13. Amor de alquiler.

El lujoso coche se detiene frente la enorme casa que luce oscura y vacía, sólo iluminada por los discretos focos del jardín y los faros del coche.
Daryl tamborilea con los dedos sobre el volante mientras espera pacientemente a que la puerta automática del garaje termine de abrirse.
Mira a su lado y sonríe. Aún no se cree que esté de nuevo junto a él. Casi le parece un sueño, y le da miedo pellizcarse por si resulta que efectivamente es así.
El coche huele a ella y eso le relaja, excita y hace que se le acelere el corazón a partes iguales. Increíble lo que el simple aroma de su perfume barato puede hacer con él.
El portón se abre y él reanuda la marcha para meter el coche en el interior.
Apaga el motor y vuelve a mirarla, ni se ha inmutado de que han llegado.
Niega con la cabeza divertido.
—Para una vez que no está Gregory y puedes hacer todo el ruido que quieras y entrar caminando por la puerta principal vas y te me duermes —susurra observando con cariño a la diosa que descansa a su lado.
Está preciosa así dormida, con su cabello enmarcando su rostro y sus labios entreabiertos. Tiene unas ganas tremendas de besarla, de acariciar su piel, de abrazarla con fuerza... tiene ganas de ella.
Le desabrocha el cinturón, toca con el dorso de la mano su brazo desnudo y sonríe satisfecho. Con la calefacción y su chaqueta americana ha entrado en calor. Mañana le comprará otra chaqueta de cuero, esta vez a su medida. Aunque le encantaba verla con la suya, no sabe por qué pero le excitaba muchísimo.
Se dirige a la puerta del copiloto.
—Ya estamos en casa, mi amor —informa tomándola en sus brazos con facilidad —.Has perdido peso —murmura. Visiblemente ya la notó más delgada, y ahora al volver a tenerla entre sus brazos puede confirmar que efectivamente así es.
Ella se queja un momento y él la arrulla como quien consuela a un bebé.
Un placentero escalofrío recorre su cuerpo cuando siente su aliento sobre su cuello. Echaba de menos esas sensaciones que sólo ella es capaz de provocar.

Camina por el pasillo de la mansión encontrándose de frente con su guardaespaldas que espera frente a la puerta de su alcoba.
—¡La encontraste! —se sorprende Rick al verla llegar con ella en brazos —Pero... ¿Está bien?—baja la voz al notar que está dormida

Daryl asiente sonriente.
—Mañana te cuento —susurra casi inaudible.
Entra en la habitación y la deja con delicadeza sobre la cama. Ella rápidamente se acomoda colocándose en posición fetal.
La mira con cariño, de nuevo está en su habitación, tumbada en esa cama que tan agradables y excitantes recuerdos ha creado en su memoria.
Baja la intensidad de la luz de la mesita para que no se desvele con ella y recorre su cuerpo con la mirada en busca de algo más que hacer para facilitar su descanso, hasta que lo encuentra.

—Ponte el preservativo, por favor —murmura ella más dormida que despierta cuando siente como él roza sus tobillos.

Daryl niega con la cabeza un poco dolido. Increíble que piense que pretende aprovecharse de ella a pesar de haberle dicho que no lo iba a hacer. Aunque por otro lado la entiende, el mundo está lleno de capullos y ella debe haberse encontrado con más de uno, como el de esa misma noche. Si él no hubiese llegado a tiempo...
—Tranquila, sólo te voy a quitar los zapatos —se explica, pero ella ya se ha vuelto a entregar al sueño.
Pasa la correa por la hebilla liberando el tobillo, dejando el pie desnudo.
—Qué demonios... —gruñe en un susurro, frunciendo el ceño al ver una extraña herida.
Acaricia con cuidado esa lesión reciente que rodea el tobillo. Es
como si hubiese estado atada fuertemente con algún material cortante que le ha dejado la piel en carne viva.
Retira el otro zapato para encontrarse exactamente con la misma herida. Es imposible que eso sea una rozadura de los tacones.
Observa detenidamente su cuerpo. Sus piernas y brazos tienen moretones de los que hasta ahora no se había percatado, y en sus muñecas luce las mismas heridas que en los tobillos.
—Por dios ¿Qué mierda te han hecho? —susurra haciendo el mayor esfuerzo para no alzar la voz y despertarla, pero por dentro está gritando, siente como su sangre hierve y su cuerpo se tensa. No sabe qué coño ha pasado en ese crucero, pero ella ha vuelto agotada, más delgada y encima herida. Que ha tenido muchos clientes, le dijo... ¿Qué clase de cliente hace eso?
Sacude la cabeza, prefiere no pensar en ello ahora, en cuanto despierte hablarán, pero ahora lo mejor que puede hacer es arroparla bien y tumbarse a su lado dispuesto a velar su sueño.
Observa su rostro de cerca. Es preciosa, pero a saber lo que oculta bajo ese maquillaje. Quizás tenga un ojo morado, la rojez de una bofetada, un corte, o quizás...
Deja de pensar, no puede. Ella ha debido sentir su peso a su lado y se acerca a él para acurrucarse sobre su pecho.
Daryl se guarda un suspiro y se olvida por un momento hasta de quién es él. Llevaba tanto sin sentir el peso de su cabeza sobre su pecho... Reza para que no sienta la velocidad con la que late su corazón ahora mismo.
Besa su cabeza dejando largo rato los labios sobre esta, aspirando el aroma de su cabello

Nancy sonríe cuando siente como acaricia suavemente su espalda arriba y abajo una y otra vez, raspando delicadamente con sus uñas su columna, haciendo que sienta un placentero escalofrío por todo su cuerpo.
—Me gusta eso, me relaja —murmura enterrando aún más su rostro en su pecho.

Daryl se derrite ante su dulce sonrisa.
—Lo sé, por eso lo hago —revela.
Se mantiene en esa posición todo el tiempo, acariciando su piel, inundando sus fosas nasales con su aroma y sonriendo como un idiota, feliz de volver a tenerla entre sus brazos y saber que de nuevo podrá sentir sus besos, sus caricias, podrá escuchar su risa, su voz, podrá reír con sus bromas y ocurrencias y podrá volver a disfrutar del mejor sexo que jamás haya probado. Pero su sonrisa se vuelve agridulce en el instante que recuerda que ella no es real, que se rió en su cara cuando dejó caer que la amaba, porque ella es sólo una actriz interpretando un papel, sus palabras amables, sus sonrisas, besos y caricias son sólo un guión aprendido. Ella no es más que un amor de alquiler, y eso es algo que su corazón deberá aceptar. Puf, ¿Pero cómo? ¿Cómo podría controlar lo que está sintiendo por ella? No puede... Es ella la que ocupa sus pensamientos, sólo piensa en hacerla feliz, en hacerla sentir bien, en hacerla disfrutar...
Dios, estar enamorado y no ser correspondido es una puta mierda.

Carol se despierta despacio, le cuesta abrir los ojos y tarda unos eternos segundos en darse cuenta de donde está.
Suspira aliviada al reconocer la habitación, ya no se encuentra en el barco, el vaivén que siente no es más que el pecho de su niño rico que se mueve al compás de su respiración.
Se palpa el vientre, está vestida. Cruza las piernas en busca de sentir algún tipo de ardor o humedad. Nada, ni rastro de sexo.
Sonríe agradecida y un poco sorprendida ¿De verdad sólo se ha limitado a abrazarla mientras dormía? No sabe qué pensar...
Cierra los ojos y se vuelve a relajar sobre su pecho mientras dibuja con sus dedos figuras aleatorias sobre su camisa y se concentra en la agradable sensación de sentir su mano sobre su espalda. Le asusta lo cómoda que está entre sus brazos. Supone que es porque se ha pasado dos semanas sintiéndose un objeto sin valor y ahora el más mínimo gesto cariñoso hace que su corazón de un vuelco. Sí, será eso y nada más. En cuanto vuelva a ver a su niña sentirá lo que es ser amada de verdad y recordará que él es un putero más. Como le dijo Negan 'Los buenos hombres no follan con putas'. Aunque también le dijo que no perdería el tiempo con ella si le dijese que no quiere follar, pero ahí está, acariciando su espalda mientras ella utiliza su pecho de almohada.

—¿Dormiste bien? —pregunta Daryl que ha sentido el cambio de ritmo de su respiración.
Han pasado unas cuatro horas pero para él han sido dos minutos. El tiempo vuela cuando la tiene a su lado, aunque sólo duerma.
Le da un suave beso sobre la cabeza y comienza a recoger su cabello tras su oreja en un intento de ver su rostro.

Ella asiente en silencio. Aún está cansada, pero hay algo que la ha despertado, una necesidad que no la deja dormir.
—¿Daryl? —susurra contra su pecho, captando su atención. Se lame los labios antes de continuar, avergonzada de lo que va a decir —. Tengo mucha hambre —se atreve a confesar con un hilo de voz.

El corazón de Daryl se encoge al escucharla decir eso, con ese tono tan suave, casi como un sollozo.
Hambre... ¿Cuántas veces habrá sentido él eso a lo largo de su vida? Es la peor de las necesidades.
Se sienta en la cama, obligándola a incorporarse también.
La mira, ella intenta dibujar una sonrisa, pero luce triste y apagada, casi no parece ella.

Carol se encoge de hombros cuando él la mira fijamente como esperando una explicación al por qué alguien que ha estado dos semanas en un crucero de lujo, con buffet libre, puede volver con hambre y no con kilos de más ¿Qué decirle? ¿Que lo único que tenía para comer eran barritas energéticas?
—Si perdía tiempo comiendo en el crucero atendía menos clientes. Y menos clientes significa menos dinero, por lo que sólo comía una vez al día —intenta explicarse patéticamente. Menuda excusa...

Daryl se muerde la lengua para no decir lo que realmente piensa ¿Cómo puede decir eso con una sonrisa? ¿Cómo puede sacrificar las horas de comida por un par de clientes más? ¡Está en riesgo su salud! No entiende a esa mujer, parece que sólo le importa el dinero. A lo mejor no lo parece, a lo mejor es que realmente es lo único que le importa.
Suspira ruidosamente mientras niega con la cabeza.
Intenta mirarla con dureza, juzgándola, pero tiene una expresión tan de cachorrito adorable que derrite su corazón y termina por sonreírle con cariño.
—No te muevas de aquí, descansa un poco más —susurra contra sus labios antes de darle un rápido beso. Si su chica tiene hambre él lo solucionará.
Se levanta de la cama y abre la puerta.
—Ey Rick, vuelvo en un momento, vigílala, por favor —pide.
No es que tema que vaya a salir huyendo o algo por el estilo, pero no le gusta dejarla sola.

Rick asiente y observa marchar a su jefe.
Mira hacia la puerta entreabierta y traga saliva antes de animarse a entrar. Siente como si estuviese a punto de entrar en la jaula de un león hambriento.

