Capítulo VIII: Alejarse
—¡Harry! ¿Qué sucedió? ¿Estás bien?—Hagrid llegó por el mismo sendero que él había atravesado—Hay algo raro en este ambiente, Fang no ha querido cruzar hasta acá.
El pelinegro asintió—Ningún animal se ha acercado—dijo refiriéndose a las bestias que evitaban el bosque prohibido y lo propensas que eran a buscar humanos como presas.
El semigigante notó la figura en el suelo y se acercó con la intención de cargarlo— ¿Estaba así cuando lo encontraste?—preguntó antes de que la barrera que se opuso ante Harry también se lo impidiera— ¿Qué...
—Sí. Bueno...despertó un momento pero vio...pero se desmayó de nuevo—frunciendo el ceño se dio cuenta que decirlo sonaba aún más extraño que haberlo vivido.
— ¿Tenía esta...barrera?
—No, apareció después.
Ambos guardaron silencio, sopesando las opciones.
— ¿Intentaste un Mobilicorpus, Harry?
—Todos los hechizos rebotan contra ese escudo—respondió sintiéndose incómodo ¿Y qué tal si nunca hallaban la forma de deshacer la barrera? ¿Draco despertaría? ¿Estaría sumergido en una especie de encantamiento?
Repentinamente un suspiró salió de la boca de Malfoy y este empezó a emitir una luz plateada, era un brillo que se desprendía de su cuerpo y llegaba hasta los límites de la ''caja'' haciendo más notoria su forma.
Hagrid, con curiosidad, volvió a tocar la caja y una fuerte descarga se desprendió de uno de sus lados dejando un hoyó con pasto quemado en el suelo. La sensación de magia se hizo más potente.
Harry parpadeó sorprendido. Todo eso... ¿lo estaba provocando Malfoy?
No podía ser, el idiota ni siquiera empleaba un protego correctamente ¿O si lo hacía? No podía saber a ciencia cierta las habilidades mágicas del rubio, si se valía de trampas y engaños era porque no era tan bueno ¿Verdad? Aunque por otro lado, si tenía tantos seguidores también debía de ser por una razón.
—Creo que deberías llamar al profesor Dumbledore, Harry—el hombre lucía un semblante preocupado, seguramente distinguiendo la gravedad de la situación ¿Hagrid ya habría visto algo como aquello? ¿o en el mundo mágico ya todos sabrían lo que estaba ocurriendo, menos él, que había vivido once años de su vida alejado de todo?
Se puso de pie dispuesto a cumplir lo que se le había pedido, pero sus piernas no se movieron. Miraba atentamente a Malfoy, o a lo poco que se distinguía de él, pues la bruma se había vuelto más espesa y ocultaba el cuerpo a los ojos de cualquiera.
— ¡Harry!—escuchó cómo Hagrid lo llamaba.
Permaneció en su sitio ¿Y si se iba y algo ocurría? ¿y si en el tiempo que buscaba a Dumbledore, Malfoy volvía a desaparecer? ¿Y si...?
De pronto, la bruma que rodeaba a Draco desapareció en un chasquido y Harry de alguna forma supo que la caja también. Se acercó al rubio y toco su brazo para comprobar que ya nada le obstaculizaba el paso, pero al momento de hacerlo una corriente lo atravesó haciéndole sentir esa sensación de magia de forma más palpable. Se apartó bruscamente cayendo de espaldas y apenas sosteniéndose con los brazos.
Draco despertó de un tirón y al instante se sostuvo la cabeza, sentía como si hubiesen aplicado legeremancia sobre él por 9 horas consecutivas. Había una parte de su cerebro que le indicaba que algo había cambiado pero no sabría decir qué. Se sentía igual, pero de alguna forma algo faltaba...
— ¿Malfoy?—su nombre siendo pronunciado lo sacó del estupor y levantó la vista para encontrarse a Potter y al guardabosques viéndolo expectantes.
Malfoy, Malfoy...su apellido, su legado...ya no lo sentía como tal. Se restregó la cara con las manos. Definitivamente, algo faltaba.
Mientras tanto, a kilómetros de allí; en el tapiz de Griammuld Place y de Malfoy Manor, uno de sus integrantes desaparecía del árbol familiar...
...
Toda su vida creyó controlar en lo que se convertiría, por un buen tiempo estuvo presente la opción de ser mortífago, de hecho, aún seguía latente en alguna zona de su cabeza. Sería el mortífago más joven, su padre le aseguraba que el señor tenebroso incluso le tenía en una buena posición y que en cuanto formara parte de sus filas sería uno de los más galardonados solo por ser quien es: un Malfoy.
Su apellido y linaje siempre le trajeron ventaja sobre otros, el dinero, la posición social, talento innato, elegancia y porte, poder...
