Haruno le había enseñado a curarse así misma con chakra curativo pero sus reservas de chakra iban disminuyendo al pasar del tiempo.
Todo comenzó con su embarazo de alto riesgo, los médicos le recomendaron que interrumpiera el embarazo, que sus condiciones no eran las mejores, pero se negó y decidió continuar adelante. Tuvo que permanecer cinco meses en cama y si Tsunade-sama no hubiera estado el día que dio a luz, seguramente no hubiera sobrevivido.
Pero había valido la pena, porque una hermosa niña había nacido. Siempre estaría agradecida por todo el apoyo que Takuma le brindó, por todo el amor que le dio a Naoko y a ella. Lo único de lo que siempre se sintió mal fue de no haber podido haberle dado un hijo propio, pues después del nacimiento de su hija, su cuerpo quedó tan lastimado que no pudo volver a tener hijos.
Takima fue comprensivo y nunca le reclamó nada, pero sabía que le entristecía no poder volver a ser padre, pero que la quería en verdad y por eso había aceptado esa peligrosa misión en el país del rayo, en el monte Kasuga. En fin, de nada servía pensar en el pasado, solo le quedaba enfrentar a su hija con la verdad de su nacimiento.
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Naoko llegó corriendo a su casa, donde encontró a su madre sentada en el comedor tomando una taza de té.
— Ya volví, mamá... — Dijo tímidamente mientras se acercaba a la mayor.
— Bienvenida a casa. — Le dijo con una pequeña sonrisa. — ¿Quieres cenar?
— Si — Respondió dejando su chaleco chunnin a un lado.
— Creo que no te he felicitado, te tengo un pequeño regalo— Dijo la mujer mientras sacaba de una repisa una caja con rollos de canela. — Son todos tuyos.
La chica abrió los ojos con sorpresa y sonrió, su madre sabía que esos dulces eran su debilidad.
— Gracias mamá.
— Estoy muy orgullosa de ti. — Se dio la vuelta para calentar la cena. — Estas creciendo y creo que tal vez es momento de hablar.
El corazón de Naoko saltó, y una gran ansiedad la invadió. Su madre estaba demasiado seria, por lo que supuso que o seguía enojada con ella por como le habló antes, o le iba a dar una mala noticia.
— Come y escucha, ¿De acuerdo? — La menor asintió y comenzó a comer. Hinata se sentó frente a ella. — Me temo que hay algo que debes saber y que te va a ayudar a entender por qué nos sorprendió a Hanabi y a mi que usaras el kagemane en tu combate final. — Naoko asintió. — Cuando era más joven, yo... me enamoré dos veces.
La chica abrió los ojos sorprendida, su madre nunca solía hablar de su pasado de soltera.
— Mi primer amor fue un chico de cabellos rubios que soñaba con ser Hokage — Continuó. — Pero él nunca se fijó en mí.
— Pues es un tonto, eres una mujer muy bella, mamá.
Hinata sonrió.
— Pero gracias a eso, conocí a un joven Nara, que también lo estaba pasando bastante mal en esa época — Sintió que la boca se le secaba, Naoko dejó de comer al escuchar aquello. — También lo amé y tuve la fortuna de compartir muchas cosas con él, pero al final tampoco funcionó, por lo que nos separamos.
— ¿Pero no entiendo...? — Pero Hinata le hizo un gesto para que escuchara.
— Él regresó con la mujer a quien amaba y yo no tuve el valor de decirle que estaba embarazada. Así que decidí contraer matrimonio con un joven del clan, para darle una familia a mi futuro hijo.
La cuchara cayó a la mesa, Hinata vio que su hija estaba quieta, tratando de procesar sus palabras.
— Eso significa que mi papá... — Pero no podía terminar la frase, no quería.
¿Takuma Hyuuga no era su padre? Todos los recuerdos que tenía de él pasaron deprisa en su mente, tratando de encontrar alguna señal de aquello; pero solo encontró cariño en su padre, y ninguna señal de no ser su hija.
— Takuma te amaba tanto como yo, me aceptó a su lado aún cuando esperaba al hijo de otro hombre. — Un nudo comenzó a formarse en su garganta. — Él quería que tu supieras que a pesar de todo nunca va a dejar de ser tu padre. — Hinata sabía que había pocas posibilidades de que Takuma volviera con vida de aquella misión.
Un par de lágrimas resbalaron por las mejillas de Naoko, pero entonces otra pregunta vino a su mente.
— ¿Por eso pude usar el kagemane? ¿Soy mitad Nara?
— Así es.
— ¿Y esa persona...? ¿Él lo sabe? ¿Sabe que tiene una hija contigo?
