Capítulo IV: Curiosidad
Harry nunca había tenido una vida que se considerara normal, desde su estadía con los Dursley a un mago tenebroso persiguiéndolo para matarlo, no encaja con el estereotipo que la mayoría tiene por ''normal''.
Por ello no le sorprendió entrar a quinto año y toparse con que, ya que no habían hallado un profesor en Defensa Contra las Artes Oscuras, Snape ocuparía ese cargo. Y en cuanto a pociones, se presentó un nuevo profesor: Horace Slughorn, quien al parecer ya había impartido clases allí y aceptó nuevamente como un favor a su viejo amigo: el director Albus Dumbledore.*
Hasta allí podría decirse que de alguna forma todo iba ''normal''.
Pero desear un año normal parecía ser imposible en la constantemente interesante vida del elegido.
Había empezado en una de sus primeras salidas a Hogsmeade, un pequeño momento en las tres escobas y todo su año se había enfrascado en un propósito: saber qué rayos estaba pasando con Draco Malfoy.
Muchas veces ya se dijo que aquello era algo que no debía de importarle puesto que no lo afectaba directamente, era un asunto de Malfoy y su importantísima vida donde nadie es lo suficientemente digno como para saber de ella.
Sin embargo...no podía ignorar lo que pasó ese día.
Y no era solo por su ''complejo de héroe'' (como le había indicado Hermione cuando se lo contó) ni sus ganas de aventura (según Ron) sino por el hecho de que, a pesar de que su vida no era precisamente pacífica, tenía sus constantes, bases que le hacían saber que después de todo aún era un humano que podía cometer errores y tener sus altibajos.
Y le gustase o no, Draco Malfoy era un pilar para todo eso.
¿Por qué? Bueno, desde antes de entrar a Hogwarts ya lo tenía identificado, en realidad, fue el primer niño mago con el que habló. Lo conoció en la tienda de túnicas de Madame Malkin's en su porte de niño rico y comportamiento presuntuoso. Después lo volvió a ver en el tren de Hogwarts y luego en el castillo siendo seleccionado para la casa de Salazar Slytherin... desde entonces venía formando parte de su día a día.
Con su sonrisa petulante aquel idiota no podía pasar desapercibido para él, y quizá para nadie más, ya que en todo lado lo único que busca es ser el centro de atención. Siempre molestándolo con un comentario sarcástico o haciéndole una broma de mal gusto, y si por alguna razón ninguna de esas dos cosas pasaba, a la hora de comer de todas formas lo encontraba en su mesa rodeado por su séquito y mandando gestos desdeñosos en su dirección. Siempre. Para bien o para mal (solo lo último a decir verdad) él había sido una constante y formaba parte de su rutina, de su vida diaria.
Por eso—a pesar de que esa rutina no era muy de su agrado—le intrigaba tanto lo que pasó aquella noche en las tres escobas, porque a partir de aquel día, Malfoy había dejado de ser algo cotidiano.
Desde que trató de hablar con él después de lo ocurrido con la misteriosa mujer y su lira, Malfoy no había vuelto a acercarse, ni a él, ni a Ron, ni a Hermione. Ya no los molestaba, aunque eso tampoco impedía que otros Slytherins lo hicieran, pero eran casi nada en comparación a las anteriores tretas del rubio. Y con eso el trío dorado no cabía de dicha, por supuesto. Ya no más bromas, ya no más insultos, ya no más miradas retadoras, y se supone que ya no más preocupaciones en el colegio. Solo estaba el misterioso acontecimiento ocurrido en el bar las tres escobas.
Y así era para Harry, quien a pesar de tener aquel enigma constantemente rondándole la cabeza, empezó a caminar con más confianza por los corredores, ya sin temer que un embrujo zancadilla lo hiciera tropezar en cualquier momento.
Quizá demasiada confianza. Pues, en una ocasión, durante sus habituales rondas por los pasillos del colegio, al doblar la esquina, chocó con Draco Malfoy e instintivamente se puso a la defensiva esperando un hechizo, un golpe, un insulto... algo.
Malfoy frunció el ceño y se tensó casi imperceptiblemente, sin embargo no hizo más que retomar su marcha, pasando de largo e ignorándolo.
A partir de ahí entendió que todo lo que obtendría de Malfoy desde ese momento en adelante, sería la indiferencia en su estado más puro.
Y Harry, claramente, no podía estar más feliz.
Junto a sus amigos rondaba con más frecuencia por los lares de la institución, incluso las mazmorras parecieron dejar de ser ''zona exclusivamente Slytherin'', y la mayoría de alumnos de años menores había comenzado a curiosear por esa área ya que no habían tenido oportunidad por miedo a las serpientes, o bueno, a LA serpiente.
