Capítulo VI: Temor
La clase de DCAO se había vuelto una de las pocas que realmente captaban su atención, y no porque el profesor sea su padrino y buscara beneficiarlo más que al resto de los alumnos. La razón principal por la cual la materia es capaz de llamar fervientemente su interés, era el hecho de que hablara de cosas con las que cada vez se relacionaba más.
—...esto les servirá, no para deshacerse de su temor, sino para enfrentarlo, a menos claro que sean...—Snape hablaba más fluido y seguro que de costumbre, dando una clara exhibición de sus conocimientos en la nueva materia que estaba impartiendo, Draco sin embargo, solo centró toda su atención a una palabra en particular.
Temor.
Cuando el profesor Lupin impartía las clases de DCAO llegó a aborrecer la materia, no es que le fuera mal, pero al maestro le gustaba la parte práctica, y en la práctica siempre se corría un riesgo mayor con grandes probabilidades de errar en algún punto. Su experiencia con el maldito hipogrifo hablaba por sí sola, y definitivamente fue algo que no disfrutó en absoluto, de no ser porque después tuvo más atención sobre su persona y que la cara que puso el semigigante no tuvo precio.
Remontando todo aquello, pensó en la vez en la que Lupin sacó un boggart del armario y solicitó que los estudiantes hicieran el encantamiento Riddikulus, la mayoría de Slytherins se mostraron reticentes y despotricaron en contra del poco respetable profesor (basándose en sus vestimentas obviamente). A ninguno le hacía gracia el tener que mostrar cuál era su mayor temor frente a sus otros compañero, pero tampoco podían ir en contra de las indicaciones del maestro. Uno a uno fueron plantándose frente a la criatura que iba tomando distintas formas, desde un pequeño huracán hasta un feroz león con el cual recordaba vagamente haber hecho una escueta broma sobre Gryffindors. Sin embargo cuando fue su turno, no supo a ciencia cierta que se presentaría ante él, y nunca llegó a saberlo, pues el profesor repelió el boggart y lo volvió a encerrar en el armario diciendo que acabaría con él con ayuda del siguiente grupo (el cual obviamente iba a ser Gryffindor).
Jamás preguntó por qué no lo dejó ver su boggart, después de todo, eso significo un índice menos de humillación comparada a las burlas posteriores que aquejaron a los Slytherins que sí habían sacado a relucir sus miedos, y él permaneció con su respetable puesto de líder intacto. Sin embargo, sí llegó a cuestionarse qué sería su boggart.
La respuesta llegó rápido, pues ese mismo verano lo descubrió gracias a un baúl viejo que guardaban en el piso superior; uno de los cuartos estaba lleno de artefactos tanto oscuros como extravagantes y él había estado buscando algo interesante con lo cual distraerse y poder probar en alguno de sus elfos, el baúl era de tamaño medio, y al abrirlo, ante él se presentó una nube espesa de humo que empezaba a tomar forma. En un parpadeo, un Draco Malfoy de mirada temerosa lo apuntaba con su varita sosteniéndola de manera insegura, y pronto, el arma termino en el suelo.
Rindiéndose.
Fracasando.
Podía entender medianamente el significado de aquella visión tan enigmática, pero aun así... «Mientras otros van por la vida temiendo al señor tenebroso, mi familia le sirve y yo me temo a mí mismo».
Es por demás estúpido e injusto, o bueno, era.
Desde que fue a Hogsmeade estaba convencido de que su boggart había cambiado, ya no sería él mismo fracasando, sino sería él envuelto en hilos dorados que lo arrastraban hacia un destino incierto, pero claro, siempre tratándose de él. Sonaba tan egoísta.
— ¿Draco?—la fina voz de Pansy le llegó como un murmullo lejano—Draco, ya terminó la clase—esta vez las palabras estuvieron acompañadas por un tinte de preocupación.
El rubio parpadeó seguido y se incorporó adecuadamente en su asiento, fijándose en que ya varios alumnos, tanto Gryffindor como Slytherin, se paraban de sus puestos y recogían sus cosas, la clase de hoy había sido teórica, por lo que nadie tenía que acercarse más de lo necesario al profesor para entregar su trabajo, y era un alivio porque de todas formas no había tomado apuntes de nada.
De nuevo.
—Gracias, Parkinson ¿Podrías...