Hinata negó con la cabeza.
— No se lo he dicho, porque él es muy feliz con su familia, no tenía ningún derecho de meterme en su vida de nuevo.
— ¿Pero qué hay de mí? — Comenzó a sentirse muy molesta. — Yo tenía derecho a saber esto y que él estuviera en mi vida.
Hinata sonrió triste.
— Takuma pensaba lo mismo, pero fui yo quien decidió mantenerlo en secreto.
— ¿Quién es? — Preguntó, pero al ver el silencio de su madre. — ¿Acaso es... el consejero?
Sin duda Naoko era hija del genio Nara.
— Sí, Shikamaru Nara es tu padre.
La joven se puso de pie, arrastrando la silla hacía atrás y empujando la mesa, su vaso con agua se derramó ante el movimiento tan brusco.
— No te creo — Aquello fue lo único que se le ocurrió decir.
— Eres libre de hacer lo que desees con esta información. Si decides decírselo a Shikamaru-san, adelante, yo responderé todas sus preguntas y asumiré la responsabilidad de esto.
Naoko se quedó pasmada. Si el consejero era su padre biológico, entonces Shikadai era su hermano... ¡Entonces le había gustado su hermano! Nunca se habría permitido sentir algo por ese chico si hubiera sabido toda la verdad desde antes. No quería culpar a su madre... pero ¿Por qué siempre debía ocultar las cosas importantes? ¿Por qué no se lo había dicho antes?
— ¿Por qué me lo dices ahora? — Preguntó con la mirada baja.
— Estas dejando de ser una niña, pronto serás una mujer y vas a enamorarte y tratar de hacer una vida, no era justo seguir ocultándolo.
— ¿Entonces todo es una mentira? ¿Papá y tu no se amaban? ¿La historia de cómo se conocieron no es verdad? ¿Qué más me has ocultado, mamá?
— Nao-chan...
— Yo solo quería una vida simple a tu lado y el de papá... ¿Por qué tienen que ser así las cosas?
Hinata desvió la mirada.
— Lo siento, debí decírtelo antes.
— ¿Ahora qué se supone que haga?
— Yo tampoco lo sé. — Hinata trató de acercarse a la niña, pero ella retrocedió un paso. — Nao-chan...
— Necesito pensar un poco... saldré a tomar aire — Y salió del hogar.
Se dirigió al monte de los Hokages y se acostó a observar el cielo estrellado.
Tenía sentido lo que le había dicho su madre, algunas veces había llegado a pensar que ella no pertenecía completamente al clan Hyuuga. Ella prefería mil veces sentarse a leer que acudir a los eventos formales del clan. Prefería a pasar tiempo en el bosque y no en las salas de meditación, le gustaban más los ciervos antes que las águilas (el animal guía del su clan). Su abuelo siempre le permitió tener comportamientos distintos a los otros niños del clan argumentando que ella era una genio y que tenía ese privilegio, tal vez él también lo sabía.
Todos lo habían sabido menos ella, "Y tampoco el consejero" pensó. Se sentía muy tonta, porque en algún momento había fantaseado con la posibilidad de que si su primer beso no era con Konohamaru-sensei, quería que fuera con Shikadai. ¡Pero no! Él era su medio hermano.
Cubrió su cabeza con sus manos. Odiaba cuando no podía dejar de pensar, en el pasado, siempre que su mente se saturaba de esta manera, las caricias de su madre la ayudaban a relajarse. No quería culparla, pero no podía evitar sentirse traicionada por su amada madre.
Casi por instinto activó su Byakugan y buscó a Shikamaru Nara. Tal vez él pudiera ayudarla a comprender esto. ¿Por qué dejó a su mamá? ¿La aceptaría como hija? O lo más importante ¿Ella misma quería que él lo supiera? Su madre le había dado la opción de elegir qué hacer, quizás lo mejor fuera primero conocerlo mejor y saber cómo era él en realidad.
Lo localizó en la zona de restaurantes de la aldea, junto a Shikadai. Respiró profundamente y decidió que tomaría eso como una misión.
Llegó hasta el local de donde estaban saliendo padre e hijo, escondió su presencia y los siguió de cerca para poder observar con otros ojos al hombre y al hijo.
— Extraño a mamá — Dijo el chico mientras ponía sus brazos tras su cabeza.
— Se fue hace apenas unos días, puedes escribirle si quieres.
— No creo que quiera saber mucho de mi, aunque no dijo nada noté que se enojó porque no quise ir con ella.
Vio como Shikamaru suspiraba.
— Solamente dale un poco de tiempo, al final de cuentas eres lo más importante para ella.
