Disclaimer: Naruto le pertenece a Masashi Kishimoto. Di no al plagio.

N.A.: Estamos cerca del final, gracias totales.


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Parte 9 de 10

Culpa y redención

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Naoko se instaló en la sala de espera del hospital de Konoha desde que llegaron de su misión la tarde anterior, sólo se había retirado a petición de su tía Hanabi, quien la llevó a la mansión a que se aseara y comiera un poco. Después ambas mujeres regresaron y Naoko aprovechó para dormir un poco en el sofá. Pero al mediodía, despertó cuando su tía marchó para hablar con Tsunade-sama y otros médicos.

— Te ves mucho mejor — Una voz llamó su atención, y cuando volteó se encontró con Shikamaru Nara, quién había pasado la noche discutiendo algunas cuestiones con Naruto y Kakashi en la torre. Naoko se puso de pie para saludar.

— Quisiera agradecerle por rescatarme y ayudar a mamá. — E hizo una reverencia.

— No te preocupes, lo importante es que estás a salvo. — Tomó asiento a su lado. — ¿Han dicho algo los doctores?

— Dicen que podría despertar en cualquier momento.

— Entiendo. — Sacó su encendedor y tuvo entre sus manos, solía darle valor cuando más le faltaba. — Shikadai no debe tardar, está muy preocupado por las dos. — Shikamaru notó que ella desvió la vista cuando mencionó a su hijo. — ¿Pasa algo con Shikadai?

Naoko subió los pies al sillón de la sala de espera y abrazó sus piernas.

— No sé cómo agradecerle a Shikadai por salvar a mi mamá. — Puso su frente en las rodillas. El consejero suspiró, esa situación era demasiado problemática. — No he sido muy amable con él... Aunque siento que debo alejarme de él, es difícil... — Su rostro se notó triste.

— ¿Por qué no quieres ver a Shikadai?

Ella dudó antes de responder.

— No sé cómo explicarlo, no puedo pensar claramente, me preocupa mucho mi mamá — Se encogió un poco.

— Hinata ya me lo dijo… que eres mi hija. — Miró al frente y apretó con fuerza el encendedor de metal. — Así que no te dejaré sola.

— No es cierto. — Soltó sus piernas y las bajó del asiento. — No haga promesas innecesarias, Shikamaru-san.

— ¿Acaso hice algo que te molestara? — El shinobi la miró directamente, pero ella no lo hizo.

— No, usted es una buena persona y mamá siempre ha dicho que no fue culpa de nadie lo que pasó — Desvió la vista y apretó los puños. — Pero es que... no puedo aceptar que quiera tomar el lugar de mi padre, porque Takuma Hyuuga lo es y siempre lo será, a pesar de estar muerto.

Se quedaron en silencio unos momentos. Shikamaru había decidido intentar conocer a la niña y tratar de alguna manera mejorar su relación con Hinata, supuso que sería difícil pero nunca imaginó que Naoko pensara de esa manera.

— No planeo tomar el lugar de tu padre... quiero decir, él te crió y te convirtió en la gran chica que eres hoy... — Naoko miró al hombre muy sorprendida de sus palabras. — Pero eso no impide que pueda acercarme a ti y a tu madre, podemos ser amigos y conocernos, no es necesario que me llames papá, si es problemático para ti, lo entiendo.

— ¿De verdad quiere involucrarse en nuestras vidas? — Preguntó sorprendida, a pesar de que llevaba varios meses conviviendo con ese hombre, no terminaba de conocerlo.

— Por supuesto, además siempre quise tener un hijo y una hija. Es extraño pero al final sucedió. — Sonrió de lado, cosa que hizo que la chica se sonrojara y bajara la mirada. Sin duda esa joven era hija de Hinata.

— ¿De qué hablas papá? — La voz de Shikadai les indicó que estaba en el pasillo que conectaba las escaleras con la sala de espera.

Naoko se asustó y miró al mayor sin saber qué hacer.

— Hay algo que debo decirte, Shikadai. — Se rascó la nuca.

— ¿Decir qué? — Temari apareció detrás de su hijo.

De acuerdo, eso no se lo esperó Shikamaru y definitivamente complicaba más las cosas.

— Temari... — Se quedó sin aliento. Abrió la boca para decir algo más pero no pudo. En cambio la joven Hyuuga se sintió cohibida, la mirada que le dedicaba esa mujer era muy fuerte, al parecer había entendido más que el pequeño.

Los cuatro presentes se quedaron en silencio cuando de pronto la puerta de la habitación de Hinata se abrió.

— ¿Naoko? — Preguntó Sakura quien salió leyendo su tabla de resultados, sin darse cuenta del ambiente hostil que imperaba en la sala de espera. Cuando vio a la niña de pie, se acercó con una sonrisa. — Tu mami está estable y ahora solo duerme, puedes entrar un rato si quieres.

La niña miró al Nara y luego Sakura, quien no entendía la actitud temerosa de la niña.

— Estaré con mamá. — Murmuró la chunnin y entró en la habitación, cerrando la puerta tras suyo. Sakura miró a la familia Nara y se preguntó qué estarían haciendo ahí.

— Bueno, yo iré a mi oficina... con permiso. — Murmuró Sakura al ver la molestia en el rostro de la rubia. Cuando volvieron a estar solos, Temari se cruzó de brazos.

— ¿Es la misma Hyuuga que entrenó contigo Shikadai, antes de los exámenes chunnin? — El niño asintió. — Me podrías explicar ¿Qué significa que eso de "siempre quise tener un hijo y una hija"?

— No es una buena idea hacerlo en el hospital... Temari... — Respondió Shikamaru, de pronto presintió que le daría una jaqueca.

— ¿Ah no? Primero me entero de que mi hijo faltó a la academia porque se escapó y cuando llego lo encuentro lleno de moretones, sucio y diciendo que fue a una misión contigo a la aldea del sonido.— En opinión de Shikamaru, eso sonaba igual de malo.

— Yo no dije nada, la tía Ino y mamá me sometieron. — El niño se cruzó de brazos y frunció el ceño.

— Ino fue la única persona que encontré y estaba igual de asustada cuando vimos llegar ayer a Shikadai en tales condiciones.

Shikamaru apretó el puente de su nariz, trató de respirar para tranquilizarse.

— Bien, vamos a casa y allá hablaremos...

— No, ya he esperado bastante por una explicación, siempre eres tan misterioso con todo Shikamaru, por eso me cuesta tanto trabajo comprenderte. ¿Por qué llevaste a nuestro hijo a un lugar tan peligroso como la aldea del sonido?

— Yo fui por mi cuenta, quería salvar a Naoko-san... — Balbuceó el niño, pero los adultos lo ignoraros y continuaron viéndose.

— Bien, lo diré todo... al final de cuentas no es como que las cosas vayan a cambiar entre tu y yo, Temari. — Dijo Shikamaru, miró a su hijo. — Shikadai, ve a la cafetería o a casa, tu madre y yo tenemos que hablar.

— ¿Qué? — Exclamó el chico. — Pero ya soy mayor...

— Iré a explicarte las cosas cuando termine de hablar con tu mamá. Por favor, hijo.

Shikadai bufó y se dio la media vuelta.

— Estaré en la cafetería. — Dijo derrotado, mientras caminaba hacía las escaleras.

Cuando los adultos ya no sintieron la presencia del niño, se miraron de nuevo.

— ¿Y bien? — Temari sonaba muy molesta. — Dejé todo para venir en cuanto supe que Shikadai estaba perdido. ¿Cómo pudiste dejarlo?

