3. Traje y corbata

Daryl sostiene la nota en la mano y sonríe como un idiota olvidándose del hombre en la sala.
-Señor Dixon, debe acompañarme, debe conocer a alguien -lo saca de sus pensamientos aquel señor cuya mirada no le da confianza alguna.

-¿Conocer a quién? -gruñe. No quiere perder tiempo en chorradas de ricos.

-Vístase, y venga conmigo-ordena en un molesto tono autoritario, cruzándose de brazos, haciéndole saber que no pretende moverse de allí hasta que esté listo.

Daryl resopla y deja la nota sobre la mesa, no sabe que hacer con ella, quizás la guarde, nunca le habían escrito una nota antes.
Vierte un poco de tequila en el vaso que utilizó ella, posa sus labios exactamente en el lugar donde su carmín rojo sigue marcado y deja que el alcohol caliente su garganta. Tose, está demasiado fuerte. Menudo saque tiene esa mujer.
El hombre sigue allí plantado, mirándole con gesto impaciente.
Hoy es oficialmente el primer día de su nueva vida, y ya están tocándole sus cojones desnudos.

Camina hacia el baño sin ocultar su desnudez y se observa en el enorme espejo sobre el lavabo.
Mira su cuello, los dientes de ella aún están marcados ahí, y tiene varios moretones sobre su pecho y cadera, aparte de algún que otro arañazo. Sonríe, ella también va bien servida a lo que a marcas se refiere.
Se da una ducha rápida, lo justo y necesario para eliminar el olor a sexo de su cuerpo, aunque tiene la extraña sensación de que sigue oliendo a ella, no le importa, le gusta.
Se pone la misma ropa de anoche, excepto la chaqueta que ella tomó prestada y que piensa recuperar, no es que le tenga cariño, le da exactamente igual esa puta chupa de cuero desgastada que consiguió en la iglesia, ahora tiene dinero para comprarse todas las que le de la gana, pero quiere volver a ver a Nancy, o como sea su nombre real.

Sale del baño y se planta frente a ese hombrecillo, con los brazos abiertos para hacerle saber que ya está listo.

-Ah no, de ninguna manera, debe vestir traje y corbata -le regaña el hombre.

-¿Qué dices viejo? Yo no visto esas pijotadas -gruñe él, sentándose sobre la cama, haciendo alarde de sus hoscos modales.

-En primer lugar, me llamo Gregory, no viejo, y segundo: Es obligatorio que vistas como digo, voy a presentarle a una persona importante y no puede vestir de cualquier forma.

Daryl lo mira de reojo refunfuñando algo inteligible. Esa persona ya podría ser la reina de Inglaterra que aún así no vería necesario vestir esa mierda.

-Y arréglese esas barbas, por favor -sigue añadiendo -Y estos pelos... -murmura agarrando un mechón de su cabello largo -debería cortárselo.

Daryl se sacude para zafarse de él.
-No pienso afeitarme ni cortarme el pelo, deja de intentar cambiarme -gruñe poniéndose de pie y abriendo el armario donde los trajes monocromáticos desfilan esperando ser elegidos.
-Voy a ponerme el disfraz de pijo, y no me exijas más, demasiado ridículo me siento ya -refunfuña mirando que vestir.
Menudo aburrimiento la moda de los ricos. Se muere por poder ponerse su chaleco con alas que su hermano le regaló poco antes de morir de sobredosis. Imbécil...
Elige una camisa blanca que parece apretarle, chaqueta americana y pantalón oscuro.
Patético... ¿Por qué tiene que vestir así? ¿Era algo obligatorio para ser rico? Odia a ese imbécil.
Se desnuda delante de él, no le importa, no va a ver nada que no haya visto un par de minutos atrás.

Gregory se fija en el visible chupetón de su cuello.
-Tenemos que hablar de esa prostituta -dice, llamando la atención de Daryl, que deja de vestirse esperando a que le diga más. -No puedes traer a cualquiera a casa, tú...

-Es mi casa, traigo a quien me sale de la polla -interrumpe en un gruñido, peleándose con el nudo de la corbata.

Gregory deja escapar un suspiro, y se acerca a ayudarle.
-Debemos mejorar ese lenguaje -se percata -Pero a lo que iba, si te va ese tipo de... servicios, podemos conseguirte scorts de lujo por un módico precio.

-¿Y qué diferencia hay entre esas scorts y la mujer de anoche? -pregunta aflojándose el nudo, siente que lo está asfixiando.

