Este capítulo tiene una escena de rough sex por si acaso tenéis reparos en leer esta escena la introduciré entre estos símbolos que marcarán el principio y el fin de la escena. /*/ /*./
4. Otra noche
Ha tardado en ir a buscarla, y ya empezaba a pensar que no iba a aparecer por ahí. Se estaba poniendo nerviosa, Negan quería que ganase 2000$ esa noche, y habría tenido que conseguirlo fuese como fuese para no ser castigada o engrosar la deuda que tiene con él.
-Págame, cariño -pide nada más subirse al coche. Lo primero es lo primero, debe asegurarse su dinero, por muchas buenas vibraciones que le de ese nuevo rico. Casi que se siente mal por sacarle el dinero.
Casi...
Daryl se echa a reír.
-No me has dado ni las buenas noches y ya estás pidiendo que pague tu servicio -niega con la cabeza, trasteando a ciegas en el bolsillo trasero del pantalón en busca de su cartera. Jamás ha tenido tanto dinero en efectivo, si Gregory supiera el dineral que se está gastando esa noche, y con quien...
-Buenas noche, págame, cariño -se corrige con sonrisa pícara, extendiendo la mano esperando el dinero, que él no tarda en proporcionarle, y ella en contar. Dios, si pudiera quedárselo todo...
-¿Qué tal tu día? -pregunta perdido en la manera tan condenadamente sensual que tiene de morderse el labio conforme va barajando los billetes.
-Tranquilo cielo, eres mi primer cliente, si es lo que estás preguntando. Nadie me ha catado hoy, aún -responde distraída, guardando el dinero en el bolso. Está todo correcto.
Daryl ríe.
-Soy tu primer y único cliente hoy -le recuerda -pero me refiero a qué has hecho durante el día -aclara, reincorporarse a la carretera.
Puede oler el fresco aroma de su perfume, que por alguna razón lo excita hasta tal punto que su miembro se hincha desesperado por estar dentro de ella. Tendrá que esperar un poco más.
Carol lo mira extrañada, ¿En serio le está preguntando por su día? ¿Qué le importa?
-Comer y dormir, soy un ave nocturna -responde sin dar más detalles. Tampoco ha mentido, sólo ha ocultado información. Una importante información que debe proteger a toda costa -¿A dónde vamos? -se extraña al percatarse de que han tomado un desvío incorrecto.
-¿Quieres comer algo? -pregunta a modo de respuesta, acariciando sus suaves y firmes muslos, que ganas tiene de llegar a casa para tener su cabeza entre ellos y volver a probarla una vez más.
Dios, debe de dejar de pensar en ello hasta que vuelva a su hogar.
Carol arquea una ceja intentando comprender si la frase va con doble sentido.
-Si tienes la intención de parar en un descampado para que te la chupe dímelo directamente -masculla, odia que no le pidan las cosas directamente, le gusta que sean claros, que vayan al grano "chúpamela" "Date la vuelta" "No me toques" "No me beses" "No me mires"...
Daryl ríe. Sería una buena idea...
-No, te lo estoy preguntando en serio, no he cenado nada, y tengo hambre, voy a recoger algo para comer ¿Quieres algo tú? ¿Has cenado? -se explica él, señalando hacia el horizonte, donde la eme amarilla de McDonald's emerge, de entre los edificios, envuelta en un halo dorado.
Carol mira hacia donde señala sin poder evitar reír con incredulidad.
Daryl se da cuenta de ello. Tiene una sonrisa muy bonita.
-¿Qué? En los restaurantes de lujo no tienen Happy Meal -argumenta él, haciendo su sonrisa aún más amplia. Sus dientes son preciosos -¿Entonces qué? ¿Quieres que te invite a cenar? -pregunta mirándola brevemente a la cara antes de volver a centrar la atención en la carretera, mirándola de soslayo, fascinado por como sus ojos atrapan las luces de la noche, creando su propia constelación en el interior de su iris.
Carol sonríe con suavidad, es poco usual que un cliente quiera invitarla a cenar, y menos sin ella pedírselo.
Siente como una pequeña mecha intenta calentar su corazón, pero no puede prender, lo tiene bien protegido contra cualquier sentimiento. No piensa volver a encariñarse con un cliente, ya aprendió la lección siete años atrás. Esos hombres no son más que dispensadores de dinero con genitales.
-No, gracias, encanto, me conformo con que me regales el juguete que viene con el menú, así tendré un recuerdo del día que un niño rico condujo hasta un Mc-auto para pedirse un menú infantil -Bromea, ganándose una peineta por su parte.
Daryl sonríe sin entender porqué le resulta tan excitante que lo llame niño rico. Tiene una voz sexy, y a la vez extrañamente dulce.
-No deberías reírte de mí, podría castigarte por ello -advierte con voz grave, pensando en mil formas de torturarla y excitarla a la vez.
Su miembro está impaciente.
Carol analiza la frase, no es una amenaza, es más, ha notado la excitación en su voz, por lo que decide jugar con él, alimentar su ego masculino.
Gime haciéndole ver que le gusta la idea.
-¿Debería sentirme asustada? Porque lo único que consigues es que me entren ganas de ser una chica mala -seduce, llevando su mano hasta la entrepierna de él, donde su pene palpita pidiendo a gritos su liberación. Aún no ha hecho nada y ya está excitado. Adora eso -Mm, tu polla está lista para la fiesta, me gustó lo que me hiciste anoche, estoy deseando volver a tenerte dentro de mí, por delante, por detrás, en mi boca... y que me hagas rogar por mi liberación -maúlla en su oído, dándole un fuerte apretón en su tronco duro, y acariciándolo sobre la tela del pantalón.
Daryl gruñe al imaginarse la escena.
La erección comienza a doler, puede sentir las costuras del pantalón clavándose en sus venas marcadas y palpitantes de su miembro, ya no tiene espacio ahí dentro, pero para su suerte o desgracia ella lo libera en un ágil movimiento y su pene se yergue poderoso, listo para la acción.
La siente pasar sus dedos por la punta del glande, presionando más de lo necesario y recogiendo el líquido preseminal que rezuma en la punta.
La visión se le borra por un instante al escucharla gemir cuando se lleva los dedos a la boca y los chupa probando su esencia.
Dios, tiene que parar esa deliciosa tortura, por mucho que le guste lo que tiene pensado hacer, podrían tener un accidente.