Las cosas no podían ir mejor.
Fue hasta que despertó de un interesante sueño de batalla que tuvo mientras dormía en Historia de la Magia, que sintió que últimamente todo le parecía un poco aburrido.
Y aunque siempre tenía la existencia de Voldemort para atormentarlo, este año no parecía que fuese a suceder algo que lo saque de su actual vida ''normal''. Dumbledore le había indicado que Voldemort no planeaba darse a conocer aún, por lo que estaría ocultándose por mucho tiempo, preparándose para resurgir.
Y la orden del Fénix estaba descartada desde ya, pues para siquiera pensar en unirse tendría que terminar el colegio. Por ello, debía conformarse con tener por fin su bien merecido año de tranquilidad...
*/*/*
Sí, bueno... la tranquilidad no era su fuerte.
Se dijo una vez más que no debería de importarle en absoluto, pero a cualquiera le interesaría saber qué podría ser tan grave como para que Malfoy dejase de ser Malfoy.
Y Harry ha tenido un enemigo que siempre lograba meterlo en al menos el 95% de sus problemas: la curiosidad.
Por eso aguantó tres semanas fingiéndose ajeno a toda la situación de la mujer y su lira-secuestra-estudiantes, pero cuando Malfoy no se presentó en el gran comedor ese día, su curiosidad estalló y la impulsividad tomó el mando.
Ahora le era imposible quitarse de la cabeza lo ocurrido en las tres escobas, por lo que, decidido a tomar cartas en el asunto, pensó en una forma de acorralar a Malfoy y obtener respuestas.
Fue después de su clase compartida de Pociones, se alejó de Ron y Hermione mientras estos discutían, y siguió al rubio, que como siempre, iba escoltado por Crabbe y Goyle. Aprovechó que estaban en un pasillo vacío y dejó inconscientes a ambos, tomó por la túnica a un perplejo Malfoy y lo llevó a rastras al aula en desuso más cercana.
— ¿Pero qué...?¡¿Potter?! ¡¿Cuál es tu maldito problema?! ¡¿Quién te crees para aturdir a...—el rubio lucía alterado y bastante molesto, por lo que su siguiente movimiento fue tener la varita en ristre listo para atacarle, sin embargo, el hechizo de desarme que Harry pronunció la mandó hacía un rincón del aula.
— ¿Quién era la mujer de la otra noche?—soltó sin preámbulos a la vez que lo apuntaba con su varita con un gesto de total seriedad plasmado en su cara (algo gracioso, puesto que un tercero pensaría que la pregunta se debía a un motivo más personal).
Pronto, el rostro rígido que había mantenido el Slytherin, se deformó hasta mostrar una incontrolable ira—Así que era eso, San Potter está buscando la forma de volver a hacerse el héroe—pronunció arrastrando las palabras—,pues déjame decirte que ese no es tu asunto y no planeo decirte nada.
Harry apretó los dientes y de su varita surgieron tentativas chispas rojas, esto provocó que Draco se tensara en su lugar, pero aun así no parecía haber indicios de que fuese a decir algo—Se lo diré a Dumbledore—amenazó sin saber cuál sería la forma más eficaz para hacer que el rubio hablara.
Para su sorpresa Malfoy rió con burla—Era de esperarse, adelante, ve y cuéntaselo al único loco que te creerá una cosa así. Yo lo negaré todo—aseguró con malicia impresa en su cara.
Harry apretó aún más su varita—Eres un...—la frase quedó al aire siendo superada por la sorpresiva acción del contrario.
—Accio varita—en un solo movimiento, la varita de Draco estuvo de vuelta en su mano derecha y sin perder tiempo apuntó directamente a Potter.
El azabache frunció el ceño— ¿Cómo lo...
—No eres el único que tiene trucos bajo la manga, Potter ¡Desmaius!—el hechizo salió disparado en su dirección, pero reaccionó lo suficientemente rápido para realizar un protego.
—Fumus—en cuanto Draco terminó de pronunciar esas palabras, una espesa niebla inundó la habitación, y Harry creyó que estaba perdido, pues sus lentes se habían empañado y no distinguía correctamente las formas. Sintiéndose en apuros recurrió a la plática para así poder detectar la ubicación de su contrincante—Que honroso de tu parte, Malfoy. Obstaculizar la vista de tu oponente. No eres más que un...—cortó su discurso al sentir la punta de una varita en su garganta, la figura alta de Malfoy por fin logró distinguirse entre tanta niebla y la ubicó justo en frente.
