Capítulo XIV: La cabaña

— ¿Qué es esto?

—Un permiso para acceder a la sección prohibida. El profesor Snape fue quien me la dio.

Madame Pince enarcó una ceja evaluando en trozo de pergamino que sujetaba con dos de sus largos dedos. Luego miró a Draco.

— ¿Por qué están quemados sus bordes?

—Tuve varios contratiempos.

La mujer entrecerró los ojos pero llevaba más años de los que quisiera en esa institución como para no poder reconocer la letra de uno de los profesores. Aunque de todos formas aplicó un hechizo para comprobar su autenticidad.

—De acuerdo—aceptó y con un gesto indicó a Draco que prosiguiera.

Draco rodó los ojos y sin retirar el trozo de pergamino se acercó hasta la sección prohibida, retiró la cuerda, y accedió al área con total naturalidad. No se podía decir que no había entrado antes, ya sea por curiosidad o para sacar ventaja sobre el resto de sus compañeros había logrado inmiscuirse en esa zona, así que ya se daba una idea de qué estante es el que tendría que revisar.

Al menos no preguntó por qué no estaba en clase—pensó ausentemente mientras recorría los libros con la vista. Finalmente se detuvo en una pasta color granate decorada con delgadas piezas metálicas. Parecía importante.

Lo sacó del estante y leyó la portada:

Maledictiones istæ: Libro conceptual de maldiciones ancestrales.

Convencido con el título, llevó el libro hasta la mesa más cercana y se dispuso a leer todo el ejemplar de ser necesario, no le preocupaba que tan extenso sea mientras eso le ayude a hallar cualquier información que pueda proporcionarle a su madre.

Párrafo tras párrafo fueron pasando por la retina de sus ojos mientras trataba de grabar toda la información importante en su cerebro. En la distancia se oían exclamaciones o quejas que venían del patio, a veces, incluso creía distinguir la voz de algunos de sus compañeros Slytherin, como Blaise o Pansy diciendo que el gigante había traído un animal invisible.

Continuando con su búsqueda, llegó a un apartado en el que claramente se mencionaba el''Bloodcurse''.

...es una maldición que no afecta solamente a la víctima, sino a todo su linaje o descendencia. Dependiendo de la intención con la que se halla hecho el conjuro, este se acoplará a los requisitos con los que fue realizado, y a su vez cumplirá con la longevidad dictaminada. La mayoría de maldiciones, si bien no son imposibles de romper, sí se vuelven muy complejas con el pasar de los años, especialmente si se trata de magia antigua; por ello es que para este tipo de maldiciones se dificulta hallar una solución, aunque se han registrado casos en los cuales se ha dado fin a este mal hereditario.

Linaje o descendencia...—repitió mentalmente—Esto quiere decir que tiene algo que ver con mis antepasados; la familia de mi madre. Por lo que sé, no son del tipo extraño. Aunque mis abuelos son de Francia y no sé mucho sobre ellos, solo los he ido a visitar en vacaciones, mmm...—Draco por fin dejó el libro y levantó la cabeza enderezándose correctamente. Miró a los lados y, como era de esperarse estando fuera de clases, nadie rondaba cer...

—Malfoy.

Pegó tal salto en su silla que por poco se va hacia atrás, pero antes se sostuvo del filo de la mesa y recobró la compostura.

— ¿Qué...? ¿Potter?—aunque deseaba estar equivocado, reconocería esa voz hasta en sueños...literalmente.

Miró a su costado izquierdo, de donde le pareció que provino el llamado, y allí se materializó el pelinegro con su cabello totalmente despeinado y lentes chuecos, saliendo por debajo de una capa de invisibilidad.

Draco entrecerró los ojos—Lo sabía—no pudo evitar murmurar.

— ¿Qué cosa?—inquirió el otro mientras guardaba la capa dentro de su túnica.

