Capítulo XV: Cosas raras
El atardecer caía rápidamente volviendo de un tono lila el cielo, con matices rojo intenso que sobresalían en el contorno de las nubes dándoles forma. El sol, imponente, se acercaba más y más a la cúspide de las montañas lejanas que acostumbraban ocultarlo, y pese a brindar tal espectáculo, el astro era opacado por la insistencia de la luna llena que ya había hecho acto de presencia momentos antes y brillaba sin igual.
En tierra firme, sucedían muchas cosas simultáneamente; Michael Corner le pedía una cita a Ginny Weasley; Fred y George contrabandeaban más de sus productos en la sala común de Gryffindor aprovechando que Hermione no estaba; Crabbe y Goyle abrían sus paquetes de dulces de Honeydukes y Pansy Parkinson hablaba con Daphne Greengas sobre el horrendo peinado que se había hecho Amanda Peakers aquel día.
En el sendero que bordeaba el bosque prohibido, dos chicos caminaban tranquilamente a pesar de la tensión latente que los envolvía y que advertía estallar en cualquier momento.
Entonces, Draco habló: — ¿Por eso insististe tanto? ¿por un libro?
—Eso ya no importa, de todas formas preferiste espiar ¿no? Te dio demasiado miedo como para presentarte—respondió Harry sin voltear a verlo.
El rubio perforó la nuca del otro con una mirada despectiva—Yo no le tengo ningún miedo a tí, ni a tu bola de amigos indeseables. Yo sé pensar, que es diferente, aunque claro eso es algo que desconoces ¿De verdad creíste que iría sabiendo el gigante iba a estar presente? Aún recuerdo lo que nos hizo pasar en el bosque...
— ¡Hagrid no tuvo la culpa! Fuiste tú con tus...cosas raras—justificó haciendo alusión a la relación que el Slytherin mantenía con la luna.
—Pues ''mis cosas raras" parecen tenerte bastante intrigado. Dime, Potter ¿por qué te interesa? ¿investigas a mi costa para tratar de dártelas de héroe otra vez porque no encuentras la manera?
—Para que lo sepas, Hermione encontró el libro por casualidad.
—Un libro bastante inútil, lo único que escuché fue esa bendita canción...—masculló torciendo la boca.
—No era lo único que tenía—mintió para callar a Malfoy, pues no estaba seguro de qué otra cosa contendría el libro—Pero ya no te diré el resto.
Él se limitó a enarcar una ceja y a hablar con arrogancia—Fuiste tú el que insistió en que...
—Sí, lo hice, pero ahora ya no quiero decírtelo.
—No seas absurdo—se burló con una expresión que claramente indicaba que no tomaba en serio su comentario.
Harry se detuvo y dio media vuelta—No, Malfoy, TÚ eres el absurdo—dijo hincando su pecho con el dedo índice.
Con un manotazo apartó aquel toque— ¿Por qué? ¿Por no hacer la voluntad de San Potter?—escupió enfadado—Admítelo, cara-rajada, si hubiese sido yo quien te cite en alguna parte, habrías ido con Dumbledore y el resto de tus seguidores cuidándote las espaldas.
—Te equivocas—apretó los dientes y hasta entonces fue consciente de que Draco estaba allí sin la protección de sus guardaespaldas—yo habría ido solo, así podría desquitarme de todas las que me debes, Malfoy—amenazó acercándose a su adversario.
—Sí, bueno...—Draco no se amedrentó, por el contrario, una sonrisa petulante adornó su rostro—era de esperarse, eres tú a quien le gusta andar con cicatrices en la cara—y para picar más al otro, tocó la herida de su labio.
Harry no respondió y se abalanzó contra el rubio. Sin embargo, no llegó muy lejos puesto que una onda lo mandó con fuerza de vuelta hacia atrás, conduciéndolo de espaldas directo a un charco de lodo que se hallaba por el camino.
Furioso, levantó la vista y a través de sus lentes salpicados de barro vislumbró la figura masculina acercándose hasta su posición.
— ¿Qué sucede, Potter?—Draco se plantó enfrente, tan alto cuan era, y portando una vanidosa sonrisa de satisfacción; la última luz del atardecer delineaba su silueta y le daba una apariencia más imponente que beneficiaba gratamente sus rasgos faciales— ¿Fue mucho para El-niño-que-sobrevivió? Yo de ti empezaría a cuestionarme lo que verdaderamente implica ser un mago sangrepura.
Harry lo fulminó con la mirada y no intentó levantarse—Sabes que lo que haces no es por tí ni por tu estúpida sangre, sino por la luna y tu maldición o lo que sea que tengas.
—Lo que sientes es envidia—acusó el Slytherin. —Esta vez no es sobre tí y no sabes cómo lidiar con eso. Extrañas tener toda la atención.
—A diferencia tuya—le dijo resaltando las palabras—yo nunca busqué ser el centro de atención.
Soltó un bufido y lo miró con burla—Sí, claro, Potter. Todos estos años no han sido más que puras casualidades. Admítelo, tiendes a sentirte responsable por cualquier mínima cosa extraña que suceda a tu alrededor y por eso buscas entrometerte. Ah, pero claro, tu eso lo entiendes como "complejo de héroe".
