Disclaimer: Naruto le pertenece a Masashi Kishimoto. Di no al plagio.

N.A.: Siento la demora, al final sólo se retrasó una semana el capítulo pero aún así me disculpo con todos ustedes. Después del sismo del 19 de septiembre todo se volvió caótico y la vida misma cambió. Pero aquí sigo con ánimos renovados, pero en gran medida esto es posible gracias a su apoyo.

Gracias a todos los que se preocuparon, ya estoy de vuelta :)

Ojalá les guste el capítulo, entramos a la recta final.


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Parte 8 de 10

Residuos del ayer

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— Entonces... ¿Es tu hija o no?

Pocas veces Choji había tenido problemas para entender a su mejor amigo, pero esa era una de esas excepciones.

— No lo sé.

— Si no lo sabes, ¿Por qué estás tan enojado? — Preguntó mientras saltaban a través de los árboles en dirección a la aldea del sonido.

— Porque puede serlo y si es así, seré el idiota más grande del mundo por no haberme dado cuenta.

— Bueno, supongo que estaría de más decirte que es tu culpa por no cuidarte.

— Lo hice, por eso necesito pedirle algunas explicaciones por más problemático que sea.

— Bueno, deberíamos empezar deteniéndonos a descansar un poco.

El Nara frunció el ceño.

— ¿Ya te cansaste?

— Yo no, pero tal vez Shikadai sí.

Shikamaru se detuvo de golpe y vio hacía donde señalaba su amigo. Una versión miniatura de él iba unos metros tras de ellos muy agitado y a punto de caer de los árboles.

— ¿Qué estás haciendo aquí? — Preguntó el mayor a su hijo.

— Oí que ibas a ir a salvar a Naoko-san, quiero ir contigo.

— Eso no está a discusión, ve ahora de regreso. — Creó un clon y se dio media vuelta.

— Puedo ser de ayuda, vas a gastar mucho chakra enviándome de regreso a la aldea. — Shikamaru aceptó que tenía razón pero no por eso lo iba a dejar ir en una misión complicada de todas formas posibles. — Además, solo regresaría a una casa vacía y no quiero, es problemático.

— Shikadai, ésta es una misión peligrosa, la vida tu amiga puede depender del tiempo que estamos perdiendo aquí. — Dijo Chouji.

— Entonces continuemos. — Dio un paso pero sus piernas le temblaron, y hubiera caído del árbol si el clon no lo hubiera sostenido.

Shikamaru suspiró muy cansado, no podían perder tiempo en eso y de alguna forma todo eso también le concernía a su hijo.

— De acuerdo, pero te quedaras atrás en todo momento. — Aceptó y el niño sonrió.

— Te llevaré un rato en mi espalda, sube. — Le dijo Chouji al niño, quien aceptó gustoso.

Marcharon en silencio el resto del camino, hasta que llegaron al punto que Naruto les había indicado que se encontrarían con los demás. Se trataba de una vieja aldea en los límites del país del viento y la aldea del sonido.

— Debe ser esa posada — Señaló el Akimichi.

— Sí. Shikadai, no quiero que te separes en ningún momento de Chouji... esto no es un juego.

El niño asintió al ver el deplorable estado de ese lugar.

— Yo solo quiero saber que Naoko-san está bien... — Murmuró. A pesar de que ella lo había rechazado, aún se preocupaba por ella.

Entraron a la posada, donde pidieron una habitación con dos camas.

— Esperenme aquí, iré a ver si encuentro a los demás, si mando un ave con un mensaje es que algo salió mal. — El niño asintió. — Estás en una misión ninja, así que sigue las órdenes de tu líder, ¿De acuerdo?

— Sí.

— Bien. — Y marchó.

Dio una vuelta por la aldea, definitivamente había sido una mala idea llevar a Shikadai consigo, pues ese lugar era un punto de reunión para maleantes y comerciantes del mercado negro. Su estómago dio un vuelco al pensar que tal vez Naoko estaba en un lugar así.

Siguió avanzando hasta que encontró un bar de mala muerte , al que entró y pidió un poco de sake. Estaba bebiendo un poco cuando una presencia llegó tras de él. Era Lee.

— Llegaron pronto, gracias. — Dijo el chico de gruesas cejas. Vestía unos trapos grises que si no fuera por su corte de cabello y sus ojos, no lo hubiera reconocido.

— ¿Qué han conseguido?

— Konohamaru y Hinata se han logrado infiltrar en un burdel, pues al parecer es la fachada, porque realmente acuden ahí personas a recoger sus pedidos. Sospechamos de que en ese lugar hacen las extracciones. — Pasó una mano por su cabellera, se notaba que estaba cansado. — Yo he estado rastreando posibles proveedores y encontré una casa de seguridad, hay una alta probabilidad de que ahí esté la chica.

— Entiendo.

— ¿Quién más vino?

— Chouji, pero mi hijo se nos unió a medio camino.

Lee le dio una breve sonrisa.

— Imagino que tienes cubierto ese asunto, pero de momento sería adecuado que te encuentres con Hinata, parece que ha conseguido unos planos del lugar donde podría estar. Yo ya la he visitado y creo que sería sospechoso que me volvieran a ver, además de que ya tengo una idea de donde encontrar una entrada a la casa de seguridad.

— Entiendo, ¿Entonces vamos a asaltar los dos lugares al mismo tiempo?

— No, Konohamaru nos avisará si ve que llevan al objetivo a la casa de citas, entonces Hinata actuará, pero si estamos listos y ella no aparece por ningún lado, entraremos a la casa de seguridad mañana en la noche.

— Es un buen plan... ¿Pero si no está en ninguno de los dos lados?

— Bueno, entonces habrá que interrogar al encargado de la casa de seguridad, pues sabemos que tienen más, pero una persona dice haber visto a una chica con las características de Naoko-chan por esta zona.

— Entiendo, informaré a Chouji para que esté listo para el asalto.

Lee se puso de pie.

— Ve al salón principal de la zona roja y pide hablar con la costurera por que ella te debe entregar algo, reconocerás a Hinata, aunque sus ojos están ocultos con unos pupilentes negros.

— Bien.

Y Lee desapareció. Shikamaru regresó a la posada, donde puso al tanto de la situación a Chouji. Antes de irse, se sentó junto a su hijo que tenía un semblante muy preocupado.