Shikamaru suspiró.

— Tienes razón, fue irresponsable de mi parte, pero no podía mandarlo de regreso a la aldea. La misión era urgente y él también quería ayudar a Naoko.

— ¿Qué tiene que ver en todo ésto? ¿A qué te referías con que es tu hija? ¿Cómo es posible? No entiendo...

— Tu sabes que antes de que vinieras a vivir a Konoha, estuve saliendo con alguien más.

— Lo recuerdo... — Ella desvió la mirada.

— Parece que quedó embarazada antes de mi viaje a Suna donde nosotros... — Shikamaru se sentó y sostuvo su cabeza entre sus manos. — Apenas me enteré durante la misión de que Naoko-chan es mi hija.

Temari boqueó tratando de decir algo pero no pudo, de todos los escenarios posibles jamás se hubiera podido imaginar eso.

— Es increíble... — Murmuró sentándose a su lado, de pronto el ambiente se tornó más sombrío.

— Lo sé, tiene trece años y es una niña muy amable e inteligente.

— ¿Hinata Hyuuga es su madre? — Él asintió. — ¿Y ahora qué vas a hacer con los sentimientos de nuestro hijo? — Ella frunció el ceño. — Anoche estuvo contándome cómo se sentía respecto a esa chica, y puedo asegurarte que es serio aunque parece que ella lo está evitando.

— Seré franco con él, es un chico listo.

Temari se puso de pie y se acomodó su ropa.

— Volveré a pedirle que se vaya a Suna conmigo, es claro que no puedo confiarte su seguridad...

— No es así... — Pero ella lo interrumpió.

— Tal vez, pero tu poco tiempo parece que estará en otro lado. Desde que llegaste de tu misión no has pisado la casa, así que no quiero que mi hijo esté solo. En suna estará con sus tíos, su primo y conmigo.

Shikamaru no encontró argumentos para debatir eso, de alguna forma tenía razón; con todo el asunto de las Hyuuga, había descuidado a su hijo y lo puso en peligro al dejarlo ir con ellos a la misión.

— Lo siento... — Dijo, pero sabía que no tenía perdón su actitud. Temari siempre lograba desarmarlo.

— No es a mi a quien debes una disculpa, quién tendrá el corazón roto es Shikadai. Así que ve a hablar con él y cuando terminen, envíalo a casa, ahí lo esperaré y haré su maleta.

El moreno asintió y bajó las escaleras, pronto llegó a la cafetería y encontró a su hijo tratando de sacar un chocolate de la máquina expendedora de dulces. Al llegar, Shikamaru golpeó el vidrio y destrabó la golosina de su hijo.

— Gracias... — Murmuró el niño muy desanimado mientras se agachaba para recoger su compra.

— Debo decirte algo importante sobre por qué Naoko-chan te estuvo evadiendo por tanto tiempo. — Lo mejor era decirlo pronto, ya había dado muchos rodeos.

— ¿Esto tiene que ver con la mamá de Naoko? Ella me dijo que tenías algo importante que decirme.

— Sí, es precisamente eso. — Respiró profundo. — Hace muchos años tuve una novia antes de casarme con tu madre, esa mujer es la madre de Naoko...

El niño se sorprendió.

— ¿Engañaste a mamá...?

— Por supuesto que no, jamás... tu madre es el amor de mi vida, por eso mismo fue que la elegí antes que a Hinata y ella lo sabía. Por eso no me contó que estaba embarazada, no quería que yo me alejara de la persona que más amaba en el mundo. — El niño se cruzó de brazos y se puso a meditar. De tal palo tal astilla.

— ¿Dejaste a Hyuuga-san para casarte con mamá? — El mayor asintió. — Entonces Naoko es mi hermana...

Los ojitos de Shikadai se cerraron con tristeza.

— Perdóname, hijo. Mis errores pasados te están lastimando en el presente.

El niño frunció el ceño igual que su madre.

— No digas eso, no digas que Naoko-san es un error... — Sus ojos comenzaron a humedecerse. — Supongo que debería estar feliz de que tengo una hermana... — La nariz le comenzó a picar. — Y una hermana mayor, amable y muy fuerte...

El corazón de Shikamaru se estremeció al ver a su hijo a punto de romper en llanto, por lo que solo atinó a agacharse y abrazarlo muy fuerte.

— Tienes razón, no fue un error, pero de cualquier forma lamento ser el culpable de todo... — Dijo mientras el niño rompía en llanto al sentir los brazos de su progenitor sostenerlo fuertemente.

El mayor se contagió del sentimiento que embargaba a su hijo y también lloró, sintiéndose libre por primera vez en mucho tiempo de dejar salir todo lo que tenía atorado en el pecho, la tristeza de la partida de Temari y los sentimientos que le ocasionaban su paternidad descubierta.

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— ¿Nao-chan?

La niña abrió los ojos y se dio cuenta de que ya estaba atardeciendo, pues por la ventana se asomaba la luna menguante en un horizonte naranja, había estado durmiendo en la silla junto a la cama de su madre todo el día.

— ¿Mami? — Preguntó al incorporarse y ver la luz de nuevo en las orbes de la mujer.

— Espero que hayas descansado, ¿No te torciste?

La niña sonrió.

— Para nada, esto no es nada para una Hyuuga como yo. — Hinata sonrió ante sus palabras y trató de levantarse, pero no pudo.

— Llamaré a Sakura-san... — Pero la mano de su madre la detuvo.

— ¿Ya hablaste con Shikamaru-san?

— Hai. — Las mejillas de la niña se colorearon. — Dijo que quiere ser nuestro amigo.

Hinata respiró aliviada, Shikamaru no iba dejar sola a Naoko.

— Necesito hablar con Shikamaru-san, ¿Podrías llamarlo? — Preguntó la mujer. — ¿Pero antes de que te vayas podrías buscar a Hanabi?

— Sí, mamá. — Se puso de pie. — Le llamaré a mi tía y después iré por el consejero... no tardo.

Y abandonó la habitación a toda prisa y activó su byakugan. Bajó las escaleras a saltos y cruzó los pasillos con gran agilidad evitando chocar con las personas. Pronto llegó a la cafetería, donde Konohamaru-sensei y su tía comían un poco de arroz con verduras.

— Mamá despertó. — Exclamó con felicidad antes de que su tía le pudiera preguntar lo que sucedía.

Hanabi asintió, le dedicó una mirada al castaño, quien asintió y la mayor salió de prisa en dirección al cuarto de su hermana.

— Iré por otra persona que mamá quiere ver, nos vemos después, Konohamaru-sensei.

— Nos vemos, Nao-chan... — Se despidió mientras la veía partir. Parecía estar ya completamente recuperada del desgaste de chakra que tuvo en la misión y que la dejó inconsciente un par de horas. Menos mal que cuando venían de regreso y despertó, las píldoras del soldado de Chouji la habían ayudado a restaurarse.

Naoko corrió a través de la aldea hasta llegar a la casa de los Nara, pero al llegar estaba vacía y las luces apagadas. Activó su byakugan de nuevo y los visualizó aun par de kilómetros, cerca de la estación de tren que había sido inaugurada hace apenas un par de meses.

Emprendió la carrera de nuevo, aunque debía admitir que estaba cansándose bastante, pues aún no se recuperaba del todo.

Cuando hubo llegado, se sorprendió de ver a un Boruto muy molesto, precedido por varios niños que vio en la academia.

