6. Otra mujer

De nuevo hay una escena de sexo alojada entre estos símbolos "/*/" "/*./ No es sexo duro, pero es algo tabú para algunas personas.

Llegan a la casa, tan grande y solitaria como siempre. Agradece que Gregory duerma en la habitación de abajo, y que las paredes estén construidas con un buen material aislante, impidiendo así que ese aguafiestas escuche sus gemidos de placer.

De nuevo ha tenido que cargar con ella hasta la puerta de la habitación. Vale que podría haberse quitado los tacones como ella propuso la noche anterior, pero le gusta llevarla en brazos, a pesar de que sea toda una odisea; Casi se le olvida caminar cuando ha sentido su lengua juguetona buscando el punto de placer que tiene tras su oreja, y su pene ha respondido irguiéndose, feliz de volver a probar a esa mujer.

Llegan a la puerta de su habitación, donde Abraham espera haciendo guardia.
-¿Has cambiado a tu guardaespaldas por un armario ropero? -pregunta alzando la vista el busca del rostro de ese hombre.

-Él es Abraham mi otro guardaespaldas. Abraham, ella es Nancy -la presenta dejándola en el suelo con la misma delicadeza que la última vez.

Abraham le extiende la mano y ella se la estrecha sonriente en cuanto ha terminado de quitarse la chaqueta.
-Abraham, que nombre más... bíblico -dice seductora -Guau, que brazos tienes -ronronea mordiéndose el labio, agarrando más allá de la muñeca.

Daryl se echa a reír.
-Deja de intimidar a mis guardaespaldas -le regaña, empujándola hacia el interior de la habitación.
Cierra la puerta y la besa sin darle tiempo a hablar.
-En serio, los asustas -gruñe contra sus labios, desplazándose lentamente hacia su barbilla, arañando el hueso de la mandíbula, mientras que sus manos se trasladan a recorrer su cuerpo con desesperado deseo. Ha echado de menos tenerla entre sus brazos. Su hermoso cuerpo esculpido en mármol, sus besos, sus caricias, su piel suave, su olor, su sabor, su sonrisa, sus malditos ojos...

Carol gime casi sin darse cuenta cuando Daryl muerde sus pezones sobre la tela del vestido, y sorbe como queriendo endurecerlos, dejando así una cerco húmeda sobre este.
Él la mira con gesto canalla, sabiendo lo que acaba de hacer con ella. Ha gemido, por lo que repite la acción redoblando la intensidad.
Está tentada a cerrar los ojos y dejarse hacer. Pero no, hoy hay cambio de planes.
-Me encanta tu ropa de niño pijo -ronronea tirando de la corbata para guiarlo hasta ella y forzarlo contra sus labios para un posesivo beso.
Lo escucha gruñir contra su boca cuando con su otra mano da un fuerte apretón a su miembro, que pide a gritos ser liberado de los confines de esa prisión. Sí que se ha excitado rápido.
-Hoy te voy a follar yo a ti -asegura antes de empujarlo contra la cama, donde cae de espaldas cuando sus rodillas chocan con el borde, y se queda mirándola perplejo.
Le encanta ver la sorpresa en su rostro.
Quien dice cambio de planes quiere decir cambio de líder, de alfa, de dominante.
Ahora manda ella y punto.

Daryl no entiende porqué su cuerpo reacciona así, siempre le ha gustado tener el control, ser él quien lleve la voz cantante y domine la situación, pero verla arrastrarse sobre su cuerpo con esa sensualidad felina hace que pierda la cabeza.
Observa como se coloca a horcajadas sobre él. Si corto vestido de ha subido solo al abrir las piernas, y le muestra su hermoso sexo.
Gime, ya había olvidado que no lleva bragas. Qué lástima que aún tenga los pantalones puestos, porque con una simple elevación de cadera podría penetrarla en ese momento.
Ella vuelve a besarle con esa pasión que jamás ha visto antes, devorando su boca, esclavizando su lengua, mordiendo su labio y haciendo que sin darse cuenta él se entregue a ella.
La siente besar su cuello, volviendo a morder la marca que dejó. Empieza a pensar que tendrá que aprender a vivir con ese chupetón en su cuello.
Sus manos desanudan la corbata, que tan bien anudó Rick esa misma mañana, y se la enreda sobre su delicada muñeca de mujer como si pretendiese hacerla pasar por una pulsera.
Levanta la cabeza y lo mira sonriente.
Está tan sexy con esos aires de superioridad que se está dando...
Lleva las manos hasta sus caderas, donde sus curvas femeninas son más que evidentes, e intenta desviarlas hasta sus deliciosos glúteos, para acariciar la carne allí. Sólo de pensar en los mordiscos que tiene e cada nalga se le hace la boca agua.

-No -Lo detiene ella con voz firme. Le sujeta ambas manos por las muñecas y las colocas sobre sus pechos aún cubiertos por el vestido.
-Apriétalos fuerte, tira de mis pezones, y deja tus dedos marcados sobre mis pechos -ordena con una voz tan condenadamente sensual que con gusto obedece, consiguiendo hacerla gemir, y de paso gemir también él cuando ella comienza a mover las caderas en círculo, rozando su sexo desnudo contra su miembro que aún sigue encerrado en su prisión de... ni puñetera idea de la tela con la que están hechos sus pantalones de pijo.
Cierra los ojos un instante, recostando la cabeza. Quiere utilizar sus otros sentidos para disfrutar del peso de ella sobre su cuerpo, sus movimientos suaves, sus gemidos de placer cuando tira de sus pezones... La tiene a su merced.

Carol sonríe malévola ¿Cómo puede ser tan confiado?
Sigue gimiendo y moviéndose tal y como está haciendo, quiere mantenerlo distraído mientras ella desenrolla la corbata de su muñeca y la anuda en un rápido movimiento sobre las de él, aprovechando que sus manos están sobre sus pechos a una corta distancia una de la otra.

Daryl abre los ojos al notar una tela alrededor de sus muñecas.
-Hey, ¿Qué coño haces? -no le da tiempo a reaccionar, en un segundo el otro extremo de la corbata ha sido atado hábilmente a uno de los hierros verticales del cabecero -¿Pero qué demonios... -masculla intentando liberarse.

-No te esfuerces cielo, es un nudo marinero, ni siquiera yo sé cómo se deshace, siempre tengo que cortar la corbata. Espero que no le hayas cogido cariño -ronronea contra su oído, disfrutando del poder que tiene ahora mismo sobre él.
Hoy le toca divertirse.

-¡Suéltame! -ordena intentando escurrir las muñecas de sus ataduras, pero es inútil, cuanto más tira más se aprietan.

Carol hace un puchero.
-Jo, ¿De verdad quieres que te suelte? ¿No tienes curiosidad por saber lo que te voy a hacer? Te juro que vas a experimentar un placer que no has sentido en toda tu puta vida, y si no es así te permitiré que me castigues como más desees: Atándome, azotándome, negándome el orgasmo... Lo que se te ocurra -seduce con una voz de sirena que hace que se rinda a sus pies en ese mismo instante.
Carol sonríe cuando nota que se relaja. Parece que para dominarlo debe asegurarle que él podrá dominar luego.
-Así me gusta -dice dando un casto beso en sus labios mientras agarrar la camisa y tira de ella, abriéndola sin desabrocharla, haciendo que todos los botones salgan disparados en diferentes direcciones alrededor de la habitación emitiendo sonidos metálicos.
-Uy, perdón, creo que la he roto -se disculpa con fingida culpa.