— Necesito que obedezcas al tío Chouji, vamos a salvar a Naoko pero no puedo perderte en el intento, ¿Me entiendes? Eres un chico listo, así que mantente a salvo.

— Sí papá, no te preocupes.

— Bien, voy a confiar en ti. — Miró a su mejor amigo — Regresaré más tarde, iré por unos planos para que hagamos la estrategia de asalto.

El castaño asintió mientras sacaba acomodaba su comida.

Shikamaru salió de la posada y dedicó parte de la tarde en conseguir ropas apropiadas al lugar. Cuando llegó a la posada para arreglar su atuendo, Chouji salió a hacer un reconocimiento de la aldea.

— ¿Por qué lo haces, papá? — Preguntó el niño al ver que su padre comenzaba a afeitarse.

— Un ninja debe cuidar su apariencia cuando va a infiltrarse, nunca debes confiarte — Dictó su padre y extrañamente eso emocionó al chico, quien a pesar de siempre tachar a su padre de perezoso y que se dejaba manipular por su madre, hoy lo veía como el gran shinobi que era, preparándose para una misión.

— ¿Te sientes raro de salir a una misión fuera de la aldea?

— A tu edad hacía esto todo el tiempo. — Miró el reloj. — Regresaré en una hora, mientras tanto quiero que sigas haciendo lo que dice Chouji, ¿De acuerdo? — Mojó su cara para enjuagar los restos de jabón y se observó en el espejo.

Sin duda le gustaba su barba, pues le recordaba de alguna manera a Asuma-sensei, pero no era una buena idea gastar su chakra con un Henge, así que sin barba, un poco de tierra y su cabello suelto deberían ser suficiente para pasar desapercibido.

Shikadai contempló a su padre tratando de acomodar su cabello pasando sus dedos entre las hebras.

— Espero que Hinata-obaasan esté bien. — Su tío chouji le había dicho que la mamá de Naoko estaba en la misión. Shikamaru volteó a ver a su hijo cuando dijo eso.

— ¿La conoces?

— Una vez seguí a Naoko a su casa cuando estuvo yendo a la academia por una misión — El niño desvió la mirada un poco avergonzado. — Por eso reconocí a su mamá el día de los combates cuando iba llegando al estadio junto a Hyuuga-sama.

Shikadai iba caminando con los brazos tras su cabeza, detrás de unos efusivos Boruto y Metal que no paraban de hablar de lo emocionante que sería ver los combates, su padre ya se había marchado para tomar su lugar junto al Hokage.

Fueentonces que vio a una hermosa mujer de cabellos azules bajar de una carroza, seguida de otra hermosa mujer de cabellos castaños. Shikadai se quedó parado sin percatarse de que sus amigos habían entrado al estadio sin notar su ausencia.

— Hanabi-sama, por favor disfrute del evento. Decía uno de sus guardaespaldas.

— Mi preciosa sobrina va a barrer el suelo con sus contrincantes, ¿No es así, Hinata?

La mujer de cabellos azules asintió con una pequeña sonrisa pero de pronto dirigió su mirada a él, probablemente porque sintió su mirada fija en ella.

— ¿Sucede algo, jovencito?— Preguntó la madre de Naoko.

— No, yo... — Pero no tenía la menor idea qué decir.

— Es el hijo del consejero — Escuchó que decía la líder del clan Hyuuga. El ceño de la madre de Naoko se frunció un poco y ante esto el niño se puso muy rojo, pero antes de que sus piernas le respondieran para correr, la mujer lo miró.

— ¿Eres amigo de Naoko-chan? — Su voz era suave.

— Sí. — Respondió más fuerte de lo que hubiera querido. La mujer rió y entonces supo que Naoko tenía la misma risa risueña que su madre.

— Cuida de ella, por favor. — Y le hizo una reverencia.

Shikadai asintió y entonces la castaña apuró a la madre de Naoko para que entraran al estadio, dejando a un chico sorprendido pero muy contento.

— Es muy bonita su madre, no me la imagino en una misión ninja.

— Ella era muy buena en su trabajo como ninja. — Shikamaru suspiró, jamás pensó que su hijo fuera a terminar conociendo a su antiguo amor de esa manera.

— Entonces supongo que si los dos están buscando a Naoko-san, sin duda la van a traer a salvo a casa.

— Es la idea. — Se puso de pie. — Chouji viene subiendo las escaleras, pórtate bien.

— Sí papá, regresa a salvo.

El hombre le sonrió y después marchó en dirección al edificio más lujoso de la zona roja de esa aldea. Conversar con su hijo le ayudó a calmar un poco la ansiedad sobre la paternidad de Naoko, si Hinata sabía que su hijo pretendía a Naoko, ella habría interferido si fueran medios hermanos, ¿No?

— ¿Buscas compañía? — Una mujer con una Yukata semi abierta le habló. Ya estaba caminando entre los pasillos de la zona roja.

— Guapo, por cien yenes puedes hacer lo que quieras.

Ignoró todos los gritos hasta que llegó a su destino. Para su sorpresa ese lugar tenía más pinta de palacio que de burdel.

— ¿En que puedo ayudarte? — Preguntó una mujer elegantemente vestida y con el rostro pintado de blanco. Parecía ser una geisha.

— Busco a la costurera de este lugar, hay un trabajo que le encargué y que necesito recoger.

La mujer miró alrededor de él tratando de encontrar algo, aunque él no sabía qué.

— Claro, te llevaré. — Avanzaron en silencio a través de los pasillos bien iluminados hasta una habitación con una gran puerta de madera. La geisha tocó.

— ¿Sí? — Una débil voz se escuchó.

— Tienes un cliente — Sonrió ante su propio chiste. — Y necesito que los vestidos de ayer ya estén listos.

"No es una geisha genuina" Pensó Shikamaru mientras la mujer se marchaba. Una geisha nunca perdía la elegancia ni el toque de misterio. El sonido del rechinar de la puerta lo sacó de sus cavilaciones.

— Pase, por favor — Ahora si identificó la voz de Hinata.

Shikamaru se sorprendió al verla vestir un desgastado kimono, pues contrastaba con la imagen de mujer rica que toda la vida tuvo de ella. De pronto se regañó mentalmente, era obvio que debía pasar desapercibida al igual que él.