Nancy visualiza de soslayo como una silueta se adentra en la habitación. Demasiado pronto para que sea su niño rico.
—Oh, hola, Rick, que de tiempo —saluda seductora, arrastrándose por la cama hasta estar al borde —¿Te apetece jugar? —pregunta con descaro, mordiéndose el labio, poniendo nervioso a ese hombre que traga saliva y mira hacia la puerta buscando una vía de escape.
Tiene que hacer un esfuerzo para no echarse a reír ante esa reacción. Le da hasta pena. Supone que así es como reaccionan los llamados 'Buenos hombres'

Daryl Revisa los tuppers que ha dejado Patricia en la nevera, hay comida para toda la semana, carne, verdura, pescado...
No sabe que preferirá Nancy, así que lo coge todo.
Agarra también el frutero de la mesa por si le apetece algo de fruta y sujeta con los dientes los cubiertos mientras se encamina de nuevo hasta la habitación.

—Vaya, sí que eres buena en esto —escucha la voz sorprendida de Rick, seguida de la risa de ella.
Arquea la ceja intentando buscar en su mente una explicación a esa frase que no sea sexual.
—Soy la mejor —dice ella con voz sensual.
Daryl abre la puerta de un empujón.
—¿Qué narices estáis haciendo? —pregunta nada más precipitarse al interior.
Suspira aliviado cuando los ve tranquilamente sentados y vestidos jugando al ajedrez.

Nancy deja escapar un bufido divertido cuando lo ve aparecer.
—Vaya, que repartidor a domicilio más sexy —bromea para ocultar como su estómago gruñe ante tanta comida. Lleva dos semanas sobreviviendo a base de barritas energéticas isotónicas y agua —Mira, ya me comí tres peones de Rick —dice orgullosa mostrando las piezas.

Daryl bufa divertido.
—Menos mal, pensé que te estabas comiendo otra cosa.

Nancy dibuja una sonrisa divertida.
—Las pollas no alimentan —dice mientras se despide con la mano de Rick, que sale de la habitación dejándolos a solas.

—Ya, y los peones tampoco. Quita el tablero de la mesa, anda —pide para poder dejar todo lo que lleva en sus brazos, ya empieza a pesar —. Te he traído todo lo que tengo, come lo que te apetezca —dice abriendo todos los tuppers —O si no te gusta nada puedo pedirte una pizza o hamburguesa, o...

—Está bien, niño rico, esto es perfecto —interrumpe sonriéndole agradecida por ese buffet personal.
Se sienta frente a la mesa y mira todo lo que tiene delante ¿Por dónde empezar? No ha visto tanta comida junta desde... desde nunca.

Daryl vierte agua en un vaso y lo deja frente a ella, toma una manzana y la muerde mientras la observa comer.
Aún no se cree que esté frente a él de nuevo.
—¿Por qué no me dijiste que te ibas dos semanas? —pregunta. Si hubiese sabido que iba a estar fuera se habría ahorrado todo ese sufrimiento, y no se había bebido medio mueble-bar.

Nancy traga antes de hablar.
—Surgió la oportunidad de un día para otro, no lo sabía la última noche que pasamos juntos.

—Tenías mi teléfono —le recuerda ías haberme llamada.

Nancy se encoge de hombros.
—Podría —dice sin añadir más, no le interesa darle muchas vueltas al tema.

Daryl suspira ruidosamente. Es obvio que le importa una mierda lo preocupado que ha estado por ella esas dos semanas.
—¿Y por qué me diste un número falso?

Nancy se echa a reír recordando el número que le dio.
—¿Llamaste? ¿Pero en serio pensabas que te iba a dar mi número? Nancy no tiene teléfono. Cuando llego a casa lo que menos me interesa es seguir teniendo contacto con los clientes.

—¿Y no podías decirme eso y ya está? ¿Tenías que darme un número falso? —pregunta visiblemente molesto —. Estaba preocupado por ti ¿Sabes? Llamé a ese número, y me encontré con que era una puta lavandería a la que fui a preguntar por ti y me encontré con un gilipollas de dos metros que conoce a una tal Roxanne que encaja con tu descripción ¿Te llamas Roxanne, Nancy? Te busqué día y noche en la calle, hospitales, comisaría, incluso la morgue donde había una mujer con el mismo vestido que tú ¿Cómo explicas eso? ¿Sabes cómo me sentí cuando tuve que identificar ese cadáver? Pasé por todo eso ¿Para qué? Para que dos días después me entere de que la mujer que estaba buscando está viva porque ella misma me envía un vídeo follando con Gregory ¿Para qué coño me mandas eso?

Carol guarda silencio y mira al hombre que tiene frente a ella cuya voz se quiebra cuando le habla. Ha estado dos semanas solo, sin Gregory, podía hacer lo que quisiera, follar con quien quisiera y en su lugar ha estado buscándola por toda la ciudad. No sabe como sentirse.
—¿De verdad estabas preocupado por mí? —pregunta con suavidad.

Daryl siente como todo su enfado se marcha cuando escucha la suavidad con la que habla, casi como si estuviese sorprendida de que alguien se preocupe por ella.
—Por supuesto que estaba preocupado —responde mirándola con cariño.
Toma su mano y acaricia su dorso con el pulgar —Te qui... Me importas ¿Vale? —rectifica en el último momento. No quiere espantarla o que se ría de sus sentimientos, otra vez... —.Eres mi amiga.

Carol le sonríe agradecida. Duda de que sea real lo que dice, es difícil para ella creer que le importa a alguien, pero sienta tan bien escucharlo...
—Perdona por darte un número falso —se disculpa con sinceridad —Y prometo que la próxima vez que tenga que ausentarme te avisaré para que no estés preocupado y así puedas follar tranquilo con otra —añade volviendo a ser la Nancy de siempre.

Daryl sonríe negando con la cabeza. Como si quisiera tener sexo con otra mujer... Si sólo tiene ojos para ella.

—Y respondiendo a tus preguntas... Lo de la mujer en la morgue es porque ese vestido es el uniforme oficial de prostituta que compramos en 'Putas & putones' y sí, me llamo Roxanne —responde mordiéndose la mejilla para frenar su sonrisa.

Daryl la mira arqueando una ceja para terminar echándose a reír.
—Mi polla en vinagre, tú no te llamas Roxanne, mentirosilla —dice haciéndola reír —Y... ¿Por qué me enviaste ese vídeo con Gregory?

Nancy se encoge de hombros.
—Para darte poder —aclara, pero él parece no entender —. Tienes algo en tus manos que Gregory con G de gilipollas, no querrá que salga a la luz —añade con una sonrisa dibujada en su rostro. A nadie le gusta que se filtren vídeos en los que tienen sexo, pero mucho menos cuando en él está siendo humillado

Daryl se mesa la barba.
—Te agradezco ese 'regalo' pero no sé si seré capaz de visualizar ese vídeo alguna vez —confiesa. Sabe que ese es su trabajo, pero es imaginar a ese capullo sobre o bajo ella y hervirle a sangre.

—¿Por qué? Si ni siquiera follamos. Se pasó la hora a cuatro patas, atado, lamiéndome los zapatos y ladrando mientras yo le decía buen chico —detalla —Además tenía una mierda de polla ¿Qué coño iba a hacer con eso? Como no me la metiese en el ombligo...

Daryl rompe a reír, echaba de menos su humor. Ahora sí que necesita ver ese vídeo.
—Gracias por darme este poder, chica lista, me vendrá bien mientras consigo abrirme paso o no en el mundo de la fotografía necesitaré disponer del dinero de mi herencia.

Y entonces recuerda.
—¡Oh, se me olvidaba! Conocí a un chico, Aaron, que folla de escándalo, y que tiene una galería de fotografía o no sé que pollas, y le di tu número, dijo que te llamaría.

—¿De verdad? Eso es fantástico, gracias —agradece con sinceridad —¿Pero es necesario que me digas como folla? —gruñe.

Nancy ríe malévola.
—Tranquilo, niño rico, ninguno de ellos folla tan bien como tú —ronronea. Sabe que eso es lo que quieres oír. Los tíos son muy simples.

Daryl dibuja una media sonrisa. Sabe que sólo lo dice para alimentar su masculinidad, pero no puede evitar excitarse.
La observa en silencio sin poder ocultar su sonrisa.
—Qué interesante... Me mandas ese vídeo para darme poder sobre Gregory, me consigues la que quizás sea mi primera exposición fotográfica... Cualquiera diría que también se preocupas por mí, señorita Nancy.

Nancy se encoge de hombros de nuevo.
—Puede, o puede que quiera seguir aprovechándome de tu dinero. Si tú ganas yo gano —piensa con velocidad.

Daryl lucha por mantener su sonrisa, fingiendo que eso no le ha dolido. Su pensamiento de que a ella sólo le importa el dinero va teniendo más peso.
—Hablando de fotografía... Ya está construido mi cuarto oscuro.

Nancy da un último sorbo de su agua. Que bien sienta tener la barriga llena.
—Oh, genial ¿Y qué maldad vamos a hacer ahí? —pregunta seductora.

Daryl sonríe canalla, se levanta de la silla, se acerca a ella por detrás y coloca sus labios a escasos centímetros de su oído.
—Pues... revelar fotos —susurra seductor. Haciéndola reír. Una risa sincera y auténtica que ama escuchar.

—Tienes unos fetiches muy raro, niño rico —ríe.

Daryl planta un beso en su mejilla.
—Lo sé, voy a traerte el postre.

Nancy se gira sobre su silla, para seguirlo con la mirada y ver como se dirige a la pequeña nevera que tiene junto a las botellas.
—Vaya, que de alcohol falta —se fija en los huecos vacíos de la licorera.

Daryl sopesa si decirle la verdad, que ha estado estas dos semanas deprimido, que no sabía que hacer sin ella, que apenas ha comido ni dormido, que sólo quería beber para olvidar, pero... ahora que lo piensa en frío suena tan ridículo y exagerado que seguro que se ríe de él.
—Me gusta follar, beber y fumar. Si me falta lo primero tengo que tirar de los otros dos —dice como excusa. Ella no hace más preguntas, por lo que supone que se lo ha creído.
Se acerca a ella con el helado de chocolate que sabe que le encanta y lo deja sobre la mesa.
Ella sonríe y eso alimenta su alma. Adora verla feliz.
La observa saborear cada cucharada, permitiéndose su tiempo para disfrutar de su sabor. Está preciosa haga lo que haga.
Daryl juega con sus dedos buscando la forma delicada de sacar el tema que quiere tratar.
—¿Y qué hacías con esos clientes? —pregunta al fin.

Nancy arquea una ceja y lo observa con la cuchara en la boca ¿De verdad le está preguntado eso?
—Pues follar.

Daryl se pellizca el puente de la nariz. Vaya pregunta más absurda que ha hecho.
—Ya, a eso llego, pero... ¿Qué tipo de sexo?

—Pues de todo: oral, anal, completo, BDSM ¡Soy puta, Daryl! ¿A dónde quieres llegar?

Se regaña mentalmente, quería ser sutil y ha sido todo lo contrario.
—Quiero saber qué práctica sexual de mierda deja estas marcas en tus muñecas y tobillos -pregunta tomando su mano.

Nancy hace el amago de ocultar las marcas pero se detiene en el último segundo ¿Para qué, si ya las ha visto?
Dibuja su mejor falsa sonrisa y continúa actuando.
—Son sólo las marcas que dejan unas bridas. Ya sabes esas tiras de plástico que cuanto más tiras más se aprietan y que sólo te libras de ellas cortándolas.