Se puso de pie—Sabía que esta era la forma en la que siempre te salías con la tuya—decía mientras incaba el pecho del otro con su dedo índice—Y lo más seguro es que Dumbledore lo sepa ¿verdad? ¿Qué se siente ser...—cualquier grosería que haya querido decir fue abruptamente interrumpida por la acción de Harry, quien lo sujetó por la muñeca y lo miró apretando la mandíbula.

—No vine...—los ojos verdes se desviaron al libro que yacía abierto de par en par sobre el escritorio. Draco intentó soltarse—No vine para buscar pelea—dijo apretando el agarre de su mano.

El rubio lo miró con ojos que parecían destellar chispas pero no hizo ningún ademán de querer sacar la varita— ¿Debo suponer que viniste a buscar un libro?

—No. Vine a buscarte a ti.

Por alguna razón en la que Draco no quería ingerir, aquella frase le produjo cierto malestar, por lo que, como siempre hacía cuando una situación lo tomaba por sorpresa, dejó que su lengua se moviera con total libertad—Lo siento, Potter. No bateo para ese lado—finalizó con una expresión que era una mezcla entre asco y burla.

Harry tardó unos segundos en comprender de lo que hablaba el rubio, y cuando lo hizo, soltó inmediatamente el brazo de Malfoy y se apartó dando un paso hacia atrás— ¿Qué...? ¿Tu...?—balbuceó aturdido mientras comenzaba a fruncir el ceño.

—Uhh ¿Tema delicado? Ahora entiendo porque no hallabas pareja para el baile—soltó malicioso. No le importaba en lo absoluto tratar con cualquier cosa mientras ésta molestara a Potter. Además, así aprovechaba la ira ciega del Gryffindor para ocultar el libro, después de todo, si era capaz de crear fuego de la nada también podría hacer algo tan simple como levitar objetos, tal como lo hacía cuando niño durante aquellos desplantes de magia que se encargaban de darle trabajo a sus elfos.

—Cierra la boca—amenazó con la sangre en la cabeza. Olvidando casi por completo cuál era su propósito al ir en busca del hurón.

— ¿Por qué? ¿Tanto te afecta? Recuerdo haber oído rumores sobre de tu relación con Diggory—mientras decía todo eso visualizaba en su cabeza al libro que momentos antes leía flotando hacia el estante que estaba a sus espaldas. No sabía si lo estaba logrando, pero lo comprobó cuando Potter lo empujó contra la mesa sujetando su túnica y se escuchó el sonido de algo chocando contra el piso.

Ambos regresaron a ver el objeto desde la posición en la que se encontraban: Harry con el puño en el aire y Draco reclinado levemente hacia atrás con las palmas apoyadas en la superficie de madera. Ninguno hizo ningún comentario y el Slytherin se relajó un poco al saber que la página que contenía todo sobre el Bloodcurse se había perdido entre tantas hojas.

— ¿Qué estabas leyendo?—preguntó Harry regresando su vista al rostro puntiagudo y apretando aún más la oscura tela.

—Qué te importa—le contestó dándole un empujón para que lo soltara. También, no pudo evitar fijarse en el corte que el pelinegro llevaba en el labio, apenas cicatrizándose—Y no insistas. A menos, claro, que quieras llevarte otro de esos—señaló su boca.

Por reflejo se llevó los dedos a la herida y sintió la textura, recordando cómo fue que se ganó el corte—No hay problema. Pegas como niña.

Draco hizo rechinar los dientes y estuvo a milímetros de sacar su varita. Sin embargo, se detuvo y sonrió—No serán golpes entonces.

Harry no entendió a lo que se refería, pensó en que le lanzaría un hechizo, pero el rubio jamás tocó su varita. Estuvo a punto de responder cuando sintió un calor muy fuerte en sus pies— ¡Diablos!—aulló cuando el ardor se intensificó; el filo de su túnica se estaba incendiando al igual que sus pantalones— ¡Aguamenti!—conjuró enseguida y un chorro de agua salió disparado directo hacia el fuego.

