8. Palabra de seguridad
Carol espera la llegada de Negan, hoy ha vuelto con 100$ solamente, y las piernas le tiemblan sólo de pensar en su posible reacción.
Pasea nerviosa por la habitación de un lado a otro, cogiendo aire y soltándolo lentamente procurando regular su respiración.
Dios, si es que ha sido idiota, no debió haber aceptado tanto dinero por parte de Daryl ¿Para qué? si total, ella recibe una miseria igualmente.
Ahora Negan se ha acostumbrado a ello. Lleva cuatro días ganando muy por encima de lo normal, y lo que le trae hoy le parecerá una miseria inaceptable.
Coge un cigarrillo con manos temblorosas, necesita relajarse por todos los medios, y por lo general la nicotina suele funcionar.
Apenas atina a encenderlo del poco pulso que tiene ahora mismo.
La puerta del despacho se abre, y la imponente figura de Negan oscurece la habitación, como una poderosa sombra que la asfixia.
-Vaya, pero si está aquí mi chica favorita -dice con esa sonrisa arrogante en el rostro que le hace sentir escalofríos.
Deja a Lucille sobre la mesa, un maldito bate rodeado por alambre de espino que suele utilizar para intimidar a las chicas nuevas cuando intentan revelarse.
Carol se encoge cuando ve las manchas de sangre fresca resbalando del bate a la mesa, gota a gota.
Negan sonríe al ver la mirada asustada de ella.
Termina de limpiarse la sangre que tiene salpicada por el rostro y limpia a Lucille con el mismo trapo que acaba completamente teñido de rojo.
-La zorra de Greta intentó fugarse anoche -explica él -Tendrías que haber visto como gritaba ¿Alguna vez has visto como chillan los cerdos cuando los degüellan y dejan que se desangren lentamente? -pregunta con voz peligrosa.
Se acerca a ella y acaricia su pálido rostro con el pañuelo ensangrentado, haciéndole oler y manchándola con la sangre de quien fue su compañera en esa miserable vida.
-Veamos que me traes hoy -dice animado, cambiando su mirada oscura por una más amable pero igualmente temible.
Le arrebata el bolso en un brusco movimiento y vuelca sin miramientos todo su contenido sobre la mesa, incluido el spinner que va a parar al suelo.
Agarra la cartera en cuanto la ve, y la abre desesperado en busca de esa gran cantidad de dinero que...
-¿Qué mierda es esta, Carol? -pregunta agitando los 100$ frente a su rostro -¡¿QUÉ COJONES ES ESTO?! ¡¿DÓNDE ESTÁ EL RESTO DEL DINERO?! -grita, acorralándola contra la pared.
Carol coge aire antes de hablar.
-No hay más, eso es lo que hay, él no puede pagarme más si desea conservar su estatus y...
-¡¿SU ESTATUS?! ¡¿DE QUÉ POLLAS HABLAS?! ¡DAME EL RESTO DEL DINERO! -rabia, pero ella niega y agacha mirada.
Resuella como un animal intentando contener sus nervios al tiempo que mete las manos en cada uno de los bolsillos de la chaqueta que lleva puesta en busca de algo oculto, pero no encuentra nada.
-¡MALDITA ZORRA! -grita, y en un movimiento furioso agarra su vestido y tira de él hasta romper la cremallera y dejarla expuesta ante él, vestida sólo con la chaqueta de cuero de Daryl y sus desgastados tacones.
Carol aprieta la mandíbula, intentando controlar las ganas de abofetearlo.
Extiende los brazos, mostrándole que no tiene nada que ocultar.
-Puedes meterme tus asquerosos dedos en cada uno de los orificios de mi cuerpo, que no encontrarás un puto duro ¡NO HAY MÁS DINERO! ¡ÉL NO...
La abofetea cargado de ira haciéndola callar al instante y la agarra por la garganta presionando su traquea.
-¡A MÍ NO ME GRITES! ¡Si no te da más dinero se lo robas, o te buscas a otro puto rico que no le importe arruinarse por tal de meterte la polla hasta por el ojo! Tengo que recuperar todo el dinero que invertí en la puta desagradecida que se suicidó ¿Me has oído? -pregunta en una amenaza.
Carol asiente en respuesta, desesperada porque la suelte y poder coger el aire que tanto necesita. No puede respirar, la tiene de puntillas, casi sin rozar el suelo, está luchando por mantenerse estable sobre la punta de sus tacones y lo agarra de la muñeca con fuerza intentando que sus uñas traspasen la chaqueta de cuero y poder provocarle algún daño que haga que la deje ir.
Es inútil, las lágrimas escapan de sus ojos, y la sonrisa de su niña es lo único que viene a la mente en ese momento.
Sonríe excitado.
Podría seguir apretando, seguro que su mente se está nublando ahora mismo, y apenas puede oír lo que le dice por la falta de oxígeno, un poco más y la tendría inconsciente a sus pies. No es la primera vez que lo hace, por lo general despiertan tras unos minutos, aunque más de una no volvió a hacerlo.
No... no le interesa arriesgarse a perderla, es valiosa, además, las muy zorras suelen orinarse encima al desmallarse, y eso no le agrada nada, el olor a orín es difícil de sacar de la alfombra.
La suelta.
-Recoge tus cosas y vete a la ducha. Hoy no te pienso dar un puto duro, no te lo mereces.
Carol tose con violencia y coge aire desesperada.
Se limpia las lágrimas y acaricia su garganta, arde, seguro que le ha dejado marcas.
Lo mira con odio al tiempo que recoge todas sus pertenencias, le da igual dejarse algo, nada de lo que hay en ese bolso le importa, excepto el spinner.
Se cuelga el bolso al hombro y recoge su vestido destrozado del suelo.
-Borra esa maldita cara de zorra mal follada -gruñe Negan cuando ella le da la espalda.
Piensa en responderle, pero hoy ya ha arriesgado bastante, incluso siente que ha perdido una vida.
Abre la puerta, y como siempre se encuentra con Eugene esperándola para seguirla hasta el baño.
La mira de arriba abajo sin saber que decir.
Carol ríe sarcástica.
-¿Qué coño te pasa? Ni que fuera la primera vez que me ves desnuda -farfulla -Necesito un vestido nuevo para esta noche -informa lanzándole ese trozo de tela roja, y emprendiendo el camino casi desnuda por esos pasillos.
No le importa, no le avergüenza su cuerpo, y está más que acostumbrada a exhibirlo.
Se ducha rápido, no hay mucho olor a sexo que eliminar, ha pasado casi toda la noche fingiendo dormir entre los brazos de su niño rico, y el olor corporal de Daryl es algo que no le desagrada.
Se mira al espejo, efectivamente, tal y como pensaba sus garras están marcadas en su cuello, y de su labio está brotando sangre. Se lo ha roto al darle la bofetada.
-Hijo de puta -murmura para sí, tocando la zona afectada.
A ver cómo coño maquilla eso para que su hija no lo note y no haga preguntas, odia tener que mentirle, y Daryl seguro que también se da cuenta de ello.
Sonríe al pensar en él.
Ha pasado una noche bastante agradable, incluso hubo momentos en los que se olvidó de que estaba trabajando.
Le habría encantado que la noche hubiese sido un poco más larga, y al finalizar ir directamente a casa junto a su niña, sin tener que ver la cara de su proxeneta.
Sacude la cabeza, eso jamás pasará, nunca podrá volver a casa sin rendir cuentas con Negan antes, y si algún día ocurriese el milagro de que el desapareciese de su vida para siempre lo primero que haría sería prender fuego a Nancy.
Coge su bolso desgastado, ese que en lugar de preservativos y lubricantes tiene caramelos y boligrafos.
Agarra la caja de pizzas, se asegura de llevar el spinner encima y sale de ese prostíbulo clandestino rumbo a casa.
Sophia sale al patio del colegio, es la hora del recreo y de nuevo lo pasará sola.
Todos están jugando con ese juguete tonto que gira y gira.
Hannah se ha vuelto a burlar de ella, la ha llamado "pobre" cuando se ha dado cuenta de que la suela de su zapato está sujeta por un trozo de cinta adhesiva.
Alza la vista y sus ojos se iluminan cuando ve a su madre al otro lado de la valla haciéndole señales para que se acerque.
Mamá es tan guapa...
Corre hacia ella con una enorme sonrisa dibujada en los labios, ahora la hora del recreo no parece tan gris.
-¡Mamá! ¿Qué haces aquí? -pregunta emocionada.
Carol mete la mano en el bolso.
-Bueno, quería darte una cosa que me ha dado Nancy para ti -anuncia girando el Spinner delante de sus narices, mostrándole el maravilloso efecto que produce.
Sophia abre mucho los ojos y agarra su juguete
-¡ALA, QUE CHULO! -grita y da saltos de alegría, haciéndolo girar una y otra vez -¡Muchas gracias, mamá! -agradece -En cuanto salga del colegio te abrazaré fuerte, fuerte fuerte - informa abrazándose a sí misma.
Carol le sonríe, su niña es un amor.
-No me des las gracias a mí, cariño, ha sido Nancy -corrige ella. Aunque lo correcto sería decir que ha sido Daryl quien compró ese juguete sin pedir nada a cambio.
-Lo sé, pero tú eres la que le ha pedido a Nancy que me lo compre -dice con una adorable sonrisa pillina. Demasiada casualidad que justo ayer su madre viese los spinners y hoy llegue con uno.
Carol sonríe orgullosa. A veces se olvida de lo lista que es.
-Vete a jugar con tus amigos, corre, vendré a recogerte en un par de horas -la anima.
Sophia asiente y lanza un beso a su madre antes de darle la espalda.
-¡Dana! -llama a la que hasta hace un par de días era su amiga. Quizás ahora que tiene un chisme de esos quiera volver a serlo.
Carol observa a su niña marchar. Adora verla feliz, haría cualquier cosa por ella.
Cualquier cosa...
Daryl presta atención a como van las obras de su cuarto de revelado. No es muy grande, pero tampoco necesita mucho más, con tener espacio suficiente para guardar los químicos de revelado y poder moverse bien por la sala se conforma.
Gregory está contento con él, lo invita a copas, le habla de como va el proyecto del nuevo hotel... y él sonríe falsamente sin escuchar una palabra de lo que dice. Le importa una mierda, sólo está fingiendo siguiendo el plan que le propuso Nancy.