— Vengo por un encargo — Dijo él mientras entraba.

La habitación era grande pero habían dos estantes gigantes llenos de rollos de tela de muchos colores, así como algunas maquinas de coser, maniquíes, una infinidad de carretes de hilos y cajas.

Ella cerró la puerta y exhaló lo más silenciosamente posible.

— Tengo los planos ocultos, dame unos minutos. — Murmuró ella sin verlo a la cara, era la primera vez que estaban solos en más de trece años.

Shikamaru la observó buscar entre las telas hasta que sacó un tubo de cartón de un metro, el cual estaba envuelto en algunos metros de tela naranja.

— Dentro están los planos. — Respondió ella en voz baja. Unos ojos negros remplazaron los ojos color perla que caracterizaban a la chica, y Shikamaru se encontró detestando ese color oscuro en ella.

Cuando le entregó el rollo de tela, sin querer sus dedos rozaron y él se encontró recordando por qué había insistido al Hokage en ir a esa misión.

— Necesito saber algo. — El corazón de Shikamaru comenzó a latir frenéticamente.

— ¿Qué sucede? — Preguntó ella como si no hubieran pasado siglos desde la última vez que se dirigieron la palabra directamente. Más que nerviosa, Hinata se veía cansada.

— ¿Naoko Hyuuga es mi hija?

Hinata abrió los ojos por la sorpresa, cualquier escenario que pudo haber imaginado en su mente distaba mucho de aquella situación. Sabía que en cualquier momento la verdad saldría a la luz pero su amada hija estaba en peligro y no podía pensar en otra cosa que no fuera rescatarla... ¿Acaso el había encontrado su carta?

En cambio, para Shikamaru fue una sorpresa la reacción en cadena que ocasionaron sus palabras en el rostro de ella. Su piel pálida y ojerosa se llenó de color con un tenue sonrojo, pero a continuación su ceño se contrajo y parecía molesta, pero si le preguntaban a él, si Naoko resultaba ser su hija, iba a tener verdaderos motivos para estar enfadado, más que ella.

— Naoko-chan está en peligro, nuestra prioridad debe ser encontrarla. — Fue lo único que se le ocurrió decir, no quería tener aquella conversación con el Nara en la sala de costura de un burdel.

— No me moveré de aquí hasta que digas sí o no — La terquedad de él salió a flote. Asió con fuerza el rollo de tela.

Hinata le dio la espalda y se encorvó un poco mientras se abrazaba a así misma.

— Sí, Naoko-chan es tu hija biológica.

Shikamaru se quedó estático. No era lo mismo tener la sospecha que tener la confirmación de boca de ella. Entonces su primer reacción fue enojarse.

— ¿Por qué no me lo dijiste antes? — Trató de no gritar para que nadie llegara a molestarlos, pero era palpable la rabia en su voz. — ¿Tienes idea de todo lo que esto ha ocasionado?... — Hizo una pausa y pasó una mano por su barbilla, aunque al instante la bajó, pues la había afeitado. — ¿Cómo le diré a Shikadai que la chica que le gusta es su hermana?

El silencio hizo mella entre ellos, y eso no hizo más que encender la euforia del chico.

— Respóndeme, dí algo... — Y se acercó para tomarla del hombro y hacerla voltear, pero entonces se encontró con el rostro de Hinata lleno de lágrimas.

— No tienes ningún derecho a reclamarme nada.— Respondió ella en un hilo de voz.

— No, tu no tenías derecho de ocultar esto... — Pero entonces Hinata se soltó de su agarre y se alejó de él. — Te hubiera ayudado... — Dijo en voz más baja, entonces comprendió que ella debió de haberlo pasado muy mal debido a las arcaicas tradiciones de su clan.

— ¿Hubieras dejado a Temari para casarte conmigo como dictaban las reglas de nuestros clanes? — Preguntó ella con dolor. Él no respondió, solamente bajó la mirada. — Me casé y le di una familia a Naoko...

— Pero yo debía saberlo... por lo menos saber que ella existía... — La interrumpió. — Jamás creí que pudieras hacer algo así...

Aquellas palabras hicieron enojar a la mujer.

— ¿Yo? Yo no fui quien engañó al otro.

¿De qué hablaba ella? Se preguntó Shikamaru.

— ¿De qué hablas...?

— Del té abortivo, confié en ti y me lo diste a beber sin decir nada — De alguna forma Hinata se sintió más ligera al dejar salir los reclamos que guardó en su corazón todo ese tiempo. — Desconfiaste de mi y no solo eso, aún cuando habías prometido que yo no sería un remplazo, no dudaste en apartarme cuando ella llegó a la aldea. Mentiste siempre, Shikamaru...

Él retrocedió un par de pasos mientras sentía la culpa regresar.

— De cualquier manera parece que no funcionó... — Si ya no podía deshacer sus antiguas acciones, solo le quedaba afrontar su responsabilidad.

— Yo tomaba anticonceptivos, pero tu té hizo que éstos fueran perdiendo efectividad. — Ella desvió la mirada, de pronto el cansancio de los últimos días hizo mella en su cuerpo, así que tomó asiento.

Shikamaru se quedó de pie observando a la mujer tratar de tranquilizarse, y comprendió que había sido su culpa que ella quedara embarazada, si hubieran ido con un médico juntos probablemente Naoko no hubiera nacido y la vida de Hinata hubiera sido muy distinta a lo que era ahora. La culpa y algo más que no supo identificar crecieron en su pecho.

Mientras tanto ella borraba las lágrimas de su rostro y trataba de recuperar la compostura, estaba en medio de una misión para rescatar a su hija, no se podía permitir flaquear. Le había costado mucho trabajo infiltrarse en ese lugar como para echarlo a perder, su hija era lo más importante.

— Lo siento, Hinata... — Hacía siglos que no salía su nombre de sus labios, se sintió bien decirlo.

— Podríamos hablar después, aún tengo mucho trabajo que hacer, ¿Lee ya te informó de todo?

— Sí, mañana en la noche asaltaremos la casa de seguridad si antes no sucede algo.

Ella asintió.