Draco, a un metro de distancia, se destornillaba de risa disfrutando de lo lindo el regocijo de sentirse superior. Empezaba a cuestionarse si todo ese asunto de la luna era realmente malo. Jamás había tenido la capacidad de realizar magia de aquella forma, de sentirse tan hábil, poderoso...

— ¡¿Qué diablos, Malfoy?! ¡¿Cómo rayos lo hiciste?!—exclamó el pelinegro quien no lo había visto usar la varita en ningún momento.

El Slytherin solo le sonrió, al parecer muy pagado de sí mismo como para contestarle. Allí vio la oportunidad de sacar de una vez por todas el tema por el que había ido en primer lugar.

—Es por la luna—le dijo más como afirmación que como pregunta.

A Malfoy se le congeló la sonrisa y pasó a un gesto serio—Tú no sabes nada.

—Te equivocas. Creo que sé más que tú.

Draco enarcó una ceja y lo miró interesado— ¿Qué crees saber, exactamente?

—Hermione...—a Harry le molestó el desprecio que se formó en la palidez de aquel rostro de manera automática—ella encontró un libro que podría ayudarte.

— ¿Y por qué crees que yo necesito ayuda de una sangre sucia?

El pelinegro no se lo pensó dos veces cuando clavó la punta de su varita en e cuello de su adversario—No la vuelvas a llamar así—amenazó. Y a pesar de estar en condiciones de ventaja, la sonrisa de Malfoy no le inspiró nada bueno.

— ¿Por qué no? Eso es lo que es—dijo para después concentrarse en la imagen de Potter con la cabeza ardiendo en llamas.

—Ella no...—detuvo su respuesta al detectar un súbito aumento de temperatura en la habitación, concretamente en su cabeza, y... ¿Olía a quemado?

Ya sabiendo que la acción anterior se había vuelto a repetir, Harry conjuró un aguamenti apuntando a su cabeza y se apartó de un muy feliz Draco Malfoy.

—Deberías de agradecerme, le hice un favor a tu cabello de estropajo—y se lanzó a reír.

Harry lo miró furibundo ¿Estas eran las cosas que divertían verdaderamente a Malfoy? ¿Hacer daño a otros? Solo allí es cuando lo veía realmente alegre.

De pronto, el rubio paró de reír y su entrecejo se frunció. Tenía los ojos fijos en su cabeza.

— ¿Qué?—soltó llevándose una mano al pelo, esperándose encontrar las puntas de su cabello endurecidas y quebradizas por el fuego.

—Te volvió a crecer el cabello—le dijo Malfoy, que ahora parecía genuinamente curioso—Vaya, Potter, alguien te maldijo para que tu cara sea un desastre toda tu vida.

Ante esto Harry contestó: —Eres tú quien está maldito.

Draco permaneció en silencio, evaluándolo con la vista, parecía sopesar la idea de volver a quemar alguna parte de su cuerpo (lo cual aún lo sorprendía puesto que no se esperaba más que el accio sin varita que demostró saber en el aula vacía) y si era así estaría listo para hechizar su...

—Bien, te escucho.

. . .

—Repíteme cómo es que convenciste al hurón de venir a la cabaña de Hagrid. No, no, aún mejor, repíteme por qué lo convenciste de venir a la cabaña de Hagrid.

—Le dije que sabía quién era la mujer en las tres escoba y que lo que me dijo era mentira—volvió a decir Harry con gesto cansado—Y lo invité porque necesitamos saber qué es lo que se trae entre manos.

— ¿Necesitamos o necesitas?

—De todas formas—interrumpió Hermione—dudo que venga.

Harry detuvo su andar en medio del sendero— ¿Por qué?

Ron y Hermione también se detuvieron.

—Porque siempre se ha quejado de las condiciones en las que vive Hagrid, además nosotros no somos precisamente de su agrado ni él del nuestro ¿Para qué iba a complicarse viniendo hasta aquí por información que tú, su rival,—resaltó—supuestamente tienes?

—Pero si la tengo—objetó confuso—. Y él no es mi rival. Mi rival es Voldemort.

