11. Pasado

*Hay una escena violenta, como siempre seréis advertidos del momento de esta con este símbolo " /*/ " *

Carol despierta con el suave sonido de un grifo goteando en algún rincón de ese frío lugar.
Cloc, cloc, cloc...
Intenta abrir los ojos, pero no puede, están pesados, muy pesados, como si sus pestañas estuviesen bañadas en plomo.
Quiere levantarse, pero sus músculos tampoco responden, no puede mover las piernas, ni los brazos, ni las manos, ni siquiera abrir la boca, es como si su cuerpo no le perteneciera, y eso empieza a asustarla.
Quiere gritar, pero no puede, ni siquiera atina a emitir el más mínimo gemido, es como si le hubiesen arrancado las cuerdas vocales.
Agudiza el oído para oír más allá de ese insufrible goteo, le alegra saber que al menos ese sentido sí funciona. Escucha voces lejanas, distorsionadas como si ella estuviese bajo el agua, por lo que no consigue descifrar lo que dicen, ni adivinar la distancia a la que se encuentran de ella.
Vuelve a intentar moverse, su cerebro envía a sus dedos una orden, y... nada, no puede, es como esos momentos en los que se despierta de pronto y su cuerpo aún no está consciente de que lo está, parálisis del sueño lo llaman, solo que esta vez sabe que no es eso.
Su corazón palpita rápido, puede sentir el pulso hasta en su sien, y si se concentra incluso puede oírlo.
Bum bum, bum bum.
Su respiración es acelerada, hasta ahora no se había dado cuenta de que ha entrado en pánico. Intenta controlarlo. Inhala, exhala, inhala, exhala...
Siente el cuerpo frío, está tumbada boca abajo en el suelo, y sabe que está completamente desnuda, sus pezones se erizan reaccionando a la baja temperatura y se presionan contra las frías baldosas del suelo.
Una humedad cubre su piel pálida ¿agua? ¿sangre? ¿orina? ¿suya? ¿de otra persona? No lo sabe...
Le duele todo, cada palmo de su cuerpo parece haber sido golpeado, y su interior arde como si la hubiesen penetrado con un hierro candente por todos sus agujeros. Se siente sucia, abierta, y hambrienta, muy hambrienta, ¿Cuánto lleva sin comer? No lo recuerda.
Se concentra en el olor, huele a sexo, alcohol y tabaco, pero sobretodo a sexo, a fluidos derramados, y no precisamente suyos.
Siente un sabor amargo en la boca, no es sangre, ojalá fuese eso, es algo asquerosamente familiar, y está segura de que es el mismo líquido espeso y blanquecino que siente salir de su interior, y recubre su cuerpo, dejándolo completamente pegajoso. Daría cualquier cosa porque fuera orina.
Intenta pensar ¿Qué ha pasado? Su cabeza da vueltas, sabe por qué está ahí, pero las últimas horas parecen haber sido borradas de su memoria, apenas recuerda lo que hizo con ese... no, esos, eran varios. Tres jóvenes con un marcado acento alemán.
De repente los recuerdos vuelven, y...
Escucha unos pasos acercarse, se tensa y aguanta la respiración queriendo ser invisible.
Las lágrimas acuden a sus ojos cerrados, anticipándose a lo que está por llegar, puede sentir su cuerpo estremecerse y su mente gritándole ¡corre! pero es incapaz de moverse.
No puede más, no aguantará otro asalto, no más clientes, por favor, ya no le quedan fuerzas, se siente destrozada, desgarrada, y el único motivo por el que se sigue aferrando a ese fino hilo de vida que le queda es porque desea volver a ver a su hija, tiene que salir viva de allí.
Los pasos se detienen tras la puerta y escucha como la abren lentamente.
"Ahí la tienes, la dejaron tirada en el baño" escucha decir a Jadis.
Así que ahí es dónde está: en el baño, y supone que en ese mismo lugar se la follará ese nuevo cliente.
"¡¿PERO QUÉ COJONES?! ¿LA HAS DROGADO? ¡DIJE QUE NADA DE DROGARLA!" Dice otra voz que, gracias a dios, es la voz de Negan, y por primera vez se alegra de oírla. Eso significa que vuelve a casa, pero ¿En qué estado?
Su dueño, amo y señor se agacha junto a ella, y siente como coloca sus dedos sobre su muñeca, y luego la garganta, queriendo tomar su pulso para asegurarse de que está viva. Dios, debe de tener un aspecto horrible para que Negan se haya visto en la necesidad de hacer eso.
Ahora recuerda, uno de esos jóvenes la tumbó boca abajo sobre la cama y echó todo su peso sobre ella, inmovilizándola, mientras que otro la agarraba del brazo manteniéndolo estirado, para que el tercero pudiese clavar una aguja en él. Recuerda como todo de repente se volvió irreal, como un sueño vivido, su mente guarda imágenes confusas de rostros sonrientes que se burlaban de ella.
"Yo no la he drogado, pero no controlo lo que hacen lo clientes" se defiende Jadis.
Siente como Negan le abre los ojos a la fuerza, supone que para ver el estado de sus pupilas y nivel de conciencia.
Una luz cegadora quema sus retinas un instante, y luego de nuevo oscuridad.
"¡QUÉ HIJOS DE PUTA! OS LA ENTREGUÉ LIMPIA, CONSCIENTE Y SALUDABLE ¿Y ME LA DEVOLVÉIS ASÍ? ¡TIENE QUE TRABAJAR ESTA NOCHE!"
Ahí está toda la preocupación de Negan por su estado de salud, no es más que mercancía defectuosa para él, y ahora no sabe qué hacer con ella.
"Si tienes prisa por que despierte le puedo inyectar una dosis de epinefrina, pero lo mismo la mata, o puedes esperar, se le pasarán los efectos en un par de horas, métela en una bañera con agua fría y verás que pronto espabila" dice con tranquilidad esa mujer.
Carol reza para que no acepte esa inyección, dado el delicado estado de salud en el que se encuentra lo más probable es que la mate, además, duda mucho que sea adrenalina lo que su cuerpo necesita ahora mismo, su corazón está a punto de salirse del pecho sin haber tomado nada.
"MÁS TE VALE" gruñe Negan.
Escucha sus pasos caminando alrededor de ella para cogerla en brazos.
"¡QUÉ ASCO! ¿QUÉ COÑO ES ESTO? ¿SEMEN? se queja al rozar su piel. Jadis ríe divertida, y aunque no puede verlo sabe que Negan está asesinándola con la mirada.
"Eugene, coge a la zorra esta y vámonos" ordena.
Su esbirro obedece e intenta levantarla del suelo, pero pesa más de lo normal, ella no colabora, es un peso muerto, no es dueña de su cuerpo.
Le encantaría poder levantarse, mirar a esa indeseable a los ojos y decirle "no pudiste conmigo" pero no podrá ser.
Finalmente Eugene consigue tomarla en brazos y la sacan al fin del infierno que ha estado viviendo durante dos semanas.