— ¿Qué sucedió? — Preguntó Naoko al llegar a su lado. Boruto le dio la espalda y un chico de cabello blanco la miró un poco curioso.

— Shikadai se va a ir a vivir con su mamá a Suna...

— Mitsuki, no es necesario que le digas eso a la chica Hyuuga... — El enfado era evidente en la voz del rubio.

¿La chica Hyuuga? ¿Cuando dejé de ser "senpai" para Boruto? Se preguntó Naoko, pero el asunto de Shikadai era más importante, porque si el consejero y Shikadai se habían ido a Suna, no podría cumplir con la petición de su madre...

— ¿Shikamaru-san se irá también? — Preguntó Naoko a una chica morena y a otra de lentes rojos.

— No, el consejero solo los acompañó al tren. — La chica de cabello negro se acomodó los lentes.

— Entiendo...

Pero de pronto el rubio no se pudo contener y se lanzó hacía la chica, sosteniéndola de la ropa.

— Se está yendo por tú culpa, mi mejor amigo va a vivir a otra aldea por tu culpa...

— Boruto-kun no digas eso... — Denki trató de alejar al rubio de la chica sin mucho éxito.

— Pero es cierto, sabías que eran hermanos desde hace tiempo y nunca le dijiste nada. — Otro niño rubio se hizo presente. Naoko lo había visto algunas veces en la torre, pues era hijo de Ino Yamanaka, su superior en el área de inteligencia, pero no recordaba su nombre.

— Yo...

— No se están comportando nada cool, no es correcto tratar a una señorita así — Dijo Chouchou mientras comías de sus papas.

— ¿Qué tienes que decir? ¿Eh? — Boruto regresó su atención a la chica. — Shikadai hizo de todo para llamar tu atención y nunca pudiste ser honesta con él. — Sus rostros estaban a centímetros, entonces la Hyuuga puso ver rastros de lágrimas secas en la cara del chico.

— Uwawawa... chicos, por favor... — Una chica de cabellos morados comenzó a ver por todos lados en busca de ayuda.

Entonces Naoko comprendió que había hecho mal en evitar a Shikadai todo ese tiempo, y ahora por su culpa sus amigos estaban tristes porque se iba a ir, pero no solo ellos, seguramente Shikadai estaba muy triste por su culpa.

— Tienes razón, Boruto-kun... es mi culpa, lo siento — Intentó hacer una reverencia pero no pudo por el agarre del chico.

— De cualquier forma ya no sirve de nada. — Un chico muy alto, de piel morena y con un especie de báculo se acercó y con una mano rompió el agarre que Boruto ejercía sobre la chica, y los hizo caer al piso. — El tren está partiendo...

Y efectivamente, el tren que estaba en la estación comenzó a pitar y a exhalar vapor, indicando que estaba en marcha. Naoko se puso de pie de prisa y corrió sobre el anden para encontrarse con el tren en marcha.

Segundo a segundo aumentaba su velocidad, rodeado de decenas de personas que despedían a sus seres queridos, hasta que al final del andén, vio parado al hombre que buscaba. Su mirada perdida en el horizonte en dirección del tren la conmovió. El corazón de la chica se estrujó y entonces comprendió las palabras que su madre había escrito en la carta que dejó en la cabaña del clan Nara.

Se sintió enojada consigo misma por haber sido tan egoísta y centrar su atención en el hombre que resultó ser su padre biológico, decidió que si ignoraba a Shikadai desaparecerían sus sentimientos por él y los que él sentía por ella, pero al parecer se equivocó y solo le trajo tristezas a padre e hijo. Detrás de ella Boruto y sus amigos lamentaban la partida del moreno, mientras ella no se atrevía a llegar hasta el consejero.

Y así se quedó, en medio del mundo de Shikadai, pero sin él.

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No supo cuánto tiempo estuvo parado viendo las vías del tren cuando una ráfaga de aire lo sacó de su ensimismamiento. El cielo previamente naranja, ahora era negro, pero la luz de la estación del tren mantenía la zona bien iluminada. Guardó en el bolsillo de su pantalón el encendedor de metal que tenía entre sus manos y se dio la vuelta para ir de regreso a su casa.

Con la mente hecha un caos y el cansancio de la misión encima, vio a una conocida mujer de cabellos rubios platinados acompañada de Boruto, Sarada, Mitsuki e Inojin, al parecer el resto de los amigos de su hijo ya se habían ido.

— Eres un insensible, Boruto, ya verás cuando le diga a tu padre. — Shion jalaba la oreja del niño, quien se quejaba sonoramente.

— Le dije que se contuviera, pero nunca me hace caso — Sarada se cruzó de brazos.

— Si yo no lo hubiera visto, no lo hubiera creído, Boruto — Decía su madre, cuando Shikamaru llegó a su lado.

— ¿Sucede algo, Shion-san? — Preguntó el consejero.

— Shikamaru-san, lo siento mucho — E hizo una reverencia. — Tu también. — Y obligó a su hijo a hacer una reverencia. Antes de que el mayor pudiera preguntar, Inojin llegó a su lado.

— Realmente es culpa de Naoko-san que Shikadai se haya ido a Suna, Boruto solo dijo lo evidente.

Shikamaru abrió los ojos comprendiendo un poco la situación.

— ¿Dónde está Naoko? — Preguntó el consejero.

— Ella se quedó parada tras usted por unos minutos pero al parecer se arrepintió de hablarle. — Dijo Mistuki.

— Entonces cuando se dio la vuelta para irse, Boruto volvió a lanzarse contra ella... — Señaló Inojin, — Entonces llegó la mamá de Boruto y le dio su merecido.

— Naoko no se defendió, creo que estaba triste. — Sarada acomodó sus gafas. — Debe estar en el hospital, se fue en esa dirección además de que mamá me contó que su madre está internada.

El Nara asintió.

— No te preocupes, Shion, sé que Boruto no tenía malas intenciones, a todos nos dolió por igual la partida de Shikadai. — La mujer soltó al chico al oír eso y Boruto desvió la mirada. — Iré a ver como está Naoko-chan, vayan a casa chicos. Gracias por venir.

Los niños le hicieron una reverencia y se marcharon. Shikamaru también lo hizo.

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Naoko regresó al hospital con un nudo en la garganta y como zombie se dirigió hacía la habitación de su madre, lo único que quería era meterse entre las sábanas con ella y dejar que acariciara su largo cabello negro.

Pero cuando llegó a la habitación, escuchó una discusión.

— ¿Por qué no lo dijiste antes? — Exclamaba la voz de su tía Hanabi.

— Lo siento... — Murmuró su madre.

— ¿Cuantas probabilidades hay de que funcione la operación? — Preguntó la castaña.

— Un sesenta por ciento. — Dijo la voz de Sakura, la doctora encargada de su mamá. — La solicitud de Hinata fue aprobada en el hospital central de la aldea del rayo, ya mismo podemos gestionar todo para que viajes segura hasta allá en dos días.

Las dos hermanas intercambiaron una mirada cómplice.

— En ese caso, iré. — Hizo una leve reverencia a Sakura. — Sin duda ésta enfermedad es molesta.

— Entonces pediré que preparen una cabina en el tren para que marches, imagino que marcharás con Naoko y algún otro acompañante…

Pero Hanabi negó.

— Naoko no irá con Hinata.

Sakura abrió los ojos sorprendida y titubeó un segundo. Buscó a Hinata con la mirada para que ésta le dijera lo contrario, pero la peliazul solo bajó la mirada triste.

— ¿Están seguras? Tienes una hija que te necesita, Hinata. Además no aumenta mucho el porcentaje de éxito con la operación que te harán allá...