Caminaron en silencio un par de cuadras, Naoko se dio cuenta de que tal vez su cabello no era negro como el de su madre, sino negro como el del hombre que caminaba frente suyo. Su manera de caminar perezosa y sus manos en el bolsillo le parecieron interesantes, ojalá pudiera conocerlo un poco más, pero para ser honesta, se mantenía bastante asustada de decirle la verdad. ¿Y si no la quería? ¿Y si le decía que no le importaba? No, tenía miedo de la respuesta que pudiera darle.
— Papá... ¿Amas a mamá? — Escuchó que Shikadai decía.
— Por supuesto.
— ¿Entonces por qué dejaste que se fuera?
— A veces podemos amar con locura a alguien, pero si su felicidad no es a nuestro lado, es parte de amar el saber dejar ir en el momento adecuado. Es mejor eso a atar a las personas y obligarlas a estar donde no quieren estar.
Naoko se cubrió la boca para evitar que se le escapara una expresión de sorpresa. Eso era similar a lo que su madre había dicho... ¿Su madre amó de verdad a ese hombre? Arriesgó su vida dentro del clan para tener al bebé que esperaba del hombre que la abandonó...
Y entonces se sintió basura por haber sido grosera con su madre, sintió de pronto la necesidad de ir a su casa y disculparse. Podía haberle ocultado algo muy importante, pero eso no justificaba su comportamiento. Pero antes de que pudiera marchar a su casa, una sombra la asustó por detrás.
— Ya decía que sentía una mirada fija — Shikamaru estaba tras ella. Aquello lo dijo en un tono simpático, pero se golpeó mentalmente la cabeza al ver los ojos de la niña humedeciéndose. — Lo siento si te asusté...
Pero entonces ella comenzó a sollozar en el pecho del moreno, se sujetó de su chaleco y dejó salir los sentimientos que la embargaban.
Shikadai llegó pronto a su lado y miró sorprendido a su padre, quien negó con la cabeza sin saber qué ocurría, por lo que puso una mano en su espalda y esperó a que ella se desahogara.
Cuando sus lágrimas se detuvieron un poco, ella los miró avergonzada y bajó la cabeza.
— Lo siento... — Murmuró.
— ¿Sucede algo? ¿Estás bien? — Preguntó Shikadai, a lo que la chica respondió negando con la cabeza.
— Algo debió pasarte para que terminaras así, vamos, confía en nosotros. — Le dijo el mayor mientras acariciaba su cabeza.
Ella los miró indecisa, y decidió que aún no era el momento de revelar el secreto de su madre y ahora suyo también.
— Murió mi padre — Decidió decir la segunda cosa que ocupaba su mente. De alguna manera no se había permitido así misma llorar tanto como quisiera su pérdida. Pero ahora con lo que había descubierto, sentía que le había falta su padre, que quería decirle muchas cosas pero ya no podía.
— Lo siento mucho — Dijo Shikadai con tristeza.
— ¿Quién era tu padre? — Preguntó Shikamaru.
— Takuma Hyuuga.
— Lo siento, creo que no lo conocí mucho...
— No se preocupe, está bien. Es solo que apenas me estoy dando cuenta de lo mucho que lo extraño. — Respondió sinceramente.
El niño miró preocupado a su papá, quien pensó que todo eso era problemático, pero que sería bueno ayudar a esa chica, al final de cuentas le había regalado un juego que no lo retaba tanto desde que jugó por última vez con Shikaku Nara.
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Un par de semanas después, Naoko recibió un llamado de parte del departamento de inteligencia de la aldea para unirse, ya que era una chunnin que aún debía elegir su área de especialización. Ya había probado varias áreas, como rastreo, vigilancia, la academia y mantenimiento de sellos, por lo que pensó que sería una buena idea probar en el área de inteligencia.
— Eres muy buena en esto, deberías plantearte la posibilidad de quedarte en la torre — Le decía Ino Yamanaka mientras guardaban las carpetas que habían estado trabajando todo el día.
— Gracias — Respondió con un poco de timidez. De pronto un par de golpes se escucharon y entró Shikamaru Nara por la puerta.
— Hey, necesito unos documentos para Naruto. — Indicó a su amiga mientras hacía un saludo a ambas con la mano.
— Claro, ¿Qué necesitas?
— Los resultados del interrogatorio Z753.
— Iré por ellos. — Asintió la rubia. — Si quieres puedes ir a descansar, hoy trabajamos mucho — Le dijo a Naoko.
— Gracias. — E hizo una reverencia para después comenzar a guardar sus cosas.
Pronto se quedó sola con Shikamaru y se sintió un poco intimidada, no había vuelto a verlo a él ni a Shikadai desde la noche en que lloró.