Daryl da un último sorbo a esa botella de whisky de 50 años. Se supone que debería de saberle como a la ambrosía de los dioses, pero sólo le sabe a bilis, al vómito en el que se convertirá en un par de horas.
Mira su reflejo en el espejo, ni siquiera se reconoce, está sentado en el suelo, rodeado de botellas vacías, y colillas de cigarro a medio fumar ¿Cuanto lleva sin cambiarse de ropa? Su elegante traje no es más que un harapo sucio que huele a alcohol, tabaco, sudor y vómito, ¿Y sin afeitarse? Su barba está descuidada, más larga que nunca, su cabello no tiene volumen alguno, y los mechones se adhieren a su frente de lo grasientos que están. Está sucio, muy sucio, podría sentarse en algún portal que seguro que las almas caritativas arrojarían unas monedas a sus pies al confundirlo con un mendigo.
Mira a su alrededor y rompe a llorar sin control, toda su habitación le recuerda a ella: Ahí está ese sillón orejero en el que dos semanas atrás su hermosa silueta estaba sentada, y aún puede verla sentada en él con la elegancia de una reina; El vaso en el que ella dejó marcado el carmín rojo de sus labios, están limpios, pero en su mente ella lo sostiene entre sus delicados dedos y lo observa mientras bebe lentamente de ellos; La cama en la que tantas veces se fundieron en una sola piel, ha cambiado las sábanas, pero, quizás es porque se está volviendo loco, pero juraría que aún huele a esa embriagadora mezcla de perfume barato y su dulce olor natural. Extraña su olor, el tacto de su piel, su sabor, el sonido de su voz, su sonrisa dulce y pícara a la vez, sus besos, sus caricias, sus enormes ojos mirándole de esa forma que hacen que se rompa en mil pedazos.
Lame sus lágrimas que no dejan de brotar.
No puede más, ya no sabe dónde buscarla, se ha recorrido cada rincón de esa puta ciudad sin éxito, es como si se la hubiese tragado la tierra, o peor aún, como si nunca hubiese existido y fuese fruto de su imaginación. Nadie la conoce, nadie sabe quién es.
Todas las noches conduce como un idiota a ese punto de encuentro en el que siempre estaba.
Pasa horas frente a ese maldito puticlub rezando a ese Dios sordo para que ella aparezca y lo mire con su sonrisa pícara mientras se encamina hacia él, hipnotizándolo con el vaivén de sus caderas, pero ese maldito Dios siempre lo ignora y se burla de él ilusionándolo cada vez que una silueta cruza la esquina, pero nunca es ella...
Vuelve de madrugada como un alma en pena, recorre el pasillo de su mansión con las manos vacías, sin poder sentir el agradable y liviano peso de su cuerpo entre sus brazos, sin escuchar su risa, sin amanecer con ella dormida sobre su pecho.
¿Dónde se ha metido?
Si tan solo supiera dónde está, sólo necesita saber que está bien, que simplemente encontró otro cliente, que no quiere saber nada de él, le joderá, mucho, y hará todo lo posible para volver a tenerla a su lado, pero mientras eso pase o no, al menos tendrá la tranquilidad de saber que está viva, pero ahora... ¿Y si la han asesinado? ¿Y si la han secuestrado? No puede estar en ese sinvivir.

—¡JODER! —grita entre lágrimas.
Su teléfono móvil vibra anunciando la batería baja, y lo lanza contra el espejo haciéndolo añicos, al igual que su corazón.
Esconde la cabeza entre sus manos ahogando un grito en su interior.

—¿Daryl? —entra preocupado Rick, que ha escuchado el estruendo —¿Estás bien? —pregunta con suavidad, sabe por lo que está pasando.
Se acerca lentamente a él, sorteando los trozos de cristal del suelo.

—¿Dónde está, Rick? —pregunta en un sollozo.

Rick da un largo suspiro.
—No lo sé, amigo, pero no puedes seguir así —dice levantándolo del suelo —Gregory volverá mañana, no puede verte en este estado —añade mientras lo arrastra hasta la ducha.

Daryl se resiste.
—No tengo tiempo para ducharme, tengo que ir a buscarla, puede que... puede que hoy aparezca —gruñe intentando zafarse de su agarre.
Sus esperanzas son prácticamente nulas, sabe que irá allí, y su corazón se volverá a romper, porque una noche más ella no aparecerá.
Ya han pasado dos semanas...

Rick resopla, siente que está cuidando de un drogodependiente.
—Pues con más razón para asearte, ¿No querrás que te vea así? Además, estás demasiado borracho para conducir, una ducha fría te espabilará—recomienda.
Sujeta a Daryl con una mano y abre el grifo de la bañera con la otra.

Daryl se libra de él con un brusco movimiento y lo mira desafiante, con los puños apretados. Le encantaría liarse a puñetazos con él, para que deje de meterse en su vida, pero rápidamente se desinfla, él no tiene culpa de nada, no puede pagar su frustración con él.
Siente como las lágrimas vuelven a picar en sus ojos.
—¿Y si hoy tampoco aparece? ¿Y si no la vuelvo a ver nunca más? ¿Qué hago sin ella, Rick? No puedo vivir sin ella, no sé que me pasa, siento que la necesito, que no soy feliz si no la tengo a mi lado.

Rick se lame los labios.
—Te has enamorado, amigo, eso es lo que te ocurre —le aclara

Daryl corta su respiración ¿Tan obvio es? Pensaba que sólo él se había dado cuenta de ello, que sólo eran suposiciones suyas, al fin y al cabo nunca ha estado enamorado.

—Seguro que está bien, nadie ha denunciado su desaparición, no está detenida ni en ningún hospital, hemos mirado hasta en la morgue y no esta allí, lo más probable es que esté en otro lugar, con algún cliente que...

—¿Y por qué no me ha llamado? —interrumpe desesperado —. Le di mi número de teléfono.

Rick se rasca la cabeza, no quiere hacerle daño, pero quizás es lo que necesite escuchar.
—No sé como decirte esto, pero... ¿No te has parado a pensar que quizás tú a ella no le importes? Al menos no tanto como tú quieres que lo haga.

Daryl puede sentir como su corazón se rompe un poco más.
Claro que esa teoría ha pasado por su cabeza, pero escucharla en boca de otro, que alguien más haya pensado en esa posibilidad hace que sea más real y le duele como mil puñaladas.
Lo más probable es que Nancy se haya marchado de la ciudad, que haya ido a otro lugar a probar suerte, que haya encontrado un mejor cliente, quizás otro hombre se la ha llevado con él. No le extrañaría, ¿Quién no querría ver su propio rostro reflejado en esos hermosos ojos? ¿O ser el causante de su risa? ¿El dueño de sus gemidos? Habría que ser idiota para no amarla.
—¿Y... y como me desenamoro? —pregunta desanimado.
No sabía que el amor dolía tanto, y ya no puede sufrir más, está cansado de ello.
Hoy no irá a buscarla.


2 semanas antes
Nancy abandona la mansión Dixon por la puerta trasera, como la puta que es, no es digna de cruzar la entrada principal, y ni siquiera es su cliente quien la acompaña, sino su guardaespaldas, del cual va colgada del brazo, pero en el fondo sabe que eso es lo correcto, y que si por su niño rico fuera la acompañaría hasta la puerta de su propia casa, si a esa habitación en una pensión de mala muerte se le podía llamar casa.

—¡Nancy, espera! —escucha a alguien gritar.

Se gira sorprendida ¿Qué hace ese idiota en medio de la calle en calzoncillos?
Sonríe divertida.
—¿Me olvidé algo? —pregunta ladeando la cabeza.

Daryl dibuja una media sonrisa, le encantaría decirle que sí, y robarle un beso, pero conociéndola, lo más probable es que le de un bolsazo si hace eso.
—No, solo quería saber si me darías tu teléfono —dice, móvil en mano.

Nancy frunce el ceño.
—¿Para qué? Ya tienes uno —se niega.

—Por favor, mi amor —insiste extendiéndole el teléfono y mirándola con cara de cachorrito suplicando por comida —Me gustaría poder hablar contigo durante el día, saber que has llegado bien a casa, y que tú me puedas llamar cuando quieras o me necesites —se explica.

Ella lo mira unos largos segundos, meditando lo que le está pidiendo ¿Por qué narices quiere saber si llega bien a casa? ¿Qué más le da? Suspira exasperada y agarra el teléfono de mala gana.
—Está bien, pero no me des mucho el coñazo —pide escribiendo el número en la pantalla.
Le devuelve el móvil con brusquedad.

Daryl mira la pantalla, asegurándose de que no falta ningún número y levanta la vista hacia ella que le sonríe divertida.

—Deberías volver dentro, niño rico, antes de que Gregory con G de gilipollas vaya a tu habitación y se encuentre con todos tus juguetes —sugiere.

Daryl asiente sonriente, sí, tiene razón. Cuanto le encantaría librarse de ese lastre, poder ser libre, acompañarla hasta la puerta todos los días... No, mejor, llevarla a casa todos los días, o no dejarla ir nunca.
Extiende su mano pasándole un trozo de papel con algo apuntado.
Ella lo mira interrogante.
—Es mi número de teléfono, para que lo registres tú también en el tuyo —aclara.
Carol sonríe ¿ese hombre no sabe que si él la llama su número ya queda registrado en su teléfono? Ay, su niño rico, que inocente es.
Daryl se derrite con su sonrisa, a saber lo que estará pensando.
—¿Nos vemos esta noche? —pregunta conociendo cual será su respuesta.

—Siempre que llegues antes que otro cliente —le recuerda innecesariamente.
Guarda el papel con su número de teléfono en el bolso, no sabe para qué, seguramente acabará arrugándose, amarilleándose, manchándose o perdiéndose en uno de los registros diarios de Negan.