—Escucha, Potter—Harry sintió cómo se acercaba hasta estar frente a su rostro—no te metas en cosas que no son de tu incumbencia, no tengo tiempo de aguantar tus caprichos así que más te vale no volver a molestarme o recibirás un obliviate ¿Entendiste?
Harry no respondió, sabía que estaba en clara desventaja. A pesar de que el humo había menguado un poco, estaba el hecho de que tenía una varita clavada en la garganta. Rápidamente trató de buscar una forma de escapar e inclusive se dio el tiempo de plantearse en dejar las cosas tal como están y permitir que Draco se ocupase de sus asuntos, pero... ¿Qué asuntos? ¿Qué era tan importante como para que Malfoy actúe de la forma en la que venía haciendo desde que regresaron de Hogsmeade? (y no es que se quejase, después de todo era un alivio que el rubio haya dejado de molestarlos).
Simplemente la situación le parecía demasiado sospechosa ¿Y si Draco planeaba algo? no había olvidado que es hijo de Lucius Malfoy, un Mortífago bajo las órdenes de Voldemort, lo que sea que estuviera tramando podría relacionarse con él, y Harry no podía permitir que algo así volviese a suceder en el colegio.
—No—bramó tajantemente aun a pesar de no estar en condiciones de contradecir a su oponente.
Malfoy sostuvo más firme su varita, sabía que Potter era tozudo y un total necio, pero eso no quería decir que él cedería, no le importaba que aquel fuera ''El Elegido'' "El-niño-que-sobrevivió" y el favorito de Dumbledore, nunca le ha importado y no empezaría a hacerlo ahora; había comenzado a ignorar a Potter con la esperanza de que este no le reclamase lo que pasó aquella noche en Hogsmeade, y creyó que había funcionado, pero claro, nada resultaba tan fácil si se trataba de Harry-soy-un-maldito-héroe-Potter.
Evaluó sus posibilidades y apartó bruscamente la mano que sostenía el trozo de madera en la garganta del contrario con latente fastidio. Decidiendo cambiar de táctica, esta vez tomó a Harry de su túnica y lo acercó aún más, mirándose desafiantes—No estás en posición de negarte—recalcó como último recurso antes de verse obligado a lanzarle un hechizo desmemorisante.
—Lo sé—Harry apretó su varita en su puño derecho, preparándose para atacar de ser necesario.
Draco gruñó y con la varita en ristre comenzó a decir:— Obli...—y se quedó sin el aire suficiente para completar la frase puesto que Harry le había propinado un fuerte golpe en el estómago.
En ese instante la puerta del aula en desuso se abrió estrepitosamente dejando entrever una borrosa figura a causa del humo, era alta y extrañamente oscura, pero fue la voz y el tono de desprecio empleado en las palabras, lo que hizo que Harry se diera cuenta de quién se trataba—Potter ¿Se puede saber que se supone que está haciendo?—Severus Snape lo observó taladrándole con la mirada a la vez que desviaba sus oscuros ojos a la persona que se doblaba sobre si misma tratando de recuperar el aliento, y que aunque no mostrara su rostro, su inconfundible cabello indicaba a gritos quien era—señor Malfoy—el profesor endureció el gesto— ¿Qué está pasando aquí?
Draco, aun sin recomponerse del todo, se enderezó un poco y se dio impulso para plantearle un puñetazo en la mejilla a un paralizado Harry Potter—Tú... ¿Cómo te...cómo te atreves?—hablaba entrecortado aun sin recuperar el aire anteriormente expulsado a causa del fuerte golpe.
— ¡Malfoy!—el reproche de Snape resonó por todo el salón y el rubio no hizo más que maldecir por lo bajo y plantarse firme ante su profesor— ¡¿Qué es lo qué...?! No importa, hablaremos de esto luego, tus padres están aquí, y usted—miró a Harry quien había terminado en el piso más por el inesperado impacto que por el golpe en sí—estará en detención por un largo tiempo—sin más se dio media vuelta ondeando su capa y Draco lo siguió a paso lento.
—Mierda—soltó Harry en la soledad del cuarto, llevándose lentamente una mano a su boca para sentir la característica textura del líquido vital de todo ser vivo.
Draco le había partido el labio.
No sé porque pero me gustó escribirlos en "su entorno" además nunca leí sobre una pelea que hayan tenido estos dos, y no sé, me gustó xD
Como siempre, críticas, comentarios, gritos y papas, se los agradeceré :3
¡Gracias por leer!