-La madre que te parió... -ríe Daryl. A ver cómo explica mañana lo que ha pasado con esa camisa -¡Deja de hacer el tonto ya y déjame follarte! -se impacienta, levantando la pelvis haciéndole notar lo excitado que está.

Carol frunce el ceño; parece que ese niño rico aún no comprende lo que está pasando ahí.
-¿Que tú qué? Soy yo la que te folla a ti, cariño, ¿Quieres que lo haga? pídelo, di: Nancy, quiero que me folles -ordena arrastrando las uñas por su torso desnudo, arañando la piel musculada de su abdomen, clavando las garras sobre su pelvis. Tiene un cuerpo muy atractivo, sigue sin entenderlo, es guapo, rico, simpático ¿Por qué putas? Supone que por sus gustos sexuales tan excitantemente salvajes. Es difícil encontrar a otra persona que se adapte a ti, que sepa cómo hacerte ver las estrellas, que le guste las mismas prácticas sexuales que a ti, y disfrute al máximo de ello. No... eso es bastante complicado, y más si tienes gustos especiales más allá del misionero. Pero con una prostituta es fácil, si no le gusta como follas o lo que le hace el cliente, no tiene más remedio que aguantarse, que para eso le pagan.
Ella tiene suerte, disfruta del sexo con él, es excitante, no es el típico polvo rápido que no le aporta nada, ni es una sesión de BDSM donde se incumplen las reglas y no la escuchan cuando pide que se detengan. Es tratada como una muñeca que es incapaz de sentir dolor.
Con Daryl es diferente. Lo pasa bien.

Daryl gime de placer al sentir cómo sus uñas se clavan en su piel, le gusta ese delicioso maltrato, pero se niega a decir esa frase, no le va a dar el gusto de que vea que lo tiene totalmente rendido a sus pies, al menos no tan pronto.

Carol vuelve a sonreír.
Daryl tiene la mandíbula apretada y la mira como si fuese ella la que está atada ¿Quiere hacerse el duro? Pues a ver cuanto aguanta.
Besa sus pectorales con sensualidad, clava los dientes sobre sus pezones, y tira de ellos con fuerza como él haría con ella, sin dejar de mirarle, disfrutando de los gestos que hace para evitar gemir.
Eso le va a dejar marca.
Baja hasta su abdomen, donde araña con los dientes y uñas, dibujando el contorno de cada músculo marcado a cincel, sorbe la piel y muerde en cada vez que cree que lleva demasiado tiempo sin escucharlo gemir, dejando su torso completamente marcado. Precioso mapa.
Se arrastra hasta el final de la cama para poder quitarle esos zapatos, que deben valer más que todas sus posesiones, y le saca los pantalones.
Sonríe sorprendida.
-Vaya, ¿Tú también vas en plan comando? Ay Nancy, si es que vas marcando tendencia -se alaba a sí misma.

Daryl gime aliviado, su miembro ya puede respirar.
-Sí, qué remedio ¿Sabes lo doloroso que es estar empalmado todo el camino desde que te recojo hasta que llegamos aquí? Te follaría contra la puerta de ese puticlub si pudiera -confiesa él. No sabe cómo coño lo hace pero lo pone realmente cachondo.

Carol sonríe orgullosa de provocar eso en él.
Mira hacia su miembro, que se yergue firme y poderoso, con las venas marcadas, bombeando sangre hasta la punta, donde el líquido preseminal rezuma por su culpa.
Sacude la cabeza ¿A qué coño ha venido esa excitación extra que acaba de sentir? No es la primera polla que ve, ni será la última.
Se aleja de él para continuar con esa tortura.

Daryl la mira, está de espaldas, cogiendo su bolso.
Le gusta su cuerpo, le falta un par de kilos, pero no deja de ser un cuerpo bonito, pálido, y estilizado, con unas claras curvas de mujer y un culo... Dios, muy bien puesto.
Se mueve por la habitación con su descarada sensualidad, y se adueña de una botella de whisky que se sirve sin reparos ni prisas mientras que él continúa esclavizado a la cama.
-¿En serio? -resopla, aunque se lo tiene bien merecido, él le hizo exactamente lo mismo la primera noche.
Ella le sonríe malévola, pero lo ignora, en su lugar, se sienta sobre uno de los sillones orejeros de cuero rojizo que hacen esquina en la sala.
Apoya el vaso sobre la mesa redonda de café donde un juego de ajedrez espera ser utilizado, rebusca en su bolso y enciende un cigarrillo, para desesperación de Daryl.
-Me estás sacando de quicio -le avisa, pero ella ni se molesta en mirarle, sólo mueve correctamente las piezas del ajedrez, iniciando una partida con ella misma, da caladas a su cigarrillo y bebe el vaso de whisky.
Dios, alcohol, tabaco y sexo, sus tres adicciones, tan cerca de él, y tan inalcanzables. ¡Maldito nudo marinero!

Carol lo mira por el rabillo del ojo, está resoplando desesperado. Qué rico, está tan ciego por la excitación que duda de que se haya dado cuenta de lo que ha cogido del cajón.
Espera que le guste lo que le tiene preparado. En todos estos años ha aprendido a conocer los gustos del cliente sólo por la forma que tiene de hablarle; Los hay dominantes "ponte aquí, chupa allá..." , posesivos "Di que eres mía" sumisos "Sí ama" y peligrosos "Deja de pedir que pare, puta", por desgracia estos últimos son los que más abundan.
A Daryl aún no termina de descifrarlo, es dominante, pero no tanto como para reclamar todo el control, no es sumiso, pero a la vista está que no le importa ceder poder, no ha echo nada que lo haga ver posesivo, y peligroso mucho menos.
Necesita saber donde encaja él.
Un sonido la saca de sus pensamientos. Le parece haberle escuchado decir las palabras mágicas.
-¿Qué has dicho, cariño? -pregunta fingiendo desinterés, mirándolo a través del vaso.

-Sabes perfectamente lo que he dicho -refunfuña molesto. ¿En serio le va a hacer repetírselo? Se va a enterar cuando lo suelte.

Carol ríe, y continúa con su partida, lleva mucho sin jugar al ajedrez, pero más o menos recuerda las reglas. Su padre le enseñó, y a veces le ganaba, o él se dejaba ganar, no sabe, y nunca lo sabrá.

-He dicho: Nancy, quiero que me folles -repite irritado. Se está pasando ya, la espera lo está matando, esa erección empieza a doler.

Se gira hacia él, interesada en lo que acaba de oír.
-Di: Fóllame, mi reina -ordena, acomodándose en el sillón con las piernas cruzadas, la copa en una mano y el cigarrillo en la otra, dándose aires de grandeza.

Daryl resopla entre risas. Tiene pose de reina pero...
-No te pases ¡Ven aquí ya! -ríe, haciéndola reír también. Le encanta su risa.

Carol da una última calada a su cigarrillo y lo apaga sobre el posavasos que no ha usado.
Supone que ya ha tenido suficiente.

La observa caminar hacia él moviendo las caderas, y su pene responde impaciente, preparándose para lo que viene.
Se arrastra por encima de su cuerpo, andando como una gata, dándole una buena visión de su escote. Le parece increíble que aún esté vestida, si pudiera le arrancaba el vestido como ella ha hecho con su camisa.
Se sienta a horcajadas sobre su vientre y lo besa devorando el interior de su boca, dándole su dosis de nicotina y alcohol.
-Quítate el vestido -ordena en un gemido contra sus labios. Necesita verla desnuda.

