Capítulo II: Hogsmeade

Las salidas a Hogsmeade siempre eran divertidas, y definitivamente eran una de las actividades favoritas de los alumnos de Hogwarts. Las tiendas y sus artículos eran entretenimiento puro para los miembros de cualquier casa, y uno de los sitios más visitados era sin duda la taberna de las tres escobas, famosa por su deliciosa cerveza de mantequilla, aunque también sus otras bebidas como: alhelí, hidromiel caliente con especias, jarabe de cereza, gaseosa con hielo, y ron de grosella, eran sin duda deliciosas.

Allí es a donde se dirigía Harry en compañía de Ron y Hermione, deteniéndose por un merecido descanso después de haber recorrido todo el lugar. Entraron sintiendo el aumento de temperatura y entre todo el humo notaron que estaba totalmente repleto de gente, incluso más de lo acostumbrado, por lo que el bullicio casi les exigía gritar para ser escuchados.

— ¿Pero qué demo...—el pelirrojo fue el primero en demostrar su inconformidad—No puede ser ¿Por qué hay tanta gente en este sitio? ¿No tienen a dónde más ir?

—Tomando en cuenta que la única taberna aparte de esta es ''Cabeza de puerco'', pues no los culpo, después de todo nosotros también venimos aquí por eso—le contestó Hermione, buscando si entre tanta gente lograba hallar alguna mesa vacía, aunque probablemente sería inútil.

—Miren, ¡allí!—el casi grito de Harry alertó a los otros chicos, que giraron sus cabezas para observar como una pareja de adultos que parecían fastidiados con el gentío, se levantaban indignados recogiendo sus pertenencias.

No hizo falta un acuerdo mutuo para que los tres chicos corrieran hacia el puesto arrinconado contra una de las paredes, aunque claramente no fueron los únicos, pues más de uno se hallaba de pie en ese momento. Sin embargo, lograron ser los primeros en aferrarse a la mesa y montarse sobre los taburetes, ganándose algunas miradas desdeñosas de un grupo de Ravenclaws de cuarto año que no habían alcanzado a llegar.

—Si no fuese por sus bufandas habría jurado que son Slytherins—dijo Ron recibiendo un asentimiento de parte de Harry y una expresión de Hermione que le indicaba estar de acuerdo.

— ¿Por qué habrá decidido venir tanta gente? Normalmente suelen quedar algunas mesas vacías—Harry seguía sin comprender cómo es que aquel lugar se había abarrotado de personas, no es que sea malo ni desagradable, de hecho era todo lo contrario, pero durante ninguna de sus visitas (hasta ahora) se había encontrado con tanta multitud.

—No lo sé, quizá...—De pronto, todas las luces del por si oscuro lugar, menguaron hasta dejarse ver solo un leve destello luminoso. Al instante todo el bullicio y el comentario de Hermione, cesó hasta ser inexistente.

En el centro había un espacio concreto en el que no se hallaba ninguna mesa ni objeto, allí se vislumbró a una mujer joven, aparentando unos veinticinco años, de cabello rubio y liso, rasgos simétricos y ojos claros que no se lograban distinguir con exactitud.

—Woa ¿Quién es?—Ron estiraba el cuello para distinguir mejor a la figura femenina puesto que estaban en un lugar bastante apartado, ganándose un pellizco de Hermione—¡Auch! ¡Oye!

De la nada, como haber sido convocados, Fred y George aparecieron y se sentaron a cada lado de Harry—No sabemos, hemos preguntado a todos los que trabajan aquí y nos han dicho que esa hermosura tan solo apareció hace unos días y empezó a cantar—explicó Fred sin despegar la vista de la mujer.

— ¿A cantar?—cuestionó Harry, intrigado.

— ¿Así nada más?—le secundó Hermione que parecía a punto de golpear a Ron si no quitaba esa expresión de embelesamiento.