-Tócate -gime haciendo un esfuerzo por pensar, cuando siente sus cálidas manos bombeando su miembro de manera experta -Quiero verte dándote placer -añade, agarrándola de la muñeca y guiándosela entre sus muslos, más allá de donde su vestido cubre.
Busca entre los mandos de su coche, pensando con la agilidad que la poca sangre que le queda en el cerebro le permite. Sabe que tiene un botón que regula el respaldo del asiento del copiloto. Joder, parece que está conduciendo un avión, con tantos botones. Su vieja furgoneta tenía una palanca en el lateral del asiento y ya está.
Respira aliviado cuando lo encuentra, y mira de reojo como va reclinándose hasta tenerla en una posición cómoda para que de libertad a sus movimientos.
Carol sonríe, dejándose tumbar. Si así piensa que va a tenerla distraída para centrarse en la conducción lo lleva claro. Es hora de jugar.
Levanta la pierna derecha y apoya el tobillo sobre la ventana abierta, sintiendo como el frescor de la brisa que anuncia el otoño recorre el interior de sus zapatos de tacón.
-Hija de puta -gime Daryl cuando la pierna izquierda de ella aparece en su campo de visión y la apoya sobre el salpicadero casi a la altura del volante.
Imposible no mirar
Carol deja escapar una risita al ver lo que ha provocado en él.
-¿Qué ocurre tío duro? Tengo las piernas largas, y soy mas flexible de ll que piensas. Imagínate la de cosas que podemos hacer -lo provoca sin piedad.
Joder, aún no ha empezado a tocarse y ya es incapaz de prestar atención a la carretera, debería haberle dejado que siguiese metiéndole mano a él, ya se habría corrido, se habría quedado quieta y habría seguido conduciendo tranquilo.
Esto lo desconcentra aún más.
-Ponte cómodo, niño rico, comienza el espectáculo -avisa antes de llevar sus dedos índice y corazón a la boca, chupándolos para empaparlos y lubricarlos con su propia saliva.
Los desliza lentamente por sus labios, cuello, pecho, haciéndolos navegar por su cuerpo, dejando un rastro de humedad como si de la lengua de él se tratase, y los guía hasta su destino, mientras que con la otra mano desliza los tirantes del vestido por sus hombros, dejando al descubierto sus pechos para así poder pellizcar sus pezones con fuerza, tirando de ellos, haciéndolos rodar entre sus dedos y estrujando sus senos hasta tal punto que marca sus propios dedos sobre ellos. Tal y como sabe que haría él.
La primera vez que un cliente le pidió que hiciera eso se murió de vergüenza, sus movimientos fueron torpes, y fingió su orgasmo por tal de que aquello terminara ya, ¿Pero ahora? Ha hecho tantas cosas innombrables que eso le parece de lo más inocente, incluso se permite el lujo de relajarse y disfrutar, darse placer tal y como haría en la intimidad, hasta tal punto de que se olvida de dónde está y con quién, hasta que siente una mano intrusa tocando su pecho.
-Tú a conducir -le regaña, dándole un manotazo en la mano -se mira, pero no se toca -lo detiene.
Daryl gime frustrado y retira la mano. Joder, debería dar la vuelta, ignorar a sus tripas quejarse de hambre y hacer caso a su palpitante miembro, y a la mujer excitada que se masturba a su lado.
La mira a ella, mira a la carretera, mira a ella, mira a la carretera. Es incapaz de concentrarse escuchando como gime, sabe que esta exagerando para llamar más su atención, viendo como frota su clítoris dibujando círculos, más rápidos, más lentos, lo alterna con rápidas penetraciones con un dedo, dos, tres ¿cuatro? ¿llega a introducir cuatro?
Dios, no puede más, eso está siendo una tortura, y es ella la que debe ser castigada, no él.
-¡Se acabó! -gruñe dando un volantazo que hace a Carol detenerse y mirarle con los ojos muy abiertos sin comprender nada.
En cuestión de segundos para el coche en el arcén, echa el freno de... bueno, no echa nada porque ese maldito coche se conduce solo, agarra la pierna de Carol que aún está sobre el salpicadero y la gira con brusquedad hacia él para poder enterrar el rostro entre sus piernas.
-Dios -jadea ella arqueando la espalda -Daryl... -gime excitada a más no poder. No se esperaba esa reacción, pero bendita sea.
Daryl chupa su clítoris, como si pretendiese arrancárselo, lo arremolina en su lengua, lo muerde ligeramente y disfruta de su sabor.
Eso es mejor que cualquier hamburguesa.
No es suave, nunca ha sido suave en lo que a sexo se refiere, pero ella no lo detiene, no la escucha quejarse, es más, gime y siente como su humedad va creciendo, por lo que sigue manteniendo el ritmo, agarrando sus caderas con fuerza para mantenerla quieta en el lugar y penetrándola con su lengua, escuchándola gritar de placer cuando acelera los movimientos, y redobla la fuerza de sus mordiscos.
Música para sus oídos.
Está cerca, lo sabe, la presión que está haciendo con los talones sobre su espalda, sus puños cerrados agarrando la tapicería del asiente, y su respiración entrecortada la delatan.
Se detiene, dejándola al borde como hizo la noche anterior y la mira a los ojos, esos ojos que no parecen de este mundo. Casi que le da pena dejarla así cuando ve cómo le mira, en un hermoso ruego. Pero se merece eso.
/ * /
-¿Quieres recibir tu castigo? -pregunta sin esperar respuesta, y comienza a introducir dedos en su interior tal y como estaba haciendo ella. El primero resbala por su canal sin problemas, el segundo siente sus paredes internas acariciándole, el tercero puede notar la resistencia, y el cuarto comienza a estirar la piel, abriéndose paso por su húmedo, caliente y acogedor interior hasta introducir los cuatro nudillos.
-Primera y última vez que me prohíbes tocarte -gruñe, tirando de su cuerpo más hacia él.
Carol gime cuando él recoge sus fluidos y se los extiende por la muñeca. Sabe lo que pretende, lo ha hecho antes, y ha sido doloroso, como un parto a la inversa, supone, porque Sophia nació por cesárea, pero tiene la sensación de que esta experiencia será distinta, se está tomando su tiempo para preparar el terreno, otro cliente ya habría pasado a la acción son importar si ella estaba lista o no.
-Si te hago daño dímelo y paro -dice empapando bien toda su mano -Tienes prohibido correrte -advierte comenzando a empujar su mano, pero dejando el pulgar fuera para poder seguir estimulando su clítoris.
