Capítulo XVI: Amago de Wronski
Ese día, al igual que los anteriores, miró por un largo tiempo los ventanales del gran comedor; en el techo, el cielo se mostraba nublado, con espesas nubes que formaban espirales, tan grises y oscuras que la lluvia próxima era innegable. En la mesa de Slytherin, todos comían su desayuno mientras hablaban con un compañero cercano, cada uno entreteniéndose con su propia plática, todos a excepción de Draco.
El rubio volvió a dirigir una vez más sus ojos grises hacia el exterior, donde se podían distinguir pequeños puntos que iban aumentando de tamaño según su proximidad. Las lechuzas volaban libremente hasta entrar al gran comedor, cargando unas cuantas gotas de la lluvia que se producía afuera. El rubio esperó hasta que la última lechuza entró para apartar su mirada. Una vez más, ninguna carta para él.
Desde que había vuelto a rescribir la carta para su madre y se la había enviado hace ya cinco días, no había recibido contestación. No sabía la razón de ello, por lo que no podía arriesgarse a escribir una nueva contándole sobre lo que encontró de bloodcurse y lo recientemente ocurrido, aun cuando aquel sea un dato que interesaría de sobre manera a Narcissa.
Narcissa... ¿Desde cuándo llamaba a su madre por su nombre de pila?
Arremetió su tenedor contra el tocino provocando que varios de sus compañeros le prestaran atención, pero él los pasó por alto dado la cantidad de conjeturas que se iban formando en su cabeza ese momento.
Desde que hace ya un par de días se levantó de su cama, alterado por no entender cómo llegó hasta allí siendo que momentos antes se hallaba en medio de un bosque (bastante lejano a su parecer), había empezado a sucederle cosas que irrumpían drásticamente en su cabeza, como ''recordar'' eventos que no se hallaban en su memoria hasta entonces; situaciones en las que él caminaba junto a un río, u otro entorno, en compañía de una mujer mayor, una que él había aprendido a distinguir muy bien. El asunto es, que aquella imagen no puede ser sino errada; en primer lugar, él tendría no menos de 7 años, y a esa edad no le permitían alejarse del cercado de su casa, y para rematar, aquella mujer no pintaba nada en su vida pasada...
¿Verdad?
Bebió de un solo trago el café de su taza, sin importarle que el líquido caliente pasase quemándole la garganta. Con un sonido hueco apoyó el objeto contra la madera y levantó la vista de manera inconsciente, olvidándose por qué había evitado hacerlo casi todas las mañanas desde que todo inició.
Harry Potter le regresaba la mirada desde la mesa de Gryffindor, sus ojos verdes, atentos y penetrantes, lo observaban como si quisiesen adentrarse en su mente, aplicar algún tipo de legeremancia para así dejar de lucir tan mortificados y deseosos de respuestas.
Si no se había sentado dándole las espaldas, era porque le resultaba más incómoda la sensación de esos ojos clavados en su nuca, analizándole, juzgándole...
Realmente se preguntaba por qué Potter tenía que ser tan entrometido, literalmente le bastó un extraño episodio en Hogsmeade para empezar a atosigarlo con preguntas y ''conversaciones'' que sinceramente no llevaban a ninguna parte ¿Qué no entendía que no lo quería metiendo sus narices? Intentó de tantas formas deshacerse de su molesta presencia, pero él continuaba insistiendo con pura necedad Gryffindor.
Cuando alguien te trata mal se supone que te alejas o bien cobras venganza, pero el cara-rajada no hacía ninguna de las dos ¿Por qué no lo evitaba como el resto de estudiantes a quienes molestaba? Varias veces los había visto correr y él se conformaba con ello, le satisfacía tener ese poder, pero admitía muy a regañadientes que tal vez Potter no era lo que se dice cobarde. Eso explicaba por qué seguía enfrentándolo en cada encuentro que tenían, sin embargo ¿Por qué no se vengaba? Es decir, lo que se dice vengarse, en todo el sentido de la palabra, él no lo había hecho. Quizá se haya visto envuelto en situaciones humillantes como el golpe de la sangre sucia o cuando Moody-no-Moody lo convirtió en hurón, todas ellas girando en torno al ''magnífico niño-dorado''. Pero por sí solo, Potter no había hecho nada en contra suyo.