—Sabes que sí—lo cortó antes de que terminara su petición.
La chica lucía el entrecejo mínimamente fruncido, seguramente inconforme por la forma en que la llamó, pero no podía culparlo, él creció llamando por su apellido a las personas e incluso a los niños de su misma edad, y no hacerlo era como si estas fuesen...cercanas.
—Bien—dijo y se puso de pie imitando al resto de sus compañeros—Nos vemos en la sala común—se despidió obteniendo como respuesta un asentimiento de cabeza por parte de la pelinegra y se dirigió al escritorio de su padrino y maestro.
—Estuviste distraído—lo recibió el profesor mientras corregía algunos trabajos, Draco torció el gesto por el breve reproche y se dispuso a continuar con el asunto por el que se había acercado en primer lugar, pero el hombre levantó su cabeza y miró un punto detrás de él— ¿Tiene algún problema señor Potter?—Draco se giró para comprobar si realmente el Niño-que-vivió se encontraba allí. Y en efecto, el Gryffindor seguía en su puesto ''ordenando'' sus cosas en la mochila. Rodó los ojos ante la obviedad de su propósito, estaba claro que seguía en el aula para poder escuchar lo que él le diría a Snape, es decir ¿Quién tarda diez minutos en recoger una pluma y un pergamino?
Le pareció ver a Potter maldecir por lo bajo para después responder:—Ninguno, señor.
—¿Entonces por qué sigue aquí ''deleitándonos'' con su presencia?—el sarcasmo estaba impreso en la pregunta y abarcaba una gran cantidad de desdén. Harry miró molesto al profesor y desvió sus ojos al Slytherin, transmitiendo a través de ellos toda su intriga y frustración.
«Potter es tan transparente» pensó mostrándole un gesto de burla.
El azabache se separó de su mesa cargando su mochila al hombro y cuando ya estuvo en la puerta, Snape bramó:—Y cinco puntos menos para Gryffindor por su comportamiento inadecuado. Creí que ya había aprendido a no entrometerse en asuntos que no le conciernen, señor Potter—pronunció el apellido enfatizando su desagrado y observó atento como los hombros del chico se tensaban para después desaparecer por el pasillo.
Un corto silencio los acompañó hasta que Draco volvió a tomar la palabra—Necesito un permiso para sacar un libro de la sección prohibida.
Snape, sin dejar del todo su fachada de jefe de Slytherin, miró a su ahijado con una ceja enarcada—¿Y se puede saber a qué se debe el repentino interés?—Draco guardó silencio—¿Esto es por la visita de tu Madre?
La rigidez del chico no pasó desapercibida para el audaz maestro—Sí.
Snape esperó por más respuesta, pero el menor de los Malfoy parecía reacio a dar cualquier tipo de información—No te puedo conceder un permiso si no me dices para que lo necesitas—intentó por el método del chantaje, pero contrario a lo que esperó, el muchacho no titubeó en su respuesta.
—Encontraré una forma de hacerlo de todos modos. El que esté aquí solo se trata de protocolo y para evitar problemas innecesarios.
Frunció el ceño. Narcissa le había advertido que a partir de su visita, Draco no iba a actuar precisamente como alguien tranquilo, nunca lo ha sido, pero el reciente despliegue de rebeldía le da un indicio de a dónde se direccionan los futuros comportamientos de su ahijado—Le otorgaré el permiso redactando que lo he mandado a investigar sobre maldiciones imperdonables para recuperar su puntaje en sus últimas tareas, las cuales debo decir, fueron deplorables y estuvieron totalmente fuera del estándar al que usted está acostumbrado—habló con un formalismo sarcástico y dirigió una mueca desaprobatoria hacia su alumno para después escribir algo breve en un pedazo de pergamino—. Y como has dicho, espero no tener que enfrentarme a problemas innecesarios por esto—se permitió el tono informal para recalcar su punto y Draco por supuesto lo entendió.
—Así será, profesor—arrastró más de la cuenta la última palabra y añadió—De todas formas no creo ser yo quien cause esos problemas—no explicó lo dicho y se alejó hacía la puerta ignorando la circunstancial mirada que su padrino le dirigía. Una vez en el pasillo volvió a escuchar el casi inexistente sonido de pasos, normalmente no se habría dado cuenta si estaba en los pisos superiores, pero en las mazmorras los sonidos se amplificaban al ser un espacio tan cerrado, y eso al parecer era un detalle que Potter no había tomado en cuenta al estar tan ocupado pensando en cuál sería la forma más fácil de entrometerse en su vida.