Harry, por alguna razón se sintió particularmente molesto por esas últimas palabras, por ello aprovechó que el rubio torció los ojos y de un solo movimiento sostuvo su varita apuntando a sus pies—¡Locomotor Mortis!
Draco no alcanzó a reaccionar y antes de poder deshacer el maleficio de piernas unidas, ya se encontraba cayendo de frente al charco, a un lado de Harry.
— ¡Mierda!—consiguió exclamar antes de intentar menguar el golpe poniendo sus manos, aunque eso no impidió que el lodo salpicara a su boca y cara.
— ¿Qué pasó, Malfoy? ¿El sangrepura hijo-de-la-luna no pudo contra un simple maleficio?—bramó tratando de retener la carcajada, pero a fin de cuentas el impulso fue mayor.
El rubio se sentó expandiendo las manos ennegrecidas y sospechando que su cabello estaría haciéndole competencia al de Potter—Eres un malnacid... ¿Cómo me llamaste?—dijo descolocado al procesar correctamente el extraño apodo que le otorgó el otro.
Harry no contestó, destornillándose de risa como estaba no logró formular ninguna respuesta coherente ¿Quién diría que una caída tan ridícula como la que protagonizó el príncipe de las serpientes iba a hacerle tanta gracia? De solo recordar cómo se precipitaba contra el mismo charco en el que él estaba, y su cara de espanto...
— ¡Cierra la boca, Potter! ¡Tu risa es irritante!—gritó sintiéndose humillado y tratando de aplicarse a sí mismo un fregotego para limpiar las manchas.
Para molestía del otro, Harry no paró de reír, y con evidente burla miraba cómo el hechizo del fregotego daba resultado sin necesidad de que Malfoy sacara la varita, limpiando todo rastro de suciedad de la cara puntiaguda.
O casi.
—Te ríes como troll ¿Te lo habían dich...?—Draco no concluyó puesto que una gran bola de lodo estampó su cara en ese momento, llenándole la boca de barro.
—Quedas mejor con la boca llena de tierra ¿Te lo habían dicho?
Esta vez Draco enfureció y conjuró un accio a una piedra ubicada detrás del pelinegro, haciendo que ésta le dé de lleno en la cabeza.
— ¡Auch!
Probablemente hubieran continuado así por más tiempo, pinchándose el uno al otro con bromas de mal gusto e insultos; seguramente así habría sido, pero había alguien que tenía otros planes...
Se distrajeron demasiado con sus riñas como para darse cuenta de que ya había anochecido y que el sol se ocultó tras las montañas sin dejar rastro.
Tonto el que no entienda
Cuenta una leyenda
Que una hembra gitana
Conjuró a la luna hasta el amanecer
Ambos se quedaron de piedra. Harry vio cómo las pupilas de Draco se achicaban y dejaban más espacio para distinguir el color grisáceo que predominaba en sus ojos.
Llorando pedía
Al llegar el día
Desposar un calé
El Gryffindor miró con horror el cielo, pues de la luna salieron intensos brillos y luces plateadas que se acercaban a ellos a una velocidad desmesurada.
Tendrás a tu hombre piel morena
Desde el cielo habló la luna llena
Pero a cambio quiero
El hijo primero
Que le engendres a él
Aunque quizá fue Draco quien se asustó más al observar la expresión del otro.
Su primer impulso fue ponerse de pie y salir huyendo, pero no completó la acción puesto que al girar hacia donde continuaba el sendero, una figura femenina se presentó interrumpiéndole el paso.
Que quien su hijo inmola
Para no estar sola
Poco le iba a querer
Como si fuera en cámara lenta, Harry vio los ojos de Malfoy adquirir un extraño brillo y su cabello se aclaraba hasta volverse de un blanco estrambótico.
Luna quieres ser madre
Y no encuentras querer
Que te haga mujer
Dime luna de plata
Que pretendes hacer
Con un niño de piel
— ¿Quién es usted?—balbuceó tratando de parecer firme pese a que su apariencia en ese instante no era de gran ayuda.
La mujer lo pasó por alto, como si no estuviese allí, y más se concentró en extender su blanquecina mano en dirección a Draco.
Al ver que el Slytherin empezaba a acercarse sumido en alguna especie de hipnosis, Harry se levantó de golpe y lo agarró del brazo. Actuando el instinto antes que la razón.
En esta ocasión la figura femenina pareció reparar en su presencia y lo analizó quedamente. De pronto, como si decidiera que Harry era un estorbo, hizo que Draco deshaciera el agarre con fuerza sorprendente, tomándolo inadvertido y haciéndole trastabillar unos cuantos pasos.
Hijo de la luna.
Varias cosas pasaron al mismo tiempo, primero, Draco pareció estar lo suficiente cerca como para tocar la mano de la mujer; segundo, Harry trató de impedírselo sujetándose de su brazo nuevamente; y tercero, una luz plateada los rodeó y, tal como un traslador, tuvo la sensación de estar siendo transportado a otro lugar.