— Naoko-chan ya es grande, ella entenderá... la muerte es parte de la vida… pero no me rendiré sin pelear.

Naoko no aguantó más y abrió la puerta de golpe. Ante la conmoción de lo que estaban hablando, no habían notado la pequeña presencia de la chica.

— ¿De qué hablas mamá? — Las lágrimas empañaron su visión.

El pecho de Hinata se estrujó, no esperaba tener que decirle eso a su hija tan pronto. Egoístamente había tratado de dejar a su hermana Hanabi la tarea de contarle todo sobre su enfermedad a su hija.

— ¿No encontraste al consejero? — Preguntó tratando inútilmente de desviar su atención.

— Él no importa... — Se abrazó al regazo de su madre, quien estaba semi sentada en la cama. — Ya sabía que estabas enferma, pero...

Hinata se mordió el labio, le dolía ver a su hija en ese estado.

— Esto no es una enfermedad, Naoko-chan, es una condición de nacimiento de tu madre que con el tiempo se fue agravando, por eso cuando naciste tu madre te traía muy seguido al hospital, tú también tenías esa condición. — Explicó Sakura. — Pero gracias a la preocupación de tus padres, fuiste diagnosticada a tiempo y estás curada.

Naoko alzó la cabeza para mirar a la mujer de cabellos rosas.

— ¿Puedes curar a mi mamá, Sakura-san?

— Podríamos intentarlo, pero la operación es de alto riesgo, durante la misión tu madre recibió un mal juuken, no tocó su corazón pero tapó una arteria, lo cual va a complicar cualquier intervención para revertir el daño. — Sakura decidió ser honesta, no podían seguir tratando a Naoko como una niña cuando ya era una chunnin. Pero lamentaba que la burbuja en la que su familia la mantuvo siempre fuera rota de manera tan abrupta con lo que le estaba sucediendo. — Sin embargo iré a la aldea del rayo con tu madre, allá hay algunos especialistas que podrían ayudarnos.

— ¿Y qué pasa si no se opera? — Preguntó Hanabi con voz queda.

— Honestamente, no lo sé, tal vez pueda tener un ataque al corazón, pero no es seguro su vida no corre riesgo en estos momentos pero es necesario actuar pronto.

— Mami... quiero ir contigo.— Y abrazó a la mujer.

— Todo estará bien… — Le susurró Hinata, logrando que el cansancio ganara en Naoko y unas lágrimas escaparan de sus perlados ojos.

— Naoko... — Hanabi jaló suavemente a la chica. — Tu mamá necesita descansar... — Le susurró al notar cómo el corazón de su hermana mayor se rompía a cada sollozo de su hija. — Y tú también necesitas dormir un poco.

— Puedo darle algo para dormir... — Sugirió Sakura, a lo que Hanabi asintió y agradeció en silencio. Sakura sacó a la chica llorosa y Hanabi miró a su hermana.

— ¿Hinata?

— Naoko ya sabe que Shikamaru es su padre biológico, si algo nos pasa, él podrá ser un apoyo para ella.

— Takuma marchó ya hace ya un año y no ha conseguido dar con esa persona… probablemente él no lo consiga antes de que te operen ¿Y si mejor esperamos…?

— Le he mandado un mensaje a Takuma, él ya se está dirigiendo al centro de la aldea, lo veré antes de la operación. Será suficiente para mi tomar su mano.

La castaña apretó sus puños.

— Ese maldito golpe ha echado a perder todos nuestros planes, se suponía que Takuma volvería con la cura y todo volvería a ser como antes… pero ahora esa operación es nuestra última esperanza y apenas nos da un maldito sesenta por ciento. — Hanabi sintió como un nudo en la garganta le quitaba el habla.

Se quedaron en silencio.

— ¿Sigues molesta conmigo? — Preguntó Hinata, la castaña no entendió de qué hablaba, así que Hinata continuó. — Cuando Tsunade-sama dijo que mi embarazo era de alto riesgo me dijiste que no valía la pena continuar si con eso mi vida se apagaba. — Sonrió ligeramente. — Me dejaste de hablar por algunos días.

— Sí, estaba enojada de que amaras tanto al idiota de Shikamaru, al punto de poner en riesgo tu vida para dar a luz a su hijo. Estaba enojada de que tu lo arriesgaras todo cuando él seguía con su vida ignorante de tu dolor... Pero cuando vi a Naoko y la tuve en mis brazos, entendí que al final lo hiciste por ti misma.

— No importa si el embarazo mermó mi salud, jamás me he arrepentido... pero por favor, cuida de ella. — Acomodó un mechón de cabello tras su oreja. — Supongo que no puedo llevarla conmigo, no sabría cómo explicarle que Takuma sigue vivo, es como dices, todos nuestros planes se cayeron, debemos improvisar un poco más.

Hanabi desvió la vista y asintió.

— Padre estará triste cuando se entere.

— Lo siento, creo que al final siempre le causaré problemas a padre. — Las lágrimas surcaron el rostro de la peliazul. De pronto la puerta se abrió y entró de nuevo Sakura, pero sin la joven.

— Está dormida en un sillón. — Tomó su tabla de resultados. — Entonces, ¿Decidiste, Hinata?

— Hai, me someteré a la operación en la aldea del país del rayo, Sakura-san. — Hizo una leve reverencia de cabeza.

La doctora asintió.

— Bien, Naruto debe aprobar un par de cosas pero no creo que haya grandes problemas siendo que ya tienes un lugar en el hospital de allá. Marcharemos pasado mañana como a las 10, pero deberás dormir aquí para monitorearte y tenerte en observación. — Miró a Hanabi. — ¿Podemos ir afuera un segundo? — La menor asintió.

— Te veré mañana, Hinata.

— Si, descansa Hanabi-chan. — Y sonrió mientras con el dorso de su mano limpiaba los restos de lágrimas que le quedaban.

Una vez fuera, Sakura comenzó a hablar.

— Me quedaré con ella todo el tiempo, a partir de mañana. Le suministraremos calmantes, pero es necesario que no tenga ningún tipo de sobresalto, será un viaje un poco largo pero su condición es estable. Debemos evitar cualquier cosa que le ocasione estrés.

— Haré todo lo que esté en mis manos... gracias, Sakura-san. — Hizo una reverencia, los modales eran lo primero para los Hyuugas, más para Hanabi como líder de su clan. — Ko y otro guardia acompañarán a Hinata-onee-sama en su viaje.

Miró el sillón, donde dormía su amada sobrina.

— Pienso que tal vez Naoko deba ir… — Murmuró Sakura.

— Ella aún no se recupera del todo porque perdió muchas reservas de chakra, además, Hinata debe permanecer tranquila y sin duda Naoko no ayudará mucho — Dijo pensando en que Hinata se iba a encontrar con Takuma, ambos padres ya tenían mucho de lo que preocuparse como para añadir a Naoko entre sus ocupaciones.

— De acuerdo. — Sakura se rindió, Hinata y su familia eran quienes debían tomar la decisión, pero ella no podría dejar a su pequeña hija en su lugar.

Hanabi hizo una reverencia y se despidió de la ninja médico. Cargó a la niña en su espalda y comenzó el camino de regreso a la mansión.

Bajó las escaleras, y al llegar a la recepción y abrir la puerta de salida, se topó de frente con Shikamaru Nara.

— Nara-san. — Hizo una reverencia y continuó con su camino, dejando la puerta cerrarse tras de ella.