Continuó caminando como si se estuviera dirigiendo a la biblioteca, pero al toparse con un aula en desuso decidió que ya era tiempo de dejar en claro unas cuantas cosas con "El Elegido". Por ello, sin previó avisó, giró y gritó:— ¡Petrificus totalus!—nadie rondaba por ese corredor, por eso nadie pudo haber oído el sonido hueco de alguien estampándose contra el piso.
«El muy idiota se ha puesto justo detrás de mí, ni siquiera espiar puedes hacerlo bien, Potter». Se concentró en el suelo tratando de buscar una irregularidad y tanteó con el pie al no encontrar nada. De pronto, sintió que pisaba algo pequeño y se agachó a comprobar con las manos; reconoció al instante la textura de una manta y la jaló hacia si descubriendo el cuerpo de Potter—Mobilicorpus—Miró de nuevo a ambos lados del pasillo y supuso que para que ningún Gryffindor haya aparecido hasta ahora, era porque el cuatro ojos no les habría dicho nada a sus amigos.
Lo levitó hasta estar dentro de la habitación y suspiró sonoramente al cerrar la puerta. Había pensado mil y un formas de deshacerse del moreno, y pensándolo bien obliviatarle no era del todo seguro, pues si cometía el más mínimo error el mundo mágico entero se le vendría encima por dañar a su salvador, viéndolo así tenía más contras que pros y por eso recurrió a una táctica que no habría cruzado por su mente Slytherin de no ser porque vio realmente la preocupación que embargaba a su madre; no había tiempo para riñas estúpidas. —No pienso atacarte, así que cuando deshaga el hechizo tu tampoco lo hagas—ya había comprendido que la violencia con Potter no tenía frutos y solo lograba atraer más su atención. Era como un masoquista empedernido—Finite—Harry se levantó lo más rápido posible y apuntó directamente hacia Malfoy, había desconfianza en su mirada pero no parecía dispuesto a atacar—Ignoraré tu desvergonzado intento de espionaje y que más encima me estés apuntando con tu varita, así que dime ¿Qué es lo que quieres?—frunció el ceño al decir todo eso, tratar con Potter no era para nada de su agrado, era difícil contener sus ganas de hechizarlo y hacerle pagar por más de una humillación que le ha causado, pero para su pesar, aún en esas circunstancias el azabache le llevaba ventaja, todo un mundo mágico de ventaja para ser exactos.
Harry parpadeó perplejo ¿acaso Malfoy estaba tratando de hablar con él?
El rubio torció el gesto y juntó aún más sus cejas por el mutismo del otro. Maldita sea, él trataba de solucionar las cosas por las buenas (y eso solo porque la situación lo forzaba), no estaba para aguantar el retraso cerebral que parecía estarse apoderando del elegido. Se replanteó nuevamente su idea y contó hasta diez. Su objetivo era saciar la curiosidad del pelinegro a base de mentiras, lo que sea para que le dejase en paz, de lo contrario tendría a esa alimaña siguiéndolo hasta el baño y en estos momentos no le convenía, no cuando estaba preocupándose lo suficiente con un gran problema como lo era la inestabilidad de la magia de su madre y los recientes acontecimientos en las tres escobas. De alguna forma sentía que ambos sucesos estaban enlazados y quería comprender cómo.
¡Pero la jodida presencia de Potter acosándolo a donde quiera que iba no lo dejaba tranquilo!
— ¿Nada? Bien—Draco se giró de nuevo hacía a la puerta queriendo forzar una reacción de parte del Gryffindor.
— ¡Espera!—y lo logró, de forma bastante impulsiva pero lo suficiente para dar pie a un desenlace— ¿Quién era esa mujer en Hogsmeade?
Draco aguantó las ganas de rodar los ojos. Él estaba resistiéndose a ser arrastrado por un montón de hilos salidos de una lira ¿Qué le hacía pensar a este idiota que conocía a la causante de todo eso?—Es una mujer que conocí en un viaje de trabajo con mis padres, fue amiga de mi madre pero después su negocio se vino abajo porque mi padre se adueñó de sus propiedades, supongo que quiso tomar venganza conmigo pero ya has visto que no resultó—la idea la dijo sin titubeos y con absoluta seguridad, escondiendo el resto de sus emociones tal y como se le había inculcado.