— Supongo que regresaré a la posada... — Dijo mientras se dirigía en la puerta, pero cuando tenía su mano en el picaporte se detuvo. — ¿Naoko lo sabe? — Hinata asintió.

— Por eso se quedó a trabajar en la torre. — Desvió la mirada. — Ella tenía miedo de que la rechazaras, y primero quiso conocerte.

— Es una buena niña, la criaste bien... — Susurró Shikamaru.

— Lleva los planos al resto del equipo, debemos rescatarla pronto...

Shikamaru asintió mientras giraba el picaporte pero entonces la puerta se abrió bruscamente. Un hombre de cabello rubio cenizo, de apariencia ruda y con una gran cicatriz en la frente apareció en el marco de la puerta.

— Mujer, necesito que arregles el nuevo traje de Sakana, bajó de peso y se le está cayendo, sus invitados llegaran pronto. — Dijo cuando de pronto vio a Shikamaru junto a la puerta. — ¿Quién eres?

— Soy un comerciante. — Mostró el rollo de tela que tenía en sus manos. — Iré a conseguir más tela como ésta a Suna.

— Bien, — Miró de nuevo a la peliazul que estaba tomando sus herramientas de trabajo para ir a ver a la mencionada. — Muévete. — Ella asintió y cuando tenía lo necesario llegó hasta ellos junto al marco de la puerta. — Después de que arregles el vestido, te espero en mi oficina, aún estás a prueba para quedarte con el puesto — Le dijo mientras ella bajaba la mirada y asentía.

Shikamaru observó como ese sujeto tomó un mechón de sus cabellos azules y lo olfateó, para después pasar sus dedos por el cuello de ella. Ella no rehuyó del contacto, pero en cuanto estuvo libre, marchó de prisa a través del pasillo.

— A pesar de su edad, creo que pagarían mucho dinero por ella. — Comentó el hombre. — Pero me gusta probar la mercancía primero.

Shikamaru sintió asco por aquel hombre que miraba lascivamente a la chica. Ella no era un objeto, ¿Qué sabía él de Hinata? Y se encontró apretando el rollo de tela para evitar golpear a aquel sujeto. Ella estaba ahí aguantando el acoso con el fin de encontrar a su hija, no podía echar todo a perder; él también tenía que poner manos a la obra.

— Con permiso. — Dijo el moreno mientras contenía las ganas de ir hasta ella y decirle que se marchara con él, pero sabía que ella como kuinoichi entrenada sabía lidiar con esos asuntos. — Naoko es la prioridad en estos momentos. — Pensó, pero aún así no se iba la molestia de su mente.

Esa misión era demasiado problemática.

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A la mañana siguiente, muy temprano, Lee recibió la señal de Konohamaru, quien le informó que ya había identificado al objetivo y que ese día la iban a transferir al burdel donde estaba Hinata, "Van a hacer la extracción" pensó Shikamaru.

Konohamaru y Hinata continuaban infiltrados, Lee, Chouji y él tenían la posibilidad de moverse, así que debía idear un plan adecuado a sus circunstancias. Lo mejor sería interceptarlos antes de que llegaran al burdel, y en caso de que fallaran, Hinata y Konohamaru tendrían otra posibilidad, pues éste al estar como guardaespaldas de un mafioso, podía ser su as bajo la manga.

— ¿Cómo le informaremos a Hinata? — Preguntó Chouji mientras Lee asentía al escuchar el plan.

— Le enviaré una invocación con el mensaje, debemos actuar de inmediato. — Miró a su hijo.— Necesito que te quedes en la posada, esta es una misión real donde cualquier error puede costar la vida de Naoko o la de cualquier de nosotros, ¿Entiendes, Shikadai? — El niño asintió, mientras que su progenitor suspiraba. — Y tampoco le digas nada de esto a tu madre, me va a matar si se entera.

— No te preocupes papá, pero trae a salvo a Naoko.

Shikamaru contempló detenidamente a su hijo, debía decirle la verdad pero ese no era el momento, ya después pediría más explicaciones a la Hyuuga de cabellos azules.

Los tres adultos marcharon al camino que conectaba la casa de seguridad con su destino. Shikamaru no estaba seguro de por qué habían elegido transportar a la chica en la mañana, aquello le daba una mala sensación.

Una vez que vieron la carreta dirigirse a ellos, Lee y Chouji fueron los primeros en atacar, ya Shikamaru se encargaría desde las sombras de detener a algunos y sacar a la niña de la carreta.

Lee asustó a los caballos y los hizo detenerse para que Chouji se acercara y con su jutsu atrapara a dos guardias que viajaban junto al cochero. Pronto Shikamaru detuvo a un cuarto sujeto que salió de la carreta y una vez que lo dejó fuera de combate, subió esperando ver a la joven con la que solía jugar shogi en la torre. Pero grande fue su sorpresa al no encontrar nada.

— Sabíamos que había ninjas de Konoha tras la chica Hyuuga, pero llegaron tarde.— Se burló uno de los guardias.

— ¿Donde tienen a la chica? — Preguntó Chouji mientras los aplastaba con sus manos gigantes.

— No diremos nada, hagan lo que quieran.

— Tsk, en estos momentos nos vendría bien la ayuda de Ino. — Murmuró el Nara.

— Miren...

De pronto Lee señaló el cielo, Shikamaru volteó y vio a la invocación que había enviado a Hinata, pero traía una hoja distinta. Se apresuró a llamar al ave y tomar el mensaje.

— ¿Qué dice? — Preguntó Lee al ver que Shikamaru arrugaba la hoja y la arrojaba enojado.

— No iban a sacarle lo ojos, la vendieron... — Trata de blancas, seguramente al ser una mujer joven la querrían usar para que tuviera hijos con el Byakugan... — Hinata dice que están ella y Konohamaru en un castillo abandonado a las afueras de la aldea del Sonido, debemos darnos prisa.

Los tres agradecieron que el castillo estuviera en el bosque de las afueras del sonido, pues saltando entre los arboles podrían llegar pronto a su destino.

Se trataba de un castillo pequeño que anteriormente fuera una casa de descanso de alguna familia noble, pero al surgir la aldea del sonido con gente de cuestionable moral y experimentos de orochimaru, los dueños del lugar lo abandonaron hace años. Así fue como un grupo de traficantes lo establecieron como un sitio de juegos, prostitución y venta de personas.