-¿Qué pasa si lo hago? -jadea sin aire cuando siente la mano acomodándose en su interior, siendo el dedo pulgar lo único que hace de freno para evitar que llegue a introducirse hasta la muñeca.
Dios, es una sensación deliciosa.
-Que mañana no dejaré que me estafes 3000$ de nuevo -responde, comenzando a bombear su mano suavemente, aún no ha terminado de adaptarse al tamaño, no quiere hacerle daño, quiere que disfrute de la experiencia.
Carol lo mira sorprendida, en una hermosa mueca que se debate entre el dolor y el placer.
-¿Qué? ¿Creías que no me había dado cuenta de como le guiñabas el ojo a ese tío? -revela él -Te mereces esto, por mentirosa -vuelve a gruñir, acelerando el ritmo cuando siente que sus paredes se han relajado permitiéndole total acceso a su interior.
-Eres más listo de lo que pensaba -Jadea, intentando coger el aire que él le roba con cada movimiento que hace. Vuelve los ojos, e intenta concentrarse en las luces del exterior, los sonidos de los coches pasando a toda velocidad a escasos centímetros de ellos, iluminando brevemente el interior de la cabina donde está siendo dulcemente torturada.
El muy hijo de puta sabía que le estaba mintiendo, y aún así le pagó ¿Por qué? Dios, no puede pensar, la está penetrando con la mano, con una habilidad que parece que lleva toda la vida haciéndolo, tocando cada rincón de su interior que lleva escrito la palabra placer, y torturando su clítoris hábilmente con su dedo pulgar. Todo ello sin apartar la vista de su rostro, mirándola con ojos negros de deseo, y disfrutando de lo que le está haciendo
No puede aguantar más.
-Daryl, por favor -solloza, intentando cerrar las piernas para sacarlo de su interior, pero no puede; su mano izquierda agarra firmemente su rodilla derecha, y su otra pierna está atrapada entre su fuerte espalda y el respaldo del asiento.
-¿Por favor qué? -pregunta con una media sonrisa, sin dejar de detenerse, disfrutando de la desesperación de su voz, sabe que la tiene al borde.
-Deja que me corra -ruega en un gemido, arqueando la espalda, cuando él acelera el ritmo.
Daryl la observa largos segundos, relamiéndose al ver como se retuerce presa del placer, mordiéndose el labio, y sus hermosos ojos mirando hacia la luna como si le rogasen un deseo. El deseo de aguantar o que él se apiade de ella.
Tan jodidamente atractiva...
-No -se niega en rotundo, y saca la mano hasta la mitad para poder añadir el dedo pulgar al conjunto de dedos que navegan por su interior, y vuelve a introducirla hasta casi la muñeca.
-Cabrón -gime ella, cuando entierra de nuevo la cabeza entre sus muslos para torturar su clítoris una vez más, mientras que su mano izquierda pellizca el pecho que tiene a su alcance, y la derecha explora su interior con movimientos suaves, arqueando los dedos, para acariciar las paredes, rozando ciertos puntos de placer.
Daryl ríe contra su centro al escuchar su insulto. Está sorprendido, está aguantando bastante, casi que siente que debería apiadarse de ella, y dejar que libere su orgasmo.
Pero no, merece eso por pensar que podía engañarle. Está más que acostumbrado a la picaresca y astucia de las prostitutas de la calle.
Si no le atrajese tanto...
Mete y saca su mano con fiereza, sin preocupaciones, su interior está completamente adaptado a ella, por lo que da rienda suelta a sus movimientos, excitado a más no poder con el sonido de sus gemidos.
Su mano está completamente húmeda, su interior es una piscina llena con los jugos de su placer.
Siente la tensión en sus paredes, ahora sí que no va a aguantar más.
Se detiene, y saca con cuidado la mano que abandona su interior con un sonido húmedo.
/ *./
Ella respira, aliviada por quitarse de encima la presión de no correrse, y frustrada por no haber podido terminar.
Besa su vientre, aún cubierto por el vestido y recorre su cuerpo sin dedicarle mucho tiempo, ya lo hará más tarde, en la intimidad de su habitación, cuando la tenga completamente desnuda.
Llega a su rostro hermosamente encendido y la besa profundamente, perdiendo el control cuando ella reclama su lengua de la que no tarda en hacerse dueña, manteniéndola presa de la suya, y sosteniéndolo contra su boca, agarrándolo del cabello.
-¿Te he hecho daño? -pregunta acariciando sus muslos.
Carol sonríe, que tierno le parece. Niega con la cabeza y agarra su pene cuando siente como lo clava en sus caderas.
-Chúpamela -ordena contra sus labios, gimiendo y meciéndose en su mano.
Necesita terminar, sus testículos duelen de lo hinchados que están.
Carol lo mira frunciendo el ceño.
-¿Te lo mereces? -pregunta fingiendo estar enfadada. Aunque sí está algo molesta por el afán que tiene ese hombre de dejarla a medias.
-Me he detenido cuando estabas a punto de correrte, te he hecho un favor -se excusa, mirándola orgulloso, por la capacidad que tiene de hacerle sentir placer.
Carol bufa.
-No te sientas tan especial, yo podría hacerte gritar mi nombre sin ni siquiera tocarte -lo baja del pedestal en el que él solo se ha subido.
-Puf, sí claro. Chúpala ya, anda -se impacienta él, que se acomoda en su asiento, separándose del volante para que la cabeza de ella no choque contra los mandos del coche.
Carol murmura un insulto y rebusca en su bolso, a la caza de un preservativo.
-Esto no es justo, yo no he utilizado protección -se queja él, no pudiendo evitar excitarse al recordar un par de minutos atrás cuando tenía la cabeza entre sus pálidas piernas. Desea volver a estar ahí.
-Allá tú con tus locuras, cariño, pero yo no me arriesgo a que me pegues algo -se defiende ella, sin dejarlo pensar más, cuando coloca el preservativo sobre la punta y lo desenrolla empujándolo con la boca como hizo la noche anterior, y que tanto le gustó.
-¿Otra vez de chocolate? -gime Daryl, apoyando la cabeza en el cabezal del asiento, no pudiendo hacer frente a la habilidad que tiene ella para llevar su miembro hasta el fondo de su garganta. Casi eyacula cuando tararea la respuesta teniendo su glande a la altura de la úvula, haciéndola vibrar contra él.