Ella chasquea la lengua varias veces.
-No, hoy mando yo, cariño -le recuerda mirándole perversa mostrándole el pequeño vibrador con forma de huevo que utilizaron la noche anterior.
Daryl gruñe como un animal, no sabe cuando lo ha cogido, pero bendito sea.
Eleva la pelvis, apoyándose en un brazo.
-¿Te gusta lo que ves? -pregunta gimiendo cuando comienza a introducirse el juguete en su interior húmedo.

Daryl gime, lo tiene tan cerca de su rostro y la vez tan lejos...
-Desátame -ordena, necesita enterrarse entre sus piernas.
Pero ella lo ignora, sólo pulsa el botón de ON al nivel más bajo y se vuelve a sentar.
Daryl Puede sentir las leves vibraciones sobre su abdomen, y la humedad creciendo en el interior de ella, a la par que gime y se balancea frotando su clítoris contra su vientre, dejando un rastro de fluidos que se muere por lamer.
-Déjame saborearte -pide suavizando un poco su voz.

-¿De verdad quieres saborearme? -gime ella contra sus labios, y saca el vibrador de su interior. Le encanta ese cacharro.
Besa la mandíbula de Daryl al tiempo que pasa el juguete, aún encendido, por la barbilla de él, invitándolo a que abra la boca y pruebe su esencia.
Lo hace, y no puede controlar la excitación que siente cuando ve como cierra los ojos degustando su sabor, como si fuese la mejor delicia que ha probado.
Se lo retira de la boca, y Daryl se queja como el niño al que le arrebatan el chupete.

-Fóllame -le pide. Se muere por verla sobre él, cabalgándolo

-Ahora mismo, cariño, pienso follarte sin tocar tu polla, pero aún así te correrás -ronronea en su oído, balanceando el juguete frente a él para que entienda lo que va a hacer.

Daryl abre mucho los ojos alarmado ¿No pretenderá...?
-¡Qué dices, loca! ¡Ni se te ocurra! -gruñe moviendo el cuerpo para bajarla de él, pero es inútil, está a un palmo de su rostro mordiéndose el labio juguetona.

-¡Vamos, me lo debes! Tú me metiste la mano entera y ni me quejé ¿Y temes esta cosita minúscula? ¡Seguro que has cagado cosas más grande! -se burla ella, haciendo rodar el juguete entre sus dedos. No entiende el tabú que tienen los hombres cuando se trata de la puerta trasera de ellos, porque la de ellas bien que la disfrutan.

-¡Ni de coña, desátame, se acabó el jue... -no puede terminar la frase, ella lo está besando profundamente, haciendo que pierda la noción del tiempo. No sabe que tienen sus besos pero hacen que se olvide de quien es él.
Abre los ojos y... y de repente está viendo a otra mujer, su sonrisa perversa ha sido sustituida por una suave y dulce, y sus ojos son azules y puros como un lago lleno de verdades. No está viendo a Nancy, sino a la mujer que hay detrás de esa máscara. Y es preciosa.
-Relájate, te gustará, lo prometo -le susurra con una extraña voz suave, carente de mentiras, y mirándole directamente a los ojos, consiguiendo que su cuerpo deje de estar en tensión.
Ella sonríe satisfecha, como una niña pequeña que tras varias negativas ha conseguido convencer a sus padres de que la lleven al parque. Tan tierna...
-Además, lo he lubricado expresamente para ti -dice con voz seductora. Nancy ha vuelto, y no sabe si alegrarse o no, pero no le da tiempo a pensar; La siente bajar por su cuerpo, arañando, mordiendo y paseando el vibrador encendido por los surcos de sus abdominales suavemente marcados.
Pasa por su pelvis, mordiendo el hueso de la cadera, ignorando su miembro que la llama desesperado pidiendo que lo monte.
Besa el interior de los muslos, sorbiendo la carne y mordiendo tal y como hace él con ella.
-Madre mía -gime con voz ahogada cuando sus testículos han pasado a ser preso de sus dientes, que dan pequeños mordiscos a la fina piel.
Mira su miembro, el líquido preseminal que rezuma en la punta resbala por el tronco. Está tan excitado que empieza a desbordarse.

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El zumbido del vibrador se detiene al rozar el interior de sus muslos, al tiempo que la boca experta de ella maltratando su escroto lo distrae de lo que está a punto de hacer.
-¡Dios! -exhala sin aire al sentir el juguete introducirse en su interior, y... y no es para tanto, no ha dolido, es más, la sensación ha sido... ¿placentera? Dios, le da corte admitirlo.
Le debe una disculpa, ha sido un exagerado, como el niño que se niega a comerse el puré de verduras sin saber a qué sabe.
La busca con la mirada, no puede verla bien, su miembro erecto le impide la total visión, pero sabe que le está mirando con sus hermosos ojos azules, saboreando su reacción, diciéndole "¿Ves como no ha sido para tanto, cariño?".
-Aún no me he corrido -canturrea orgulloso, moviendo la pelvis para hacer balancear su pene. Eso de que iba a correrse sin ella tocarlo no ha funcionado.

Carol sonríe perversa. Inocente...
Se desnuda en un rápido movimiento, dejándose los tacones y se arrastra por su cuerpo, lamiendo desde el ombligo hasta su cuello, probando la sal de su piel, y rozando la punta de su pene con su vientre, llevándose con ella el líquido preseminal de la punta.
-El juego acaba de empezar, niño rico -informa activando la vibración en el nivel más bajo haciéndole gemir. Puede ver como se retuerce excitado.
-Tienes prohibido correrte antes que yo -informa -Así que hazlo bien -le recomienda, apoyando las rodillas a cada lado de la cabeza de Daryl, y agarrándose a los barrotes del cabecero.
-Ahora puedes saborear todo lo que quieras.

-Virgen santa -gime ante la hermosa visión que tiene de nuevo delante, y levanta la cabeza, ansioso por degustarla.
Está muy húmeda, realmente está disfrutando con esa tortura que está ejerciendo sobre él. Chica mala...
Dios, cuando ha activado la vibración ha enviado una descarga eléctrica a sus testículos que casi hace que se corra.
La devora con hambre, jugando con su clítoris, penetrándola con la lengua, y gimiendo contra su sexo por el delicioso y desconocido placer que está sintiendo ahora mismo, y que... vergonzosamente, está acelerado su necesidad de correrse, no puede más, su pene necesita ser estimulado de una vez. Joder ¿ni dos minutos va a durar? Bueno, si va a aguantar tan poco espera que ella aguante menos que él.
Acelera el ritmo de su lengua, muerde su delicioso clítoris, sorbe su botón hinchado, quiere hacerla llegar a su clímax, para introducirse en ella y ser premiado con el suyo, aunque se corra nada más pasar la frontera de sus labios.
Ella se mece a más velocidad, gimiendo y frotando su sexo contra su barba.
Él sonríe, la tiene cerca, y él lo está también. Por Dios, que se corra de una vez.