— ¿Y qué tal te ha ido? ¿Ino te trata bien?
— Sí, es muy amable.
Shikamaru desvió la vista.
— Sí, cuando quiere. — Murmuró. La niña sonrió y dejó escapar una ligera risa y entonces a Shikamaru sintió que de pronto tuvo un dejá vú de cuando salía con Hinata y pasaban las tardes conversando. Sacudió su cabeza. Probablemente su reciente separación de Temari lo había llevado a recordar viejos tiempos.
— ¿Y qué harás ahora?
La chica miró el reloj de la pared.
— Supongo que entrenaré un rato, no me apetece llegar a la hora de meditación en el clan.
— Suena aburrido.
— Lo es. — Se sintió incomoda, de pronto no supo qué más decir por lo que sin darse cuenta se le quedó viendo fijamente.
— ¿Tengo algo en la cara? — Preguntó un poco extraño al ver su mirada fija.
— Barba... — Musitó ella y se sonrojó. Por reflejo él llevó su mano hasta su barba y la tocó. — En mi clan nadie la usa, por eso me parece extraño ver una. — Aumentó su sonrojo y aquello le pareció encantador al hombre. De alguna forma empezaba a comprender por qué su hijo se había prensado tan fácilmente de esa chica, tenía una especie de inocencia que hacía que quisieras protegerla. "Tal como Hinata..." Tan pronto como lo pensó, sacudió la cabeza.
— Supongo que debo parecerte desprolijo. — Dijo para volver a concentrarse en la conversación.
— Para nada — Negó efusivamente con sus manos. — Se ve bien.
Volvieron a quedarse en silencio.
— Creo que Ino va a tardar — Y se sentó en una silla. Naoko pensó si irse o quedarse con ese hombre. Al parecer la curiosidad pudo más, pues se sentó en una silla a su lado.
— Supongo que debo agradecerte — De pronto dijo el moreno. — Gracias a tí Shikadai se esfuerza un poco más en la escuela para graduarse.
— Es un buen chico — Respondió con un poco de nostalgia,"Y es mi hermano" pensó. — ¿Puedo preguntarle algo personal?
— Adelante.
— ¿Usted y la madre de Shikadai no quisieron tener más hijos? — "¿Me aceptará como su hija cuando sepa la verdad?" era su verdadera pregunta.
— Me temo que nuestras ocupaciones no nos permitieron tener otro hijo, imagino que se debe sentir muy solo Shikadai en casa. — Shikamaru rascó su nuca un poco triste pero luego miró a la chica y sonrió. — Por favor, cuida de él.
Ella asintió.
— Puedo ser amiga de Shikadai.
Shikamaru rió, al parecer su hijo había sido friendzoneado.
— Gracias, solo no lo rechaces muy rudamente.
Ella se sonrojó y asintió efusivamente mientras se ponía de pie.
— Etto... debo irme — Los nervios la estaban carcomiendo. — Fue un placer verlo de nuevo, Shikamaru-sama.
— No seas tan formal, solo dime Shikamaru — Le sonrió. — Y bueno, si te quedas en el departamento de inteligencia, podría ayudarte cuando tengas problemas.
Ella abrió los ojos sorprendida, pero después sonrió más, si era posible.
— Gracias, lo haré.
Y marchó pensando en que tal vez, las cosas podrían ir bien con él.
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Un mes pasó desde que Hinata le reveló a su hija que su padre biológico era la mano derecha del Hokage. Esa noche, cuando volvió a casa, Naoko le dijo que cuando estuviera lista hablaría con Shikamaru, pero que de momento quería seguir con el luto ante la muerte de su padre. La peliazul le agradeció en silencio por no dejarse llevar por un arrebato, supuso que tenía miedo de que Shikamaru la rechazara y de alguna forma la puso triste esa posibilidad. Sin duda todo lo que estaba sucediendo era su culpa, por lo que sería mejor que ella se adelantara y hablara con él.
Así que esa mañana de sábado, tomó su abrigo y salió del distrito Hyuuga en dirección al distrito Nara. Creyó que sería más difícil para ella llegar hasta la puerta de la casa de Shikamaru, pero se sorprendió sintiendo una vieja nostalgia. Desde la noche de Tanabata en la que terminaron, se vieron continuamente en las reuniones con el Hokage, pues él como consejero y ella como parte del consejo de Hanabi, debían tratar cuestiones de la aldea y el clan.
Así fue como ella se dio cuenta de que él era feliz con la chica de Suna y sin duda no olvidaría el día que todo el mundo en la torre enloqueció cuando el hijo de ellos nació. Ella se limitaba a asentir con la cabeza y a mantenerse seria, se obligaba a no sentir nada y a ser fuerte por la pequeña que la esperaba en casa, y por el hombre que la sujetaba de su mano.