Acaricia su cabeza, enredando sus dedos en los bucles de su corto cabello pelirrojo, disfrutando del ir y venir, sintiendo como su miembro sale hasta estar al borde de sus labios, y lo vuelve a introducir, hasta que su nariz se estrella contra su pubis. Es casi hipnótico.
Mira hacia la ventana de su derecha, por donde se cuela la fresca brisa del otoño, y se echa a reír, los conductores que pasan por su lado deben de estar teniendo una buena vista del hermoso trasero de ella. No lo piensa permitir más.
Eleva la ventana, consiguiendo que el cristal tintado impida la visión al interior, y pudiendo ver así el reflejo de sus posaderas con total claridad.
Le encanta su cuerpo, tan pálido y estilizado, como si hubiese sido esculpido en piedra.
Recorre su espalda con sus dedos, y enrolla la tela de su vestido en un puño para remangarlo, hasta que la ventana le devuelve el reflejo de su sexo expuesto, hinchado y húmedo por la excitación, pidiendo a gritos que le de el orgasmo que le negó.
-Tócate de nuevo hasta que te corras -ordena, gimiendo cuando ve el reflejo de sus dedos acariciando su clítoris con furia, queriendo hacerse terminar pronto, antes de que él la detenga de nuevo.
Carol gime contra el miembro de él, ante su propio placer, necesitaba eso. Acelera el ritmo cuando se siente cerca. Él también lo está, siente la tensión en su cuerpo y su pene, que parece hincharse más en su boca.
-Joder -gime Daryl al tener la erótica visión de como su sexo se empapa, hasta el punto de gotear cuando su orgasmo llega y provoca el suyo propio.
Carol siente como Daryl tira de su cabello casi sin darse cuenta cuando culmina, llenando el preservativo con su esperma espeso, cuyo calor traspasa el látex y llega a sentirlo sobre su lengua.
-Lo siento -se disculpa sin necesidad entre jadeos, tirando de ella hacia arriba, para volver a besarla. Le encanta como besa -Eres muy buena en esto -la alaba con sinceridad, recolocándole el vestido, y pasando los dedos por su sexo, extendiendo los jugos de su placer.
Carol se retuerce contra su mano. Ese maldito hombre la va a matar.
-Es lo que tiene llevar más de media vida haciendo esto -susurra ella, mordiendo el lóbulo de su oreja, haciéndolo gemir cuando retira el preservativo con cuidado -Espero que tengas más de esto para luego -sonríe pícara, agitando el profiláctico cargado delante de sus narices.
Daryl ríe lamiéndose los dedos.
-Lo habrá -asegura, quitando el condón que ella sostienepara guardarlo en una bolsa que luego tirará -Ahora planta tu precioso culo en ese asiento y no te muevas hasta que volvamos a casa con mi Happy Meal -ordena, abrochándole el cinturón.
-Sí señor -murmura ella, sentándose con pose digna, fijando la vista en la carretera.
La noche comienza interesante.
Aparca el coche en el garaje, qué maravilla el poder abrir el portón sin necesidad de bajarse del auto, lo agradecerá en las noches de invierno, y qué alivio que el mecanismo sea tan silencioso, no como los zapatos de tacón de cierta señorita...
-Hey, hey, para -la detiene agarrándola del brazo -Tus tacones hacen ruido -señala hacia los zapatos.
-Lo sé, y me encanta -ríe ella, zapateando un par de veces. Le encanta hacer sonar sus pasos.
-Sí, muy bien, pero Gregory no quiere que traiga mujeres... ya sabes... como tú.
-Putas -escupe Carol, cansada de que a los hombres les cueste tanto nombrar su profesión, como si la fuese a ofender. Es puta, lo sabe ella, lo sabe él y cualquiera que pase por su lado cuando cae la noche -Oh, pobrecito bebé ¿tu niñera te ha castigado sin follar? -se burla con una fingida voz maternal.
-Sin follar con, ¿Cómo dijo él? ah sí, mujeres de tu calaña, pero puedo traer scorts o como pollas se diga-gruñe él, subiendo las escaleras del garaje que dan hasta la segunda planta, donde al final del pasillo está su habitación.
Hay un ascensor, pero no se va a arriesgar a usarlo y que al abrirse la puerta lo reciba Gregory con la cara de coño arenoso que tiene.
Carol arquea una ceja.
-¿Y por qué no trajiste una scort? -pregunta, subiendo tras él despacio, procurando hacer el mínimo ruido posible.
Daryl abre la puerta del pasillo.
-Pues porque me gusta follar contigo. Sujeta esto -dice entregándole la bolsa de papel con su menú infantil, para poder tener sus manos libres y así cogerla a ella en brazos.
Carol sonríe.
-Podría haberme quitado los tacones -susurra en su oído, lamiendo el lóbulo de su oreja, bajando lentamente, dejando un rastro de besos húmedos, y deteniéndose en su cuello, mordiendo con fuerza sobre el mordisco que dejó la noche anterior, marcándolo aún más.
Daryl se muerde el labio intentando contener el gemido que lucha por salir, cuando siente sus dientes clavándose sin miramientos en su cuello, y sus manos tirando de su cabello hacia ella para tenerlo inmovilizado. Que porqué no contrató a una scort, le preguntó... no está tan loco como para arriesgarse a no tener eso.
Sonríe al ver que Rick sigue aguardando frente a la puerta de su habitación. Deberá conocerlo más, puede ser un buen aliado a la hora de cubrir sus escapadas.
Lo saluda con un movimiento de cabeza preguntándole en silencio si está todo en orden.
El hombre asiente.
-Vaya, no me habías mencionado que íbamos a hacer un trío -se muerde el labio Carol, mirando hacia Rick fingiendo estar emocionada ante la idea.
-No vamos a hacer un trío -gruñe Daryl, que la deja en el suelo con delicadeza, como si se fuese a romper -Él es Rick... -ha olvidado el apellido.
-Rick Grimes, soy su guardaespaldas -se presenta él, extendiendo la mano hacia ella.
-Nancy, soy su puta -se presenta estrechando su mano. Se le hace extraño que alguien la salude sin tener otras intenciones -¿Entonces no vamos a hacer un trío? Qué pena -lamenta con falsedad, haciendo un puchero a la vez que lo devora con la mirada.
-Entra -ordena Daryl con voz cansada, guiándola hacia el interior, cerrando la puerta tras él. La inmoviliza contra la pared una vez que está en la intimidad de su habitación.