Tal vez era que el Gryffindor sabía que todas sus provocaciones eran ciertas, que cada palabra que pronunciaba era una cruda verdad que nadie le decía frontalmente, y si algo había entendido de los que pertenecen a la casa de Godric, es que siempre buscan aplacar una noticia para así, supuestamente, mitigar el dolor. Por eso eran tan susceptibles a los insultos y demás frases hostiles ¿Cómo no meterse con personas que son así? que no entienden que ser una mala imitación de Hufflepuff no los llevará a ningún lado, que los aparta del poder y la grandeza y por ende del control sobre otros ¿Quién eres si nadie te teme?
Nada.
Y ciertamente el olvido...era algo que no anhelaba.
Vio como el pelinegro de la mesa de enfrente se aseguraba de que nadie lo mirara para así gesticular las palabras: Tenemos que hablar.
Draco sonrió, no supo si con burla o ironía, solo extendió sus labios y negó con la cabeza para después levantarse de su puesto y partir hacia el vestíbulo. Realmente era ilusorio que Potter le pidiera algo así. Tenemos que hablar, sonaba tan raro y ridículo, como la frase que él mismo utilizó para decirle a Pansy que no ''apresurara las cosas''; ella le había pedido ser su novia y él se había negado, no le interesaba ser del tipo atento y detallista, al menos no por el momento.
Tenemos que hablar era el antecedente para terminar algo, pero con Potter todo parecía ser al contrario.
De todas formas ¿De qué iban a hablar? Por supuesto, ya había determinado que aquel sujeto no desistiría del tema de la luna, el que siga atocigándolo después de dos intentos de obliviate eran una señal bastante clara. Concretamente se refería a los diversos temas que ahora compartían ¿Potter querría hablarle sobre el dichoso libro que contenía la canción? ¿O tal vez interrogarlo sobre lo que él sabía sobre su maldición de sangre? O aún peor, preguntarle sobre sus ''sueños''. Cualquiera que sea, ninguna le resultaba atrayente en lo más mínimo.
Su primera clase del día era Transformaciones, con la jefe de casa de los Gryffindors, y la verdad no se le antojaba para nada asistir. Y no lo haría de no ser por los castigos que le imponía la maestra, ya sea por faltar, o por incumplimiento de sus trabajos.
Así que, sintiendo como si cargara un troll a sus espaldas, él empezó a recorrer el camino que lo llevaría al aula de Transformaciones. Era aún temprano y ya le empezaba a doler la cabeza, eso acompañado de un mal sabor de boca imposible de quitar por más miel de hada que ingiriese. A veces se preguntaba por qué seguía asistiendo a ese cuchitril que nada bueno le había traído; Hogwarts ¿Uno de los mejores colegios de magia? ¡Ja!
Constantemente se hallaba pensando en cómo sería su vida de haber ido a Dumstrang a pesar de la distancia, seguramente hubiese encontrado mejores amistades, como la de Viktor Krum. Ciertamente las pocas pláticas que mantuvo con el famoso buscador le fueron bastante agradables, el búlgaro no era de muchas palabras, ya sea por el idioma o cualquier cosa, y lo poco que decía siempre atraía su atención, quizá por el acento...
Con esos pensamientos llegó al pasillo donde estaba el aula, pero se detuvo en la esquina.
¿Por qué continuaba en ese colegio?
Quería saber de su madre, quería entender su maldición de sangre y qué era todo eso que le estaba sucediendo, pronosticar el tiempo que le quedaba, aprovecharlo...
¿Para qué seguir en Hogwarts? ¿Continuar con un estudio que ni sabía si podría terminar? ¿Por qué no mejor ir con Lucius y Narci...Narciso... ¿Narcissa?
Un dolor profundo arremetió contra su cien obligándolo a recargarse contra la pared.