—Sé lo que son —gruñe —¿Qué clase de monstruo puede atarte con unas putas bridas? —pregunta molesto, pero ella simplemente se encoge de hombros sin darle más importancia al tema. Ha perdido la cuenta de cuantas veces ha hecho ese gesto esa noche, casi parece que tiene un tic, y empieza a irritarle ese pasotismo suyo, pero decide callar, lleva mucho sin verla y no quiere acabar peleándose con ella esa noche.

Nancy toma la última cucharada de helado y la deja sobre la mesa. Se siente satisfecha, y aunque aún tiene sueño, ya sea por el cansancio acumulado o la droga que le inyectaron, se siente con energías para poder cumplir como puta que es.
—¿Qué quieres hacer ahora, niño rico? —pregunta devorándole con la mirada.

Daryl la mira y dibuja media sonrisa juguetona ¿Dónde está la mujer agotada que montó en su coche unas horas atrás?
—Desnúdate y siéntate al borde de la cama —ordena —. Ahora vuelvo —y dicho esto se levanta de la mesa y marcha al baño dejándola sola.

Carol se mira las manos. Estaba tan drogada que ni se había dado cuenta de esas malditas heridas en las muñecas. Unas bridas... ni a los animales los atan así.
Sacude la cabeza para dejar de pensar en ello.
Se dirige a la cama y se desnuda tal y como le ha pedido. Sabía ella que su niño rico no podía pasar una noche sin sexo.
Se sienta en la cama, enlaza sus manos sobre sus rodillas a la espera de Daryl y suspira. Es extraño lo tranquila que se siente en esa habitación, supone que es porque no ha tenido malas experiencias en ella.

—Vale, a ver qué tenemos aquí... —dice él, que entra a la habitación con una caja grande de plástico.

—¿Has comprado juguetes nuevos? —pregunta curiosa.

Él no dice nada, sólo tira de la pestaña que cierra la caja que emite un sonoro 'clic' abrirse.
Revisa el interior: Tiene vendas, yodo, agua oxigenada, algodón, tiritas, tijeras, pomada para golpes...
Mira hacia Nancy, examinando su cuerpo desnudo. La piel de la diosa que tiene frente a él está llena de moretones y pequeñas heridas que hacen que quiera partirle la boca a todo aquel que la haya tocado esos días.
Toma un algodón y lo empapa bien de yodo.
Se acerca a Nancy, pero ella retrocede como un animal maltratado.
—¿Ocurre algo?

Ella lo mira entre alarmada y extrañada, alternando su mirada entre él y el botiquín.
—¿Qué vas a hacer?

Daryl mira lo que tiene en la mano.
—Es obvio, voy a tratar esas heridas —responde, y ella le hace un gesto con la cara que él traduce como un '¿Por qué?' —Quiero cuidar de ti, déjame hacerlo, por favor, si te duele dímelo y te prometo que pararé, siempre lo he hecho ¿No? —intenta tranquilizarla mostrando una encantadora sonrisa y extendiendo su mano para que ella le de la suya propia.

Nancy lo mira fijamente durante unos segundos con los ojos entrecerrados y gesto hosco ¿Para qué coño quiere curarla? ¿Qué más le da? Supone que querrá tener arreglada la mercancía para poder disfrutar de ella al 100% lo antes posibles.
Suspira cansada y le extiende la mano de mala gana.
Siente como Daryl toma su muñeca con suavidad y da suaves golpes con el algodón sobre la herida en carne viva, dejando una mancha anaranjada alrededor de toda ella, que luego es cubierta por una suave venda.
Realiza la misma acción sobre su otra muñeca y los tobillos.

Daryl mueve sus ojos por su cuerpo buscando alguna otra herida abierta que necesite atención. Más allá de dos pequeños cortes en el pecho, de los cuales ya se está encargando no tiene nada más, al menos de frente.
—Túmbate boca abajo —pide con suavidad, pero ella no se mueve —. Vamos —insiste haciendo un gesto circular con los dedos.

Nancy resopla.
—Está bien, pero no quiero escucharte —gruñe al tiempo que se gira sobre la cama. Sabe que su cuerpo, sobretodo por detrás, es un mapa.

Él toma aire para llenar sus pulmones de fuerza para cumplir con su petición, pero cuando ve su espalda las palabras escapan solas de sus labios
—Madre mía... —murmura cuando ve la cantidad de moretones que tiene, además de unos alargados cortes en los glúteos, fruto de unos azotes dados con violencia. Es obvio que el autor de aquello no buscaba el placer de ella, sólo infringirle daño.
Observa su hombro y tiene que morderse la lengua para no blasfemas. Algún capullo mordió su pálida piel con tanta fuerza que le ha dejado los dientes profundamente marcados. Espera que no quede cicatriz de ello.
Le duele verla así. Le duele más de lo que ella jamás imaginará. Tiene que hacer un esfuerzo sobre humano para no pensar en todo lo que debió pasar esas dos semanas y que sus ojos no se inunden de lágrimas.
—¿Te duele? —pregunta al notar como ella da un respingo en cuanto siente el algodón hacer contacto —. Creo que la herida está infectada, necesitarás antibióticos —comenta.
Suelta el algodón, toma la pomada para los golpes y comienza a extenderla por cada moretón que se encuentra. Sería más fácil bañarla en pomada.

—Prométeme que irás al médico —pide.

—Sí, claro.

—'Sí claro', no. Prométemelo —insiste ante la facilidad con la que ha accedido a ir —. Hazlo, o te llevo yo ahora mismo.

Nancy resopla de nuevo ¡Qué pesado es!
—Te lo prometo —arrastra las palabras. No va a ir al médico, ni puede, ni tiene dinero para pagarlo, la única posibilidad de que ella reciba asistencia médica es que Negan llame al doctor Milton Mamet para que haga un chequeo a 'sus chicas'. Cosa que hará, porque no quiere arriesgarse a que algún pez gordo vaya a quejarse de que tal puta le ha pegado X enfermedad de transmisión sexual.

Daryl planta un suave beso sobre su espalda y tira suavemente de su brazo obligándola a estar de nuevo de frente ante él.
La observa, su cuerpo está sobre el de ella. Está tan tentado a besarla ahora mismo... pero no puede, no quiere, porque si lo hace no podrá parar y jamás terminará lo que ha empezado.
Vuelve a agarrar la pomada y revisa los moretones que tiene sobre su vientre.
Es una barbaridad como se han sobrepasado con ella, y eso es sólo lo que él ve... Normal que la primera vez que practicaron BDSM dudase de que él fuese a respetar su palabra de seguridad, esos tíos ni le preguntarán cual es.
—Lo siento mucho, los hombres podemos llegar a ser unos sádicos gilipollas —gruñe. Ella sólo sonríe en respuesta.
Extiende con delicadeza la pomada sobre un moretón que se encuentra sobre el hueso de la cadera y no puede evitar mirar más allá. Seguro que tiene desgarros en sus genitales, heridas, mordiscos...
—Deberías denunciarlos a la policía —aconseja, y ella rompe a reír —¿Qué te parece tan gracioso?

Nancy niega con la cabeza aún entre risas.
—¿Ah, lo dices en serio? ¿Crees que la poli escuchará lo que una puta tiene que decir? 'Ayudadme agentes, soy una sucia puta a la que el señor Daryl Dixon, millonario y dueño de una cadena de hoteles que llevan su nombre, le ha dado una paliza' —dice sobreactuando —. Nadie me creería, pensarían que sólo quiero sacarte el dinero. Me podría estar desangrando delante de ellos con un cuchillo que ponga 'propiedad de Daryl Dixon' clavado en el pecho que aún así pensarían que miento. Y si tengo suerte y me creen luego llegarías tú, sacarías la chequera, les pedirías que escriban una cifra y listo, silencio comprado, o en el caso de llevarte a juicio llegarías con tu flota de abogados mientras yo tendría a un abogado de oficio de tres al cuarto.
No, niño rico, no es tan fácil hacer lo que pides.

Daryl la mira en silencio sin decir nada. Entiende lo que dice, él ha vivido eso, sabe de sobra lo que es estar por debajo de la escala social a la que se pretende denunciar.
—¿Y si denuncio yo? —se le ocurre, pero ella lo mira alarmada.

Se sienta en la cama obligándolo a apartarse.
—¿Pero tú eres gilipollas o qué? Como lo hagas a ti te joderán la vida y yo desapareceré misteriosamente' antes del juicio.

Él vuelve a guardar silencio, supone que tiene razón, pero lo jodes que los ricos puedan abusar de su poder sin sufrir las consecuencias ni castigo alguno, y más cuando es ella la víctima.
—Está bien —susurra comprensivo. Acaricia su rostro y la besa suavemente intentando llenarla de calma, o eso pretendía hasta Nancy empieza a tomar el control él pierde el suyo y permite que su lengua sea esclavizada por la de ella.
Sus besos, sus caricias, su olor, la calidez de su piel... ha extrañado tanto todo eso que lo están volviendo loco, y antes de que se de cuenta ya tiene la camisa quitada y forcejea con sus pantalones para librarse de ellos.
—Dios, como te he echado de menos —gime contra sus labios, antes de decidirse a bajar por su cuello y morder suavemente la zona.
Navega con sus manos por su cuerpo, acariciando esa piel suave que tanto ama. Acaricia su cadera, sus muslos y busca el camino al centro de su placer que tan bien conoce.

—¡JODER! —se queja Nancy en un grito de dolor.
Lo empuja para que se aparte de ella y cierra las piernas intentando calmar ese ardor. Ya se había olvidado de ese imbécil que le mordió en la zona más sensible de su cuerpo.

Daryl la observa, se ha dejado llevar tanto que se había olvidado de sus heridas.
Estaría sorprendido de su capacidad para hacerle perder la cabeza con tanta facilidad, si no fuera porque su mente está más pendiente de su estado que otra cosa.
Él no ha hecho nada, sólo ha ejercido un poco de presión sobre su clítoris como tantas otras veces ha hecho para darle placer.
—Lo siento, lo siento ¿Te duele mucho? mierda, yo...

—Estoy bien, estoy bien —asegura ella una vez que el dolor se le alivia un poco —. Puedo seguir.

Daryl frunce el ceño.
—Y una polla que puedes seguir ¿Qué te han hecho? —pregunta al tiempo que intenta separarle las piernas para ver, pero ella no se lo permite.

—Estoy bien, es sólo una pequeña herida sin importancia —insiste.
Intenta besarle pero él la aparta colocando los dedos sobre sus labios.

—Es una herida que te duele, así que vamos a meternos en la cama para dormir abrazados y cuando estés curada follamos en condiciones —propone.
Le da un breve beso y la empuja suavemente sobre la cama a pesar de su resistencia y quejas que finge no escuchar y la invita a acurrucarse sobre su pecho como estuvieron haciendo un par de horas atrás.
Ama tenerla así, piel con piel y con sus manos...
—Estate quieta —la detiene cuando nota como comienza a acariciar su miembro —. No me gusta eso.

Nancy ríe sarcástica.
—¿Desde cuando no te gusta que te toquen la polla?

—Desde que yo no puedo tocarte y devolverte el placer. Así que duérmete ya.

Nancy está a punto de replicarle que se supone que la que debe dar placer es ella a él ¿pero para qué? ¿Por qué tanto interés en masturbarle? ¡Ni que fuera algo que le agrade!
Decide entregarse al sueño de nuevo, así al menos estará descansada para estar con su niña.
Su niña... Pronto la verá, sólo unas horas más...

