I: Arruinando las cosas, se aprende.
Se aprende más de los fallos que de los logros. Aprendiendo cómo NO se hacen las cosas, se aprende por ende cómo SÍ se hacen.
Gilbert lo recordaba muy bien, mientras tomaba un taxi hasta su casa, mientras se duchaba y vestía.
Subiéndose a su auto, encendiendo el motor, y oyendo el incesante piar de su ave, llenaba su mente de la noche anterior.
Comida chatarra y alcohol, música moderadamente fuerte, su círculo social reducido a un círculo de confesiones, y un amargado italiano echado en un sofá con un horripilante dolor de cabeza.
Al albino poco le importaba hacer tanto ruido como para ganarse una buena patada de un vecino (que no era su vecino), y por lo visto tampoco a sus amigos.
La medianoche tocó a la puerta en forma de quejas gritadas, un joven hablando en nombre de todo el vecindario y que terminó uniéndose a la celebración sin motivo específico. La casa de Antonio se atestaba cada vez más de gente y barullo.
Rápidamente, de confesiones pasó a volverse un círculo de alcohol y desafíos. En donde había que hacer un Fondo Blanco, sin dejar ni una gota o pasarías a ganar un reto.
Lovino utilizaba los cojines para amortiguar el sonido de la música, sus gritos y risas. Pero eso no quitaba que su cabeza quisiera estallar.
No deseaba estar allí. Había sido arrastrado contra su voluntad como el chaperón de su hermana Felicia, y maldecía internamente (así como a viva voz) que ella sí estuviera divirtiéndose. Porque entonces no podía irse. Al menos agradecía que ella sólo estuviera del lado de la pizza.
En un punto, mientras era el turno de Gilbert para tomar o ser retado, el castaño lanzó los cojines directo a la cara del albino para que cerrara la boca. Y también a Antonio, por haber dejado que todo eso pasara en su casa.
El trago del mayor cayó a medio tomar, y lo contaron como un desafío.
Entonces fue cuando se levantó y se acercó al italiano.
Una sonrisa pícara y coqueta adornaba su rostro. Por otra parte, la mirada de Lovino era de total desprecio además de molestia, quería estar solo.
Ni las patadas fueron suficientes para sacarlo del sofá. Y la resignación se cernió sobre los hombros del Vargas.
-¿Qué demonios quieres?- Había preguntado cortante, casi golpeándolo con las palabras
Su momento de recordar la fiesta había terminado, los toques en su ventana lo bajaron de su nube de pensamientos.
Le hizo señas al chico para que se subiera en el asiento del copiloto.
El castaño aún no le sostenía la mirada, y eso al teutón le causaba gracia. Actuaba tan avergonzado desde la fiesta que le resultaba adorable, pero no se lo diría.
No. Él definitivamente no quería ganarse un golpe o una sarta de buenos insultos.
-Oww- Hizo un puchero, observando divertido la expresión confusa de su acompañante- Te ves tan avergonzado que es adorable
Lovino permaneció inexpresivo por unos instantes. Su vista fija en la persona a su lado, como preguntándose silenciosamente por qué estaba saliendo con él en ese momento, o por qué siquiera se relacionaba con gente así.
-Conduce- Giró el rostro hacia el frente. Desde esa única palabra, no volvió a mirarle ni dirigirse a él de ninguna manera
Por unos segundos el blancuzco temió haber arruinado todo tan rápido.
Y es que, sinceramente, él no era una persona fácil de tratar. Quizás si Gilbert fuera menos directo, fanfarrón, burlista o egocéntrico... pero era más probable que el trigueño se tiñera de rubio.
El italiano no le volvió a hablar en todo el recorrido hasta el café, y el ojirubí ya comenzaba a sentirse ansioso.
Tan impropio de él como pareciera, apenas se sentaron abrió la boca- Hey, lo de antes
Alzando el menú sobre la mitad de su rostro, el Vargas le lanzó una mirada esperando que continuara hablando.
El albino tragó en seco ante el gesto.
-¿Estás molesto?- Sí, tan improbable como pareciera... los nervios habían subido por su espalda y hasta su garganta
-No realmente- Pronunció mientras dejaba la carta de lado. Cruzó los brazos sobre la mesa y se inclinó hacia adelante- Pero no vuelvas a decir eso...
