Bueno, primero que nada, siento haber tardado tanto en escribir. He estado ocupado... me han operado... cosas así, como para tenerlo a uno ocupado.

Jeimy, era lo que pretendía, así que muchas gracias.

Me alegro de que te guste


Emma Swan

Me miré al espejo una vez más mientras me recordaba que yo era Regina Mills en aquel instante, una mujer fuerte, capaz de superar a cualquiera que tratase de pasarle por encima, y no Emma Swan, la mujer sobre la que todo el mundo había pasado. Ese pensamiento me daba fuerzas mientras me adentraba en aquella sala de reuniones.

Todas las cabezas se giraron al verme. Intenté mantener la serenidad mientras me colocaba en la mesa a la cabeza de todo aquello. A mi izquierda estaba Mary Margaret, con una expresión de lameculos que, confieso, me resultaba divertida.

_ Bien, Emma. A tu derecha están los directivos de la empresa, y a la izquierda, junto a Mary Margaret, los suyos. Quiero que repitas todo lo que yo digo. Si has entendido da dos toques al auricular.

Sintió que la trataba de tonta, pero lo cierto es que no había razón para que no lo hiciera, visto lo que había visto. Así que dio dos toques al auricular y comenzó a escuchar.

_ Buenos días a todos. Estamos aquí reunidos ambos con un claro propósito. La colaboración entre nuestras empresas está siendo muy productiva para ambos._ Comencé._ Todos sabemos que industrias Blanchard es pionera en el apartado del atrezo y que sus contratas han llevado nuestras prendas a Hollywood.

Mary Margaret se frotó las manos. Así es, siempre fardaba de que había vestido a actrices famosas… vaya, resultaba que lo había hecho con las creaciones de Regina. Pero era propio de ella el involucrarse muy poco en algo y fardar de tener todo el mérito.

_ Pero como todos sabéis, tenemos que hacer unos flecos más ajustados en este contrato._ Era difícil seguirle el ritmo a Regina._ Nuestra participación ha crecido mucho y debemos ajustar nuestro porcentaje en consecuencia.

De eso se trataba. Regina quería cobrar la parte que le correspondía por su trabajo. No era tan difícil de entender, y no necesitaba todo aquel material adicional.

_ Bien, hemos pensado que trabajar con un cincuenta por ciento sería lo apropiado._ Comentó Mary Margaret.

Conocía esa expresión suya. Me estaba dando las sobras. Ella sólo promocionaba, y mientras tanto Regina hacía todo su esfuerzo por confeccionar y diseñar esos atuendos. No, no era un trato justo.

_ Acepta el trato. _Me decía ella por el auricular._ Vamos, ni te lo pienses.

_ En realidad…_ Se produjo una pausa. _ Estaba pensando más bien en un setenta por ciento.

_ Pero… Regina… en los preacuerdos…_ Comenzó, Mary Margaret.

_ ¿Qué haces, loca? _ Me espetó Regina por el auricular.

_ ¿Acaso tienes una oferta mejor ahí fuera, Mary Margaret? _ Le insistí, cruzándome de brazos.

_ Vale… Regina, eres dura negociando. _ Dijo, de mala gana. _ Un setenta por ciento, entonces. Firmaremos el contrato la semana que viene.

No pude evitar una sonrisa cuando vi a Mary Margaret mascullando por la que debía ser su segunda derrota del día. Y había sobrevivido al día, lo cual era toda una victoria. Incluso me paré a comprarme ropa por el camino para celebrarlo.

Regina Mills

Había colgado repentinamente el teléfono, enfadada con aquella mujer que había actuado por su cuenta, había vuelto a mi piso y había engullido una pizza que no sabía que había en la nevera antes de entrar. Cuando Emma entró por la puerta, no mejoró mi humor.

_ Pero ¿Qué diablos llevas puesto? _ Le espeté._ O mejor dicho ¿Qué diablos haz hecho que lleve puesto?

_ Hey, pensé que podría llevar algo cómodo para el fin de semana._ Me dijo.

Pero es que se había puesto una camiseta de un grupo que ni conocía, unos pantalones vaqueros ajustados y unos zapatos de calle. Era como verse reflejada en un espejo lleno de mal gusto.

_ Eso no es cómodo, eso es hortera._ Le espeté, enfadada.