Despierta con el irritante sonido del despertador de un teléfono móvil.
Mira a su alrededor, está en la habitación de Daryl, pero él no está.
Se estira en la cama y apaga el despertador. Odia ese sonido.
De nuevo revisa su cuerpo. Nada, ni humedad ni ardor, ese idiota ha desaprovechado la oportunidad de acostarse con ella. No lo entiende.
Localiza su vestido sobre una silla y comienza a vestirse.

—¡Buenos días, dormilona! —saluda Daryl entrando por la puerta —Mira, te he preparado unos tuppers con comida para toda la semana, que supongo que tendrás la nevera vacía después de tantos días fuera.

Nancy mira esas bolsas llenas de comida procurando ocultar su emoción.
—Gracias, cariño, eres muy amable —le sonríe tomando las bolsas que le ofrece. Pesan, lo que es buena señal, y debe morderse la mejilla para no sonreír. Su niña comerá muy bien.

Daryl abre la puerta de la habitación y por enésima vez intenta besarla obteniendo el resultado de siempre, acompañado de su hermosa risa.
—Algún día lo conseguiré —asegura.

Ella ríe sarcástica.
—Nos vemos a la noche, niño rico.
Se cuelga del brazo de Rick y camina a paso ligero hasta la puerta. Un paso más lejos de Daryl es un paso más cerca de Sophia.


Carol llega al Santuario a paso lento. Va cargada con las bolsas de comida que Daryl le ha dado, y procura que no se derrame nada, aunque en teoría no debería ocurrir, los recipientes están herméticamente cerrados.
Siente una presión en la nuca conforme se va acercando al despacho de Negan, y el estómago se le revuelve cuando abre la puerta y ve el cuerpo de una joven yaciendo inerte en el suelo. No la reconoce, su cabeza es un amasijo de carne, huesos y sangre. Puede ver la mitad de su maxilar inferior a un lado, un globo ocular a otro, y lo que supone que es parte de su cerebro coronando ese desastre...
Mira hacia Negan, que la observa sonriente con la cara llena de salpicaduras de sangre.

—Mi chica favorita —la saluda blandiendo el bate ensangrentado ante sus narices, salpicándola con la sangre aún caliente de esa pobre mujer.
Da vuelta alrededor de ella cuan buitre —¿Qué traes aquí? —pregunta arrebatándole una de las bolsas.

—Sólo es comida —responde ella cabizbaja, no quiere ser la próxima en pasar por el matadero. Al menos no antes de volver a ver a su hija.

Negan abre uno de los tuppers y huele el contenido.
—¿Quién y por qué te ha dado comida? —interroga asesinándola con la mirada —¡¿QUÉ COÑO HAS CONTADO, PUTA?! —pregunta acercándose peligrosamente a su rostro, presionando la punta de Lucille contra su barbilla.

—Nada, no he contado nada. Me la ha dado Daryl Dixon porque como he estado dos semanas fuera trabajando en un crucero, el muy idiota ha llegado a la conclusión de que no tengo comida, sólo eso y nada más, lo juro —confiesa con cierto nerviosismo y con toda la claridad con la que ese bate cortando su barbilla le deja pensar.

Negan la mira estudiándola unos eternos segundos hasta que nota el miedo en sus ojos. Le gusta eso, hacía tiempo que no causaba esa reacción en ella. Esas dos semanas en el puto crucero le han venido bien para recordarle quien manda.
—Está bien, te creo —le da la espalda y se encamina hasta su escritorio, pisando conscientemente el cuerpo de esa mujer —Me dijo Tom que contrató tus servicios un niño pijo pero que en cuanto apareció el heredero de Alexander Dixon te fuiste con él ¿Me explicas?¿Qué te da ese capullo para que te vuelvas tan selecta con tus clientes? —pregunta con total calma, acariciando a Lucille y asegurándose de que ella la vea bien.

Carol traga saliva. Ya había olvidado que su libertad no es más que una falsa ilusión, que cada uno de sus pasos están siendo controlados.
—Es...estaba muy débil, me habría matado si me hubiese ido con él, lo sé, ya me había contratado antes —intenta excusarse, procurando sonar convincente. Es verdad lo que dice, pero no sabe si Negan la creerá.
Odia la palabra 'contratar' no la contratan, la alquilan por unas horas como si de un objeto sin valor se tratase, y no son clientes, son violadores.

Negan la mira por encima del hombro y sonríe, pero no dice nada, sólo extiende la mano exigiéndole que le entregue el dinero de la noche.
—Eres muy lista —dice mientras observa el billete de 100$ —. Lo dejaste todo bien atado antes de irte: La niñera llevaba a tu hija al colegio, una buena samaritana la recogía y la llevaba a la iglesia, y a la noche de nuevo la niñera iba a por ella. Ni un segundo a solas... —se relame cuando ve como ella se tensa y comienza a respirar con dificultad —. Es una niña muy guapa ¿Verdad? Con ese pelo rubio, sus ojos azules y carita de muñeca. Me recuerda a ti. Será un buen fichaje ¿Verdad? —ella no dice nada, sólo baja cabeza y espera que todo pase. Le encanta verla tan sumisa —. Ve a ducharte, y luego dirígete a enfermería para que el doctor te revise ¡Simon, despega a esta puta del suelo!
Carol obedece, se dirige a paso ligero a su habitación, procurando darse prisa antes de que las lágrimas de rabia que llenan sus ojos le impidan ver.
Odia y teme a ese hombre. Lo odia por todo lo que le ha hecho en esas veintidós años que lleva siendo su esclava, y le teme por que sabe que es capaz de hacerle lo mismo a su niña.
Se ducha rápido, no hay mucho que limpiar, pero el hecho de estar vestida de Nancy la hace sentirse sucia, así que procura enjabonar bien su cuerpo antes de ponerse su ropa que la harán volver a ser Carol.

Recorre los pasillos del santuario camino a la enfermería. No es más que una habitación equipada con instrumental y artículos médicos.
Llama a la puerta y entra lentamente.
—¿Señor Mamet? —pregunta al no verlo en la sala.

Negan retira el biombo que da intimidad a la camilla, para sorpresa de ella que no esperaba verlo junto al doctor.
—Que rápido te has duchado ¿Seguro que te has quitado bien el olor a polla?

Carol asiente sin decir más. No va a entrar en detalles de que ha pasado una noche sin sexo, que ha ganado 100$ y lo único que ha hecho ha sido comer y dormir. Encima han cuidado de ella.
Deja las bolsas con la comida sobre la mesa y camina hasta la camilla.

—Hola, Carol ¿Qué tal estás? —pregunta el doctor que hace el intento de colocar el biombo delante de la camilla pero Negan lo agarra con fuerza y lo lanza al otro lado de la sala, sonriendo triunfal a Carol.
Milton la mira con cara de circunstancia.

—No importa —susurra ella quitándole importancia.
Sabe que acabará completamente desnuda, pero le da igual que Negan la vea, no será la primera vez ni la última.
Confía en Milton, él fue quien le practicó la cesárea de urgencia para traer a Sophia al mundo. No tenía apenas preparos, y mucho menos un quirófano esterilizado, pero hizo todo lo que estaba en su mano y salvó la vida de ambas. Además, es quién vacuna a Sophia sin pedir nada a cambio, algo que Negan no sabe.

Aguanta la respiración, se muerde el labio y procura no quejarse cuando el doctor toca y y trata cada parte de su dolorido cuerpo.
Las lágrimas inundan sus ojos, pero no le dará a Negan el gusto de verla llorar.
Mira a su proxeneta, está sentado al fondo de la habitación, mirando su cuerpo desnudo con sonrisa pervertida al tiempo que se frota la entrepierna. Quiere vomitar ¿Cómo puede excitarle verla así? Es un maldito psicópata.

—Voy a mandarte unos antibióticos, deberás tomártelos durante diez días. Uno cada ocho horas —informa mientras coloca un poco de algodón sobre la zona de dónde ha extraído una muestra de sangre —. También voy a darte unos calmantes por si el dolor te resulta insoportable. Tienes que alimentarte mejor, y te recomendaría que evites las relaciones sexuales durante dos semanas para que se curen...

—Eso no va a pasar —interrumpe ella más pendiente de volver a vestirse que de otra cosa.
No es imbécil, sabe que esos desgarros y heridas tardarán en sanar, lo harán mal o no sanarán nunca si no se da ese descanso, pero es puta, vive de follar, y tendrá que hacerlo aunque afecte a su salud.
Camina hacia la mesa dispuesta coger sus bolsas para marcharse de una vez de allí y ver al fin a su niña, pero Negan agarra su muñeca para retenerla.

—¿Te piensas ir ya y dejarme así, preciosa? —pregunta señalando su abultada entrepierna —Vamos, hazme un trabajito de los tuyos —ordena —¡Doctor, no se vaya, tiene que ver esto! —grita a Milton al ver como intenta escabullirse de la sala.

Carol cierra los ojos un segundo y toma aire para poder ahogar el insulto que casi escapa de sus labios.
Observa al doctor que hace todo lo posible para no mirar. A ella debería importarle poco, acciones más gordas ha tenido que realizar con espectadores de por medio, pero el hecho de estar vestida con su ropa de diario hace que se sienta distinto, aunque eso tiene fácil solución.
Tira de la manga del jersey para volver a desnudarse.

—No, no. Vestida —la detiene Negan que la mira con esa sonrisa suya.

Carol se mira de arriba a abajo.
—¿Qué? no —se alarma. Necesita estar desnuda o al menos tener su 'uniforme' para esconderse tras el papel de Nancy y así poder hacer hasta la más desagradable de las acciones.
—Deja que vaya un momento a mi habitación y me vuelva a poner mi vestido para no...

—No, CAROL —interrumpe haciendo hincapié en su verdadero nombre —Yo soy u cliente VIP, y quiero que me la chupes vestida así, con la ropa que llevarás cuando abraces a tu hija.

Carol lo asesina con la mirada.
—Eres un cerdo —gruñe con rabia.

Negan ríe sarcástico.
—Sí, pero sabes que conseguiré mi mamada.
Toma uno de los tupper de comida y lo abre para seguidamente volcar su contenido en el suelo y pisotearlo.
—Chúpame la polla, Carol.

Ella hace un esfuerzo por guardarse la lágrimas, no puede perder la comida, pero tampoco puede hacer eso sin su vestido. Necesita ser Nancy, necesita su seguridad, necesita ser una puta y no una madre.
—Por favor —ruega.

Negan chasquea la lengua y niega con la cabeza. Le gusta escucharla rogar, pero más le gusta que obedezca sin resistencia.
—¿No te enteras, verdad? —abre otro tupper y escupe en su interior —Yo doy la orden y tú la cumples, así que arrodíllate delante de mí y demuestra lo puta que eres.

Carol mira a su alrededor, el doctor mira sus propias manos como si fuese la primera vez que se las ve, fingiendo no estar allí. Sabe de sobra que él no correrá en su ayuda, nadie lo hará, está sola, ningún Daryl Dixon aparecerá en el último momento y la sacará de allí.
Traga saliva, hace de tripas corazón y se deja caer sin gracia delante de ese monstruo.


