Exención de responsabilidad: Ni One Piece ni sus personajes me pertenecen, son propiedad del buen hombre de Eiichiro Oda.
Nota de autor: Aún sigo decidiendo qué chicas serán las afortunadas de estar con Luffy, asique podéis seguir votando. Por otro lado, quería hacer dos anuncios antes de dejaros con el capítulo.
Primero, le doy las gracias al usuario Awareness Bringer pues, si bien es cierto que la mira mira no mi es invención del maestro Oda-sama, la forma en la que voy a usar dicha fruta fue gracias a este escritor inglés.
Y último pero no menos importante, a partir de ahora, en todos mis fics y en cada capítulo recomendaré una película y una canción que me guste para conectar más con mis lectores. Espero que os guste la idea :D
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Película recomendada: Hasta el último hombre (2016)
Canción recomendada: Dile al amor - Aventura.
Habían pasado dos meses desde el incidente en Cocoyasi, y Luffy había cumplido su palabra de llevarle el dinero a Bell-mère, sin embargo y para decepción de la familia, el pequeño dejaba el dinero de noche cuando dormían y les impedía a las tres chicas el poder agradecérselo.
Desde que vio a su navegante, Luffy comenzó a echar de menos a Nami, incluso sus regañinas y sus golpes, pero sabía que lo correcto era no meterse más en su vida. Como le habían dicho, no debía cambiar mucho la historia de sus nakamas, iba a costar pero tenía que dejar que las cosas siguieran el curso normal. Ya había hecho suficiente al impedir el asesinato de la madre de ambas niñas.
Además, debía concentrarse en otras dos cosas muy importantes este año y que serían bastante complicadas de realizar pero que sin duda merecerían la pena.
-Luffy- Llamaron Makino y Ace al ver cómo el pequeño se echaba una mochila bastante grande a la espalda. Ambos niños habían ido a comer al bar de Makino porque en la isla no había comida más rica que la de la peliverde. -¿Vas de viaje?- Preguntó Ace con un tono muy irónico.
-Pues… Yo… Quiero decir que… la verdad es que sí, por una semana o quizás dos, shishishi- Rio Luffy bastante nervioso pues no se había parado a pensar en cómo explicar su viaje de unas semanas.
-¿Cómo?- Makino se sobresaltó y enseguida se acercó a Luffy para quedar frente a él. -Debe ser una broma ¿no?, eres muy pequeño para ir a un viaje de tantos días- Inquirió la peliverde, casi sonando a reprimenda.
-Pero Makino… sé cuidarme yo solo, no tienes de qué preocuparte, ¿verdad Ace?- Cuestionó Luffy en busca de la ayuda de su hermano mayor.
-Es cierto que puede cuidarse el solo, aunque parezca un tanto despistado… Pero un viaje tan largo… No sé qué decir- Habló Ace con total honestidad.
-¿Ves Makino? Ace dice que puedo ir solo además de que en mi mochila llevo de todo- Dijo Luffy esperanzado de que la peliverde le diese permiso para marcharse.
-Oye que yo no he dicho…- Ace dejó de hablar en cuanto Luffy le tapó la boca con la mano.
-Sé que eres fuerte y que puedes cuidar de ti, pero…- Justo en ese momento Luffy sonrió ampliamente, se subió a un taburete cercano y besó en la mejilla a la mesera dejándola confusa y sonrojada pues era la primera vez que el pequeño le daba un beso.
-¡Gracias, prometo estar aquí en cuanto pueda!- Exclamó Luffy mientras salía del bar despidiéndose con los brazos en alto.
Dentro del bar, Makino se había puesto a limpiar una mesa para ocultar su sonrojo. Mientras, la mandíbula de Ace seguía pegada al suelo pues nunca pensó ver a su hermano dando un beso a una chica.
Y así comenzó el viaje de Luffy a la isla Gyojin. El moreno recordaba vagamente el día de la muerte de la reina Otohime, debía evitar a toda costa el asesinato de una persona tan buena y compasiva como lo era la reina de la isla Gyojin. Por eso debía viajar con unos cuantos días de antelación para no llegar tarde y gracias a su segunda fruta del diablo podría conseguirlo sin ningún problema.