Ron torció un poco la boca por la mención del nombre y Hermione continuó:

—Sí, pero él no puede estar seguro. Cielos, Harry, se la pasan molestándose el uno al otro, de verdad no creerías que realmente aparecería aquí sin esperar que sea una trampa—explicó, omitiendo el comentario sobre Voldemort.

—Ni que fuéramos él—gruñó frustrado—Si ya lo sabías, entonces ¿Qué hacemos aquí?—estaba molesto, quizá no con Hermione, realmente no sabía qué era lo que tanto le fastidiaba, pero sentía ganas de ir y golpear la cara del idiota de Malfoy. Nada nuevo a decir verdad.

Hermione y Ron se miraron entre si, fue el pelirrojo quien habló: —Emm ¿Visitar a Hagrid?

— ¿Y qué caso tendría si Malfoy no viene?

La chica le observó escrutiñadoramente—Bueno, Harry, fuiste tú quién decidió invitarlo, pero nosotros ya habíamos decidido venir desde un principio ¿Recuerdas? Tenemos que contarle lo que hallamos en el libro y saber lo que él piensa sobre el asunto, especialmente cuando encontraron a Draco en el bosque.

Harry pareció inconforme pero continuó por el camino dándoles la espalda.

Cuando estuvo seguro de que su amigo no los escuchaba, Ron le preguntó a Hermione:— ¿Qué le pasa?

—Creo que se molestó porque Malfoy lo dejó plantado—dijo mirando la silueta del chico achicarse cada vez más con la distancia.

—No entiendo, es decir ¿En verdad quería que llegara? Yo no sabía que esperar, pero habría sido un desastre, estoy seguro.

La castaña solo asintió y juntos decidieron seguir los pasos de su amigo que ya les llevaba unos cuantos metros de ventaja.

—Maldito imbécil, si no iba a venir ¿para qué me tuvo como idiota hablándole por media hora?—mascullaba en voz baja. Sus zapatos ya traían varias manchas de tierra por la fuerza con la que asentaba los pies en el suelo.

Ya estaba a punto de llegar a la cabaña, y durante ese intervalo se dedicó a pensar en la conversación que tuvo con el rubio. Fue la conversación más larga que habían mantenido, aunque no del todo civilizada, para empezar él había salido con la túnica inservible y Malfoy se había librado de un golpe solo por su firme decisión de querer evitar una pelea. Los tipos como él eran realmente despreciables, se alegraban de hacer daño a otros, no les importaba nada con tal de salir bien librados ¿Por qué alguien querría mantener una conversación con alguien así? ¿Cómo es que se conseguía amigos? Lo había visto interactuar bien con más de un Slytherin, pero los Slytherin solo se hacían de amistades que les trajera algún beneficio, se había dado cuenta de eso con Slughorn. Así que prácticamente se acercaban al rubio por su ''poder'' o bien, el poder que le concedía su padre con tantas riquezas y su preciada sangre pura.

Aunque también estaba el poder mágico.

Desde primero había creído que Draco era un inepto, tal vez no estúpido como Crabbe y Goyle puesto que todos los años pasaba pisándole los talones a Hermione, pero tampoco lo concebía como alguien con alguna habilidad importante como para ganarse la lealtad de todo un séquito de serpientes, siempre se lo había atribuido a la posición social que tenía su familia en el mundo mágico, pero el olor a quemado que aún desprendía su túnica le recordaba que Malfoy había logrado crear fuego sin usar varita, de la misma forma lo había sorprendido con el accio, y ahora realmente se encontraba intrigado ¿Malfoy podía hacer magia si varita? ¿Eso se debía a los hechos recientes o siempre había podido? ¿Era realmente tan ''fantástico'' como lo proclamaban todos sus seguidores?

Quizá sepa jugar Quidditch y sea bueno volando siendo tan solo superado por él.

Quizá sea el mejor en pociones.

Quizá posea las mejores notas de todo su curso después de Hermione.

Quizá tenga la habilidad innata de ser líder.