—Recuerda, tienes que machacar las galletas y las avellanas en trozos pequeños, pero sin que lleguen a estar molidas —instruye Patricia.
Toma la mantequilla, la nata y el chocolate y comienza a mezclarlos mientras observa a Daryl golpear con el mortero las avellanas que salen disparadas por la cocina debido a su forma redondeada y la fuerza con la que él golpea.
—Ten cuidado, hijo —pide entre risas.

—Joder, con las putas pelotas estas —Se queja al verse obligado a partir otra tanda de frutos secos.
Está preparando una tarta de chocolate, galleta y avellana para Nancy, sabe que le encanta el chocolate y se muere por ver su sonrisa cuando se la muestre. Dios, su sonrisa... la curva más hermosa de todo su cuerpo. Merecerá la pena tanta pelea con las dichosas avellanas.

Patricia sonríe contagiada por la sonrisa de él. Es la sonrisa de un hombre enamorado.
—A ver cuando nos presentas a la muchacha —deja caer.
La conoció la primera noche que él pasó allí, apenas la vio unos segundos. Una mujer alta y atractiva llena de una picardía a la que no está acostumbrada.
Ahora que Daryl le ha hablado tanto de ella se arrepiente de la mirada de asco que le echó cuando la conoció.

Daryl se chupa el dedo tras habérselo machacado con el mortero.
—Algún día lo haré —murmura, ve un poco difícil con Gregory por medio, pero entonces recuerda que ese idiota no está —Oye ¿Sabes que? Esta noche lo haré. Sí, en cuanto venga os la presentaré ¡Vas a ver como no exagero cuando te digo que tiene los ojos más hermosos que jamás hayas visto!


—¿Estás bien? —pregunta Eugene al escuchar a Carol vomitar —¿Es posible que estés embarazada otra vez? Puedo conseguirte...

—¡Cállate la puta boca, imbécil! —grita desde el interior del baño.
Ha tenido que volver a su habitación tras hacerle la felación a Negan, primero porque necesitaba vomitar, odia el sabor del semen, jamás ha podido con él, y mucho menos sabiendo de quien proviene; segundo porque necesita lavarse los dientes a conciencia, hasta hacer sangrar sus encías y quedarse sin papilas gustativas. En menos de una hora besará al fin a su hija y tiene que eliminar todo rastro de ese cerdo; y tercero porque se siente tan sucia que piensa volver a ducharse, a pesar de que volverá a ponerse la misma ropa.

Al menos ha podido salvar todos los tuppers excepto dos. Su niña comerá bien esa semana, y ella también.


Daryl recorre los pasillos de la tienda mirando con detenimiento cada prenda.
—¿Qué te parece esta? —pregunta a Abraham —. No, demasiadas cremalleras —se contesta él mismo, y vuelve a colgar la chaqueta.

Abraham resopla.
—Esta es la séptima tienda que visitamos —se queja con toda la sutileza que puede.
Odia ir de tiendas, suele evitarlo todo lo que puede, y por suerte su pareja prefiere ir sola o con amigas antes que llevar con ella a ese 'gigante gruñón' como lo suele llamar.

—Lo sé, pero no encuentro la chaqueta perfecta para ella —comenta mirando con asco otra prenda y volviéndola a colgar —¿Debería comprarle algo a Sophia, también? Ya sabes, la niña que conocí en la iglesia.

Abraham se encoge de hombros, sólo quiere volver a casa.

—Cuando terminemos con esto pasamos por la juguetería —pide para desesperación de su guardaespaldas.


Carol revisa su ropa y su cabello por enésima vez, no hay resto alguno de semen.
Respira profundo y suelta el aire lentamente. Una, dos, tres...
Lleva diez minutos delante de la puerta de su apartamento sin atreverse a abrir. Quiere estar segura de que su hija sólo la abrace a ella, y no a ese cerdo explotador.
Está nerviosa, muy nerviosa, va a reencontrarse con el amor de su vida. La escucha reír junto a Tara al otro lado de la puerta y su corazón se acelera latiendo con fuerza, su piel se eriza y un escalofrío recorre su espina dorsal recordándole lo que es el verdadero amor.
Introduce la llave en la cerradura, la mano le tiembla, pero antes de que ella pueda girar la llave la puerta se abre desde dentro.

—¡Mamá!—grita Sophia que se abraza a su cintura con fuerza —. Sabía que eras tú.

Carol suelta una sonora risa y deja escapar el aire que estaba conteniendo. La toma en sus brazos y la abraza con fuerza como lleva deseando estas dos últimas semanas. Pesa más, eso es buena señal.
Aspira el dulce aroma de su cabello, mezcla de su champú infantil y su olor natural, besa su suave mejilla, tan pálidas y llenas de pecas como un día estuvieron las suyas.
La mantiene junto a ella deseando no volver a separarse nunca. Quiere entrar en esa habitación y no tener que volver a ser Nancy nunca más. Sueños estúpidos.
—Hola mi amor —la mira a los ojos al fin —has crecido —dice emocionada.

—Sí, se me han quedado corto los pantalones y Gabriel me dio tres nuevos ¡Uno tiene un parche de Hora de Aventuras! —dice emocionada, pero su mirada se ensombrece al instante —pero tú... —retira un mechón de cabello que cae sobre el rostro de su madre y acaricia sus pómulos —. Tú has vuelto más blanca y... —toca su clavícula —. Se te marcan los huesos más ¿no comiste bien? —pregunta extrañada.
Se supone que su madre ha estado en un crucero, y por lo que ella sabe son barcos grandes, donde hay mucha comida, y toman el sol junto a la piscina. Cosa que no entiende, porque tienen mar por todos lados ¿Por qué tener piscina? Los adultos hacen cosas muy raras.


—Y ahora tienes que dibujar al papá —pide Sophia con el tenedor en la boca, saboreando unos ravioles mientras su madre dibuja caras sobre sus dedos.
Le gusta la palabra ravioles, le hace gracia y no sabe por qué.

Carol comienza a dibujar el rostro de un hombre de cabello engominado, con la raya bien marcada a la derecha, rostro afeitado y unos hoyuelos en sus pómulos que se marcan profundamente cuando sonríe, tal y como le ocurre a su hija.

Sophia se mira el dedo y frunce el ceño.
—No mamá, el papá no es así. El papá tiene el pelo largo, le tapa un poco los ojos, tiene barba y un lunar aquí —se señala el labio superior —, como el señor Daryl.

Carol siente un escalofrío cuando Sophia menciona a Daryl.
—¿Quién es el señor Daryl? —pregunta fingiendo no estar al tanto de ello.

—Un señor que fue a la iglesia buscando a su amiga Nancy y me enseñó a dibujar una familia dedo ¿Y sabes qué? Se asustó mucho cuando me vio con mi máscara zombie —ríe al recordarlo.

Carol tiene que morderse la mejilla para no verse contagiada por la hermosa risa de su hija. Tiene que ponerse seria.
—¿Qué te ha dicho mamá sobre hablar con desconocidos? —intenta hacerle recordar lo que tantas veces le ha mencionado.

Sophia agacha cabeza.
—Que no lo haga, aunque sean simpáticos, sepan mi nombre y digan que te conocen —repite arrastrando las palabras.

—Eso es, recuérdalo la próxima vez. Puedo perderte, pueden llevarte y que no nos volvamos a ver jamás ¿No quieres eso, verdad? —Sophia niega —. Prométeme que no lo volverás a hacer, ni siquiera con el señor Daryl.

—Lo prometo —asegura mirando a su madre fijamente a los ojos. Aunque no lo entiende, el señor Daryl fue muy bueno, y le enseñó ese juego nuevo que le encanta.

—Ven aquí anda —la invita a acurrucarse entre sus brazos y la abraza con fuerza. Odia reñir a su hija —Eres lo único que me importa en esta vida, te quiero mucho, eres mi amor —susurra contra su oreja.

—Tú también eres mi amor, mamá —devuelve ella que disfruta de volver a sentir los abrazos de su madre. La ha echado tanto de menos. Ahora podrá callarle la boca a Hannah, que decía que su mamá la había abandonado porque no la quería.
Mira sus dedos disgustada.
—Mamá, me sigue gustando más el otro papá —comenta haciendo reír a su madre que le hace cosquillas a traición como castigo.


Daryl se muerde el pulgar mientras espera como siempre, frente a ese prostíbulo de lujo, a que su diosa doble la esquina y le sonría con picardía como suele hacer. Los minutos pasan muy lentos, empieza a pensar que su reloj está estropeado, aunque de sobra sabe que el problema ahí es él y su impaciencia por volver a verla.

Mira hacia la farola donde la vio por primera vez. Sólo han pasado tres semanas de aquello, pero se siente como si la conociera de toda la vida. Hay algo en ella que hace que sienta una comodidad que jamás ha sentido con otra mujer.
—Ahí estás —susurra aliviado al verla.
Ella se acerca lentamente y él la observa perdiéndose como de costumbre en el vaivén de sus caderas y la hermosa curva de sus labios.
Abre la puerta del copiloto y la invita a sentarse.

—Hola, niño rico —saluda ella extendiendo la mano como de costumbre.

—Hola, nena. Veo que estás mejor —se percata él, feliz de que vuelva a ser ella.
Le entrega el dinero y se acerca a sus labios en busca de un beso, que obviamente consigue. 'Besos a previo pago' le duele que tenga que ser así, pero más le dolería no poder volver a probarlos.

—Estoy perfectamente, lista para que me folles, me castigues o lo que quieras hacerme —ronronea sensual contra sus labios, mordiéndose el suyo propio.
Miente, está aún más dolorida que ayer, y los antibióticos le dan sueño.

Algo se mueve en los pantalones de él al oír esas palabras.
—¿Ah sí? Me alegro por ello, ¿Sabes? tengo una sorpresa para ti que creo que te encantará —seduce.

Nancy sonríe ampliamente fingiendo interés. Tiene cero ganas de experimentar con juguetes nuevos.
—¿De verdad? ¿Qué es? —pregunta con un exagerado entusiasmo que ni ella se cree.

Daryl sonríe con ternura ante la emoción de su voz. Es como una niña el día de navidad. Adorable.
—Ya lo verás.
Vuelve a besarla hasta hacerla gemir.
Acaricia su cabello, su mejilla, su cuello... y cuando llega a su hombro y nota el tacto extraño de una gasa cubriendo una pequeña porción de su espalda, recuerda.
—¿Fuiste al médico? —pregunta entrecerrando los ojos dispuesto a capturar su mentira.

Nancy asiente, pero él continúa observándola como si intentase adivinar sus pensamientos.
—¿Qué, no me crees?
Suspira ruidosamente, agarra su bolso de mala gana, abre la cremallera con brusquedad, rebusca en él mientras refunfuña una maldición inaudible y saca un bote naranja.
—Me mandó antibióticos, uno cada ocho horas. Me tomé uno antes de venir ¿Me crees ahora, imbécil? —pregunta molesta, agitando el bote de pastillas ante sus narices.

Daryl sonríe satisfecho y excitado por lo guapa que está cuando se enfada.
—Te creo, perdona. Pero en mi defensa diré que eres muy mentirosa —se defiende —. Ponte el cinturón, anda —pide dándole un último beso antes de iniciar la marcha.