_ Bueno, puede ser las dos cosas._ Se defendió Emma._ ¿Por qué estás tan gruñona?

_ Porque has actuado sin mi permiso, por eso, Emma._ Le dije, casi fuera de mí._ Podrías haber hecho que perdiese ese trato, y tu madre es la contrata más importante que tengo.

_ Pues te he conseguido un trato aún mejor._ Emma entrecerró mis cejas._ Deberías estar contenta de que consiguiera que esa agarrada abriese la mano. ¿Qué más da? Al final sales ganando.

_ Yo no actúo así, Emma._ Le dije, o más bien, le grité._ Yo no pongo toda mi empresa en riesgo por una corazonada.

_ ¡Quizá si te arriesgaras un poco no estarías tan amargada!_ Me espetó ella.

Se hizo un silencio incómodo en el que yo le aparté la mirada y me senté en el sofá. Pude ver como Emma se acercaba y se sentaba conmigo.

_ Lo cierto… yo no quería decir eso._ Me puso la mano en el hombro, pero no le respondí._ Es sólo que no lo entiendo, Regina.

_ ¿Qué no entiendes?_ Le pregunté.

_ Bueno… que estés tan sola. Eres una mujer inteligente, rica… y eres guapísima. Contigo hasta esta ropa horrible como la llamas me queda de vicio._ No supe por qué, pero no pude evitar sonreír, un poco, al menos._ Me extraña que la gente no se esté peleando por ti.

_ Mira… ese tema es espinoso, Emma. No quiero hablar de él.

Emma asintió. Había notado que no estaba por la labor. Cuando me despisté, me dio un beso en la mejilla… me llevé allí la mano y la miré, confusa.

_ Pues a mí me encanta lo que me has hecho en el pelo. Parezco una modelo.

_ Bueno, tienes un pelo muy bonito. Sólo tienes que cuidarlo un poco.

Iba a seguir hablando, pero se me escapó un eructo con sabor a pepperoni.

_ Ah, parece que tu sí que has podido comerte la pizza._ Me recriminó Emma._ A mí me dio una arcada. ¿Sólo comes cosas verdes?

_ Bueno, es que me gustan las cosas verdes… No es culpa mía que tu cuerpo me pida a gritos comida basura… o que ahora mismo no deje de pensar en comerme una hamburguesa con muchísimo queso… pero no queso de verdad, no, si no ese tranchete que parece más una capa de grasa con pase vip para las cartucheras… ¿Qué me haces, Emma? Y sobre todo, ¿Cómo diablos mantienes este cuerpo si comes tanta porquería?

_ Porque… bueno, paso mucha hambre._ Suspiró._ Apenas me da con lo que gano con la paga. Nadie quiere contratar a una ex alcohólica, ¿Sabes?

_ Entiendo el precedente._ Susurró Regina._ Debe ser duro.

_ Sé que no debería decir esto… pero me alegro de que esto nos haya pasado._ La miré a los ojos, alzando una ceja._ De no ser por ti habría perdido a mi hijo para siempre y probablemente no hubiera llegado al día de hoy.

Me quedé en silencio, mirándola. Podía ver en mis ojos que lo decía totalmente en serio. Emma era una chica triste, se veía siempre superada. Eso no estaba bien. Pero por otro lado, me recordaba a un cachorrito perdido, así que no pude evitar darle un abrazo para consolarla y que esa expresión de pena abandonase mi cara.

Ella no dijo nada, pero devolvió el gesto. Quizá era por tener la sensación de que estábamos juntas en aquello, pero era fácil simpatizar con ella.

_ Vale, a la cama, que lo de tu madre y mi trato va a parecer una minucia comparado con ver a tu hijo. A ver cómo le explicamos esto.

Emma Swan

Mientras me acomodaba como podía en el sofá cama de Regina no podía dejar de darle vueltas a lo que me había dicho. ¿Qué íbamos a hacer con Henry? Era un niño, pero aún así veía difícil que se creyese que yo seguía siendo su madre. Me puse en pie y me dirigí hacia el baño. La imagen de una Regina asustada, devolviéndome la mirada, no era nada agradable.

No entendía cómo ella lograba dormir a pierna suelta, roncando a pleno pulmón… pues sí, yo ronco y ella no puede hacer nada para remediarlo. Tengo su cuerpo, pero sigo sin parecerme nada a ella. Es como si encontrase solución a absolutamente todo.