—Hoy me toca mandar a mí —dice él mirándola canalla.

Ella ríe sarcástica.
—Es Nancy la que te da permiso para mandar sobre ella, lo que quiere decir, que sigue mandando Nancy aunque creas que mandas tú —revela, y casi puede oír como el cerebro de ese hombre cortocircuitea. Se echa a reír —Vete ya, niño rico, nos veremos esta noche —dice dándole la espalda, y marcha calle abajo para tomar el bus que le llevará a los brazos de su temido dueño.


Carol cruza la puerta del despacho de Negan aferrada a su bolso.
100$ eso es lo que lleva hoy, 100 putos dólares a pesar de saber cual sería la reacción de Negan si eso volvía a pasar ¿Por qué coño lo ha desobedecido?

—Hombre, mi chica favorita, ¿Qué tal la noche? —pregunta con esa falsa amabilidad tan suya.
La besa sin que ella lo espere, reclamando su lengua, a pesar de que ella se niega a entregársela, y le arrebata el bolso de entre sus manos.
Vacía el contenido sobre el escritorio.

—No he podido robarle, lo siento —se apresura a disculparse cuando ve como agarra los 100$ y los mira con asco.
Sus piernas tiemblan temiendo su ira.

—¿Por qué razón no has podido robarle? —pregunta, con una voz tan pausada y tranquila que da miedo.

Carol se lame los labios, eso se pregunta ella, ¿Por qué no ha podido robarle?
—No puedo hacerle eso, él... él me respeta, me trata bien, es un buen hombre —musita sin atreverse a mirarle a los ojos.

Negan pasea la lengua por el interior de la boca al tiempo que se mueve despacio alrededor de su escritorio hasta estar frente a ella.
—Es un buen hombre —repite y ríe sarcástico como una persona que está al borde de la locura —Pero que ternurita me das —dice acariciando sus mejilla con una extraña dulzura —. Te voy a revelar una cosa, querida: Los buenos hombres están en casa con sus esposas, los buenos hombres están cuidando de sus hijos, los buenos hombres están trabajando duro para mantener a su familia, los buenos hombres se sonrojan al cortejar a una dama con la que desean pasar el resto de su vida, los buenos hombres ¡NO FOLLAN CON PUTAS! —grita golpeando el escritorio, enfatizando cada palabra.
Carol se sobresalta y da un paso atrás cuando Negan se acerca a ella mirándola de forma peligrosa y la acorrala contra la pared.
—Dime, preciosa ¿Qué crees que haría ese buen hombre si le dijeses que no te apetece follar? —pregunta acariciando su cuello desnudo, hasta ejercer una ligera presión —¿Crees que te respetaría si te negases al sexo? ¿Crees que te pagaría 100$ sólo por tenerte a su lado? ¿Eh? ¿Te recuerdo lo que pasó con el último "buen hombre" que pasó por tu vida? ¿TE LO RECUERDO? ¡TE FOLLÓ DURANTE MESES, TE LA METIÓ POR TODOS LOS AGUJEROS, TE DEJÓ PREÑADA! ¿Y LUEGO QUÉ? ¿EH? ¿A DÓNDE FUE TU BUEN HOMBRE, CAROL? ¡RESPÓNDEME!

Carol toma aire, su rostro se torna frío y mira a Negan a los ojos.
—Se fue —responde con convicción.

Negan sonríe satisfecho.
—Sí, se fue, te dejó tirada con un bombo a punto de explotar, porque por muy buen hombre que sea, nadie quiere manchar su reputación siendo relacionado con una puta. Y aún así no has aprendido la lección, y necesito que la aprendas ¡DE UNA MALDITA VEZ! ¡Pon la mano aquí! —ordena dando un golpe sobre el escritorio.

Carol camina lentamente hacia la mesa sin saber muy bien que va a pasar.
Ve como Negan agarra un rotulador, y retira la tapa con los dientes.

—¡QUE PONGAS LA PUTA MANO AQUÍ YA! —grita impaciente.
Ella coloca la mano derecha sobre el escritorio sin pensar.
—La otra mano, zorra, esa es la de las pajas, la necesitas intacta —gruñe él.

Y es entonces cuando se da cuenta de lo que va a pasar.
—¿Me vas a cortar la mano? —pregunta con un hilo de voz.
Observa como Negan saca un cuchillo carnicero de ese armario que siempre tiene cerrado bajo llave, se acerca a ella y dibuja con el rotulador una línea sobre el dedo meñique.

—Por lo pronto sólo te cortaré un dedo, tengo la esperanza de que eso sea suficiente para que aprendas la lección.

Carol deja escapar ruidosamente el aire de sus pulmones, y esconde la mano a su espalda.
No puede dejar que le corte el dedo, necesitará curas, antibiótico, atención sanitaria que sabe que él le negará. No dejará que el médico que atiende a las chicas del Santuario la vea, y tampoco podrá ir al hospital, no puede pagarlo, y no tiene forma de identificarse, Carol Peletier no existe.
—Negan, no, por favor, yo no...

—¡CÁLLATE O TE QUEDAS SIN OREJAS! —grita.
Agarra su muñeca y la fija con rabia sobre la mesa.
Coloca la hoja del cuchillo sobre su meñique, y recorre la línea de rotulador por encima suavemente, midiendo la distancia.
La observa, tiene la cabeza vuelta, los labios y los ojos fuertemente apretados, y el cuerpo tenso, a la espera de sentir el lacerante dolor cuando su dedo sea amputado.
Es dura, muy dura, otra ya se habría meado encima y estaría llorando como una cría.
Acerca el cuchillo al dedo, lo aleja, una vez, dos, tres, asegurándose de que el corte sea limpio y certero, y no corte el dedo próximo.
Alza el brazo lo máximo que puede, cuchillo en mano y lo deja caer con fuerza.
¡PAM! resuena cuando el cuchillo se clava en la madera.

Carol se sobresalta al escuchar el ruido, pero... no siente nada, ¿Por qué no ha sentido nada?
Mira su mano, el cuchillo está firmemente clavado en el escritorio, entre su dedo anular y meñique.
Ella tiene el pulso acelerado y está haciendo un esfuerzo por estabilizar su respiración.
Mira a Negan interrogante.

—¿Sabes? he tenido una idea mejor —se explica él —He pensado que cortarte el dedo es un castigo demasiado piadoso para ti, teniendo en cuenta todos los desplantes que me has estado haciendo últimamente... —Negan recoge el cuchillo de la mesa y lo vuelve a guardar en el armario —¿Te acuerdas del Terminus, el crucero? —pregunta.
Mira a Carol, cuyo rostro cambia a uno de absoluto terror
—Pues bien, como todos los años, me han ofrecido 40000$ a cambio de 10 de mis mejores chicas durante dos semanas. Hace siete años que no te envío a ti, porque soy tan buena persona que no quiero separarte de tu hija, pero este año... no me dejas otra opción.

Carol siente como su corazón se detiene un par de segundos, no puede hacerle eso, ella no puede...
—Negan... mi niña necesita a alguien que la cuide —dice sintiendo como las lágrimas acuden a sus ojos —No puedo...

—Me da igual —interrumpe su lloriqueo —Haberlo pensado antes de quedarte preñada, haberlo pensado antes de seguir adelante con el embarazo, haberlo pensado antes de preferir no darla en adopción, ¡HABERLO PENSADO ANTES DE DESOBEDECERME! —se acerca a ella en dos zancadas y coloca su rostro frente al suyo, nariz contra nariz —.¿A que ahora preferirías que te hubiese amputado un dedo?

Carol lame sus lágrimas.
—Por favor, Negan, te conseguiré esos 40000$ en menos tiempo, pero no me separes de ella —suplica por primera vez en muchos años.
No puede irse, no puede dejar a su niña, le da igual si como castigo tiene que pasarse días enteros encerrada en una habitación follando con todos los habitantes de Estados Unidos, mientras le dejen ver a su niña cinco minutos todos los días ella será feliz, pero estar dos semanas en un transatlántico totalmente incomunicada, sin poder abrazarla, besarla, oír su risa y su dulce voz... No puede...

Negan se echa a reír.
—Lo que quiero es castigarte, has agotado mi paciencia, ¿Y qué mejor castigo que apartarte de tu hija? Ya no hay marcha atrás. Te irás esta misma noche.