Lucius y Narcissa, Lucius y Narcissa, su papá y su mamá, su papá y su ¿mamá?
Antes de separarse del muro de piedra, estampó su palma contra él. Se escuchó como un chasquido que llamó la atención de algunos estudiantes hasta ahora ajenos a la extraña reacción del rubio, el cual corrió sin más, buscando la salida.
*/*/*
Harry y sus amigos abandonaban su clase doble de Historia de la Magia para dirigirse al patio del colegio, donde Hagrid los estaría esperando con alguna otra especie de criatura mágica que sería probablemente bastante exótica.
Pero eso a Harry no le interesaba, lo que le importaba verdaderamente es que aquella clase era compartida con los de Slytherin, es decir, por fin hallaría su oportunidad para hablar con Draco Malfoy.
En ese momento el trio pasaba cerca de una ventana que daba directo al estadio de quidditch. Harry aminoró sus pasos tratando de distinguir la figura que volaba lentamente dando vueltas con su escoba. Le parecía reconocer ese patrón de vuelo...
— ¿Cierto, Harry?—Ron se giró para visualizar a su amigo que iba caminando detrás de ellos, pero no lo encontró— ¿Harry?
El chico en cuestión corría con todo lo que sus piernas le daban, dirigiéndose al campo de quidditch. Una vez fuera del castillo, conjuró con su varita un «Accio Saeta de fuego» confiando plenamente en que eso serviría para atraer su escoba, después de todo, ya lo había logrado en cuarto año durante una de las pruebas del torneo de los tres magos.
Para cuando llegó cerca de los vestidores, su cabello mostraba pequeñas gotas reposando grácilmente sin pasar más allá de la superficie. La leve llovizna era un residuo vago de la lluvia torrencial que hubo durante la mañana, y a través de ella, surcó por el cielo su magnífica escoba.
Harry sostuvo la saeta de fuego con sus manos y montó en ella en cuanto pisó el campo, acercándose velozmente a la silueta rubia ahora fácil de distinguir.
Draco no se inmutó en la presencia del otro que venía volando como si fuese a arremeter contra él. Simplemente continuó con el ritmo tranquilo que había mantenido hasta ese instante, y que lo ayudaba a pensar con mayor concentración.
—Malfoy—escuchó la voz ya bastante cerca— ¡Malfoy!—no respondió, y cuando ya lo sintió a solo un palmo de distancia, emprendió un vuelo como nunca antes lo había intentado.
— ¿Pero qué...—soltó Harry al ver como la figura del Slytherin parecía haberse esfumado con desaparición. Luego giró un poco la cabeza.
Lo que era ahora una mancha borrosa entre plateada y negra, se movía con rapidez en muchas direcciones del estadio, de vez en cuando haciendo piruetas que solo un jugador de quidditch reconocería.
¿Desde cuándo Malfoy volaba así de bien?
Aunque eso no importaba, de todas formas él era mejor.
Tan pronto como lo pensó, se inclinó sobre su escoba y salió disparado al encuentro.
Desde donde quiera que se mirase, nadie distinguiría quiénes eras los autores del espectacular show de vuelo, pero a pesar de eso apreciarían las acrobacias y las habilidades innatas de ambos contrincantes.
Draco empezaba a sentir la adrenalina característica de estar a metros sobre tierra, y moviéndote sin restricciones. Sintiendo una libertad que empezaba a definir como superficial más que perteneciente o propia.
Harry, por otra parte, siempre lo había sentido así, y es por ello que podía detectar el parecido. Algo en común que compartían ambos sin que esto sea notado.
Pronto, y sin saber cómo, aquella carrera pasó de ser persecución, a un viaje que ambos estaban disfrutando, volando libres sin bludgers que amenacen con golpearlos, ni persiguiendo una snitch casi imposible de ver. No había competencia.
En un instante indefinible, Harry alcanzó a Draco y voló junto a él. Volteó la cabeza para mirarlo y lo encontró con la vista hacia el frente, fingiendo ignorarlo. Eso lo molestó, sin embargo, no hizo más que recorrer su perfil, desde su cabello rubio húmedo por la lluvia, hasta su nariz, labios y mentón.
