Alex
Phoebe y Helga salían de ver una película de terror; a la primera le había costado mucho que su mejor amiga saliera. Los últimos dias para Helga habían sido un martirio constante; le dolía la indiferencia de Alex pero también era demasiado orgullosa para rogarle su amistad y para empeorar las cosas, Arnold la presionaba para que le dijera que le pasaba.
-Helga...- llamó la atención de su amiga
-¿Que pasa Phoebe..?.. me asustas..- dijo al ver la expresión de su amiga
-Bueno.. yo.. yo.. yo quería..- dijo tímidamente
-¡criminal Phoebe!.. dilo de una vez- exigió
-Arnold me pregunto que te pasaba- dijo despacio
Hubo un breve silencio entre las dos, el fastidio de Helga era palpable para Phoebe.
-¿Y?- insistió para que prosiguiera
-Bueno le comente lo de Alex.. yo..-
Ella detuvo su andar en seco
-¡¿Alex?!- dijo abrumada
-¡perdóname Helga.. yo no qui..!-
Los raudos pasos de la rubia la interrumpieron. Phoebe no había notado que había una persona tirada en la acera de un lado de calle, vio a su amiga aproximarse hacia aquel desconocido, sin embargo, cuando ella lo tomó por lo hombros pudo vislumbrar a la persona que estaba tendida en el suelo.
-¡Que demonios!..- bufó Helga
Alex era una persona bastante introvertida e inteligente. Solo mostraba a las demás personas lo que no era en realidad; un chico seguro. Su familia era lo bastante despreocupada para darse cuenta lo que le pasaba a su primogénito, un vicio de manera silenciosa lo estaba consumiendo, sentir la manera tan permisiva y a la vez estricta en la que era criado, ver como la única chica que le gustaba lo había dejado y estar lejos de los únicos seres que estuvieron desde su niñez, fueron factores suficientes para que se entregará al alcoholismo, un vicio que lo mataba silenciosamente a la vista y paciencia de sus padres.
-Ge..Geraldine... ¿eres tú?- dijo a duras penas
Helga sintió el olor a ron que emanaba de su boca, pero eso paso a segundo plano al ver los moretones en su rostro.
-¿Que te paso?- dijo con un dolor en el pecho al ver a una persona tan querida en ese estado tan deplorable
Él volvió a cerrar los ojos. En realidad nunca supo «¿Que le paso?». Salió de su casa rumbo a un parque cualquiera, solo quería despejarse de las frivolidades de su familia, pero en lugar de encontrar paz en aquel lugar solo pudo ver melancolía y soledad. Alex un chico con tanto porque vivir, se encontraba mirando al vacío que hallaba en la vista entre los dos frondosos árboles que estaban delante de él. Su pecho le dolía, sacó una pequeña botella de ron que estaba en el estuche de su guitarra y bebió. Cuando hubo terminada la tercera botella ya no estaba en sus cinco sentidos; lo último que recuerda eran unos tipos que lo estaban golpeando, se dejó golpear, quizá, por la idea estúpida de poder olvidar el gran vacío que tenía en el pecho; era estúpido, sí; sin embargo ya no se trataba de que Helga se haya ido, ahora se trataba de él, se trataba que estaba tan jodidamente deprimido, de sentirse tan solo en este mundo, que la fuerza que le infringían los puñetazos y las patadas no eran nada a comparación del vacío que sentía, «Quiza.. sienta algo», pensó por cada golpe que le daban y así fue, dejo que lo golpearan cual masoquista. Un Alex magullado y mal herido observaba como uno de ellos se llevaba lo único que ahora quería, su guitarra.
Aún con las secuelas de los golpes y del alcohol en su sangre, llevó sus temblorosos pasos hasta donde creía que era su casa, sin embargo trastabilló para quedar tendido en la acera de una calle que no conocía.
-¡Que mierda.. déjame!- le gritó mientras se zafaba y la apartaba con brusquedad
-¡Maldita sea... déjame ayudarte !- bufó Helga
Alex cayó de costado, no podía ni sentarse; estaba ebrio y herido. Phoebe quien se abstuvo a decir algo, ayudo a Helga ponerlo de pie.
Una sombra se posó en el triste rostro de Helga, producto del flequillo y de lo que sentía. Los ojos de su mejor amiga buscaron sus hermosos ojos azules sin embargo solo pudo ver aquella sombra y un traicionera lagrima que delineaba su mejilla. Ambas ayudaron a un mal herido Alex a ponerse de pie y a caminar, la tristeza de aquella impetuosa chica era palpable para Phoebe, aparto la mirada de ella; sabía exactamente que no le gustaba verla llorar sin embargo era imposible no dejar de verla, tan frágil, tan pequeña; la miraba temblar producto de un llanto silencioso. El frágil corazón de Helga sufría en silencio por aquel amigo que había perdido, lloraba por ver en lo que se había convertido; «¿Cómo no pudo ver en lo que se convertía?». Los pasos de ellas junto a los temblorosos pasos de él comenzaron a tomar distancia de aquella esquina sucia donde estuvo aquel joven que solía tener una radiante sonrisa y un peculiar encanto.
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-Yo voy mamá- dijo Phoebe mientras se dirigía a la puerta
Su guapo novio la recibió con una sonrisa encantadora sin embargo al ver la expresión tan deplorable en el rostro de su amada novia se le desdibujo y la reemplazo un ceño fruncido con un halo de preocupación dentro de él.
-¿Qué pasa?- pregunto evidentemente preocupado
Phoebe se apartó para dejarlo pasar, le quito los libros que tenía en la mano y lo llevo a la cocina.
-espera Phoebe..- dijo contrariado al ver esa reacción un poco desconfiada de su novia ya que solía mantener su mirada en la escalera- Ahora..¿Qué pasa Phoebe?- pregunto muy preocupado
-Hel..Helga está arriba..- su voz sonó como un susurro, era evidente que ella no quería que Helga se enterara que Gerald había llegado- ella….-
-¿Le paso algo?...¿Arnold lo sabe?- la interrumpió
-¡Que!,¡No! Gerald escucha Alex ha sufrido un percance y Helga lo está cuidando-
Gerald frunció el ceño, que Helga y Alex estén solos en una habitación no era malo, era muy malo; sentía que ella no estaba actuando bien ya que estaba involucrando los sentimientos de su mejor amigo.