— ¿Cómo no pensamos en esa posibilidad? — Preguntó Chouji mientras corría.

— Un testigo nos dijo... — Decía Lee pero Shikamaru intervino.

— Es una Hyuuga, sabía que Konoha enviaría ninjas para recuperarla, solo dieron pistas falsas.

— Debieron moverla ayer, este lugar no está lejos. — Dijo Lee con pesar.

— Pero lleno de seguridad. — Señaló Chouji. Habían llegado y desde las afueras del lugar, había decenas de ninjas postrados y listos para pelear.

— Te abriremos camino, Shikamaru — Expresó Lee y Chouji asintió.

— Ve por la niña y saca a los otros dos, Shikadai nos espera en la villa.

— De acuerdo, vayan con cuidado. — Y corrió aprovechando el camino que sus compañeros le habían abierto, ingresó al castillo y comenzó a buscar con desesperación a Naoko. Sin embargo una pequeña presencia muy familiar hizo que el aire abandonara sus pulmones.

Shikadai.

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Una noche antes, Hinata había estado remendando unos trajes, cuando la ventana se abrió de golpe y entró Konohamaru.

— ¿La encontraste? — Preguntó sumamente preocupada.

— Sí, pero no podemos decirle a Lee y ni al resto, la van a transportar al castillo abandonado que está a las afueras de la aldea del sonido en un rato, logré que me pusieran como parte de su seguridad y un sujeto comentó que van a subastar a Nao-chan — Apretó sus puños, estaba enfadado por ello.

— ¿Por qué no podemos avisar al resto? — Señaló un ave que descansaba en una esquina de la habitación. — Shikamaru ha trazado un plan para detener la carreta que saldrá mañana...

— Un ninja está vigilando a Lee, deben creer que cayeron en la trampa o podrían asustarse y matarla. Yo estaré cerca de ella, pero es necesario que también vayas y avises en la mañana al resto de dónde estaremos.

Hinata se quedó en silencio. ¿Cómo le haría para que la llevaran a ese lugar sin levantar sospechas? Al parecer Konohamaru pensó lo mismo y alzó un dedo.

— El hombre que regenta éste lugar va a ir mañana, podrías usarlo como tu boleto de entrada.

— Quizás el quiera venderme — Murmuró Hinata mientras trataba de planear algo rápido, deseaba que konohamaru regresara lo más pronto posible al lado de Naoko. — Yo me encargaré de estar ahí mañana, ve con ella y cuídala, por favor Konohamaru-kun

— No te preocupes, ella es mi preciada sobrina, o pronto lo será. — Respondió mientras le sonreía a la mujer.

— Gracias, Konohamaru-kun — Y entonces el chico marchó por el mismo lugar por el que entró.

Hinata planeaba qué hacer, cuando de pronto escuchó muchas voces fuera de su habitación.

— Todas escuchen... — La mujer que vestía y se pintaba como geisha se encontraba acarreando a un montón de jóvenes mujeres. — Las que voy a mencionar son las que han ido perdiendo clientes, así que mañana irán con el señor Mirahara a la subasta anual.

Las chicas comenzaron a conversar, las que sabían lo que significaba eso, se lo explicaron a las demás.

— Si se tiene suerte te puede comprar un señor feudal o un noble, entonces vivirás como una princesa. — Dijo una con alegría.

— Pero también te puede comprar otro sujeto como Mirahara-san y entonces hasta te podría ir peor. — Dijo otra chica, pero la mujer vestida de geisha las ignoró.

— Yoroi, Kotoko, Sayuri y Haruka deben estar a primera hora en el carruaje que estará en la entrada, el resto se pueden ir a seguir trabajando...

Con eso en mente, Hinata tuvo un plan. Al día siguiente se levantó muy temprano, se colocó uno de los vestidos que usaban las chicas y usó un genjutsu para hacerles creer que era una de ellas.

Por suerte su plan funcionó, y cuando llegaron a su destino, un par de hombres fornidos las bajaron del carruaje y las metieron al castillo, donde las colocaron en un cuarto donde había más ropas y accesorios para arreglarse.

Hinata ocultó su presencia y se cambió el vestido por una simple Yukata azul y sandalias de madera, dejó suelto su cabello y mientras las chicas continuaban maquillándose y preparándose, salió por la puerta.

Al parecer la subasta ya había empezado, y en ese momento estaban ofreciendo a un grupo de mujeres del país de la nieve, cuyos rasgos exóticos las hacían resaltar. Hinata empezó a tratar de encontrar el chakra de su hija pero no pudo, así que se concentró en encontrar el de Konohamaru. Lo sintió a unos metros de ella, caminó en su dirección y entonces se encontró con unas enormes escaleras que bajaban al sótano. Comenzó a bajar poco a poco sin hacer ruido al mismo tiempo que se quitaba los pupilentes, pues le lastimarían si debía usar su byakugan, pero por si las dudas cambió de nuevo el color de sus ojos con un henge.

Su corazón bombeaba desbocado cuando sintió la presencia de su amada hija, pero supo mantenerse serena y calmada. Ya no era una ninja activa desde hace años, pero las costumbres de ser una kunoichi nunca se olvidaban. Por fin llegó hasta el fondo y supo que Konohamaru y su hija se encontraban tras de una puerta. Se acercó y justo cuando estuvo a punto de tocarla, escuchó el ruido de un latigazo. Abrió un poco la puerta y quedó sorprendida de lo que sucedía.

— Ladrón no debe robarle a ladrón... — Decía un sujeto que tenía a Konohamaru esposado y de rodillas en el suelo mientras lo estaba azotando con un látigo. Hinata quedó sorprendida, y entonces alzó la vista y vio a su hija dentro de una especie de jaula usando unas esposas similares a las del chico.

"Es tan hechas de un material que absorbe el chakra" pensó la mujer, por eso no había sentido la presencia de su hija, debía tener bajas sus reservas de chakra. Desde donde estaba no podía saber si su hija estaba dormida o despierta, por que estaba sentada en una esquina de la jaula abrazando sus piernas sin moverse.

Hinata empezó a planear qué hacer cuando de pronto sintió un golpe en su espalda, que la hizo perder el equilibrio y entrar de golpe a la enorme habitación.