— Puedo ayudarte. — Estiró los brazos para sostener a la niña, pero Hanabi negó con la cabeza.

— Es mi sobrina y mi responsabilidad de hoy en adelante, no se preocupe. — Continuó con su camino.

— Tsk. — Shikamaru torció la boca, de verdad no tenía ánimos para pelear, y al parecer la castaña tampoco pero no se iba a quedar de brazos cruzados. — Entonces las acompañaré, es tarde.

Hanabi no contesto, solo continuó caminando. Iban en silencio, cuando de pronto una presencia llegó a su lado.

— Shikamaru-san, Hanabi... — Era Konohamaru. — Dame a Nao-chan, Sakura-san ya me dijo que no despertará hasta mañana temprano.

Hanabi asintió y permitió que el chico tomara a la niña y la cargara en forma de princesa.

— Llévala a casa, por favor, aún debo hacer una diligencia más. — Dijo Hanabi con tristeza, ignorando al Nara.

— De acuerdo, te buscaré cuando la deje en su cama. — Y se despidió del Nara con un movimiento de cabeza.

La mujer asintió y continuó caminando.

— ¿Vas a ignorarme toda la noche? — Preguntó Shikamaru un poco cansado, caminaba automáticamente, sin mucha energía.

— No estamos en la torre del Hokage, no estoy obligada a hablar contigo.

— Eso es cierto, pero quisiera saber cómo sigue Hinata y por qué parecía que Naoko ingirió toda la farmacia del hospital.

Hanabi se detuvo y lo miró por unos momentos, estaban en el centro de la aldea.

— Acompáñame si quieres saber, porque solo voy a contar todo una sola vez.

El moreno asintió y siguió a la chica, uno metros después se dio cuenta de que se dirigían a los terrenos del clan Aburame.

— ¿Qué...? — Iba a preguntar, cuando vio que Shino se acercaba a ellos.

— Buenas noches, ¿Podrías llamar a Inuzuka-san? Necesito informales de algo relacionado con Hinata.

El Aburame asintió un grupo de insectos salieron volando y después los invitó a pasar a su casa.

— Siento molestar tan tarde. — Hanabi se sentó muy derecha en el sofá de la casa.

— No hay problema. — Shino entendía que Hanabi estuviera ahí, pero no sabía qué hacía Shikamaru Nara en ese lugar, probablemente fuera de parte del Hokage. — Es bueno saber que Nao-chan está bien. — Shino había tenido que salir de una misión y apenas había regresado hace un par de horas, pero se puso al día de lo sucedido con la hija de su mejor amiga y ex alumna en la academia.

Estuvieron en silencio los tres, cuando unos golpes toscos se escucharon en la puerta. Un Kiba somnoliento apareció.

— ¿Bien? — Preguntó Kiba sin saludar. — Supe que Hinata salió herida en la misión de rescate, ¿Nao-chan está bien?

— Sí, ahora Naoko está durmiendo en casa. — Hanabi aceptó la taza de té que Shino le ofreció.

— ¿Entonces para qué viniste? — A pesar de los años, Kiba no aprendió a tener tacto con las personas. — ¿El Hokage nos manda llamar? — Preguntó al ver a Shikamaru.

— Tengo que informarles algo importante. — Hanabi dejó la taza, se sentó muy recta y cerró los ojos. — Como saben, Hinata tuvo un embarazo de alto riesgo que afectó mucho su salud.

Kiba y Shino asintieron.

— ¿Cómo olvidarlo? La vez que se desmayó almorzando en mi casa casi hace que me muera del susto. — Dijo Kiba, a lo que Hanabi y Shino asintieron, aún lo recordaban.

— Nuestra madre murió por un mal degenerativo en el corazón y al parecer Hinata lo heredó, pero el embarazo hizo que su salud fuera menos estable... — Hizo una pausa, ella misma aún no asimilaba todo. — Probablemente en unos años su problema se hubiera complicado...

— ¿Estás diciendo que esto es más grave de lo que pensamos? — Preguntó Shino alarmado.

— Su vida no corre peligro en estos momentos, pero durante la misión recibió un mal golpe combinado con chakra muy cerca del corazón, por lo que necesita una operación de corazón para destapar su arteria o no saben qué podría pasar después. — Las emociones la traicionaron y comenzó a llorar.

Tapó su boca en un intento por disminuir el ruido de su llanto, pero es que cuando Sakura le había dado la noticia intentó ser fuerte frente a su hermana y su sobrina, pero ahora ya no tenía que guardar las apariencias. Takuma no había conseguido encontrar a la única persona que podría ayudar a su hermana y ahora no tenía la menor idea de qué pasaría.

— ¿Hablas en serio? — Preguntó Shikamaru. Así que por eso ella estaba tan pálida y delgada cuando la cargó durante su viaje de regreso a Konoha. Jamás lo hubiera imaginado. Los otros dos miembros del equipo ocho se quedaron mudos de la noticia.

— La van a operar en unos días en el país del rayo... pero solo hay un sesenta por ciento de posibilidad de que todo salga bien. — Dijo tratando de calmarse.

La noticia era inesperada para los tres hombres presentes, pero ver a una mujer tan altiva y orgullosa como Hanabi desmoronarse frente a ellos, los dejó shockeados.

— Debemos ir a... — Kiba dio un paso hacía la salida pero la voz de Hanabi lo detuvo.

— Por favor, avisen a Kurenai-san, pueden ir a despedirse pero... — Respiró lentamente, y limpió sus lágrimas con el dorso de su brazo. — Ella debe estar tranquila, no debe tener emociones fuertes... — Limpió su nariz con un pañuelo que siempre traía consigo y que su hermana había bordado para ella. — Hinata está estable de momento y va a viajar al país del rayo mañana acompañada de Ko, un guardia y Sakura-san. Vine porque necesito de su ayuda para cuidar de Naoko-chan, ella no irá.

— Sí, sin duda. — Respondió Shino de inmediato.

— Así es, vamos a estar con ella. — Los ojos del Inuzuka se tornaron rojos.

— Bien, se los agradezco. — Dijo Hanabi retomando el control de sus emociones. — Ya saben que Naoko puede ser muy hábil para huir y no quiero que vaya tras su madre.

— De acuerdo, yo puedo estar con ella tres días, pero el cuarto salgo de misión... — Dijo Kiba.

— No te preocupes, Inuzuka-san, papá y Haruka-san la entrenarán los días restantes en la mañana. — Indicó Hanabi.

— Yo puedo estar con ella saliendo de clases, puedo pedirle a Kurenai-sensei que me acompañe... — Shino asintió.

— Yo me encargaré de ella cuando nadie pueda. — Indicó Hanabi.

— ¿Y Naoko? ¿Ella no va a cuidar a su mamá?— Preguntó Shikamaru sorprendido… ¿Por qué todos decidían por Naoko? Ella ya no era un bebé y su lugar era con su madre.

"Así como Shikadai está con Temari…" Pensó.

— Ella no se va a mantener calmada, así no le causará ningún sobresalto a Hinata… — Justificó Hanabi.

— Hinata querrá que su hija esté con ella — Exclamó Shikamaru un poco más alto de lo adecuado. — Es el deber de un padre estar con su hijo y estoy seguro de que ella querrá verla.

Hanabi frunció el ceño.

— ¿Oíste lo que acabas de decir? No vengas a darme sermones de lo que un padre es, eres el último al que escucharía. — Trató de calmarse. — Además yo conozco mejor que nadie a Hinata y a Naoko, sé que va a mortificar a Hinata ver a su hija triste...