—Sí—habló George—. Dicen que desde que apareció, el lugar ha empezado a llenarse completamente, por eso decidieron no decirle nada a la chica ¿Y quién lo haría? Yo me escaparía de Hogwarts solo para verla cantar—a su lado, Fred asintió cómplice.

La mujer sostenía en su mano una pequeña lira que empezó a tocar con sus delgados dedos, y un suave acorde comenzaba a escucharse correr por las tres escobas.

Tonto el que no entienda...

En cuanto pronunció las primeras letras de la canción, Harry sintió como a las personas a su alrededor parecía escapársele el aire, incluso sospechaba que a él mismo ¡Era la voz más increíblemente melódica que había escuchado!

Cuenta una leyenda...

De la lira de la mujer, un espeso humo blanco comenzó a desprenderse y parecía formar figuras que fueron volviéndose más nítidas.

Que una hembra gitana
Conjuró a la luna hasta el amanecer...

El humo tomó una extraña forma y se posicionó por encima de la cabeza femenina. Miraba con estupefacción cómo los colores iban apareciendo entre la niebla, formando la silueta de una mujer de cabello extremadamente ondulado en el medio de un bosque, vistiendo ropas extrañas y observando fijamente a la luna, tan hipnótica...

Llorando pedía
Al llegar el día
desposar un calé...

La imagen volvió a distorsionarse y de repente todos tenían la vista fija en la proyección que daba la neblina en lugar de la cantante que entonaba la lira, quien con sus indistinguibles ojos, recorría a los jóvenes, uno por uno...

Tendrás a tu hombre, piel morena,
Desde el cielo habló la luna llena
Pero a cambio quiero
el hijo primero
Que le engendres a él...

Ahora se mostraba en primer plano a la luna; se sentía casi como si fuese ella quien realmente recitaba todo aquello.

Que quien su hijo inmola
para no estar sola
Poco le iba a querer...

Harry y sus demás acompañantes observaban embelesados el cuadro, todo el mundo prestando extrema atención a las figuras que se dibujaban, enfrascados en un trance.

Luna, quieres ser madre
Y no encuentras querer
que te haga mujer
Dime, luna de plata,
¿qué pretendes hacer
Con un niño de piel?

Con todos tan letárgicos a su alrededor, la mujer seguía en alguna especie de inspección, detallando cada rostro que distinguía. Hasta que en una mesa del fondo, detuvo su mirada.

Hijo de la luna...

Harry se vio en la necesidad de apartar sus ojos para ver las expresiones del resto, de las cuales se burlaría después de aquella magnífica presentación. Grande fue su sorpresa al darse cuenta que no podía.

De padre canela
nació un niño
Blanco como el lomo
de un armiño
Y los ojos grises
En vez de aceituna
Niño albino de luna

El humo mostró la percepción de un niño recién nacido, con piel blanca y ojos grises, unas pocas pelusas en su cabeza denotaban cabello rubio platinado, y la forma de su rostro le era extrañamente familiar a Harry.

Maldita su estampa
Este hijo es de un payo
Y yo no me lo cayo...

De la lira empezaron a salir imperceptibles hilos que se alargaron hasta una de las mesas del rincón, pasando por el medio de las personas que parecían no notarlo. Cada vez avanzando más a su objetivo, y al llegar, envolviéndose entre sus dedos.

Luna, quieres ser madre
Y no encuentras querer
que te haga mujer
Dime, luna de plata,
¿qué pretendes hacer
Con un niño de piel?

Harry empezaba a entrar en pánico, sintiendo que no podía ser normal el no controlar las acciones de su propio cuerpo. Percatándose también que a parte de sus ojos, todo él parecía estar inmóvil, tal como un Petrificus Totalus, con la diferencia de que no era plenamente consciente de lo que sucedía a su alrededor, solo estaba la proyección de la neblina y la música. Nada más.

Hijo de la luna...