Esa mujer...
No deja de pensar en ella, sólo desea que las horas pasen rápido y volver a ver esos hermosos ojos frente a él. No sabe que le ha hecho, pero tiene la sensación de estar un poco... ¿prendado? le da incluso miedo analizar sus pensamientos ¡Hace cuatro días que la conoce! Pero lo cierto es que nunca ha estado enamorado, y tampoco ha pasado tanto tiempo con una mujer, su antigua vida no se lo permitía. Quizás sólo le esté cogiendo cariño, y todo eso acabe en una bonita amistad con derecho a roce.
No se ha duchado, no se ha visto en la necesidad de hacerlo, y le ha pedido a Jacqui que no le cambie las sábanas. Quizás dentro de unas horas se eche una siesta para aguantar toda la noche, y quiere dormir con su almohada oliendo a ella. Su olor le relaja, y a la vez le excita, tiene el mismo efecto que su mirada y su sonrisa.
Carol acaricia la espalda de su niña. Ya está dormida, dentro de unos minutos llegará Tara y ella se marchará a trabajar. Espera que su niño rico no se olvide de ella esa noche.
Ha pasado un buen día, la pizza le ha encantado, hacía años que no la comía. Ella sólo ha tomado un trozo, pero con eso tiene para aguantar todo el día.
En el parque ha estado jugando sin parar, sonriendo y mostrando su spinner a todo el mundo. Trata ese juguete como si fuera un tesoro, en cuanto termina de girar lo limpia, cuando va a guardarlo lo envuelve en un pañuelo de papel antes de meterlo en el bolsillo para evitar que se arañe, y camina por la calle asegurándose una y otra vez de que no lo ha perdido.
Se levanta de la cama, y prepara las cosas de su niña para mañana. Se asegura de que su material escolar esté en la mochila, busca la ropa que deberá ponerse, deja los zapatos preparados bajo...
Frunce el ceño.
Uno de sus zapatos lleva un trozo de cinta adhesiva pegada a la suela que... no, no está pegada a la suela, está rodeándola.
-Joder -murmura frustrada.
Su zapato está roto, lleva a saber cuanto tiempo acudiendo al colegio con un zapato cuya suela está despegada, y que por mucha cinta aislante que le ponga el agua, y el frío llegará a sus pies.
Se pellizca el puente de la nariz.
No puede comprarle otros, no tiene dinero para ello, hoy ni siquiera ha cobrado, y nadie ha donado zapatos de su talla aún, al menos no para este tiempo que entra. Ha acabado el verano y la gente ha ido a la iglesia a dejar la ropa de esa temporada de sus hijos, porque, como niños que son, crecerán, y para el año que viene ya no les servirá, pero ropa de invierno... apenas ha entrado.
Dios, odia eso, odia no poder darle a su niña lo que se merece, odia que su bebé le oculte que se le ha roto el zapato porque sabe que no hay dinero para unos nuevos.
En momentos como estos se arrepiente de no haberla dado en adopción, y no porque no la quiera ¡Es el amor de su vida! sino porque merece algo mejor, merece tener una madre que pueda comprarle todo lo que necesite, que no le haga pasar penurias innecesarias.
Fue una egoísta cuando decidió quedársela, puso sus sentimientos por delante de las necesidades de su bebé, y ahora... ahora no hay marcha atrás, porque sabe perfectamente que Sophia no puede vivir sin ella, y ella sin Sophia se moriría, o se quitaría la vida ¿Para qué vivir en un mundo sin ella?
Tara llama a la puerta.
Se limpia la lágrima que resbala por su mejilla y coge aire para meterse en el papel de madre orgullosa sin problemas económicos que simplemente marcha a trabajar como cada noche.
Besa la mejilla de su niña.
-Te quiero mucho, mi vida -le susurra al oído.
Otra noche más deja su corazón junto a su pequeña, y marcha de allí siendo la mujer fría que no deja que nada le afecte, ni los insultos con el poder de hundirla, ni las palabras amables que le hagan sentirse querida.
Daryl frota las manos sobre sus muslos, está impaciente, lleva más de una hora frente a ese prostíbulo que no ha vuelto a pisar, ni piensa hacerlo mientras Nancy esté a su lado.
Resopla desesperado. Tiene la sensación de que los minutos pasan más lentos conforme se va acercando la hora de verla ¿Y si le ha pasado algo? ¿Por qué siempre le parece que corre peligro cada vez que se aleja de él? Dios, es idiota estar preocupado, sabe defenderse, lleva una navaja y un spray de pimienta en su bolso, además...
-¡Ahí estás, gracias a Dios! -murmura aliviado, dejando escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo.
El corazón se le acelera nada más verla, y encima le está mirando con esa maldita sonrisa pícara que lo vuelve loco.
Menos mal que los cristales están tintados y no puede ver la cara de idiota que tiene ahora mismo.
Sacude la cabeza, carraspea para encontrar su voz y mueve los hombros intentando centrarse.
-Hola, nena -saluda abriéndole la puerta del coche.
-¿Así que va enserio lo de llamarme nena? -pregunta extendiendo la mano para que le pague la noche.
-Hasta que me digas tu nombre -responde él, entregándole 100$.
Le duele darle tan poco, teniendo en cuenta lo que tiene en mente para esta noche...
En cuanto gane su propio dinero se lo compensará.
-¿Vestido nuevo? -pregunta.
Quizás sea cosa suya, pero juraría que ese tono de rojo es más intenso que el de estos últimos días.
-No, sólo lo he lavado -miente. Daryl la mira frunciendo ceño -¿Qué? El vestido apenas me dura puesto más de cinco minutos, no lo lavo todos los días -se defiende.
-Está bien ¿Me das el primer beso de la noche? -pregunta fingiendo suplicar.
Carol le sonríe con picardía, y una vez que ha puesto el dinero a buen recaudo echa el cuerpo hacia él para chocar contra sus labios, en el que iba a ser un casto beso pero que él se empeña en profundizar, por lo que toma el control de la situación y lo besa apasionadamente, sin dejar un sólo rincón de su boca sin explorar, haciéndolo gemir contra sus labios.
Lo cierto es que le gusta como besa.
-Te he echado de menos -ronronea Daryl, apartándole un mechón de cabello que cae sobre uno de sus hermosos ojos.
-Puff -bufa Carol -Sí, seguro, sé lo que has echado de menos, cariño -asegura, y lleva una mano a su entrepierna para mostrar a qué se refiere.
Su miembro está semierecto, y eso que sólo lo ha besado.
Daryl gime ante el contacto. No es eso lo que echa de menos, aunque también... Dios, le encanta lo que le hace.
-Estate quieta, preciosa, tengo planes para hoy -revela mirándola elevando una ceja.
La agarra de la muñeca y besa el dorso de su mano antes de dejarla ir.
Carol observa como arranca el coche y se desvía en dirección opuesta. ¿No pensará...? ¡Lo va a matar!
-Ya te he dicho que no quiero que me lleves a cenar a un restaurante -refunfuña.
Suponía que ya le había quedado claro que eso era una idea descabellada.
-Relájate, no te llevo a eso, vamos de tiendas -aclara mirando de soslayo como su cuerpo sigue tenso -¡Tampoco te voy a comprar ropa ni nada de eso! confía en mí -pide.
Lleva una mano hasta su muslo más cercano y la deja ahí todo el tiempo, disfrutando de la calidez de su piel pálida.
Conduce hasta el centro, y aparca junto a una zona de tiendas de esas que abren 24 horas. Boutiques de ropa, joyerías, zapaterías, farmacias y...
-¿Una tienda erótica? -pregunta Carol al entrar al interior.
Por fuera es un local discreto, completamente negro con unas letras doradas con la palabra francesa "Le plaisir" pero una vez que cruzan la puerta la tienda le ofrece una amplia gama de productos eróticos de todo tipo, desde a simples revistas a los potros de sado más complejos que ha visto en su vida.
Daryl se rasca la cabeza. Se siente un poco tímido.
-Sí, me... me gustaría probar el tema de la dominación/sumisión y... y he pensado que te gustaría elegir los juguetes
Carol pasea la mirada por la tienda para seguidamente volver a mirar a Daryl.
-Pero... ¿Dominaré yo o tú? -pregunta cruzándose de brazos.
Se echa a reír, aliviado de que no le haya puesto mala cara a esa idea.
-Hoy yo, mañana ya veremos, según como te portes -le susurra al oído.
Un escalofrío recorre la espina dorsal de Carol cuando siente su aliento en su oído susurrándole esas palabras con esa voz grave que tiene.
¿Así que hoy quiere jugar a ser el amo? Pues muy bien, jugará.
Saluda a la dependienta que le sonríe amablemente, ni se ha dado cuenta de que es una prostituta.
Pasea la mirada por todos los objetos de muestra que están expuesto sobre estanterías en esas paredes rojas.
Abre mucho los ojos y sonríe malévola.
-¡Cómprame esto! -grita.
Daryl acude a su voz.
-¿Qué? ¡ni loco! -se alarma al verla con un arnés con un enorme pene de goma, el cual tiene colocado sobre su pelvis y lo agita moviendo las caderas de lado a lado como Elvis Presley.
Está como una cabra.
-Vamos, será divertido, te gustó -le recuerda, y continúa moviendo ese miembro al tiempo que emite sonidos de espada láser.
-¡No! Una cosa es que me metas ese vibrador minúsculo y otra cosa es... ¡Esa pedazo de polla casi más grande que tú! - Mira hacia atrás, la dependienta está fingiendo no oír la conversación, pero puede ver claramente cómo está apretando los labios para evitar reírse.
-¿En serio no quieres? -pregunta con voz sensual.
-No, no me pone nada verte con un pollón. Me gustan las mujeres -responde, y se cruza de brazos para darle más fuerza a su argumento.
-¿Ni siquiera para ponértelo tú y follarme por partida doble? -propone, y se mueve de adelante a atrás fingiendo una penetración.
Daryl piensa un instante, su miembro se mueve excitado de sólo imaginarse la escena, pero...
-No, te conozco, eres capaz de atarme a la cama y petarme el culo con eso ¡Suéltalo! -sentencia.
Carol hace un puchero.