Shikamaru apretó sus puños muy molesto.

— Basta, no tiene sentido que discutan — Intervino Shino — Lo importante es pensar en Hinata...

— Además, ¿Qué haces tú aquí? — Kiba interrumpió a Shino. Ambos chicos sabían de la paternidad de la niña, pero no estaban al tanto de que él Nara lo supiera.

La castaña y el Nara se quedaron en silencio.

— No hay caso seguirlo ocultando, él ya lo sabe. — Hanabi lo dijo luego de meditarlo. — Shikamaru Nara ya sabe que es el padre biológico de Naoko-chan... por eso parece que de pronto le interesa lo que ella siente. — Los Hyuugas también sabían ser tan venenosos como los Uchiha, algo que ni Hinata ni Naoko heredaron, como raras excepciones.

Los dos chicos ni se inmutaron.

— Ya era hora. — La sangre de Kiba comenzó a hervir.

— Así que ustedes lo sabían. — Afirmó el Nara sintiendo la molestia crecer en su interior. Al parecer todo el mundo lo sabía menos él. — Debieron decírmelo. — Y se dio la vuelta para marcharse.

— ¿Y faltar a nuestra palabra? — Preguntó el chico perro.

— Para Hinata era importante no interferir en tu vida de nuevo. — Shino acomodó sus gafas.

— Pero no tienes nada de qué preocuparte, Naoko siempre nos tuvo a su lado. Su nacimiento, su primer paso, sus primera palabras... — Kiba sonrió autocomplacido solo para molestarlo.

— Lo menos que puedes hacer es respetar las indicaciones de Hanabi-san. — Shino tampoco estaba de acuerdo con mantener lejos a Naoko de su madre, pero la castaña tenía un punto muy válido.

Shikamaru continuó dándole la espalda, solo atinó a apretar sus puños. El cansancio ya era demasiado, su hijo se había ido y se había quedado solo sin su familia, no era justo que le reclamaran por algo que no estuvo en sus manos.

— Hinata prefirió ocultarlo, así que la culpa no es toda mía. — Caminó hasta la entrada. — Quién diría que la amable Hanabi se convertiría en una nueva versión de Hiashi Hyuuga, igual de impositiva y prepotente.

La castaña sonrió de lado ante el desplante.

— Tal vez, pero ni siquiera Hiashi fue capaz de abandonar a su hija. No sé cómo eso hable de ti que a la primera botaste a mi hermana.

El Nara abrió la puerta y salió de la casa, dando un fuerte portazo.

Era más de lo que podía soportar.

.

A la mañana siguiente un par de golpes en la puerta despertaron a Shikamaru. Miró la hora, ya pasaban de las diez de la mañana. Genial, se le había hecho tarde para el trabajo, iba dos horas tarde, más el tiempo que le tomaría prepararse.

Se puso de pie con parsimonia y se dispuso a atender la puerta. Mayor fue su sorpresa al ver a Naruto, el Hokage, fuera de su casa.

— Buen día, traje dangos. — Saludó el rubio.

— ¿No deberías estar en la oficina? — Preguntó un poco desconcertado.

— Si, igual que tú — Respondió con una sonrisa el Hokage y se auto invitó a pasar.

Shikamaru hizo un poco de té para ambos.

— Primero que nada, quiero disculparme por el comportamiento que Boruto el día de ayer, Shion me contó lo que pasó.

El moreno se recargó en la silla y suspiró.

— Olvídalo, Shikadai y Boruto eran muy amigos.

— Pero no solo eso, fue brusco con Naoko-chan... — Shikamaru le confirmó cuando regresaron de la misión de rescate, que esa niña era su hija. — ¿Quieres hablar?

— ¿De qué podría hablar? Shikadai se fue con su mamá a Suna porque así no estará solo, me guste o no, es mejor así.

Naruto sonrió un poco triste.

— ¿Y qué hay con Naoko-chan? Sakura ya me informó de la situación de Hinata...

— Espero que no insinúes que puedo sustituir a Shikadai con Naoko.

— No, nunca diré eso. Pero puede ser una oportunidad para que los dos no se queden solos. Hanabi-sama ha venido en la mañana para pedirme que Naoko se ausente un par de semanas de la torre, dijo que la va a someter a un entrenamiento especial dentro del clan. Parece que lo están pasando mal.

— Tsk. — Exclamó el moreno mientras daba un trago a su té. — Parece que Hanabi se está tomando muy en serio su papel como protectora de su familia.

— Bueno, no me extraña — Naruto observó el vaho que escapaba de su té. — No has estado en las últimas reuniones de consejos de la aldea porque tú presides la de la Unión Shinobi, pero ahí es claro que Hinata es su mano derecha, a parte del apego que tienen como hermanas, si Hinata muere Hanabi quedará sola en el gobierno del clan.

— No sabía eso... — Murmuró Shikamaru.

— Hanabi depende mucho de Hinata, quien a su vez ha sobreprotegido mucho a su hermana y a su hija, una chica entrando a la adolescencia. Va a ser difícil para todos enfrentar esta situación. — Naruto exhaló. — Sería bueno si le dieras una mano a esa familia, pero no descuides a tu familia. — Naruto se puso de pie. — Si Shikadai regresa para fin de año, aún podría graduarse de la academia con sus amigos.

— Pero Temari...

— Seguro Shikadai te extraña a ti y a los otros, no seas perezoso y no lo dejes ir. Aún no es tarde. — El rubio se dirigió a la salida. Por un momento Shikamaru creyó que se trataba de un clon, pero al parecer era el verdadero Naruto. — ¡Ah! Te veré en la oficina más tarde... Y ten la libertad de ir a Suna cuando quieras, son solo cuatro horas de viaje, no es nada comparado a antes.

Y se marchó, dejando a un Shikamaru pensativo.

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Naoko estaba sentada en el pórtico de su casa mientras observaba como el shishi odoshi sonaba en el estanque que estaba frente a ella. Observó como el tubo de bambú recibía gotas de agua, y al estar lleno, caía y hacía un particular sonido hueco que nunca le había gustado. Cuando tenía seis años, preguntó a su abuelo por qué los tenían ahí, a lo que él le respondió que era relajante escucharlos, pero eso no la convenció.

Entonces le preguntó a su padre, quien le dijo que cuando ella nació, su tía Hanabi mandó a poner un shishi odoshi en todos los estanques del clan. Ella preguntó por qué motivo su tía lo había hecho y él dejó escapar una franca risa que ella misma imitó.

"Shishi odoshi significa 'asusta venados', parece que tu tía quiere mantenerlos a distancia.", fueron sus palabras.

La niña de seis años exclamó.

"Pero son lindos."

"Es cierto, me alegra que te gusten." Takuma miró el shishi odoshi caer y golpear la roca en un sonido hueco. "¿Quieres que te cuente una historia...?" Y así pasaron el resto de la tarde sentados en el pórtico de la casa donde vivían, hasta que su madre llegó y los llamó para cenar.

— Papá ya sabía que no era su hija y aún así me quería… — Susurró al viento, mientras el shishi odoshi golpeaba incansable la misma roca de toda la vida. — Mamá se va a ir y no tengo certeza de que todo vaya a ir bien… ¿Qué debo hacer...?

De pronto una pelota roja golpeó el shishi odoshi y eso la sacó de sus pensamientos. Bajó de un salto del piso de madera donde estaba sentada y tomó la pelota entre sus manos, cuando aparecieron un grupo de cinco niños corriendo.