Quizás haya escuchado a más de una chica hablar sobre él y no precisamente para insultarlo.

Quizá sepa hacer magia sin varita.

Pero no era tan estupendo como lo pintaban. Además...

Es un idiota con complejos de superioridad.

Le gusta intimidar a las personas.

Necesita de tretas para destacar por sobre otros.

Probablemente Snape lo ayude para sacar buenas notas en pociones.

Y era prácticamente albino.

Bueno, aquello último no estaba seguro de que sea precisamente desdeñoso. Sí, tenía la piel blanca y su cabello tan rubio que lucía casi plateado, además sus ojos eran grises, y Harry no conocía a nadie más con los ojos de ese tono a excepción del señor Malfoy. Tal vez por eso destacaba, nadie más tenía los rasgos que él tenía...

...blanco como el lomo de un armiño

Con los ojos grises, en vez de aceituna

Niño albino de luna.

Sí, pensándolo más profundamente, la canción parecía contar una historia, una historia donde Draco aparecía como protagonista ¿Quién más si no?

—Con los ojos grises, en vez de aceituna, niño albino de luna...—sin ser consciente se encontró recitando la melodía mientras tocaba con el puño la puerta de roble.

Se empezó a escuchar los ladridos de Fang y una figura gigantesca salió a recibirlo.

— ¡Harry! me alegra verte. Pasa, pasa ¿Ron y Hermione no están contigo?

—Hola Hagrid. Sí, vienen atrás—dijo apuntando hacia el sendero a sus espaldas donde se vislumbraban a dos figuras aproximándose.

—De acuerdo, dejaré la puerta abierta.

Y entró.

*/*/*

A unos cuantos metros de distancia, Draco descansaba en la rama de un árbol bastante frondoso, se le había vuelto más fácil escalar ahora que contaba con mayor cantidad de magia, por decirlo de alguna forma, puesto que él obviamente ya poseía mucha, pero con el asunto parecía que esta se volvía más potente.

Había escuchado toda la conversación que mantuvo antes el grupito de Gryffindors, y la deducción de la sangre sucia no estuvo del todo errada, Potter y Weasley debían de ser en verdad lerdos como para ser superados por la capacidad de deducción que poseía esa insignificante castaña dientes de conejo.

Era cierto que él nunca pretendió, ni siquiera sopesó, aparecer por esos lares, al menos no directamente. Y parece ser que eso molestó a Potter, pronto lo tendría rondándole como un doxy de nuevo, pero eso no le preocupaba, estaba empezando a descubrir cómo manejarlo.

En cuanto vio a la comadreja entrar con la sangre sucia a la cabaña, descendió de un grácil movimiento del árbol y se dispuso a escuchar a hurtadillas, ya lo había hecho en primero, podría volver a hacerlo ahora, incluso de manera más efectiva.

Arribó el terreno y se acomodó bajo una ventana abierta de donde podría oír la conversación que se mantenía allí dentro.

—...querrían saber. Había mucha cantidad de magia en aquel bosque.

—Especialmente en donde se encontraba Malfoy.

—Sí, sobre eso, nunca me contaste qué fue lo que pasó en todo el tiempo que desapareciste de mi vista, Harry.

—No pasó nada, Malfoy despertó, vio la luna y se volvió a desmayar. Entonces...no sé...hubo algo que me arrojó lejos, como una onda, y luego apareció esa barrera extraña.

— ¿Una onda? ¿Te hizo algo? No sabemos qué es lo que significaba toda esa energía en el claro, pudo afectarte.

—No, no lo creo. Solo me tiró al suelo.

— ¿Estás seguro?

—...sí.

—De acuerdo ¿y qué traen para mí? ¿Qué es ese libro?

—Ron encontró la canción aquí—se escuchó hablar a la única voz femenina.

—Creí que estaba topándomela en todas partes. Hasta Neville no para de cantarla.

— ¿Canción? Se refieren a...

—La mujer en Hogsmeade, sí—aclaró Harry.