— ¿Qué tenemos aquí? ¿Te perdiste, lindura? — Preguntó el hombre que la empujó, entonces ella abrió los ojos sorprendida, no lo sintió llegar. — Di algo o haré algo mejor con esa boquita.

— Largo, me estoy encargando del nuevo. — Dijo el hombre que estaba golpeando a Konohamaru.

— Mira como lo tienes lleno de sangre, — Comentó el hombre que acababa de llegar. — ¿Qué hizo?

— Trató de robarme las llaves, creo que se quería llevar a la Hyuuga. — Y escupió sobre el chico.

— Tienes un modo muy salvaje de proceder, Reima — Dijo el recién llegado mientras observaba de reojo a la peliazul, quien decidió esperar un buen momento para actuar. Esos hombres debían ser ninjas y debía ser cuidadosa, Konohamaru se veía realmente herido. — Pero puede que ese mocoso sea parte del grupo de ninjas de Konoha.

— Lo sé, ¿Trajiste al niño?

— Por supuesto, es igual de debilucho que su padre. — Salió de la habitación y regresó con un bulto entre los brazos, Hinata abrió los ojos sorprendida, ese niño era Shikadai. Iba amarrado de manos, pies y boca.

— ¿Lo conoces, preciosa? — Preguntó el sujeto que no sabía su nombre. — Este es el hijo de uno de los ninjas que mandó Konoha por la Hyuuga, si lo conoces, significa que vienes con ellos. — Y dejó caer al chico para ponerse en posición de ataque.

Hinata supuso que si estaba esperando un buen momento, era ahora, así que sujetó el sembo que tenía oculto entre sus ropas, rasgó la yukata para tener libertad de movimiento y se lanzó al ataque.

— Cuidado, saben usar el juuken — Escuchó que le gritó su hija, y entonces esquivó el primer golpe que se dirigía a su brazo derecho. Eso explicaba por qué Kohamaru no se movía, debieron de inutilizar sus brazos cuando peleó.

De pronto el sujeto llamado Reima se unió a la pelea, y Hinata se dio cuenta de que también utilizaba el juuken. Esa pelea se tornó difícil para ella, porque no terminaba de esquivar un golpe cuando recibía otro. Activó su Byakugan y comenzó a acumular chakra en sus manos, debía terminar aquella pelea lo más pronto posible. No podía usar el Hugohakke Rokujūyon Shō (Protección: Ocho Trigramas Sesenta y Cuatro Palmas) porque requería mucho espacio y a pesar de que el sótano de la habitación era muy grande, podría lastimar a Konohamaru o a los niños.

— Jūho Sōshiken (Paso Suave Puños Gemelos de León) — Exclamó mientras retrocedía para comenzar a juntar el chakra en sus manos y golpear en el pecho a ambos hombres, los cuales azotaron contra una pared, la cual cimbró.

Tenía muchos años sin utilizar tanto chakra por lo que se quedó sin aliento, así que se recargó en un mueble antiguo y trató de calmarse, aunque por el uso de tanta energía, sus ojos volvieron a ser los mismos perla de siempre. Una vez logrado, se acercó a Shikadai y lo desató, mientras el niño se sobaba las zonas lastimadas, Hinata se acercó a Konohamaru y lo examinó con su Byakugan.

— Voy a abrir tus puntos cerrados, te sentirás mejor. — Le dijo mientras el chico asentía al mismo tiempo que trataba de quitar con sus antebrazos la sangre que le escurría por el rostro.

— Creí que solo los Hyuugas utilizaban el juuken. — Murmuró el Sarutobi, eso lo había tomado por sorpresa. Justo cuando intentó golpear al tipo son tu rasengan, él se movió y de un golpe cortó flujo de chakra... y el resto es historia.

— Yo también, aún hay que averiguar qué sucedió. — Un chakra verde comenzó a emanar de las manos de Hinata para detener el sangrado del chico, se sentía cada vez más débil, pero él ya era prácticamente un miembro más de su familia y además había arriesgado la vida para rescatar a su amada hija, así que lo curaría.

— Las llaves están en la mesa de allá. — Señaló Konohamaru y Shikadai fue por ellas, para así abrir el sitio donde tenían encerrada a la chica.

— Naoko-san... ¿Estás bien? — Preguntó el chico al ver lo lento que se movía la chica.

— Hai... — Murmuró mientras salía, Shikadai le estiró la mano para ayudarla a tocar el suelo, pero ella lo soltó como si su piel quemara y corrió al lado de su madre y Konohamaru.

— Lo siento tanto... lo siento... Mamá... Konohamaru-sensei... — Comenzó a sollozar abrazada a su madre, quien al notar que el chico ya se podía mover nuevamente, detuvo el chakra curativo, liberó sus manos y abrazó a su hija.

— Nada de esto fue tu culpa, lo importante es que estás bien... — Y la abrazó fuerte, deseando estar de nuevo en casa, lejos de ese oscuro y húmedo lugar. Alzó la mirada y vio a un triste Shikadai. — Ven... — Lo llamó.

El chico se acercó, pero desvió su mirada.

— Debiste asustarte mucho, pero gracias por venir por Naoko-chan — Le dijo Hinata mientras estiraba un brazo hacía el niño y lo abrazaba, quien se sonrojó pero a pesar de todo, correspondió el abrazo.

Así, Konohamaru se estaba incorporando y Hinata abrazaba a ambos niños cuando una ráfaga de aire los alertó. Hinata al ser una veterana, reaccionó más rápido y empujó a los niños hacía Konohamaru, mientras una fuerza la golpeaba y la hacía estrellarse contra un mueble de madera, el cual se destrozó ante el impacto.

— Sácales de aquí. — Gritó Hinata mientras volvía a activar su byakugan, el sujeto llamada Reima estaba de nuevo de pie, pero muy enojado.

— Nadie saldrá de aquí. — Gruñó él.— Tu pelea es conmigo. —Reima miró a la chica y se sorprendió al ver sus ojos perla.— Así que realmente eres una Hyuuga, creí que eras como nosotros que aprendimos el juuken sin ser Hyuugas. — Frunció el ceño. — Ahora haré más dinero, venderé a la niña y te sacaré los ojos a ti.