—No miento, sólo oculto información —se defiende.

Llegan a la mansión y Nancy como de costumbre se encamina hacia la escalerilla del garaje que da a la puerta trasera, pero Daryl la agarra del brazo.
—Por ahí no, mi amor. Gregory no está en casa, así que hoy entras por la puerta principal como mi invitada especial que eres —revela con una sonrisa.

Nancy dibuja una media sonrisa.
—Oh vaya ¿Así que he subido de nivel? Guay, pero deja de llamarme mi amor —dice pasando delante de él para dirigirse a la otra entrada —Espera... ¿Esta no será mi sorpresa? Porque es una puta mierda de sorpresa. Me importa tres pimientos entrar por la puerta principal, la trasera o por la chimenea.

Daryl se echa a reír y niega con la cabeza.
—No, te lo prometo, te encantará mi sorpresa, pero primero tenemos que entrar en casa.

Nancy finge una sonrisa satisfecha y reanuda sus pasos.
Ojalá hubiese sido esa la sorpresa...
—Si Gregory con G de gilipollas, no está podrías haber sido un caballero y haberme acompañado tú a la puerta esta mañana en lugar de Rick —comenta, y por la forma que tiene Daryl de llevarse las manos a la cara supone que ni se había dado cuenta de ello —. Eres un despistado, niño rico.
Entra por la puerta principal y recorre los pasillos de la lujosa mansión, seguida de cerca por Daryl.

—¡Ey nena, espera! No tengas tanta prisa, que quiero presentarte a Patricia y los demás —la toma del brazo para guiarla a la cocina, pero ella se detiene y lo mira con desaprobación.

—Paso —dice, y se da la vuelva para continuar su camino, pero Daryl la vuelve a detener.

—¿Pero por qué? Por favor, quiero que te conozcan, les he hablado mucho de ti y le dije a Patricia que te presentaría —intenta convencerla, pero ella se tensa aún más.

—Mira niño rico, yo he venido aquí a follar. Si quieres tener reuniones familiares con charlas de sobremesa te echas una novia —deja claro, y zafándose de su agarre reanuda la marcha, ignorando las quejas de él ¿Para qué coño quiere presentarle a nadie? Ese tío es imbécil.

Daryl la deja marchar sin más remedio y observa como su cuerpo se pierde por el pasillo. Estaba ilusionado con poder presentársela a todo el mundo, que vean lo hermosa, divertida y especial que es, pero tampoco quiere insistir, no le interesa amargarle la noche, además quizás ella tenga razón ¿Qué necesidad hay de presentarla si lo de ellos es sólo sexo? Ni siquiera puede decir que tengan una amistad, apenas la conoce, no sabe nada de su vida, sus aficiones, lo que le gusta, lo que no... y lo poco que sabe de ella duda que sea real ¡Joder, si ni siquiera sabe su nombre!
Echa a correr tras ella antes de que haga de las suyas.

Nancy llega hasta la puerta y sonríe al ver un rostro conocido.
—Hola, grandullón —saluda a Abraham —¿Eres tú mi sorpresa? —pregunta melosa acercándose peligrosamente al rostro de Abraham para acariciar su barba.

—Y dale, que dejes de asustar a mis guardaespaldas —regaña Daryl que llega fatigado a su lado.
La aparta del hombre y la invita a entrar en la habitación.
—En serio, creo que te temen más a ti que a un francotirador.

Nancy ríe divertida y observa detenidamente la habitación en busca de algo distinto, pero no ve nada.
—Bueno... ¿Y mi sorpresa? —pregunta con las manos a la espalda y balanceándose sobre sí misma como una niña pequeña.

Daryl dibuja una media sonrisa.
—Vaya, sí que estás impaciente. Para darte la sorpresa primero tienes que vestirte con algo que hay en el baño. Ve a ponértelo. Yo te espero aquí —indica.

Nancy lo mira a él y luego al baño intentando averiguar qué puede haber ahí dentro.
—¿Es algún tipo de disfraz? ¿De colegiala, tal vez? ¿Me vas a castigar por ser una niña mala, profesor? —seduce con su voz, pero él sólo se encoge de hombros y no dice nada, por lo que no le da pista alguna de lo que puede ser. Así que camina hasta el baño y cierra la puerta mientras le observa con una sonrisa pícara, la cual cambia en cuanto él ya no puede verla.
Se gira lentamente y mira la bolsa que hay junto al lavabo con miedo a abrirla.
—Que no sea un disfraz de colegiala, tú no, por favor —ruega para sí.
Odia a los tíos que les gusta fingir que follan con una menor de edad. Le da igual que sólo sea un papel a interpretar, que le exciten las crías no es nada bueno. Si no existiesen ese tipo de hombres ella habría tenido una infancia feliz junto a su tía.

Abre la bolsa y...

El teléfono de Daryl resbala de sus manos sin que pueda hacer nada por evitarlo cuando la puerta del baño se abre y Nancy aparece vestida.
Sus ojos se iluminan como si fuera la primera vez que ve a una mujer, su respiración se vuelve irregular y su pulso se acelera.
—Estas preciosa —halaga con total sinceridad. Las palabras han salido sin darles permiso.

Nancy se mira de arriba a abajo: Botas negras, pantalones vaqueros y jersey de cuello alto azul cielo.
—Pues yo no entiendo nada, niño rico ¿De qué voy disfrazada?

Daryl no dice nada, no puede. Quiere pensar que va disfrazada de la mujer que hay tras el personaje de Nancy, y es la mujer más hermosa que ha visto en su vida.
—Espera, falta un detalle.
Abre su armario para sacar de una bolsa una chaqueta de cuero
—¿Te gusta? póntela, a ver como te queda.

Nancy agarra la chaqueta y se la coloca de mala gana.
—¿Me vas a decir ahora qué coño es todo esto? —dice visiblemente incómoda.
No le es fácil meterse en su papel sin si vestido rojo, a pesar de que le encanta como le queda la ropa, Daryl ha tenido buen gusto, y huele tanto a nuevo... ¿Cuando fue la última vez que estrenó algo?

Daryl se siente un poco inseguro. Tantas tiendas que ha recorrido para encontrar la chaqueta perfecta para no obtener nada.
—Es sólo que para tu sorpresa tenemos que salir de aquí, y vamos a ir a una zona en la que pasarás mucho frío con tu vestido —explica, pero eso hace que el gesto hosco de ella se acentúe mucho más.

—¿Salir de aquí? ¿A dónde? Daryl, ya te he dicho que por tu bien no pueden verte en público conmigo, no pue...

Daryl la calla con un beso. Lleva necesitando besarla desde que salió del baño. Se le hace extraño sentirla contra él vestida con tanta ropa, pero a la vez es una sensación tan distinta y agradable. Lo hace tan real que hasta olvida de que ha pagado por estar con ella.
—No nos verá nadie, te lo prometo, estaremos solos, tú y yo, bueno y Abe, pero no tengo más remedio que llevarlo.

Ella lo mira aún sin creerlo, pero la forma que tiene de sonreír, su tono de voz y el brillo de sus ojos le hacen pensar que dice la verdad.
—Mira niño rico, como me estés mintiendo te juro que... —y la vuelve a besar en un asfixiante y excitante beso que hacen que sienta un conocido y doloroso ardor en su corazón.
Se convence de que es sólo atracción sexual, la atracción que se siente por alguien atractivo, sólo eso y nada más, lo único que ocurre es que se siente extraña porque está vestida con ropa de diario y no está acostumbrada a ello.

Daryl finaliza el beso muy a su pesar.
—Juro que no te miento —repite.
Toma su mano y vuelve a guiarla al exterior de la casa, esta vez acompañados por Abraham que les abre las puertas de un viejo pero elegante coche transformado en una pequeña limusina que el viejo Alexander solía utilizar para galas importantes.
—se me hace raro ir atrás —comenta Daryl.

Nancy examina el interior del coche, a la caza de los extras que el tío de Daryl le añadió.
—Yo he follado más veces en el interior de un coche que en otro lado, pero nunca he montado en limusina ¿Dónde guardaría tu tío el champán? —pregunta pasando por encima de Daryl para tocar los botones que hay por su lado —seguro que algo de esto abre un compartimento secreto lleno de bebidas.
Uno de los botones eleva un separador de cristal entre chófer y pasajeros.
—Mira, esto nos vendrá bien para follar con intimidad sin que el grandullón nos vea o escuche, pero no es lo que busco ahora mismo. Quiero champán.

Daryl le da un tortazo juguetón en su trasero para que se quite de encima.
—¿Estás loca? Nada de alcohol si tomas antibióticos. Siéntate bien y disfruta de las vistas

—Aguafiestas —resopla, aunque sabe que tiene razón. Le jode no poder tomar alcohol, le ayuda a sobrellevar mejor la noche.

Daryl mira interesado el camino que recorren en ese coche. Odia no conducir él, pero es agradable poder mirar a Nancy y hablar con ella sin miedo a tener un accidente.
Se pregunta si le gustará lo que le tiene preparado, se muere por ver su reacción, su sonrisa amplia, sus ojos brillantes... desea tanto hacerla feliz que el hecho de pensar en ello hace que se empiece a poner nervioso, y más aún cuando ve que se van acercando al esperado lugar.
—Vale, ahora necesito que cierres los ojos.

Nancy, que hasta entonces había estado callada perdida en sus pensamientos, frunce el ceño.
—¿Qué? No, ni hablar.

—¿Pe... pero por qué? quiero darte mi sorpresa.

—¿Y quién me asegura que no pretendes tirarme del coche en marcha y dejarme aquí alejada de la mano de dios.

Daryl siente ganas de arrancarse la cara por la frustración.
—¿Pero por qué demonios iba a hacer eso?

—Yo que sé, quizás creas que sé algo sobre ti que nadie debe saber y necesites quitarme del medio.

No puede creer lo que escucha.
—Dios, ¿Cómo puedes ser tan retorcida?

—La vida me ha hecho así, cariño
¿Cómo narices puede pensar que va a hacer eso? aunque le parece un buen hombre no lo conoce lo suficiente como para confiar en él de esa manera, y menos cuando van por una carretera solitario a un lugar que desconoce.

Daryl mira resignado como han llegado a la zona y resopla. Nada está saliendo como esperaba.
No ha podido presentársela a Patricia, ni ha mirado la chaqueta, ahora no podrá darle su sorpresa como pensaba... En su mente era todo tan perfecto y la realidad es que peor no le puede estar yendo esa noche. Bueno, al menos se ha puesto la ropa.
—Espera un segundo.
Sale del coche, abre la puerta de su lado y la toma de la mano, guiándola de espaldas hasta el lugar, procurando tapar con su cuerpo lo que no quiere que vea. Algo difícil, porque la sorpresa es bastante grande y encima ella es casi igual de alta que él, pero mejor eso que nada.
Se permite unos segundos para ordenar sus ideas y centrarse solo en ella para guardar en su memoria su reacción. Quiere olvidar todo lo que ha salido mal y llenarse de pensamientos positivos para esa sorpresa que está a punto de revelar.
—¿Estás lista? —Nancy asiente sonriente intentando ver por encima de él, por lo que decide no hacerla esperar más —. ¡Te prensento a Madonna! —anuncia, y se retira de su vista.