-Tenemos certificado de que están libres de ETS, son más educadas, discretas, entienden de protocolo, visten más elegantes, pasarán desapercibidas para la gente. Y nadie sabrá a lo que se dedican..

Daryl frunce el ceño, ¿Por qué todo aquello le suena tan mal? da la impresión de que tiene una factoría donde las prostitutas salen en serie y vienen con su pedigree bajo el brazo.
-¿Y qué tal follan? -pregunta descolocando a Gregory con su pregunta -Me importa una mierda si cagan oro, lo que me interesa es el sexo, no pretendo casarme con ellas ni llevármelas de fiesta, ni que levanten el dedo meñique mientras me pajean, quiero a una "scort" que le guste que le haga de todo, y ella me lo haga a mí, y todo ello pagando 100$ la noche como hice con Nancy¿Puede ser? -pregunta con sonrisa triunfal guardando el detalle de que le pagó 1000$ para que le dejase ser tan salvaje como quisiera. Sonríe al recordarla, el olor de la habitación hace que le vengan vividos recuerdos de unas horas atrás.

Gregory lo mira con expresión seria.
-Por el bien de tu reputación, aléjate de esa mujer y de todas las de su calaña.

Daryl ríe sarcástico y chasquea la lengua.
-Por el bien de tu estabilidad económica, no me toques los cojones -amenaza.

-¿Mi estabilidad económica? ¿No ha leído el testamento de su tío, verdad? -pregunta, cruzándose de brazos y mirándole con altanería -Sólo heredarás todo esto cuando yo de el visto bueno, mientras sólo serás un multimillonario en prácticas que no puede dar órdenes a nadie -informa él, sonriente.

Daryl lo mira con desprecio. No, no había leído eso, no leyó nada.
-Vamos a desayunar -ordena dándole la espalda y saliendo por la puerta.


Llega a la cocina, donde dos mujeres y dos hombres esperan de pie uno al lado del otro.
-Le presento a los sirvientes de la casa -anuncia Gregory para disgusto de Daryl ¿sirvientes? eso suena mal -Ella es Patricia, su cocinera ; Jacqui, se encarga de la limpieza del hogar, Otis del jardín y la piscina, y el señor Rick Grimes es su chófer y guardaespaldas personal -presenta, y Daryl va dándole la mano uno a uno.

Rick le tiende la mano y Daryl se la estrecha a regañadientes.
-¿Guardaespaldas? Yo no necesito esa clase de pijotadas, me sé defender solo -se queja. Jamás entendió ese capricho de ricos; tener a alguien que lo siguiese a todos lados, que no le dejase ni cagar tranquilo, como si fuese un perrito faldero, lo defendiese en caso de ataque, y en los casos más extremos diese la vida por él como si su vida valiese más que la de cualquier otra persona ¿Cómo podría vivir sabiendo que alguien ha muerto por su culpa? Como si fuese la primera vez que alguien muere por su culpa...

-No se queje, es lo que hay, debe aceptarlo -ordena Gregory, haciéndole gestos para que lo siga hasta la mesa.

Daryl lo asesina con una ballesta imaginaria. Pensaba que su vida de rico sería más divertida, que él decidiría qué hacer, a dónde ir, cuando ir... pero no.
-¿Si te pido que lo mates lo harás? -pregunta a Rick, a lo que el hombre niega con la cabeza con una media sonrisa dibujada en su rostro.

-Le he oído señor Dixon -le avisa Gregory -Le pido por favor que se comporte, hemos quedado a desayunar con el arquitecto que está llevando a cabo las mejoras de uno de los complejos hoteleros de su tío.

Daryl se sienta de mala gana y centra su atención en el desayuno. El sexo le da hambre, aunque le habría gustado tener un predesayuno en la cama con esa hermosa mujer del vestido rojo. Sabía bien, olía bien, la chupaba bien... Sí, piensa volver a repetir con ella, por mucho que se lo prohíba ese imbécil.

La mesa está llena de bollería, pan tostado, mermelada, varios tipos de embutido, cereales, huevos, bacon, café, zumos...
Ha pasado de no saber a si encontraría algo para comer, a no saber qué elegir.
-¿Cuántos dices que vienen a desayunar? -pregunta al ver tal cantidad de comida.