Aquel último era lo que más le enorgullecía, podía jactarse de tener más poder que muchos de su casa sin siquiera demostrarlo, pues ser un sangre pura representaba una generación entera de magos poderosos, al menos de parte de la suya, ya que Longbottom parecía de descendencia más muggle que mágica, quizá esos mismos lazos fueron los que lo salvaron de ser enteramente squib. El punto es que justamente por su confianza en ser mejor que otros, no se había tomado tantas molestias en esforzarse en sus encantamientos, hechizos y demás. Simplemente los hacía y si alguno resultaba complicado, aplicaba más cantidad de magia y obligaba a que fuera como él deseaba, aunque el resultado muchas veces termine viéndose igual de forzado.
La precisión era igual de importante que la magia y se venía a dar cuenta ahora ¿Por qué? Porque no pudo hacer nada cuando aquella mujer se plantó en frente suyo y con apenas un toque lo dejó en la inconciencia para después abandonarlo en medio del bosque prohibido, con miles de bestias hambrientas. Fue una suerte que lo encontraran con todas las extremidades en su lugar.
No tenía su varita ¿Qué habría hecho si un animal feroz se le acercaba? Nada, porque no sabía hacer nada sin su varita, y aún menos sin su magia.
Pateó una piedra mientras caminaba tras el corpulento cuerpo del guardabosques que les habría paso entre la espesa vegetación, estaba seguro de que si un árbol le interrumpía el sujeto lo empujaría y derribaría sin más, aplicando un mínimo de fuerza...
Basta, estaba hartándose de su repentino momento de revelación ¿Qué si no podía vivir sin magia? Él era un mago, era parte de sí depender de ella. Por eso el único encantamiento que se vio en necesidad de aprender por su cuenta era el accio sin varita, y solo para atraer justamente ese objeto, tal y como lo había demostrado durante su pelea con Potter.
Potter...ese era otro asunto ¿Por qué tenía al elegido siguiéndolo a todas partes? Incluso en ese momento caminaban a la par detrás del semigigante ¿Qué pretendía? ¿Adueñarse de su protagonismo y ganar crédito como en años pasados? Si por él fuera le regalaría su actual posición, no necesitaba que una mujer extraña lo persiguiera con quién sabe qué fines, intentando raptarlo y cambiando cosas dentro de sí.
No. Esas cosas solo deberían pasarle a héroes empedernidos como el-niño-que-sobrevivió, no a él, que aborrecía tales ''actos de valentía y honor'' que en realidad eran simples actos suicidas disfrazados.
Se preguntó si esto que estaba viviendo no era una especie de Karma por despreciar los logros del "elegido" ¿De verdad todo se ponía de parte de ese cabeza de estropajo? De ser así empezaría a andar con cuidado. Realmente no entendía todo lo que implicaba el asunto de Potter, pero sin duda ya rozaba lo sobrenatural: sobrevivir a un Avada del señor tenebroso, detener su regreso en primero, enfrentarse a un basilisco en segundo y demás cosas que no valía la pena recordar. Estaba claro que de todo aquello siempre salía vencedor, de por sí lograrlo era bastante complicado y por lo mismo odioso, al menos para él ¡¿Acaso nada malo se merecía por ser el-niño-que-vivió?! Al parecer no, por eso ya no valía la pena seguir tratando, era mejor desistir en sus intentos de perjudicarlo ¿o quería más problemas que lo lleve a otra revoltosa situación al estilo Harry Potter? No, gracias.
— ¿Qué pasó?—pero claro, justo cuando lo decidía, el idiota tenía que dirigirle la palabra ¿Alguna especie de advertencia del destino quizás? Esto ya estaba tornándose por demás satírico.
—Nada—contestó esperando que aún una mente obnubilada como la de Potter logre comprender el ''que te importa'' impreso en la palabra.
— ¿Nada? Yo diría que desaparecer en los pasillos y dormir en medio del bosque prohibido no es cosa tuya, Malfoy.
— ¿Tú qué sabes?
Continuaron caminando hasta que Harry volvió a hablar.
—Sé que esto tiene algo que ver con Voldemort, que tú tienes algo que ver con él—Draco paró de andar y lo miró con odio. Odio porque se atreviera a decir ese nombre sin más, odio porque a él lo había recorrido un escalofrío con tan solo escucharlo. Y sobre todo odio porque no se sentía en total control de sus emociones.
—Escúchame bien cara-raj...—se detuvo al contemplar las piedras levitando a su alrededor y los arbustos meciéndose de forma estrepitosa, por un momento creyó que era Potter el que se había enojado y que con su incapacidad por controlar su magia mostraba ahora una de sus primitivas reacciones. Pero no, cuando se calmó ante la sorpresa, las piedras bajaron y los arbustos detuvieron su danza. El primitivo era él.
Lo único que le faltaba.