— Disculpe, Naoko-sama, creímos que no había nadie en el jardín principal… — Se disculpó el niño más grande del grupo, debería tener unos trece años.

— No hay problema. — Y les acercó la pelota para que la tomaran pero entonces los dos niños más pequeños se marcharon corriendo en dirección contraria. Naoko frunció el ceño y el niño que había hablado le hizo una reverencia de cuarenta y cinco grados.

— Siento su descortesía…

— Haciendo eso pareces nuestro padre, Sora. — Dijo uno de los niños que se había quedado, era el hermano menor de Sora, Kei.

— Sí, mejor que se quede con la pelota. — Dijo el otro niño, el mejor amigo de Kei. — Vámonos.

— ¿Cuál es el problema? — Preguntó la chica un poco molesta, ella solo estaba siendo amable.

— No están nuestros padres para obligarnos a ser amables contigo. — Kei y su amigo corrieron lejos de ahí, dejando al joven Sora solo con Naoko.

— Por favor, disculpe a mi hermano y su amigo. — Dijo Sora Hyuuga.

— Está bien… pero no entiendo… — Naoko lo miró con tristeza. Siempre habían sido así las cosas con los otros niños de su clan.

El chico se mordió un labio.

— El problema no es Naoko-sama. — Tragó grueso. — Es solo que los otros chicos están molestos de que Naoko-sama no siga del todo las reglas del clan.

— ¿A qué te refieres? — Los ojos perla de la chica buscaron una respuesta en los perlas del chico que tomaba la pelota de sus manos.

— Ellos no entienden que Naoko-sama es una genio y por eso pudo ir a la academia y saltarse algunos protocolos del clan.

— ¿Ustedes no pueden ir a la academia? — El chico negó. — ¿Por qué?

— Lo normal es estudiar y entrenar dentro del clan. Cada año el consejo elige a los que pueden presentar su solicitud para ser gennin o ascender a chunnin u otros puestos.

— ¿Por eso siempre huyen de donde estoy?

Sora asintió.

— Tienen un poco de miedo y resentimiento, pues Hiashi-sama ha dicho que nadie puede molestarla aún si no asiste a los eventos del clan o no entrena con todos.

Naoko abrió los ojos sorprendida.

— ¿Tú no tienes miedo de que te vean conmigo? — Bajó la vista un poco desanimada, genial, a lo de su mamá y Shikadai debía sumarle que los otros niños la consideraban una especie de esfera de cristal dentro del clan.

— Pienso que Naoko-sama es más como Hinata-obaa-sama, amable y especial. — Rascó su nuca al tiempo que dejó caer la pelota. — ¡Oh! Lo siento — E hizo otra reverencia.

— Deja de hacerlo, no soy mi mamá o mi tía para que me traten con tanto respeto.

Sora sonrió.

— Hai, le queda mejor una sonrisa que el ceño fruncido, Naoko-sama — Y marchó corriendo.

Naoko se quedó pensativa. Sí, su madre dijo que no se rendiría sin luchar y ella haría lo mismo, iría tras Shikadai y arreglaría las cosas con él. Y luego marcharía al país del rayo, a buscar a cierto guardián para que ayudará a su madre…

— No más shishi odoshi ni quedarme de brazos cruzados.

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Ya era de noche cuando Shikamaru salió de la torre. Se había quedado hasta tarde para reponer el tiempo que salió de misión y un par de pendientes que necesitaba resolver para el departamento de inteligencia. Honestamente estaba resignado a dejar que Hanabi llevara el control de la situación de Hinata, él había decidido salir de su vida así que ahora debía ser responsable por más que no estuviera de acuerdo.

Iba bastante cansado, pensando en qué cenar. Finalmente pensó que un poco de carne BBQ no le caería mal, así que se dirigió al local. Ordenó y comió lentamente, mientras la carne se asaba en la parrilla.

— Naruto tiene razón, no debo renunciar a Shikadai, él siempre quiso ser un ninja de Konoha, así que debo apoyar su voluntad de fuego. — Resolvió mientras cenaba. Así que comenzó a planear sus pendientes para darse un tiempo para ir a Suna.

Cuando terminó de comer, pagó y salió del local mucho más animado, iba llegando a los territorios Nara cuando escuchó un nombre muy familiar.

— Naoko, por favor, tan solo escúchame un minuto. — Shikamaru vio a Konohamaru avanzar tras de la niña.

— No y por favor, deja de seguirme — Y saltó para después perderse de vista.

Shikamaru miró al chico.

— ¿Qué sucedió?

— Hanabi le dijo que Hinata iba quedarse con Kiba estos días, pero se negó y no quiere escuchar a nadie. Quise animarla diciéndole que su tía y yo formalizaremos nuestra relación pero… creo que no lo tomó muy bien... — El castaño bajó los hombros apesadumbrado. — Tomó su mochila de viaje y se fue corriendo...

— ¿Y por qué estás tú detrás de ella? ¿No deberían de estar tras ella las personas de su clan?

La mirada del chico se entristeció.

— Hiashi-sama adora a Naoko-chan, así que nadie quiere ayudar a Hanabi porque si el anciano ve que la contradicen, inmediatamente los castiga. — Suspiró. — Naoko nunca abusó de ese "poder", pero desde la mañana está incontrolable...

— Entiendo eso, pero ¿Por qué precisamente tú?

— Bueno, Hanabi y yo llevamos saliendo unos años. — De pronto sus ojos brillaron y el ánimo del chico mejoró. — Así que Naoko-chan es como mi sobrina. Además eso es lo que debe hacer una pareja, apoyarse en los momentos buenos y malos.

— Por eso fuiste en la misión de rescate... — Shikamaru hizo gala de su deducción.

— Yei, no podía dejar sola a Hinata.

Shikamaru rascó su nuca, un poco avergonzado por lo que iba a decir.

— Así que tu eres el pilar que sostiene a las dos hermanas, ¿Eh?

— Eso intento, aunque Hinata es muy reservada. Tokuma era quien las sostenía realmente. — Señaló Konohamaru. — En fin, debo ir tras Naoko, creo que lo que está planeando no es nada bueno.

— Te ayudaré. — Shikamaru consultó su reloj y vio que eran las once de la noche, por más chunnin que fuera, esas no eran horas para que nadie anduviera vagando en la aldea.

— Gracias. — Y sonrió el joven, sabía que Shikamaru era el padre biológico de Naoko, así que le agradaba ver que se preocupaba por la chica.

Avanzaron por la aldea, pero al parecer ella era muy buena ocultando su presencia.

— Sabes, ella es muy amable y tranquila tal como Hinata. — Empezó a decir de la nada Konohamaru. — También le gustan los juegos de estrategia como a ti. — Shikamaru sonrió de lado, eso ya lo sabía. — Pero a veces le dan unos impulsivos energéticos, muy extraños, no sé de quién los sacó...

— Probablemente de mi madre... las mujeres de mi clan suelen ser un poco problemáticas. — Respondió para sí mismo pero el otro chico lo escuchó y sonrió.

— Seguro es así.

Pronto decidieron separarse para abarcar más terreno; la aldea había crecido mucho los últimos años y Naoko podría estar en cualquier sitio. Shikamaru marchó un rato más, cuando de pronto una duda cruzó su mente... ¿Por qué si Naoko había ido a la estación del tren el día de ayer, no le había hablado? Con esa duda en mente fue a la casa de Naruto.

— Buenas noches. — Saludó cuando Shion le abrió la puerta.

— Buenas noches, Shikamaru-san, ¿En qué le puedo ayudar? — Dijo ella mientras lo dejaba pasar.