Asintió, regresando su mirada con rapidez a lo que ofrecía el lugar y esbozando una relajada sonrisa.
Lovino por su parte fingió ojear el menú mientras furtivamente le lanzaba miradas discretas al albino por encima de la carta. Este estaba más concentrado en decidir qué pedir que en él por el momento.
Se preguntaba cómo podía pasar tan fácilmente de ser un dolor en el culo a ser incluso llevadero.
Son las cosas del alcohol...
Aunque a decir verdad Gilbert no era tan insoportable, ebrio o sobrio, pero no era el tipo de persona con la que el italiano se llevaba de buenas a primeras.
Entonces, ¿Por qué estaban teniendo una cita?
La sangre subió a sus mejillas y frunció el ceño.
Se había quejado toda la noche anterior de sentirse agobiado y hastiado de ese ambiente, quería largarse.
Sin embargo, cuando el Beilschmidt le preguntó si quería salir con él, el chico no lo pensó dos veces.
No había contestado de inmediato, y tan amargado como parecía se hizo de rogar un buen rato. Pero cierto era que desde que el albino preguntó eso, el mundo se le abrió en dos para tragarlo y no dejarlo salir más.
Se había ido al centro de la Tierra en fantasías, porque las nubes eran muy cercanas y además fácilmente se llegaba a ellas con brincar.
Cierto era que le gustaba hace un buen tiempo, pero se había hecho a la idea de tenerlo como un simple crush. Nunca se esforzó realmente para llamar su atención, o ese tipo de cosas que las personas se supone que hacen.
Gilbert, además, no demostraba especial interés en él.
La repentina declaración y petición en la fiesta lo dejó descolocado.
Aceptó aunque esperando que fuera una broma.
La fiesta llegó a su fin y el italiano tuvo que cargar con su hermana menor y con un ebrio albino.
¿Por qué no se quedaba con alguno de los chicos? Estaban más ebrios aún.
Para bien o para mal, a medio camino, el castaño se percató de un detalle ínfimo: no conocía la ubicación de la casa Beilschmidt.
Felicia había caído rendida y no podía preguntarle, lo mismo con el chico.
Hubiese podido despertar a alguno, pero (¿Por qué no?) terminó llevando a su ahora novio a su casa a pasar la noche.
Lovino odiaba dormir en cualquier lugar que no fuera su cama, o mínimo un colchón. Podía hacerlo, pero no le gustaba.
Y aún así cedió su cómodo lecho al bello durmiente para posteriormente tumbarse en el sofá de la sala de estar.
-Te portas como imbécil- Masculló contra un cojín
A decir verdad, se sentía como una colegiala enamorada. Podía oír pájaros cantando y volando sobre su cabeza con corazones y querubines.
En un intento de desespero, se sacudió a dichos amigos invisibles de encima, y volvió a hundir la cara en el cojín.
-Serás idiota, Lovino Vargas...
Y sí, se sintió más idiota que nunca en su vida al percatarse de que aquello último lo dijo en voz alta.
Deseaba llegar el centro de la Tierra de nuevo, esta vez por vergüenza.
-¿Dijiste algo?- Bajando la carta y haciéndole señas a un mesero, Gilbert se dirigió a Lovino con cierta extrañeza
-Sólo pensaba en voz alta- Evadió todo con rapidez, rehuyendo a su mirada rotundamente
El albino sin disimulo alguno de inclinaba y agachaba para mirarle a los ojos, sonriendo de forma divertida- ¿Creí oír cosas lindas hacia mí?
El castaño soltó un respingón y rodó los ojos, negando con la cabeza para pronunciar con calma y baja voz un hiriente En tus sueños.
El mesero recibió la orden y ellos un batido de cortesía para la espera.
Arrugando visiblemente el entrecejo, calló por algunos instantes; el italiano pensando para sí acerca de la bebida acabada de traer.
-¿Tiene algo malo?- Inclinándose sobre la mesa con cuidado logró divisar el vaso perfectamente- Yo lo veo bastante bien
Lovino alzó la vista del recipiente ante sus palabras, extrañado con lo que él acababa de decir. Como si no entendiera por qué lo decía.