-A almorzar, el desayuno es sólo para usted, y se trata del señor Spencer Monroe, su tío Alexander ha trabajado codo con codo con quien fue su padre, y ahora es él quien toma el relevo, le pido que se comporte, es un aliado importante -Pide Gregory mirándole seriamente a los ojos, pero Daryl no está escuchando.

- ¿Y A dónde va toda esa comida si yo no me la como? -pregunta curioso, pero Gregory lo ignora, está contándole cómo hizo fortuna su tío, pero a él le da igual, ya sabe que todo empezó con la compraventa de pisos en zonas turísticas, su mente está en otro lado ahora mismo, y la voz de ese hombre no es más que un sonido lejano.

No sabe qué elegir, se decide por una rebanada de pan con...

-Se lo sirvo yo -se interpone en su camino Patricia que le arrebata la rebanada de la mano, le corta el pan y prepara el desayuno como si de un niño pequeño se tratase.

-No es necesario, yo puedo hacerlo, tengo manos -intenta volver a recuperar el control de la situación, a lo que ella desiste un poco avergonzada.
Daryl supone que lleva toda la vida acostumbrada a hacérselo todo a los señoritos como si fuesen putos inútiles.
-¿No comes, Patricia? -le pregunta con la boca llena a la mujer, que le mira sorprendida.

-No señor, yo como con el servicio -aclara ella, con la cabeza gacha.

-Pero... Aquí hay comida para todos... -murmura él, mirando hacia Gregory.

-Retírese Patricia -pide Gregory, a lo que la mujer obedece -¿Está loco? No puede ofrecerle al servicio que coma con usted -Se alarma Gregory, pero Daryl simplemente arquea una ceja esperando explicaciones -Ya se lo he dicho, tiene una reputación, debe mantenerla y hacer las cosas como yo ordeno.

Daryl bufa ¿Una reputación que debe mantener? ¿Cual? ¿La de ladrón de poca monta? ¿La de pobre diablo que no tiene donde caerse muerto? ¿O le han creado una nueva reputación desde cero? Sí, debe ser eso, y ahora debe comportarse como un rico estirado que mira a las personas por debajo de su nivel económico como si fuesen la plebe y no fuesen dignos de su presencia.
Pretenden convertirlo en todo lo que odia.


Vuelve a su habitación a la espera de que llegue el maldito arquitecto.
Huele a limpio, Jacqui debe haberla recogido, cambiado las sábanas, tirado el preservativo y... y la nota... mierda, ¿Por qué le duele que hayan tirado ese trozo de papel garabateado?

Piensa en Nancy, si supiese dónde está a esa hora de la mañana la recogería y la sentaría junto a él en la mesa, sólo para joder al imbécil de Gregory.

Sonríe. Seguro que acabarían follando delante del arquitecto. Al menos tendría algo de diversión.

Se siente extraño, normalmente paga a la prostituta, tienen sexo, ella se va y él se olvida. Pero con Nancy no... supone que es porque ahora su vida es más fácil, no tiene preocupaciones importantes, por lo que puede entregarse a los placeres, o porque es atractiva... no es la típica toxicómana con la piel manchada y dientes podridos. Ella está sana, delgaducha para su gusto, pero su piel tiene un hermoso tono pálido, sus diente son blancos y sus ojos... aún no sabe si son suyos o no pero son preciosos.
También tiene que añadir el hecho de que en su antigua vida sólo podía pagar por una mamada, o polvo rápido, y poco más, en cambio a ella pudo dedicarle el tiempo que quiso, pasó toda la noche abrazado a ella, y se sintió bien teniéndola entre sus brazos, se quedó dormido enseguida, cuando por lo general tarda horas en dormirse, no sabe porqué, ni siquiera estaba cansado, debió deberse a que nunca ha pasado la noche con una mujer. Su mierda de vida nunca le permitió entablar una relación seria con alguien, tener novia y todo eso. Su experiencia con mujeres, más allá de las prostitutas, se resumía en una noche de fiesta, alcohol y sexo sin compromiso contra la puerta trasera del garito...

Le gusta Nancy, tiene una picardía atrayente y no tiene tabúes aparentemente, piensa descubrir hasta donde puede llegar con ella, y hacerle disfrutar de todas las maneras posibles para poder escucharla gritar de placer, de verdadero placer...

Su miembro se agita nervioso, pero reserva su excitación para la noche, cuando desobedezca las órdenes de Gregory y la vuelva a ver.