Así fue viajando de isla en isla hasta llegar al Archipiélago Sabaody. Un viaje bastante divertido, dado la personalidad del pelinegro que fue haciendo amigos en cada isla, la gente era muy amable y Luffy les ayudaba con cualquier contratiempo que tuvieran. Y sin darse cuenta, al tercer día de su partida de la isla Dawn, el moreno ya se encontraba en Sabaody buscando un espejo que le pudiese llevar a la isla Gyojin.
-¿Me podéis decir algún espejo que se encuentre en el Reino Ryugu?- Preguntó Luffy al frente a un espejo del probador de una tienda de ropa.
-Lo sentimos pero ninguno de nosotros podemos llevarte al Reino Ryugu- Contestaron varios espejos a la vez.
-¡¿Eh?!- Luffy se alarmó ante la nueva noticia. -¿Por qué?-
-Ese reino está bajo el agua, y no podemos llevarte a través del agua- Informaron.
-Mmm… creo que tiene sentido, bueno, gracias de todos modos- Y seguidamente Luffy salió del mundo espejo.
Tras dar un largo paseo por el parque de atracciones, al moreno se le ocurrió la idea de colarse en algún barco que se dirigiese a la isla Gyojin, era la única opción viable. Buscó por varios puertos pero no encontró ningún barco con el recubrimiento necesario para ir al fondo del mar. Cuando parecía que las cosas se complicaban, Luffy consiguió obtener información de que al día siguiente un barco pirata zarparía hacia la isla Gyojin. Eso le retrasaría, pero solo le quedaba esperar que nada malo ocurriese hasta que él llegara.
Al día siguiente…
Luffy ya se encontraba escondido en el barco pirata, aunque hubiese preferido otro medio de transporte pues en el que se encontraba apestaba y estaba completamente sucio. Y sus tripulantes eran iguales al barco, sin duda, esos piratas eran de los que Luffy más detesta, aquellos que solo buscan hacer lo que quieren sin importarles a quien hagan daño.
Aun con todo esto, Luffy calló profundamente dormido pues la noche anterior no había podido conciliar el sueño debido a la preocupación que tenía.
-¡Sabandijas, bajar las redes y las esposas, con algo de suerte podremos hacernos con una de esas hermosas sirenas para sacarnos un buen dinero!- Ese grito despertó al pequeño Luffy que enseguida puso una mueca de asco al oír semejante orden. Le llevó un minuto darse cuenta de que su escondite era donde guardaban las redes, las esposas y demás armas, pero ya era tarde pues uno de los piratas abrió la puerta de la habitación.
-¡Capitán!- Llamó uno de los piratas. -¡Aquí hay un niño!- Gritó cuando vio a Luffy dentro del cuarto.
En un abrir y cerrar de ojos, el pirata salió volando del cuarto debido a un fuerte golpe cortesía del pequeño.
-¡¿Qué demonios?!- Gritaron algunos piratas al ver que un niño había dejado inconsciente a un hombre mayor de un solo golpe.
-¡Tiene una akuma no mi!- Acusó uno de los piratas pues fue la única explicación que encontró a la fuerza sobrehumana del niño. En cuanto Luffy salió de la habitación de repente se vio rodeado por docenas de piratas los cuales habían desenvainado sus espadas y apuntaban al moreno.
-No lo matéis- Ordenó el capitán con una sonrisa macabra. -Nos darán mucho dinero por un niño con una akuma no mi… ¡Capturadle!- Añadió y todos los hombres se abalanzaron contra el pequeño.
Luffy imbuyó sus brazos en Busoshoku Haki y comenzó a pelear contra todos los piratas. Uno tras otro, los piratas iban cayendo golpeados o desarmados con una facilidad tremenda por parte del pelinegro. Ya solo quedaban el capitán y unos ocho hombres más de pie.
Una columna de humo negro que salía de un incendio a lo lejos llamó la atención de Luffy y enseguida reconoció que de aquel lugar provenía la presencia de Shirahoshi.
-Mierda, ¡no tengo tiempo para perder con vosotros!- Gritó Luffy con rabia y desesperación para luego dar una patada a cinco piratas a la vez y abrirse camino para marcharse. -¡AHHHH!- Luffy gritó de dolor al sentir como una especie de flecha o arpón atravesaba su muslo derecho desde atrás.