Daryl mira su teléfono móvil y revisa la fotografía que Nancy le hizo unas horas atrás cuando dibujó con cera caliente sobre su piel.
—Pero que mentirosilla eres —susurra sonriente, al ver como sobre su pecho no había ninguna polla dibujada, como ella le aseguró, sino que escribió la palabra Pookie.
Mira su número de teléfono, que ha guardado con el nombre de "Nancy 3". Apenas ha pasado una hora desde que se fue ¿Sería muy precipitado llamarla? Se muerde el labio pensativo, ¿Qué puede pasar si lo hace? Conociéndola puede que no lo coja, que le conteste cortante y le diga que ya está agobiándola o esté de lo más agradable, e incluso lleguen a tener una sesión de sexo telefónico.
Bah, ¡Qué diablos! decide marcar.
Un toque...
Dos toques...
Las manos le sudan anticipándose al momento, y el corazón se le acelera en el pecho, sólo de imaginarse su seductora y dulce voz al otro lado del teléfono llamándolo niño rico.
Tres toques...
—Lavandería Reinas, ¿Digame? —responde una voz jovial y masculina.
Daryl siente como toda su ilusión se hunde.
Suspira y cuelga el teléfono sin decir nada.
Le gustaría pensar que ella se ha equivocado al apuntar su número, que no era su intención engañarlo, pero en su interior sabía que Nancy no le había dado su número real.
Dios, ¿Cómo pudo ser tan idiota de ilusionarse tanto? Debió haber llamado al número delante de ella. Bueno, al menos la volverá a ver esa misma noche, y la castigará a base de bien por ese engaño.
Sonríe, esa será una buena noche, pero por lo pronto debería recoger todos sus juguetes, no vaya a ser que Gregory aparezca y vea la fiesta que se montó la noche anterior.


Carol camina despacio por la calle. A ojos de los demás no es más que una mujer que deambula por el barrio haciendo recados o dirigiéndose a algún lugar, como cualquier otra persona haría, pero la realidad es que es un alma asustada que está a punto de revelar su más vergonzoso secreto.
Es curioso, cuando es Nancy siente que es capaz de comerse el mundo, pero cuando vuelve a ser Carol, el mundo se la come a ella.
Entra en la iglesia, huele a incienso, a cera de vela, y sus pasos resuenan como si llevase zapatos de plomo.
Escucha el murmullo de voces que rezan plegarias al señor. No hará caso, no las escuchará, ya lo intentó muchas veces y siempre la ignoró.
Coge aire al divisar el confesionario al fondo, y se acerca a él lentamente, sin estar aún segura de lo que va a hacer.
Se arrodilla frente a él, se le hace extraño estar de rodillas sin tener a un tío delante apuntándola con su polla.
Mira hacia esa rejilla de madera que separa al cura de ella. No puede verle, y no sabe si él la ve a ella, lo que la pone aún más nerviosa.
Se hace un silencio.

—Ave María purísima —dice Gabriel con voz pausada, al ver que ella no da el paso.

Carol lame sus labios.
—Lo cierto es que no sé como va esto —confiesa tímida.

Gabriel sonríe suavemente.
—Bueno, puedes empezar por decirme cuanto llevas sin confesarte, y de que te acusas —explica.

Carol asiente y toma aire.
—Llevo... Lo cierto es que no me he confesado en la vida, y no me acuso de nada, bueno sí, ayer le robé una vela, pero no me arrepiento, es más, ni siquiera sé si Dios existe, por su bien espero que no, porque entonces deberá darme muchas explicaciones sobre porqué me ha torturado tanto en esta vida —murmura con un hilo de voz —. Pero necesito ayuda, y sé que lo que le cuente no podrá salir de aquí ¿Cierto?

Gabriel frota su cabeza esperando escuchar la confesión tan grave que esa dulce mujer tiene que hacerle.
—Cierto —asegura.

—Pues bien, vengo a confesarle que soy prostituta —dice sin sutilezas —Seguro que ya me está juzgando, pero me da igual, estoy acostumbrada al cinismo de esta sociedad. Entre mis piernas han estado curas, obispos, rabinos, himanes y todo tipo de meapilas, que en sus discursos se dedican a criticar y maldecir mi profesión, pero le recuerdo que María Magdalena también era puta, y aún así caminó al lado de Jesucristo, cosa que no me extraña, porque seguro que se la follaría gratis, y la obligaría a hacer orgías con todos sus após...

—No blasfemes, hija mía —interrumpe el cura —No te juzgo, sólo Dios puede hacer eso.
Está sorprendido por lo que acaba de confesarle, siempre la vio tan tímida y dulce que jamás se le pasó por la cabeza que se dedicase a eso, pero como párroco de esa iglesia, ha escuchado todo tipo de confesiones, y esa no es de las peores.

—Lo siento —se disculpa sin sentirlo —Pero lo de que he tenido relaciones sexuales con esos religiosos es verdad —asegura —A lo que iba: Soy prostituta, pero no lo ejerzo por gusto. Nada me gustaría más que quemar mi vestido rojo y dedicarme a cualquier otro trabajo, de lo que sea, me da igual, como si tengo que estar limpiando las calles con un cepillo de dientes por cuatro duros, al menos ese dinero irá íntegro para mí y mi niña, pero ahora... —coge aire antes de continuar —Soy una esclava sexual, y como tal, debo rendir cuentas a mi dueño. No puedo escapar, tengo una deuda de por vida con él, y al más mínimo error harán daño a lo único que me importa en este mundo de mierda. No puedo acudir a la policía, porque muchos de ellos también son cómplices, ni hospitales, ni ninguna autoridad, estoy sola en esto —las lágrimas acuden a sus ojos, y hace un esfuerzo sobrehumano para mantenerlas ahí —¿Ha escuchado hablar del crucero Terminus? —pregunta.

—¿El crucero de lujo en el que los magnates de distintos sectores van de Nueva York hasta Londres? —Pregunta.
Recuerda haber leído algo de eso en el periódico.

—Así es, pero eso es sólo lo que os cuentan. Nadie sabe lo que pasa en ese crucero, e incluso hay pasajeros que son completamente ajenos a ello. Sí, que hay algunos que sólo van para tener contactos, intercambiar ideas o hacer negocios con otros peces gordos como él, pero otros...
Durante dos semanas, unas treinta mujeres serán explotadas sexualmente en ese barco. "Trabajarán" día y noche sin descanso, sin apenas comer ni dormir, a merced de los caprichos de esos ricachones. 30 mujeres para más de 1000 hombres. ¿Sabes lo que es eso? Yo se lo explico: Un hombre escoge la chica que le interesa, entra en el camarote de ella, se la folla, y cuando termina con ella otro tío llega, y así durante catorce días. Algunos se ponen como reto follarse a todas las prostitutas, o apuestan sobre quien se acostará con más en veinticuatro horas, bromean sobre cual de ellas morirá antes... Porque esa es otra, muchas ni siquiera sobreviven, he sido testigo de como han tirado chicas por la borda, algunas aún vivas, total eran sólo putas, nadie se preocupa por ellas, nadie las echará de menos...

Gabriel siente un sabor amargo subiendo por su garganta conforme Carol va contándole todo eso.
—Hija mía, debe haber alguna forma de hacer que ese crucero no zarpe, que las autoridades intervengan, yo puedo...

—¡Usted no puede hacer nada! —dice alzando la voz más de lo normal —¿Sabes quienes están detrás de eso? Para los ricos no existe la ley, ellos son dueños de todo, pueden hacer y comprar lo que les plazca, incluso vidas humanas. Denuncie todo lo que quiera, la policía ya ha sido sobornada, intente hacer algo y serás un negro sin nombre encontrado muerto en la cuneta —avisa por su bien —Este año me ha tocado ir a mí a esa mierda, no se preocupe, sobreviviré, lo hice hace veinte años, y lo haré ahora, el problema es que... —toma aire antes de seguir —durante dos semanas no veré a mi niña, no tengo a nadie con quién dejarla. Tengo a una chica que la cuida todas las noches, pero no podré pagarle si no estoy aquí trabajando, además, durante el día ella tiene otras responsabilidades, y yo necesito a alguien que cuide de mi niña las veinticuatro horas.
No sé que hacer, ayúdeme por favor.

El padre Gabriel se encoge ante esa voz rota y desesperada. Es tan difícil ayudar y dar consejo cuando absolutamente nada de lo que ha oído ahí puede ser desvelado a otra persona...
—¿Cuanto cobra por noche esa chica? —pregunta.