Sale al exterior, su habitación da justo a una piscina.
Bufa incrédulo ¿Quién tiene una piscina privada en una segunda planta?
Mira hacia el horizonte, donde puede ver la gran ciudad alzándose orgullosa. No le gusta, demasiada gente, demasiado ruido, demasiado ajetreo. Echa de menos Georgia, su pequeña cabaña de caza a las afueras, la tranquilidad del bosque, el sonido de la naturaleza, las noches estrelladas... sólo ha pasado un día desde que dejó su hogar pero ya lo echa de menos.
Le gusta tener dinero, eso es algo genial, es como si le quitasen la soga alrededor del cuello que tenía siempre a final de cada mes. Es un alivio no tener que elegir entre pagar la factura de la luz o comer ese mes, pero es todo tan frío... antes pasaba el día intentando conseguir cuatro duros, ya fuese mendigando o consiguiendo un trabajo mal pagado, pero ahora... siente que no tiene metas en la vida.
La vida de los ricos es como pasarse un videojuego en el modo fácil: pasas por los mismos escenarios, terminan en el mismo final, pero los obstáculos del camino son mucho menos complicados de resolver.


-Bueno señor Dixon, dígame, ¿Le gusta la caza? -pregunta el arquitecto, que no es más que un niño pijo que no tendrá ni treinta años y se comporta como si el mundo estuviese a sus pies. Nació envuelto en dinero y morirá pudiendo limpiarse el culo con el rostro de Benjamin Franklin.

- -responde con la boca llena y la cabeza casi metida en el plato. La mesa está abarrotada de cubiertos y utensilios extraños que no sabe ni para qué son.
Gregory lo mira avergonzado, pero le da igual.
Patricia lleva un rato haciéndole señales disimuladamente para que sepa qué cubierto debe utilizar, pero no le hace caso, pasa de llenarse el cerebro con tonterías que no sirven para nada.

Rick no come con ellos, supone que el hombre tendrá hambre, pero se mantiene de pie tras él, pendiente de cualquier movimiento extraño. Como si ese niñato pudiese hacerle algo, podría merendarse a tres como él de una sentada.

-Eso es genial, podemos quedar un día y planear un viaje de caza a África -comenta, antes de dar un sorbo a su copa de vino.

-¿A África? ¿Para qué ir tan lejos? -pregunta extrañado, mirando sorprendido lo que está haciendo ¿Está pelando la gamba con cuchillo y tenedor? Puff, en lo que ese imbécil estirado pela una, él ya se ha comido cinco.

-¿No pretenderás cazar leones en Central Park? -ríe el joven, que lo mira por encima del hombro.

Daryl prueba el caviar, tiene curiosidad, nunca lo ha probado.
-Dios, está asqueroso ¿Cómo os puede gustar eso?-gruñe escupiéndolo en el plato para diversión de Patricia y desgracia de Gregory que se lleva las manos a la cabeza entre avergonzado y horrorizado. Spencer murmura algo así como "no está echa la miel para la boca del asno" se supone que no debería haberlo escuchado, pero su oído de cazador lo ha hecho posible. Decide ignorarlo y volver a la conversación.
-¿Leones? ¿Para qué quiero cazar algo que no voy a comer? -pregunta pelando una gamba con los dedos sin mirar. Hace años que no prueba una.

-No es para comer, es por la excitación de enfrentarte al rey de la sabana y ganar -aclara como si contase una epopeya.

Daryl se echa a reír y Spencer lo mira arqueando una ceja.
-Enfrentarse dice, si les disparáis mientras duermen, y desde la otra punta de África, si de verdad te enfrentases a un león no quedaría de ti ni el elástico de tus calzoncillos de oro. Fantasma -gruñe chupando la cabeza de la gamba.

Spencer lo mira con los ojos cargados de ira, y Gregory se percata de ello.
-Patricia, traiga el postre, que estamos deseando ver las nuevas ideas que nos trae el señor Monroe -dice intentando cambiar de tema.


Gregory lo lleva hasta un despacho, el despacho de Alexander Dixon y que ahora pertenece él. Es una sala amplia, con paredes blanca, una mesa central provista de unas doce sillas a su alrededor y un proyector.
Spencer le muestra los planos, fotografías, y les hace una visita virtual por el complejo hotelero que está construyéndose en la ciudad.
Por lo visto se acaba de convertir, o se convertirá si Gregory se lo permite, en propietario de varios hoteles de lujo que se encuentran alrededor del continente americano y parte de Europa.
Él, que jamás ha sido propietario de nada...