-¿Por qué lo preguntas?- Revolvió el líquido con la pajilla únicamente para hacer algo y no parecer tan desorientado de la nada
Gilbert encogió los hombros de forma exagerada, ganándose así una mirada enojada del ojiolivo- No sé, estabas haciendo cara de chupar un limón agrio
Las cejas del chico se fruncieron aún más, y sus mejillas tomaron un sutil rubor. Con molestia admitía, para sus adentros, que solía hacer esa expresión al pensar en algo... mas no pensaba admitirlo, no, no.
-Alucinas- Moviendo su mano frente a su rostro restó importancia al asunto
-No lo hago- Tomó su cara entre sus manos con descaro, de la nada, y sin ningún respeto por el llamado Espacio Personal- Estoy seguro de que siempre frunces el ceño pero esta vez fue peculiar
Había comenzado a jugar con su rostro, principalmente la parte de su frente y cejas.
Dándole un leve empujón, no tan fuerte como para tirarlo de espaldas, se zafó de su agarre bastante irritado.
-¡Deja mi cara!- Le gruñó, tocándose la cara en un intento por volver a sentirla propia- Qué asco, te sudan las manos- Dicho eso, su expresión fue como si de verdad se hubiera chupado un limón agrio
Cuando extendió su mano para coger una servilleta, el Beilschmidt se inclinó tentativamente hacia él. La invasión del espacio personal aumentaba y Lovino estaba considerando empujarlo con más fuerza que antes.
-Sí, sí lo hiciste- Tocó el lugar donde sus cejas se unían con la punta de su índice
-Si tan seguro estás, ¡toma una jodida foto!- Dándole un manotazo para que se alejara de su rostro, lo apartó. Tomó la servilleta y posteriormente hizo de cuenta que aquello no se había dicho
Una escandalosa risa escapó de los labios de Gilbert, y toda la clientela junto con los trabajadores parecieron voltear a verles.
La cara del italiano no podía estar más roja.
-Verás que lo conseguiré
La sonrisa confiada y altanera del albino causó que el sonrojo del contrario permaneciera, haciendo a este pegar la frente de la mensa en forma de huida.
No contuvo la risa ante la escena, y es que a decir verdad las expresiones y reacciones de Lovino eran dignas de verse una y otra vez.
-¿A qué puta hora va a llegar la comida?- Farfulló aún ocultando la cara
Su batido estaba intacto mientras que la persona del asiento de en frente daba un largo sorbo al vaso.
Al trigueño se le hacía grotesca la forma en la que bebía tan apresuradamente- ¿Acaso no respiras?
-¿Tú acaso no sientes sed?
Touché.
Gilbert se rió al pensar en la expresión del chico, aunque cuando este alzó el rostro se topó con una expresión más bien serena.
Le dio un par de sorbos a la bebida y prosiguió a volver a ser uno con la mesa.
En respuesta, el mismo albino lo tomó con más calma.
Un silencio incómodo los absorbió. Pero sólo pareció así para Gilbert, porque Lovino estaba bastante bien con eso de no oír más ruido del acostumbrado.
El objetivo del chico en ese momento era hacerlo levantar la cara de la mesa, era eso lo que había estado molestándolo los últimos minutos. Mas el Vargas estaba muy cómodo con su actitud de avestruz.
¿Qué clase de persona se pasa una cita ocultándose de esa forma? Claramente, Lovino Vargas con Gilbert Beilschmidt
Y en cierto modo era emocionante (¡tu crush te invitó a una cita!), pero no dejaba de ser incómodo de una manera u otra (tu crush no respeta el espacio personal y además le sudan las manos...) y, sobretodo, no deja de ser una cita con ÉL.
Para Gilbert, sencillamente no era fácil adaptarse a la forma de ser tan cerrada de Lovino.
Para Lovino, era difícil ignorar que no tenía el grado de confianza que desearía para con él.
Comenzaban a cuestionarse internamente si había sido buena idea aceptar. Aceptar el castaño salir con él, y aceptar el albino...
-Hey
El italiano alzó la cabeza con cuidado, mirando desde aquella posición al blancuzco.
Cuando le clavó la mirada, sintió como si un policía lo estuviera a punto de interrogar. Las palabras volaron de su boca como su emplumado amigo hacia la cabellera obscura.
Gilbird había permanecido en silencio y quieto durante todo el rato, aunque se acomodó perfectamente en la cabeza de su cita.