Carol se muerde el labio. No puede pensar, su cuerpo es sólo placer, Se mece sobre su rostro, casi olvidándose de que es ella la que debe darle placer a él, pero... Dios, ese hombre sabe cómo utilizar su lengua. ¿Dónde ha estado todos estos años?
Acelera un poco más el ritmo, cuando siente la presión en su abdomen, sabe que si él tuviese las manos desatadas la estaría estimulando con los dedos, pero como lo suelte ahora lo que hará será follarla. No quiere eso, quiere que experimente otro tipo de placer. Mira al cielo e intenta respirar por la boca, cuando su orgasmo llega, y libera todo el placer acumulado en su interior.
Mira hacia atrás: Daryl aún no se ha corrido.
Pulsa el botón que sube el nivel de vibración al máximo y espera a obtener el resultado deseado.
-¡Daryl! -gime cuando él ahoga su grito de placer contra su sexo, provocando así que las réplicas de su orgasmo, que aún no ha finalizado, sean aún más potentes.

Sonríe al sentir un líquido espeso y caliente salpicar sobre su espalda y resbalar lentamente hasta perderse entre sus nalgas.
Su poderoso miembro está escupiendo blanquecinas tiras de esperma.
Apaga el juguete se aparte de su cara y se sienta a su lado.
Mira su vientre, el semen derramado baila sobre él por el movimiento de su respiración agitada.
Mira su rostro, húmedo por sus fluidos. Quiere leer en sus ojos la valoración de la experiencia, pero sólo ve sorpresa.
-Te dije que te iba a hacer experimentar un placer que no habías sentido en tu vida -le recuerda con sonrisa satisfecha.

Daryl la mira sin creerse lo que ha pasado. Se ha corrido sin ser tocado. Se siente como cuando era adolescente y se levantaba pegajoso por las poluciones nocturnas. No ha podido controlarlo, por mucho que ha querido frenarlo, sencillamente ha llegado, pero ha sido... joder, no ha tenido un orgasmo así en su puta vida, sólo se lamenta de no haber estado dentro de ella en ese momento.
-Desátame -pide sin aire, a lo que ella obedece sin rechistar, sonriéndole burlona -¡Serás mentirosa! -gruñe cuando ve que desata la corbata tirando de un extremo. ¡Era un jodido nudo de lazo normal y corriente!
La agarra rápido por las caderas y la tumba sobre la cama para besarla y estrecharse contra ella, restregando su semen por su cuerpo desnudo.
Besa su garganta, trasladando su mano a su entrepierna, donde su clítoris aún palpita -Me encanta que estés así de húmeda -gruñe en su oído al tiempo que dibuja círculos sobre su centro hinchado. Llevaba demasiado tiempo sin tocarla -Quiero hacer que te corras otra vez -musita, y comienza a frotar con fuerza sus dedos sobre ese botón de nervios, dibujando círculos amplios y rápidos. Sabe que la excitación aún está ahí, y piensa aprovecharla para darle otro orgasmo que la deje tan exhausta como ella lo ha dejado a él.

Carol gime, todos los músculos de su cuerpo se han tensado de nuevo, deseosos de ese orgasmo, que está ahí pero le está costando salir.
-Córrete -ordena Daryl con los dientes apretados, frotando furioso su hinchado clítoris.
-No puedo -respira ella, sintiendo el familiar y delicioso dolor en su vientre.
-Hazlo -gruñe.
Añade dos dedos a su interior, y continúa frotando su centro con el pulgar, a la par que tortura sus pechos con la boca, endureciendo aún más esos pezones que aún están excitados.
Los gemidos de ella cesan, arquea la espalda, y puede sentir como pulsa sobre sus dedos, humedeciéndose aún más ese interior que ya está inundado.
Besa su boca.
-Dame media hora y mi polla volverá a estar aquí dentro después de que me la chupes -murmura en su oído, bombeando un par de veces más sus dedos, imaginando que es su pene.

Carol sonríe divertida. ¿Se cree que ha recuperado el poder? qué equivocado estás.
-Aún te tengo a mi merced -informa, y aprieta el botón del vibrador que aún está alojado en su interior.

-Hija de puta -gime él, retorciéndose con una mezcla exquisita de dolor y placer.
La escucha reír, con una risa de reina malvada de cuento de hadas, que le resulta extrañamente sexy.
Sonríe, esa mujer es de otro planeta.
Retira el vibrador de su interior, ante la sonrisa picarona de ella. Es un momento poco erótico para su gusto. Ella lo hace con más gracia y sensualidad.
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-Venga vamos -dice tirando de sus muñecas para levantarla de la cama.
-¿A dónde? -pregunta curiosa, ladeando la cabeza como un adorable perrito.
-A la ducha, estamos pringosos -responde guiándola hasta el baño, donde la enorme ducha los aguarda.

Se quita la camisa destrozada, la única prenda que lleva puesta, ni un botón ha quedado en su sitio, y entra en la ducha para regular la temperatura e ir limpiando con una esponja el semen que está pegado a su vientre, mientras ella se quita los tacones.
La observa descaradamente, deleitándose con la hermosa visión de su pálido cuerpo. La mira de arriba a abajo, de abajo a arriba, parándose en su rostro, que le sonríe con picardía. Es una auténtica belleza de mujer.
Extiende la mano invitándola a entrar, y enciende todos los chorros de la ducha, para que el agua salga desde todas direcciones, y así mantengan la temperatura.
Mira sus nalgas, donde varios moretones provocados por él las dos noches anteriores destacan sobre su piel pálida. Le excita, pero...
-Las cosas que te hago... -masca la pregunta al tiempo que frota los restos de semen que tiene ella sobre la espalda -¿Te gustan? ¿Te hago daño? -pregunta en un suave susurro, deteniendo sus movimientos a la espera de su respuesta.

Carol sonríe con dulzura.
-Sí me gustan, y no me hacen daño, me han hecho cosas peores -responde con sinceridad ¿Para qué mentir? está hablando sobre Nancy.

A Daryl se le paraliza el corazón; ahí está otra vez, esa mujer que vio antes, y por alguna razón siente la necesidad de retenerla más tiempo.
-Lo que te hice anoche en el coche... fui un bestia... -recuerda él.
Deja caer la esponja y la estrecha contra él abrazándola por detrás, balanceándose suavemente, relajándose con el agua cayendo sobre sus hombros -Lo siento.

Carol niega con la cabeza. ¿Por qué se disculpa?
Agarra una de sus manos y la mira. Es callosa, la mano de un hombre que posiblemente ha trabajado en la construcción, carpintería o cualquier trabajo por el estilo.
La compara con la suya propia y entrelaza sus dedos con los de él antes de hablar.
-Me han introducido cosas más grandes, no te preocupes -responde dejando caer la cabeza hacia atrás, para apoyarla sobre su pecho e intentar relajarse con el suave balanceo que él está produciendo.

-¿Qué cosas? -pregunta besando su cabeza.

Se encoge de hombros.
-No lo vi, tenía los ojos ventados, pero tenía el diámetro de una botella de agua de 2 litros -responde, estremeciéndose de dolor de sólo recordar esa vivencia; Sus piernas atadas, abiertas a más no poder, y ese objeto forzado en su interior, estirándola tanto que pensó que la iba a romper.

-Si alguna vez te hago daño o hago algo que no te guste dímelo, por favor, sea lo que sea, pídeme que pare y lo haré -pide apretándola más contra él, sintiendo la necesidad de protegerla. La escena que ha venido a su mente durante ese corto relato ha sido dantesca.