Carol sonríe viendo un poco de esperanza.


Daryl baja a desayunar junto con Rick.
Lleva puesto un simple pantalón de chándal y una camiseta de tirantes, debería haberse puesto su traje de pijo estirado, pero no lo soporta, los pantalones se ciñen tanto a su trasero que maltratan sus magulladas nalgas.
Aún no se ha visto por completo en el espejo, no sabe como está su retaguardia, pero su pecho está lleno de arañazos, tiene alguna que otra pequeña quemadura sin importancia, y sus testículos están morados como dos ciruelas.
Esa mujer...
Entra en la cocina con una sonrisa de oreja a oreja.
—Buenos días, Pat... ¿Qué haces tú aquí? —gruñe al ver a Gregory sentado a la mesa —Se supone que no te veo hasta la tarde —masculla.
Con lo feliz que estaba y ya ha tenido que joderle el día.

—Buenos días a ti también, veo que ahora nos tuteamos —murmura con sequedad él.
Daryl traga saliva, su inesperada visita ha hecho que olvide por completo esos modales que finge haber aprendido.
—He venido a hablar contigo —se explica él.
Señala la silla invitándolo a sentarse, y Daryl obedece servicial, aunque en el fondo le gustaría chasquear los dedos y hacerlo desaparecer de ahí, y que sean Patricia, Jacqui, Rick y Otis quienes se sienten a su lado.
—Verás, mañana dará comienzo la XXVI gala anual de grandes magnates de los negocios, empresarios de renombre del todo el país se darán cita en un crucero que sale de Nueva York hasta Londres, dos semanas de travesía en un lujoso transatlántico en la mejor compañía.

Daryl frunce el ceño, oh sí, se le ocurre una mejor compañía que un centenar de ricachones que se limpian el culo con billetes de 1000$.
—¿Y quieres que vaya? —pregunta intentando parecer interesado en el plan.

Gregory traga el trozo de tostada que estaba comiendo, se limpia minuciosamente la boca con la servilleta y da un sorbo a su café antes de hablar.
—Sólo si te sientes preparado, estos contactos, son muy importantes, no me puedo arriesgar a perderlos, pero si tú sientes que ya...

—Oh, no, no, ve tú, confío en ti, lo harás mejor que yo —se precipita en negarse. Ni loco va a eso, nunca imaginó crucero más aburrido.

—Muy bien, te llamaré cuando embarque, para que no te preocupes —informa.

—Oh sí, estaría en un sinvivir sin saber de ti —dice sarcástico, pero Gregory no lo pilla, aunque puede ver por el rabillo del ojo como Patricia se muerde el labio para aguantar la risa. Oh sí, seguro que estaría preocupadísimo por él. Puf, ojalá se hunda el crucero, como el Titanic.

—No hagas ninguna tontería, no quiero timbas ilegales, prostitutas ni gastos estúpidos los días que no esté aquí. Recuerda que tengo ojos en esta casa.

Daryl asiente como un caballero maduro y responsable que durante dos semanas se dedicará a leer y a aprender más sobre el negocio que ha heredado, pero en el fondo... ¡DOS SEMANAS! ¡DOS SEMANAS EN LA QUE LA CASA SERÁ SUYA! podrá pasear a Nancy por ella, entrar por la puerta principal con ella de la mano, cenar en la cocina, presentarle a Patricia y los demás, y follar en cada rincón, empezando por la habitación de ese idiota.
Que tiene ojos en la casa dice, que equivocado está.


Carol está en la lavandería del barrio, quiere dejar toda la ropa de su niña limpia antes de marchar.
Espera pacientemente sentada en una de las sillas, aún no ha puesto la lavadora, ahora mismo está a la caza de algún pringado.
—Hola, grandullón —susurra para sí al ver como un hombre vestido de cartero cruza la calle y se dirige al local. Se desabrocha un par de botones de la camisa y empieza el show.

Finge buscar desesperada por todos lados, abre su bolso, mira dentro, masculla una maldición, mira bajo las sillas, agachándose sin doblar las rodillas...
Sonríe cuando siente como el hombre fija su mirada en su trasero.

—¿Le ocurre algo, señorita? —pregunta con voz monótona.

Ella se gira lentamente y clava sus enormes ojos en él.
—Yo... oh, venía a poner una lavadora, y... cuando me he querido dar cuenta me he dejado el monedero en casa —tartamudea fingiendo estar nerviosa —Dios, soy una idiota, ahora tendré que volver a casa, que no está cerca precisamente, y... —se muerde el labio como si intentase ahogar un jadeo al tiempo que lo mira a los ojos.

—Oh, no, de ninguna manera, deja, yo se lo pago —se ofrece.
Rebusca en los bolsillos de su uniforme, seguro que tiene monedas de sobra para darle a esa preciosa mujer.

Ella lo rechaza.
—No, no podría, no es justo que...

—Insisto —dice.
Deja las monedas sobre su palma y la obliga a cerrar la mano.
—Podríamos cenar juntos, y así me devuelves el favor... —se atreve a proponer con una sonrisa —me llamo Tobin, por cierto —se presenta.

Carol sonríe.
—Roxanne —se presenta. Si le hubiesen dejado elegir su nombre de puta habría sido ese —Y sí, sería genial, deja que... —busca en su bolso un bolígrafo y algún trozo de papel para apuntar su número imaginario y se lo entrega —Llámame —pide con voz seductora.
Lástima haber dejado el número de su niño rico en el otro bolso, habría sido divertido ese cruce de teléfonos. Bueno, quizás esos dígitos que ha escrito al azar pertenezcan a alguna buena chica con el que ese hombre inocente pueda salir.

Tobin asiente como un idiota, perdido en el lago de esos ojos, deja las cartas en la recepción de la lavandería y marcha de allí sonriente, sin poder creer su suerte ¡Va a cenar con una mujer preciosa!
—Nos vemos, Roxanne —se despide con una sonrisa de oreja a oreja.

Carol mueve los dedos de la mano en señal de despedida y lo sigue con la mirada hasta verlo perderse entre la gente.
—Idiota —susurra sonriente, mirando las monedas —And the Oscar go to... —alaba sus dotes de actriz.
Podría pagarse perfectamente el uso de la lavadora, pero pudiendo sacarle el dinero a cualquier panoli ¿Por qué gastar el suyo propio?


Sophia limpia disimuladamente sus zapatillas deportivas nuevas. Hannah se ha dedicado a pisarle los pies cada dos por tres, para así ensuciárselas. No entiende por qué le tiene tanto odio.
Ha acusado a su madre de haber robado los zapatos, porque es imposible que haya podido comprárselos, y menos de esa marca. Luego la ha escupido, tirado al suelo y llamado muerta de hambre. No le gusta que le digan eso.

—¿Te gusta la berenjena gratinada, mi amor? —pregunta Carol, dejando frente a su hija un humeante plato con la berenjena rellena recalentada que se dejó sin comer en casa de Daryl.

Sophia abre mucho los ojos.
—¡Ala! —exclama al verlo. Tiene muy buena pinta, huele bien, y el queso fundido le encanta.