— ¿Que tiene que ver?

Potter empezó a contarle al semi-gigante la escena en la taberna y Draco, mirando una calabaza que crecía a sus pies, prestó suma atención a los detalles que relataba el moreno. Sabía que el cara-rajada también vio cuando aquellos hilos se envolvieron entre sus manos, por ello había ido directamente hacia su mesa, sin importarle que sus amigos no lo recibirían con agrado. Así de grande era la estupidez Gryffindor.

— ¡Cielos! ¿Cómo es que nadie se dio cuenta?—cuestionó Hagrid cuando el chico terminó de hablar.

—No lo sé. Tampoco nadie escucha cuando suena la canción—Draco se tensó—La oigo en las noches, antes de dormir ¿Qué podría significar?

— ¿La oyes en las noches?

—Espera—interrumpió la chica—dices que esa onda te golpeó ¿No? Tal vez es por eso que tú puedes escuchar la melodía que otros no. Eso quiere decir que sí resultaste afectado después de todo.

—Es probable, siempre tiendes a estar en el momento justo en el que suceden esa clase de cosas, compañero.

—Gracias por recordármelo, Ron.

— ¿Y qué dice ese libro?—intervino el guardabosques.

—Bueno...

La chica empezó a leer en voz alta. No parecía ser información tan importante como había indicado Potter en su momento, era la letra de la canción contada como una vieja leyenda, admitía que las suposiciones que ese grupo había sacado eran de su interés, pero no podía enfocar bien ninguna de ellas ¿Por qué Potter había insistido tanto en que fuera? ¿Qué diferencia habría si se lo contaba él mismo en la biblioteca? Si no fuera porque escuchó la conversación del trio, estaría casi seguro que lo que Potter quería era tenderle una trampa.

— ¿Qué deberíamos hacer, Hagrid?

—No sé de qué pueda tratarse todo este asunto, pero les recomiendo apartarse, los Malfoy no son precisamente una familia con la que se puede tratar sin más.

Ese gigante ¿cómo se atrevía...?

—No podemos solo apartarnos—la voz de Harry se escuchó firme—Quiero decir ¿Qué tal si esto involucra a otros? No vamos a quedarnos de brazos cruzados.

—Y luego dices que no tienes complejo de héroe—se burló Ron.

—No es un complejo de... ¿Es que acaso no les preocupa? ¡Hasta salió en el profeta!

—Sí, Harry, pero no es como si nosotros tuviéramos que intervenir. Por lo general son cosas que te afectan directamente, y ahora...

— ¡Pero puede afectar a otros, Hermione! ¡Es hijo de un mortífago!

—Tranquilos, chicos—calmó Hagrid—. Seguramente Dumbledore ya está enterado, él sabrá...

Harry de por sí no estaba de buen humor, desde que se enteró que Malfoy no llegaría se sentía como un tonto, y no pensaba quedarse para que sus amigos también lo tacharan como tal. Por lo que, tomando desprevenidos a todos, se levantó de su asiento y salió dando un portazo. Cuando estaba a punto de emprender marcha de regreso al castillo, de reojo alcanzó a distinguir algo que no estaba cuando llegó, o mejor dicho, alguien.

Se quedó de pie y entrecerró los ojos cuando vio a Malfoy apoyado cerca de la ventana. Por alguna razón no se molestó al entender que había estado fisgoneando, en su lugar, la incomodidad que venía sintiendo desde que entró en la cabaña se desvaneció y se encontró sintiéndose satisfecho.

Ambos mantuvieron los ojos sobre el otro, esperando por ver quién hacía el primer movimiento.

Harry bufó y rodó los ojos volviendo a retomar su camino, era una suerte que ninguno de sus amigos haya decidido salir y así darle tiempo para estar solo.

Aunque no tanto, pues, sin saber bien por qué, Draco decidió seguirlo.


En recompensa por actualizar tarde, les traigo un capítulo un poco más largo que los otros.

Trataré de actualizar cada semana ^^'

¡Gracias por leer!