-¿Qué diablos hacen ellos solos?- recrimino a su novia, que ella estuviera cubriendo a su mejor amiga no era muy bien visto por el moreno-¡vamos!, no podemos dejarlos solos Phoebe- tomó la muñeca de su novia con una fuerza innecesaria pero ella se liberó de su agarre
-no Gerald- hubo un breve silencio- esto es más serio de lo que crees..- dijo con preocupación
-Lo único que veo es que Helga no le está diciendo toda la verdad a Arnold- enfatizo- hasta donde sé, ellos están saliendo y no me parece que ellos se vean en secreto..-
-¡cállate Gerald!- regaño con fastidio- ¡tú no sabes nada..!-
Un ruido en la planta de arriba los hizo respingar, ambos se miraron y rápidamente reaccionaron para ir arriba. Ambos se disponían a subir pero los sonidos de la puerta los detuvieron por breves segundos.
-yo voy.. tu abre la puerta- dijo Gerald
Phoebe asintió y Gerald subió rápidamente las escaleras.
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Helga estaba limpiando cada herida del bello rostro de la persona que estaba recostada en la cama de su mejor amiga. Sus mejillas magulladas, la nariz y una ceja rota, su labio inferior lastimado y un gran moretón en el ojo izquierdo. Ella pasaba el paño mojado con las bellas facciones de su querido amigo, cada herida que podía ver, le dolían tanto a ella.
«Geraldine»
Cerró los ojos recordando el tono tan suave de la voz de Alex, esa voz que conoció hace mucho tiempo en un lugar lejos de Hillwood. Cuando abrió sus ojos azules se encontró que Alex empezaba abrir sus ojos.
-des..despertaste- dijo tratando de ocultar lo mucho que le afectaba verlo en ese estado
Cuando vio el rostro de aquella chica que le quitaba el sueño, frunció el ceño trato de tomar distancia pero aun tenia los estragos del licor en su sangre.
-¿Dónde estoy?- dijo un poco desorientado
Ella pudo percibir el olor a ron y sangre en su aliento.
-En la casa de Phoebe, ¿Cómo terminaste en ese lugar?- pregunto inocentemente, sin embargo su tono de voz, ni la intención pudo aplacar el fastidio que tenía por tenerla cerca
-Tengo que irme..- busco irse pero un dolor en la parte baja provoco que se quejara
-¡Criminal Alex!, aun estas muy mal-
-ese no es tu problema, no debiste ayudarme-
Sus palabras viscerales y su el tono ronco de su voz le dolieron el pecho. Alex busco su mirada y la aparto rápidamente al verla asustada y acongojada, con rastros que había estado llorando por el débil tono rojo en su nariz y sus mejillas.
-Que dirá tu novio..- la ironía se hizo presente-.. No debe gustar que estemos solos en una habitación... no vaya a pensarb que..-
Helga frunció el ceño, fastidiada por lo que estaba insinuando- Él no tiene por qué pensar nada.- lo interrumpió ante que terminara de hablar.
-tan segura estas... o mejor dicho..Él debe estar muy seguro, ¿No es así?- pregunto con ironía
Ella no dijo nada, aparto la mirada con un rubor en las mejillas. Helga ya sabía hacia donde Alex quería ir y mentirle no era una opción, él se daría cuenta, la conocía lo suficiente.
-eso no es asunto tuyo- dijo sin verlo
La pequeña y cortante respuesta fue suficiente para que la sangre le hirviera, apretó los puños mientras contenía las ganas enormes de obligarla a contarle cada detalle de lo que había pasado con Arnold, pero, se contuvo; cerro los ojos buscando mitigar la idea sin embargo solo pudo vislumbrar uno de sus peores temores, La chica que amaba se había entregado a otro. Comenzó a negar con la cabeza, la sola idea de que la haya tocado, de que la haya besado de manera indebida y lujuriosa, de que haya estado con ella; avivaron sus peores deseos de destrucción, busco la mirada de ella, tratando de encontrar algún rastro de que no haya pasado lo que era evidente, sin embargo solo se encontró a una Helga asustada por cómo estaba reaccionando.
-Alex...-
El sonido estruendoso de un objeto lanzado a metros de ella la asusto más. Alex había arrojado el reloj que Phoebe tenía en su pequeña cómoda al lado de su cama.
-¡¿Que demonios te pasa?!- dijo molesta mientras se ponía de pie
Alex tenía unas ganas enormes de romper todo lo que se le ponía en frente, apretaba los puños y gruñía. En ese momento Gerald llegaba, miro la puerta entre abierta, pudo ver a Helga que estaba de pie y a un Alex furioso; quiso entrar pero opto por quedarse afuera, si volvía a escuchar otro sonido abrupto entraría sin dudarlo.
-¡¿Que me pasa?!, ¡te acostaste con ese imbécil!- recrimino con furia sin medir si alguien lo escuchara-¡Y me preguntas que me pasa!... ¡Que buscas Geraldine!..¡Buscas acostarte conmigo por lástima!..¡ehm!..¡eso buscas!- su tono ronco e intimidante solo empeoraron la situación
Sus filosas palabras hizo que sus ojos se aguaran, sentía que la delgada grieta de su acongojado corazón se hacía más gruesa. Miraba a Alex, desconociéndolo; nunca pensó que le diría tales palabras, que solo la hacían sentirse como una mujerzuela.
-me tengo que ir..- dijo dolida
Él pudo ver la magnitud de sus palabras, nunca la había visto tan herida y todo era por su culpa. La tomo del brazo evitando que se marchara y la atrajo hasta a él, abrazándola tan efusivamente; pensó que no le correspondería sin embargo sintió los delgados brazos de su amada rubia rodearlo, la sintió llorar, pudo sentir sus cálidas lagrimas que mojaban su pecho, sintió el aroma de su cabellera rubia, se dio cuenta de que estaba más delgada, la sintió tan frágil como nunca había estado entre sus brazos.