Nancy parpadea un par de veces y mira lo que tiene frente a ella. Ahí solo hay barcos de niños pijos meciéndose suavemente en las aguas del puerto deportivo.
Se lame los labios antes de hablar.
—¿Se supone que ahora se van a encender unas luces y va a salir la reina del pop a cantar 'Like a Virgin'? porque me parece que te han dado plantón, niño rico.

Daryl se rasca la cabeza un poco avergonzado. Siente como sus mejillas se encienden y un calor sube por sus orejas. Otro fracaso más que añadir a su noche.
—No, Madonna es...es el... el nombre del barco que me dejó en herencia mi tío —explica señalando hacia la embarcación sin atreverse a levantar la vista de sus pies.

—Oh... —comprende ella al fin —. ¿Quien coño llama a su barco Madonna?

—Yo que sé, mi tío que tenía fama de ser más maricón que un palomo cojo —explica frustrado por no conseguir la reacción que esperaba. Sus ojos no se han iluminado, no ha sonreído, y mucho menos se ha emocionado. Menuda sorpresa de mierda le has dado, Daryl.
—Mira, me dijiste que te embarcaste en ese crucero porque nunca habías viajado en barco y te hacía ilusión. Así que había pensado que sería buena idea traerte aquí, montar en mi barco y dar una vuelta para disfrutar de las vistas de Nueva York desde el mar, charlar, cenar y pasar el rato juntos, pero ahora veo que es una gilipollez, lo siento, es una mierda de sorpresa —se disculpa moviéndose inquieto sin saber donde colocar sus manos, y deseando que la tierra se lo trague.

Carol se muerde el labio. Le da hasta ternura ver lo avergonzado y nervioso que está mientras intenta explicar su sorpresa.
La cantidad de 'sorpresas' que pasaron por su cabeza, desde un juguete sexual a un local de intercambio de parejas o mazmorra de sado, y resulta que es un inocente paseo.
Mira ese barco y sonríe. Dará un paseo sin alejarse de la ciudad ni abandonar a su hija durante dos semanas, sólo contemplará las vistas, no pasará los días encerradas en una habitación, comerá algo más que barritas energéticas y estará en buena compañía.
—No es una mierda, me parece una buena idea, me gusta mi sorpresa, niño rico —dice con una palpable sinceridad.

El corazón de Daryl palpita con fuerza y toda la tensión y vergüenza que sentía se va. Ahí está, su sonrisa, sus ojos iluminados, justo lo que quería.
—¿De verdad? —sonríe respirando de nuevo —Mi idea era que cerrases los ojos y guiarte hasta estar en el barco y pedirte que lo abrieras en cuanto zarpásemos.
Extiende su mano para que ella la tome y la guía hasta la pasarela que la llevarán al barco.
No es ni la mitad de grande que el crucero en el que fue, no es más que una embarcación de recreo, pero al menos podrá disfrutar del paseo sin tener que preocuparse de con quién, cuándo y cómo va a tener relaciones.

Nancy se siente un poco mal. Sólo quería sorprenderla y nada más. Quizás debería confiar un poco más en él, pero sólo de pensar en lo que le hizo la última persona en la que confió hace que cambie de opinión.
—Te aconsejo que le cambies el nombre a algo más de machotes, no sé, tipo 'El imán de chochitos' o algo así.

Daryl rompe a reír.
—Sube ya, imán de chochitos.

Abraham retira la pasarela y toma los mandos de ese barco que tantas veces manejó. A Alexander le gustaba alejarse de la costa, tomar el sol desnudo y disfrutar de los placeres de la carne lejos de miradas indiscretas. Su homosexualidad siempre fue un secreto a voces, temía que su negocio y fortuna se fuese a pique si las grandes esferas descubrían su orientación sexual.

Nancy se apoya sobre la fría baranda de acero y cierra los ojos dejando que la brisa marina acaricie su rostro y despeine su cabello.
Le gusta el olor a mar, el sonido del barco contando el agua a su paso...
Le trae recuerdos lejanos de sus vacaciones de veranos en España, pescando en la pequeña barca pesquera de su padre. Su madre odiaba cuando volvían tarde apestando a pescado y quemados por el sol. Lo que daría por volver a oír su voz ordenándole que se meta en la bañera, y la risa de su padre abrazando a su esposa a traición sólo por molestarla.

Daryl la mira ensimismado, no queriendo hablar para no romper la magia de ese momento. Está tan hermosa y elegante a la vez que el mar parece callar ante su presencia.
Se pregunta qué estará pensando, y espera formar parte de esos pensamientos.
Agarra su cámara y enfoca su perfil que eclipsa la belleza de la ciudad de Nueva York.

Nancy le da una pequeña sonrisa cuando escucha el sonido del obturador de la cámara. Hacía años que nadie le hacía fotos, quitando las de carácter sexual para compartir con amigos y fardar de la puta que se ha tirado. Se pregunta el porqué de tantas fotos.
Vuelve a mirar hacia el horizonte, fijándose como las luces de la ciudad se van difuminando.
A lo lejos aún puede ver la Estatua de la Libertad irguiéndose poderosa, mirando sin ver nada, ignorando a la esclava sexual que la observa desde una embarcación.
A pesar de todo el rencor y odio que guarda a la gente de esa ciudad, tiene que decir que Nueva York tiene algo mágico.
De nuevo el obturador de la cámara la trae de vuelta al barco.
—Deberías fotografiar el paisaje, es espectacular visto desde aquí.

Daryl se ve obligado a salir de su trance para hablar.
—Nah, tengo otras vistas más hermosas frente a mí —murmura mirándola con una sonrisa de tonto enamorado que no puede disimular.
Es increíble lo guapa que está así vestida. Es ella, pero la ve y siente tan diferente que le gusta pensar que no es Nancy quien habla, sino la actriz que hay tras el personaje.
—¿Te gusta la ropa? —se anima a preguntar.

Nancy acaricia la manga de su chaqueta.
—Sí, aunque me siento un poco rara vestida con tanta ropa, no estoy acostumbrada a trabajar así —se sincera.
No le hace mucha gracia estar así vestida siendo Nancy, pero teniendo en cuenta la humedad de la brisa marina agradece tener el cuerpo cubierto.

Daryl sonríe sin saber de qué más hablar. Tiene miedo de decir algo que no deba o que de pie a comentarios de índole sexual y que Nancy vuelva, rompiendo la magia que siente ahora mismo alrededor de ellos, por lo que se dedica a hacer fotos y a observarla en silencio.

—Es una lástima que no se vea ni una estrella —se queja con pesar Nancy mirando al cielo.
Eso es algo que echa mucho de menos de su país natal: Las estrellas iluminando la noche.
Se sentaba en el alfeizar de la ventana junto a su abuelo a mirar las estrellas y este nombraba las constelaciones que veía intentando transmitir a su nieta esos conocimientos. Agradece que falleciese antes de ella desaparecer, se le habría partido el corazón al no tener a su única nieta a su lado.

—La contaminación lumínica —suspira Daryl.
Nueva York será preciosa, pero la cantidad de luces que tiene ensombrece la belleza de la naturaleza.
— Algún día te llevaré a Georgia.

Carol arquea una ceja interrogante y gira el cuerpo hacia él.
—¿Georgia? pero si es otra ciudad.

Daryl finge enfadarse.
—Debería tirarte por la borda sólo por decir eso —bromea ganándose una peineta —. Allí tenemos mucha naturaleza. Solía ir de acampada de caza y siempre me sorprendía el hermoso manto de estrellas que aparecía cada noche —suspira nostálgico.

—Suena bien ¿Echas de menos tu vida anterior allí?

—A veces. Echo de menos pasear por los senderos, cazar, mis amistades, el vestir y hablar como me salga de la polla... pero no extraño pasar hambre o necesidades —responde, captando al momento el gesto melancólico de ella —¿Y tú? ¿Extrañas tu hogar?

Carol suspira.
—Todos los días —mira al cielo donde un ave nocturna parece cruzar ese manto oscuro —Me encantaría tener alas y largarme de aquí volando para no regresar —se sincera dejándose llevar por sus sentimientos —, pero luego recuerdo que eso es imposible y pues... —se encoge de hombros y mira sus dedos distraída — Aquí sigo.

Daryl se lame los labios pensativo. Le jode que desee marcharse de allí, cuando ella es la principal razón por la que él aún no ha mandado a la mierda a Gregory y siga allí.
—¿Imposible por qué? Vale, no vas a desarrollar alas, pero poder puedes irte ¿Qué te lo impide?

'Qué no, quién' piensa ella. Por suerte se da cuenta de que ha hablado demasiado y que se está saliendo de su papel, por lo que toma aire, le dedica una sonrisa descarada y recorta la distancia que les separa para colgarse de su cuello dispuesta a detener ese interrogatorio.
—Demasiadas preguntas sobre mi vida privada, niño rico.

Daryl se deja besar y lleva sus manos a su cintura para atraerla más hacia él.
—Lo siento, sólo quiero conocerte un poco más. Eres lo más parecido a una amiga que tengo aquí, y lo único que sé de ti es que te gusta el chocolate, el rock y tu color favorito es el rojo.

—Y que follo como te gusta —ronronea contra sus labios.

Daryl asiente, aunque la realidad es que eso no lo sabe, no está hablando de Nancy, pero prefiere que ella ignore eso, sabe cuanto le molesta que intente indagar sobre la vida de la verdadera mujer que hay tras Nancy.
—Sí, y que no te gusta el sabor a semen y dominar te encanta —añade.
Por un lado de jode que Nancy haya vuelto, y por otro lo agradece, no sabía de qué más hablar con esa mujer desconocida sin que ella se moleste.
—¿Te apetece cenar? —pregunta señalando hacia el otro lado del barco donde se encuentran unos asientos de piel color blanco y una mesa redonda en el centro.

—Uy, cena bajo la luz de la luna y en un barco... si no fuera puta pensaría que intentas conquistarme para que me abra de piernas —bromea al pasar por delante de él para encaminarse al otro lado de la embarcación.

Daryl le sonríe. Quiere conquistarla, pero es su corazón lo que quiere que le abra.
Camina tras ella y se sienta a su lado revelando lo que hay bajo una bandeja.
Hice una lasaña —muestra, pero Nancy lo mira sin creerle —. Bueno ayudé a Patricia a hacerla —sigue poniéndole esa cara —Vale, mentira, en realidad estorbé en la cocina.

Nancy ríe.
—Eso sí me lo creo. Huele bien.
Observa como él le aparta un trozo en su plato. Está humeante y huele muy bien. Que lástima que Sophia no pueda probarla, es uno de sus platos favoritos, siempre celebra las escasas ocasiones en las que el comedor social tienen lasaña de atún. Y los voluntarios del comedor lo saben, así que siempre le ponen un extra.
—¿Me dejarás que me lleve las sobras? —pregunta con un carrillo lleno.

Daryl traga antes de hablar.
—¿En serio? Te he dado tuppers para alimentar a un regimiento.

—Sí, pero lasaña no —piensa con velocidad.

Él se ríe.
—Está bien, chica lista. Lo tomaré como un halago a mi lasaña.