-Aguafiestas -gruñe.
Suelta el juguete dejándolo en su sitio de mala gana y se aleja de allí caminando como una niña pequeña enfadada, farfullando insultos por el camino.
Daryl se echa a reír. Más teatrera no puede ser.
Revisa la estantería de los vibradores mientras ella está al otro lado toqueteando unas esposas forradas de tela de leopardo.
-¡Deberíamos comprar otro de esto! -grita, y agita un huevo vibrador igual al que tiene en casa. Ella asiente efusivamente -¡Lo cojo en rojo que es tu color favorito!
Sonríe cuando la ve cargada de cosas, quién le iba a decir que iba a estar tan emocionada con la idea de comprar ese tipo de juguetes. Es como un niño en una tienda de golosinas.
Se acerca a la dependienta para pedirle una bolsa. La mujer le sonríe divertida, debe de estar pasándoselo bomba escuchando las conversaciones de ellos dos. Seguro que la mayoría de las parejas que entran ahí hablan entre susurros, y soltando risitas nerviosas, avergonzados de su sexualidad, pero Nancy...
-¡¿Y UN CONSOLADOR DOBLE?! ¡TÚ TE METES UN EXTREMO Y YO OTRO! -grita desde algún rincón en el interior de la tienda.
...Nancy no sabe lo que es la palabra vergüenza.
-Gracias -agradece a la dependienta que no ha podido evitar soltar una sonora carcajada -¡NO TE PIENSO COMPRAR JUGUETES CON FORMA DE POLLA! -grita encaminándose hacia allí.
-¡Quiero esto! -anuncia mostrándole unas pinzas para los pezones, unidas por una cadena metálica.
-Mételo en la bolsa con... ¿Qué coño has cogido? -pregunta.
-Esposas, bozal de castigo por si estás bocazas, grilletes de muñecas y tobillos para forzar ciertas posturas, pera, rosario, estimulador de uretra, eso es para ti... -nombra cada objeto antes de meterlo en la bolsa -Y ahora me voy a ver las fustas -anuncia, y le da la espalda.
Daryl mira la bolsa, dios, la mitad de las cosas no sabe ni para qué sirven, le preocupa y a la vez excita que ella sea tan entendida en el tema.
Bueno, al menos no hay nada con forma de polla.
Camina en su busca, está sopesando una fusta entre sus manos y la mira con el ceño fruncido.
-¿En qué piensas? -pregunta colocándose a su lado.
-Me gustan las fustas, pero esta no me da mucha confianza, me gusta que sean un poco más flexibles, y esta no sé si... -Azota a Daryl en el trasero sin previo aviso.
-¡AAH! ¡HIJA DE PUTA! ¡ESO DUELE! -grita frotándose la zona maltratada.
Ella ríe malvada.
-Vale, sí funciona, me la llevo -dice, y la mete en la bolsa.
Agarra unas palas de cuero, es un juguete plano, utilizado para azotar, es parecido a un cinturón, sólo que un extremo se ensancha, otorgándole forma de pala. Los hay me madera, y con pequeñas púas en el extremo, pero no sabe si él lo soportará, prefiere empezar con algo más suave.
Coge también un gato, es como un látigo pero con múltiples cuerdas, lo que hace que un solo azote pueda dar cinco latigazos.
-Madre mía -murmura Daryl viendo todo lo que ha cogido.
Caminan hasta el mostrador donde la dependienta mira cada objeto y sonríe disimuladamente, conforme pasa el lector de código por cada uno de ellos.
Daryl mira a Nancy, está sonriendo y moviéndose impaciente, deseando salir huyendo de allí en cuanto él pague.
No sabe por qué, pero tiene la sensación de que le gusta la idea de lo que van a hacer hoy.
Salen de la tienda, y ella se cuelga de su brazo, apoyando la cabeza en su hombro, haciendo que el siente un agradable calor recorriendo sus entrañas.
Le encanta esos pequeños gestos cariñosos que a veces tiene con él.
-¿Te gustan los perritos? -pregunta Daryl.
-¿Hablamos de zoofilia? No tengo sexo con animales.
Daryl rompe a reír.
-Perritos calientes, loca, ¿Quieres uno? -aclara, señalando el puesto de perritos que tienen frente a ellos.
-¡Ah, esos! sí me gustan -dice en un encogimiento de hombros.
Carol observa como Daryl se acerca al mostrador. Mierda, no podrá llevarse nada a casa de esa comida.
Mañana tendrá que volver al comedor social.
Daryl vuelve a su lado y le entrega el perrito y una botella de agua. Se ha dado cuenta de que prefiere el agua a los refrescos, aunque supone que si vendiesen whisky elegiría eso.
-Oye, ¿Qué te pareces si vamos pactando las reglas de esta noche? -propone él.
Carol traga antes de hablar.
-De acuerdo, normalmente las reglas que yo pongo son : Prohibido hablarme a no ser que yo haga una pregunta, prohibido mirarme o tocarme bajo ningún concepto, prohibido correrse hasta que yo lo ordene, y si alguna de estas normas se rompen son castigados con veinte latigazos con fusta o mano, según la gravedad del hecho -comenta -Puedes adaptarlo a ti, cambiar normas o añadir nuevas.
Daryl analiza lo que le ha dicho, no está mal, más o menos esas son las normas que leyó esa misma mañana en Internet.
-Vale, me parece bien ¿Y tu palabra de seguridad?
-¿Para qué? ¿Acaso me vas a hacer caso?
-Por supuesto, ¿Por qué no iba a hacerlo?
Carol se encoge de hombros.
-Normalmente no lo hacen -murmura cabizbaja.
Ahí esta, esa mujer dulce que se esconde tras la máscara de Nancy. Su corazón se acelera al reconocerla.
-Hey, yo sí lo haré, no quiero hacerte daño -asegura mirándola a los ojos para que vea la sinceridad en sus palabras.
Carol lo mira al tiempo que se lame los dedos manchados de ketchup. Tendrá que creerle.
-Muy bien, déjame pensar... -lo mira de arriba a abajo -Tienes cara de Pookie, ¿Puede ser Pookie mi palabra de seguridad?
Daryl arruga la nariz en desaprobación.
-No, no me gusta esa palabra, suena a marca de pañales de bebés, y... ¿Que cojones es un Pookie? ¿Cómo puedo tener cara de Pookie?
Se encoge de hombros.
-¿Tú que palabra utilizarías? -pregunta cambiando de tema.
Daryl piensa un instante.
-No sé, nunca he tenido una palabra clave para nada, sólo números, y tengo tan mala memoria que siempre acabo utilizando mi fecha de nacimiento -se echa a reír.
Carol sonríe.
-También valen números, puedes utilizar el cero cuando quieras que pare, el uno para que suba la intensidad del juego y el cien para cagarte en todos mis muertos -propone ella haciéndolo reír -¿Qué juguete vas a utilizar? -pregunta.
Se mesa la barba.
-Es nuestra primera sesión, así que no quiero que sea algo muy fuerte. No te voy a atar ni a vendar los ojos. Por lo demás... elige tú.
Carol se echa a reír.
-Está bien, pero que sepas que yo no voy a tener reparos en utilizar todas esas cosas. Lo mismo hasta te piso el escroto con mis tacones.
Abre los ojos alarmado.
-Que me digas estas cosas no ayuda a que confíe en ti como dominante ¿Sabes? ¡Elige juguete, loca!
Ella camina sonriente hasta la papelera más cercana para tirar el envoltorio del perrito.
Lo mira mientras toma un último trago de agua.
-Vale, quiero las pinzas, las palas, mi amigo el huevo vibrador, la fusta para el castigo y a ti, tú eres mi juguete favorito, niño rico.
Daryl sonríe sintiéndose enrojecer sin entender porqué. Adora cuando lo llama "niño rico" le parece tan sensual esa forma que tiene de arrastrar la letra R, con ese acento que aún no termina de situar en el mapa.
Llegan a la calle en la que está aparcado el coche, donde las tiendas de ropa, joyerías y zapaterías atienden a clientes trasnochadores.
Carol mira hacia atrás, con los ojos entrecerrados como intentando visualizar algo.
-¿Qué ocurre? -pregunta Daryl, dirigiendo la mirada hacia donde ella mira.
-Nada, sólo... me había parecido escuchar como que se había caído algo de la bolsa... -responde.
Daryl mete la cabeza en la bolsa, él no ha escuchado nada, y aparentemente...
-No, aquí están todos tus juguetes -asegura.
-Serían cosas mías, vamos -lo anima a seguir colgándose de su brazo.
Apenas consigue dar un paso cuando...
-¡Cuidado! -exclama Daryl al verla tropezar con su propio zapato, por suerte estaba agarrada a él y no llega a caer -¿Estás bien? -pregunta preocupado.
Carol asiente y mira sus pies.
-Oh, mierda -se queja.
Coge su tacón derecho y mira la hebilla que se ha roto "casualmente" cuando pasaban junto a la zapatería.
-Vaya, la has debido perder por el camino, quizás fue eso lo que escuchaste ¿Puedes caminar hasta el coche así? -pregunta.
El coche está a menos de cinco metros.
-Hasta el coche sí, el problema es mañana... -murmura con una fingida timidez.
Daryl mira a su alrededor.
-Te puedo comprar otros tacones.
-No, no es necesario, yo...
-Vamos.
La agarra del brazo y la arrastra hasta el interior de la zapatería, que está llena de zapatos de todo tipo: tacones, botas, zapatillas deportivas, sandalias... zapatos tanto para hombre como para mujer o niños.
Ella coge los tacones más parecidos a los suyos que existen y se sienta para probárselos.
Daryl mira a su alrededor, odio ver como la gente cuchichea sobre ella, la miran con asco e incluso marchan a hablar con la dependienta para pedirle que la echen.
Ah no, de ninguna manera van a dar un trato tan vejatorio a su chica.
Camina hacia donde el grupo de mujeres se reúnen y graznan en voz alta esperando que Nancy las oiga.
-¿Tenéis algo que decir sobre mi esposa, señoras? -pregunta haciendo uso de toda su educación, aunque de lo único que tiene ganas es de arrancarles esas pelucas que no engañan a nadie.
Las mujeres lo miran de arriba abajo. Es un hombre atractivo y elegante, que viste un traje a medida de la casa Brioni.