-¿Así que quieres hacer un trío? -pregunta con voz grave, recorriendo su cuello con su lengua, deteniéndose en su clavícula marcada, donde muerde hasta grabar sus dientes en ella -lo tendrás -asegura besando su boca, sin darle tiempo a responder o procesar lo que acaba de decir -pero no será mi guardaespaldas quien participe -añade, arrebatándole la bolsa de papel que contiene su cena.
-Oh, lástima -finge lamentar, pensando en quien narices va a participar -¿No será tu niñera, el Tregory ese? -pregunta, caminando con su sensual contoneo de caderas, siguiéndolo hacia la terraza de su habitación, que da a la piscina.
-Es Gregory, con G de gilipollas -corrige en un gruñido -Y no, ni loco -se asquea, sólo de imaginarla con él se le cierra el estómago -siéntate aquí, ahora vengo -la invita, separando una silla de la mesa de cristal que decora la terraza, para que se pueda sentar.
Carol obedece, y se sienta con elegancia, girando el torso para poder ver las luces de la gran ciudad. Es preciosa, desde su habitación en el hostal sólo puede ver un callejón donde se acumula la basura y las ratas pelean por un trozo de pan mohoso.
Le encantaría poder ver esas luces todos los días, con su niña a su lado e inventando historias sin sentida.
-Aquí tienes -llama su atención Daryl, dejando sobre la mesa una tarrina de helado de chocolate -Anoche me robaste una, y utilizas preservativos con sabor a chocolate, así que supongo que te gusta -murmura, sentándose frente a ella, y sacando su menú de la bolsa.
-No la robé, te avisé de que me la llevaba -replica ella, ocultando su estúpida emoción por ese simple gesto. Primero quiere invitarla a cenar, y ahora le ofrece helado de chocolate sin motivo alguno.
Daryl se echa a reír, perdido en la elegancia de su figura con la ciudad de fondo. No puede tener una mejor vista.
-Lo que tú digas, aquí tienes tu muñeco -dice entregándole el pequeño paquete que contiene un juguete en el interior.
Carol se muerde el labio sonriente, y lo guarda deprisa en su bolso, donde estará a buen recaudo.
Saborea el helado, dios, adora el chocolate. Recuerda cuando de niña se sentaba con sus padres junto a la chimenea y tomaban una taza de chocolate caliente, mientras veían la nieve caer por la ventana. Vivían en un pueblo pequeño, y a veces se quedaban aislados por semanas, viviendo de los víveres que compraron con antelación y soportando cortes de luz que les llevaban a utilizar velas y aprovechaban la oscuridad de la noche para jugar a las sombras. Tiene dulces recuerdos de su tierna infancia.
Los echa de menos, todos los días de su vida...
-¿De dónde eres? -pregunta Daryl de sopetón, mirándola por encima de su hamburguesa -tienes un ligero acento que no es de aquí, y no consigo ubicarte -añade con la boca llena.
Carol sonríe con suavidad. Casi parece que le ha leído el pensamiento.
-No voy a darte detalles de mi vida privada, niño rico, sólo te diré que no nací aquí, pero llevo más de veinte años en Estados Unidos -responde evadiendo la pregunta, es la mejor forma que tiene de protegerse.
La mira ladeando la cabeza. Su acento es muy débil, pero se le nota, sobretodo cuando pronuncia la letra R, la cual arrastra más de lo normal. Como ha dicho ella, no es de Estados Unidos, y ni de algún otro país de América, eso seguro.
-Muy bien... ¿Y puedo preguntar al menos por qué elegiste el nombre de Nancy? -pregunta cambiando de tema.
-Porque tengo las piernas largas como la Barbie -responde sin mirarle, distraída con su helado, pero alzando la pierna casi por encima de su cabeza.
Daryl traga con dificultad, intentando procesar su respuesta. No puede pensar, dios, ama sus piernas.
-Eso no tiene lógica, es como si yo digo que he pedido comida en McDonalds porque me gusta Burger King -compara él.
-Yo si le veo la lógica, y eso es lo que importa -se defiende ella -¿Por qué estamos en la terraza? ¿Pretendes presumir de hotel? -pregunta señalando hacia el hotel Dixon, que se alza orgulloso tras ellos.
Daryl mira hacia el lugar.
-Ni me había dado cuenta de que puede verse desde aquí -murmura asqueado -¿Sabes que cuesta 30000$ pasar la noche en la suite de lujo? -susurra negando con la cabeza -Es una exageración, odio eso... Y encima tengo que acatar órdenes y hacer cosas que no me gustan si quiero heredar todo esto. Como si me interesase...
-¿No te interesa tener dinero? -pregunta Carol, con la cuchara en la boca.
-No es eso, a ver... me gusta tener dinero ¿A quién no le gusta? pero mi dinero lo podría utilizar para cosas más útiles, a mí no me interesa tener todo esto -señala despectivo su alrededor -Me conformo con tener lo suficiente para pagar las facturas de una casa humilde, tener cinco comidas al día y poder permitirme algún pequeño capricho de vez en cuando: salir a cenar, ir al cine, comprarme ropa en una tienda de barrio... -se explica él, sacando los pensamientos de su interior.
Carol lo mira con una dulce sonrisa, quién le iba a decir que el heredero de la fortuna Dixon iba a ser alguien de origen humilde... Ese hombre es un ricacho sintiéndose mal por tener tanto cuando hay personas que no tienen qué comer. Como ella...
-¿Aceptas el consejo de esta puta? -pregunta dejando a un lado el helado para poder entrelazar sus manos sobre la mesa. Daryl se encoje de hombros -No la cagues, estas en una posición privilegiada, puedes hacer grandes cosas, acepta lo que te digan, ve a donde te ordenen, responde lo que quieran oír, miente, hazles creer que eres lo que ellos quieren que seas, que confíen en ti, monta tu propia empresa, algo ajeno a esto -señala hacia el hotel -Haz de tu afición tu profesión ¿Cuantos millonarios existen que se aburren, crean su propia línea de ropa, de perfume e incluso graban un disco a pesar de cantar como el culo? apoyarán tu negocio sólo por la fama de tu apellido, les dará igual si vendes piedras con ojos pintados a 100$, las comprarán por ser quién eres. Gana tu propio dinero, ve creando tu círculo de confianza, amasando tu pequeña fortuna, y entonces haz todos los cambios que desees, y mandas a tu niñera a la mierda, vende todo esto, traspasa el negocio de tu familia, sigue con lo que a ti te gusta y cómprate esa casa con la que sueñas.