—Ten cuidado, mi amor, que quema —advierte Carol.
Mira con ojos enamorados como su hija toma un poco del relleno y comienza a soplar hasta enfriarlo.
Que mayor está ya...
Su padre no tiene ni idea del maravilloso ser que han creado. Él se lo pierde.
Mira atrás y no entiende como pudo ser tan idiota ¿Cómo pudo pensar que a ese hombre le hacía ilusión tener un bebé con ella? ¿Cómo pudo pensar que de verdad la sacaría de allí? Negan tiene razón, los buenos hombres no se acuestan con putas.
La engatusó tanto con su adorable sonrisa, sus palabras amables, regalos y abrazos tiernos que no pudo leer la verdad.
La visitaba en su habitación del Santuario todos los días, hablaban, reían, jugaban, la llamaba mi amor, le decía te quiero, acariciaba su vientre y se emocionaba al sentir como su niña se movía, y de repente un día no apareció.
Quiso creer que Negan le había hecho algo, e incluso lo acusó de ello, estaba tan enamorada que era incapaz de creer que el hombre de su vida la había abandonado. Pero así fue.
Cuando faltaba un mes para el nacimiento de Sophia, su difunta amiga Sherry le entregó un recorte de periódico de dos días atrás que decía "Eduard Wallace anuncia que será padre" por un momento se emocionó, pensando que su enamorado iba a gritarle al mundo su embarazo y al fin la llevaría a vivir con él. Que ilusa...
Sería padre sí, pero con otra mujer, una señorita de familia adinerada con la cual podía pasear por la calle sin sentir vergüenza.
Lloró mucho, el corazón se le rompió, y en lo único que pensaba era en presentarse en su casa en busca de explicaciones, pero no lo hizo, ahora que su amor había revelado su verdadera cara temía ser asesinada si habría la boca y le hundía su reputación.
La dejó sola, con un embarazo que habría interrumpido si él no la hubiese ilusionado con cuentos de princesas. Ya era demasiado tarde para ello, y entregarla en adopción era su única opción. Pero no pudo...
Su niña es Sophia Wallace, primogénita del magnate del petróleo Eduard Wallace, y su principal heredera, pero en cambio ahí está, viviendo en una habitación de mala muerte, comiendo comida recalentada y llevando un apellido que no pertenece ni a su propia madre.
A veces aún se ilusiona al pensar que quizás Eduard aparezca por la puerta, las saque de allí, y las lleve a su mansión donde serían felices los tres, colmaría a su niña de amor y regalos, dormirían en una cama cómoda, se bañarían con agua caliente, no tendrían que mendigar ropa ni comida, la besaría, acariciaría con un amor sincero, harían el amor, y tras las noches de pasión ella amanecería acurrucado sobre el pecho del hombre al que ama, sintiéndose amada.
Amor, amor, amor, sueños estúpidos...

Se echa a reír al ver como su niña se apresura a tomar su vaso de agua.
—Te dije que quemaba, impaciente —bromea.
Sophia le sonríe iluminando su maltratada alma.
—Mi vida, tengo que decirte una cosa —llegó la hora del momento amargo —A mamá le ha salido un trabajo como camarera en un crucero, y no he podido rechazarlo, por lo que estaré fuera dos semanas.

—¿Cuanto es eso? —pregunta intentando hacer cuentas.

—Catorce días, empezando a contar desde hoy —responde —Por lo que, por las noches seguirá todo igual, te quedarás con Tara y te llevará al colegio, pero quien te recogerá será Maggie ¿Te acuerdas de Maggie?

Sophia asiente.
—La chica simpática y guapa de ojos grandes y verdes que trabaja en nuestro restaurante favorito con Jesús.

Carol sonríe
—Esa misma, mi vida. Ella te recogerá, te llevará a comer a nuestro restaurante favorito, y de ahí a la iglesia donde ella está de voluntaria ayudando al padre Gabriel con su tienda. Te quedarás allí, harás los deberes, te portarás bien, y luego a la noche, después de que te den de cenar, Tara te recogerá para dormir en casa ¿Entendido?

Sophia asiente entusiasmada. Le gusta estar en la iglesia, cuando habla un eco le responde, sus zapatos suenan como si fuese un gigante, en la tienda tienen juguetes con los que a lo mejor le dejan jugar, y estará catorce días comiendo en su restaurante favorito ¡Es genial! pero mamá parece triste...
—¿Por qué no estás contenta, mamá? —pregunta acercándose a su madre para tocar su rostro —¡Vas a estar en un barco enorme! ¡Vendrás más morena! —intenta animarla.

Carol le sonríe con ternura.
—Vamos a estar dos semanas separadas, te voy a echar mucho de menos.

—¿Pero catorce días son muchos días? —pregunta con toda su inocencia —Yo no quiero estar muchos días sin verte —dice con gesto triste.

—Ven aquí.
La atrae hasta sus brazos para abrazarla con fuerza y darle un beso en la cabeza.
—Qué día de la semana es hoy? —pregunta meciéndola.

Sophia piensa.
—Viernes —responde.
Al fin terminó su pesadilla de semana.

—Sigue contando los días de la semana a partir de ahí hasta que te pida que pares —pide Carol.

—Sábado, Domingo, Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábado —Hace una pausa al volver a repetir ese día, pero su madre no le pide que pare, por lo que sigue —Domingo, Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes...

—Para ahí, ese día me verás de nuevo, lo prometo —asegura.
En realidad el crucero vuelve a Nueva York el jueves al medio día, pero sabe que es posible que del puerto vaya al Santuario, y del Santuario a su esquina frente al prostíbulo, así que prefiere ir a lo seguro. Quizás la vea el jueves, quizás no, pero seguro que la verá el viernes.

Sophia frunce el ceño.
—Esos son muchos días, hay dos sábados más —susurra cabizbaja.
Durante todo ese tiempo no podrá refugiarse en los brazos de su madre cuando salga del colegio. ¿Quién va a darle abrazos y besos mágicos que le quitan la pena? Bueno, al menos no se arriesgará a que la vea triste.

—Lo sé, mi amor, créeme, si por mi fuera estaría siempre a tu lado, pero tengo que hacerlo. Es más, intentaré llamarte si puedo —dice. No sabe como lo hará, pero confía en su picaresca para ello.

Sophia asiente.
Sabe que a mamá no le gusta eso, pero es su trabajo, y necesita hacer cosas que no le gustan para poder tener dinero.
—¿Volverás, verdad? —pregunta preocupada al notar como su madre la abraza con más fuerza que nunca, como si fuese una despedida para siempre.

Carol sonríe y acaricia su rostro con cariño.
—Yo siempre vuelvo, mi amor, y esta vez no será distinto —promete.
Da un largo beso sobre su frente, aspirando su dulce aroma que espera no olvidar en esas dos semanas, y que piensa asegurarse en que lo volverá a oler.
Aunque vuelva a rastras, desangrándose, enferma o con una infección de mil demonios piensa volver a ver a su niña


Sábado

Daryl camina cabizbajo por el pasillo de su casa.
—¿Y la señorita Nancy? —pregunta Abraham al verlo aparecer con las manos vacía. Ya empezaba a preocuparse por él, está amaneciendo, Daryl ha pasado toda la noche fuera.

Se encoge de hombros.
—No... no ha aparecido, no sé... quizás no ha podido venir hoy, o se haya puesto enferma, o... dios, ¿Y si le ha pasado algo? —se alarma.
Días atrás cada vez que venía ese pensamiento a su mente se aliviaba al instante al verla aparecer por la esquina, pero hoy...
Se ha pasado toda la puta noche frente a ese local de putas, e incluso ha entrado a preguntar, por si acaso la Madame ha llamado a la policía para que se la lleven, por estar robando clientes, pero nada... Sabían quien era, e incluso pudo ver su cara de asco cuando preguntó por ella, pero no tenían nada que ver con su desaparición.

—¿Has acudido a la policía u hospitales? Quizás tengan noticias de ella —sugiere Abraham.

Daryl se muerde el pulgar pensativo.
—No había caído en eso, voy a darme una ducha de agua fría para despejarme y me pongo a ello —dice.
Lo bueno de no tener que ver a Gregory todos los días es que tiene vía libre para hacer lo que le plazca, aunque lo que de verdad desea es estar con ella.
Por favor, que esté bien.


Carol se estira en la cama del que es su camarote, la habitación D151.
Son las 06:30 de la madrugada y no ha dormido nada, no ha podido. Ese olor, ese silencio, las paredes pintadas de blanco y dorado, las puertas de madera rojiza... Otra vez está ahí, es como volver al pasado, y un escalofrío recorre su espina dorsal.
La noche anterior fue conducida junto a una treintena de chicas por esos pasillos, y ahora está entre esas cuatro paredes que serán su cárcel durante dos semanas.
De repente se siente muy pequeña, asustada y sola, como veinte años atrás.
Debería levantarse, asearse, embadurnarse de lubricante y prepararse para lo que venga.
En una hora, cientos de hombres estarán observando a cada mujer detenidamente para elegir que trozo de carne con agujeros resulta más apetitoso. Entrarán en ese cubículo, o las llevarán a sus respectivos camarotes y harán lo que les plazca durante el tiempo que deseen. Algunos son rápidos, no duran más de cinco minutos, aún no han terminado de quitarse los pantalones que ya se están corriendo, pero otros pueden alargar la tortura durante horas, e incluso días, eso lo sabe.

Camina por su camarote, en realidad no está mal, es más grande que la habitación de hostal en la que vive, la cama es amplia y cómoda, tiene televisor, ducha con agua caliente y un armario amplio que no sabe con qué lo llenará, con sus lágrimas supone, porque ropa solo trae lo que lleva puesto.
No tiene ventanas, es un camarote interior, los exteriores están reservados para los peces gordos, pero le da igual, aunque tuviese las más hermosas vistas no dejaría de ser un infierno.