Le enseña la fotografía de una de las habitaciones, que él estúpidamente pensó que era la suite de lujo, pero no, es estándar. Está seguro de que en el vestidor cabría tres limusinas.
La cama es enorme, y tiene previsto añadir jacuzzi, sauna, y unas espectaculares vistas al exterior que conseguirá a base de enormes ventanales.

Se le revuelve el estómago.
El avaro de su tío ha estado pasando navidades con ellos, viendo como la casa se les venía encima, y dejándolos de visitar cuando se enteró de que los habían desahuciado. Ha pasado gran parte de su infancia viviendo en pensiones de mala muerte, durmiendo en un portal, y sin apenas comer ¿Y su tío que hacía? Construir habitaciones de lujo para que los putos ricos pasasen sus vacaciones mientras los miembros de su única familia de sangre no tenían un techo donde caerse muerto.

Spencer le muestra el baño, al parecer el wc suelta un chorro de agua para limpiarte el culo tras cagar, porque al parecer que un pijo limpie su propia mierda es un despropósito.

El comedor del hotel tiene un buffet libre que de sólo verlo se le colapsan las arterias.
Si el desayuno de esta mañana le pareció una exageración, eso le da auténtico asco.
La piscina es enorme, tanto la de fuera, como la climatizada, como la... ¡No sabe, hay piscinas por todos lados!
Salones de baile, sale de masaje, gimnasio, spa, servicio de alquiler de coches, Room service 24 horas, un mayordomo que te prepara el baño, cine privado, hasta el perro del maldito ricachón dispone de servicios exclusivos para él...

-¿Qué opina? -pregunta Gregory irguiéndose orgulloso.

Daryl mira las fotografías.
¿Se supone que le debe gustar todo eso? ¿Ser dueño de todo aquello? Pasar una noche allí salía por un ojo de la cara, ni una familia acomodada podría pasar sus vacaciones ahí. ¿Quiénes se lo podían permitir? Los peces gordos, los que cagan champán y nadie más.
Si su tío les hubiese permitido vivir aunque hubiese sido en el cuarto de limpieza, si les hubiese prestado una décima parte de lo que invirtió ahí...
Su padre no se habría suicidado agobiado por las deudas, su madre no se habría ido a dormir con el estómago vacío todas las noches, su hermano no habría muerto de sobredosis tras la muerte de su madre, y él... él... no sabe que habría sido de él ¿Habría estudiado? ¿Triunfado en algo? ¿formado una familia? ¿tenido hijos? No sabe, nunca se ha parado a pensar en ello, la vida no le ha dado la oportunidad de mirar hacia el futuro.
Dejó de estudiar a los doce años para poder llevar dinero a casa. Su madre no lo aprobó, y sabe que ese disgusto hizo que se desestabilizase aún más su estado de salud, pero necesitaban el dinero... A veces lo sacaba robando y revendiendo lo robado, vendiendo drogas, haciendo trabajos sucios... otras conseguía algún empleo temporal en una obra, de mecánico, de portero de discoteca... lo que surgiera y le permitiese vivir un día más.

Sabe que su tío no fue el culpable de su mierda de vida, él no tuvo culpa de que los negocios de su padre jamás diesen su fruto y lo único que hiciesen fuese endeudarlos cada vez más, pero joder, ¡Era su hermano! está seguro de que su padre lo habría ayudado sin dudarlo. Estaba tan orgulloso de su hermano mayor... pero él nunca lo vio, o no quiso verlo. Podría haberles dado trabajo, aunque fuese recogiendo la mierda de esos perros que pasan su vida vestidos de Cachemir, cualquier cosa... pero no, los dejó en la miseria sin remordimiento alguno.


-Asco de ricos -masculla abandonando la sala, dejándolos allí sin saber qué decir.

-¿Se puede saber que le pasa? -pregunta retórico Gregory, entrando en su habitación de sopetón. Deberá echar el cerrojo para que eso no pase más.

-¿Qué? Ese tío es un imbécil -se defiende él, sentado en calzoncillos sobre la cama. A la mierda el traje y la corbata. Está distraído cambiando el carrete a su vieja cámara Pentax. Sabe que ahora las venden digitales, que puede hacer todas las fotos que quiera, ver como ha salido, borrarla si no le gusta... podría comprarse una, pero esa cámara es algo que consiguió con mucho esfuerzo, para alimentar una afición a la que le habría gustado dedicarse, pero jamás tuvo tiempo de estudiar...