Carol sonríe.
No, definitivamente él no pertenece al grupo de los peligrosos.
-¿Y yo he hecho algo que no te haya gustado? -pregunta curiosa, aún no le ha dado su veredicto sobre lo que acaban de hacer.

Daryl se muerde el labio pensativo.
-Sí, el susto que me diste anoche cuando creí que te habías ahogado no me hizo ni puta gracia -responde, mordiendo su oreja como castigo.

Ella se ríe.
-Sexualmente hablando, capullo -aclara dándole un tirón del cabello por idiota.

Daryl finge pensar, sabe perfectamente que es lo que quiere saber.
-Lo de hoy ha sido increíble, nunca me habían hecho eso antes -confiesa haciendo que ella se ría. Esa hermosa risa...

-Lo sé, si te lo hubiesen hecho antes me lo habrías pedido. Os guste o no vuestro punto G está ahí, pero os empeñáis en creer que ese tipo de prácticas son sólo para homosexuales -comenta mirando al techo distraída.

-Uhmm, pues hay que repetir, pero quiero estar dentro de ti -dice - Y... ¿Y tú dónde tienes el punto G? -tararea en su oído, acariciando su cuerpo con manos juguetonas, hasta dar con una zona de su costado que provoca que ella se encoja -Uy, creo que acabo de encontrar el punto C de Cosquillas -ríe volviendo a atacar ese lado, sosteniéndola contra él con la otra mano para que no escape.

Carol ríe a carcajadas, ha encontrado su punto débil, no suele tener cosquillas en ningún sitio excepto ahí.
-¡Daryl! ¡Por favor! ¡Daryl! ¡Para! -pide sin poder controlar la risa.
Y él se detiene al momento.
Carol se gira para mirarle a los ojos, y controlar que no vuelva a atacarla a traición.

-Te dije que pararía si me lo pedías -le recuerda con voz melosa.
Ella le mira sonriente, y de nuevo le parece ver a la mujer que hay tras Nancy. Que... no entiende porqué, no tiene sentido, pero la ve más hermosa que ella.
Le encanta como las gotas de agua se posan sobre sus largas pestañas.
Acuna su rostro entre sus manos para besarla y...

-Está sonando el teléfono de la habitación -escucha Carol.

-Puf, que suene -murmura Daryl, a escasos centímetros de sus labios. Y entonces recuerda -¡Ay no, mierda! ¡Espera ahí, no te muevas! -grita saliendo del baño y corriendo a la habitación desnudo y empapado.

Carol se ríe de la escena.
No escucha claramente lo que está hablando a pesar de que intenta poner la oreja, no vaya a ser que Gregory, con G de gilipollas, vaya a presentarse allí y ella tenga que huir por la ventana, completamente desnuda.

Daryl regresa.
-Hey, sal de la ducha y sécate, te tengo una sorpresa -dice secándose a toda velocidad, frotando el cabello y el torso, para acabar atándose la toalla a la cintura -¡Te espero fuera, no tardes! -exclama lanzándole una toalla.

Carol se queda unos segundos allí parada como una estatua ¿Una sorpresa? ¿Qué sorpresa? ¡A saber que cochinada sexual se trae entre manos!
Frota su cuerpo, secándolo lo más deprisa que puede.
-Genial -gruñe al ver que se está llevando parte del maquillaje. Bueno, todas las marcas recientes de ese cuerpo las ha hecho él, así que no cree que le importe.
Se envuelve en la toalla, se calza los tacones y sale de la habitación acompañada de una nube de vapor de agua que hace que su aparición resulte muy teatral.
Mira a Daryl, está sirviendo vino en dos copas colocadas sobre una mesa que está segura que antes no estaba ahí.
Se fija bien: 2 copas, 2 platos, 2 juegos de cubiertos...
-¿Qué es esto, Daryl? -pregunta arqueando una ceja.

Daryl sonríe tímido.
-Nuestra cena -anuncia señalando los platos que están cubiertos por otro colocado encima del revés -Le pedí a Patricia, mi cocinera, que nos preparase mi comida favorita: Macarrones con queso, aunque según ella se llama macarrones a la siciliana, pero lo mismo es -Aclara. No sabe cómo descifrar la cara que está poniendo Carol -Siéntate -pide apartándole una silla.

Carol camina hacia allí con desconfianza ¿Qué pretende? Invitarla a una hamburguesa es una cosa ¿pero esto? ¿esta era la sorpresa? No sabe como sentirse, ese no es el tipo de sorpresas que se le hace a una prostituta. Empieza a temer que esté confundiendo las cosas.
Destapa su plato, y su estómago gruñe ante la visión; no come nada desde la sopa instantánea que almorzó al medio día.
Mira a Daryl, que la observa expectante. Debe decir algo, ¿Qué diría Nancy en ese momento?
-Vaya, hidratos de carbono y grasas para cenar, espero que no pretendas tener una sesión de sexo salvaje tras esto, porque me saldrán macarrones hasta por las orejas -bromea llevándose uno a la boca. Joder, qué bueno está.

Daryl sonríe.
-Ayer me quedé con las ganas de invitarte a cenar, así que hoy aprovecho -explica él con la boca llena. Patricia es buena cocinera, no tanto como lo fue su madre, pero se le acerca bastante.
Mira a Carol: está repartiendo los macarrones en dos mitades.
-¿No te gustan? -pregunta. Mierda, a veces se olvida de que no a todo el mundo le gusta la pasta.

-No, no es eso -se apresura en aclarar -Es que ya cené -miente -Así que para no hacerte el feo voy a comerme la mitad y la otra mitad me la llevaré a casa para almorzar, así no tendré que perder el tiempo en preparar el almuerzo y poder dormir más horas para tener las pilas cargadas para ti -lo señala con el tenedor.

Daryl sonríe.
-¿Y qué te hace pensar que mañana también te contrataré? -pregunta con sonrisa canalla.

-Intuición femenina -responde concentrada en su plato de macarrones.

Niega con la cabeza. Odia ser tan transparente. Por supuesto que irá a buscarla la próxima noche, y la siguiente, y la otra, y la otra... no sabe porqué pero le encanta pasar tiempo en su compañía, y no sólo por el sexo.
-Dime tu nombre real -ruega. Tiene muchísima curiosidad por conocer a la propietaria de la sonrisa dulce que vio antes.

Carol entrecierra los ojos.
-¿Qué te dije de intentar averiguar cosas sobre mi vida personal? -gruñe volviendo a su plato de macarrones. Está hambrienta.

-Que me colgarías de las pelotas -recuerda -pero en la ducha te he hecho preguntas y no me has frenado.

Carol traga antes de hablar.
-Estabas preguntando sobre Nancy -replica.

-¿Acaso no sois la misma persona? -pregunta curioso, no entiende nada.

-¿Son la misma persona Harrison Ford y Han Solo? -dice a modo de respuesta, intentando que comprenda.

-¿Insinúas que eres una actriz y Nancy es solo un personaje? -pregunta, mesándose la barba pensativo -¡Pero no es lo mismo! ¡Han Solo muere en la última película y en cambio Harrison Ford sigue vivo! Si Nancy muere...

-¿Han Solo muere? -interrumpe ella -Mierda, ya me has jodido la peli -se queja fingiendo enfadarse. No quiere seguir hablando del tema Nancy/Carol.

-Lo siento -se disculpa Daryl sin poder contener la risa -Espero que lo que te voy a dar ahora de comer compense mi metedura de pata.