Debe de tener dinero.
-Perdone, no sabíamos que era su esposa -se disculpa una de las mujeres -Pensamos que era una señorita de la calle. Ya sabes, a veces esas mujeres se cuela aquí y...
-¿Y se prueban zapatos para comprárselos? ¡Ay dios, como osan mezclarse entre nosotros! -dice Daryl sarcástico, pero ellas asienten sin notar el grado de burla en su voz.
Estúpidas...
Mira de soslayo como la dependienta se acerca a su chica.
Se alarma, mierda, va a echarla de allí.
Se aleja de esas arpías de bocas apretadas cuan culo de pollo, y corre en ayuda de Nancy, porque como esa joven se atreva a...
-Mira cariño, la dependienta ha encontrado unos zapatos casi idénticos a los míos, ¿No es genial? -informa sonriente mostrando su pie calzado.
Adorable...
Daryl mira a la joven en cuya placa identificativa pone "Sasha" y le agradece con la mirada el trato dado.
Volverá a comprar en esa tienda, aunque las clientas sean gilipollas, pero dice mucho de esa chica el hecho de que en vez de echarla como estaban pidiendo las zorras estiradas esas, se haya acercado a ella y la haya tratado como una cliente más.
-Entonces... ¿Te gustan estos? -pregunta.
Se agacha frente a ella para ayudarla a quitárselos e ir a pagarlos.
Carol asiente efusivamente.
Mira a su lado, se siente observada, esas mujeres no le han quitado el ojo de encima ni han dejado de hablar sobre ella desde que entró en la tienda.
Si por ella fuera no habría entrado allí, su presencia no es bien recibida, y no quiere causar problemas a la pobre dependienta que tan amable ha sido con ella.
Pero tenía que hacerlo...
-Hey, ¿Qué ocurre? -pregunta Daryl, que lleva una mano a su barbilla para que le mire.
Carol se encoge de hombros.
-Nada, es sólo que... me siento la más puta de todas estas mujeres -confiesa con una sonrisa tímida.
Daryl le sonríe con dulzura.
-No, mi amor, eres la más mujer de todas estas putas -corrige él, y le da un tierno y casto beso en los labios con el único objetivo de hacerle sentir bien.
Odia que se sienta inferior sólo porque su ropa haga creer a la sociedad que lo es.
Es inteligente, divertida, preciosa, y un mechón de su cabello vale mas que cualquiera de esas mujeres metiches que pululan por la tienda.
Paga los zapatos y ella coge la bolsa junto con el ticket de compra.
No se los pone, pero él no le da importancia a ese hecho, total, el coche está justo al lado.
Llegan a casa, de nuevo ha cargado con ella en brazos hasta la puerta de la habitación, donde Abraham hace guardia.
-Buenas noches, machote ¿Quieres unirte a la fiesta? -pregunta golpeándose la palma de la mano con la fusta que ha sacado de la bolsa.
Abraham la mira alarmado ¿Qué narices traman esos dos?
Daryl resopla. Ya no sabe cómo decirle que no intimide a sus guardaespaldas.
-Entra ya -la invita a pasar abriendo la puerta.
Nancy mira a Abraham de arriba a abajo devorándolo con la mirada.
-Tú te lo pierdes -suspira.
Golpea el muslo del guardaespaldas con la fusta antes de entrar en la habitación.
Abraham se queja.
-¡Nancy! -regaña Daryl que asoma la cabeza por la puerta para disculparse por ella -Estás como una cabra -gruñe.
Ella ríe malvada, deja la fusta sobre la cama y espera de pié junto a esta, aguardando las órdenes para empezar el juego.
Daryl lee sus pensamientos ¿Cómo debe actuar ahora?
-¿De verdad quieres jugar a esto? Puedes decir que no...
-Si quiero, niño rico -asegura ella mirándole a través de sus pestañas.
Daryl traga saliva, esos malditos ojos...
-Está bien -coge aire -Quiero que vayas al baño, te desnudes por completo y cuando vuelvas aquí seas una mujer completamente sumisa que me llamará señor.
Carol bufa poniéndolo más nervioso de lo que está.
-Uy, señor, ¿Mi niño rico tiene prisa por crecer? Está bien, como gustes, pero mañana yo seré tu reina, dueña y señora, recuérdalo, todo lo que me hagas te lo devolveré por tres.
-¡Vete al baño ya! -ordena impaciente -¡Recuerda que hoy tus orgasmos me pertenecen! -grita cuando ella cierra la puerta de esa habitación
-Como siempre, cariño -la escucha replicar.
Sonríe.
Vacía la bolsa, y deja los objetos que ella quiere utilizar hoy sobre la mesita de noche, para poder alcanzarlos con facilidad.
Se recoloca la corbata. Debe de estar vestido todo el tiempo, sólo ella puede estar desnuda.
Si Gregory se enterase de lo que ha estado haciendo con ese carísimo traje puesto...
La puerta del baño se abre.
La observa, está completamente desnuda, caminando hacia él con una gracia inimitable, y evitando mirarle. El juego acaba de empezar.
Su cuerpo marmóreo lo invita a pecar, a poseer cada pequeño trozo de su piel, a hacerla suya, de él y de nadie más, hasta que las primeras luces del alba la hagan desaparecer y le devuelvan la desconocida mujer que es durante el día, pero ahora mismo se encuentra ante la diosa del amor, del sexo y la lujuria en persona, y está dispuesta a darle poder sobre ella.
No sabe muy bien como sentirse, él es un novato en este juego, ha dominado muchas veces, pero sin reglas, sin papel que interpretar, y ahora se encuentra frente a una mujer desnuda que espera acatar las órdenes de un hombre que intenta mantener los nervios a raya para que no note la inseguridad y excitación que le provoca tenerla cerca vestida sólo con su piel.
Pasea las manos por su cuerpo, que acoge sus caricias sin mostrar resistencia alguna.
Su piel es suave como un lienzo de seda blanca, y el calor que desprende funde su alma.
La siente temblar, no, no ha sido ella, es él quien tiembla, su cuerpo se está estremeciendo sólo de recordar la sensación de tenerla piel con piel, recostada sobre su pecho después del sexo.
Sacude la cabeza, ya habrá tiempo para eso después. Ahora tienen que jugar.
Él es el amo, el dominante, y ella su sumisa quien debe obedecer sus órdenes. Ese es el rol que tienen, mañana será a la inversa, pero hoy manda él.
-Bésame -da su primera orden.
¿Orden? A oídos de ella sí, pero a los de él ha sido una súplica desesperada. Se muere por esos labios color rojo pasión, lo que más le excita de ella es su forma de besar.
Carol obedece y besa a su amo tal y como le ha ordenado, pero sin tocarle. Sus manos están a su espalda evitando hacer el mínimo contacto. No puede acariciar su cuerpo si él no da su permiso.
Quiere dejarlo dominar en el beso, pero él parece no querer tener el control de la situación, se limita a ir al contrario de a donde ella va, mover la lengua hacia el sentido contrario de donde ella la mueve y esperar a que haga el próximo movimiento.
Daryl quiere más, desea más, necesita más.
Agarra su nuca, enredando sus dedos entre sus bucles pelirrojos y la atrae más hacia él para profundizar al máximo en el beso. Dios, le encanta como besa, es la mejor, jamás ha conocido a otra mujer capaz de excitarlo con el simple hecho de hacer bailar su lengua en el interior de su boca.
Muerde suavemente su labio inferior y siente como ella se sobresalta y queja brevemente, para acto seguido continuar con el beso como si no hubiese pasado nada, pero él sabe que algo ha ocurrido ahí.
Interrumpe el beso y observa su rostro.
-Ay, Dios, te he hecho daño -se alarma. ¿Tan fuerte le ha mordido? Joder, no se ha dado ni cuenta de la presión que estaba haciendo, y no es un pequeño corte que dejaría un colmillo clavado, no, es una raja vertical de la que no deja de brotar sangre. Le ha partido el labio.
-Espera aquí -pide.
-No, señor, estoy bien -asegura.
No quiere salirse del papel, no es lo normal, una vez que empieza el juego debe de acatar su rol pase lo que pase, pero él está muy verde en ese tema.
Se toca el labio.
Efectivamente, está sangrando, pero esa herida no la ha abierto él, ya la traía de casa.
-Siéntete aquí -pide guiándola hasta la cama.
Agarra la cubitera para champán, que ha llenado de hielo, y saca un cubito que lleva a los labios de ella.
Da suaves golpes sobre la zona afectada y una vez que le parece ver que ella se ha adaptado a esa temperatura lo deja sobre la herida para calmar el dolor y sellar el sangrado.
Odia hacerle daño, ya sabe que lo que van a hacer ahora consiste en eso, pero no quiere llegar a ese nivel, y menos cuando la ha escuchado quejarse contra sus labios en cuanto la ha mordido.
-Lo siento -se disculpa.
Carol lo observa con los ojos muy abiertos. ¿Este va a ser su amo hoy? ¿Un hombre que correrá a por el botiquín de primeros auxilios en cuanto vea la mínima herida?
Si él supiera la de barbaridades que ha tenido que soportar no se molestaría en curar ese labio. Pero por otro lado le resulta tan agradable que se preocupen por ella, le hace sentir un calor en su interior que...
Parpadea rápido para despertar de esa gilipollez que acaba de pensar.
Tiene que hacer que ese hombre vuelva al juego, y sabe perfectamente que armas utilizar para ello.
Abre más la boca, para lamer el cubito de hielo y sorberlo suavemente entre sus labios, acariciándolo con la lengua lentamente, al tiempo que lo mira fijamente a los ojos con mirada sensual con sed de más.
Daryl gime sin poder evitarlo. Madre mía, ¿Ella se está dando cuenta de lo sensual que está siendo y lo que está provocando en él?
Su miembro se mueve en el interior de sus pantalones ansioso porque esos labios lo rodeen y que sea su glande el esclavo de esa experimentada lengua.
-Túmbate -ordena.
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El juego vuelve a continuar, aunque ahora añadirá un elemento que no estaba planeado y que espera que le guste.
Observa su precioso cuerpo recostado sobre la cama, mimetizándose con el color blanco de las sábanas. No ha visto un tono de piel más hermoso en su vida.