— ¿Venganza?
—Sí, Potter, escuchaste bien ¡bravo! Ahora, metete en tus asuntos, ya no te quiero ver más rondándome cerca, eres exasperante—abrió la puerta y salió dejando atrás la curiosidad del Gryffindor y su molesta presencia en una misma habitación. Todo esto lo estaba hartando, un dolor de cabeza se hizo presente como en días anteriores. Ya no tenía fuerzas para burlarse de las demás casas, ni para enfocarse en ganar puntos para la suya, ya ni siquiera consideraba el quidditch como algo que debía formar parte importante de su año escolar, de ser así perdería tiempo esencial para investigar todo lo que estaba sucediendo en torno suyo.
No hacía falta ser Ravenclaw para asumir que este año no iba a ser fácil para él.
Una especie de sensación vertiginosa había calado en su interior desde el instante en el que se vio sumergido en el hechizo de la mujer, y estaba fúrico por ello, esa clase de cosas extrañas solamente le sucedían a sujetos como Potter, no a él, ¡No a él, maldición!
— ¡Malfoy!—escuchó el grito esparciéndose rápidamente por todo el desierto pasillo formando un eco. Draco ya harto, se giró apuntando con su varita directamente al pecho de Potter que había salido con la intención de frenarle. Harry se detuvo y lo miró desafiante.
—Debes ir con Dumbledore.
Si Draco no volvió a pegarle en ese instante, fue porque recordó que solo los muggles peleaban de esa forma, y ya suficiente tuvo con haberlo hecho una vez.
—Mira, Potter, tú no eres nadie para decirme qué hacer, y estás loco si crees que yo voy a ir con ese viejo imbécil que se hace llamar director de este colegio—estaba alterado y ya no le importó los resultados. Él lo intentó, en verdad intentó deshacerse de él por las buenas, pero si el estúpido cara rajada no le daba otra opción...—Oblivi...
Su intensión y su hechizo quedaron cortados, incluso el expelliarmus que iba a conjurar Harry quedó en el vació interrumpido por una melodía bien conocida.
Tonto el que no entienda
Cuenta una leyenda
Que una hembra gitana
Conjuró a la luna hasta el amanecer...
— ¿Malfoy?—Harry, entre alarmado y extrañado buscó el origen del sonido; venía de todas partes, ni siquiera hacía eco en las paredes del pasillo, era una melodía perfecta con una voz dulce que pronunciaba las palabras como un instrumento musical de viento, bajo y claro...
—Ho-Homenum revelio—Draco trató de no tartamudear para realizar bien el hechizo, el cual se expandió como una onda a su alrededor y no hizo más que brillar intensamente alrededor de Potter. Lo que sea que estaba allí, cantando, no era humano.
Llorando pedía
Que al llegar el día desposara un calé...
Harry sintió la magia rodearle y miró inmediatamente a Draco, entendiendo perfectamente lo que significaba que el hechizo antes realizado no le señalara nada más que a él.
Tendrás a tu hombre, piel morena
Desde el cielo habló la luna llena
Pero a cambio quiero, el hijo primero que le engendres a él...
—Tengo que salir de aquí—habló para sí mismo Draco, espantado, y salió corriendo en dirección contraria a Potter tratando de ignorar los cuchicheos de los cuadros que adornaban el pasillo y que miraban a los lados buscando el origen del sonido.
— ¡Malfoy! ¡Espera!
Que quien a su hijo inmola
Para no estar sola, poco le iba a querer...
Para su mala suerte el Slytherin resultó ser rápido a pesar de nunca haberlo visto correr. En cuestión de minutos ya lo había perdido de vista al doblar por un pasillo que dirigía a distintos caminos, intentó oír el sonido de las fuertes pisadas, no debía ser tan difícil dado que todo parecía estar alarmantemente despejado, ni un alumno deambulaba a esas horas, seguramente todos, incluido profesores, estarían disfrutando de un delicioso almuerzo en el gran comedor, entonces ¿Qué hacía él allí? Malfoy ya lo ha dicho, no es su asunto y no quiere intervención de ningún tipo, pero a pesar de eso no podía borrar de su cabeza la expresión de terror que se formó en el puntiagudo rostro antes de que saliera corriendo. Era algo grave, seguramente todo esto se trataba de algo muy grave y Malfoy lo sabía, pero la tonta serpiente orgullosa se creía demasiado bueno como para lidiar con eso él solo.