Carol arquea una ceja.
-Como sea tu polla te la arranco de un mordisco y bailo encima un tango -gruñe al ver cómo se levanta, pero en lugar de acercarse a ella se dirige a la nevera del fondo.

-No es eso, bestia, aunque no te vas a librar de chupármela -advierte a la par que camina hacia ella con algo en la mano -¡Et Voilà! Tarta de tres chocolates -anuncia destapándola -Le dije a Patricia que te gustaba el chocolate, y le pregunté si podía prepararte algo, y así agradecerte el consejo que me diste anoche -explica cortando un trozo para que la pruebe.

Carol mira el pastel. Qué buena pinta tiene. Definitivamente Daryl es un encanto de hombre.

-Muchas gracias, así da gusto dar consejos -sonríe -Eres muy detallista, seguro que hay cientos de chicas mojando las bragas por ti.

-Puf, me da igual, por mí ya pueden hacer ventosa sobre la silla con el coño cuando me ven que no estoy buscando una relación seria, y menos ahora, seguro que hay un montón de interesadas que sólo me quieren por mi dinero -gruñe dejando escapar una sonrisa cuando ve cómo casi gime de placer al meterse la primera cucharada en la boca -Y ya que me van a sacar el dinero pues prefiero que lo haga una profesional.

-Es todo un honor sacarte el dinero -bromea con la boca llena -Dios, dale la enhorabuena a la cocinera, esto está delicioso.

Daryl sonríe satisfecho.
-Pues dice que sabe hacer una tarta de chocolate y avellana deliciosa, pero como no sé si eres alérgica a los frutos secos...

Carol niega.
-No lo soy -informa, disfrutando del placer del chocolate

-Interesante... así que la actriz que hay tras Nancy no es alérgica, le gusta la música rock y adora el chocolate -dice con sonrisa triunfal ganándose una mirada asesina por su parte -¿Hay algo que quieras saber tu de mí? -pregunta cruzando los brazos sobre la mesa atento a lo que vaya a decir.

Carol se golpea el labio con la cuchara, pensativa.
-Uhmm... ¿Mañana también vas a pagarme 3000$? -pregunta sonriente.

Daryl suspira ruidosamente. Esperaba que quisiera conocerlo un poco más, como él a ella.
-No creo... si sigo gastando esa cantidad de dinero Gregory se dará cuenta y me cortará el grifo, así que debemos volver a tu tarifa estándar de 100$ la noche. Me controlaré y evitaré dejar marcar por tu cuerpo -dice, observando su piel pálida llena de moretones que sabe que son por su culpa -Pero no te preocupes, que en cuanto empiece a ganar mi dinero volveré a pagarte ese dinero para que amases tu pequeña fortuna a mi costa -añade para tranquilizarla. Actualmente ella tiene más dinero propio que él. Hasta nueva orden todo lo que tiene sigue siendo propiedad de su difunto tío Alexander.

Carol hace un puchero y le sonríe con suavidad, haciéndole creer que no hay problema.
Está acojonada, en tres días ha ganado 7000$ ¿Cómo se tomará Negan que sus ganancias bajen a 100$? Dios, no quiere que vuelva a raparle el pelo.

Daryl la observa, está con la mirada perdida pensando en vete a saber que cosas y con la boca llena de chocolate.
-Eres un desastre -dice extendiendo la mano para agarrar su barbilla y limpiarle la comisura del labio con el pulgar para arrastrar los restos de chocolate hasta el interior de su preciosa boca, donde su dedo se pierde y es succionado con sorprendente destreza.
Siente su lengua juguetear con la yema, hasta tal punto que podría borrarle la huella dactilar al tiempo que le mira a los ojos.

Carol libera el pulgar.
-¿Quieres que siga con tu dedo o tienes algo más suculento con lo que jugar? -lo seduce, y él se levanta, dejando la toalla que cubría sus vergüenzas sobre la silla, caminando orgulloso hacia ella.
Su miembro aún no está lo suficiente excitado, pero para eso hay fácil solución.
Se pone de pie, dejando que la toalla que la cubre caiga a sus pies formando un charco blanco sobre ellos.
Sonríe orgullosa al escuchar el gruñido que escapa de sus labios cuando se muestra ante él como Dios la trajo al mundo.
No le da tiempo a hablar, él se ha estrellado contra sus labios sin que lo haya visto venir.

Ama su cuerpo, su picardía, su todo, esa mujer es increíble.
Muerde su labio inferior suavemente, está tan dulces como el postre que acaban de tomar, le encanta su boca; sus dientes tan blancos y parejos, su sonrisa amplia, la ligera asimetría de su labio superior, y la maestría con la que lo besa, adueñándose de su lengua, que encantada se rinde ante su ama, dejándose atrapar en ese beso, que él ha comenzado, pero es ella la que lo controla.
-Tus besos me vuelven loco -confiesa contra sus labios, antes de volver a entregarse al beso, ahogando la risa de ella contra su boca.

-Sé otra cosa que te vuelve loco -ronronea con las manos a la espalda, rebuscando a ciegas en su bolso.
Se deja caer de rodillas delante de él, para tener su miembro a la altura de su rostro.
Levanta la vista, sosteniéndole la mirada, para beber su reacción cuando arrastra el preservativo por su miembro, empujándolo con la boca, hasta que su nariz choca con su pubis, lo que indica el final del recorrido.
Vuelve a retroceder, presionando sus labios sobre el tronco, y arañando con los dientes, sintiendo cada vena marcada que bombean sangre sin descanso alguno.
Avanza de nuevo, y gime sonoramente, haciendo que sienta sobre su glande las vibración de sus cuerdas vocales.
Se mantiene unos segundos en esa posición, observando como él echa la cabeza hacia atrás y abre la boca en un gemido silencioso.
Repite los movimientos varias veces, añadiendo ahora sus manos que trabajan en dirección contraria a la de su boca, alternando movimientos firmes con otros circulares.
Atrapa el glande entre sus dientes y tortura la punta con rápidas lamidas al tiempo que sus manos se mueven sobre el tronco, masturbándolo, acelerando, disminuyendo la velocidad a placer de ella.

Daryl gime y toma nota de lo que está haciendo, eso es algo nuevo. Dios, es muy buena, casi que desea dejarla que siga hasta llegar a correrse, pero... joder, se muere por estar dentro de ella.

-Para -gime, tirando de ella para que se levante.
La coge en brazos y la lleva hasta el escritorio, donde la sienta en un lateral, y continúa besándola apasionadamente, al tiempo que aprieta los pechos entre sus manos y junta, para poder llevarse ambos pezones a la boca a la vez. Los succiona hasta endurecerlos. Muerde con ganas, atrapándolos entre los dientes y dando lamidas rápidas y breves succiones sobre la punta de estos, imitando su técnica.

Carol gime.
-Eres un copión, pero te perdono, sigue haciendo eso -ordena ella, agarrándolo del cabello. Dios, le encanta todo lo que es capaz de hacer con la boca ese hombre. Acaba de ducharse y ya se siente sucia de lo húmeda que está ahora mismo.