Apretó los puños y se decidió por ignorar a Potter, ya había acordado internamente que relacionarse con él en buena o mala forma solo atraía problemas. Un claro ejemplo es Weasel, que aun siendo su amigo estuvo al borde de la expulsión varias veces y de visita en la enfermería otras tantas.
Harry se había quedado observando la reacción de los objetos en torno a Malfoy, él mismo sintió la vibración en el aire. Creía que los desplantes de magia solo le sucedían a él en los momentos que la ira lo sobrepasaba, pero tal parecía que era cosa de todos los magos, aunque hasta ahora solo había visto que le sucediera al Slytherin.
— ¡Eh! Malfoy—llamó en cuanto vio que este se disponía a irse.
— ¿Qué mierda quieres, Potter? ¿Te cuesta mucho dejarme en paz?—le contestó altanero.
Harry reprimió una sonrisa sarcástica—Mira que yo me hacía la misma pregunta contigo.
Los dos guardaron silencio, atentos al movimiento del otro, Harry lo vio con la luz lunar plegándose en su cuerpo a través de las hojas en las copas de los árboles, y no reconoció al imbécil que detestaba.
Repentinamente serio, dijo: —Hagrid ya no está.
En efecto, el semigigante se había adelantado dejándolos a ambos atrás.
—Dejó un camino no muy fácil de ignorar, Potter, con eso basta—Draco continuó por donde se distinguían las enormes pisadas del hombre, importándole poco si el cuatro ojos lo seguía o no. Solo quería alejarse del bosque, alejarse de todo.
—Lo decía por si querías que lo llame, no me gustaría que te desmayaras del susto y que me tocara cargarte.
Sí, quería estar solo, pero Potter jamás se alejaba lo suficiente.
*/*/*
Tonto el que no entienda...
Cuenta una leyenda...
—Agg ya me tiene harto con esa canción.
—Déjalo Ron, le relaja ¿No notas lo concentrado que está con sus tareas?
En la sala común de Gryffindor, escarlata y dorada por doquier, estaban sus ocupantes en distintas partes, unos haciendo deberes y otros planeando futuras bromas para el nuevo profesor de DCAO (entiéndase Fred y George). Ron y Hermione se hallaban en una mesa un tanto apartada, realizando sus respectivos deberes de Historia de la magia, en esa ocasión el profesor Binns les había mandado un trabajo especial, el cual consistía en redactar cuarenta centímetros de pergamino sobre un suceso importante en el mundo mágico. Al parecer el profesor quiso empezar con un tema aleatorio antes de concentrarse en uno solo que estaría fijado para el resto del año.
—Pero lo viene cantando todo el día, Hermione—se quejó Ron, oyendo por centésima vez cómo Neville tarareaba la misma canción que escucharon en las tres escobas.
La chica negó con la cabeza y se concentró nuevamente en su libro, la portada rezaba: Evolución trascendental de la magia Greco-romana.
Y aunque casi nada interrumpía su lectura cuando se sumergía completamente en ella, sí le resultaba un tanto molesto el canto de Neville. Era algo parecido a una abeja zumbando cerca de su cabeza, pero no planeaba quejarse como Ron.
Luna quieres ser maaadre y no encuentras querer, que te haga mujer
Dime luna de plaaata ¿qué pretendes hacer, con un niño de piel...
La letra en realidad no tenía tanta lógica, hablaba de un astro que trataba de tener un hijo, aun en el mundo mágico eso debía ser física y biológicamente imposible, aunque no por ello descartaba que la canción sea pegadiza.
De padre canela nació un niño,
Blanco como el loomo de un armiño...
Hermione bajó su libro y miró fijamente al chico que tarareaba concentrado en un pedazo de pergamino. Le había llegado una especie de intuición parecida a las que tenía cuando Harry se metía en un nuevo enredo. Y que algo así no haya pasado aún, le parecía hasta extraño. Por eso se puso a analizar la situación que les había relatado su amigo después de encarar a Malfoy en las tres escobas: haber estado bajo un embrujo sin poder moverse, y que solo Harry (y aparentemente Draco) lo sintieran...
Había algo raro en todo eso, sobre todo ahora con la desaparición del rubio. Una especie de relación entre la canción y Malfoy...
Con los ojos grises, en vez de aceituna...
Niño albino de luna...
Un embrujo...un hechizo...Harry y Draco...
Y las noches que haya luna llena
Será porque el niiño esté de buenas
Y si el niño llora
Menguara la luna...
Como un electrochoque en su cuerpo, la castaña reaccionó buscando una planilla que tenía de astronomía y mirando el calendario lunar: ese día indicaba luna menguante cóncava. Pero eso era imposible, ella había visto la luna totalmente llena...
— ¡Oh, genial!—exclamó Ron a su costado— ¡Lo que me faltaba: encontrar la bendita canción hasta en los libros!
Espero les haya gustado, críticas, comentarios, maldiciones y avadas son bien recibidos :3
¡Gracias por leer!