Se sienta a su lado, ella mantiene la mirada baja, de nuevo ha adoptado su papel.
Vuelve a acariciar sus labios con el cubito de hielo, recorriendo su contorno, llevándose el carmín rojo con él, y desvelando un natural color cereza. Sabe de sobra que el sabor de sus labios es tan dulce como aparentan serlos.
Baja hasta su barbilla y recorre lentamente su mentón, desplazándose por todo su maxilar inferior hasta llegar a su oreja, la cual recorre como si de su propia lengua se tratase, y da el mismo tratamiento a la otra.
Ella no dice nada, sólo se estremece por la sensación de frío.
Le resulta tan extraño ese silencio, y a la vez es tan excitante...
Desliza el cubito por su garganta, y ella recoge un suspiro excitado al paso del hielo por su traquea.
-Me gustan tus clavículas -murmura.
Sabe que no debe halagarla de forma tan gratuita, que es algo que la persona sumisa debe ganarse complaciendo a su amo, pero no puede evitarlo, su cuerpo es demasiado hermoso como para ignorarlo.
Recorre las clavículas con el hielo, prestando atención a como las gotas se depositan sobre ellas y resbalan hasta sus hombros como si fuesen atraídas por una fuerza superior.
Sus pezones están visiblemente erguidos, excitados por todo lo que su cuerpo está experimentando, y él aprovecha ese momento para estimularlos aún más con el hielo.
Su miembro crece en sus pantalones al ver como cada pequeña glándula que rodea el pezón se eriza en su máxima expresión.
-¿Te gusta esto? -pregunta con voz grave, fingiendo desinterés, como si todo aquello no estuviese provocando nada en él.
-Sí, señor, mucho -suspira.
Daryl sonríe ante la sinceridad de sus palabras, le encanta verla disfrutar.
Alarga la mano para alcanzar las pinzas para los pezones, nunca ha utilizado unas antes, pero ella parecía estar muy excitada con la idea de que las comprara, así que... las probará a ver cómo reacciona su chica.
Las abre y cierra delante de sus narices para que sea consciente de lo que viene ahora.
Dios, tiene los pezones duros como guijarros de piedra, y totalmente erguidos, se muere por llevárselos a la boca.
Acaricia uno de los pezones con el frío metal de la pinza, dibujando círculos alrededor de la aureola, y dando pequeños pellizcos que hacen que ella se agite y se queje con cada pequeña punzada.
Recorre todo su contorno y una vez que vuelve al punto de partida pasa el hielo por la zona maltratada, para refrescarlo, hacer que se relaje, y acto seguido repite el proceso.
Carol vuelve a agitarse como activada por un resorte, esos pequeños pellizcos la están matando, y no en el mal sentido de la palabra. Es una mezcla de dolor y placer exquisito que hace que la humedad entre sus piernas crezca de forma casi vergonzante.
Gime suavemente cuando el hielo cumple su función de calmar el dolor.
Sus pechos están excitantemente rojos por esa tortura que está ejerciendo sobre ellos, y que parece que no tiene intención de parar.
Intenta cerrar las piernas, cruzarlas, para aliviarse un poco. Se muere por ser tocada hasta llegar a la liberación.
-¡No! -regaña Daryl.
Golpea con fuerza sobre su muslo izquierdo con la palma de la mano, dejándola marcada, para que vuelva a separar las piernas. Sabe perfectamente lo que pretendía.
Coloca las pinzas en ambos pezones sin perder más el tiempo, haciéndola gemir entre dientes y tira hacia arriba de la cadena que las une, provocando que un grito muera en su garganta y arquee la espalda sin más remedio cuando sus pezones son estirados.
-Te correrás cuando y como yo quiera. Como vuelvas a intentar algo así te castigaré ¿Has entendido? -susurra en su oído.
-Sí -murmura en medio de un gemido.
-¿Sí qué? -pregunta agitando la cadena.
-Sí, señor -se corrige en un jadeo.
Daryl sonríe arrogante, suelta la cadena y deja que vuelva a tumbarse sobre la cama.
Es increíble lo obediente y callada que está, sólo gime, con lo charlatana que suele ser siempre incluso cuando él tiene el control. Está sorprendido, pensaba que iba a ser peor sumisa, se ve que no es la primera vez que hace eso, tiene bien aprendido su papel.
Eso lo pone un poco nervioso, ¿Y si lo hace mal? ¿Y si al final no le gusta?
Busca sus ojos, esos malditos ojos que hoy no le miran. ¿Por qué no eliminó esa regla? ¿En qué pensaba? Ahora no puede cambiarlo, es lo que han acordado y no puede haber marcha atrás.
Error que corregirá para la próxima vez.
Vuelve a coger el hielo que está a punto de derretirse y baja por su vientre lentamente, siguiendo una línea vertical hasta llegar al ombligo, el cual rodea dejando un rastro de agua helada que resbala hacia el interior, y el último trozo se derrite entre sus dedos.
Su vientre se mueve en una respiración acelerada. El frío por su cuerpo y esas pinzas atrapando sus pezones deben de producirle toda una gama de sensaciones.
-Abre las piernas, cariño, muéstrame lo mojada que estás -ordena.
Se regocija de ver como obedece, y le muestra su sexo sin vergüenza alguna.
Dios, está tan húmeda, no sabe cuanto tiempo más va a aguantar así, desea enterrar la cabeza entre sus piernas y follarla hasta hacerle gritar su nombre mientras cabalga sobre las réplicas de su orgasmo.
Pero tiene que esperar...
Le excita verla tan entregada a él, confiando en todo lo que le está haciendo.
Agarra una almohada y la coloca bajo su trasero para elevar más su pelvis y tener una mejor visión de lo que le interesa.
Precioso...
Mete la mano en el cubitera y saca un nuevo trozo de hielo que pasea por su pelvis, rodeando sus huesos marcados a cada lado, dibujando pequeños círculos de izquierda a derecha, y de arriba a abajo.
Le encanta su cuerpo, pero no deja de tener la sensación de que está un poco desnutrida. Quizás simplemente esa sea su constitución y no tiene por qué preocuparse por ello, al fin y al cabo gana bastante dinero, debe de comer bien.
Baja hasta su pubis, y desliza suavemente por él ese cubo frío, sin rozar sus zonas sensibles, quiere impacientarla.
Lo pasea por el interior de sus muslos, y se acerca a su centro ignorándolo, a pesar de que ella levanta su pelvis invitándolo a que la toque.
Le encanta su necesidad.
Coloca el hielo a ras de su clítoris, y deja caer un par de gotas heladas sobre él, que rápidamente desaparecen entre sus pliegues.
Ella gime suavemente dando su aprobación a eso.
Daryl le muestra el cubito de hielo.
-Te voy a masturbar con esto, luego te follaré con él, y lo dejaré dentro donde deberás mantenerlo. Como te corras o se te escape una sola gota te castigaré ¿De acuerdo? -pregunta.
-Sí, señor -acepta ella.
Carol se apoya sobre sus codos para ver cada movimiento que Daryl está haciendo en sus zonas bajas.
Es una sesión de BDSM un poco extraña, no se siente humillada, no ha recibido una sola bofetada en el rostro, no le ha escupido, no la ha llamado puta, aún no le ha preguntado quién es su amo... aunque también es cierto que acaba de empezar.
Y que manera de empezar...
Daryl desliza el hielo por su clítoris, y puede escuchar como ella coge aire entre dientes nada más sentir la frialdad.
El cubito resbala por su centro de placer, derritiéndose con una velocidad que hasta le sorprende, prácticamente se ha fundido en ese lugar que debe de estar irradiando un excitante calor.
Sonríe, pero no comenta nada, en su lugar saca otro trozo de hielo y repite el proceso.
Frota en círculos, provocando que ella mueva sus caderas y tiemble intentando escapar o acercarse al placer.
El cubito helado se hace cada vez más pequeño y líquido, hasta que son sus propios dedos los que rozan su clítoris húmedo, y no por agua precisamente, conoce ese tacto, son sus propios fluidos, está excitada, lista para ser penetrada.
Pero aún no, quiere divertirse un poco más con ella.
Frota un poco más su clítoris con sus dedos, el cual está demasiado caliente aún, quiere enfriarlo por completo.
Saca otro trozo de hielo y repite.
-No te corras -ordena, recordándole una de las normas que ella ha aceptado.
Frota rápido sobre la zona, tal y como sabe que a ella le gusta, consiguiendo así que tiemble aún más y se muerda el labio decapitando los gemidos.
Le encanta ver sus reacciones, ver como responde a cada estímulo, cual la vuelve loca, cual la deja indiferente.
Poco a poco está descubriendo los botones que debe tocar para tenerla a su merced, dócil, entregada y... a punto de correrse.
Sigue un poco más, quiere ver cuanto es capaz de aguantar.
Está sollozando frustrada, tiene los ojos cerrados, niega con la cabeza e intenta cerrar las piernas para que deje de tocarla y así no correrse.
Dios, como le pone su desesperación.
-Te gusta ¿verdad? -pregunta frotando con una rapidez que hasta podría hacer fuego -Te encanta esto, lo sé, estás tan húmeda... -la penetra con los dedos, no va despacio, introduce cuatro de golpe, está tan lubricada que los acoge sin problemas.
Mueve la mano adelante y atrás rápidamente, haciéndola casi llorar desesperada, mordiéndose el labio con fuerza, rezando por poder contener el orgasmo.
Coge otro trozo de hielo y lo frota sobre su clítoris al tiempo que sigue masturbándola con los dedos.
Carol busca aire desesperadamente, se lo está robando todo con cada movimiento que está haciendo.
Se muerde los nudillos, ahogando los gemidos y haciéndose daño para desviar la atención, pero es imposible, no puede huir de ese placer, es demasiado tarde para dejar volar su mente, no puede ignorar sus dedos dentro de ella encendiéndola, ni el hielo sobre su clítoris intentando congelarlo sin éxito.
Sabe lo que es esa sensación en el bajo vientre, y por mucho que se esfuerce en contenerlo, como siga tocándola así, escapará de sus entrañas sin poder evitarlo y...
-Gracias a Dios -dice en un movimiento de labios, sin articular palabra. Tiene prohibido hablar.
Daryl se ha detenido.
-Buena chica -la felicita.