-Jajajaja, ¡ya eres nuestro, maldito mocoso! ¡No podrás escapar!- Gritó el capitán, el cual sostenía el arma que había atravesado a Luffy.
"¡¿Kairoseki?!" Se preguntó el pelinegro completamente incrédulo mientras perdía las fuerzas y sentía como tiraban de la flecha o arpón. Luffy ahogó un grito, no es posible que por unos estúpidos piratas, la reina Otohime fuera a morir, de ninguna manera podía dejar que eso ocurriera. Aún si se quedaba sin pierna, ni loco iba permitir tal cosa.
-¡NOOO!- Gritó Luffy y una tremenda ola de Haoshoku Haki emanó de él, el poder que desprendía fue tan fuerte que la madera del barco comenzó a resquebrajarse y el mástil del barco se partió por la mitad. Todos los piratas cayeron de cara al suelo mientras de sus bocas salía espuma. Los ojos de Luffy se habían vuelto en unos completamente furiosos y su cuerpo se levantó con el arpón aun en su muslo. La herida sangraba mucho, pero eso era lo de menos. Luffy salió disparado hacia el incendio a una velocidad que hizo que la cuerda que sujetaba el arpón se rompiera.
-¡No puede, es muy peligroso!- Un soldado de la guardia real intentaba alejar a la reina del incendio.
-¡Esas firmas son muy importantes, debo salvarlas!- Replico la reina Otohime quitándose al soldado de encima.
-¡Majestad!- Gritó otro soldado preocupado al ver que la mujer se estaba quemando al sacar los papeles de los contenedores en llamas.
-¡No podemos permitir que se quemen! ¡Representan el sueño de todos!- Lágrimas de impotencia comenzaron a formarse en los ojos celestes de la reina. -¡Representan el futuro de la isla Gyojin!- Exclamó.
-…-
-¡Sí! ¡Salven las firmas!- Ordenó el que parecía ser el capitán de la guardia a los soldados. Luego, se giró hacia la reina. -¡Póngase a salvo, por favor! ¡Nosotros nos haremos cargo!- Prometió.
La reina Otohime estaba dispuesta a ponerse de pie e irse cuando el disparo de un mosquete se hizo eco por toda la plaza dejándola completamente en silencio por unos segundos. La gente se temía lo peor pues el incendio parecía ser una especie de sabotaje a los planes de la reina, por lo que el disparo también iría dirigido a ella.
-…-
Luffy no cabía en sí de gozo, había llegado a tiempo… lo había conseguido, la reina Otohime no sufriría ningún daño ese día.
Por otra parte, la reina veía cómo un niño humano con un sombrero de paja se encontraba de pie frente a ella sujetándola de los hombros. El aspecto del niño era lamentable, aunque vestía la mayor sonrisa que la reina había visto jamás, el chico parecía que acababa de pasar por el mayor esfuerzo que un hombre pudiera hacer. Las venas del cuello, frente, brazos y manos del moreno estaban hinchadas y muy marcadas, era casi imposible que se pudiese mantener de pie con un arpón atravesándole el muslo. Todos en la plaza se preguntaban qué era lo que estaba sucediendo tras las, cada vez más grandes, llamas que cubrían el montículo donde se encontraba la reina.
-Shishishi, me alegro de que te encuentres bien…- Habló Luffy con una pequeña sonrisa.
"¿Qué está ocurriendo?" Se preguntó la reina muy, pero que muy confundida. Sin embargo, la mujer dejó de lado sus pensamientos y se alertó de verdad cuando vio que el chico perdía su sonrisa y que esta lentamente se transformaba en una expresión de serio dolor y se le escapaban un par de lágrimas. Entonces lo vio… la mancha roja haciéndose más y más grande en la parte frontal de la camiseta blanca del niño, y lo supo, supo que la bala que iba dirigida hacia ella y que habría puesto fin a su vida, la había tomado el niño que tenía delante.
-Estás bien…- Susurró Luffy con la respiración errática antes de desplomarse al borde de la inconsciencia en los brazos de la reina.