Tocó un par de veces la puerta y esperó. Al parecer no había nadie por lo que decidió marcharse, pero justo cuando se dio la media vuelta, escuchó la puerta abrirse. Dio la vuelta con una mano en el pecho y se sorprendió de ver a su hija en el rellano.
— Nao-chan, ¿Qué haces aquí?
— Salieron a Suna, pero Shikamaru-san nos pidió de favor a Mirai-senpai y a mi que llevaramos unos papeles importantes a la torre. — Y efectivamente, tras la chica de ojos perlados, la ahijada de Hinata se asomaba.
— Hinata-san, es un placer verte — Saludó Mirai.
— ¿Cómo has estado? — Preguntó con una gran sonrisa, hacía mucho tiempo que no había visto a la hija de su sensei, había crecido mucho.
— Bien, ¿Buscaba al consejero? — Preguntó la chica de ojos rojos.
— Sí, pero puedo volver luego. — Respondió Hinata haciendo una reverencia. — Ven a comer un día a casa, y extiende mi invitación a tu mamá.
— Hai, yo le diré, arigato.
Hinata pensó en regresar a su casa, pero en lugar de eso, se adentró por el bosque Nara, como una autómata sumida en sus recuerdos. Pasó tanto tiempo tratando de olvidar y enterrar en lo más profundo de su mente lo vivido con Shikamaru, que estar de nuevo frente a la cabaña parecía un sueño.
Abrió la vieja puerta que chirrió y dio paso a un empolvado y enmohecido lugar. Se veía descuidado y de alguna manera congelado en el tiempo, pues todo estaba tal como recordaba hace casi 15 años.
Se encontró así misma dejando salir viejas memorias y comprendiendo que tal vez nunca lo dejó de amar, simplemente se dedicó a tratar de olvidarle. Ese descubrimiento hizo que se sintiera terrible pues su esposo se había ido hace apenas unos meses pero sentía que lo estaba engañando al darse cuenta de sus sentimientos. Hinata no dudaba de que también amaba a Takuma, pero ese era un sentimiento cálido, maduro y sensato, mientras que a Shikamaru lo amó con locura, arrebato y con los impulsos de la juventud.
Y se preguntó ¿Qué hubiera pasado si hubiera confesado a Shikamaru su estado aquella tarde en que lo vio en el río Naka después de ir al hospital? La verdad desconocía esa respuesta, pero sin duda no se arrepentía de nada.
El único temor que ahora sentía era el de ser descubiertos por Naruto, el Hokage. Los únicos que sabían de la misión de Takuma eran su familia. Su padre y Hanabi organizaron todo para que él pudiera fingir su muerte cuando estuviera cerca de la bahía donde tomaría su barco hacia el país del rayo. Hinata no estuvo de acuerdo, pero Hiashi y Takuma estaban seguros de que aquel viaje serviría para ayudarle a recuperar su salud, creían firmemente en encontrar una respuesta en el Monte Kasuga.
Pero debían hacerlo en secreto, pues Naruto ya había denegado el permiso para esa misión unos años antes, argumentando que no había ninguna prueba de que en el monte Kasuga hubiera una fuente de la salud o un guardián milenario como contaban las leyendas Hyuuga y que no podían prescindir del tokubetsu jounin que era Takuma. Hasta preguntó al Raikage sobre aquello, quien le dijo que sólo eran leyendas y que la zona estaba llena de peligros naturales.
Suspiró tratando de alejar esos pensamientos, le partió el corazón darle la noticia a su hija y sabía que Takuma debía sentirse igual al causar ese sufrimiento a la pequeña, pero él estaba decidido a alargar la vida de su esposa a cualquier costo. Hinata trató de concentrarse en la misión que tenía en esos momentos, Shikamaru aún era un tema inconcluso y que por el bien de Naoko debía afrontar.
Se dirigió a la cama y encontró una vieja caja de madera, donde ella sabía que Shikamaru guardaba unos pergaminos, pues a veces solían llegarle ideas y soluciones a los problemas que la mente del Nara no dejaba de procesar aunque estuviera haciendo otras cosas, hasta en los momentos más inesperados.
Efectivamente encontró papel amarillento, y tanteó en su abrigo; por suerte ella traía un bolígrafo consigo, pues como parte del consejo Hyuuga, debía firmar algunas papeles de manera inesperada. Entonces se sentó en la polvosa cama, cuyas sábanas estaban roídas, tal vez por alguna plaga, y comenzó a escribir una carta.