Ama su respiración acelerada y sus hermosos ojos vidriosos y oscuros por la excitación.
Está preciosa.
-A ver si aguantas esto.
Coge otro hielo y lo introduce lentamente en su interior. Siente como se va derritiendo conforme las paredes lo van abrazando.
Lo deja lo más profundo que sus dedos le permiten, aunque sabe que antes de que sus dedos abandone su interior ya va a estar más que derretido. Conoce a la perfección lo húmedo y cálido que es ese canal. Dios, necesita estar dentro de ella.
Carol aprieta los músculos pélvicos, sellando su entrada, impidiendo al líquido salir. Es peligrosamente placentero, podría provocarse el orgasmo así, un orgasmo que ha estado tan cerca de tener que aún siente el cosquilleo en su bajo vientre, no sabe si aguantará otra estimulación directa. Ese hombre sabe dónde y cómo tocarla.
Lo mira. Está forzando otro cubito de hielo, al cual le está costando más trabajo introducirse, debido a que su entrada está sellada, pero consigue meterlo, junto a otros dos que entran con la misma dificultad.
Aprieta los músculos a más no poder, obligando a esos trozos de hielo permanecer en su interior.
Es cansado, y más si tienen que tener las piernas abiertas, le duele hasta los músculos del abdomen por el esfuerzo.
Dios, si sigue apretando será castigada por correrse, y si no lo hace será castigada por dejar escapar el líquido de su interior.
Daryl no sabe lo que está haciendo con ella ¿O sí?
Siente su interior congelado, pero no dura mucho, el hielo se derrite dejándola llena hasta rebosar, no sabe cuanto tiempo podrá mantener eso ahí, o cuanto aguantará sin correrse.
Observa como Daryl se aleja de ella y le da la espalda.
Podría hacerlo, ahora no mira, podría...
-Como se te ocurra correrte o soltar el hielo te ato a la cama, y me pasaré la noche torturándote y negándote el orgasmo -amenaza mirándola por encima del hombro.
Ella deja caer la cabeza hacia atrás. ¿Acaso no es lo que está haciendo ya? no sabe si su cuerpo va a... ¡Dios! gime en silencio cuando lo ve caminar hacia ella con el huevo vibrador rojo que acaban de comprar, y la pala de cuero que ella misma tuvo que explicarle lo que era.
No, definitivamente no va a aguantar.
Lo peor es que fue ella quien eligió esos juguetes ¡Pero el hielo no estaba en el trato!
Mañana se va a enterar.
Daryl recoloca su miembro dentro de los pantalones. Dios, la próxima vez que haga esto se cambiará y pondrá un pantalón de chándal antes de comenzar la sesión, porque la maldita polla está pidiéndole ser liberada de ese odioso y estrecho traje pijo.
Sacude la cabeza e intenta concentrarse en lo que está haciendo.
La mira, está respirando agitada, con la boca entreabierta, las piernas separadas, su vientre temblando, sus pezones teñidos de rojo intenso, su cabello húmedo pegado sobre su frente, y las manos agarrando las sábanas fuertemente preparada para lo que venga.
Le encanta.
-¿Sabes que es esto, querida? -pregunta mostrándole el juguete vibrador. Ella asiente -Voy a meterlo en tu precioso culo -informa.
La observa recoger un suspiro, anticipándose a lo que viene ahora.
Pasea el juguete apagado por su clítoris para empaparlo en sus jugos y lubricarlo.
Ella está mirando su centro alarmada, temiendo correrse con la más breve caricia, debe de estar a punto de hacerlo.
Sonríe malévolo.
Y sí...
Lo enciende sin previo aviso a su máxima potencia, y lo aprieta con fuerza sobre su clítoris, haciéndolo zumbar.
-Nnnoo -solloza ella.
Agitándose entre espasmos que anuncian el orgasmo. Respira rápido, casi hiperventilando, intentando distraer su cuerpo de esa sensación.
Tiene que aguantar, no quiere...
Daryl retira el juguete de su centro.
Respira.
Será hijo de puta, la ha pillado con la guardia baja y no se ha corrido de milagro.
Se va a enterar cuando sea ella quien mande.
Escucha cómo le dice que se relaje ¿Qué se relaje? Como si fuera tan fácil.
Coge aire.
El huevo se desliza lentamente hasta su interior provocándole una sensación placentera que se incrementa cuando lo enciende en su nivel más bajo.
Vale, eso puede aguantarlo.
-¿Cual es tu palabra de seguridad? -pregunta Daryl, sopesando la pala sobre su mano.
-Pookie -responde ella sin poder contener la sonrisa guasona.
Daryl frunce el ceño ¿En serio sigue con esa palabra?
-Tu palabra de seguridad es "Rojo" como digas Pookie no pararé, te lo advierto -informa él en tono serio.
Se mesa la barba mientras mira la pala de cuero.
Nunca ha hecho esto antes, y siente que está más temeroso que ella.
No sabe por dónde empezar a golpear.
Da vueltas alrededor de la cama pensativo.
Pasea la pala por su rostro, acariciando su mejilla con suavidad, no quiere tocar su rostro, le ha partido el labio y se ha sentido fatal, golpear sus mejillas no es algo que le excite.
Se desliza lentamente hacia abajo, recorriendo su garganta, viendo como traga saliva nerviosa. Rodea sus pechos despacio, son preciosos, le encanta su forma y tamaño.
Los golpea suavemente, haciendo que tiemblen como gelatina dulce.
Las pinzas de los pezones se muevan provocándole una punzada de placer que la hacen gemir.
Baja por su vientre lentamente, recorriendo sus costillas marcadas, su costado que...
Sonríe cuando ve que ella se retuerce. Lo había olvidado: tiene cosquillas ahí.
Acaricia sus piernas con el cuero, esas largas y tonificadas piernas que le encanta tener rodeando sus caderas, forzándolo a que la embista con más fuerza.
Golpea suavemente la cara interna de los muslos, tanteando su tolerancia al dolor, ella ni siquiera se inmuta.
Acaricia con la pala la zona que ha golpeado y vuelve a azotarla.
Repite el proceso una y otra vez, añadiendo cada vez más fuerza, buscando el punto justo que...
Un leve movimiento con las piernas y un suave gemido le indican que ese es su grado inicial de dolor.
Ahora es cuando empiezan los verdaderos azotes.
-Si te hago daño di tu palabra de seguridad y pararé -asegura.
Golpea con la misma intensidad en repetidas ocasiones cada uno de los muslos hasta tenerlos completamente rojos, destacando sobre su pálida piel.
Sube de nivel y repite el proceso, ganando en seguridad con cada nuevo golpe.
Azota más arriba, más abajo, sobre el vientre, sobre el pubis, se queda cerca de su centro, pero sin llegar a rozarlo.
Ella gimotea y se retuerce, queriendo y no queriendo huír del dolor. Cierra las piernas en cuanto recibe el golpe, pero las vuelve a abrir segundos después dispuesta a encajar el siguiente.
Está tan inquieta y se mueve tanto que en una de estas se encoge antes de recibir el golpe y Daryl azota su clítoris accidentalmente.
La mira alarmado.
¿Le ha hecho daño? Joder, eso le ha tenido que doler.
Pero ella sólo echa la cabeza hacia atrás perdida en un gemido, y se muerde el labio a la espera de que vuelva a golpear esa zona.
-¿Te gusta esto? -pregunta.
Da rápidos y cortos golpes sobre el clítoris señalando a lo que se refiere.
Ella vuelve a gemir.
-Sssí -jadea.
Daryl sonríe, le excita verla siendo casi incapaz de hablar, perdida entre gemidos.
Continúa golpeando, abarcando toda la vagina que poco a poco va tornándose del mismo color rojo que tiene en los muslos. Los golpes no son fuertes, sólo lo suficiente para que los sienta y pique un poco para hacerla retorcerse entre el placer y el dolor.
Su clítoris está hinchado y lubricado. Puede ver como su humedad escapa de su centro y resbala por sus pliegues hasta su perineo, y se pierde entre sus nalgas.
Es tan excitante.
Alterna esos golpes rápidos, y cortos sobre su vagina con azotes fuertes que da sobre su pubis o muslos que la hacen retorcerse y gritar.
Aumenta la potencia de vibración del juguete y ella casi salta de la cama.
Carol no puede más, y no por el dolor, dios, el dolor es delicioso, y mezclado con las vibraciones que está sintiendo en su interior hacen que casi explote de placer, pero no puede, tiene que aguantar, no puede correrse, tiene que pensar en algo para que se detenga un momento y le de tiempo para recomponerse un poco y recuperar el control sobre su cuerpo.
Daryl vuelve a golpear sobre su muslo, a escasos centímetros de su centro. Una, otra, otra, y otra vez, deleitándose con los distintos grados de rojo que puede tomar su cuerpo.
-Pookie -la escucha susurrar.
-Ay dios, ¿Te he hecho daño? -se alarma.
Ha dejado de lado su personaje y ahora busca su rostro preocupado, se ha pasado, lo sabía, no ha controlado y le ha hecho daño. Acaricia sus muslos enrojecidos, dios, están ardiendo.
Busca su rostro para ver sus ojos, temiendo encontrarlos cargados de lágrimas de dolor, pero ella está... ¿Se está riendo?
-No, no me has hecho daño, sólo quería ver si era verdad que no pararías si decía Pookie y... ¡HIJO DE PUTA! -grita cuando él golpea con fuerza el centro de todo su placer ¿Es raro que eso le guste?
Daryl la mira con seriedad ¿Así que aún tiene ganas de bromas? Pues eso se va a acabar pronto. Ha hablado y le ha mirado a los ojos. Ha roto dos reglas.
suelta la pala, agarra la fusta y se sienta en la cama.
-Recuéstate sobre mis piernas, te voy a castigar -ordena.
Carol coge aire.
Vale, se lo merece por graciosa, pero tenía que detener eso o se correría, aunque visto lo visto... podría haberse corrido igualmente, total, la va a castigar igualmente, al menos recibiría esos azotes sin tener la necesidad de liberación vibrando por su interior.
Se arrastra por la cama y se tumba sobre su regazo, dejando su trasero levantado para que pueda golpearlo bien.
No quería ser castigada. ¿O sí?