_ Maldita sea, Regina… eres una condenada Mary Sue y te envidio por ello._ Suspiré, mirándome una última vez al espejo.

Al menos entonces conseguí dormir hasta la mañana siguiente, cuando lo que me despertó fue el olor del café y las tostadas. Entreabrí los ojos y sonreí un poco al ver a Regina. Estaba cantando una vieja canción mientras preparaba el desayuno.

Me gustó verme así. Una mujer organizada. Quizá no era tan difícil poner un poco de mi parte… estaba claro que mi cuerpo no era el problema. Me incorporé, desperezándome y me acerqué a la isleta de la cocina.

_ Buenos días._ Dije, con un largo bostezo.

_ Buenos días._ Sonrió._ Conozco esa cara, un café bien cargado.

_ Tú mandas._ Dije, cogiendo el vaso que me ofrecía y dando un trago.

Regina no mentía, eso era exactamente lo que yo necesitaba. Pasamos un largo rato en el coche hablando sobre las costumbres que yo tenía con Henry, para hacerlo mínimamente creíble mientras nos dirigíamos a mi casa. Aquello era violento, como poco.

Mary Margaret Blanchard

Si alguien me pinchaba en aquel momento estaba completamente segura de que sangraría bilis. ¿Cómo podía salirme todo tan mal? No sólo perdía la custodia total del chico, si no que además tenía que aumentar hasta tal punto el porcentaje de mi trato con Regina Mills como para invertirlo con el que teníamos previamente. Aquello parecía una mala broma del destino.

En el asiento de atrás, Henry estaba contento como unas castañuelas por ver a su madre de nuevo. Si de mi dependiese no volvería a verla nunca más.

Y allí estaba la maldita Emma. Con una postura perfecta, un traje pantalón que le quedaba elegante, con ese pelo pelirrojo tan bien arreglado. Parecía una maldita muñeca. Henry se quedó con la boca abierta. Emma sonrió de oreja a oreja en cuanto le vio salir del coche. Henry salió corriendo y ella le dio un abrazo un beso en la frente.

_ Ese es mi chico._ Le dijo._ Vamos, ve arriba. En seguida estoy contigo.

Me encaré con ella… o lo intenté. Emma tenía una presencia que tiraba para atrás. Por poco doy un paso atrás, pero me contuve.

_ Me alegra que hayas tenido el acierto de respetar la decisión que se te ha impuesto._ Dijo, implacable._ No querría tener que llamar a la policía.

_ Escucha, Emma… no sé cómo has conseguido engañar a todo el mundo, incluso a ti misma._ Se detuvo._ Pero yo sé como eres. Meterás la pata, y cuando lo hagas, ahí estaré yo.

_ Mary Margaret Blanchard, tú… no tienes ni idea de lo que soy capaz._ Me dijo, con tanta furia que esta vez sí, di un paso atrás y eso provocó que sonriese._ Hasta la próxima.

Emma Swan

Cuando la puerta se abrió y Henry apareció no pude evitar sonreír de oreja a oreja. El crío había crecido muchísimo… estaba claro que había pegado el estirón cuando yo había estado fuera. Fue su expresión de desconocimiento la que me rompió un poquito el alma. Creo que desde que nos habíamos cambiado, no había tenido tantas ganas de volver a ser yo misma.

_ Hey, chico_ Le saludé. Regina acababa de cerrar la puerta tras de sí.

_ Entonces, ¿Se lo decimos?_ Me preguntó, sin anestesia.

_ Pero… ¿Así, sin más?_ Le pregunté.

_ ¿No crees que notará algo raro de todas formas?_ Henry miraba de una a otra.

_ ¿Qué estáis tramando? Si me vais a decir que salís juntas, tengo ojos en la cara_ Dijo él, cruzándose de brazos.

_ ¿Qué? No_ Dijo Regina. No supe por qué, pero eso me dolió un poco.

_ ¿De qué se trata entonces?_ Henry continuaba un poco a la defensiva_ No me estéis ocultando secretos.

_ Mira… chico_ Regina se mostró práctica_ Sé que esto te sonará a película. Pero tu madre le pidió un deseo a una fuente y ahora está dentro de mi cuerpo, justo ahí.