Se dirige hasta el baño a prepararse para el primero de sus catorce días de tortura.
Recuerda el día que llegó a ese lugar por primera vez, aún no hablaba el idioma, no entendía nada de lo que le decían, pero ahí estaba ella, tan pequeña, tan frágil y tan cotizada por esos cerdos.
Entró en su camarote y se le iluminaron los ojos, pensó que su pesadilla había acabado, que ya no tenía que volver a hacer eso que tan poco le gustaba y tanto le dolía, que ya no tendría que volver a ver a Negan, pero no...
Se relajó, se durmió con una sonrisa pensando que ese barco la llevaría a casa, hasta que la sacaron de su sueño de un tirón, la colocaron de pie frente la puerta, gritaron algo que no logró entender y volvió a su pesadilla.
Muchos de esos ricachones la han visto crecer, porque todos los años ella era una de las putas fijas que eran alquiladas durante dos semanas, hasta que llegó su niña, y esa pesadilla anual acabó para ella. Una de las muchas cosas buenas que su pequeña ha traído bajo el brazo.
Su pequeña...
Ahora mismo debe de estar durmiendo plácidamente en su cama, en compañía de Tara. En unas horas despertará, irá al parque con ella como todos los sábados, jugará y la dejará en la iglesia donde el padre Gabriel pagará sus servicios como niñera.
Le ha mentido a la joven, le ha dicho que tiene una buena amistad con el padre Gabriel y que por eso deja a su niña con él, en vez de buscar otra niñera que cubra las horas que ella no está.
También le ha dicho que el dinero que le da el párroco se lo dio ella para que le pagase diariamente.
Mentiras y más mentiras, de eso está llena su vida.
Mira su bolso, al menos Negan ha sido considerado y la ha provisto de pastillas anticonceptivas. Él sabe tan bien como ella, que la mayoría de esos tíos se niegan a usar preservativo, o aceptan ponérselo para quitárselo a mitad del coito sólo por ver la cara de espanto de ella.
Sonríe cuando ve el trozo de papel que Daryl le dio con su número de teléfono ¿Con quién habrá tenido sexo esa noche? Espera que lo haya pasado bien, quizás encuentre a otro prostituta, o mejor, una chica decente que siga su ritmo en la cama, y cuando ella vuelva del crucero ya no vuelva a necesitar sus servicios.
Quizás eso sea lo mejor, así no tendrá que robarle nunca más.

Llaman a la puerta.
Comienza su pesadilla.


—¿De verdad no sabéis nada de ella? Por favor, haced memoria, es imposible que os haya pasado desapercibida. Tiene el cabello rizado, pelirrojo, a la altura de los hombros, piel muy pálida, delgada, es muy atractiva, tiene unos ojos enormes, de un azul claro imposible que te hace pensar que son lentillas. Posiblemente vista vestido rojo muy corto y lleve puesta una chaqueta de cuero color negra, aunque también cabe la posibilidad de que vistiese ropa de diario —pregunta Daryl desesperado a unos transeúntes que niegan con la cabeza por tercera vez.
Se maldice por no tener una sola foto de ella. Sí, le ha hecho fotos con su cámara, pero están sin revelar, y no hay una sola en la que se vea su rostro correctamente.

Ha ido a la policía, y visitado dos hospitales pero nada, ni está detenida ni ingresada, y la gente de la zona no tiene ni puñetera idea de quién es.
Quizás esté exagerando, y al llegar la noche ella vuelva a aparecer como tal cosa, ojalá sea eso, porque le desespera buscar a una persona de la cual no tiene dato alguno.
Al menos la policía y los médicos están al tanto de que la está buscando, por lo que, si tienen alguna noticia de ella lo llamarán.
Y hablando de llamar... ¿Por qué ella no lo llama para que no se preocupe? Tiene su número, sólo tiene que marcar y decir "Hey, niño rico, que me ha surgido X cosa, mastúrbate a mi salud" y ya está. Aunque sea que lo llame desde un teléfono público si no quiere que conozca su número privado, con eso se quedará tranquilo y dejará de preocuparse por ella.
Esa mujer... que complicada es, y cuanto le gusta.


Carol hace fila junto al resto de mujeres. Los clientes en potencia tienen que verlas, saber como son y cual es su camarote

Mira la fila, hay tantas chicas como ella ahí, algunas son tan jóvenes y se ven tan asustadas...

Mira la chica que tiene justo detrás de ella, no puede tener más de veinte años, por sus rasgos supone que es de algún país de Sudamérica, y por lo tranquila que está o lleva mucho en ese negocio o no tiene ni idea de a lo que se enfrenta. Espera que sea lo primero.

Justo detrás de esta hay una mujer alta, muy alta, de rostro anguloso y rasgos masculinos, es atractiva, y por su nuez de Adán sabe que nació con genitales masculinos, lo que no sabe es si aún los conservará. Espera que sí, y así le reviente el culo a alguno.

Mira a quien tiene delante, es una chica que duda de que tenga la mayoría de edad. Es rubia, pequeña, frágil, y no para de sollozar y temblar.
Está asustada, supone que no lleva mucho en el negocio, o que es su primera vez. Le recuerda tanto a ella...

—Deja de llorar, atraerás a los peores, hay tíos a los que les pone el miedo —aconseja Carol, pero la joven parece aún más asustada tras decirle eso, aunque ni siquiera sabe si habla su idioma.

Poco a poco la fila va avanzando, hasta que llega un momento en el que puede ver claramente a quienes serán sus violadores esas dos semanas. Ricachones con traje y corbata que reconoce al momento.
Hay algunos nuevos, ya sean porque se han animado a ir por primera vez o porque son nuevos ricos. Se pregunta si su niño rico estará ahí. Ojalá sea así, al menos follar con él es interesante. Puf, que ilusa, como si la fuera a elegir a ella con la cantidad de chicas jóvenes y guapas que hay ahí. Y de todos modos... observa bien todas las caras, y no, no está su niño rico.

Los hombres pasean la mirada por cada una de las chicas que pasan.
Se relamen, comentan algo entre ellos, las señalan...
Los odia a todos, la mayoría de los que están ahí no han amasado su fortuna por el trabajo duro, precisamente, la mayoría son ricos a costa de la explotación de otros, muchas veces niños.

Llega el turno de la joven que está delante de ella. Sigue temblando, sollozando, aumentando los hipidos mientras escucha a los hombres cuchichear.
Le da pena, ella era igual, entraba en la habitación llorando y salía llorando. Todos los días, durante un año, luego se acostumbró a esa mierda, y aprendió a llorar a solas, cuando nadie podía verla y se regocijase de su dolor, pero hoy por hoy Nancy ni siquiera llora, ya puede estar rabiando de dolor que sacará todas sus fuerzas para fingir que disfruta, o mejor aún, poner cara de indiferencia, que les jode más. El orgullo masculino es tan fácil de herir...

Le hacen una señal a la chica para que vuelva a su habitación y ella da un paso adelante.
—Camarote D151 —anuncia Jadis, la mujer que durante esos días será su carcelera.
Los hombres la miran sonriente, y ella pone el rostro más frío que puede.
Si estuviese en la calle habría mostrado una de sus seductoras sonrisas, y los habría encandilado con su elocuencia, ¿Pero ahí? Si por ella fuera se pasaría las dos semanas encerrada en su habitación, sin follar con nadie, total, le va a pagar igual.
Pero por muy dura que quiera parecer, sabe que es atractiva, que su belleza entra por los ojos, es más, algunos ya la conocen, prácticamente la han visto tener su primera menstruación, y ya saben lo que es follar con ella.
Observa como comentan entre ellos, sonríen, apuntan su número de habitación, y animan a los novatos a que también lo hagan.

Jadis la invita a marcharse, no sin antes darle una bolsa con tres botellas de bebidas isotónicas , dos de agua y catorce barritas energéticas. Esa será toda su comida esos días.
Camina a paso lento hasta su habitación donde será encerrada hasta que un cliente requiera sus servicios, que sabe que no será muy tarde.