-Acordamos veinte, y veinte te daré, los diez primeros con la mano, y los otros diez con la fusta -informa -Te recuerdo que no te puedes correr ni dejar escapar el agua, como lo hagas serán veinte más -amenaza.
Ella asiente y cierra los ojos con fuerza a la espera de lo que venga.
Acaricia su nuca, su cabello está húmedo por el sudor, al igual que su pálida espalda, la cual acaricia lentamente con los dedos recorriendo su columna vertebral. En esa posición sus vértebras están visiblemente marcadas en su piel.
Llega a su trasero, y dibuja círculos pequeños con la mano, acariciándolo y haciéndole saber la zona que pretende golpear.
Siente como ella se tensa con antelación.
Le da el primer azote, no es muy fuerte, pero sabe que le ha picado.
El segundo va al otro cachete con la misma intensidad, y seguidamente acaricia la zona afectada para calmarla.
En el tercero y cuarto aumenta la fuerza. Le encanta el "Plas" que suena cuando su palma choca contra su culo.
Quinto y sexto, ella gime suavemente, ahí empieza su dolor, es el momento ideal para aumentar la intensidad de la vibración del juguete y comenzar a estimular su clítoris sin miramientos, llevando un ritmo rápido desde el primer momento, para sorpresa de ella.
Lo asalta y saquea hasta que todos sus jugos están en sus dedos y debe luchar para humedecerse pronto para contrarrestar la fiereza con la que él lo frota.
Ella jadea e intenta huir de su toque.
Séptimo, octavo, noveno y décimo golpe llegan casi a la vez, aumentando la fuerza del azote, y sin pausa ni caricia entre un golpe y otro, pero sin cesar de dibujar círculos sobre su maltratado clítoris. Le duelen los dedos de hacer ese movimiento, y su mano derecha está roja por los golpes que ha dado, aunque no tanto como ese precioso culo.
Ella vuelve a gemir y se remueve un poco sobre su regazo, no sabe si por dolor o por la excitación que debe de estar sintiendo, dada lo húmeda que está.
Dios, si supiera lo poderoso que está irguiéndose su miembro ahora mismo...
Agarra la fusta y acaricia su trasero con la punta de cuero para que sienta con qué la va a golpear.
Nancy solloza con antelación.
Da el undécimo y duodécimo golpe con la misma intensidad que el golpe número diez.
Ella grita, los golpes dado con ese material son más intensos que cuando los da con la mano, por lo que redobla sus movimientos sobre su centro de placer aún más, para hacerle olvidar el dolor y que se concentre en no correrse.
Da el décimo tercero y décimo cuarto golpe, de nuevo intensificando la acción, haciéndola gemir aún con más fuerza.
Décimo quinto, décimo sexto. Su trasero está totalmente rojo, y se está formando un moratón sobre el cachete derecho. ¿Es malo que ver eso le excite?
Carol busca aire. No puede más, el dolor puede soportarlo perfectamente, pero lo que está haciendo sobre su clítoris...
Su orgasmo está luchando por escapar. Los azotes, sus movimientos, los músculos pélvicos tensados, el roce de las pinzas de los pezones sobre el colchón... todo eso no ayuda a que consiga contenerlo.
Cuatro más, sólo quedan cuatro golpes más y dejará de tocarla, o le permitirá correrse.
Muerde el labio e intenta concentrarse sólo en el dolor, en como la fusta corta el aire con el décimo séptimo golpe.
Grita, el dolor intenso dura un segundo, pero el placer sobre su clítoris no se va.
Siente como acaricia su cachete izquierdo con la fusta justo antes de golpearlo.
Vuelve a gritar, y él se apresura a calmar la zona dando una caricia.
Quedan dos, sólo dos golpes.
-¿Te quieres correr? -pregunta con voz oscura.
-Sssí, por favor, por favor -suplica de necesidad.
Daryl sonríe le da hasta un poco de pena.
-Aún no -niega.
Retira sus dedos de su clítoris y da los dos últimos golpes, uno tras otro, sin pausa ni caricia.
Ella grita de nuevo y deja caer su cuerpo sobre él.
El castigo ha terminada.
La deja que se relaje, que su respiración se normalice al tiempo que él acaricia su espalda con cariño. Le sorprende el aguante que tiene. Es dura.
-Tienes un culo precioso -murmura.
Lo acaricia con suavidad, está completamente rojo, y pequeños cardenales salpican cada uno de sus cachetes formando un patrón precioso.
Ella no dice nada, después de ese acto de rebeldía ha vuelto a adoptar su posición de sumisa.
Sonríe.
Chica mala...
-Arrodíllate frente a mí -ordena.
Carol obedece y se deja caer sin gracia, deslizándose por su regazo hasta estar de rodillas frente a él, a la espera de la próxima orden, que sabe perfectamente cual va a ser.
Daryl desabrocha sus pantalones y saca su miembro que... ¡Joder, estaba desesperado por salir!
-Chúpamela -pide.
Ella lo mira por un segundo en un gesto interrogante y vuelve a bajar la mirada. Tiene prohibido mirarle.
Daryl se traga la sonrisa, ha leído perfectamente la pregunta en sus hermosos ojos.
Mete la mano en el bolsillo y saca un preservativo el cual abre y se lo entrega a ella para que lo ponga como mejor sabe hacer.
Carol coloca el condón sobre la punta y lo arrastra con la boca hasta el final, donde su nariz roza su pubis.
Sus manos se mantienen fijas a cada lado del colchón, no puede tocarle, pero él acaricia el dorso de sus manos con dulzura, al tiempo que gime suavemente.
Sonríe, Daryl está tan excitado que hasta puede notar contra la boca el pulso en la enorme vena marcada de su miembro, sí que está disfrutando del juego de dominar.
El juguete sigue vibrando con toda su intensidad en su interior, por suerte o por desgracia, a pesar de sentir placer no es algo tan extremo como para llegar a correrse, ahí no hay ninguna próstata que estimular, por lo que está tranquila y puede concentrarse solo en lo que está haciendo. Bueno, en eso y en mantener en su interior el hielo, agua, vapor o lo que narices quede de los cubitos.
Eso si es un problema, su bajo vientre duele a más no poder de tanto contraer los músculos.
Lo escucha alabar cómo la chupa, y ella hace vibrar su úvula sobre el glande en respuesta.
Es curioso, no ha dicho "que buena puta eres" o "se nota que eres una puta, mi puta" o algo por el estilo, simplemente le ha dicho "Eres genial" está tan acostumbrada a escuchar burradas cuando tiene que obedecer las órdenes de un amo que eso le parece hasta infantil.
Es tan adorable, casi parece que no está teniendo una sesión de BDSM, si no fuera por el dolor en su trasero y toda su ingle en general...
Continúa chupando su miembro, notando como crece en el interior de su boca. Lo lleva hasta el fondo, lo saca, raspa con los dientes suavemente, gime sobre él para estimularlo con la vibración y él simplemente jadea entregado al placer.
Siente como enreda los dedos en su cabello, le acaricia con cariño la cabeza y la empuja hacia abajo manteniéndola unos segundos ahí, para acto seguido tirar suavemente de un mechón de su cabello para que retroceda.
Repite el proceso varias veces, marcando él el ritmo. Un ritmo demasiado lento.
Siente como la agarra de los hombros para instarla a levantarse.
-Túmbate boca arriba, voy a follarte -ordena.
Carol obedece de nuevo y se arrastra por la cama sin librarse de recibir un azote juguetón en el trasero. Ha sido suave, pero ha dolido, por lo que intuye que su culo debe de estar hecho un mapa. A ver mañana como consigue sentarse.
Se prepara en la postura pedida, esperando ser llenada por él. Está deseándolo, ansiosa por sentirlo en su interior, y eso le preocupa.
Daryl se coloca entre sus piernas, se siente raro follando totalmente vestido, pero así es el juego.
La mira.
Dios, está empapada de sudor, las gotas resbalan por su frente y pecho, y está preciosa.
Acaricia sus mejillas; su cuello; aprieta sus pechos cuyos pezones están enrojecidos; su vientre que se agita con respiraciones rápidas y tiembla brevemente; su pubis enrojecido que hace más visible la cicatriz horizontal que tiene sobre él.
-¿Cómo te hiciste esto? -pregunta.
Carol lo siente acariciar la cicatriz de la cesárea.
-Apendicitis -miente.
Él no dice nada, sólo besa la zona con cariño, como si eso fuese a calmar el dolor que sintió cuando la herida estaba fresca.
Carol se emociona como una idiota ¿Qué coño le pasa? Es sólo un beso.
Daryl sigue bajando por su cuerpo, explorándolo, viendo cada lunar, peca y vena que adorna su piel. Es una diosa.
Agarra su miembro y acaricia su clítoris suavemente con él, de arriba abajo, de lado, en círculos, excitándola un poco más antes de desplazarse lentamente hacia abajo en busca de su entrada, pero... no consigue entrar.
-¿Qué ocurre, nena? Relájate, no voy a hacerte daño -susurra, y acaricia su rostro intentando calmarla.
Carol niega.
-Si relajo los músculos el agua del hielo derretido se saldrá -explica.
Daryl sonríe. Ni se acordaba de eso.
-No importa, hazlo mi amor -pide suavemente.
Carol asiente y destensa los músculos, permitiendo que el agua salga.
Daryl vuelve a intentar entrar, y por suerte su pene se abre camino por el canal, que lo abraza con ganas de él.
Dios, ama estar en su interior.
Puede sentir su calor, su humedad, e incluso el agua que aún está atrapada ahí y que no ha tenido tiempo de escapar porque él ha taponado su salida.
Un centenar de sensaciones recorren su cuerpo cuando comienza a desplazarse despacio, moviendo las caderas de lado a lado buscando más profundidad, hasta que está completamente encajado.
Gime embriagado por la sensación, concentrándose en el zumbido que llega hasta su miembro, proveniente del vibrador alojado en el otro canal.
Acaricia sus piernas instándola a que lo rodee con ellas.
-Me encanta follarte -jadea entre embestida y embestida.
Tira de la cadena de las pinzas de los pezones, obligándola a apoyarse sobre sus codos.
Le gusta su rostro excitado, y la forma que tiene de mirar como su miembro entra y sale de su interior, bombeando el agua de lo que una hora atrás era hielo.