Cuando la terminó, la colocó dentro de la caja de madera de nuevo y en vez de volver a meterla bajo la cama, la colocó sobre la mesa, la cual limpió del polvo y sobre la cual colocó la caja de madera y una bolsa de té que encontró junto a la estufa. Suponía que era el té abortivo que le había estado dando de beber en secreto. Una vez hecho, se dirigió de nuevo a la salida.
Sin embargo, Hinata había estado tan ensimismada en sus recuerdos y cavilaciones, que no notó que su amada hija la había visto con el Byakugan desde que se despidieron en la entrada de la casa del Nara.
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Había pasado medio año desde que Hinata fue al distrito Nara. Supo una semana después que había regresado Shikamaru y su hijo, pero no hizo un nuevo intento por hablar con él. Decidió dejar las cosas al tiempo, además de que al parecer su hija estaba haciendo sus propias investigaciones y no quería entrometerse.
En la noche, Naoko buscó a su madre y la encontró en su habitación.
— ¿Qué tal tu día? — Le preguntó Hinata mientras la invitaba a sentarse a su lado.
— Bien, Hokage-sama es una persona muy animada.
— ¿Te gusta trabajar en la torre?
— Hai, puedo aprender mucho de estrategia y además es muy interesante tomar lecciones con Yamanaka-taicho, es muy buena para las cuestiones de inteligencia.
— Entonces decidiste especializarte en tareas de inteligencia — Hinata desamarró el largo cabello de su hija y se colocó de manera que pudiera cepillarlo.
— ¿Crees que el abuelo se moleste? Sé que el quiere que el Byakugan lidere el campo de batalla pero yo...
— Tu abuelo está orgulloso de tí, igual que Hanabi y que yo. Sí tu deseo es servir a la aldea desde la cabeza, está bien, hay otros que preferimos ser las manos o el cuerpo.
Los ojos de la niña se abrieron.
— ¿Vas a volver a ser una ninja activa? — Preguntó sorprendida.
— No creo, pero va siendo tiempo de que retome mis actividades fuera del clan, ¿No es así?
Naoko recordó lo que le dijo a su madre en su primer discusión.
— No te sobre exijas mucho, mamá.
— No lo haré, aún tengo mi fuerza de antes — Depositó un beso en la frente de su hija.
Continuaron en silencio un rato más, ambas mujeres tarareando una vieja canción de cuna.
— ¿Mamá?
— Dime.
— He estado pasando algunas tardes con... S-Shikamaru-san en la torre, espero que eso no te moleste.
— No me molesta — Se acostó boca arriba en la cama. — ¿Has encontrado interesante su persona? — Sabía que su hija tenía la costumbre de observar mucho a las personas.
— Es una persona muy seria, pero cuida bien de Shikadai. No le gusta la comida fría pero siempre come así porque no tiene tiempo, trata a Hokage-sama con mucha paciencia y se la pasa frunciendo el ceño todo el tiempo. Creo que es una buena persona.
Hinata sonrió.
— Me alegra que pienses eso de él. — La mujer cerró los ojos mientras sentía como su hija se acostaba a su lado.
— Llegué a pensar que me gustaba Shikadai... — Murmuró en voz baja. — Supongo que tal vez me llamó la atención porque somos hermanos.
— Es probable — Aceptó Hinata.
— Ya no he aceptado sus invitaciones a salir, le dije que me gustaba Konohamaru-sensei, y creo que está triste por mi culpa.
Hinata guardó silencio. Definitivamente había hecho bien en decirle a su hija la verdad en esos momentos, lo estaba tomando muy bien a pesar de que era una adolescente.
— No te preocupes, se le pasará. Además supongo que va siendo tiempo de que hable con ellos ¿No lo crees? Tal vez de esa manera Shikadai encuentre a una hermana en ti.
La joven Hyuuga miró a su madre y asintió.
— Salieron a Suna, regresarán en un par de semanas.
— Entonces ya tenemos un trato.
Naoko sonrió y se giró en la cama para abrazar a su madre, sabía que iba a ser difícil para ella hablar con su antiguo amor, y más luego de que leyera la carta que su madre dejó en una vieja cabañana abandonada en el bosque Nara.
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Una semana después, Nanadaime Hokage mandó llamar a Naoko Hyuuga. Cuando regresó a la mansión, anunció que la habían asignado en un escuadrón para ir al rescate de dos niños secuestrados. Su familia le deseó suerte y marchó muy decidida a su misión, pues ella había llevado la investigación de su paradero y ahora solo quedaba rescatarlos, por eso fue la primera en ofrecerse.