-No me importa..-Helga abrió sus ojos llorosos producto de lo sorprendida que estaba- No me importa si te entregaste a él, Geraldine..- la aparto para que lo viera-.. yo te quiero a ti, no a tu cuerpo.. yo te quiero a lo que realmente eres..- Su mirada triste y sincera, solo hizo que el corazón de la bella joven se estrujara más.
La sensación de protección que quería transmitirle le hizo darse cuenta de algo, que a pesar de que ella había estado con otro, solo quería estar con ella. Cuando estaba con ella podía sonreír y ser libre; se echó la culpa por la situación en la que estaban; quizá si él no hubiera optado por tener otra novia, quizá si hubiera resistido la distancia entre ellos, quizá se hubiera quedado con ella.
«¿Quién soy yo?»- pensó amargamente
Y tenía razón, ¿Quién era el?, para juzgar que había estado con otro; Él había estado con otra chica y estaba seguro que Helga lo hubiera aceptado sin ataduras y prejuiciosos.
El sonido de la puerta los obligo a separarse.
-Perdón..- la voz de Phoebe sonó- Él es el medico que atenderá a Alex-
Un señor de unos 50 años hizo su aparición, Helga se apartó disimulamente mientras se limpiaba las lágrimas y se iba de la habitación. Cuando salió, se recostó contra la pared, sus piernas le fallaron, su espalda se deslizo por el muro frio hasta que se sentó en el suelo; Gerald quien estaba al otro extremo recostado y con las manos en los bolsillos, ahora entendida lo que su novia le quiso decir; después de haber escuchado todo y de ver a Helga tan triste, de ver como se abrazaba a si misma; ahora sabía que iba ser muy difícil.
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-Qué bueno que despertaste- dijo Phoebe
-¿Cuánto dormí?- preguntó
-como dos horas, toma- puso delante un té con panecillos
-¡Espera! ¡¿Dónde está Alex?!- pregunto rápidamente poniéndose de pie para ir en busca de su amigo
-Helga, Alex ya se fue- dijo con decepción
En un acto gentil, Gerald llevo a Helga a sentarse en el sofá que estaba en la pequeña sala donde podían ver la televisión; no hablaron de lo evidente, solo se sentaron en silencio; no paso mucho hasta que el sueño la alcanzo a ella.
Después de que el doctor lo revisara, a los 20 minutos Alex salía de la casa de Phoebe, ella trato de persuadirlo para que se quedara pero no pudo evitar él se fuera, vio como Helga descansaba y recordó sus sinceras palabras hacia ella, esto solo avivo sus ganas de irse.
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Las sirenas de la ambulancia, sus luces intermitentes y el bullicio que se escucha en toda la calle, podían ser percibidos para cualquier transeúnte del lugar, Sin embargo, no era si para una temperamental chica de ojos azules. Su mundo estaba en cámara lenta, los sonidos se alejaban de su audición; comenzó a ver borroso producto de sus lágrimas, sus temblorosos pasos la llevaron lentamente hacia donde yacía la escena de un horrible accidente.
«Ese auto..Esa chaqueta»
Mientras más se acercaba, no podía negar lo que estaba ante ella. Podía ver como los paramédicos acomodaban a un mal herido chico en una camilla, Helga miraba el rostro de uno de ellos, al parecer la condición del joven era critica, lo miraba dar órdenes, sin embargo no escucha lo que decía y sus temores crecieron.
-¡Espere jovencita! ¡No puede pasar!- dijo un policía, ella lo miro temblorosa e ida-¿Esta bien?..- pregunto preocupado al verla en estado de shock
-¡Helga! ¡Helga!..-Arnoldo la tomo de los hombros al ver que no reaccionaba
-jovencito, ¿es tu amiga?- pregunto el hombre de la ley
Ellos parecían entablar una conversación, pero Helga solo tenía la mirada puesta en cómo se cerraban las puertas de la ambulancia.
«Alex» Musitó casi imperceptible para los oídos de Arnold. Él la vio ida, triste, en shock.
-¿Que paso?- se atrevió a preguntar al policía mientras acercaba más a su pecho a Helga.
-las primeras pesquisas indican que estaba ebrio y la excesiva velocidad contribuyeron a que perdiera el control de su auto- explicó
-ya veo-
Arnold apretó contra su pecho a Helga, su mano derecha subió hasta donde estaba si sedoso cabello para reconfortarla.
Helga había escuchado cada palabra del policía, no había duda de la persona de quién se trataba, era Alex, su Alex, su hermano, su mejor amigo.
-¡tengo que irme!- se apartó abruptamente del abrazo de Arnold
-¡espera!- la tomó de la mano evitando que se fuera- ¡vamos!- ella solo asintió.
No pasaron ni 5 minutos y ya estaban dentro de un auto. Él quería abrazarla pero ella se mantenía renuente ante su contacto. Una brillante y traicionera lágrima se asomó en el bello rostro de Helga, se observó más brillante porque ella miraba por la ventana y las luces de las calles solo avivan su trasparencia. Una silenciosa tristeza se hizo presente, sin embargo ella reaccionó como era propio de su persona, Arnold se incomodó ante la situación ya que ella ni siquiera quería verlo.
-Helga... ¿Quieres hablar?- su voz sonó sutil y amable
-No- su voz rota sonó inundando el ambiente con un horrible silencio
Él pareció entender lo que sentía, necesitaba darle espacio.
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El auto amarillo se estaciono a la afueras del hospital, el letrero tintineante de color rojo donde decía "Emergencia" los recibió. Helga salió abruptamente del auto, fue tal que la hizo trastabillar al salir. Sus raudos pasos la llevaron hasta el pasillo del hospital y volvió a sentir la misma sensación, todo giraba a su alrededor en cámara lenta y a pesar de haber más personas en el lugar solo podía escuchar cada paso que daba, llegó hasta el recibidor, posó sus manos en el mostrador y miró que la enfermera le hablaba pero ella no podía escucharla.