Soltó una suave risa, no escandalosa como de costumbre, e inclinando un poco el rostro extendió su mano cuidadosamente para acariciar al ave y asimismo algunos cabellos de Lovino.
-Parece que le gustas
Sí, y él estuvo a punto de decir que esperaba que lo hiciera de la misma forma. Pero el Vargas no diría algo tan vergonzoso así de fácilmente. O eso quería creer.
El silencio volvió a abrazarlos pero esta vez no fue incómodo sino más bien vergonzoso y sofocante, más para el ojiolivo que para el teutón.
Y daba gracias al cielo que ahí se acercara el mesero con los pedidos. Aunque lo notó, Gilbert en ningún momento le preguntó por lo que quería comer y él tampoco dijo nada, sólo esperaba que no fuera algo que pudiera odiar.
Embutidos.
De todos lo que ofrecía la carta, desde pizza hasta sopas y carne, el albino tenía que haber escogido el único platillo con embutidos.
Lovino tenía bastante claro que había sido su propia culpa, debió haber abierto la boca cuando estaba ordenando o prestar más atención a la carta. Pero de verdad no podía comprender como de docenas de comidas había elegido justo esa.
Una mueca de profundo asco adornaba su rostro, y no podía evitar sentir cierto grado de vergüenza por reaccionar como un niño pequeño. Pero él verdaderamente detestaba los embutidos.
Y ahí estaba él, con su plato entero para llevar y caminando hacia el auto con el mayor, quien no paraba de disculparse bastante apenado.
Se sentía un idiota, y no uno asombroso como generalmente. Sino un verdadero tonto.
Había que tener la cabeza a saber en dónde para invitar a alguien a comer y no preguntar ni una sola vez por lo que esa persona quería o no comer. Y al parecer su bola de plumas también lo creía, porque no había parado de piarle y picotearlo.
-¿Realmente estás bien con sólo el batido...?- Torció la boca en una incómoda mueca al subirse al auto- Pudimos haber ordenado algo diferente, y tampoco tienes que llevar...
Lovino le lanzó una mirada que claramente decía que lo dejara, aunque no de manera cortante- Está bien, a Feli le gustan. Y a Mar
Pero no a Lovino Vargas.
Un suspiro de resignación salió de sus labios. Estaba bastante agobiado, esa podría ser catalogada como la peor cita que tuvo de momento.
Y Lovino igual, aunque más por falta de con qué o quién comparar.
-¿Te llevo a tu casa?- Encendió el auto, y antes de notarlo tenía a un pasajero a medio dormir- Hey, primero dime
El castaño lo mandó a la mierda entre masculladas palabras. Y el ojirubí le puchereó, ofendido.
-Mi casa, ahora deja que duerma que un sofá no es una cama- Gruñó más dormido que despierto
En ese momento Gilbert sintió un desesperado impulso por despertarlo y preguntarle acerca de cuando llegaron a su casa la noche anterior. No lo había hecho en todo el día.
Pero la cara del castaño se veía apacible cuando dormitaba, no tenía ganas de arruinar esa vista ni tampoco de arruinar su despigmantada piel con el moratón de un buen golpe suyo. Así que lo dejó dormir.
Ya habrá otras oportunidades.
O eso esperaba y creía creer, tanto para la salida como para la pregunta.
Son las cosas del alcohol...: Referente a una canción, del artista Leonardo Favio, llamada "Ding-Dong. Son las cosas del amor".
Keiyah R. Chan
Linda forma de despertar 3 en la cama de tu amorsh x'D kdkdlld... Ahora... falta ver cómo es que Gil lo arruina todo :) estoy bien :) no pasa nada.
Pd: amé a Lovi soltando sus insultos, todo avergonzado xDD es un amor!
Sí, linda forma(?) No te preocupes, lo hará pronto, sé que ANSÍAS verlo.
PD: Para ti es un amor, para él un infierno(?) Okya uwu
Askdsf
Tardé más en este cap de lo que esperaba, pero quedé conforme. Es bastante incómoda la situación, pobre ar de idiotas(?)
Ojalá haya sido de su agrado igual uwu Thanks!
Y agradezco si llegas hasta aquí, ¡holi!(?)
De antemano gracias también a los que dejan rws, favs, follows, etc. Son un amor y merecen tomates.
¡Hasta la próxima actualización!
An