Es nuestro mejor arquitecto! -se desespera. De todas las personas que Alexander Dixon podía haber elegido para heredar su imperio va y elige a ese tío.

-¿Y qué? ¿Pretendes que le lama el culo? Eso hazlo tú, que parece que se te da bien -masculla, sosteniendo el viejo carrete entre sus dedos, se pregunta dónde podrá llevarlo a revelar, quizás podría construirse un cuarto oscuro de revelado, con la de habitaciones que tiene esa casa...

-Escúchame bien señor Dixon, su tío pasó toda su vida luchando por tener la vida que usted está disfrutando, no lo eche todo a perder, compórtese y escuche cuando le hablan -gruñe, dejando sobre su cama las fotografías del proyecto del hotel.

Daryl ríe sarcástico y rebusca entre las fotografías, hasta que encuentra la que busca y se la muestra.
-Cuando el cliente llega al hotel con su mascota se le da a elegir entre diez tipos de pienso de gama alta ¿Esto lo escuché bien, verdad? ¿Sabe entre qué elegía mi madre todos los días? entre comer ella o comer nosotros -gruñe tirando la fotografía al suelo -¿Cómo quieres que me sienta al saber que un perro vive mejor de lo que yo he vivido en toda mi vida? Mi tío me dejó toda su herencia a mí a cambio de que aprenda como llevar todo esto ¿No?, muy bien, lo haré, pero a mi manera, no pretendas convertirme en él -masculla guardando cuidadosamente la cámara en su estuche. Le tiene mucho cariño.

-¡No quiero convertirte en él, quiero que te comportes correctamente en sociedad. Que aprendas de protocolos y no traigas fulanas a casa todos los días! -vocifera.

-¡Traeré a quién me salga de la punta de la polla! -le grita, poniéndose de pié y alzándose cuan alto es.

-Estaré atento a tus movimientos, sal por esa puerta, tráete a otra prostituta de esas y abandonarás este hogar antes de que te haya dado tiempo a saborearlo -amenaza, saliendo de la habitación y cerrando la puerta tras de sí.
Daryl se acerca a echar el cerrojo y lo escucha hablar con Rick, le está pidiendo que lo vigile, como si fuese un niño desobediente.


Son las nueve de la noche, lleva toda la tarde encerrado en su habitación, ya ha aprendido cómo usar el teléfono que está sobre su mesita y ha avisado a Patricia para que no le prepare nada de cenar, aunque la mujer ha insistido, como si de una madre preocupada se tratase.
No tiene hambre, el imbécil de Gregory se la ha quitado.

Llaman a la puerta de su habitación para fastidio de él.

-¿Qué coño quieres ahora, viejo? -pregunta malhumorado, corriendo a abrir la puerta violentamente, pero para su sorpresa es Rick Grimes quién llama.

-Señor Dixon, sólo quería decirle que la casa tiene puerta trasera -informa intentando comunicarse con la mirada con él.

-¿Qué? -pregunta Daryl sin entender nada.

-Da al garaje, nadie lo verá -añade a ver si así entiende, consiguiendo ganarse una sonrisa ilusionada.

-Llámame Daryl -pide cerrando la puerta, y volviendo al interior con otros ánimos.


Está nervioso, no entiende porqué pero está muy nervioso, o quizás está sólo ansioso, va a volver a verla, la recogerá en la puerta de ese hotel-puticlub, la montará en su coche y... no sabe, joder, son tantas las cosas que quiere hacer con ella, tantas posturas, tantos juegos que... que no sabe por dónde empezar.

Se ducha rápido, eliminando el olor a pijo de su cuerpo. Se mira en el espejo ¿Debería afeitarse? No sabe como ella lo prefiere, se lo preguntará. Atusa su cabello húmedo, se echa desodorante y busca entre las prendas de vestir de su antigua vida a ver que viste hoy. Se decide por un pantalón vaquero oscuro un poco desgastado, camisa azul marina y su chaleco con alas, a falta de su chaqueta...
Sale de la habitación y se despide de Rick, que aguardará ahí en todo momento, para cubrirle las espaldas. Le cae bien ese hombre, debería conocerlo mejor. Mañana lo hará.

Acaricia el volante de su coche, cuanto lo ha echado de menos...
Conduce rápido, no pone el navegador ni mierda, conoce perfectamente el camino.