Daryl deja de comer y la observa estudiando la idea. Sonríe, ¿Cómo alguien con una cabeza tan bien amueblada decide dedicarse a la prostitución? Es buena estratega, supone que ha utilizada las experiencias vividas en sus años aprendiendo la picardía de la calle y las ha adaptado a su situación,
-Creo que es lo más sensato que he oído hoy -murmura mesándose la perilla, y entonces recuerda algo -Gregory me ha pedido que me corte el cabello y afeite, ¿Tú que opinas?
Carol hace un puchero.
-Yo no quiero que te cortes el pelo, así puedo dirigirte donde yo quiera, podrías simplemente recogerlo en una coleta, y tu perilla... dios, es un placer añadido cuando estás en cierto sitio -gime volviendo a alzar su pierna haciéndole saber a qué se refiere, y mordiéndose el labio de manera seductora.
Su pene se agita nervioso, le encanta su explosivo de su carácter.
-¿Estás intentando provocarme? -pregunta lamiéndose los dedos tras terminarse la hamburguesa.
-Puede -se encoge de hombros ella, sin apartar la vista de él.
-Pues detente, aún no he terminado de cenar -murmura vaciando el paquete de ketchup sobre las patatas.
-¿No prefieres cenar otra cosa? -pregunta acariciando sus pechos, cuyos pezones se erizan cuando sus dedos rozan la zona.
Daryl traga saliva.
-Para, o te tiraré a la piscina -amenaza señalando hacia la pileta.
Carol la mira.
-Puf, no lo harás -se ríe ella volviendo a su helado, a lo que Daryl arquea la ceja interrogante -Estamos a principio de otoño, el agua está fría y tú pierdes toda la fuerza por la boca, niño rico -se burla tomando la última cucharada de helado
Daryl se levanta, y en un rápido movimiento la coge en brazos y la eleva sobre la piscina.
-Atrévete a volver a decir eso y te tiraré -dice mirándola con seriedad, y aprovechando para acariciar sus muslos.
Carol ríe. Esto va a ser divertido.
-Pierdes toda la fuerza por la bo...
La lanza antes de que termine la frase, es una mujer alta, pero pesa tan poco que apenas salpica.
Sonríe orgulloso, y espera cruzado de brazos a que salga de la piscina, a ver si se atreve a repetir esa frase.
Está tardando... tiene la sensación de que han pasado demasiados segundos. Joder, a lo mejor no sabe nadar, o el peso de los tacones no la han dejado subir a la superficie.
-Mierda -gruñe lanzándose de cabeza a la piscina. Bucea a oscuras, iluminado sólo por las pequeñas luces blancas de los laterales de la piscina, y las luces de la ciudad que se quedan en la superficie.
Busca por el fondo su vestido rojo, su piel pálida, sus tacones negros... A la izquierda, a la derecha, no ve nada. ¡Joder!
Saca la cabeza cogiendo el aire que tanto necesita.
-¡Nancy! -grita desesperado, como si ello fuese a hacer que saliese a flote.
-Te dije que podía hacerte gritar mi nombre sin ni siquiera tocarte -ríe pícara sentada al borde de la piscina -salí en cuanto saltaste.
Respira aliviado.
-¡Zorra mala! ¿Sabes el susto que me has dado? -gruñe saliendo del agua, estremeciéndose cuando el frío de la noche lame su piel húmeda.
-Oh, ¿He asustado al niño rico? Tranquilo cariño, que nadie se va a preocupar porque una puta se ahogue en tu piscina. -dice para tranquilizarle.
-¡Yo sí, te habrías ahogado por mi culpa! -exclama irritado con ella, hasta que se fija en el ligero temblar de su labio, no se habrá ahogado, pero podría resfriarse -Vamos dentro, anda, pondré un poco la calefacción -dice ayudándola a levantarse.
-¿De verdad te asustaste? -pregunta estrechándose contra él.
Daryl la mira, está mordiéndose el labio sin darse cuenta de lo condenadamente sexy que se ve con el cabello húmedo y el vestido ceñido a ella como una segunda piel, marcando sus pezones erizados.
-Puff -bufa él, besándola profundamente -Entonces... ¿Sabes nadar? -pregunta, necesita saberlo por si alguna vez vuelve a lanzarla al agua, o hacen algo más en el interior de esa piscina.
-Nado perfectamente, incluso con tacones -presume ella, dejándose guiar hacia el interior de la habitación, dejando sus huellas húmedas marcadas en el suelo.
-Desnúdate -pide frotando su cabello con una toalla y entregándole a ella otra -voy a poner a secar nuestra ropa en el radiador toallero para pijos que tengo en el baño y aún no he probado -explica sin perder detalle de la sensualidad felina de los movimientos que realiza para desnudarse, dejando al descubierto su hermoso cuerpo que en un par de minutos volverá a reclamar. Es la seducción hecha carne.
Lleva las prendas hacia el radiador y aprovecha para observarla sentada sobre la cama, secando su cabello, completamente desnuda, exponiendo su cuerpo sin vergüenza alguna. Dios, es perfecta.
Trastea entre sus cajones, bajo la atenta mirada de ella, en busca de ese maldito objeto que el imbécil de su hermano le regaló y que aún no ha tenido oportunidad de utilizar.
Sonríe malévolo cuando lo encuentra, espera que le guste.
-Coge esto-le pide lanzándoselo.
Carol lo agarra al vuelo y observa esa pequeña cosa azulada con forma de huevo con una fina cuerda al extremo.
Mira a Daryl interrogante.
-Querías un trío ¿no? Pues ese será el número tres -explica sin sacarla de dudas.
-¿Y cómo funciona? ¿Lo sumerjo en agua y espero unos minutos hasta que se convierta en un alemán de metro noventa con un pollón de 30cm? -bromea, escudriñando el objeto.
Daryl se echa a reír.
-Muy graciosa, introdúcelo donde quieras -pide cruzándose de brazos, esperando ver cual de sus dos estrechos conductos elige.
Carol vuelve a observar el objeto y luego a él.
-Muy bien, pero puede que sientas una ligera molestia -advierte con sonrisa pícara, haciendo a Daryl perder la paciencia.
Se acerca a ella en dos zancadas y la besa, obligándola a tumbarse en la cama y arrebatándole el objeto.