—Por favor, aparece —suplica Daryl.
Está aparcado frente al prostíbulo como todas las noches, rezando por verla cruzar la esquina, pero... no lo hace. Debería haber aparecido hace dos horas, y aún no hay señales de ella.
La ve en todos lados, la escucha en cada voz, e incluso puede sentir sus manos sobre su rostro. Dios, se está volviendo loco.
Ya es la segunda noche sin ella.

Deja caer la cabeza sobre el volante y cierra los ojos intentando concentrarse en sus pensamientos. ¿Por qué le afecta tanto no verla? ¿Por qué se preocupa por ella? Es una prostituta, se supone que sólo la quiere para follar, que no hay nada más allá de eso. Recuerda su época de muerto de hambre, aunque tampoco es difícil de recordar, al fin y al cabo abandonó esa vida una semana atrás. Recuerda que había una prostituta que siempre solía buscar cuando podía permitirse el lujo de pagar por sexo, recuerda que había días que no estaba en su esquina, y él en lugar de preocuparse buscaba a otra y ya está, ¿Por qué no puede hacer eso ahora? Podría entrar a ese prostíbulo, tener relaciones con una chica, aliviar tensiones como todas las noches y vuelta a casa.
Sonríe riéndose de su propia estupidez.
No quiere acostarse con otra mujer, no puede, sólo la quiere a ella, y no sabe porqué, pero se muere por escuchar su risa y reír con ella de nuevo; sentir un escalofrío con su voz llamándolo niño rico; disfrutar de su humor ácido, consejos útiles e ideas locas; deleitarse con sus movimientos felinos, poses elegantes y sensualidad desbordante; Morir con su sonrisa; derretirse con la forma que tiene de arrugar la nariz cuando algo no le convence, como se muerde el labio cuando está pensando una diablura, como atrapa la lengua entre sus labios cuando está concentrada; Volver a ver sus ojos, tan cristalinos, grandes y puros; Acariciar su piel de porcelana tan tersa, dulce y suave; Sentir su cabeza sobre su pecho, su respiración profunda, su cabello haciéndole cosquillas en el rostro e inundando sus fosas nasales con su dulce olor afrutado... Despertar todas las mañanas con ella entre sus brazos queriendo que se deje amar.
Hay tantas cosas que ama de ella, que es más que obvio que no la quiere sólo por sexo, a pesar de que sabe que ella sólo lo quiere por su dinero, y que hoy haría una semana que se conocieron ¡Una semana y él ya bebe los vientos por ella!
—¿Qué coño me pasa? —solloza sintiendo como su corazón duele ante su ausencia.


Al techo le vendría bien una buena mano de pintura, está un poco amarillo, supone que por la cantidad de inquilinos fumadores que han saciado su sed de nicotina entre esas cuatro paredes.
Eso es lo que piensa mientras un hombre sudoroso jadea sobre ella, embistiéndola con furia con su monstruosa polla.
Nancy ha activado el jadeo automático, y ahora ese idiota cree que está haciéndole ver las estrellas. Puf, folla de pena, tan grande que la tiene y no tiene ni idea de como usarla, no sabe mantener el ritmo, encima ha tenido que ayudarle a encontrar su entrada, y si no fuera por el medio bote de lubricante que se ha echado y la cantidad de tíos que ya se han corrido dentro de ella estaría más seca que un camello muerto.
Mira disimuladamente su reloj de muñeca. 23:15 horas. Su niña ya debe estar durmiendo plácidamente en la cama, habrá cenado junto al padre Gabriel, Tara la habrá recogido, duchado y metido en la cama como todas las noches. Cuanto extraña leerle un cuento antes de que ella se duerma, y acurrucarse a su lado, disfrutando de su respiración profunda antes de marchar.
Espera que esté teniendo dulces sueños mientras ella vive esa pesadilla.
Ha perdido la cuenta de cuantos hombres han pasado por su cama hoy, en el momento en el que todas las chicas fueron presentadas y los ricachones tuvieron vía libre para decidir por cual empezarían, el primero entró por la puerta, y por las cabezas que había tras él esperando su turno, sabía que sería un día agotador.
El primero fue rápido, sin preliminares como de costumbre, ni besos por suerte, era el cliente estándar: felación y coito rápido, eso sí, sin preservativo.
No duró ni cinco minutos, se fue tan rápido como llegó y al momento entró el siguiente. Ni tiempo para limpiarse le dejaron, por lo que ese señor se embadurnó la polla con el semen del anterior cuando la penetró.
Ha perdido la cuenta de cuantos lleva hoy ¿Diez? no sabe, quizás más, la mayoría son rápidos, sólo quieren descargar y ya está, otros en cambio pasan horas con ella en la habitación, exigiendo felaciones, besos negros, anal, vaginal, una vez, dos, hasta que se cansan de ella, y la dejan en la habitación, con la mandíbula dolorida, casi desencajada de tanta mamada, y su interior tan a rebosar de esperma que hasta le duele el vientre.
Aprovecha las pocas veces que tiene cinco minutos libres para darse una ducha rápida, beber esa asquerosa bebida isotónica y darle un bocado a la barrita energética.

La bestia que tiene encima se retira de ella.
—Has estado maravilloso, cariño —lo alaba fingiendo estar exhausta.
Dios, apesta a sudor, y no es suyo. Mucho dinero pero no tienen ni puta idea de lo que es el desodorante. Pero bueno, no es el peor líquido del que está manchada.
El tío no le habla, no han cruzado palabra, y lo poco que le ha escuchado decir ha sido en un idioma que no ha sabido descifrar ¿Turco, tal vez?

—Chupa —ordena mostrándole su miembro aún erecto, cubierto de todos los hombres que se han corrido antes en su interior.
Eso sí que sabe decirlo en su idioma.

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Ella lo mira con asco.
Mierda, está tan llena que ya no siente si se corren o no, pensaba que ya había terminado, y ahora tendrá...
No le da tiempo a pensar más, el turco se impacienta, por lo que la agarra del cabello y la fuerza contra su entrepierna hasta que su miembro está completamente en el interior de su boca, y puede sentir como respira con dificultad contra su pubis.
La deja fija ahí unos eternos segundos, sin importarle estar ahogándola y que ella esté luchando por separarse de él.
Tira de su cabello, alejándola de él, y apenas ha tenido tiempo de coger aire cuando la vuelve a amordazar con su miembro, así una, dos, tres, cuatro veces, hasta que llega la hora de culminar.

Carol lucha por alejarse, pero es inútil, la tiene bien agarrada de la cabeza, puede sentir el glande contra su úvula y el asqueroso esperma salir disparado directo a su garganta.
Quiere vomitar.

/*./

Y sólo es el primer día de su pesadilla de dos semanas.


Hola de nuevo, espero que os haya gustado el capítulo a pesar de todo.

Lo que está pasando Carol en ese barco es una historia real, la cual tengo permiso de compartir. Aunque en la historia original todo esto ocurre en Marbella (España)

Me habría gustado daros un final con reencuentro, pero tenía muchos datos que contar antes de llegar a lo que de verdad interesa.

La escena de Carol y Tobin, ha sido añadida porque este hombre tendrá un encuentro más adelante con Daryl, que en su búsqueda de Nancy, le describirá a, quien para él es "Roxanne".

Algo que os habréis dado cuenta son los distintos sentimientos que tienen ambos:
Para Carol, Daryl es un cliente más, a pesar de que se lleve bien con él e incluso le tenga cariño, no se siente enamorada de él, su corazón aún pertenece estúpidamente a otra persona, y además, no ve los sentimientos que él tiene por ella.
En cambio Daryl, sí sabe ponerle nombre a lo que siente por ella, y es consciente que ella no siente lo mismo por él, pero a pesar de todo, quiere darle lo que ella tanto anhela por parte del padre de Sophia.

Quizás odiéis un poco a Daryl por ser un habitual del sexo de pago, pero como ya dije otras veces, él es un ignorante, que no sabe que está haciendo algo malo al pagar por sexo, él cree que está haciéndole un favor a esas chicas, ayudándolas a ganar su dinero. Tiene la mentalidad de muchos hombres de la sociedad, que ignoran lo que hay detrás de todo eso, y aún tiene que abrir los ojos.

En el próximo capítulo veremos como ambos pasan esos 14 días, y como sus vidas se vuelven cada vez más oscuras hasta llegar al momento que habéis leído al principio del capítulo.
Dato interesante: Daryl conocerá a Sophia en el próximo capítulo.

De nuevo, muchas gracias por vuestros comentarios, y por favor, no me odiéis mucho :)