Luna quieres ser madre
Y no encuentras querer que te haga mujer,
Dime luna de plata
¿Qué pretendes hacer con un niño de piel?
La tonada no desapareció a pesar de haber recorrido una gran distancia, parecía que estaba albergando todo el castillo.
Hijo de la luna...
Y de repente, se detuvo.
— ¡Malfoy! ¡Malfoy contéstame maldita sea!—una inesperada preocupación se estaba formando en su estómago, le sucedería lo mismo si se tratara de cualquier otro ¿Cómo quedarse tranquilo mientras una mujer extraña y aparentemente inhumana persigue a un alumno? Y no quería pensar con qué fines. Además, tratándose del hijo de Lucius Malfoy, podría existir una vaga posibilidad de que Voldemort se viese involucrado en todo esto aunque no le sonara lógico.
Recorrió el pasillo a su derecha, siendo el que estaba a más fácil acceso y por el cual Draco correría sin tener que refrenarse para virar, sin embargo nada se oía ni remotamente cerca. Podía distinguir el barullo del gran comedor al estar un piso sobre el, e incluso se distinguían a unos Ravenclaw que debían estarse dirigiendo a sus respectivas salas comunes o hacía la biblioteca. Aparentemente ya la mayoría terminaba de digerir sus alimentos y buscaban entretenimiento hasta que llegara la hora de irse a acostar.
Todos totalmente ajenos a lo que había sucedido hace apenas unos minutos: la música sonando de la nada y la luz lunar filtrándose más radiante que nunca por los inmensos cristales...
Un momento.
Harry se aproximó al alfeizar de una ventana que había en ese pasillo y se sorprendió al comprobar que, en efecto, la luna se veía mucho más hermosa y brillante que de costumbre, era absolutamente luminosa, lo suficiente como para ser apreciada pero no tanto como para verlo como algo paranormal. Aunque Harry sabía que lo era.
Desesperado, se apresuró a llegar al gran comedor antes de que sus amigos se fueran, necesitaba decirles, contarles...
Draco Malfoy había desaparecido.
*/*/*
La magia era curiosa en más de un sentido, desde convertir una fruta en un mueble hasta cambiar el sonido que emitían los instrumentos musicales.
Las finas cuerdas de la lira que tocaban una melodía en ese momento, salían oyendose como notas de piano, con la suavidad y acústica característica de tan espectacular instrumento.
...nació un niño
Blanco como el lomo de un armiño
Y los ojos grises, en vez de aceituna...
Una mujer deslumbrante sentada en la llanura de un claro llevaba delicadamente sus manos a la melena rubia blanquecina que reposaba por encima de su regazo. Se fijó en los trazos de aquel rostro, finos y elegantes, la tonalidad de su piel era simplemente pura y perfecta. Más desearía ver el matiz de sus ojos que apenas y pudo apreciar unas cuantas veces cuando era observada en aquel lugar tan concurrido.
...niño albino de luna—cantó dándole fin a la música, la lira dejó de sonar y solo se escuchó el crujir de las hojas de los árboles más el rugido de una que otra bestia del bosque.
La mujer se agachó para depositar con sus fríos labios un casto beso en la frente del muchacho y cerrando los ojos disfrutó de la sensación de tener un cuerpo humano entre sus brazos. Había pasado tanto tiempo...
—Draco—murmuró al apartarse apenas unos centímetros, en la mente del chico había visto muchas cosas: su infancia y la mujer que suponía era su madre—Regresaré por ti—le susurró en el oído—. Aun no es el momento, querido—y así, desapareció. Dejando el cuerpo reposando acogedoramente contra el pasto, cubierto por una calidez paradisiaca.
Esa noche ninguna criatura se presentó por esos lares, todos asustados por la increíble barrera de magia que rodeaba el lugar.
Bueno, como me falta poco para terminar el siguiente capítulo me tomé la libertad de publicar este xD
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Críticas, comentarios y blablabla ya saben.
¡Gracias por leer!