Daryl tira de sus piernas hacia él, obligándola a tumbarse sobre el escritorio, colocando su pelvis justo en el borde, para poder penetrarla bien.
Mira hacia abajo, su clítoris está hinchado por la excitación, y sus fluidos resbalan por sus labios internos, pidiéndole a gritos que baje a limpiarlos.
Gruñe como un animal y se arrodilla delante de ella para enterrar el rostro en su centro sin previo aviso, haciéndola gritar, por el inesperado placer que le está dando.
Repite la acción que ha hecho con sus pezones; succiona su clítoris, lo atrapa con los dientes y da lamidas muy rápidas con su lengua sobre la sensible punta que tiene esclavizada entre sus dientes, mientras que la penetra con los dedos tanto vaginal como analmente, aprovechando los fluidos que han ido a parar hasta esa fruncida y apretada entrada.
Ella gime, gemidos reales de placer, no está fingiendo, y eso le gusta, le hace sentir que la mujer que mujer que está retorciéndose sobre el escritorio es la de sonrisa dulce y mirada auténtica, la que está tras la prostituta.

-Da...Daryl, n...no pares, por Dios -ruega con cierta dificultad, su orgasmo está cerca, y le cuesta respirar del placer que está sintiendo. Es increíble ¿Cuantos de sus clientes se han molestado en complacerla? Los puede contar con los dedos de una mano, pero él... Joder, ese hombre tiene fijación por el sexo oral y...
-¡Oh, Dios! -grita al sentir como afloja el agarre de su clítoris, vuelve a morder, vuelve a soltar, y todo esto sin detener la lengua y las succiones -¡Daryl, me voy a correr! -avisa, no le ha dado orden de que no se corra, pero por si acaso... Por suerte él sólo gruñe, y redobla la intensidad de sus movimientos, para que ese orgasmo llegue ya.
-¡Daryl! -exclama con la boca abierta y los ojos vueltos por el placer, cuando su orgasmo recorre su cuerpo, pulsa sobre los dedos de él, y se derrama en su boca saciando la sed que ese hombre tiene de ella.

Daryl gime bebiéndola con gusto, manteniéndose ahí hasta la última réplica de su orgasmo.
Se levanta y echa su cuerpo sobre el de ella para besarla, o para que ella lo bese a él, dada la intensidad con la que lo devora.

Carol detiene el beso para respirar.
-Eso ha sido increíble -declara con voz entrecortada.

-Y rápido -sonríe orgulloso -¿Por dónde quieres que te folle? -pregunta mirándola a los ojos, tan negros de deseo como los suyos.

Carol se muerde el labio pensativa ¿Por dónde?
-Elige tú -propone con una media sonrisa.

Daryl no responde, se aleja de ella dejando un rastro de besos húmedos sobre su cuerpo, agarra sus piernas y se las flexiona juntas hacia un costado, haciendo que su clítoris quede atrapado entre sus labios vaginales, y visible para que él pueda acceder a él mientras la penetra.
Apoya una mano sobre su muslo pálido, para que haga más presión sobre el otro, y comienza a penetrarla poco a poco, sintiendo como esa posición hace que esté más apretada en su interior, haciéndole sentir más, y supone que a ella también.
Se mueve rápido una vez que nota que está bien adaptado en su interior y no va a hacerle daño.
Le encanta el sonido que hacen sus cuerpos al chocar.
-Incorpórate un poco, quiero verte la cara -pide sin dejar de embestir. Ella obedece y se apoya sobre un codo, mirándolo con sonrisa juguetona
-Eres preciosa -gime, deleitándose con el movimiento de sus pechos cada vez que él entra en ella; amando su boca entreabierta gimiendo suavemente; perdiéndose en sus ojos clavados en él, con esa mirada tan penetrante que le invita a perderse en ella para siempre; maravillándose por como su cabello pelirrojo atrapa la luz de la ventana que entra por la amplia cristalera; saboreando la palidez de su piel que contrasta con la madera oscura del escritorio; Sonríe, cuando llegó allí se dijo a sí mismo que no iba a utilizar ese escritorio, pero no pensó que su uso pudiese ser para algo más divertido que para firmar papeles.
-Preciosa -repite, arrancándole una sonrisa.
Busca su clítoris, sabe que debe de estar un poco dolorido por la sesión que lleva hoy, pero no quiere correrse y que ella se quede a medias.

-¿Daryl? -pregunta ella sin entender nada ¿Pretende que tenga otro orgasmo? Eso es... ¡Oh Dios! Vale, acaba de notar su vagina estremecerse, esta noche va a acabar destrozada.
Se muerde el labio intentando frenar sus jadeos.
No entiende porqué, pero parece que es fácil llegar al segundo orgasmo si vuelve a ser estimulada segundos después de haber tenido el primero.

-¿Te gusta así o más rápido? -pregunta Daryl que no ha apartado los ojos de ella un segundo, pero Nancy, o quien sea ahora mismo, no responde, por lo que azota su trasero para llamar su atención.

Carol gime y se retuerce ante esa cachetada, no sabe porqué eso siempre le ha producido placer.
Escucha como Daryl repite la pregunta.
-Más rápido, más duro -suplica entre jadeos, le gusta cuando se vuelve salvaje.

-A sus órdenes -dice cumpliendo gustosamente con lo que pide.
La Intensidad de de los movimientos de sus dedos sobre su clítoris aumentan, junto a la fuerza de sus embestidas, haciendo que gima más alto. No hay nada que le de más placer que escucharla gemir, y verla disfrutar como lo está haciendo ahora mismo.
Vuelve a azotar la nalga que tiene expuesta, y siente como su pene es brevemente rodeado por sus paredes, casi asfixiándolo -¿Te gusta esto? -pregunta volviendo a dejar caer la mano sobre su trasero. Ella asiente mordiéndose el labio -Vaya... eso es perfecto, me muero por azotarte hasta que tu precioso culo esté completamente rojo ¿Crees que podrías correrte si solo te azoto? -pregunta, no ha dejado de azotarla, frotar su clítoris y embestirla durante su declaración, y eso hace que el orgasmo de ella llegue sin que él se lo espere.
-Joder -gime al notar como sus paredes lo exprimen con fuerza. Embiste por última vez, derramándose dentro de ella, o del preservativo mejor dicho.

Carol busca aire.
-Sí, creo que sí, pero dejémoslo para otro día, por favor -responde finalmente a su pregunta, sonriéndole exhausta pero satisfecha.

Daryl deja escapar una risa ahogada. Ha sido una sesión de sexo rápido, pero muy excitante.
Sí, mejor -jadea.
Acaricia su cachete enrojecido y lo besa con dulzura antes de salir de su interior húmedo.
-Vamos a la cama ¿Puedes caminar? -pregunta extendiendo sus manos para ayudarla a incorporarse.

-Puf, ¿Por qué no iba a poder? -pregunta con sonrisa burlona, dejándose resbalar por el escritorio hasta que sus pies tocan el suelo.
Da un primer paso y las piernas le tiemblan. Mira a Daryl, esperanzada en que no haya notado ese desequilibrio, y así no tener que tragarse sus palabras, pero sí lo ha visto, el capullo está sonriéndole con aires de superioridad -¡Esto no significa nada! -gruñe antes de que él abra esa bocaza.

Daryl se echa a reír.
-Lo que tú digas tía dura -se burla, disfrutando con la forma que tiene de caminar hasta la cama. Parece un niño pequeño que da sus primeros pasos. Hasta con esos andares la encuentra sensual.
Retira el preservativo y lo tira a la papelera.
-¿Quieres agua? -pregunta, dirigiéndose al rincón de las bebidas, donde tiene una botella de agua grande guardada.