Los hilos comenzaron a recogerse nuevamente, sin embargo, la persona a quien envolvían empezaba a tomar consciencia de a poco y ejerció resistencia, tratando de no ser arrastrado.

Gitano al creerse deshonrado
Se fue a su mujer,
cuchillo en mano
¿De quién es el hijo?
Me has engañao fijo
Y de muerte la hirió...

Harry vio como lo que relataba la canción se presentaba en el humo, como si fuera una película.
Empezaba a respirar entrecortadamente y sintió la magia acumularse en él, quizá se libraría de lo que sea en que estaba sometido si perdía el control de su magia como en años anteriores. Al menos eso esperaba.

Luego se hizo al monte
con el niño en brazos
Y allí le abandonó...

Con más esfuerzo del que pensó, logró mover su cabeza de su posición. Aun no rompía del todo el hechizo, pero sentía como cada centímetro de su cuerpo recuperaba movilidad lentamente, así que se enfocó en buscar a otro que, como él, se haya dado cuenta del extraño suceso. Y definitivamente lo halló, del otro lado del salón.

Luna, quieres ser madre
Y no encuentras querer
que te haga mujer
Dime, luna de plata,
¿qué pretendes hacer
Con un niño de piel?

Los hilos habían cobrado brillo, un raro destello dorado los rodeaba a medida que ejercían más presión en las manos de su objetivo, y este sentía como si no fuesen solo sus dedos atraídos por las cuerdas de la lira, de hecho, todo su cuerpo parecía envuelto en ellas.

Hijo de la luna...

Tras sus lentes redondos, amplió sus ojos al distinguir a Malfoy atado de las manos por un montón de hilos bioluminiscentes. Al parecer él también había despertado del trance y ahora luchaba contra las cuerdas que insistían en arrastrarlo con la mujer que tenía toda su atención puesta en él, solo que, tal como pasó consigo mismo, su cuerpo parecía reaccionar con lentitud.
Aunque por la expresión de su rostro podía notar que estaba usando toda su energía en no dejarse llevar.

Y las noches que haya luna llena
Será porque el niño esté de buenas
Y si el niño llora
menguará la luna
Para hacerle una cuna...

En la neblina apareció unos intensos ojos grises que poco a poco se cerraban, y entonces Harry vio como Malfoy empezaba a desprender luz plateada de su cuerpo, acompañada de un tenue color verde, quizás emanando su propia magia como recurso para escapar.

Y si el niño llora
menguará la luna
Para hacerle una cuna...

Y en un instante, las cuerdas, la neblina y el hechizo que los mantenía inmóviles, desapareció.

— ¡Ahh!—el grito se escuchó después de que la mujer entonara la última nota y se oyó un fuerte golpe de algo o alguien chocando contra el piso. Harry en cuanto sintió la movilidad de su cuerpo, se puso de pie y apuntó con su varita a la mujer. A lo lejos distinguió a Malfoy siendo ayudado por sus amigos, quienes al verlo irse de espaldas instantáneamente le rodearon.

Después de aquel corto lapsus, los aplausos y ovaciones no se hicieron esperar, por lo que Harry ya no pudo seguir teniendo en la mira a la extraña cantante que en todo ese tiempo no había despegado sus ojos de Draco.

El pelinegro se abrió paso entre la gente, importándole poco si empujaba a alguien o era demasiado brusco, pero cuando llegó al centro la figura ya no estaba allí. Buscó en ambos lados tratando de encontrar a alguien que haya visto lo que sucedió, que se muestre preocupado o con miedo reflejado en su rostro, pero todos parecían satisfechos de haber visualizado a la hermosa chica y su increíble acto.

Todos excepto el rubio que lo veía fijamente desde el otro lado del salón.


Espero les resulte interesante, a mi me ha gustado la trama y por eso por fin decidí publicarla.

Críticas, sugerencias o lo que sea, las recibiré con emoción.

¡Gracias por leer!