-¡señorita!..- ella no contestó-.. ¡señorita ¿en qué puedo ayudarla?- insistió
Helga pareció reaccionar ante el último llamado, pestaño varias veces al ver la cara de incredulidad de la enfermera.
-Yo.. bueno.. yo- su voz ida era notoria, pero en ese momento sintió que unas cálidas manos se posaron en sus hombros, ella volteó a ver de quien se trataba.
-buscamos información de un paciente llamado Alexander Jordan..-
Helga no dejó de ver como Arnold la reconfortaba mientras hablaba con la enfermera, Él volteó a verla y le sonrió.
-tranquila, yo estoy aquí-
Su voz suave como arrullo fue lo mejor que pudo escuchar ella, le dedicó una forzada sonrisa y Arnold entendió que ese era un "gracias".
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Habían pasado dos horas, Arnold regresaba con dos cafés en las manos. los doctores le habían sugerido que se marcharán porque Alex estaba en cirugía producto de una contusión en el cráneo, Helga se negó rotundamente. Ella trató de conseguir los datos de los padres de Alex, pero no quisieron proporcionárselos por no ser familiar pero el alivio llegó en ella al saber que los bomberos ya habían notificados a los padres de él.
-toma- le extendió una pequeña taza descartable de café caliente
-Gracias-
Helga miró la hora en su celular, eran cerca de las 11 pm, estaba realmente preocupada; los padres de Alex no llegaban y su querido amigo había entrado a cirugía hace hora y media.
-Tranquila Helga, Alex es muy fuerte.. todo estará bien...-
-¡Basta Arnold!, ni se te ocurra decir que todo estará bien- dijo con fastidio
Las gentiles palabras de Arnold fueron aplacadas por las frías palabras de ella. Él retrocedió en su intento de animarla, respiró hondo; nunca en su vida había tenido que pasar una situación similar.
Helga frunció el ceño al ver a dos elegantes personas que se acercaban hacia donde estaban ellos. Los padres de Alex venían bastantes apresurados, algo preocupados pero lo que más me fastidió a ella fue que su padre estaba en el teléfono móvil desde que lo vio.
-Disculpa, eres la novia de Alex ¿verdad?, ¿Que te han informado?-
La preocupación en la voz de la madre era evidente, pero eso no era suficiente para Helga, endureció la mirada al ver directamente aquella y bella señora delante de ella.
«¿Acaso no conocía quien era ella? Y la llamaba novia»
-¡Los familiares de Jordan Alexander!-
La grave voz de un hombre vestido de blanco capto la atención de los presente en el estrecho pasillo. Helga se deshizo del abrazo de Arnold y fue delante del médico.
-¡Soy la madre de Alexander!- alzo la voz la elegante señora.
Su esposo trataba estaba a su lado, con la frente en alto y el semblante frio, dirigió fugazmente su mirada a su desesperada esposa y la atrajo sutilmente a su lado. El rostro del médico decía muchas cosas, Helga siempre fue buena observadora y esperaba lo peor; Arnold se acercó a su lado, se hizo notar ya que no quería que Helga tuviera la idea equivocada de que estaba sola.
-Cálmese señora- le sugirió el medico al verla al punto del colapso, pero estas palabras parecieron vacías para la madre de Alex - Lo lamento, pero su hijo está muy grave-
Cada palabra fue más dura que la anterior, Helga se descoloco y Arnold le dio apoyo para que no trastabillara.
-¡Que tiene!-reclamo-¡Dígame Doctor, ¿Cómo está mi hijo?!- volvió a reclamar ante el silencio del medico
No era la primera vez que tenía que dar una mala noticia, pero la debilidad del hombre de salud era ver quebrada a una madre y era obvio ya que también tenía hijos.
-Él está en coma, lo lamento haremos lo que esté en nuestras manos-
«Él está en coma»
Esas horribles palabras resonaban una y otra vez en la cabeza de la joven, su visión borrosa producto de las lágrimas la hicieron ver una madre destrozada mientras gritaba «mi hijo, no» sostenida por un hombre totalmente indiferente a la situación. Todo se tornó en silencio para ella, no podía percibir ningún sonido, su mente estaba totalmente ida; alzo su mirada y se encontró con la mirada llena de esperanza de Arnold, sin embargo eso no aplaco todo el silencioso dolor que tenía, su mirada azul llego hasta los labios de él, al parecer estaba diciendo algo pero ella no lo oyó, no podía porque estaba tan perdida.
Arnold miraba a Helga sumamente preocupado, estaba totalmente ida, no respondía a su contacto, miraba como sus lágrimas salían sin control hasta encontrarse en su mentón pero ella, ella parecía no estar allí, parecía que no notaba la manera como estaba llorando; La atrajo hasta él para darle un reconfortante abrazo, cerró los ojos mientras acariciaba su cabello, la sintió temblar y poco su camisa fue empapada por las lágrimas de ella, que si bien estaba llorando desconsoladamente no emitía ningún sonido, la aparto para verla al parecer ella parecía volver en sí, acaricio su rostro y musito:
Tranquila, todo está bien
Tales palabras que tenían las mejores de las intenciones, fueron percibidas por la hermosa joven pero con un resultado diferente al esperado por ella; Arnold vio como el semblante de ella cambio de triste he ido a recriminador y furioso.
Helga al estar en los brazos de Arnold no podía sentirse más protegida, podía sentir su amor, su bondad, sus buenas intenciones, sin embargo las palabras de él la incomodaron mucho, endureció la mirada hacia él, «¿Cómo podía estar bien?»; rehuyó de su contacto y dirigió toda su furia contra las únicas personas a las que podía culpar. Arnold vio como ella se alejó abruptamente de su lado, un poco confundido por el errático comportamiento de su novia, vio preocupado como ella tenía evidentes intenciones de irse contra los padres de Alex y la tomo de la cintura.