La localiza incluso antes de llegar, reconoce su silueta, su cabello corto, su vestido rojo y su chaqueta de cuero, la cual lleva puesta. No sabe porqué, pero la ve condenadamente sexy con ella.
Está coqueteando descaradamente con un señor de unos sesenta años.
Sonríe, está seguro de que ese tío pretendía contratar a una scort de esas y ella está convenciéndole de lo contrario tal y como hizo con él. Menuda mujer...

Toca el claxon. Ella mira hacia él con sus enormes ojos azules pero las luces no le permiten ver mucho, por lo que lo ignora.

Vuelve a pitar.

-Estoy trabajando, capullo, cállate. -grita ella haciéndole una peineta.

Daryl sonríe, le gusta su carácter. Vuelve a pitar, esta vez deja la mano largo rato sobre el claxon.

Ella se enfada.
-¡Qué te follen!

-¡Es lo que intento, pero no te subes al coche! -grita divertido él. Y es entonces cuando le reconoce. Su rostro cambia de la ira a la seducción en cero coma y camina hacia él con ese movimiento de caderas que le vuelve loco.
Su pene se agita nervioso, sabe que va a pasar una noche interesante.
-Hola niño rico -saluda con voz seductora apoyando los brazos sobre la ventanilla del coche, dejando al descubierto una fantástica visión de su escote.

-Sube, Rosa del desierto -es lo único que dice, está impaciente.

-No puedo cariño, ese señor me ofrece 2000$ la noche -dice haciendo un puchero como si de verdad le doliese no poder ir con él -Es una oferta que no puedo rechazar -añade, quitándose la chaqueta y devolviéndosela.

Daryl la agarra de forma automática, huele a ella.
-¿2000?¿Ese tío? -pregunta señalándolo despectivo -pero si seguro que ni se le levanta -gruñe.

-A mi me da igual que no funcione, mientras pague... -dice ella con un encogimiento de hombros.

-Pero... 2000$, no me fío de él -intenta disuadirla Daryl. Es extraño, eso es mucho dinero, ¿Y si pretendía hacer algo muy oscuro con ella?

Carol lo mira entrecerrando los ojos ¿estaba preocupado por su seguridad o sólo no quería perder su noche de sexo?
-Hasta pronto, Daryl -se despide diciendo su nombre en un gemido, mordiéndose el labio y le da la espalda, encaminándose lentamente hacia ese supuesto cliente.

-¡Espera! -le escucha gritar tras ella. Carol se detiene y sonríe malévola, ha mordido el anzuelo -Te pagaré 3000 -ofrece, tal y como ella esperaba.

Mira a Tom, su falso cliente, y le guiña un ojo agradeciéndole la ayuda, nunca venía mal tener un cómplice para esos casos.

Gira sobre sus talones y se encamina hacia su adinerado e ingenuo cliente.
Negan le pidió el doble, Nancy le llevará el triple.

Daryl sonríe una vez que ella está dentro del coche.
Arranca.
Vuelve a ser suya una noche más.


Hola, siento mucho haberos hecho esperar, os dije que tenía el capítulo escrito, pero quería añadir un comentario al final, y con la vuelta al trabajo he estado tan ajetreada que no he tenido tiempo hasta ahora XD.

El capítulo es algo aburrido, pero tenía que mostrar la clase de vida que tiene Daryl ahora, la cual no termina de convencerle.

Ya os habréis dado cuenta que su infancia ha sido muy parecida a la que está viviendo Sophia, y como dije él no sufrió ningún maltrato físico por parte de sus padres, pero vivió en la miseria.

Respecto al capítulo anterior, habéis sido varias las que habéis comentado que os ha echo llorar y os habéis visto reflejadas en Sophia y Carol. Siento mucho que hayáis pasado por algo así, y deseo que vuestra vida haya ido a mejor.

A Mirna, aquí a un Cafishio u 840 (No sabía que los llamabais así XD) se le llama Chulo o Loverboy (si el explotador mantiene una relación con la mujer explotada) :) Lo aclaro porque posiblemente utilice esta palabra más de una vez a lo largo de la historia y puede que no entendáis a qué me refiero.
Si utilizo palabras y/o expresiones que desconozcáis decídmelo y os lo aclararé :)

En el próximo capítulo ya volveréis a ver a Daryl y Carol/Nancy juntos, y tendrán algo más que sexo :)