La misión estuvo programada para durar dos días pero al cuarto día en que no llegaban, llegó una invocación con un mensaje para el Hokage. Habían secuestrado a la integrante más joven del escuadrón. Inmediatamente Naruto puso manos en el asunto, pero no supo como, más tarde apareció la madre de la chica.
— Déjame ir por ella, Hokage-sama — Dijo con el porte elegante que la caracterizaba. Aún le sorprendía a Naruto lo mucho que ella había cambiado desde que se casó y se apartó de la vida shinobi. Los únicos con los que se mantenía en contacto constante era con su antiguo equipo ocho, pero en esos momentos ellos estaban fuera de la aldea y no podía mandarlos a rastrear el paradero de la niña.
— No puedo, Hinata — Pasó su mano por su cara para tratar de despejarse un poco. — Haz pasado mucho tiempo inactiva, no puedo dejarte ir.
— Es mi hija, Naruto, estoy segura de que si fuera tu hijo nadie te detendría para ir por él.
— Es muy diferente, yo...
— Ya sé que eres más fuerte que todos en la aldea, pero no voy a quedarme de brazos cruzados esperando que alguien traiga a mi niña. Iré, lo permitas o no.
El rubio suspiró.
— De acuerdo, irás con Lee y Konohamaru, hagan todo lo posible por traer de regreso a Naoko-chan.
— ¿Has estado en contacto con el líder del Sonido?
— Sí, dice que está tratando de encontrar algún rastro de la organización que se la llevó. Llama a los otros dos y partan de inmediato. —
— Hai — Respondió la peliazul mientras se daba la vuelta en busca de sus compañeros de misión.
Sin duda Naruto tenía razón en que ella no tenía la misma condición que hace 13 años pero cuando escuchó que unos de los guardias le decía a Hanabi que habían escuchado en la torre que un grupo de traficantes se había llevado a Naoko-chan, no pudo esperar más. Era su amada hija y no iba a perderla, aún si debía lidiar con su corazón, primero la mataría el esperar sin hacer nada.
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Padre e hijo Nara habían regresado de Suna el día anterior, en la mañana el menor se fue a la academia y el mayor a retomar sus actividades en la torre.
Cuando llegó a la torre se encontró con el habitual ajetreo matutino.
— ¡Yo! — Saludó al entrar.
— Buen día, es bueno que estés de regreso — Su ceño se frunció. — Hay una situación a la que me gustaría le dieras un vistazo.
— ¿De qué trata? — Se acercó al escritorio y tomó la carpeta que le estiraba el rubio.
— Secuestraron a una chunnin del departamento de inteligencia, pero no solo eso, es poseedora del Byakugan por lo que es prioridad encontrarla, pues su familia declaró que no posee el sello que destruye el Byakugan. — Dijo Naruto, aquello sorprendió al moreno, quien se dio prisa en mirar la ficha de la kunoichi... era Naoko.
— ¿Qué sucedió?
— Estaba en una misión cerca de los límites con el país del sonido, tenía que coordinar el rescate de un par de niños, pero cuando ella y los dos chunnin que la acompañaban venían de regreso con los niños, fueron emboscados a la mitad del camino. Al parecer reconocieron el Byakugan de ella, por lo que la sometieron y dejaron inconscientes a sus compañeros. Ino descubrió que se trataba de una banda de ninjas desertores de varias aldeas que se dedican al tráfico de órganos en el mercado negro.
Shikamaru sintió que la rabia aumentaba, esa niña se había ido ganando con el tiempo su aprecio.
— Debemos enviar de inmediato un equipo con un especialista en rastreo... — Pero Naruto lo interrumpió.
— Ya lo hice. — Suspiró cansado. — En cuanto sus compañeros nos alertaron, mandé a Konohamaru con Lee y Hinata de apoyo hace una semana. Pero hoy llegó una solicitud para que enviemos otro escuadrón de apoyo...
— ¿Hinata? ¿Ella qué tiene que ver en esto?— El moreno interrumpió.
— Yo no quería enviarla a ella, pero no pude negarme porque es la madre de Naoko-chan.
Madre de Naoko-chan... Hinata es la madre de Naoko-chan. Aquello le quitó el aire... Desde que conoció a la niña sintió un aire familiar con ella, le recordaba a su antiguo amor pero siempre pensó que eran imaginaciones suyas. Pero si Hinata era la madre de la niña, ¿Cuantas probabilidades había de que esa niña fuera su hija? No era tan ingenuo como para no notar algunos tics que solo había visto en personas de su clan.
¿Hinata habría sido capaz de ocultarle que tuvieron una hija?
— Iré yo. — Respondió Shikamaru con resolución.
— Pero acabas de regresar... — Fue la respuesta de Naruto.