— No lo permitiré — Hinata lo miró fijamente y comenzó a pelear con el hombre, vio una apertura y golpeó con fuerza su pecho, esperando que fuera suficiente para derribarlo, pero al tocarlo, se dio cuenta de que bajo su ropa tenía una placa de metal cubierto con chakra, por eso fue que no logró vencerlo con el mismo ataque que sí dejó inconsciente a su compañero.

Él sonrió al ver que ella se había dado cuenta de su truco.

— La tecnología es maravillosa, grabamos por años a Hyuugas peleando y practicamos mucho tiempo para encontrar los canales de chakra de las personas, no tengo un byakugan, pero nunca fallo.

— Es imposible golpear los canales de chakra sin el byakugan, un mal golpe puede matar a tu oponente. — Dijo Hinata para ganar tiempo, aprovecharía que tenía la atención del sujeto para que Konohamaru y los niños pudieran salir.

— Maté a cientos de personas ensayando, sin duda los Hyuugas son maquinas de matar. — Volvieron a intercambiar golpes. — Imagina cuánto dinero pagarían los científicos adecuados para descubrir los secretos del byakugan.

— Solo eres alguien que envidia el byakugan. — Hinata golpeó su brazo derecho y lo inmovilizó. — No saldrás ileso por llevarte a mi hija.

El hombre rió.

— No podrán escapar de aquí, suponiendo que tus compañeros puedan con todos los ninjas postrados en las afueras del castillo, aún quedan muchos más adentro, no llegarán antes de que te mate y me lleve tus ojos.

Hinata vio que Konohamaru y los niños llegaron hasta la puerta, respiró aliviada, pero al distraerse un segundo, Reima se acercó y le golpeó en el pecho haciéndola caer en el acto.

— ¡Mamá! — Gritó Naoko al ver a su madre desplomarse en un golpe seco, ni las manos pudo meter.

Reima dirigió sus ojos a los tres chicos en la puerta.

— Observa como mato a tu madre. — Y se sentó a horcadas sobre la mujer, dirigiendo un cuchillo hacía su rostro.

— Rasengan — Se escuchó y el sujeto cayó al suelo, pero se recuperó rápidamente y sujetó a Hinata del cabello y dirigió el cuchillo a su cuello.

— Métanse los tres en la jaula o la mato. — Exigió mientas pegaba el filo en el blanco cuello de la mujer.

— Vá...yan...se — Murmuró ella mientras el sujeto le cortaba la respiración con su fuerte agarre. Ya no tenía fuerzas, pero lo más importante para ella era que se mantuvieran a salvo Naoko y Shikadai.

Konohamaru no sabía qué hacer, no quería que lastimaran a Hinata, pero tampoco podía pelear cara a cara con ese sujeto, pues su juuken ya lo había vencido una vez.

Pero para alegría del castaño, una presencia conocida llegó corriendo por las escaleras.

— ¡Papá! — Murmuró Shikadai, la tensión seguía en el aire, pero sintió alivio al verlo.

— Nadie se mueva, un paso o un movimiento de mano y la mujer se muere — Gruñó de nuevo Reima.

Shikamaru observó la situación. Junto a él estaban su hijo y el objetivo de la misión a salvo, aún no sabía cómo había llegado su hijo hasta ahí, pero gracias a que le había identificado su presencia, fue que logró dar con todos en el castillo.

Unospasos más adelante estaba Konohamaru, con la ropa hecha jirones y sangre seca por doquier pero se veía completo. Finalmente Hinata estaba en el suelo, solamente sostenida por un sujeto rabioso que sostenía un cuchillo contra su cuello.

Situación de rehenes, como las odiaba.

— Ninja de Konoha, tienes tres segundos para marchar... — De pronto la voz del sujeto se trabó y el cuchillo se cayó de sus manos. Konohamaru suspiró aliviado, sabía que Shikamaru lo lograría al estar en un lugar oscuro e iluminado con antorchas.

Shikamaru se sorprendió, eso estaba siendo provocado por el kagemane, pero él no lo había hecho. Miró a los niños y grande fue su sorpresa al ver a su hijo haciendo los sellos del jutsu.

— Yo me encargo. — Dijo Konohamaru, mientras golpeaba con un nuevo rasengan al sujeto y luego de ello, se dio prisa en sostener a Hinata para ayudarla a ponerse de pie. — Va a estar encerrado por mucho tiempo.

Shikamaru asintió y miró a su hijo.

— Bien hecho. — El niño sonrió de lado. — ¿Estás bien? — Le preguntó a Naoko, quien bajó la mirada.

— S-sí.

— Bien, vayamos a casa. — Dijo el consejero mientras veía a Konohamaru salir arrastrando a Reima y al otro sujeto. — ¿Puedes caminar? — Preguntó Shikamaru a la mujer, quien se veía muy cansada.

— Sí, gracias — Respondió ella, aunque Shikamaru supo que mentía.

— ¿Te duele el pecho? — Preguntó al ver que no se movía.

— Sólo un poco, falló su golpe por un par de milímetros. — Acotó ella mientras daba un paso.

Se miraron fijamente, él preocupado por la palidez de en su rostro, y ella por la charla que tendría pronto como ese hombre. Shikamaru la vio moverse lentamente cuando de pronto un movimiento brusco los alertó. Naoko se había desmayado pero Shikadai había alcanzado a sostenerla lo suficiente para que no se golpeara la cabeza al caer.

— Debemos movernos rápido — Dijo Shikamaru cargando a la niña en forma de princesa.

— Ve adelante. Necesita un médico. — Hinata se sentía muy débil.

— Tsk, — Shikamaru no quería dejarla sola. — La llevaré con Lee para que corra al pueblo por ayuda médica, espera aquí, volveré por ti.

— No te preocupes, — Hinata se recargó en una pared.— Lleva a Nao-chan afuera, solo estoy un poco cansada, con un par de minutos podré seguir...

Shikadai vio la indecisión en el rostro de su padre.

— Yo me quedaré con ella, si alguien viene puedo inmovilizarlo hasta que llegues.

Shikamaru miró a su hijo y suspiró.

— Aún te falta decirme cómo llegaste antes que nosotros acá, pero está bien, cuida a Hinata hasta que venga por ustedes. Cuídate. — Y dio media vuelta para salir con la niña en brazos.