-Te di la oportunidad de elegir -gruñe contra su boca mientras baña el pequeño objeto en sus fluidos, para así lubricarlos e introducirlo entre sus labios sin dificultad, hasta adaptarlo en el interior de su canal.
-Estás muy húmeda -susurra, acariciando su clítoris con los dedos.
-Porque me has tirado a la piscina, capullo -le recuerda ella, revolviéndose en la cama cuando él muerde su clavícula otra vez, justo en el mismo lugar que antes -¿Para qué narices es ese chisme? yo no siento nada -se queja ella, que debe cerrar sus piernas para cerciorarse de que sigue ahí.
Daryl sonríe contra su cuello, y pulsa el botón del pequeño control remoto que tiene entre sus manos, activando la intensidad más baja.
Gime cuando siente las suaves vibraciones produciendo un hormigueo en su interior que hacen que se le endurezcan los pezones.
Muy leves como para provocarle el orgasmo, pero lo suficientemente intensa como para no poder ignorarlo y tener la necesidad de más.
-Vas a estar sintiendo esa cosa vibrar entre tus piernas todo este tiempo mientras yo recorro tu cuerpo y aumento la intensidad hasta que me supliques que te folle -gruñe mordiendo su hombro, colocándose encima de ella, metiendo una pierna entre las suyas para evitar que las junte y así darse placer a sí misma -¿Dónde están las marcas de la noche anterior? -pregunta al darse cuenta de que su piel luce pálida y virgen.
Carol le dedica una media sonrisa.
-Tranquilo machote, tu territorio sigue marcado debajo de tres capas de maquillaje -jadea sintiendo como lame cada curva desnuda de su cuerpo, como si quisiera limpiar todo aquello que cubre los moretones que él dejó.
Daryl sorbe en el hueco de su garganta, sintiendo su pulso acelerado, incluso juraría que puede escuchar el sonido que hace su corazón al intentar bombear sangre.
Se permite unos segundos para disfrutar de la sensación de ella arañando su espalda sin miramiento, a ver como explica mañana las marcas nuevas...
La siente agarrar su cabello para mantenerlo pegado contra su cuello para que continúe.
¿Le gusta eso? pues le dará más. Muerde donde sabe que ya está marcada, y se aprieta contra ella, presionando la punta de su pene duro contra su clítoris húmedo por la excitación.
Ella gime, un gemido sincero, está disfrutando de aquello, y eso lo excita aún más.
Baja por su pecho, y amasa sus dos montículos con toda la mano, atrapando los pezones entre sus dedos y apretando hasta tenerlos duros como dos guijarros helados.
Gruñe ante tan hermosa visión, y se lleva uno a la boca, para torturarlo, morderlo, y mamar de él, limpiando cada gota de agua dulce proveniente de la piscina que queda sobre él.
De nuevo ella presiona su cabeza contra su cuerpo, amordazándolo en su pecho, obligándole a seguir hasta que afloje su agarre. No le importa, le gusta que tenga esa necesidad de sentir más, que disfrute.
Aumenta la intensidad de las vibraciones.
Carol se arquea ante tan inesperado cambio de ritmo. Dios, eso es maravilloso, casi que se siente mal por disfrutar de cada cosa que él le hace, ya sea su inocente invitación a cenar, como la sensación de su puño en su interior. No recuerda cuando fue la última vez que disfrutó con un cliente, la última vez que un hombre buscó algo más que su propio placer, Daryl desea verla disfrutar, y lo está consiguiendo.
La observe retorcerse, con los puños fuertemente cerrados, enrrollando la sábana en su interior, la boca entreabierta, los ojos cerrados, y su corto cabello húmedo pegado a su piel.
Lame su vientre, raspando con sus dientes su camino hacia su centro de placer, el cual ignora para centrarse en el interior de sus muslos, sus piernas, esas que tanto lo han torturado hoy. Besa, lame, sorbe, muerde como si no hubiese mañana, dejando un hermoso mapa sobre sus pálidos muslos.
-Daryl, por favor -suplica ella, tirando de su cabello rubio, para guiarlo hasta su centro.
Se echa a reír ¿Así que a eso se refería cuando le preguntó si debía cortarse el cabello? Le gusta ser controlado así, que le den a Gregory, sus greñas se quedan.
Muerde sus labios, sintiendo el juguete vibrar contra su barbilla, y lleva el clítoris a su boca, una vez más esta noche, le gusta darle placer, tenerla al borde, está preciosa cuando la tiene desesperada por su liberación, con el rostro enrojecido, y su cuerpo brillante por el sudor.
Roza su perilla contra su centro ¿No decía que eso era un placer extra? Pues ahí tiene.
Carol gime cuando él la devora como si no hubiese comido en años, arañando con sus barbas cada punto de placer, mordiendo su botón de nervios, como si intentase dejarlo marcado reclamarlo como suyo, aumentando su placer aún más, teniéndola al límite del orgasmo.
Vuelve a disminuir las vibraciones del juguete.
-Hijo de puta -lo insulta ella, ya casi lo tenía.
-Date la vuelta, malhablada -gruñe, tumbándola boca abajo, para que su cuerpo presione contra el colchón.
Gime al ver que el mordisco que dejó en su trasero sigue ahí, sin maquillaje alguno. Debió haberlo olvidado, se lo hará recordar.
Muerde el otro cachete, apretando con fuerza el que ya está marcado.
Y lo azota, dejando su mano grabada a fuego, y arrancándole un gemido a ella.
-¿Quieres que te folle? -pregunta contra su oído, acariciando la zona enrojecida por la cachetada.
Carol asiente sin aire, necesita terminar, no puede aguantar más la necesidad, esas leves vibraciones la crispan, necesita que el ritmo aumente.
-No te oigo -gruñe mordiendo el lóbulo de su oreja.
Traga saliva.
-Sí, quiero que me folles, por favor -suplica con el poco aire que le queda, sintiéndolo sonreír contra su oído, besar su espalda, y maniobrar en busca del preservativo.
El juguete sigue en el nivel más bajo, y él se acomoda entre sus nalgas, buscando su entrada.
Se mueve despacio, algo que le gusta de él, a pesar de ser un salvaje tiene miramientos, y actúa con delicadeza cuando es necesario.
Entra en ella palmo a palmo, ganando terreno, llenándola, hasta que su pubis está a ras contra su trasero.
-Me gusta tu culo, es tan redondeado y apretado -gime él, moviéndose lentamente, terminando de adaptarse, acelerando el ritmo cuando siente que se reduce la resistencia.