Entonces, Draco lo miró. Sus ojos hicieron contacto estando levemente entrecerrados por la velocidad, y los dos distinguieron la neutralidad en el rostro del otro. Nunca habían tenido problemas para mirarse a los ojos, retadores, pero ¿Cómo hacerlo sin la competitividad u odio de por medio?
Como sea que haya sido, quizá no lo lograron y se equivocaron, porque no supieron qué sentir y algo como la empatía los abordó, y bueno, eso no era razonable.
El rubio disminuyó la velocidad y volvió a su paseo tranquilo; Harry lo imitó y estuvieron así durante algunos minutos, girando en torno al estadio.
— ¿Por qué estás aquí?—dijo Harry por fin.
—Estaba pensando.
— ¿En qué?
Draco lo miró nuevamente a los ojos, y Harry pensó en que los iris grises eran escasos, antes de escuchar:—En que no quiero seguir en Hogwarts—habló encogiéndose de hombros y restándole importancia.
El pelinegro paró de golpe mientras el rubio hizo lo mismo unos centímetros más allá.
— ¿Que no quieres...? ¿Qué? ¿Por qué?—Harry no concebía que alguien quisiera dejar el castillo por voluntad propia, y no precisamente porque este fuera en extremo tranquilo y acogedor, sino porque para él, Hogwarts era el único hogar que tenía.
—Tengo cosas más importantes que hacer.
— ¿Qué tipo de cosas? Si se puede saber—dijo con ceño.
Draco lo miró hastiado y giró los ojos, luego bajó en picada contra el suelo.
Fue allí cuando recordó:
«Éltendrá que irse.»
— ¡Hey! ¡No he terminado de hablar!—y también se dejó caer.
Quizá fuera la perspectiva, pero creyó ver poca distancia entre Malfoy y el suelo, y este aún no frenaba.
— ¡Drac...!—sus palabras murieron en su garganta al sentir cómo el rubio pasaba volando hacia arriba, apenas rozándole el hombro.
El amago de Wronski.
Ya sea por la sorpresa de que Malfoy supiera esa técnica, o porque seguía esperando verlo estampado contra el suelo, no pudo alcanzar a reaccionar y quien terminó por chocarse fue él. Aunque antes de eso logró posicionar la escoba de forma diagonal y girar sobre sí mismo cayendo de espaldas.
Desde el suelo veía a Draco flotando sobre él y sonriendo victorioso. Por alguna razón verlo así le hizo un retorcijón desagradable en el estómago y un cosquilleo en la punta de sus dedos, así que solo atinó a reaccionar haciéndole una gesto obsceno con el dedo medio.
El otro se lanzó a reír de lo lindo mientras descendía, y justo cuando su pie tocó el suelo, se oyó una voz femenina que gritaba:
— ¡MALFOY! ¡POTTER! ¡DIRÍJANSE AQUÍ EN ESTE PRECISO INSTANTE!—la profesora McGonagall se acercaba furiosa a la entrada del campo, tras ella Snape la seguía a paso calmo, aunque eso no quitaba la amargura de su rostro, ni que mirara a Draco con profundo disgusto.
Harry (que se había mantenido con la señal obscena en el aire) bajó la mano bruscamente golpeándose fuerte contra el piso y soltando una exclamación de dolor; en cuanto a Draco, ya con los pies en la tierra, agarró su escoba con una mano y torció la boca entendiendo que estaba en problemas.
Pasó pisando la mano adolorida del moreno y fue al encuentro con las autoridades, no sin antes detallar brevemente la forma en la que Potter apretaba los dientes y hacía que su mandíbula se tensara.
Bueno, ahora ya no creía tan tontas a la niñatas que iban tras él.
Me gustó, alv xD
Voy lento pero seguro...
Okno, ya estamos cerca del clímax de la historia ?
...Yo lo sé TnT (?
Espero que hayan disfrutado del capítulo.
¡Gracias por leer!