Shikadai se sintió contento de que su padre confiara en él, moría de ganas de contarle toda su aventura a Boruto. Volteó a ver a la madre de Naoko y se preocupó al verla deslizarse hasta llegar al suelo y tener su espalda recargada en la pared.

— ¿Está bien? — Preguntó mientras se acercaba y se sentaba a su lado.

— Gasté mucho chakra de golpe, pero estaré bien, no te preocupes jovencito. — Dijo ella e intentó sonreírle.

— Me llamo Shikadai, ¿Se acuerda de mí?

A Hinata le pareció que el niño era muy educado.

— Por supuesto, Shikadai-kun, nos conocimos el día del torneo Chunnin de Nao-chan. — Su voz iba disminuyendo de volúmen pero el niño no se percató, él quería decirle algo que llevaba pensando un tiempo.

Unos días después del torneo chunnin, Naoko empezó a evitarlo o a esconderse de él. Al principio creyó que eran imaginaciones suyas pero un día Boruto le comentó que cuando llegaron a sentarse al local de dangos, Naoko se había dado prisa en salir del lugar. Entonces su primer reacción fue ponerse triste, porque ella le gustaba mucho y tal vez él había hecho algo mal.

Sin embargo, un día fue a la torre del Hokage a llevar el almuerzo que su padre había olvidado en la casa, así que cuando llegó a su oficina, se asomó por la puerta y encontró a la chica jugando shogi con su padre. Se veían muy concentrados y por algún motivo no quiso molestarlos, así que dejó el almuerzo con el asistente de su papá y marchó a la reunión que tenía con sus amigos.

Así fue como descubrió que Naoko pasaba mucho tiempo con su papá en la torre, pero en la aldea ella lo evitaba, por lo que no pudo evitar sentirse un poco molesto y triste. Así que cuando se enteró que la habían secuestrado, quiso ayudar a encontrarla y preguntarle por qué buscaba a su papá y a él ya no le hacía caso.

— Usted conoce mejor que nadie a Naoko-san... — Desvió la mirada. — Es un poco problemático preguntar esto, pero ¿Sabe si a Naoko-san le gusta alguien?

El corazón de Hinata se estrujó ante la pregunta. La respuesta era difícil por el lado que lo viera, su hija sentía algo más que aprecio por Konohamaru, pues él solía llevarla a entrenar fuera de los muros del clan, la consentía y era muy bueno con ella, pero todo era porque Konohamaru estaba saliendo con Hanabi, aún no era nada formal, pero llevaban años de relación. Tampoco podía decirle que él le había gustado en un primer momento a ella, pero que era imposible lo suyo porque eran medios hermanos. Su hija había heredado su mala costumbre de querer a hombres inalcanzables.

— Creo que es algo que debes preguntarle a ella, ¿No crees? — Preguntó ella con suavidad, él negó con la cabeza.

— Boruto dice que es imposible hablar con las niñas, que no saben lo que quieren. — Hinata recordó que un día su hermana le contó que el hijo de Naruto pretendía a la hija de Sakura y pensó que la vida era muy irónica.

— ¿Te has preguntado qué sientes tú por Naoko? — Preguntó mientras acomodaba un mechón que se escapó de la coleta que usaba el chico.

¿Qué sentía él por Naoko? Desde la primera vez que la vio en la academia saltando de un lado a otro y ayudando a construcción del desastre que habían hecho él, Boruto y el resto, no la pudo sacar de su cabeza. Era una chica muy bonita y amable, y cuando entrenaron, no era brusca como su madre, sino tranquila y paciente. Eso le gustó mucho.

— Ella es una persona amable, y me gusta que sea tan fuerte. — Respondió sin dudar. — Me gusta entrenar con ella y le gusta el silencio igual que a mí.

Hinata sonrió, tal vez Shikadai no sabía que era su hermana, pero le aliviaba saber que ya se tenían aprecio, quizás cuando toda la verdad saliera a la luz, podrían llevarse mejor.

— ¿No has pensado qué tal vez es admiración lo que sientes por ella en vez de amor? — Miró una antorcha que ayudaba a iluminar el lugar. — El amor no es un sentimiento fácil y se puede confundir fácilmente.

— ¿Usted piensa eso?

Ella asintió ligeramente, sintió que sus ojos empezaban a cerrarse.

— No estés triste... — Su visión empezó a nublarse. — Tu papá tiene algo que decirte, quizás después de que charlen puedas comprender tus sentimientos hacía Nao-chan... — Su cabeza se terminó posando en el hombro del niño, quien estaba sumido en sus pensamientos cuando sintió todo el peso de la mujer sobre él.

El niño la miró asustado, al parecer ella se había quedado dormida. La recostó en el suelo y se acordó que en la academia le habían enseñado que lo primero que se debía hacer era comprobar el pulso de la persona herida.

Sujetó la muñeca de la mujer con firmeza y confirmó que su corazón seguía latiendo. Realmente se sorprendió de que esa mujer de apariencia tan frágil hubiera realizado una técnica tan impresionante como lo que la de los dos leones de chakra que hizo aparecer en sus manos, sin duda Naoko había salido a su mamá en lo de grandiosa kunoichi.

— Shikadai — El consejero llegó corriendo hasta su lado.

— ¡Papá! Creo que se quedó dormida.

Shikamaru se mordió el labio, no, Hinata había perdido el conocimiento por todo el esfuerzo que hizo, pero algo andaba mal, regresó el presentimiento se le estableció en el pecho desde que la vio en el burdel.

— Vamos de prisa, el tío Chouji nos está esperando.

Pasó una mano bajo las piernas y la otra mano en su espalda. Pesaba menos de lo que esperaba, Hinata no estaba bien y no era solo por su reciente pelea, de eso estaba seguro y no por nada lo llamaban genio.

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Continuará.


¡Gracias por leer!

Faltan minutos para la media noche, pero logré publicar a tiempo. Mañana edito éstas notas porque me estoy quedando dormida.

Gracias infinitas a todos y mañana contesto reviews del capítulo anterior.

Gracias por su apoyo. Los quiero.

Pueden encontrarme como Tamashitsumo en facebook.

Nos leemos pronto.

Viernes 29 de septiembre del 2017