— Lo sé, y lo siento... es solo que he tenido una sospecha desde que conocí a esa chica en el examen chunin... Naruto... creo que es mi hija.
El rubio abrió los ojos sorprendidos.
— ¿En qué te basas para decir eso? Ella está registrada por... — Comenzó a revolver el expediente de la chica al tenerlo cerca por la presente situación. — Sólo está registrada como ninja Hyuuga.
— Piénsalo, tiene sentido... Cuando terminé con ella, apenas pasaron unas semanas y ya se estaba casando. Debió ser porque estaba embarazada y su familia quiso ocultarlo. No encuentro otro motivo por el que ella tuviera que casarse, tenía la aprobación de su padre y acababa de lograr una nueva hazaña con el sello.
— Hinata-chan no ocultaría algo así... además la joven tiene el byakugan...
— Los genes Hyuuga fueron dominantes, sin embargo ella es brillante, un poco tímida como Hinata y bastante decidida como mi madre... ¿O conoces a un Hyuuga impulsivo?... — Entonces sintió un golpe en el estómago. Su hijo había estado saliendo con su media hermana... — Naruto, debo ir, ayudar y aclarar esto con Hinata.
Naruto suspiró.
— Supongo, entonces ve y lleva a Chouji como apoyo.
— Gracias Naruto — Shikamaru se dio media vuelta cuando escuchó de nuevo la voz del Hokage.
— ¿Que vas a hacer si es tu hija?
— Aún no lo sé, esto es bastante problemático.
— Sin duda. Parte de inmediato.
— De acuerdo.
El líder del clan Nara se preguntó por primera vez lo que significaba el hecho de que Naoko fuera su hija. Hinata le habría ocultado la verdad por más de 13 años, sin duda alguna eso lo hacía sentir muy molesto, pero su mente trataba de comprender la situación.
— Ella era muy gentil, probablemente no quiso ocasionarme problemas... además, ¿Yo que hubiera hecho? ¿Hubiera dejado a Temari? — Se preguntó así mismo.
— No — Fue lo único que se le ocurrió. — Pero podría haberme hecho cargo de mi hija, verla crecer junto a Shikadai...
Sí, sin duda alguna estaba muy enojado y se lo haría ver cuando estuviera frente a frente con Hinata Hyuuga.
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¡Gracias por leer!
Lamento el retraso de dos días, como saben el viernes pasó un temblor sumamente fuerte en mi país y quiero agradecer a todos los que se preocuparon por mi, estoy bien ya que vivo en la capital y la distancia fue bastante. Mando toda mi solidaridad a mis compatriotas en Oaxaca, Chiapas y zonas aledañas al epicentro, donde fueron los mayores daños, en estos momentos lo importante es seguir apoyándolos y recolectando ayuda para ellos, porque sin duda volverán a levantarse.
Sobre el fic, el capítulo anterior tuvo muchos comentarios lo cual agradezco mucho, ya que me han retroalimentado y hecho ver los puntos de mejora que tiene ésta historia. Debido a lo anterior es que he reeditado por completo el capítulo (y el resto de los capítulos también serán modificados), sin embargo hay una cosa que me gustaría someter a votación.
¿Se quedan al final juntos o no?
Muchas personas han sugerido que haya una nueva pareja para Hinata, pero hoy descubrimos que Takuma anda vivito y coleando en otro país.
En general la historia del fic no va a cambiar, los 9 capítulos del fic ya estaban escritos desde antes de empezar a publicarlos, pero el final aún no está decidido y ahí tienen cabida las modificaciones que se están haciendo.
Y bueno, a todo esto, decir que estoy abierta a sugerencias y cambios porque éste es un fic cortito que puede moldearse aún. Estoy sinceramente agradecida a por sus comentarios, creo que tienen razón en la mayoría de las observaciones y siento mucho haberle cargado la mano a Hinata, espero poder revertir eso en los capítulos restantes.
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Quiero agradecer a todos los que han dejado un review, los que siguen la historia y los que la han marcado como favorita, de verdad se los agradezco mucho. Por ustedes va este capítulo.
¿Un review? Pueden decir si les gustó o no, quejas, sugerencias, reclamaciones, maldiciones imperdonables o flores, todo se acepta siempre y cuando sea con respeto :)
Finalmente agradezco a todos los que me siguen en mi página de Facebook Tamashitsumo, por lo que en agradecimiento a todos voy a hacer varias actividades cuando lleguemos a los 100 seguidores (ya somos 98 ¡wii!). Habrá fics de regalo y podrán obligarme a trabajar en un fic (cofcofElÚltimoVínculocof).
¡Gracias por leer!
Domingo 10 de septiembre del 2017