— ¿Está Boruto?

— Sí. — La mujer caminó hasta las escaleras y le gritó, pero no hubo respuesta. Aquello descolocó a la madre, quien subió seguida de Shikamaru y se encontraron con la sorpresa de que el niño no estaba. — Pero cenamos hace apenas una hora... — Murmuró temerosa.

— No te preocupes, creo que sé dónde está, pero de todas formas, avisa a Naruto.

Shion asintió mientras Shikamaru iba a casa de Sakura. Sucedió lo mismo, Sarada no estaba.

Mientras Shikamaru iba a la torre del Hokage, mandó un pergamino a las casas de los amigos de Shikadai. ¿Y si Boruto o Naoko los convenció de ir a Suna por el pequeño Nara?

— Espero que no vayas a Suna, Naoko... — Murmuró Shikamaru mientras subía las escaleras de la torre.

— Shikamaru... — La voz de Naruto se dejó escuchar, pero Shikamaru se siguió de largo corriendo a su oficina.

— Van a Suna. — Dijo mientras metía un par de cosas en una mochila de viaje.

— ¿Por qué crees eso?

— Si Naoko es una mínima parte de noble que Hinata, se habrá sentido culpable de que Shikadai se fuera con su madre. Por otro lado Boruto y sus amigos sin duda estarían dispuestos a ir con ella.

— Esto es grave, no tienen pasaportes ni permisos.

— Y Naoko es una ninja activa que pretende ingresar a otra aldea sin permiso. — Kakashi llegó detrás de Naruto. — Podría ser malinterpretada su presencia en Suna.

— Lo sé. — Respondió Shikamaru. Terminó de guardar sus cosas y miró al rubio. — Sé que ya me retrase con mi trabajo al ir a la misión anterior, pero necesito ir, Naruto.

— Ve, — Asintió el rubio, sabía que eran tiempo difíciles para su amigo. — Pero deben volver de inmediato.

— Entiendo.

— Naruto, avisa a Gaara para que no los detengan en la frontera, y que alguien los vigile. — Dijo Kakashi tratando de apoyar a los chicos.

— Bien, y también le pediré a Shizune que confirme quienes se fueron y avise a sus familias.

El Hokage y Shikamaru salieron a hacer sus respectivas tareas.

— Esa niña está descartada si quiere entrar a ANBU, ¿Qué clase de ninjas estamos formando en los tiempos de paz? — Dijo mientras Kakashi suspiró cansado.

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Shikamaru tenía todo listo para ir a Suna, solo estaba esperando a que Chouji llegara con los boletos, mientras él e Ino esperaban en la sala de espera de la estación. Chou Chou, Sarada, Inojin, Mitsuki y Boruto fueron los que marcharon en búsqueda del pequeño Nara.

— Cuando regresemos se quedará un mes sin papas...— Escuchó que murmuraba su mejor amigo mientras le daba los boletos del tren a Ino. — Partimos en dos horas.

— Inojin tendrá suerte si aún encuentra su cama... — Murmuró enfadada la rubia. Aunque también se había unido al grupo porque le preocupaba la joven Naoko, pues trabajaba con ella en la torre. Cuando se enteró de que la joven chunnin era hija de Shikamaru se sorprendió, pero no dudó en ayudar.

De alguna forma Ino se sentía culpable pues cuando Shikamaru terminó su relación con la Hyuuga, no hizo algún intento por acercarse a ella, si lo hubiera hecho tal vez ella hubiera podido hacer algo...

Shikamaru asintió y vio su reloj, eran las tres de la mañana. El primer tren partiría a las cinco.

— Gracias por acompañarme.

— No te preocupes, además Karui se puso histérica y no me dejaba dormir, supongo que podemos dormitar un poco antes de partir. — Murmuró el Akimichi mientras tomaba asiento.

— Yo... tengo que hacer algo antes. — El usuario de las sombras se puso de pie y colocó su mochila de viaje junto a su amigo.

— ¿Irás a ver a Hinata? — Preguntó Ino mientras miraba sus uñas.

El Nara desvió la mirada.

— Ella salvó a Shikadai, supongo que debo agradecerle...

— ¿Sabes? Cuando ella y tú salían siempre pensé que te veías diferente. — Chouji miró a su amigo con una sonrisa. — Ni Ino ni yo podíamos creer lo bien que te iba con una persona tan calmada como Hinata. Pero cuando terminaron y decidiste casarte con Temari, volviste a ser el mismo Shikamaru de nuestra infancia. Fue extraño, como si el Shikamaru que estaba con Hinata hubiera sido una ilusión.

— No entiendo lo que quieres decir.

— Nosotros te conocemos de toda la vida — Ino se puso de pie y puso una mano en su cadera. — Así que Chouji y yo comprendimos que el amor de tu vida era Temari, por eso te apoyamos cuando Naruto llegó a golpearte. — Ella hizo una mueca de fastidio, le había costado trabajo no querer matarlo por lastimar a Hinata. — Pero a veces la persona que más amas no es tu alma gemela. Hinata hacía de ti otro hombre.

— ¿Estás diciendo que Hinata es mi alma gemela? — Preguntó con escepticismo.

Chouji se alzó de hombros.

— El amor es extraño. — Ino suspiró. — Deberías dar gracias de que tuviste la oportunidad que siempre quisiste con Temari. No funcionó, bueno, sigue adelante. Te queda mucho por vivir.

— Hablas como si estuviera deprimido.

Ino sonrió con sorna.

— Sin duda alguna lo estás, y sin meterme a tu mente, puedo decirte que una parte de ti está agradeciendo a Nao-chan esto, no quieres dejar ir a tu hijo.

— Sería bueno que hablarás con Hinata, tal vez no les quede mucho tiempo en Konoha y parece que aún tienes algo que decirle. — Chouji cerró los ojos como si fuera a dormir.

Ino se sentó.

— Yo siempre aposté por Hinata, pero al final es tu vida y como tus amigos no nos queda otra más que apoyarte. — Movió sus manos señalando la salida de la estación de trenes. — Así que ve y dí lo primero que te diga el corazón.

Shikamaru se dio la vuelta y marchó.

— Tsk, el corazón fue el que me metió en esto. — Murmuró mientras saltaba de techo en techo en dirección al hospital. Metió una mano en busca de un cigarrillo. Lo encendió y cuando exhaló el humo, se dió cuenta de que sí había algo que quería decirle a Hinata, algo sobre esa carta que encontró en el mueble junto a su cama.

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Continuará.


¡Gracias por leer!

Quedó un poco largo el capítulo y el capítulo 10 va a tener una extensión similar, así que díganme si consideran mejor que parta el final en dos partes o si se animan a leerlo tal como quede :)

Considero importante señalar que este fic fue una especie de "descanso" de escribir Cautivos, así que ya me voy a centrar en ese KakaHina.

Quiero agradecer a todos el mundo que ha puesto la historia en sus favoritos o que activaron las alertas, me ha animado a no abandonar, porque siento que no me quedó la historia como la imaginaba, me ganó el realismo, se me fueron de las manos los personajes (sobre todo Shikamaru) o no sé qué pasó.

En términos generales estoy satisfecha con este fic pero creo que puedo hacerlo mejor, y mi próximo long-fic ShikaHina será mejor, es una promesa.

Los invito a dejar un review o un PM con sus opiniones del capítulo, muchísimas gracias por leer, su apoyo es la mejor manera de alentarme a continuar.

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Viernes 13 de octubre del 2017