-Sí, por favor -responde ella.
Se ha quitado los tacones y ahora descansa sobre la cama deshecha.
Él le acerca la botella, dejando que beba primero, y se dedica a repartir besos por su espalda mientras ella se hidrata.
-¿No puedes dejarme ni beber agua tranquila? -se queja por el gusto de quejarse. Le encanta el cosquilleo que siente cuando su barba roza su piel.
Él se ríe, y coge la botella que ella le ofrece, bebiendo el resto del contenido. Sí que estaban sedientos.

-Ven aquí -pide, tumbándose en la cama, esperándola con los brazos abiertos para que se acomode sobre su pecho. Ella obedece y se tumba junto a él, utilizando su pecho como almohada -¿Te ha gustado? -pregunta, a lo que ella asiente estrechándose más contra él.
Le encanta tenerla acurrucada a su lado, sentir su peso liviano, sus dedos jugueteando con los finos vellos de su pecho. Poder acariciar su espalda, besar su frente y relajarse con su respiración, consiguiendo así caer rendido al sueño mucho antes de lo esperado, haciendo que en un abrir y cerrar de ojos la noche se haya esfumado, y los primeras luces que anuncian el alba asomen por el horizonte, estrellándose contra sus ojos.

Despierta, y ella ya no está ahí.
Se incorpora esperanzado en encontrarla de pié, junto a la ventana, como la mañana anterior y... exactamente, ahí está; completamente desnuda, fumando un cigarrillo.
-Por favor, no te muevas -ruega. Ella se sobresalta un poco al oír su voz inesperada, pero se mantiene quieta en su lugar.
Abre el cajón de su mesita y saca su vieja cámara analógica.
-Quiero fotografiarte, no te preocupes, no es nada porno, sólo se verá tu silueta a contraluz, nadie sabrá que eres tú, sólo nosotros -se precipita en aclarar.
Clava una rodilla en el suelo, para conseguir el ángulo y plano perfecto, configura la exposición, regula el diafragma y... -¿Puedes dar una calada a tu cigarrillo y expulsar el humo lentamente? ¡Pero deja el cigarrillo cerca de tu boca, y mantente muy quieta, por favor-pide, y ella obedece como buena modelo, tomándose su tiempo para expulsar todo el humo al tiempo que Daryl fija bien su cámara para que su mano no tiemble y pulsa el botón capturador que, si lo ha hecho bien, guardará en el negativo la imagen de ella siendo solo una silueta oscura sobre un fondo blanco y el humo del cigarro saliendo claramente de entre sus labios y disipándose en el aire. -Un par más, por favor, quiero asegurarme de que sale bien.

Carol sonríe y vuelve a repetir el gesto. Le gusta esa cantidad de "por favor" que está recibiendo ahora mismo.
Da una calada, dos, tres, hasta que Daryl se levanta del suelo satisfecho con las fotos.
Camina hacia él.
-¿Me las enseñas? -pide, pero al estar a su lado se da cuenta qué tipo de cámara es -Oh, te va lo antiguo, ¿Qué eres? ¿Un hipster gilipollas de esos? -pregunta con sonrisa infantil.

Daryl frunce el ceño.
-¿Un qué? No, yo solo... nunca tuve mucho dinero, y me costó mucho ahorrar para comprarme esta cámara, esperanzado en aprender fotografía, siempre me llamó la atención, pero... nunca tuve la oportunidad de estudiar y dedicarme profesionalmente, todo lo que sé lo aprendí en los libros. Y... no sé, le tengo cariño, es mi más preciada posesión -responde un poco avergonzado, pero ella sólo le sonríe comprensiva. Ahí está otra vez esa mujer auténtica -Le he dicho a Gregory que quiero construir un cuarto de revelado, estoy siguiendo tu consejo, ahora que tengo tiempo pues quiero ver si puedo ganar mi propio dinero con esto -añade, pero su voz termina en un susurro, está hipnotizado por esa dulce mirada.
Se inclina a besarla.

-¡Quieto ahí, besucón! -lo detiene ella escapando de su lado -Se acabó tu tiempo de nuevo, niño rico, es más, ya debería haberme ido, pero me has entretenido con las fotos -informa caminando alrededor de la habitación, en busca de su vestido.

Daryl resopla, no entiende porqué no puede besarla, después de lo que han estado haciendo durante la noche...
-Vale, espera, voy a ir a por un par de tuppers para que te lleves la cena y un trozo de tarta -dice, alejándose de ella, intentando ocultar su enfado.

-¡Pero vístete primero, idiota! -grita segundos antes de que abra la puerta con el culo al aire.
Ella se echa a reír cuando él intenta mirarla serio, pero mordiéndose la mejilla intentando contener la sonrisa que lucha por escapar.
Lo ve coger unos pantalones de chándal y marchar de allí descalzo y sin camisa.
Niega con la cabeza.
Revisa su bolso asegurándose de que esté todo, y se coloca la chaqueta de cuero que Daryl le dejó, o le dio, o... no sabe, le da igual, ya ha pasado a ser de su propiedad.

-Toma -dice Daryl entrando en la habitación con dos recipientes herméticos de plástico, de buen tamaño, y una bolsa para que pueda llevarlos más cómodamente.
Ella agradece, y comienza a verter la pasta en uno, mientras Daryl corta varios trozos de tarta, en cuñas pequeñas para que encajen bien en el recipiente rectangular y pueda llevarse la mayor cantidad posible.
-Esta noche, ven sin cenar -dice con voz suave, mirándola a los ojos para verla asentir.
Quiere cenar con ella, le gusta cenar con ella.
-¿Quieres que te lleve a casa? no me importa -se ofrece. Así se queda tranquilo al saber que llega bien, y de paso puede ver dónde vive y... no sabe, ¿Llamar a su puerta una tarde cualquiera para salir a pasear juntos? suena un poco estúpido.

-No, no es necesario, me gusta pasear hasta la parada, tomar el bus y hacer sentir incómoda a la gente -contesta apresurándose a salir por la puerta para que no siga insistiendo.
-¡Vamos grandullón, que tienes que escoltarme a la salida! -exclama dando una fuerte palmada en la espalda de Abraham, que mira a su jefe esperando su orden.

Daryl se encoge de hombros y hace un gesto con la barbilla para que la acompañe.

-Hasta dentro de unas horas, niño rico -ronronea ella, guiñándole un ojo.

-Hasta dentro de unas horas -susurra él, viendo como se aleja un día más de su lado.


Hola, espero que os haya gustado el capítulo :)

De nuevo he metido una escena de sexo entre /*/ por si a alguien tiene problemas con ver esa faceta de Daryl. Como la propia Nancy explica, en el mundo aún hay un gran tabú con respecto al punto G masculino, y muchos piensan que ese tipo de prácticas son sólo para homosexuales.

El hecho de que Daryl sea tan ignorante sobre la prostitución, es porque no me imagino a Daryl contratando los servicios de una mujer a sabiendas de que está siendo explotada sexualmente (Sin clientes no hay trata de blancas) por lo que para él, Carol es una mujer libre que se prostituye por como le dijo ella "dinero fácil"

Conforme más tiempo pasa con ella, más empieza a visualizar esa delgada línea que separa a Nancy de Carol, y de hecho, por quien comienza a interesarse es por Carol.

Seguimos viendo a una Carol fría, que aunque muestra ciertos momentos de ternura y calor humano hacia él, sigue protegiéndose, y no se permite sentir.

De nuevo gracias por vuestros comentarios ^^