-¡Ustedes son los únicos culpables, solo ustedes!- les grito mientras era contenida por Arnold para que no se le acercara.
Los padres voltearon al ver el grito desesperado de la joven, la madre se asustó y su padre parecía no entender lo que decía aquella joven.
-¡Ustedes lo orillaron hasta este nivel, Siempre estuvo solo, lo dejaron solo, Maldición.. Suéltame Arnold!- reclamo
El señor tomo posición delante de su esposa, protegiéndola de cualquier errático impulso de ella.
-¡Cálmese jovencita, deje de ser un escándalo!- recrimino
-¡Él siempre estuvo solo, ustedes no saben de todo lo que ha pasado por culpa de ustedes, no saben nada!-
-Usted esta equivocada, nosotros conoce…-
-¡Cállese!- le grito, interrumpiendo las temblorosas palabras de la madre de Alex-¡Ustedes… Él estaba triste y solo, se refugió en la bebida para olvidar sus traumas… Ustedes que saben, solo le dan dinero para que no tengan que lidiar con sus problemas, él nunca quiso dinero, él los necesitaba a ambos, los necesita a ambos en su vida!-
Esto último fueron directo al acongojado corazón de la señora
-Evite el escandalo señorita..-
Helga se apartó de Arnold, enderezo la postura y lo miro directamente a los ojos al implacable señor que se mostraba calmado.
-¿Es lo único que le importa?, su posición, su dinero, lo que digan lo demás, ¿No es así?- los vio con ironía- ¡Ustedes son unos malos padres!- les grito
-No lo permito que me..-
-¡Que no me permite! ¡Que!, solo le digo la verdad; Alex creció solo y ustedes le quitaron todo- dijo indignada
-¡Basta ya! ¡Soy su madre y no permitiré que me falte al respeto!- tomo posición al costado de su esposo- nosotros conocemos muy bien a nuestro hijo- recalco
-Cálmate Helga..- dijo en tono conciliador
Arnold la tomo del brazo con claras intenciones de llevársela de allí pero ella se apartó de su agarre abruptamente.
-¿Qué saben ustedes?, ¡¿Acaso saben que trataron de abusar de su hijo cuando tenía 8 años?!..- dijo con un gran vacío en pecho
-¡¿Qué estás diciendo niña?!- dijo el elegante señor
Las lágrimas de Helga se tornaron amargas, ladeo la mirada; no deseaba verlos pero ya no podía contarse al ver que pretendían ser "los buenos padres", cuando son todo lo contrario.
-Lo que escucho señor, Alex me lo conto, por eso no le gustaba ir a la iglesia; unos de esos asquerosos instructores de la parroquia trataron de abusar de él; ese maldito trauma, ese maldito recuerdo lo atormenta, siempre lo hizo; cuando dormía en el campamento conmigo lo sentía temblar, llorar y se levantaba gritando y así dicen conocerlo- le dijo mientras negaba con la cabeza
-Eso no puede ser verdad- volvió a negar la madre
-….trato de mitigar sus demonios con la música con cualquier cosas, siempre estuvo allí con ustedes.. y no lo vieron.. las señales estaban allí y no lo vieron… entonces no pretendan actuar como buenos padres, porque no lo son-
La sentencia de la joven fue más que directa, no hubo más que decir, se apartó raudamente dejando muy consternados a los padres de su amigo, mientras que Arnold fue tras ella, temeroso por lo que había presenciado.
La madre de Alex estaba en schok por lo que había odio, sus ojos temblaban ante la cruda verdad, miro a su esposo y él parecía estar peor que ella y luego uno recuerdo surgió.
«Las señales estaban allí» pensó
-Disculpe señora- dijo con mesura la nana de Alex- Señora he notado ciertas cosas que le pasa al niño y bueno yo..-
-¿Por qué lo dices?- dijo mientras se colocaba más labial y prestándole poca importancia
El ceño de mujer mayor se frunció. Había cuidado con tanta devoción a aquel inocente, lo vio crecer, cuido de él en sus peores estados, lo conocía lo suficiente y algo no estaba bien. Desde hace unos días lo vio temeroso, paranoico, dibujaba cosas horribles y aquellas noches frías buscaba cariño de ella.
-Bueno señora, he visto que Alex ha empezado a dibujar cosas muy oscuras, además tiene mucho miedo en las noches y..-
-Es normal que los niños teman a la oscuridad- interrumpió el desesperado pero disimulado llamado de la nana
-pero señora, usted debería hablar con él o quizá ir a un psicólogo…- su voz sonada de regaño
-insinúas que no cuido bien a mi hijo- volteo a verla muy incómoda por los comentarios
-no señora, pero él solo es un pequeño también necesita a sus padres-
-no te pago por comentarios fuera de lugar- su voz despreocupada se endureció
-señora, yo quiero mucho al jovencito Alex, yo podría llevarlo a mi casa… allí podría estar más a gusto; él no quiere ir a la parroquia parece que no le gusta-
Las palabras con las mejores intenciones, no fueron del agrado de la distinguida dama quien enderezo la postura para empequeñecer a la humilde señora.
-si yo creo que lo mejor es que pase su tiempo libre en los retiros entonces es lo mejor- recalco- Soy la madre de Alexander, ese es mi lugar… creo que es tiempo que conozcas en tuyo…-
La humilde señora la miraba empequeñecida, tomo sutilmente su delantal conteniendo todas sus palabras.
La destrozada madre se llevó unas de las manos a la boca, tratando de controlar su llanto, «Si hubo señal» pensó. La culpa bullo en ella al recordar que días después de ese incidente la despidió sin importarles las suplicas de su entonces pequeño hijo; se abrazó frenéticamente de su esposo, quien la sintió tan frágil a su querida mujer.
«¿Qué hemos hecho?»