-Bésame -ordena, pero antes de que le de tiempo a obedecer él está sobre su boca, tragándose los gemidos escapan de ella.
Ama besarla, su corazón se abre a ella cuando esos hermosos labios de cereza chocan contra los suyos.
-Eres preciosa -murmura, olvidándose por un instante del papel que está interpretando.
Se queda respirando a un palmo de su rostro, compartiendo los jadeos.
Acaricia su mejilla sonrosada y se desplaza poco a poco hacia abajo para posar la mano sobre su garganta, sin hacer presión alguna, sólo quiere sentir su pulso acelerado.
Carol jadea asustada y se apresura a agarrar su muñeca.
Se le han encendido todas las alarmas en cuanto él ha colocado el pulgar sobre su traquea, ya ha sido estrangulada una vez hoy, no le apetece volver a pasar por ello, por mucho que eso excite a los hombres.
-Tranquila, no voy a apretar, lo prometo -la calma paseando el dedo pulgar de arriba a abajo, para que vea que la presión que pretende hacer es nula.
Ella lo mira a los ojos buscando verdad en ellos, pero rápidamente baja la mirada. Va contra las reglas.
Sopesa unos segundos si creerle o no, por su vida han pasado gran cantidad de mentirosos, y recuerda perfectamente cada frase que utilizaron para engañarla "No me quitaré el preservativo" "Tranquila que te aviso antes de correrme" "Sólo la puntita" "No te va a doler" "Te quiero"...
Mentirosos y más mentirosos.
Daryl siente su inseguridad, está claro que no está cómoda con su mano ahí, por lo que decide retirarla y llevarla a su cadera, donde la agarra con fuerza utilizándola como punto de apoyo para acelera el ritmo.
Cambia el ángulo para rozar su clítoris con cada movimiento, y llevarla de nuevo hasta el borde.
La embiste, diez, veinte, treinta veces, pierde la cuenta, su camisa está empapada de sudor, y la corbata no le deja respirar ese denso aire que han creado.
-¿Te quieres correr? -sisea.
Carol asiente desesperada con la cabeza.
-Sí -verbaliza por si no se ha percatado de su gesto.
Siente su miembro duro y caliente entrar y salir de su interior, donde es succionado por sus paredes que se contraen con cada embestida.
Están desesperados por encontrar la liberación.
Ambos están jadeando, sin aire.
Daryl entierra el rostro en su cuello, y resuella contra su oído incapaz de articular palabra.
Siente calor, mucho calor entre los dos, podrían carbonizarse ahora mismo, y de él no quedaría ni el traje.
El clímax de ambos está a punto de llegar, es asolador, y ellos lo saben.
La agarra con posesión y la embiste con más fuerza, redoblando la velocidad.
Siente la presión en sus testículos que indica que va a venir, y las paredes de ella contrayéndose con más frecuencia.
-Córrete ¡Ahora! -gruñe como un animal.
La besa para ahogar el grito de placer de ambos cuando el más dulce, maravilloso y devastador de los orgasmos llega a ellos recorriendo sus cuerpos, haciéndolos estremecerse de placer.
Ella lo oprime, y el se deja ir en su interior, bebiéndose sus gemidos de placer.
Deja caer todo su peso sobre ella, estabilizando la respiración, disfrutando de las últimas replicas del orgasmo.
Ella se queja.
-Lo siento -se disculpa al darse cuenta de que las pinzas de los pezones está entre sus cuerpos y las está presionando contra sus senos.
Las retira y saca el vibrador de su interior.
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-Has estado genial, nena -la felicita.
Se arrastra por su cuerpo y besa sus tiernos labios.
-Genial -repite contra ellos. -No te muevas, aún tengo que cuidar de ti -recuerda.
Carol lo observa trastear en el cajón de la mesita en busca de algo.
¿Cuidar de ella? eso es nuevo.
-Leí en Internet que tras la sesión el dominante debe de cuidar del sumiso, tratar las heridas y eso -explica al ver la forma extraña con la que mira lo que tiene en la mano -Es una pomada para quemaduras, te refrescará, túmbate.
Ella obedece un poco cohibida, es la primera vez que escucha eso. O se lo está inventando o los otros amos que ha tenido se han saltado ese paso, igual que han ignorado la palabra de seguridad.
Daryl deposita una pequeña cantidad de esa crema translúcida sobre cada uno de sus pezones y la extiende con cuidado.
Ella sisea al notar el frío, pero es verdad lo que dice él, le alivia.
Lo observa, está concentrado en la tarea, sonriendo suavemente al tiempo que acaricia su cuerpo con cariño, masajeando cada zona maltratada con esmero ¿Por qué lo hace? ¿Qué más da? ¿Desde cuando es obligatorio preocuparse con una puta después de usarla? y... ¿Por qué no se siente usada?
Daryl la mira de soslayo, tiene los ojos abiertos como platos, y su boca es una O perfecta.
-¿Por qué me miras así? -pregunta sonriente.
Ella agacha la cabeza en cuanto hacen contacto visual.
Odia es maldita norma, para la próxima sesión la cambiará.
-Date la vuelta -ordena.
Carol obedece y se coloca boca abajo, recostando la cabeza sobre sus brazos cruzados.
Se tensa momentáneamente cuando siente la frialdad de la pomada sobre su trasero.
Sonríe, lleva años jugando con su hija al juego de adivinar cuantos dedos posa sobre su espalda, es buena en él, y está segura de que Daryl acaba de dibujar un corazón sobre uno de sus cachetes.
Lo está extendiendo con cuidado, sin hacer presión, dibujando círculos en cada una de sus nalgas.
Le gusta eso, es agradable, refrescante, e incluso le relaja la forma que tiene de tocarla.
Siente como el peso de la cama cambia y lo mira de reojo a ver que hace.
Está a horcajadas sobre sus piernas y presionando con sus pulgares sobre su coxis, haciendo movimientos circulares que van de ahí hasta la zona lumbar.
-¿Daryl? -se atreve a hablar. Él no la detiene ni le replica que no lo haya llamado señor, por lo que continúa -¿Qué estás haciendo?
-Te doy un masaje.
Carol frunce el ceño.
-¿Por qué?
-Por que me apetece dártelo, ¿No te gustan los masajes? -pregunta haciendo una pausa.
-Sí -responde escuetamente, y vuelve a tumbarse sobre sus brazos relajándose en su toque. Lo cierto es que en realidad no sabe si le gustan los masajes, nunca le han dado uno, pero lo que está haciendo sienta muy bien, por lo que lo deja seguir.
Daryl continúa gustoso con la tarea de hacer que se sienta bien.
Masajea su espalda de arriba a abajo, presionando sobre sus vértebras, destensando sus cervicales, relajando cada músculo de su espalda.
Le encanta su espalda, es suave, lisa, los hoyuelos de Venus sobre su pelvis lo vuelven loco, y ama la cantidad de pecas que tiene en ella, como hermosas constelaciones en un cielo lechoso.
Aunque... ¿Qué no le gusta de ella? todo en ella es precioso.
La mira, tiene el pelo alborotado sobre su rostro, los ojos cerrados y respira profundo como si... ¿Cómo si estuviese dormida? sonríe, está dormida, por primera vez la está viendo dormir, y... Dios, es un ángel.
Deja de masajearla, la tapa con la sábana y se mueve a su lado despacio, no quiere que se despierte, quizás esta sea la primera y única vez que pueda verla dormir.
La mira y su corazón se acelera enviando una descarga por todo su cuerpo que acaba en su cara, donde dibuja una sonrisa estúpida en la cara.
-¿Qué me has hecho? -pregunta para sí en un susurro acariciando su dulce rostro.
Se acurruca a su lado, abrazándola, apoyando la barbilla sobre su cabeza y espera a que el sueño llegue pronto a por él.
Carol despierta de madrugada, todo está oscuro, está desorientada ¿Dónde está?
Entonces recuerda...
¡Se quedó dormida! ¿Cómo pudo quedarse dormida? Mira el reloj, mierda, ya debería de estar saliendo por la puerta.
Se desliza por la cama despacio, alejándose de su niño rico.
Le duele todo.
Recoge sus pertenencias del baño, coge la bolsa con los tacones nuevos y revisa que tiene el ticket. Es importante.
Abre el bolso, la hebilla de su zapato está ahí, se la arrancó en el momento en el que consiguió despistar a Daryl con la tontería de que había escuchado caerse algo.
Abre la cartera asegurándose de que lo tiene todo.
100$...
Negan la va a matar si no vuelve con algo más.
Mira a su alrededor, tiene que llevarse algo caro y fácil de transportar que pase desapercibido para Abraham, pero no ve nada...
Localiza la cartera de Daryl.
Se muerde el pulgar pensativa, mirando la cartera, girándose a mirar a Daryl, volviendo a mirar la cartera...
Suspira.
-Lo siento mucho, Daryl -susurra, y en un rápido movimiento la abre, mira su fecha de nacimiento en su documentación, la memoriza, roba su tarjeta bancaria y se la guarda en el bolso.
Se siente mal, no le gusta robar, y menos a él, pero no puede evitarlo. Nancy no es de fiar, no es más que un títere que cumple órdenes de quien maneja sus hilos.
Escribe una nota cariñosa diciéndole lo mucho que le gustó lo de anoche y advirtiéndole de lo que le hará ella y la deja sobre la almohada.
Podría despertarlo, pero sería incapaz de mirarlo a la cara después de haberle robado, por lo que se aleja de su lado sin despedirse y sintiéndose el ser más miserable sobre la faz de la Tierra.
Hola, espero que os haya gustado el capítulo ^^.
Ha sido largo, lo sé XD
Sé que estaréis odiando a Negan, y con razón.
Sophia sigue con problemas en el colegio, aunque su madre ha conseguido animarla un poco gracias al spinner que le compró.
Supongo que no hace falta que os diga lo que Carol pretende hacer con los tacones que acaba de comprarse ^^
Daryl ha tenido su primera sesión de BDSM con Carol. Quienes hayan leído/practicado/visto algo de esto se habrá dado cuenta de que ha sido un poco suave, y han faltado elementos.
Poco a poco irá añadiendo más.
En el próximo capítulo Carol no será tan suave con él XD
De nuevo muchas gracias por vuestros comentarios, sois geniales ^^