—Sí, sobretodo tuya —bromea ganándose un codazo juguetón.
Carol mira a su alrededor. Un barco, Nueva York de fondo, una agradable cena... Es como una película romántica. Tan perfecto todo que casi parece real.
—Sólo falta que alguien toque el violín —piensa en voz alta.

Daryl pesca ese comentario y se apresura a tomar disimuladamente su móvil y buscar 'música romántica a violín'

Carol le mira sorprendida cuando los primeros acordes de Can't help falling in love de Elvis Presley llegan a sus oídos.
—Vaya, buena elección —felicita.

Daryl no puede controlar su sonrisa emocionada cuando ella lo mira con ese brillo especial en los ojos que nunca había visto antes.
La observa, ella come en silencio, con la mirada perdida en algún lugar del horizonte y poniendo letra con su hermosa voz a esa melodía que suena.
Otra cosa que sabe de ella: Le gusta cantar. Lo hace constantemente, tararea canciones casi sin darse cuenta. Seguro que lo hace cuando está en casa, mientras cocina un pastel de chocolate y escucha a AC/DC, o mientras se ducha, o quizás eso sólo forme parte de la personalidad de Nancy y esté actuando ahora mismo. Quiere pensar que no. A esa mujer desconocida le gusta el rock, cantar, el chocolate, el color rojo y es solidaria con los necesitados, al menos esa es la impresión que tiene tras haber hablado con la niña de la iglesia.
—Le he comprado algo a Sophia —se anima a decir a riesgo de joder las buenas vibraciones que hay entre ellos.

Carol lo mira alarmada, de pronto la comida se ha agriado en su boca.
—¿Que tú qué?

—Sí, cuando te estaba buscando la conocí en la iglesia y me dijo que su madre tenía una amiga que se llama Nancy y me di cuenta de que eres tú—explica con suavidad, por la mirada de leona que le ha echado parece que va a lanzarlo al mar.
Coloca una bolsa sobre la mesa.
—Es sólo una caja de pintura para dedos. Sé que le gusta dibujar.

Carol mira esa bolsa como si estuviese llena de serpientes venenosas.
—¿Para qué le compras nada?

—No lo sé, supongo que porque me veo reflejado en ella. Yo también tuve una infancia difícil, con unos padres que fingían no tener hambre para que mi hermano y yo comiésemos más y que hacían lo imposible para que no nos afectase e ignorásemos el pozo de pobreza en el que estábamos.

Carol calla al escuchar a Daryl. Él se verá reflejado en Sophia, pero ella se ve reflejada en su madre.
—Te agradezco el regalo, de verdad, pero conozco a Carol como si fuera yo y sé que no le hará ninguna gracia que...

—Dile que lo has comprado tú, no me importa —interrumpe —. Sólo quería tener un detalle con ella.

Carol suspira.
Lo observa unos segundos intentando averiguar si pretende algo más con su hija. Lo lanzaría a los tiburones ahora mismo por tal de protegerla, pero sólo se encuentra con una mirada amable y una sonrisa sincera.
—Está bien ¡Pero no le compres nada más! Si quieres ayudar a los necesitados dona a asociaciones —dicho esto toma la bolsa de mala gana y da por zanjado el tema.

—A sus órdenes —dice haciéndole un saludo militar.
Hará lo que pide, pero quien dice asociaciones también dice la iglesia a la que sabe que van Sophia y Carol.
—En cuanto la herencia de mi tío sea 100% mía o yo empiece a ganar mi dinero pienso ayudar como me gustaría que hubiesen ayudado a mis padres, eso te lo aseguro.

Carol sonríe con cierto orgullo al hombre que tiene delante. Le sorprende y agrada su amabilidad y sencillez. Eso sólo puede venir de alguien que no ha tenido nada y ahora lo tiene todo. Ojalá Sophia también tenga su suerte y salga de esa vida miserable que su madre le está dando.
—Daryl... —lo llama con suavidad, fingiendo jugar con su comida en el plato para evitar que lea su mirada —. ¿Alguna vez se lo echaste en cara? —él arquea una ceja interrogante —. A tus padres, el hecho de ser pobres.

Daryl la mira son entender muy bien a qué viene eso.
—No, jamás —responde casi molesto por esa barbaridad de pregunta —. Bueno, cuando era adolescente y estaba en esa etapa rebelde, por no decir gilipollas, sí me enfadaba con ellos por no tener todas las mierdas que se me antojaban, pero por suerte sólo fue una fase y a pesar de todo fui un niño feliz ¿Sabes a quien sí le echo algo en cara? A mi tío por no darnos nada a pesar de vernos en la miseria. No hablo de limosnas, sino de una oportunidad de trabajar aunque sea limpiando sus mierdas, pero ¿Mis padres? Ellos fueron los mejores padres que podía tener. Si volviera a nacer los elegiría de nuevo.

Carol le sonríe, sus palabras le dan mucha tranquilidad. Agradece su sinceridad y por alguna razón siente la necesidad de devolverle ese detalle.
Toma aire y se toma unos segundos para meditar si decirlo o no, hasta que finalmente decide.
—Es el azul —revela, aunque él no comprende —Mi color favorito, no es el rojo, es el azul —aclara pellizcando su jersey para que vea a que tono de azul se refiere.

Daryl siente un cosquilleo recorriendo su espina dorsal cuando le sonríe de esa forma tan pura que lo deja paralizado y en su campo de visión sólo existe ella. No oye nada, no ve nada, sólo a esa misteriosa mujer con esos enormes ojos azules. Azules como su color favorito.
—Azul —murmura como un imbécil al que han hipnotizado.
Sacude la cabeza para salir de ese extraño trance.
—Bu... bueno... ¿Quieres el postre? Lo he hecho yo —ella vuelve a echarle esa mirada —.Vale, casi le saco un ojo a Patricia partiendo avellanas, pero te juro que he ayudado.

Ella se ríe al imaginárselo. Ahora se siente un poco mal por haberse negado a conocer a Patricia, debería haberlo hecho, al menos para darle las gracias por esas deliciosas cenas que ha estado tomando gracias a ella.
Se relame mentalmente cuando ve el jugoso postre de chocolate. Dios, como ama el chocolate.

Daryl hace el ademán de colocar un trozo en su plato pero en el último momento retrocede.
—Mierda —se pellizca el puente de la nariz —Había olvidado que eres alérgica a las avellanas.

—¿Qué? No soy alérgica a las avellanas, te equivocas de puta —Alarga la mano para tomar una porción, pero él retrocede.

Daryl se muerde la mejilla para no reír.
—No, no, recuerdo perfectamente que me dijiste 'Soy alérgica a las avellanas, niño rico' —imita su forma de hablar.

—¡Yo no dije eso, imbécil! ¿Y qué mierda de acento es ese? ¡Yo no hablo así! —se empieza a desesperar. Quiere su postre y ese idiota está jugando con ella.

—No, tengo muy buena memoria y...

No le da tiempo a hablar, Nancy se laza sobre él tumbándolo sobre el sillón de piel y sentándose a horcajadas sobre su cuerpo.
—Deja de hacer el tonto y dame mi postre —dice entre risas arrebatándole el recipiente de las manos tras un pequeño forcejeo.
Toma una cucharada y se la lleva a la boca sin dejar de mirar triunfal a Daryl mientras se come la porción de tarta sentada sobre él. Sonríe disfrutando de ese momento hasta que se fija en la mirada y sonrisa de Daryl. Jamás había visto esa mirada en un hombre, y eso le inquieta.

Daryl siente de nuevo ese cosquilleo recorriendo su espina dorsal.
Ella le mira desde arriba, con el cielo oscuro de fondo y sus ojos azules resplandeciendo como si fueran dos estrellas solitarias en el cielo. La luna llena se ha colocado tras su cabeza dándole un aspecto casi divino y su cabello baila al son de la brisa moviéndose como lenguas de fuego.
—Eres preciosa, mi amor —susurra con total sinceridad acariciando su rostro.

Carol siente un escalofrío ante sus palabras que la llena de nerviosismo y se ve en la obligación de retirarse de encima de él y sentarse correctamente en el sillón.
De pronto se ha vuelto tímida e insegura, como si Nancy la hubiese abandonado.

Daryl se incorpora sin entender muy bien que le ha pasado.
—¿He dicho algo que te haya molestado? —pregunta preocupado cuando ella evita su mirada.

Ella se mira las vendas de sus muñecas como si nunca las hubiese visto antes.
—Deja de llamarme mi amor —murmura.
Quiere pensar que es eso lo que le ha hecho tener esa extraña sensación y acelerado su corazón. Esa palabra y nada más.

Daryl se quiere dar de hostias por haber jodido el momento de forma tan tonta.
—Lo siento, me... me sale solo, perdóname, yo no...

Carol le hace un gesto con la mano para que deje de hablar y toma aire lentamente mientras busca su voz.
—Mira Daryl, sólo hay una persona en el mundo a la que permito que me llame así y se lo permito porque también es mi amor.

Daryl está seguro de que el crac que acaba de hacer su corazón al romperse en mil pedazos ha sido escuchado hasta en lo más profundo del océano, y tiene que llevar una mano a su pecho para cerciorarse de que no está también roto por fuera.
Hay otra persona... otro hombre que la llama mi amor y que la estará esperando en casa para abrazarla. Otro hombre al que le dice te quiero y le da los besos más sinceros.
Hay otro hombre que... no... no hay otro hombre, sólo hay un hombre, ese al que la mujer que hay tras Nancy ama, ese con el que ella comparte su vida, sus sueños, sus anhelos... El que curó y besó sus heridas tras haberlo hecho él, el que realmente la conoce.
Le duele haber tenido que oír eso para recordar cuenta de cual es su lugar en su vida. No es más otro cliente más que paga y recibe, solo que él es gilipollas y se había hecho unas ilusiones tan absurdas que hasta se avergüenza

—Llévame al puerto, se está acabando tu tiempo —dice ella con frialdad.

Daryl mira su reloj. Sí, esas horas en las que él es feliz pensando que tiene algún tipo de posibilidad con ella por esa forma que tiene de sonreírle, mirarle, y besarle está a punto de llegar a su final.
—Sí, claro, Nancy —Se limpia las lágrimas con el dorso de la mano, agradecido de que ella no lo mire y se levanta para avisar a Abraham.

De regreso a puerto no cruzan palabra, en el trayecto en coche sólo una incómoda tensión, en el interior de la casa silencio y la despedida fría como el hielo.
Él no la acompaña a la puerta, ni siquiera le da la oportunidad de ofrecerse, directamente se cuelga del brazo de Abraham y lo arrastra por el pasillo.

Él la observa marchar, mordiéndose el labio y aguantando las lágrimas como puede hasta que la pierde de vista.
Cierra la puerta y se deja caer lentamente apoyando la espalda contra ella permitiendo a su corazón roto liberar ese llanto que lleva todo el tiempo conteniendo.


Hola, muchas gracias por vuestra paciencia, espero que os haya gustado el capítulo a pesar de todo ^^

En el próximo veréis más de Sophia y Carol que no he querido extender mucho en sus escenas para que no me quedase un capítulo muy largo.

Supongo que no hace falta que os diga quien es el amor de su vida ni que es 'esa sensación' que Carol tiene y que tanto le asusta.

Como siempre agradezco vuestros comentarios tan positivos y espero que estéis todos bien.
Cuidaos mucho ;)