-Un médico, por favor- Dijo la mujer de cabellos dorados en un hilo de voz que solo pudieron oír los soldados que estaban a su lado. Mientras, lágrimas empezaban a empañar la vista de la reina y ya casi no podía ver con claridad la cara del niño en sus brazos. ¿Cómo alguien tan pequeño podía ser tan valiente? Se preguntaba una y otra vez.
La mujer miró a su alrededor y vio que nadie se movía aun por la impresión causada por el disparo.
-¡NECESITO UN MÉDICO, AHORA! ¡SE ESTÁ MURIENDO!- Fue lo último que Luffy escuchó antes de sumirse en un profundo sueño.
-¡Le han disparado a Otohime-sama!- Gritó uno de los soldados alertando a todo el mundo y provocando un enorme caos en la plaza.
-¡El tirador debe estar cerca, protejan a la familia real!- Ordenó Jinbe intentando no perder los nervios.
-¡MADRE!- Gritaron los príncipes a la vez para luego ir corriendo a donde se encontraba su madre, y aunque los soldados intentaron evitarlo, no pudieron impedir que llegaran hasta su madre.
Ante todo esto, la princesa Shirahoshi se había quedado petrificada temiéndose lo peor, y un Gyojin bastante feo y con muchas patas aprovechó para tocar el brazo de la chica y largarse antes de que nadie le pudiera atrapar.
-¡Madre! ¡Madre!- Fukaboshi fue el primero en acercarse junto a los ministros solo para llevarse la sorpresa de sus vidas, la reina sujetaba en sus brazos a un niño humano, un niño ensangrentado y claramente muy herido. -E-estás bien- Dijo el príncipe dándose cuenta que el niño se había llevado el disparo. -¿Pero qué ha pasado?-
-No lo sé y no me importa, lo único importante ahora es buscar al mejor médico de aquí y salvar al chico- Y dicho esto, Otohime se levantó con Luffy en brazos dispuesta a salvar al joven al cual le debía la vida.
-¡Pero quiero quedarme junto a él!-
-Pero Shirahoshi-sama, debe descansar y comer algo, son órdenes de su madre-
-¡No pienso moverme de aquí hasta que despierte, dijisteis que se pondría bien pero ya han pasado dos días!- Luffy escuchó a dos personas discutir, pero la voz que más le llamó la atención fue esa aguda y dulce voz que tanto le recordaba a la cobardica y llorona princesa sirena.
La princesa se encontraba en una silla junto a la cama donde se encontraba Luffy. Estaban en una habitación muy blanca, con mucha luz y muy tranquilo. El moreno comenzó a abrir los ojos lentamente y se incorporó aun un poco aturdido y desorientado.
-¿D-dónde estoy?- Preguntó Luffy sintiendo un poco de dolor en el estómago y en el muslo derecho. Se fijó y vio que tenía un vendaje que le cubría gran parte del torso y otro más en el muslo donde ese capitán pirata le lanzó ese arpón.
-¡Estás despierto!- Exclamó Shirahoshi con unas pocas lágrimas mientras se abalanzaba hacia Luffy para abrazarlo.
-Debo informar de que el chico ha despertado- Dijo el médico que inmediatamente salió corriendo a informar a la familia real.
-Iteee- Se quejó el pelinegro seguido de una risa pues la princesa estaba encima de él y no es que fuese muy pequeña.
-Perdón- Se rio Shirahoshi sin bajarse del regazo de Luffy.
En ese momento, la familia real, Jinbe y Aladín entraron a la sala.
-Hija, es posible que le estés haciendo un poco de daño, él está muy herido- Habló Otohime una vez se había acercado a la cama. Shirahoshi se bajó de la cama con un puchero que hizo que todos en la sala rieran levemente.
-¿Cómo te encuentras, jovencito-jamon?- Preguntó el rey Neptune de manera sosegada, aunque también quería abrazar al joven que había dado, prácticamente, la vida por la de su mujer sin ninguna razón. -Pero primero, ¿cómo te llamas?-
-Mi nombre es Monkey D Luffy- El moreno sonrió ampliamente al presentarse. -Creo que estoy bien, pero ¿dónde estoy y qué ha ocurrido?- Cuestionó Luffy pues desde que estuvo de pie frente a la reina no recordaba nada.