Pensaron ambos. El dinero no podía llenar lo que sentían en ese momento. « ¿Cuándo fue la última vez que abrazaron a su hijo? O ¿Cuándo fue la última vez que lo vieron sonreír?», su crianza era a tal grado que lo dejaron visitar a una desconocida sin cuestionarle muchas cosas.
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Helga había llegado al estacionamiento. Quería gritar, golpear, destruir muchas cosas sin embargo la culpa inundo su ser, por revelar aquel intimo secreto.
-Helga- Aquella reconfortante voz la llamo pero no le tomo mucha importancia
-Ahora no Arnoldo..- dijo con fastidio
Lo último que quería era escuchar las esperanzadoras palabras de su novio.
-Helga tienes que calmarte, todo saldrá bien.. Además..-
-¡Además que! ¡Que Arnold!...deja decir que todo estará bien ¡Maldición!.. No ves que todo está hecho una mierda..- dijo furiosa
El trato de acercarse pero ella se apartó.
-No debes perder la esperanza, Él se pondrá bien- dijo con un tono de consuelo
Ella negó con la frustración plasmada en su rostro
-¡Deja de ver el lado positivo de las cosas!.. ¡Maldicen!... Alex está en coma ¡Como te atreves a decir que todo saldrá bien!- la rabia y la frustración era palpable para Arnold
-Helga yo…-
-Tu no entiendes- negó mientras lo miraba- jamás entenderás que no puedes arreglar todo con dulces palabras, no puedes arreglar esto Arnold; ¡No puedes!-
Helga se fue de allí, dejando a un Arnold desencajado; la vio irse y con un hueco en el corazón tuvo que aceptar tristemente que ella tenía razón; él no podía arreglar nada.
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Los tristes días fueron pasando, el color de las estaciones se hicieron presentes en los árboles, Helga miraba perdida a través de la ventana de su salón. Desde aquel día algo dentro de ella se quebró, su impetuosa actitud era cosa del pasado, su semblante triste y desgastado era algo que se volvió usual en ella; su única amiga trato de animarla pero era inútil, Helga parecía no querer ayuda, ni la compañía de nadie. Los días donde algún idiota se atrevía a molestarla, su actitud cambiaba completamente a uno impulsivo que le causó más de una suspensión.
Cuando la primera nevada comenzó a caer ya se habían cumplido un mes y medio desde que su mejor amigo cayo en coma, siempre iba a visitarlo a hurtadillas de los padres de él, quien después de ese día no querían verla cerca de su hijo, fue tal el cambio de Helga que sus padres estaban muy preocupados por ella, sus ojeras, su falta de apetito, su delgadez y el poco animo que tenía; fueron las señales concretas para llevarla con su antigua psicólogo, sin embargo, ella parecía encerrarse más que cuando era niña, solo escucha a la doctora Blizz y ella no emitía ninguna palabra. Cuando Bob y Miriam fueron a solicitar información acerca de su hija, la doctora solo atinó a decirles que ella estaba pasando por una depresión y el sentimiento que sentía era "Culpa", este diagnóstico preocupo mucho a los Pataki ya que nunca habían visto así, a su impetuosa hija, si no estuvieron en su niñez ahora estaban listos para ser lo buenos padres que antes no fueron.
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-pasa Gerald- musito Arnold mientras se hacía a un lado para dejar pasar a su mejor amigo
Gerald obedeció, vio el semblante apagado de su amigo. Las cosas no andaban nada bien con Arnold, desde el día del accidente toda relación con Helga fue insostenible, ella lo rechazaba, la miraba llorar pero ella no quería su contacto, la única vez que tuvieron un contacto íntimo se besaron tanto hasta que la mano de él acaricio sutilmente uno de los pechos de Helga, esto fue una ofensa para ella quien creyó que se estaba aprovechando de su estado de vulnerabilidad; Arnold aun recordaba el puñete que le encajo en la mejilla izquierda y desde ese día ellos se alejaron.
-No puedes seguir así viejo, ¡mírate! Luces fatal- regaño Gerald
-¿Por qué tuvo que pasar todo esto?, estábamos bien ella y yo. ¡Maldición!... No me mires así- dijo viendo a su amigo- no es que no me importe del estado de Alex… es solo que.. ¡Ahm!- se tapó la cara con la almohada
-¿Cuánto tiempo ha pasado?- pregunto preocupado Gerald
-más de dos meses-
-Se acerca Navidad, deberías hablar con Helga- sugirió
- no creo que ella quiera verme, no después de que…-
- lo sé, fuiste un idiota- sonrió ladinamente- en serio viejo, deberías insistirle a Helga; ella está mal, peor que tú y lo que empeora la situación es que lo está afrontando sola-
-¡¿Qué?!- dijo sorprendido- ¿Qué dices?, pero ella…-
Gerald negó
-Los padres de Helga fueron a ver a Phoebe, ellos le dijeron que el tratamiento de Helga no la está ayudando…-
-¿tratamiento?, que..-
-Helga está yendo al psicólogo, pero sus padres le insistieron a Phoebe que se acerque más a su hija porque ella está totalmente encerrada en su mundo… de tal forma que está deteriorando su salud- Arnold tomo asiento en su cama, no esperaba escuchar todo lo que su mejor amigo le decía- Phoebe les dijo que ella está siempre a su lado pero Helga había dejado de hablarle y cada vez que tocan el tema de Alex huye y no quiere hablar… Arnie es hora que intervengas, solo tú puedes sacarla de este agujero-
-¡Porque recién me lo dice!- regaño
-tranquilo viejo yo acabo de enterarme, todo el tema con Pataki es un asunto aparte de mi relación con Phoebe, apenas me entere vine a avisarte; me sorprende tu reacción nunca pensé que te dieras por vencido tan fácilmente-
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La nieve caía cubriendo con su helado manto todo Hillwood, era la 1 de la mañana del 25 de diciembre, una intrépida jovencita estaba recorriendo los pasillos de aquel frio hospital; no le fue difícil sobornar alguna seguridad y enfermera, solo quería ver a la única razón que la arrastraba a ese lugar.