El esplendor fue tan potente que cualquiera que se asomase a las ventanas del castillo pudo haberlo visto. Ni que decir de la cabaña de Hagrid, siendo esta la que más cerca estaba de la escena.
Hagrid, Ron y Hermione salieron atropelladamente ya presintiendo que su amigo tendría algún percance relacionado con el reciente suceso, sin embargo, puestos en el camino y gritando a viva voz el nombre de Harry, no lograron encontrar rastros de él.
*/*/*
De padre canela nació un niño
Blanco como el lomo de un armiño
Con los ojos grises
En vez de aceituna
Niño albino de luna
La melodía se coló por sus oídos mandando señales a su cabeza para despertarlo. Los acordes, aunque agradables, se le hacían tan familiares y fastidiosos que lograron traerlo de la inconsciencia.
Cuando recuperó los sentidos, lo primero que captó fue la textura del piso en el que estaba, era como estar echado sobre el pasto, pero con un tacto mucho más suave. Después abrió los ojos y comprobó que efectivamente la hierba lo bordeaba. Parecía tratarse de un bosque.
— ¡Draco!—alertó su subconsciente al recordar los hechos que lo llevaron hasta allí.
Se puso de pie y un potente dolor de cabeza lo asaltó, sintió como si un martillo particularmente pesado le diera de lleno en la nuca.
Con una mano en la zona adolorida, dio un vistazo al lugar. Había árboles tan altos que no distinguía su copa; las flores silvestres eran visibles en todas partes y el rocío de las hojas caía en su túnica cada tanto.
Preocupado, buscó con la mirada una pista que le indicase a dónde habría ido la mujer con Malfoy. Por suerte, eso no duró mucho. Un fulgor pequeño se distinguía a unos cuantos árboles de distancia, y si se concentraba, podía enfocar dos siluetas caminando.
Corrió hacia allí sin pensárselo dos veces. En poco tiempo ya estuvo cerca de las dos personas que se habían detenido repentinamente, y Harry los imitó parándose junto a Draco.
En frente tenían un claro tenuemente iluminado con una cuna en el centro que parecía estar hecha de oro blanco y telas finas. Esas telas se enroscaban alrededor de un tierno cuerpecito que no emitía ningún sonido ni movimiento.
— ¿Quién es?—preguntó Harry impulsivamente, y una vez más fue ignorado por la mujer y por Draco que seguía bajo los efectos de una hipnosis o algo parecido.
Volvió la vista al bebé en la cuna y sorprendido notó que de este se desprendían partículas de plata, o eso parecía ya que solo destellaban cuando pasaban en fila bajo una ranura de luz lunar.
No supo por cuanto tiempo estuvo mirando, pero al cabo de unos momentos la pequeña figura se había convertido en polvo...de estrellas.
Comprendió entonces lo que ese niño era: el actual hijo de la luna.
Y ya no estaba, lo cual significaba que...
De un movimiento haló a Draco apartándolo de la mujer. Ella ni siquiera se inmutó y continuó mirando el espectáculo de motas de polvo bioluminiscentes que su ''hijo'' había dejado como último rastro de su existencia.
Nadie hizo nada durante un lapso, y Draco empezó a parpadear volviendo en sí.
La hermosa silueta femenina lo miró de soslayo con sus ojos indistinguibles, y por primera vez habló, dirigiéndose a Harry y permitiéndole oír aquella voz fina y melodiosa que escuchó en las tres escobas.
—Él tendrá que irse.
El pelinegro sintió un escalofrío y aferró con fuerza la mano del rubio, quien, luciendo perdido, solo atinó a pronunciar un «¿Qué?» antes de que ambos se sintieran absolutamente pesados y cayeran directo hacia... ¿Sus camas?
— ¡Harry!—escuchó gritar a Ron que venía azotando la puerta. Tras suyo apareció Hermione con Dean y Seamus, y Neville (quien se había acostado temprano) saltó de su cama terminando en el suelo.
— ¿Qué? ¿Qué pasa?—farfulló el dueño de Trevor, desconcertado.
Harry miró a sus compañeros aún más perdido que Neville.
— ¡Cielos, Harry! ¡Nos asustaste!—del anterior gesto preocupado, Hermione pasó a estar enfadada— ¿Viste la explosión de luz? Creímos que tu...
—Uff un día de estos despertaré y habré envejecido cincuenta años—dijo Ron pasándose una mano por el pelo y sentándose al filo de su cama.
Pronto Seamus y Dean empezaron a hacer preguntas a diestra y siniestra, y Harry agradeció que Hermione y Ron se encargaran de explicarles sobre la luz en el bosque e inventaran una historia del porqué se alteraron.
Y lo agradeció en verdad, porque él sinceramente no tenía cabeza para nada...
«Pues ''mis cosas raras" parecen tenerte bastante intrigado. Dime, Potter ¿Por qué te interesa?»
«Él tendrá que irse.»
...para nada coherente.
Yo sé que tardo pero ténganme paciencia TnT
Creo que ya vamos empezando con lo interesante, a ver que pasa en el próximo capítulo xd
Espero les haya gustado, críticas, opiniones e insultos(? son bien resibidos xD
¡Gracias por leer!