Carol se queja bajo él, quiere que aumente el ritmo aún más, pero está inmovilizada por el cuerpo de él sobre su espalda.
-¿Pero qué? -se sorprende él cuando siente los talones de ella golpear sobre su espalda -No me arrees como si fuera un caballo -se queja él, amasando su trasero, disfrutando de la visión de su miembro entrando y saliendo de su interior.
-¡Pues muévete, imbécil! -gime entre dientes, volviendo a golpearle con los talones. Bendita flexibilidad.
Daryl la embiste, una, dos, tres veces...
-¿Así? ¿Esto es lo que quieres? -gruñe manteniendo ese ritmo. Ella sólo gime con cada golpe, y él se pierde en el placer, sintiendo como sus paredes lo abrazan, y las débiles vibraciones del juguete se cuelan a través de la fina piel que separa un canal del otro, acariciando su miembro.
Echa su cuerpo sobre el de ella, y agarra su garganta en busca de un beso hambriento, enredando su lengua con la de ella, con cierta dificultad debido a la incómoda posición.
Sus labios producen un sonido húmedo cuando se separan y él se queda a un palmo de su rostro observándola.
Sus mejillas encendidas, los labios rojos entreabiertos, y sus enormes ojos azules mirándolos en una súplica silenciosa.
-Eres preciosa -gime contra su boca, acelerando el ritmo y aumentando la intensidad de las vibraciones hasta que se hacen insoportables incluso para él.
Ambos gimen ruidosamente, cuando sus orgasmos llegan a la vez, forzados por las intensas vibraciones.
Se deja caer sobre ella, dejando que su pene se ablande en su interior, y sus réplicas cesen, y dejen de ordeñarlo.
-Dios -gime exhausto, rodando a su lado -Vale, eso ha sido... -no termina la frase, se gira para mirarla a ella, que no ha cambiado de posición, continúa boca abajo intentando recuperar el aire, mirándole con un solo ojo.
-Hey -se tumba de lado para estar más cerca de su rostro -¿Estás bien? -pregunta algo preocupado, frotando su espalda desnuda.
Mierda, se ha pasado, joder, es un bruto que no controla y le ha hecho daño, Dios, si...
-Debemos hacer un trío más a menudo, me gusta tu amigo -bromea ella, una vez que ha localizado la cuerda del juguete y ha conseguido sacarlo de su interior.
Respira aliviado, sólo estaba extrayendo esa cosa.
-Estoy de acuerdo -apoya él, cogiendo el juguete y dejándolo sobre la mesita de noche, junto al condón que por su bien deberá recordar tirar antes de que Jacqui entre a limpiar la habitación.
Carol mira el reloj de su muñeca.
-Te quedan dos horas niño rico, ¿Qué más quieres hacer? -pregunta apoyándose sobre su pecho, dibujando círculos sobre él, y acariciando su vello distraídamente.
Daryl la observa.
-Podemos quedarnos así, hasta que tengas que irte -murmura sintiéndose tímido, no es algo que esté acostumbrado a pedir, pero no entiende porqué le gusta tanto...
-Como usted ordene -susurra ella, acariciando su mejilla contra su pecho, y relajándose con el golpeteo de su corazón acelerado, esforzándose en estabilizarse tras el intenso momento.
Daryl mira sus cuerpos desnudos y brillantes por el sudor entrelazados el uno con el otro. Es una imagen preciosa.
Acaricia su espalda, disfrutando de la suavidad de su piel, intentando explicarse el extraño calor humano que siente al tenerla abrazada a él ¿Por qué le gusta tanto ese gesto? supone que porque es algo nuevo que jamás ha tenido la oportunidad de tener.
Daryl despierta solo, se maldice por haberse quedado dormido de nuevo, joder, le relaja muchísimo tenerla abrazada a él.
Se daría de hostias por... y entonces la ve junto a la puerta cristalera del balcón, ya vestida, sosteniendo una copa vacía en una mano, y un cigarro en la otra.
-Aún no te has ido -murmura con voz somnolienta levantándose de la cama, exponiendo su desnudez sin pudor alguno.
Sonríe girándose hacia él.
-Pagaste por una noche y yo cumplo, aunque tenga que pasarme una hora viéndote dormir -dice ella, dando una larga calada a su cigarrillo, para terminárselo de una vez -Ya me voy -anuncia cogiendo su bolso.
Daryl la acompaña hasta la puerta y le entrega la chaqueta de cuero.
Carol lo mira esperando una explicación.
-Hace frío fuera -explica -¿Te veré esta noche? -pregunta con la mano en el pomo.
-Si no se te adelanta ningún otro cliente sí -responde con una sonrisa seductora, colocándose la chaqueta. Lo agradece, ya empieza a refrescar.
-No lo hará -asegura él. Aunque tuviese que estar toda la tarde frente a ese puticlub -Hasta la noche -se despide inclinándose para besarla, pero ella arquea la espalda alejándose de él.
-Se acabó tu tiempo, niño rico -se escabulle ella, saliendo por la puerta con los tacones en la mano y alejándose por el pasillo ante la atenta mirada de Daryl.
-Acompáñala, asegúrate de que no la descubren -le pide a Rick, que obedece sin rechistar.
Comienza otro día de su nueva vida, y tiene claro que piensa aplicar los consejos de Nancy, esa mujer que empieza a estar en su mente más tiempo de lo normal.
Hola, pues aquí tenéis otro capítulo más, cargado de sexo, pero con detalles y conversaciones que han calado en ambos.
Carol se cierra a los sentimientos, y se niega a dar detalles sobre su vida personal, a diferencia de Daryl, que no tiene problemas en comentarle sus inquietudes y a sentirse cómodo teniendo algo más que sexo con ella.
Otro detalle, que quizás no os habéis dado cuenta, es que Daryl no tiene ni idea de como funciona el mundo de la prostitución, y cree que ella lo ejerce por gusto.
Habéis preguntado si la historia será larga. En principio sí, según si sigue teniendo buena acogida y no os aburrís.
A quién comentó que el fic le recuerda a la canción Rockabye. Oye, pues tienes razón, le va bastante bien XD
Si tenéis alguna sugerencia sobre algún juego, postura, u acto sexual que os gustaría ver, podéis hacerlas sin miedo :)
De nuevo gracias por vuestros comentarios, espero que os haya gustado el capítulo.