-¿No recuerdas cómo llegaste aquí?-
-No, lo último que recuerdo fue que usted me sostenía- Respondió el pelinegro con sinceridad.
-Entonces sí que recuerdas que le salvaste la vida a la reina ¿no?- Preguntó Jinbe.
-Bueno, sí, pero yo no diría que la salvé- Habló Luffy mientras se rascaba la nuca. Todos se sorprendieron ante semejante respuesta, o la humildad de ese chico era inmensa o no sabía la magnitud de lo que había hecho dos días atrás.
-¿Pero… por qué hubieses dado tu vida por la mía?- Preguntó la reina dudosamente, mientras todos esperaban expectantes la respuesta del niño.
-¿Y por qué no?- Nuevamente, todos se quedaron sin palabras. -Usted es una persona que sólo quiere el bien para todos… en el mundo en el que vivimos, alguien como usted es un tesoro que hay que proteger a toda costa- Las palabras de Luffy provocaron que la reina llorara mientras abrazaba al chico. Los demás no podían concebir cómo un niño fuese capaz de hablar de esa manera.
-¡Eh!- Gritó Luffy asustando a todos. -¿Y mi sombrero?- Preguntó Luffy realmente preocupado. Todos suspiraron ante la inocencia del chico que, al parecer, no sabía la magnitud de sus actos.
Tuvieron que pasar otros 2 días hasta que las heridas de Luffy sanaron, aunque le dejaron unas cicatrices que el pelinegro se tomó como un recordatorio de que aún no era lo suficientemente fuerte. La familia real y Jinbe quedaron atónitos con la capacidad de recuperación del niño pues al segundo día, Luffy ya caminaba como si nada hubiese pasado. Es más, jugaba a todas horas con los príncipes y sobre todo con la princesa, Shirahoshi y Luffy se habían vuelto muy amigos, tanto que los príncipes hacían bromas diciendo que eran novios y que se iban a besar bajo un árbol.
Estas bromas provocaron que la princesa se avergonzara mucho mientras que Luffy solo se quedaba mirándoles en blanco sin saber a lo que se referían. Casi todo era felicidad, salvo que no pudieron salvar las firmas y lo de que el tirador fuese un humano provocaron que los planes de la reina Otohime se retrasaran por varios años.
-¿Estás seguro que tienes que irte? Sabes que puedes quedarte en el palacio cuanto quieras, prácticamente ya eres uno más de la familia-jamon- Dijo Neptune haciendo que la princesa se sonrojara de nuevo, aunque estaba aguantándose las ganas de llorar por la partida de su amigo.
-Sí, en mi casa deben estar muy preocupados. Había venido aquí en un barco pirata, pero logré escapar- Luffy había logrado encontrar la manera de explicar las cosas sin tener que mentir, ya que sus mentiras seguían siendo tan patéticas como siempre.
Esas palabras provocaron que Jinbe se sobresaltara al darse cuenta de que los piratas que encontraron hace dos días fueron derrotados por Luffy, pero eso era lo de menos, ese increíble Haki que el gyojin sintió aquel día era el del chico. Sin duda alguna, ese niño se convertiría en alguien muy poderoso en el futuro, lo único que pidió Jinbe fue que no cambiara de personalidad y que siguiera con ese enorme corazón.
La reina y los príncipes abrazaron a Luffy en forma de despedida, sin embargo, había una persona muy triste que ni siquiera miraba al pelinegro.
-Prometo que volveré en cuanto pueda, además, cuando dentro de unos años tenga mi propia tripulación, vendré a visitaros- Dijo Luffy dirigiéndose en especial a la pelirrosa. -Asique no hay porque estar triste, ¿verdad?- Shirahoshi no pudo evitar alegrarse y abrazar de igual manera a Luffy.
Tras una despedida agridulce, Luffy debía ir al Nuevo Mundo y encargarse de un último asunto, el cual era uno en el que tendría que pasar desapercibido a toda costa.
Espero que os haya gustado, favs, follows y sobre todo reviews son de agradecer. Nos vemos en el próximo capítulo.
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