Entro despacio como de costumbre, cerró la puerta con suavidad, su corazón se acongojo como siempre lo hacía mientras miraba a su querido amigo allí, allí tendido en una cama, inerte, con una intravenosa y un maldito respirador. Tomo a su asiento a su lado y le tomo la mano, ella tenía la ligera sensación que cada vez que hablaban podía sentir cierta presión de su parte.
Salir de casa fue fácil, un simple "no" fue suficiente para encerrarse en su habitación para no disfrutar de la sabrosa cena navideña.
-hola Alex, ¿Me escuchas?- la pena bullo en ella- Hoy Miriam cocino pavo y Bob trajo un cerdo, sabes… estuve pensando en ti.. Estaba recordando la vez que fuiste a Maine a visitarme..- Dos gruesas lagrimas resbalaron por su rostro- Perdóname- musito antes de recostar su cabeza al borde de la cama para llorar desconsoladamente- Si yo no.. sino me hubiera hecho a un lado.. Tu no hubieras bebido.. tu no hubieras conducido.. tu estarías aquí conmigo disfrutando de la navidad… Soy una mala amiga… Alex…..por favor…. despierta-
Un imperceptible apretón de mano fue suficiente para que ella levantara la cabeza para ver el semblante pálido de su amigo, se limpió las lágrimas y trato de sonreír.
-Cuando despiertes.. estaré aquí para ti.. Te lo juro.. estaré aquí para siempre y por siempre.. Alex.. y ¿Sabes porque?... porque Te amo.. Nunca pensé que el amor fuera tan grande… pero te amo ¡estúpido zopenco! eres mi hermano, mi confidente, mi alma gemela… nunca pensé sentir este tipo de amor por alguien.. y estaré aquí.. para ti-
El llanto de la joven se podía escuchar en el pasillo, los enfermeros de guardia ya la conocían y ver el inmenso amor de ella, solo podía tener compasión y empatía.
Ya bordeando las 3 de mañana, Helga se despertaba lentamente; podía percibir el sonido de los signos vitales de su amigo, sabía que era hora de irse, iban a cambiar de guardia y se iba meter en problemas si otros enfermeros la descubrían. Salió del hospital sin problemas, acomodo su gorro rosa para después meter las manos en sus bolsillos. Cuando se dispuso a seguir sus pasos se detuvieron al vislumbrar a una atlética figura que al parecer la aguardaba a las afueras del hospital.
Arnold la busco en su casa, sabía que era tarde pero no pudo contenerse; tontamente pensó que navidad sería una buena excusa para retomar de nuevo la relación que tenían, cuando llego encontró a una muy presurosa Helga saliendo de su casa, iba a detenerla sin embargo opto por seguirla. Se sorprendió cuando ella llego al hospital trepando la reja del estacionamiento.
«va a verlo» pensó
Decidió quedarse así implicara soportar el horrible frio y las miradas peligrosas de uno que otro individuo.
-¿Qué haces aquí?- pregunto extrañada
Él se acercó muy despacio, no quería asustarla, era lo último que Arnold quería.
-Helga, vine a verte… te vi salir de tu casa y bueno yo..- dijo con timidez
-¿Qué quieres?- su voz cortante y fría fueron el indicio directo que ella estaba sufriendo
-¿Cómo está?..-
Ambos vieron el hospital. Helga bajo la mirada tratando de ocultar todo lo que sentía para luego ladear su cabeza.
-Es tarde, debemos irnos-
Ella paso por su costado, tratando de ignorar la verdadera razón de la llegada de su querido Arnold.
-Deja de comportarte así- la tomo sutilmente del brazo- sé que te duele, y no deberías estar así.. no conmigo- dijo con regaño y frustración a la vez
Él quería que ella le hable, que le grite, que le golpeé; cualquier jodida razón pero que le responda.
-Te he conocido gran parte de mi vida, sabes que quiero ser yo la persona que este a tu lado.. Helga..- ella volteo a verlo- …no tienes que fingir que eres fuerte conmigo, sé que sufres, sé que te duele y estoy más que seguro que si Alex estuviera en mi posición y yo en la de él.. Tampoco te dejaría sola en un momento así..-
Dos gruesas lágrimas resbalaron por las tersas mejillas de ella, se sorprendió internamente de que salieran ya que había llorado tanto que tontamente pensó que no podrían salir más.
-Eres un zopenco, estúpido cabeza de balón- dijo muy triste tratando de esbozar una sonrisa
-Lo sé.. lo sé Helga- asintió
El la apego a su pecho, cerró los ojos; la sintió bastante delgada, sus rubios cabellos maltratados y tan frágil. La apretó más a su pecho y por fin se pudo sentir correspondido al ser rodeado por los brazos de ella y la escucho llorar. Parecía un susurro, pero no, Helga Pataki estaba llorando, de manera silenciosa dando notar el estado anímico, su deprimente estado anímico.
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Pasaron las semanas, desde ese día Arnold no se alejó de Helga; solía acompañarla casi siempre al hospital, siempre aguardaba afuera ya que aprendió a leer sus gestos y expresiones cuando necesitaba privacidad. Los padres de Helga estaban muy agradecidos con él ya que su amada hija mostraba una mejoría al momento de comer y sonreír.
Las visitas a la psicóloga fueron más fructíferas, la compañía de Arnold le hizo tan bien. Sin que Helga se diera cuenta, Arnold siempre preguntaba por el estado de Alex pero los doctores no le daban muchas esperanzas para que despertara. Las pocas veces que ella permitía que ambos entraran, la inseguridad solía rondar su ser, ya que verla tan afligida y destrozada le hacían sentir que ella estaba allí más que el simple amor por un amigo; muchas veces se contuvo de preguntarle ¿Qué era lo que sentía por el?, no era el momento, ni la manera pero a pesar de todo siempre estuvo allí.
Cuando el cumpleaños de Helga llego, las personas cercanas a ella decidieron hacerle una pequeña reunión, íntima. El 26 de marzo celebraron los 17 años de la bella jovencita, hubo una pequeña cena y una torta de chocolate; ella trataba de sonreír y mostrarse poco renuente a la situación, después de todo estaba rodeada de las personas que habían estado a su lado en los momentos difíciles que atravesaba.
El flash salió sellando aquel memorable pero triste momento, Arnold había puesto su mano en el hombro de Helga, Phoebe su buena amiga a su costado, Geraldo al costado de su novia, Miriam y Olga al costado de Arnold y Bob al costado de su esposa. Todos conocían el verdadero estado de Helga, pero ninguno le hizo sentir menos, ni tampoco sintieron lastima por ella, siempre estaban allí, dándole su apoyo, recordándole lo fuerte que era; todos tenían la implícita esperanza que ella estaría bien, después de todo era Helga G. Pataki.
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Era un cálido día de primavera, dos personas caminaban por las aceras llegando al lugar donde siempre solían tomar sus helados. La campanilla de la puerta sonó anunciando su llegada, tomaron asiento en la barra y pidieron sus acostumbrados mantecados.
-Helga, ¿iras a verlo?- pregunto mientras probaba un poco de crema batida
-no lo sé…-pareció meditarlo-… sus padres no le gustan que vaya ha verlo- musito
-Te parece si mañana vamos al cine- propuso con cierta esperanza
-yo..-
-anímate Helga, no has salido desde hace meses, estoy seguro que Alex no aprobaría tu nuevo comportamiento….Helga- culminó con suavidad
Ella fijo su mirada en la barra, le dio la razón internamente a pesar de los incesables esfuerzos de sus seres queridos, no podían aminorar la sensación de vacío en su corazón.
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Helga se encontraba trepando la reja del hospital, después de entrar coloco las manos en sus bolsillos y entro por la puerta de servicio. Desde que sus padres de Alex se enteraron de las visitas de ella, las cosas empeoraron ya que le habían avisado al personal que no le permitirá la entrada, sin embargo muchos le permitían verlo en secreto.
Abrió la puerta con suavidad, los sonidos de los latidos de su amigo y del respirador artificial le dieron la bienvenida; tomo asiento como era de costumbre en la quietud de la habitación.
Su mirada azul, se posó en él; pudo ver su cuerpo delgado, su recién nacido vello facial, la resequedad de sus labios y escuchar ese horrible silencio, ese maldito silencio que se había vuelto habitual entre ellos.
Y era cierto, las últimas visitas se habían vuelto calladas; ella a veces solía solo sentarse por horas y verlo, ni siquiera las lágrimas salían. Cuando se dio cuenta «¿Qué pasaba?», se sintió miserable al sentir que sus esperanzas se estaban perdiendo.
Su mano fue fuerte y llena de vida, ahora era delgada con la piel reseca; El hueco que tenía en el alma cada día era más grande, pero ¿Qué tenía que hacer?, dejarlo ir no era una opción y abandonarlo tampoco.
-Hoy fue a la piscina, sabes… he vuelto a nadar, no sé si te lo mencione… Alex yo he vuelto a escribir- dos gruesas lagrimas resbalaron- te extraño tanto… me he sentido tan miserable, a veces suelo pensar que debo seguir con mi vida, que debo corresponder por completo a Arnold pero.. pero tú me has ayudado tanto… que no puedo seguir.. ¿Qué debo hacer?.. me haces tanta falta..-
La vergüenza inundo su ser, Helga era orgullosa y llorar de esa forma hacían mella en ella; bajo la mirada ocultando el estado de su rostro, Si, parecía estúpido porque nadie la estaba viendo, sin embargo, respetaba la presencia de su amigo.
Un suave apretón de mano fue suficiente para que sonriera, a pesar del estado en el que se encontraba a veces solía sentir a su mejor amigo corresponder sus sentimientos de esa forma, sin embargo esta era diferente; levanto la mirada y sus ojos se abrieron más y su rostro perdió de color.
Unos ojos tan bellos y azules como los de ella la estaban observando, Helga se llevó la mano a su boca por la impresión. Después de tanto tiempo, volvió a ver esa mirada honesta y hermosa de su mejor amigo.
-A..Alex- musito
Él no le respondió, solo le sonrió, eso se podía observar debajo de ese horrible respirador. Un aún muy convaleciente y débil Alex deshizo el sutil agarre de su amiga y dirigió su temblorosa mano al rostro de ella; Helga no podía creer que delante de sus ojos todas sus esperanzas eran hechas realidad. La mano áspera acaricio la mejilla de su amiga y luego se aventuró a acomodarle un mechón que cubría su ligeramente uno de sus ojos.
-no..no llores..Geraldine- dijo a duras penas
Nunca creyó poder ver tan ternura plasmada en el rostro de su querida amiga, la sintió estremecerse a su contacto, la piel tersa y suave aún estaba allí sin embargo la tristeza y la depresión eran palpable para él. La conocía, maldita sea la conocía lo suficiente para saber y asegurar todo lo que estaba pasando; cuando otra gruesa lagrima broto y ella parecía no corresponder a su contacto, se sintió un maldito bastardo al provocarle tanto dolor.
-A..Alex- por fin pudo pronunciar algo, aun conmovida y con las cejas temblando volvió a tomar la mano de él.
Sus miradas se conectaron después de tanto tiempo, se encontraron y el vacío en el pecho de ambos se empezó a llenar poco a poco. Entonces ambos entendieron algo. Que a pesar de que no podían estar juntos con pareja, siempre contarían uno con el otro, y porque, porque el amor es muy grande y tacharlo que solo puede ser intenso y sincero por la pareja, era una mentira. Allí en la silenciosa y quieta habitación, supieron que se amaban, se amaban tanto que no podía expresarse con palabras y que a pesar que ella estaba enamorada de otra persona, el amor que sentía por la persona que estaba delante de ella, era tan real e intenso como el que sentía por Arnold pero era una manera distinta y especial de amar
Continuara…..
Psdt: siguiente capítulo será el último y luego seguirá el epilogo
Saludos :3
